—Una noche, mis padres habían salido y volverían tarde, tenían una serie de entrevistas con más doctores llegados de distintas partes del mundo a una conferencia para tratar que alguno tomara el caso de mi hermana.

—Espera —Viktor habla, pero no puedo hacerlo, no puedo detenerme.

—Me dejaron a cargo, y cambié el paño húmedo sobre la frente de mi hermana seis veces antes de que ella me pidiera agua; fui a la cocina a por la bandeja con la jarra y el vaso plásticos, pero cuando apenas estaba volviendo la oí gritar y me apresuré a la habitación, botando en el camino el agua del vaso y la jarra en el piso de madera.

—O-Oye...

—Mi hermana se retorcía del dolor y pedía piedad, clemencia, yo no sabía qué hacer. Nos habíamos quedado sin medicamentos y mis padres traerían más al volver, pero ella no podía con el dolor; estaba suplicando porque la mataran... Entonces tomé una decisión.

—No... No me digas que...

—Salí corriendo de casa con mis ahorros en mano a por medicinas.

Lo escucho suspirar.

¿Pensó que dañé a mi hermana?