Solo sé, que nada sé.
Debí publicar este capítulo ayer, ¡pero la universidad me está exprimiendo!
¡Ten piedad de mí, universidad, que no soy una fruta para que me exprimas!
No diré mucho. Estoy dejando este capítulo por aquí de afán, porque debo seguir estudiando :(
#ValeVergaLaVida
Los personajes le pertenecen a Kishimoto Masashi, ¡Y a leer!
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La Lucha por Amor
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Capitulo 35
Es el día
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En su mente apareció una imagen. Una imagen de una niña de cabellos castaños, sonriente y alegre. Una niña que alegraba sus días, y que mantenía su esperanza viva en las noches. Él vivía por ella. Él soñaba con ella. Su vida giraba en torno a ella. Pero entonces, la peor tragedia ocurrió. Su mundo había terminado en ese momento. Su vida había perdido todo significado, y su camino se desvió. Desde entonces, siempre ha estado luchando. Luchando por encontrar la forma de traer a esa niña de vuelta a la vida. Han sido largos años desde entonces, y no ha logrado nada. Pero al menos, Konoha pagará. Konoha pagará porque sus habitantes fueron quienes le arrebataron la vida al amor de su vida de su infancia.
En especial Minato. Él era el culpable de todo, junto a Kakashi.
Ambos tenían que morir.
El día llegó pronto. Las aves cantaron anunciando un nuevo amanecer. Las clases en el instituto Konoha habían sido suspendidas desde lo sucedido la noche anterior, o al menos esa era la explicación que había dado Tsunade. Las cosas estaban muy confusas, y estaba segura de que la situación se pondría peor. Esto solo era un preámbulo. La vida de todos estaba en riesgo.
La gente no estaba a salvo.
—Tendremos que hacer algo pronto. Ahora que nos han dado el mensaje de que ya están actuando, no tardarán en hacer algo más—avisó Tsunade.
Minato se llevó una mano a la barbilla y asintió.
—Tendremos que avisarles a todos los integrantes de los clanes. Son expertos en batalla. Necesitaremos toda la ayuda posible.
Jiraiya suspiró.
—Contando con que no hay muchos Namikaze, hay una reducción en la cantidad de personas con las que podemos confiar. Y además… —cabeceó hacia Sakura, que se encontraba hablando con Sasuke apartada de los otros—. No deberíamos involucrarla a ella.
—Sakura es fuerte, Jiraiya-sama—dijo Kakashi—. Pero…
—Pero no estamos hablando de simples ladrones. Esta es gente peligrosa. Kakashi, piensa bien lo que quieres hacer.
Naruto, por su parte, no había podido pegar el ojo en toda la noche. El recuerdo de Hinata no lo había dejado dormir, y el deseo por verla y tenerla entre sus brazos solo hizo la noche más insoportable. Sin contar que la noche entera le recordaba a ella. Cabello oscuro como la noche, ojos brillantes como la luna… veía a Hinata por todas partes.
—Naruto—Hanabi se acercó a él—. Te ves horrible.
—Haa… —suspiró—. Debe ser cierto si tú lo dices-ttebayo.
Hanabi suspiró.
—Padre también está bastante afectado, pero prometió que encontraría a nee-sama a como diera lugar.
—Entonces cree en él, Hanabi. Es un hombre fuerte.
Ella se sentó al lado de Naruto en el sofá.
—Entonces también se fuerte Naruto. Por ella.
Naruto cerró los ojos.
—Todo esto es demasiado irreal—murmuró—. Ayer simplemente éramos estudiantes de instituto sin preocuparnos por nada, y al día de hoy Hinata está secuestrada y tenemos que preocuparnos por que no nos maten. Todo parece un mal chiste-ttebayo.
—Lo sé. Esto es de locos. Es una lástima que yo no sepa mucho de Juuken—dijo Hanabi.
—No. De hecho es mejor así. Cuantas menos personas se involucren, más estarán a salvo.
Hanabi asintió, aunque se sentía impotente. Todos saldrían a luchar, a defender el lugar que los vio nacer y crecer. Naruto lucharía por su pueblo y por su verdadero amor. Todos harían actos heroicos. Fue entonces que se sintió terrible por haber abandonado el Juuken. Sí que era una tonta.
De repente, Hiashi apareció en la sala, y todos los miraron. Desde que se enteró de que Hinata estaba en manos de Akatsuki, se había pasado el tiempo encerrado. La sonrisa maquiavélica que salió de los labios del Hyuuga le dio a Naruto cierta espina de curiosidad.
—Vengan conmigo.
Todos lo siguieron. Caminaron por diferentes pasillos, hasta que llegaron a una sala en especial. La sala era oscura, y estaba llena de diferentes artilugios.
—Estas armas… —murmuró Kushina mirando cada uno de los artefactos—. ¿Kunais y… shurikens? Pero… pero creí que esto había dejado de usarse hace mucho tiempo.
—No dejaría estas cosas fuera de mi repertorio después de lo que pasó la última vez en la tragedia de Kurama. Esta vez estaremos preparados.
Kushina miró a Naruto e hizo una mueca. Suspiró.
—Normalmente no debo darle objetos corto-punzantes a los niños-ttebane.
Naruto la miró, ofuscado.
— ¡Mamá! ¡Tengo diecisiete!
Minato rio por lo bajo.
— ¿Y qué? Para mí sigues siendo mi niño-ttebane.
— ¡Mamá!
Sakura rio discretamente, o al menos lo intentó. Tuvo que taparse la boca para evitar reírse a todo pulmón.
Hiashi carraspeó, atrayendo la atención de todos nuevamente.
—Aprenderemos a usarlas. Necesitamos abarcar todo lo posible en nuestro campo, y aprenderemos jutsus sencillos, como el que Kushina usó para ayudarnos a escapar esta vez. Aprender ciertos jutsus cuesta mucho tiempo y esfuerzo. Pero tenemos que hacer lo que podamos con el poco tiempo que tenemos.
No sabían cuánto tiempo tenían, pero decidieron aprovecharlo. De todos, Naruto parecía ser quien más se esforzaba, y mientras practicaban como arrojar un kunai, su madre lo miraba con orgullo. Sabía que su hijo estaba preocupado por Hinata, y ella lo supo desde un principio: supo que entre ellos dos había un vínculo especial. Algo diferente y único. Se sentía como que ambos tenían una ley de oro: si uno de los dos se encontraba en problemas, el otro lucharía con uñas y dientes por llegar hasta él. Porque lo sabía. Sabía que si Hinata se encontrara en lugar de Naruto, ella lucharía con todo para rescatarlo. Después de todo, ella era una Hyuuga.
El tiempo pasó. Las horas avanzaron. Cada minuto desperdiciado era un momento de ansiedad. Las noches eran largas. Los días desconcertantes. Los momentos en broma estaban llenos de tensión. Pasó una semana. Naruto comenzó a desesperarse y estuvo a punto de irse a buscar a Hinata por su cuenta, pero lo detuvieron y lo hicieron entrar en razón. Sakura, a pesar de que no estaba entrenada en ningún tipo de arte marcial, insistió en seguir haciendo parte de la lucha. Ella era fuerte, y Naruto y Sasuke lo sabían. La fuerza de Sakura no era normal. Sin embargo, no sabían si eso sería suficiente contra Akatsuki. Jiraiya no pudo convencerla de desistir.
Dos semanas.
Neji estaba volviéndose loco.
Las noticias comenzaron a rondar. En los periódicos, la radio y la televisión, se habló acerca del productor famoso y el pintor que estaban sembrando el caos en Konoha. Poco a poco, el caos fue aumentando. No podrían esperar mucho más para actuar.
En cuanto a Hinata, Shion se estaba asegurando de no dejarla morir. La necesitaban viva, y en cuanto a Shion, quería prolongar el sufrimiento de Hinata lo mayor posible. Por eso, la alimentaba con míseras cantidades de comida.
Hinata había estado buscando la manera de salir de su prisión. Concentró el chakra una y otra vez, con la esperanza de invocar una técnica y poder escapar. Ella no era una experta en chakra, y lo que sabía era poco. Pero lo intentó una y otra vez. El flujo azul de chakra se formó unas cuantas veces, pero no era suficiente. Nada era suficiente. Comenzaba a frustrarse. Estaba cansada, con sueño, hambrienta… se estaba desvaneciendo. No quería desvanecerse. Porque si lo hacía, el juego habría terminado.
Entonces pensó en Naruto. Él era la razón mayor por la cual intentaba escapar de su prisión. No sabía cuánto tiempo había pasado ya desde que lo había visto la última vez. Solo quería verlo. Solo eso. Dios, ¿Acaso ver a Naruto era algo tan difícil de cumplir?
Solo quería verlo aunque fuera una vez más. Porque Hinata ya no estaba segura de cuánto tiempo le quedaba, y estar tan lejos de él... la estaba matando poco a poco.
—Naruto-kun…
Naruto soltó sus palillos, y estos cayeron al tazón de ramen. Era ella. Había oído su voz, estaba seguro.
— ¿Naruto? —preguntó Kushina, preocupada. Había sido un día largo, y esperaba que el ramen lo animara. Pero últimamente, el ramen parecía no ser suficiente.
Naruto se levantó de golpe y echó a andar hacia la puerta.
Al diablo con esperar más.
— ¡Naruto, espera! —Kushina se levantó de su puesto y corrió hacia él. Lo tomó del brazo, deteniéndolo justo antes de que atravesara la puerta.
—Suéltame.
—Naruto…
—Tengo que ir. Me… me estoy volviendo loco… —murmuró con voz cortada—. Ya no quiero esperar más…
Kushina miró a su hijo, conmovida. Los demás también estaban conmovidos por el acto. Ellos no sabían cuánto, pero el lazo de Naruto y Hinata era increíblemente fuerte.
— ¿Qué clase de lazo tan fuerte tienen Naruto y Hinata? —pensó Sakura, conmovida —Sin duda… tan fuerte como su hilo rojo del destino.
Se levantó, y caminó hacia su amigo.
—Naruto… por favor entiende… —pidió Kushina mientras Sakura se acercaba.
— ¡¿Qué entienda qué?! —explotó —¡Es suficiente tiempo! ¡¿Quieres mi bien, mamá?! ¡Pues no voy a estar bien hasta que Hinata esté de vuelta!
Kushina se quedó estática. En los últimos días, había intentado animar a Naruto de todas las maneras posibles, pero nada había funcionado. Era eso.
Sin Hinata, Naruto no podría ser feliz.
—Naruto—Sakura se acercó—. Iremos mañana.
Kushina la miró, alarmada.
—Es demasiado pronto. ¡Aún no estamos listos!
—Señora Uzumaki. Iremos mañana. No es justo hacerle esto a Hinata, y a Naruto tampoco. Es suficiente tiempo, y si ustedes no irán, yo me iré con él. Ambos nos enfrentaremos a Akatsuki, solos si es necesario, pero traeremos a Hinata de vuelta.
Kushina retrocedió un par de pasos sin saber que pensar.
—Yo también iré—dijo Neji, con voz decidida—. Ha sido suficiente tiempo. Ciertamente Hinata es fuerte, pero… nada nos asegura que haya aguantado hasta este punto.
Ante eso, Naruto sintió que se moría. Hinata no podía…
—Yo también, Usuratonkachi—dijo Sasuke—. Solo espera hasta mañana. Solo una noche más.
Naruto miró al piso y apretó los puños, frustrado. No era justo. No era justo que mientras él tenía ropa limpia, Hinata probablemente seguía vestida con la misma yukata de aquella noche. No era justo que mientras él estaba allí, comiendo un tazón de ramen, ella estaba aguantando hambre. No era justo que mientras él estuviera viviendo en esas comodidades, ella estuviese pasando por quien sabe qué condición.
No era justo en lo absoluto.
De repente sintió unos brazos que lo rodeaban. Su madre lo atrajo en un abrazo maternal, y entonces no pudo más. Se derrumbó allí mismo, en los brazos de su madre, y lloró como nunca había llorado en su vida. Era tonto. Hinata podría seguir viva, y él estaba llorando como si ella se hubiese muerto.
Sakura se acercó para unirse al abrazo, y entre ambas, acunaron al pobre chico entre sus brazos. Naruto estaba desgastándose poco a poco tanto física como emocionalmente. Y ya habían pasado dos semanas. Kushina había estado angustiada. Estaba tan preocupada en que todos se prepararan lo suficiente para la batalla, para que no pasara lo mismo que hace diecisiete años… que se había olvidado de lo verdaderamente importante.
—Iremos mañana, hijo. Iremos mañana—susurró, apretando a Naruto contra su pecho.
Había sido suficiente tiempo de espera.
Al principio, costó un poco convencer a los hombres de partir al día siguiente, pero Hiashi no tardó en ceder. Después de todo, su hija era lo primordial. Minato, Kakashi y Jiraiya no estaban tan convencidos, pero al fin y al cabo terminaron por aceptar.
Mañana sería el día.
Durante aquellas dos semanas, Akatsuki había comenzado a sembrar el terror poco a poco. La policía de Konoha había intentado contrarrestar a los misteriosos criminales que estaban sembrando el caos entre los habitantes, pero no había mucho que pudiesen hacer. Las armas eran inútiles contra ellos.
Pero al día siguiente, todo fue un caos.
Los despertó una fuerte explosión. Sakura prácticamente se levantó de un salto. Kushina, por su parte, miró por la ventana, y al ver el escenario frente a ella, se aterrorizó.
—Oh Dios… otra vez no.
El humo salía de diferentes partes. Se oían sirenas de carros y gente corriendo a los alrededores, buscando de manera desesperada salvar sus vidas. Algunas casas se incendiaban, y los bomberos trabajaban todo lo que podían para apagar los incendios. Muchas ambulancias transitaban, y el número de muertos comenzó a ascender.
El mayor deseo de Kushina había sido evitar que su hijo y sus amigos pasaran por la misma situación por la que ella, Minato y otros adultos tuvieron que pasar hace diecisiete años. Había luchado con uñas y garras para evitar que la situación se repitiera, o eso había intentado. Estaban atacando de nuevo.
Una segunda tragedia de Kurama había comenzado.
—Han declarado el estado de emergencia—dijo Jiraiya cuando los reunió a todos—. Es ahora o nunca. Y… Sakura—miró a la joven—. Te ruego que reconsideres tu decisión una vez más. Esto es peligroso. Puedes morir, y quiero que lo tengas claro.
Sakura tragó grueso, pero asintió.
—No soy tonta, Jiraiya-sama. Sé a lo que me enfrento. Pero también sé que mis padres, Hinata y todos están en riesgo. No puedo dudar ahora.
Jiraiya asintió, pero no supo decir si Sakura era demasiado valiente o demasiado tonta.
Nadie en su sano juicio enfrentaría a enemigos de ese calibre sin ni siquiera saber algún tipo de arte marcial.
—Bien. Tenemos que llegar hasta Hinata. Ahora que hemos activado el chakra, será más fácil hacerlo—dijo Hiashi, cruzándose de brazos—. Solo habrá un problema. Tendremos que recorrer toda Konoha, buscando entre los miles de chakras que están activos el chakra de Hinata.
—Pero eso… nos puede tomar mucho tiempo—dijo Minato, conteniendo la respiración. Verificar el chakra de cada uno de los ciudadanos de Konoha costaría mucho trabajo—. ¿Esperas que verifiquemos chakra por chakra?
—Es nuestra única opción, al menos que sigamos a algún Akatsuki hasta el lugar donde se esconden. Pero… tampoco podemos dejar a Konoha desprevenida.
Tsunade asintió.
—Los integrantes de los diferentes clanes están peleando muy duro ahora.
Minato agachó la cabeza.
— ¿Y qué hay de Obito? Me busca a mí.
Kushina asintió, y puso su mano en su hombro. No iba a dejar a Minato solo. No se separarían. Ambos serían una sola fuerza, una sola unión. No permitirían que las cosas terminaran igual que la última vez. Todos estarían bien, se asegurarían de ello.
—No importa que te busque, Minato. Lo enfrentaremos-ttebane.
—Escuchen—pidió Hiashi—. Nos dividiremos. Buscaremos por cada rincón el chakra de Hinata. Cuando uno lo encuentre, llamará a los demás por el celular. Si un Akatsuki detiene a alguno de nosotros, los demás seguirán adelante. Lo importante es seguir hasta llegar a Hinata.
A varios de los presentes se les estancó la respiración.
—Pero…
—Algunos de nosotros puede que no regresemos con vida. Quiero que tengan en cuenta eso. Esta no es una lucha cualquiera, y nosotros los adultos ya vivimos la tragedia una vez—Hiashi miró a Naruto, Sakura, Sasuke y Neji —. Haremos lo que sea necesario para evitar un caos dos veces.
—A Konoha le costó mucho renacer de las cenizas prácticamente en la primera tragedia—dijo Minato, mirando a su hijo—. Esta vez nos aseguraremos de reservar la ciudad para ustedes en lo mayor posible.
—Papá…
Minato se acercó y le puso las manos en los hombros. Naruto entrecerró la mirada. Sabía lo que su padre le quería decir. Se estaba despidiendo por si algo les llegaba a pasar a él y a su madre. Pero no. Él no lo permitiría. Sufrió mucho por no tener a sus padres. Ya los había perdido una vez, y no los perdería dos veces.
—Ustedes no morirán. Estoy seguro.
Minato abrió la boca para refutar su teoría, pero se calló y asintió. Estaba preparado por si le llegaba la hora de morir, pero a Akatsuki y a Obito no les quedaría tan fácil el trabajo.
No se rendirían tan fácilmente.
Entonces salieron a la calle, armados de shurikens, kuinais y pergaminos. Hanabi, inconforme y preocupada, fue enviada a un refugio subterráneo para que estuviese a salvo. Ella se sentía impotente. Todos estaban luchando. Todos menos ella. Todos estaban afuera, todos sus seres queridos estaban en peligro. Suspiró, y se aguantó el dolor punzante que le crecía en el pecho. Cerró los ojos y se sentó en el piso, queriendo hacer conexión con su hermana. Pensando en ella. Enviándole mensajes, aunque ella no pudiese recibirlos. Mensajes diciéndole que fuera fuerte y que tuviera fue.
Fuerza. Mientras la tenga, podrá salir de esta y de cualquier situación. Así era Hinata. Ella era fuerte. Por eso, había pasado de ser una adolescente tímida a la chica fuerte y determinada que es ahora. Claro, gracias a ella… y a Naruto, quien apareció como un caballero de brillante armadura para salvarla.
Fue él quien le enseñó a ser fuerte.
Naruto por su parte, corría por las calles, desesperado, a toda su velocidad. Había esperado mucho tiempo para poder salir a buscarla. No sabía si lo hallaría. A ciencia cierta, no lo sabía. Pero… tenía que encontrarla sí o sí. No había otra opción. Si Hinata no aparecía, él se moría. Su mundo entero había caído en la existencia de Hinata, y eso le aterró. Eso significaba que si Hinata desaparecía de este mundo, él también se desvanecería. Y fue entonces cuando entendió aquel tipo de conexión tan fuerte que tenían su padre y su madre. Siempre parecían uno solo. Una sola fuerza. Apoyándose el uno al otro. Como si hubieran estado conectados.
Entonces recordó las palabras que su madre le dijo una vez:
"—Antes odiaba mi cabello, pero ahora lo amo. Fue mi cabello el que me guio hacia Minato. Mi cabello es mi hilo rojo del destino."
Desde entonces, habían estado muy unidos. Peleando hombro a hombro, atravesando las dificultades juntos, pasando los días juntos, apoyándose el uno al otro cuando uno de los dos estaba decaído o triste. A pesar de que muchos matrimonios se apagan con el pasar de los años, sus padres eran un caso diferente. Ellos no se habían distanciado. Cada vez parecían más unidos, y las dificultades por las que habían tenido que atravesar los hicieron más fuertes y más unidos. Al final, el universo no pudo hacer esfuerzos suficientes por separarlos.
Supo entonces que quería algo así con Hinata. Luchar hombro a hombro, pasar los días juntos, y apoyarse el uno al otro en las dificultades. Corrió con más velocidad. Ahora Hinata necesitaba su ayuda. Él llegaría hasta ella, sin importar cuanto le tardase.
"Solo espérame Hinata. Ya voy por ti."
Mientras tanto, Hinata respiraba de forma pesada, su pecho subiendo y bajando por el cansancio. Ya casi lo tenía. Solo un poco más. Estaba cansada. Tenía hambre. Tenía sueño. Sus extremidades le dolían, pero no podía rendirse. Solo un poco más y podría huir. Podría salir afuera y detener a Akatsuki, o al menos ayudar a detenerlos. No podía quedarse encerrada por más tiempo.
—Una vez… más… —respiró pesadamente. Concentró el chakra en sus puños, y cerró fuertemente los ojos. Hizo fuerza. Si combinaba esa técnica con el chakra… podría funcionar.
Solo un esfuerzo más. Solo uno más.
— ¡Hakke Kusho!
Cadenas cayeron al suelo. Luego un cuerpo se desplomó. Hinata respiró profundamente, cansada y con sudor en la frente. Una alegría indescriptible le embargó el pecho por un momento, pero rápidamente regresó a la realidad. Tenía que huir. No podía quedarse allí. Intentó incorporarse. Hizo presión hacia abajo con sus manos para levantarse, pero sus brazos temblaron y su cuerpo no respondió. Estaba demasiado cansada. Había estado encadenada contra la pared, suspendida en el aire por un buen tiempo. Hinata no sabía cuánto tiempo había pasado. Su mente estaba atrofiada. Cada día fue una tortura, pero la imagen de Naruto en su mente la impulsó a aguantar día a día.
Cerró los ojos. Solo sería cuestión de tiempo para que su padre, los padres de Naruto probablemente y otros adultos la encontraran, y eso era exactamente lo que Akatsuki quería. Hinata solo era carnada. Los estaba atrayendo a todos a una trampa. El chakra había sido activado, así que lo más lógico era que todos siguieran el rastro del chakra hasta dar con ella.
Akatsuki les estaba tendiendo una trampa.
Por eso tenía que salir de allí. Entre más tiempo permaneciera allí, más chance le daría a sus amigos para que la encontraran en ese lugar. Si eso pasaba, si Naruto llegaba hasta allí… él estaría a salvo.
Intentó levantarse una vez más, pero no pudo. Era inútil. Pero no podía quedarse allí, se rehusaba a rendirse. Se movería de una forma u otra. Así que empezó a arrastrarse por el piso hasta la salida. Tendría que derribar la puerta, pero no tenía idea de si le quedarían las fuerzas para otro Hakke Kusho. Sin embargo, no podía quedarse allí. Si se quedaba, todos estarían en peligro.
Naruto estaría en peligro.
—Naruto… kun… —gimió—. Yo… evitaré… que te… destruyan…
Al llegar hasta la puerta, hizo uso de toda su fuerza para ponerse de pie. Se levantó, pero su cuerpo colgaba. Sus brazos estaban flácidos, y sus piernas temblorosas. Cerró los ojos, y acomodó las manos en posición.
Una vez más. Por favor, solo una vez más.
Toda la fuerza que te quede… úsala una vez más.
—Hanabi…
Fue como si su hermana le hubiese estado hablando. Como si le estuviera enviándole mensajes con la mente, pidiéndole que fuera fuerte. Apretó los dientes, y contuvo las ganas de llorar. Soltó un quejido y se puso en posición.
—No te preocupes, Hanabi… solo una vez más.
Se preparó. Cerró los ojos y se tomó su tiempo para reunir su fuerza.
No siento dolor. No estoy cansada. No tengo hambre. El cuerpo no me duele, y la cabeza tampoco.
— ¡Hakke Kusho!
La puerta salió volando, pero su cuerpo no resistió más. Se derrumbó al piso, y cayó en cuatro patas. Se negó a desplomarse sobre el piso, porque si lo hacía, sabía que no sería capaz de levantarse otra vez.
Entonces gateó. Gateó, y se adentró en un pasillo. No había nadie cerca, así que gateó y gateó hasta alejarse lo suficiente. Entonces de repente salió de una especie de cueva, y el bosque la rodeó. Se obligó a ponerse de pie, y caminó, con sus pisadas sonando por el césped por el que caminaba. Se alejó todo lo que pudo, y caminó y caminó, pero no podía ver la ciudad. Entonces se desplomó. No pudo más. Cayó al piso, respirando pesado y con la frente roja.
No podía ser débil ahora.
Pero tal vez, y solo tal vez… podría descansar un momento.
Y así, con ese pensamiento, ella cayó desmayada.
Los Akatsuki y los hombres de los diferentes clanes lucharon entre ellos. Las batallas eran arduas y duras. Varios hombres murieron. Los Akatsukis eran fuertes, y atacaban por diferentes partes de la ciudad. Varios hombres cayeron, pero lograron hacer caer a Kisame. La gente aterrada, corría. Los hombres del clan Senju miraron al cuerpo muerto de Kisame, pero a la misma vez miraron hacia atrás.
Muchos más hombres de su clan yacían muertos sin vida.
Una muerte a cambio de muchas.
No podían seguir así. Si por cada Akatsuki tendrían que pagar con muchas vidas, Konoha se terminaría antes de lo previsto.
Shion entró a la celda vacía de Hinata. Cuando vio las cadenas tiradas en el piso, tiró la mísera porción de comida que traía en las manos. Por un momento se quedó boquiabierta. Pero de repente se echó a reír como si algo le hiciese verdadera gracia.
Hinata había escapado, y era sumamente gracioso.
—Cómo amo hacer esto—escuchó una voz femenina tras de ella.
Shion se dio la vuelta entre carcajadas para encontrarse con Konan. Ella mantenía un gesto de aburrimiento en su rostro, pero sus ojos centelleaban en cierta diversión.
—La has liberado.
Shion solo siguió riendo. Había perdido percepción de todo. Ya no estaba segura de nada. Ya no estaba segura de quien era Shion.
—Ha pasado suficiente tiempo. Pero ahora que has enloquecido y nos has traicionado, no nos sirves más. Íbamos a deshacernos de ti de todas formas.
La mirada de Konan se entrecerró y un brillo maligno se hizo presente en su mirada. Alzó la mano lentamente hacia Shion, como un gesto inofensivo.
Las personas tienen diferentes reacciones antes de morir, pero sin duda ninguna como la de Shion.
Reír.
Es mejor reír que llorar.
—Qué lástima.
La muerte para Shion llegó segundos después.
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Continuará...
¡Espero que les haya gustado el capítulo! No tengo mucho que decir.
¡Malditos examenes que me bloquean!
¡Nos leemos pronto!
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Soredewa Minna-san!
Matta ne!
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