Capítulo 34: La princesa.

Bella pov.

Demasiado pronto pasó otra noche perfecta junto a Emmett y con ello, también la Navidad y el esperado día de Reyes.

Alice se comportó como siempre, no dejó ni un detalle al azar y todos tuvimos todos los regalos que deseábamos y nos hizo engordar como cinco kilos a cada uno con las cantidades de comida que nos hizo ingerir.

Por eso y por mis ganas de tornearme, me apunté al gimnasio donde iba Em y me puse a saco a desintoxicar mi cuerpo de las Navidades y oye, por qué no decirlo, disfrutaba mucho viendo a Emmett ejercitarse con esa camiseta pegada al torso lleno de sudor y su cara contraída por el esfuerzo.

Mataba a dos pájaros de un tiro.

-Cada vez estoy más cansada y con menos ganas de ir al instituto...- murmuró Rose cuando entrando al parking del instituto.

-Es normal, tu cuerpo está albergando otra vida y te consume cada día un poquito más- le dije con ternura mirando por el espejo retrovisor.

-Te prometo que luego te prepararé un baño de sales para que te relajes tanto como quieras- comentó la enana con una sonrisa.

-No sé que haría sin vosotras dos- nos dió un beso a cada una en a mejilla antes de salir del coche una vez lo hube aparcado en mi sitio habitual.

Rose estaba ya de casi siete meses y la verdad es que tenía una barriga adorable y muy prominente.

Para nuestra suerte, todo el pueblo parecía haberlo asimilado y bien, no es que nos importara, que a Rose aún, con las hormonas del embarazo sí que le afectba todo, pero nos hacía no tener quebraderos de cabeza por personas insufribles.

-¿Vamos?- me dijo mi osito cuando se bajó del jeep, estacionado justo al lado del Audi, también su sitio habitual.

-Claro- le sonreí y le cojí la mano para adentrarnos dentro del edificio.

La primera evaluación fue increíblemente bien, Em y yo sacamos notazas, todo con sobresalientes y era todo un reto, no es que tuviéramos pésimas notas, de hecho nos calificaban como empollones, pero jamás habíamos tenido una evaluación de matrícula de honor.

Los chicos, como siempre, también sacaron muy buenas notas y Rose y Ed, a pesar de las malas noches de vomitona de Rose, también estuvieron muy a la altura, de hecho les felicitaron por lo bien que lo estaban haciendo.

Les habían adelantado materia a Rose porque Isdin nacería casi terminando la segunda evaluación, y como no podría ir al menos en un mes, decidió el director con su tutor de clases que lo mejor que podría hacer era sacarse el curso en dos evaluaciones, metiendo más materia y más exámenes de por medio. Por lo que Rose estaba hecha toda una campeona, lo estaba llevando de maravilla y para todos, sobretodo para Esme y Carliste era una satisfación y una tranquilidad que se palpaba.

Todo iba sobre ruedas y todos estábamos ansiosos por el nacimiento de Isdin, nuestra queridísima futura sobrina, que ya la teníamos súper consentida y la queríamos con toda el alma. Cuando llegara al mundo, no tendría ni una falta de atención.

El señor Rails nos hacía las clases de arte muy amenas y se agradecía muchísimo después de todo el estrés de las demás clases.

-Les examinaré del arte Gótico la semana que viene- finalizó el señor Rails justo antes de que el sonido de la campana diera por terminada la clase.

-¿Me vas a decir que vas a querer por tu cumpleaños?- le susurré mirándole a los ojos.

Me sonrió con mi sonrisa favorita y se acercó para besarme en la punta de la nariz.

-Sí- me susurró a escasos centímetros de mi boca- Que soples las velas junto a mí- rodé los ojos y escuché su carcajada.

-Vale, tú sigue con evasivas y no me lo digas... al final te llevarás una sorpresa- lo amenacé en broma y tuve que sonreír por su cara de niño pequeño, ésa que ponía con morritos incluído.

-Siempre que la sorpresa seas tú, estaré encantado- me volvió a besar en la punta de la nariz.

Por estos detalles y por todo él, lo amo con toda mi alma.

-Clase, buenos días- dijo la señora Adams entrando en clase.

-Te amo- le dije con una sonrisa antes de girarme y encarar a la profesora.

Y así fueron pasando las semanas hasta que en medio de la silenciosa noche, se escuchó un grito ensordecedor.

-¿Qué ha sido eso?- me levanté sobresaltada y Emmett hizo lo mismo poniendose el pantalón del pijama en el camino antes de abrir la puerta.

-No lo sé, pero creo que ha sido Edward- murmuró mirándome- Voy a ir a ver- salió de la habitación cerrando la puerta detrás de sí.

Me puse una bata y salí al pasillo.

-¡Oh, por Dios!- se escuchó a Esme- Vamos, deprisa.

Me dirigí rápidamente hacia el barullo y vi a todo el mundo en la habitación de Rose y de Ed.

Rose parecía hiperventilar sentada al borde de la cama. Alice y Esme estaban de cuclillas a su lado y Jazz y Em estaban cargando las cosas, ya preparadas por nosotras, que se llevarían al hospital para el nacimiento de Isdin.

-¿Rose?- me acerqué corriendo a ella y me miró con una débil sonrisa en los labios con su precioso rostro perlado en sudor.

-No te imaginas cómo duele esto...- susurró arqueándose de dolor mientras le apretaba las manos a Esme y a Alice.

Le retiré el pelo de la frente que lo tenía pegado y le puse una mano en el hombro.

-Las toallas, ¡YA ESTÁN AQUI LAS TOALLAS!- gritó Ed con unas toallas en las manos corriendo hacia donde estaba Rose.

-Tranquilízate, hijo- murmuró Carliste con el móvil en la mano entrando en la habitación- La ambulancia llegará enseguida, ya está todo preparado para el parto- se acercó a Rose y le tocó el hombro- Todo saldrá bien, hija- le dijo tranquilizadoramente con una media sonrisa.

Carliste cogió una de las toallas y le secó el sudor de la cara a Rose.

-Y está todo listo y acaba de llegar la ambulancia- dijo Emmett entrando a la habitación sin aliento.

Ya se había cambiado y se había puesto unos vaqueros y la chaqueta de cuero negra.

-Vamos, chicos- dijo Carliste mientras ayudaba a Edward a cargar a Rose hasta la ambulancia.

-¡Ya está aquí!- grité emocionada cuando desaparecieron con Rose escaleras abajo y todos soltaron una carcajada nerviosa- Voy a cambiarme- dije rápidamente mientras me dirigía hacia mi habitación.

-Iré arrancando el jeep- murmuró mi osito desapareciendo también por las escaleras.

-¡Mi nieta ya está aquí!- escuché gritar de emoción a Esme antes de cerrar la puerta y dirigirme hacia el armario sin perder un sólo segundo.

La sonrisa que se instaló en mi cara no desapareció en ningún momento. Me vestí en escasos dos minutos y salí corriendo hacia abajo.

-Edward se ha ido con Rose y Carliste con Esme también, vamos, que sólo quedamos nosotros- me apresuró Jazz, muy nervioso, metiéndose en el jeep.

Me monté en el jeep con rapidez y Em aceleró el coche antes siquiera de cerrar mi puerta.

Todos estábamos ansiosos y nerviosos.

-¿No es increíble?- murmuró Al saltando en su asiento y tocando las palmas.

-Ya está aquí- dijo Em agarrando mi mano y besándola antes de dirigir su mirada hacia la carretera.

También llegamos al hospital en tiempo récord.

-Le acaban de poner la epidural, chicos- nos dijo Esme, que nos esperaba en la puerta de urgencias del hospital.

Nos dirigimos hacia la sala de espera del área de ginecología y nos cogimos todos de las manos esperando las buenas nuevas.

Unos treinta minutos después, salía Carliste vestido de verde mientras de quitaba el gorro de quirófano. La sonrisa que traía implantada en la cara bien podría partile la cara en dos de lo grande que era.

Todos sonreímos automáticamente al ver su cara.

-ES PRECIOSA- murmuró muy emocionado con lágrimas en los ojos y se dirigió hacia Esme para abrazarla.

-¿Has escuchado eso?- susurró Emmett y me abrazó con efusividad antes de darme un sonoro beso en los labios.

Pude ver que Al y Jazz hacían lo mismo.

-Sí, cariño, lo he escuchado- dije con lágrimas rodando por mis mejillas y una sonrisa enorme.

-Te amo- me besó de nuevo antes de cogerme de la mano y guiarnos más cerca de Carliste y Esme.

-Cuenta, por favor, Carliste- dijo un muy nervioso Jazz.

Carliste ensanchó su sonrisa más, como si fuera posible, y dejó de abrazar a Esme para cogerle de la mano y apretársela con mucho amor.

-Chicos, ha pesado cerca de cuatro kilos- todos hicimos una exclamación de sorpresa. Isdin se esperaba grande, según todas las ecografías que le habían hecho a Rose, pero no tan grande.- Y tanto Rose como Isdin están perfectamente bien- dijo orgulloso y nos abrazó a todos fuertemente.

Cuando nos separamos, todos teníamos lágrimas en las mejillas y una sonrisa enorme en nuestros labios.

Rose pov.

Todo pasó muy rápido, más de lo que me hubiera imaginado jamás.

Los dolores parecían que me iban a partir en dos, por eso le pedí a Carliste, que por favor, me pusiese algo, lo que fuera, porque no podía soportarlo más.

-¿Cómo estás?- me dijo Ed, nervioso y asustado.

Me entró ganas de decirle que estupendamente, que sólo me faltaba el mojito y la tumbona, pero me contuve por dos cosas: la primera porque el dolor era tan insoportable que dudaba siquiera si saldría alguna palabra de mi boca y la segunda era porque no se lo merecía en absoluto.

Se había portado tan bien conmigo, mi marido, mi amigo, mi confidente.

Lo era todo para mí.

Intenté sonreírle, pero creo que salió una mueca porque el pobre frunció el ceño.

-Carliste, necesita sedación- murmuró mi amor sin soltarme la mano y sin dejar de quitarme el pelo sudado de la frente.

-Ya va, hijo, está todo preparado- murmuró Carliste al tiempo que ayudaba a Ed a incorporarme de la camilla para ponerme la epidural.

Lo siguiente que noté fue un quemazón en la parte lumbar y no sentir nada de cintura para abajo. Tal y como me había explicado Carliste hacía unos meses barajando la posibilidad de utilizar sedación.

-¿Notas algo?- dijo la señorita Nora Steve, mi ginecóloga tocándome la pierna.

Yo negué con la cabeza al tiempo que Ed me volvía a secar el sudor de la frente, se lo agradecí con la mirada.

-Carliste, está lista, ha dilatado los diez centímetros ya- escuchar esas palabras eran toda una bendición para mí porque eso sigificaba que mi niña, casi al cien por cien, nacería sin cesárea.

Sonreí y le apreté la mano a Edward, que se acercó y me dió un beso en los labios.

-Tú puedes, preciosa mía, eres una luchadora nata y en breve tendremos a nuestra hija en nuestros brazos- amplié mi sonrisa y varias lágrimas rodaron por mis mejillas sin poder evitarlo.

Edward me limpio una a una con sus labios y me dejó espacio para que pudiera respirar.

-Vale, Rose, cariño, ahora cuando yo te diga tienes que empujar muy, muy fuerte, ¿de acuerdo?- dijo Nora con una sonrisa de aliento.

Carliste se puso al otro lado y puso su mano al lado de mi cabeza mientras me apretaba el hombro en señal de apoyo.

Empujé con todas mis fuerzas como me dijo Nora y todas las veces siguientes que me lo indicó.

Edward me susurraba palabras de aliento y repartía besos en mi sien cada vez que terminaba de empujar.

Muy poco tiempo pasó cuando escuché el sonido más maravilloso de todos.

El llanto de mi hija.

El llanto de Isdin.

Nuestro pequeño tesoro.

Gruesas lágrimas me surcaron el rostro dejándome, momentáneamente, cegada y con el oído más alerta que nunca. Me limpié las lágrimas casi con violencia y pronto Edward se separó de mí tan sólo un instante antes de dejarme un cuerpecito en mi pecho.

Enfoqué mi mirada y pude escuchar los sollozos de Edward mientras me besaba el tope de la cabeza y acariciaba la cabecita de nuestra hija.

-Es tan hermosa como tú- fue lo último que escuché antes de perderme en esos orbes tan verdes, tanto, que parecían sacados de una revista, igualitos a los de Ed.

Sonreí sin poder remediarlo cuando esos ojitos enfocaron su mirada en la mía y me hizo un pucherito antes de bostezar y quedarse dormida.

Era la cosita más preciosa que había visto en mi vida.

Su pelito, apenas visible, era muy rubio, casi blanco, tanto que no tenía ni cejitas. Sus ojos eran, además de un verde interminable, enormes para su pequeña carita. Su nariz era simplemente perfecta y su boquita parecía estar dibujada y sacado de un lienzo perfecto.

Era simplemente perfecta.

Mi princesa.

-Mi nieta...- susurró Carliste cuando se tranquilizó un poco y se la tendía para que la cogiera y para que la lavaran- Una princesita- murmuró embelesado mientras se dirigía hacia Edward- Vamos, papá, ¿quieres bañarla?- sonreí como una idiota otra vez.

-Nada me gustaría más- dijo mi hombre todavía emocionado. Luego me dió un casto beso y me cogió la cara con ambas manos- Gracias por hacerme la persona más feliz del mundo- susurró antes de volverme a besar y dirigirse con Carliste a la sala contigua.

-Eres toda una campeona, Rose- me dijo Nora con una sonrisa antes de levantarse del taburete y cogerme la mano- En breve notaras picor en las piernas, como bien hablamos- asentí- Y en cuanto notes las piernas, te subiremos a planta con la pequeña princesa- las dos sonreímos ampliamente- Sólo he tenido que cogerte cuatro puntos, ha sido bastante grande con sus respectivos cuatro kilos- abrí ojos ojos asombrada- Sí, como bien vimos en la última ecografía me he equivocado por pocos gramos- solté una pequeña carcajada.

-No parecía que pesara tanto...- susurré sintiendo casi como si la tuviera en mi pecho todavía.

-Pues sí, es una princesita sana y fuerte- me pellizcó la mejilla maternalmente y me guiñó el ojo- Voy a ver que están haciendo estos hombres y te traeré a tu bebé- me apretó la mano antes de irse.

Volví a sonreír y ahora me dí cuenta cómo una personita que llevaba en el mundo tan sólo pocos minutos podía cambiarte la vida en tan poco tiempo. Mi vida había dado un giro radical y ahora, todo giraba en torno a mi hija.

Ahora entendía el amor incondicional que nos tenía Esme.

Emmett pov.

-¿Tardarán mucho más?- preguntó mi amor sentada en mi regazo.

-No lo creo, hija, ya tienen que estar al llegar- respondió mi mamá con una sonrisa.

Estábamos en la habitación donde subirían a Rose con la pequeña Isdin y todos estábamos más que ansiosos por verlas.

-Tiene que ser preciosa- murmuró Jazz cogiendo la mano de Alice y de Esme.

-Por supuesto- dijo mi hermana con una enorme sonrisa.

En ese momento se escuchó la puerta abrirse y todos nos levantamos como un resorte.

Rose estaba acunando a la pequeña Isdin tumbada en la camilla, mientras mi hermano y mi padre la escoltaba a cada lado y el celador la empujaba con una sonrisa.

Aquí había sonrisa para todos.

Sonreí como un idiota cuando vi ese pequeño cuerpecito enrollado en esa mantita rosa.

-¿Cómo estás?- Jazz fue el primero en acercarse, seguido de todos nosotros.

-¡Quiero verla!- murmuraron Bella y Alice a la vez, lo que provocó una sonrisa por parte de todos.

-¿Está dormida?- pregunté yo sin dejar siquiera que contestara nadie.

-Tranquilizaos- dijo Carliste con otra sonrisa enorme.

-Ya tenemos con nosotros a la peque de la casa- murmuró Ed emocionado sin dejar de tocarle el pelito a Isdin.

La primera que la cogió fue mi madre, todos le cedimos el honor aunque no sin regañadientes, estábamos expectantes por coger ese cuerpecito.

Luego fue el turno de mi hermana, de Jazz, de Bella y mío.

-No sabes lo sexy que te ves con nuestra sobrinita- me susurró Bella en el oído mientras le tocaba la carita a nuestra princesita.

Sonreí irremediablemente.

BUENAS NOCHES A TODOS.

SÍ, NO TENGO PERDÓN PORQUE HACE MIL QUE NO SUBO, PERO CASI NO HE TENIDO VIDA, ALGO MUY LARGO DE CONTAR, Y ME DIJE QUE DE ESTE MES NO PODÍA PASAR.

ESPERO QUE OS GUSTE, ESTOY ALGO OXIDADA PORQUE HACE MUCHÍSIMO QUE NO SUBO NADA, NO SEÁIS MUY DURAS CONMIGO.

COMO SIEMPRE, ESPERO VUESTROS MARAVILLOSOS COMENTARIOS Y ME DIGÁIS QUÉ TAL OS HA PARECIDO MI NUEVA TOMA DE CONTACTO.

MUCHOS BESOS A TODOS LOS QUE ME LEÉIS.