CAPITULO 36: NOTICIAS QUE DESTRUYEN AL CORAZÓN

—Me preocupa—Decía Astrid sobre el hombro de Hipo.

Si, así es, estaban pasando un agradable momento, juntos, sin nadie más cerca.

En la playa, recostados sobre la blanca arena, Astrid tenía su cabeza sobre el hombro de Hipo; y este, a su vez, la abrazaba por la cintura, acercándola más había él. Ambos jugaban con sus manos, enlazándolas como si fueran una sola. De vez en cuando se regalaban miradas dulces, pero la mayor parte del tiempo observaban el cielo, donde el atardecer estaba por hacerse notar.

—Descuida. Ya lo solucionaremos—Fue la respuesta que obtuvo por parte de Hipo.

—Pero, ¿y si tiene razón? ¿Y si Mizar está en peligro?—Astrid en verdad estaba preocupada.

—Últimamente te preocupas demasiado, Mi Lady—Expresó con un toque divertido. Astrid se levantó de su regazo, lo miró molesta y…lo golpeo en el hombro—. Auch…—Se quejó—. ¿Por qué hiciste eso?—Sobaba su hombro con una leve mueca de dolor en su rostro.

—Eso, fue por no tomarme en serio—Le respondió con SERIEDAD. Hipo le miraba "molesto" y fue entonces que…lo besó. Fue un beso corto y dulce en los labios. Tan sorpresivo que dejó a Hipo sin habla—. Y eso…por todo lo demás—Terminó por decir, sonriéndole a Hipo y volviendo a su posición anterior, siendo abrazada nuevamente por Hipo, quien sonreía nervioso y feliz.

—Amo cuando haces eso Mi Lady—Le dijo mientras hacía que Astrid recostara su cabeza sobre su pecho, besando su cabeza.

—Y yo te amo a ti—Liberó en un suspiro tierno.

—Al igual que yo a ti—Fue la respuesta de Hipo.

A continuación, ambos se reincorporaron, sentándose uno frente al otro, acercándose cada vez más. Estaban tan cerca, solo un par de centímetros más y sus labios se tocarían. Pero antes de que eso ocurriera, una alarma retumbo por los alrededores. Lo tranquilizante era que no se trataba de una alarma de guerra o peligro, sino de todo lo contrario.

—Está aquí—Murmuró Hipo, no sabía si entirse alegre por eso, o molesto por el momento interrumpido.

—Siempre tan oportuno—Dijo Astrid de igual manera pero con un toque de sarcasmo fluyendo en sus palabras y mirada molesta.

Ambos se pusieron de pie y caminaron juntos con dirección a la aldea. Ni Chimuelo, ni Tormenta les acompañaron en esta ocasión, no porque no quisieran, sino porque la dulce pareja quería…privacidad…

*O*O*O*

Tanto Hipo, como Astrid avanzaban entre la multitud hasta lograr llegar a los muelles, donde el barco recién había anclado y tanto sus amigos, como dragones les esperaban.

— ¡Señor Hipo, Lady Astrid!—Los saludó el capitán de aquel barco al bajar del mismo.

— ¡Johan!—Saludaron de igual manera los ya mencionados.

— ¿Qué te trae por aquí?—Preguntó Hipo—. No se supone que vendrías, sino hasta dentro de un mes más—Aclaró confundido.

—Sí, lo sé, pero…verá… La razón por la que estoy aquí no es para hacer trueques, esto es más importante—Explico nervioso.

— ¿Más importante que conseguir un nuevo mazo?—Interrumpió Brutacio sorprendida mente confundido, siendo callado por su gemela, quien le propinó un buen golpe en la cabeza.

— ¿Qué es lo que ocurre, Johan?—Continuó Hipo ahora preocupado.

—Lo que ocurre, señor Hipo, es…esto—Fue su respuesta al entregarle una carta algo arrugada y dañada levemente por la humedad con la que se enfrentó al estar en un barco durante varias semanas.

— ¿Qué es esto?—Esta vez la confusión lo invadía.

—Una carta—Respondió con ironía el mercader—. De…Mizar—Y fue eso, lo que preocupó a todos.

Desesperadamente, Hipo desarrugó el papel, para así comenzar a leer la carta. Astrid, curiosa, preocupada y a la vez ansiosa; se acercó a Hipo por un costado para leer ella también.

La carta decía:

A quien corresponda. En este caso el Jefe de la Isla de Berk…

A través de esta carta se les informa que Mizar ya no podrá ayudarlos en la guerra que se avecina.

La razón es que fuimos atacados y derrotados. Nuestra isla ha sido destruida por aquellos a los que ustedes intentan detener. Sé que no es correcto culparlos por lo ocurrido, porque en realidad no tienen la culpa, pero si he de decir que esperamos más que su comprensión…

Necesitamos su ayuda, Mizar necesita ayuda.

Gracias a Odín no perdimos muchas vidas. Pero, lamentablemente, las vidas que perdimos eran muy valiosas. Claro está que toda vida es valiosa, pero al saber quiénes cayeron en batalla, comprenderán a que me refiero…

A través de esta carta, el pueblo de Mizar, les informa la…

Simplemente Hipo no pudo continuar leyendo, y tampoco Astrid. Después de dirigirse unas miradas de sorpresa y, horror. Hipo volvió leer aquella frase, y luego, la releyó. Era tan difícil de comprender, tan difícil de aceptarlo…

—Te…tenemos que decírselo a Celeste—Dijo al fin Astrid.

—S-sí. Iremos ahora mismo—Afirmó Hipo aun en su estado de shock—Gracias por avisar, Johan. Puedes quedarte todo lo que quieras. Lamento que no sea la bienvenida con la que acostumbramos recibirte pero…

—Lo sé, esto es más importante. Yo lo dije—Le interrumpió.

—Después hablaremos—Continuó—. Necesito que me digas todo lo que sabes—Le pidió, a lo cual Johan solo asintió. Acto seguido los jinetes se retiraron. Aunque claro, la mayoría no entendía lo que ocurría, ya que tan solo Hipo y Astrid leyeron la carta y no habían dicho nada sobre lo que decía.

En el camino, les explicaron todo, salvo la parte que los tenía tan desconcertados. No era el momento.

*O*O*O*

—Me alegra ver que ya estás más relajada—Le decía una sonriente Valka al ver a Celeste jugar con unos bebés dragón en un intento por alimentarlos.

Tal como lo hacía antes de resultar herida en batalla, Celeste ayudaba a Valka en los establos, aunque ahora eran más unidas.

—Sí, me hacía falta una distracción—Afirmó—. Aunque sigo preocupada—Mencionó con voz decaída.

—Descuida, yo estoy segura de que todo se solucionara. Solo tienes que ser paciente y confiar en mi hijo—Le dijo tratando de levantar el ánimo.

Claro está que Valka no sabía lo que recién había ocurrido en los muelles. Y la visita que recibieron a continuación no le ayudo a apoyar su comentario…

—Chicos, ¿Qué los trae por aquí?—Los saludó Celeste alegre, una alegría que se esfumó al ver los rostros de sus amigos.

— ¿Qué sucede, Hipo? ¿Por qué traen esas caras?—Preguntó una preocupada Valka al verlos descender.

—Sí, ¿parece como si se hubiera muerto alguien?—Comentó Celeste con un toque divertido, pero, nuevamente este sentimiento se esfumó; pues comprendió que lo dicho no era tan irreal.

—Celeste…—Musitó Hipo deprimido—Yo…lo…siento…—Dijo al entregarle la carta, la cual rápidamente Celeste leyó.

La mayor parte de la carta la leyó tan rápido que ni atención le puso.

—Mizar fue atacado…—Susurró con horror al darse cuenta de ese suceso, lastimosamente aun no leía la peor parte.

—Eso es lo que menos importa—Mencionó Astrid de igual forma incitándola a continuar.

Acto seguido, Celeste continuó, horrorizándose aún más con lo que sus ojos leían:

A través de esta carta, el pueblo de Mizar, les informa la muerte de su líder.

Kenned, ha fallecido en batalla, en manos del líder enemigo…

Por esto y más, pedimos su apoyo, pueblo de Berk…

Harald el Despiadado. Jefe de Mizar

—No…—Murmuró al terminar de leer por completo. Dejándose caer inevitablemente al suelo—. ¡NO!—Se lamentó con fuerza, sus ojos ya eran inundados por las lágrimas, las cuales no tenían piedad y salían sin control de los mismos—. Kenned…—Sollozó—. Tú no… Tú no… Tú no…—Se repetía al mismo tiempo en el que se abrazaba a sí misma y lloraba sin control.

— ¿Qué fue lo que ocurrió?—Le susurró la pregunta Valka a Hipo una vez que se acercó a él. Le dolía tanto ver a Celeste así, al igual que al resto.

—Mizar no solo fue atacado…—Comenzó a explicar Hipo—Kenned, su líder, cayó en batalla.

—Espera, que no es...—Mencionó Valka al comprenderlo todo, efectivamente no había error, se trataba del gran amor de Celeste. Su amado había muerto, y eso la tenía destrozada. Así que, sin pensarlo dos veces, Valka corrió a su lado, atrayéndola hacia ella con un fuerte abrazo, con el cual le transmitía su apoyo, y es que no había nadie mejor que ella para comprender lo que en ese momento la chica sentía.

Celeste lloraba desconsoladamente entre los brazos de Valka, quien solo se concentraba en acariciar su cabello y espalda, repitiéndole las palabras: "—Desahógate. Te hará bien…todo va a estar bien…—".

Simplemente no podía comprenderlo, no, NO QUERIA comprenderlo. Nuevamente los dioses le realizaban una mala jugada. Nuevamente perdía a quien más amaba…y esta vez no estuvo cerca, no estuvo atenta… Ahora más que nunca se sentía culpable, destrozada… Sentía que no debió sobrevivir. Ahora comprendía porque el destinó actuó en su contra y terminó apartándose de Ken, porque resulto herida a traición, porque estuvo al borde de la muerte…

Y en esos momentos de tristeza, en esos momentos de dolor, lo único que evitaba que hiciera una locura, eran los cálidos brazos de Valka rodeándola, su voz maternal prometiéndole que todo estaría bien. Y es que la verdad era que lo necesitaba tanto. Durante toda su vida jamás fue testigo de lo que el amor maternal se refiere. Jamás tuvo esa cercanía con su madre y mucho menos con su padre. Jamás recibió cariño, amor, por parte de sus padres, y en ese momento era lo que más necesitaba…un poquito de amor maternal…aunque este lo le perteneciera…

Porque ahora…su corazón estaba destrozado…y esta vez, la herida no será tan fácil de sanar…

Acababa de enterarse de que su amado Ken, a quien le juró amor eterno, a quien le juró siempre estar a su lado…había muerto…