Capítulo 33
Ministerio de Magia
Hall principal
Con una mueca de dolor, Spike se las arregló para colocar un cigarrillo entre sus labios lastimados. Tras un par de intentos fallidos, logró hacer funcionar el encendedor.
Gruñó para sus adentros, dando una profunda calada. Siempre era condenadamente complicado encender cigarrillos cuando se tenían dedos quebrados.
Malditos magos con su maldita magia.
Entrecerrando los ojos, expulsó el humo y sostuvo el cigarrillo entre las piernas, observando sin demasiado interés la interminable marea de gente que aparecía por las chimeneas. Aurores y civiles acarreaban mortífagos, sin demasiada ceremonia pero con expresión de triunfo en sus rostros.
Casi una hora antes, mientras las cazadoras que podían mantenerse en pie agrupaban a los secuaces de Voldemort que habían sobrevivido a la batalla, los mortífagos estallaron en alaridos de dolor. Todos pudieron ver cómo la marca en sus antebrazos ardía como una tea, haciéndolos retorcerse con desesperación.
Unos minutos después, aparecieron los primeros magos con la noticia.
Voldemort estaba muerto. La guerra había terminado.
Desde ese instante, grandes cantidades de aurores y civiles comenzaron a arribar, acarreando sin mucha ceremonia a lo que quedaba del ejército de Voldemort.
El primer subsuelo se transformó entonces en cárcel improvisada y las cazadoras en guardianes. Giles fue trasladado al hospital, acompañado por Willow y Xander, mientras Buffy organizaba la vigilancia y él se sentaba, junto con Faith, a descansar en la fuente.
La morena cazadora rotó con cuidado su hombro izquierdo y paseó la vista por el atestado recinto.
- No estuvo mal, ¿verdad? – comentó la chica.
Spike observó los destrozos, los cuerpos que aún no habían sido retirados, los sanadores que buscaban heridos que atender, los prisioneros que llegaban, las charlas, el desorden.
Pitó nuevamente su cigarrillo y el vampiro en él sonrió.
- No, no estuvo nada mal – concordó.
El vampiro en él también se alegraba de que Evelyn Bright hubiera sobrevivido a la refriega. Allí dentro, donde nadie lo escuchaba, podía confesar que ella era un adversario lo suficientemente formidable como para no sucumbir ante cualquiera. En su opinión, si alguien era digno de matarla, ese era su marido. Y viceversa.
Una verdadera lástima que en su momento el veneno que el idiota de Snape preparó con funcionara. Hubiera dado lo que fuera por ver la cara de Mathew Whitherspoon cuando se enterara que él mató a su adorada cazadora bruja.
Pero esos fueron otros tiempos. Otras vidas. Ahora… ahora quizás no disfrutaría tanto como antes.
Era conciente de que su mente estaba desvariando, pero en ese lugar había demasiado olor a sangre fresca y él necesitaba la distracción de sus desvaríos.
En ese momento, su vista cayó en Buffy.
La cazadora avanzaba entre la gente, con los ojos pasando de un herido a un muerto. Parecía tranquila, controlada, sin prisa y sin problemas. Pero algo en sus ojos verdes, escondido detrás de sus pupilas, le dijo a Spike que las cosas no eran lo que parecían.
Porque Buffy era una cazadora que había jugado de acuerdo con las reglas siempre. Y esos cuerpos que estaban ahí tirados no eran simples demonios. Eran personas. Seres humanos.
Con la mandíbula levemente encajada, Buffy se acercó hasta ellos.
- Faith, ¿has visto a Willow? – preguntó.
- Se fue a San Mungo con Xander, para acompañar a Giles – respondió la joven.
- ¡Oh, no! – exclamó un mago de aspecto imponente cerca de ellos, observando la fuente detrás de Spike y las dos cazadoras -. ¡Rompieron el centauro! ¡Malditos! ¡Con el trabajo que me lleva mantenerlos en buen estado…! – se giró y miró el amplio hall con ferocidad, sacando su varita -. Si averiguo quién lo rompió…
Faith levantó las cejas y, carraspeando con discreción, se puso de pie con algo de dificultad.
- Creo que… me necesitan en el subsuelo – anunció, alejándose.
El mago fue detrás de ella, murmurando amenazas y promesas de usar legeremancia para encontrar a quien rompió su amada fuente. Buffy entonces se sentó junto a Spike y mantuvo la vista en el movimiento del hall.
Por largos momentos ninguno de los dos dijo nada, hasta que el vampiro lanzó la colilla lejos de él y se volteó a mirarla.
- Entonces… ¿otra gran guerra ganada para agregar en tu currículum?
La chica apretó los labios por un segundo, sin mirarlo.
- Me pregunto en qué clase de lugar serviría un currículum como el mío – murmuró, cansada -. Quemé una escuela, volé otra, abandoné la universidad, el único empleo que he podido mantener es en una hamburguesería… Pero, ¡hey! He evitado incontables Apocalipsis – agregó con un falso entusiasmo en el tono de voz.
El vampiro la miró por un largo momento antes de esbozar una mueca.
- Si necesitas referencias, puedes nombrarme. Al fin y al cabo, he estado en la mayor parte de estos eventos. Y creo que la opinión de alguien de mi edad debe de tener peso, ¿no?
La cazadora clavó en los ojos aguamarina del vampiro sus pupilas verdes y, tras un segundo, extendió la mano y entrelazó sus dedos con los de él.
- Sí, yo diría que tu opinión pesa – respondió.
Por largo rato se quedaron allí, sentados, sin decir absolutamente nada más.
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Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería
Torre Norte
Los últimos rayos del sol apenas alcanzaban a tocar las viejas piedras de las paredes del colegio. Sin embargo, eran suficientes para arrancar miles de destellos en las aguas del lago.
La Torre Norte permanecía tan silenciosa y apartada del mundo como siempre. Pero por primera vez, estaba abarrotada.
Sobre la caseta que se elevaba a metro y medio del suelo se encontraban Mathew y Evelyn. La bruja apresaba la mano izquierda de su esposo y la derecha de su hijo con fuerza, como si temiera que al soltarse ellos desaparecieran. O ella caería.
A su lado estaba Harry, con Ginny sentada entre las piernas. Junto a él, Hermione apoyaba la cabeza en el hombro de su novio, mientras una de sus manos estaba cerrada alrededor del brazo de Harry.
Los mellizos se hallaban desparramados contra las almenas, Charlie mantenía la mirada clavada en un respiradero y Percy se había sentado junto a su hermano mayor con los ojos cerrados.
- ¿Por qué es que nunca supimos que las escaleras, además de cambiar de lugar, también hacían circular los escalones evitándote el esfuerzo de subirlos? – preguntó Fred, con enfado.
- Sí – dijo George, cuyo aspecto era tan desastroso como el de su hermano gemelo -. ¿Recuerdas todas las veces que casi no podíamos caminar y tuvimos que trepar esos escalones? ¡Podríamos habernos parado en uno y que nos llevaran hasta el tope!
- Coincido con ustedes – murmuró Charlie.
- Sí, no puedo creer que papá no nos dijera ese secreto en particular – acordó Ron.
- Lo que yo no puedo creer es que ustedes no nos lo dijeran – protestó Harry mirando a Mathew y Evelyn de reojo -. Este año fue una tortura de entrenamientos… he odiado esas escaleras, me he quejado todo el tiempo, ¡y no se les ocurrió comentar que una contraseña las transforma en escaleras mecánicas!
Mathew, que tenía los ojos cerrados y acariciaba el lastimado dorso de la mano de su esposa de manera cadenciosa, sonrió.
- Mira el lado positivo, Harry. El año próximo podrás aprovecharlo.
- ¿El año próximo? – preguntó Harry.
- Yo creo que merecemos un año sabático – propuso Ron, mirando a Harry, quien asintió.
- Ron tiene razón… este año ha sido estresante. No sé ustedes, pero yo necesito vacaciones. Unas muy largas vacaciones – afirmó el chico mientras su mejor amigo asentía con entusiasmo -. Un año sabático sería ideal.
- Sí.
Hermione levantó la cabeza del hombro de Ron y lo miró con el ceño fruncido.
- No podemos tomarnos un año sabático. El año que viene es nuestro último año – desvió los ojos hacia Harry, que levantó sus cejas en un gesto de despreocupación. - ¡Oh, no me miren así! Ustedes dos no podrán entrar en la academia de aurores a menos que se gradúen con buenas notas. Y ya este año no sé cómo haremos, porque no tuvimos tiempo de estudiar… – haciéndose para delante, observó a la pareja que sentada del otro lado de Harry con preocupación -. ¿Nos tomarán exámenes?
Evelyn aspiró profundo antes de negar con la cabeza.
- No, no habrán exámenes. Todos pasaron el año con éxito.
- Están vivos… ¿qué mejor prueba de lo mucho que aprendieron? – acotó su esposo.
- ¿De veras? – preguntó Ginny, levantando las cejas -. ¡Genial!.
- Menos mal porque creo que ni siquiera tengo apuntes – afirmó Ron.
- Yo tampoco – murmuró Harry, sonriendo contra el pelo de su novia.
Volviendo a respaldarse, Hermione permaneció callada, por lo que ambos muchachos la miraron tras un momento.
- ¿Qué? – preguntó la chica.
- ¿No vas a decir nada? – inquirió Ron, divertido -. Tal vez no escuchaste…
- … pero no habrán exámenes este año – Harry completó la frase, observando a su mejor amiga con atención.
- Lo escuché perfectamente bien – respondió ella, acomodando nuevamente su cabeza en el hombro de Ron.
- ¿Y entonces? – quiso saber su novio.
- Entonces nada – replicó ella.
Ante el mutismo azorado de sus amigos, los miró a la defensiva.
- Bueno, estoy cansada. ¿No puedo estar cansada? No quiero estudiar en este momento.
Ron se inclinó hacia delante con una expresión incrédula en su lastimado rostro.
- ¡Harry! ¿Escuchaste eso? Dime que lo escuchaste.
Harry asintió, sonriendo entre divertido y asombrado.
- Lo escuché.
- Creo que deberíamos marcar este día en el calendario – propuso Ron.
- Y luego colocarle un hechizo de permanencia – dijo Harry.
- ¡Oh, cállense! – se quejó la chica, mientras todos reían divertidos.
Ron la estrechó contra él y le besó el pelo.
Tras un momento de silencio, Evelyn rotó su cabeza en un círculo para tratar de alivianar el dolor de su cuello.
- De todos modos, sobre el año sabático… olvídalo, Harry. Regresarás aquí y terminarás la escuela como debe ser.
- Pero…
- No hay pero que valga – respondió la bruja -. Si Mathew y yo nos las arreglamos para terminar Hogwarts en su momento, tenemos plena seguridad de que tú también puedes.
- Muchos más ahora que nos hemos sacado al estorbo de Voldemort de encima – acotó su marido.
Harry frunció el rostro, decepcionado.
- No te preocupes, Harry. Estaremos aquí también – dijo Hermione, sonriendo alentadora.
- ¿Estaremos? – preguntó Ron.
- Sí, Ron. Estaremos – respondió su novia, mirándolo -. Los tres juntos, ¿recuerdas? Ese era el trato.
- Sí, recuerdo el trato, pero…
- Pero nada. Yo estaré aquí. Harry estará aquí. ¿Qué se supone que estarás haciendo tú entre tanto?
- Bueno… no lo he pensado todavía – respondió el chico.
- Puedes trabajar para nosotros, hermano – ofreció George, sonriendo.
- Sí – dijo Fred, con el rostro iluminado de expectativa -. Se me ocurren varias cosas de las que podrías encargarte.
Ron observó a sus dos hermanos por un segundo antes de volverse hacia Hermione y Harry.
- Estaré aquí – anunció.
Fred le guiñó un ojo a Hermione y apoyó la cabeza contra las piedras de la almena contra la que estaba sentado. La chica sonrió y se acomodó nuevamente contra Ron, sin soltar el brazo de Harry.
- Lo que sí podemos hacer es planificar las vacaciones – sugirió Ginny.
- ¿Alguien dijo algo sobre vacaciones? – preguntó Arthur Weasley, apareciendo por el pasillo que conducía al lugar donde todos estaban sentados.
- ¿Cómo está Bill? – preguntó Ginny.
- Descansando – respondió su madre, clavando en ella una desaprobadora mirada al verla sentada entre las piernas de su novio.
Ginny decidió ignorar ese detalle y Arthur se acomodó en la hendidura de una de las almenas, cansado.
- Scrimgeour está algo cabreado porque hiciste que todas esas armaduras le cerraran el paso – le dijo a Mathew -. Quiere que los dos bajen para hablar con él.
- Aja – respondió el mago.
- Estamos ocupados – replicó la bruja.
- Ya vemos – dijo Molly, apoyándose contra las rodillas de su esposo.
- Planificamos las vacaciones – anunció Harry.
- ¿Dónde quieren ir? – preguntó Mathew.
- ¿Puede ser cualquier lugar? – quiso saber Ron.
- ¡Ron! – exclamó su madre, amonestando al muchacho por haberse incluido con tanta frescura.
Mathew le sonrió a Ron, tranquilizador.
- Cualquier lugar. Nosotros invitamos – dijo antes de mirar a Arthur -. ¿Podemos invitarlos a unas largas vacaciones, verdad? Recuerdo que hace años hablábamos de hacer un viaje todos juntos y creo que nos las merecemos…
Arthur miró a su esposa brevemente antes de asentir, sonriendo.
- Mathew, ustedes pueden invitarnos adonde quieran por el tiempo que quieran… siempre y cuando no pierda mi trabajo.
- Bueno, si te despiden, siempre puedes venir a trabajar conmigo – respondió Mathew.
- ¿Vas a trabajar en la fábrica de escobas? – quiso saber Harry, interesado.
- No lo he decidido – dijo Mathew.
- ¿Y tú, Evelyn? – preguntó Molly.
- Yo pienso dormir, leer y no tocar una maldita estaca durante el resto de mi vida, si es posible– respondió la bruja sin abrir los ojos -. Fuera de eso…no sé. Supongo que haré algo pero aún no lo he pensado.
Mathew observó a su esposa antes de clavar la vista en la muñeca donde había estado el brazalete.
- Podrías encargarte de organizar la boda – sugirió tras un momento.
Evelyn frunció el ceño pero no se movió.
- ¿Qué boda? – preguntó.
- La nuestra – respondió él.
Evelyn se enderezó y lo miró, desconcertada.
- Nosotros estamos casados – dijo.
Tomando aire, Mathew se enderezó, haciendo una mueca cuando le dolieron lugares del cuerpo que no sabía que existían. Girándose un poco miró a su mujer, que lo observaba confundida.
- Lo sé, lo sé… - con suavidad acarició su muñeca -. Aún así… verás… ¿recuerdas la Navidad luego de conjurar el bargaine, cuando te di el brazalete? - La bruja asintió pero permaneció en silencio -. Bien, todo lo que dije esa noche sigue siendo cierto. Jamás volví a mencionar el asunto porque Voldemort estaba ahí y era más urgente. Y sé que tal vez ahora suene tonto, al fin y al cabo han pasado veinticinco años. Pero sigue siendo importante, Eve. Al menos lo es para mí.
Hizo una pausa y vio que Evelyn temblaba levemente, al tiempo que sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas.
- Hace meses te dije aquí mismo que sólo tenía una única cosa en mente para después de derrotar a Voldemort. Un único plan… ¿Recuerdas? - Ella asintió de nuevo, sin decir nada -. Bueno, Voldemort ya no está, así que...
Con algo de esfuerzo bajó del techo donde estaban sentados y, sintiendo que todo el cuerpo se quejaba, se hincó entre las almenas y la caseta de piedra.
- Evelyn Bright, ¿quieres casarte conmigo? - preguntó.
Los Weasley, Hermione y Harry observaban la escena en silencio. Evelyn, estática, miró a su esposo con lágrimas rodando por sus magulladas facciones.
Por largos segundos no dijo absolutamente nada. Tan sorprendida por la pregunta, como asombrada de que él estuviera nervioso de preguntarle algo cuya respuesta debía conocer.
Incapaz de encontrar su voz, asintió con la cabeza, esbozando una sonrisa que ninguno de los presentes había visto jamás.
- ¿Eso es un sí? – preguntó Mathew, levantando las cejas.
- Sí – respondió la bruja, moviéndose con más rapidez de la que nadie pensó que podía desplegar y abalanzándose sobre su marido -. Sí, sí, sí, sí… - repitió, abrazándolo con fuerza y besándolo.
El abrazo desequilibró a Mathew, lanzándolo hacia atrás, por lo que el mago terminó estrellándose contra la almena. Un quejido sordo se escuchó cuando el impacto reverberó en los lastimados miembros de ambos.
Evelyn se apartó, apoyando ambas manos a los costados de los hombros de Mathew.
- Lo siento – dijo -. ¿Estás bien?
- No…Estoy viejo – replicó su esposo, sonriendo.
- No es verdad – afirmó su esposa, pasando una mano por el lastimado rostro del mago -. Sólo estás algo averiado.
El mago se rió y la abrazó con fuerza.
- Pero aún así te casarás conmigo – dijo contra su cuello.
- Sí – respondió ella.
- ¡Hey! ¡Que hay adolescentes impresionables aquí! – dijo Molly, a medias en serio y a medias en broma, con las mejillas mojadas por la emoción.
- Peor, ¡hay un hijo impresionable aquí! – se quejó Harry, aunque estaba sonriendo.
Evelyn rió y escondió el rostro en el cuello de su marido, que la abrazó contra su pecho feliz.
- Esperen un segundo… ¿acaso no están casados por un bargaine? – preguntó Fred.
- Estamos casados, pero jamás le pedí a Evelyn que fuera mi esposa – aclaró Mathew.
- Y yo jamás acepté casarme con él – agregó la bruja, enderezándose para mirar a su esposo sonriendo.
- ¿Y cuál es la diferencia? – quiso saber George.
- Sí… no entiendo – afirmó Fred.
- Yo tampoco – dijo Ron.
Hermione y Ginny se miraron, resignadas.
- Hombres – murmuraron ambas.
- No entienden porque son tres imberbes… pero no se preocupen. Ya crecerán – acotó Charlie, que estaba feliz por la pareja.
- Entonces, ¿tendremos boda? – preguntó Arthur, que se veía feliz.
Evelyn asintió.
- Sí, tendremos boda.
- ¿Puedo entregar a la novia? – preguntó Harry.
Evelyn lo miró, con nuevas lágrimas formándose en sus ojos pero aún sonriendo.
- Por favor – respondió.
Harry se respaldó una vez más, satisfecho.
Mathew torció la boca al escuchar que sus planes de pedirle a Harry que fuera su padrino se arruinaba.
- Búscate otro. Yo soy la novia y tengo prioridad – susurró su esposa contra su oído, escuchando sus pensamientos no verbalizados.
El hombre levantó las cejas y miró a Arthur.
- Serás mi padrino, ¿verdad? – preguntó.
El señor Weasley asintió, sonriendo.
- ¿Bromeas? Llevo años esperando asistir a este casamiento.
Molly se secó las lágrimas y se enderezó, comenzando a hacer planes.
- Hay tanto por hacer… ¿será una boda tradicional, verdad? – preguntó, observando a la pareja que aún estaba sentada en el suelo, aunque ahora Evelyn se había acomodado entre las piernas entre las piernas de su marido.
- Con ceremonia, fiesta, anillos…– afirmó Mathew.
- ¿También habrá baile? – preguntó Ron, aprehensivo.
- Por supuesto – respondió Molly con impaciencia -. No hay fiesta sin baile.
Harry y Ron se miraron, algo preocupados.
- Vele el lado positivo – dijo Harry -. Al menos esta vez tu túnica de gala no apesta.
- Y no te pasarás toda la noche rumiando tu enfado porque Hermione baila con otro – acotó Ginny.
- Pues Hermione tal vez baile con otro si su novio no aprende, al menos, a no pisarle los dedos cada dos segundos – acotó la chica.
- Puedes bailar conmigo, cuñada – ofreció Charlie.
- O con nosotros – dijeron los mellizos, sonrientes.
- Sobre mi cadáver – sentenció Ron, mientras apretaba a Hermione contra su costado.
Harry se inclinó hacia delante para palmearle la rodilla, divertido.
- Anímate, viejo. Estoy seguro de que Hermione no tendrá problemas en agregar en tu planificador de estudios las clases de baile.
Hermione besó la quijada de Ron al tiempo que todos se reían.
- ¿Y qué hay de ti? – preguntó Ginny, volteando el rostro para mirar a Harry.
- Ya escuchaste. Yo seré el que entregue a la novia – afirmó el muchacho con tranquilidad.
- O sea que serás el que baile con ella justo después de que lo haga el novio – le hizo notar la chica.
Harry la observó por un segundo antes de gruñir.
- No había pensado en eso – murmuró.
Ron le palmeó el hombro, sonriendo.
- Parece que tu planificador y el mío siguen siendo parecidos, ¿eh?
- Eso no es nada… ¡espera a que ahí figure que tienes que cuidar de un hermano menor! – exclamó Fred.
Una mirada de horror cruzó las facciones de Harry, que se enderezó con brusquedad y miró a Mathew y Evelyn.
- ¿Estás embarazada? ¿Por eso van a casarse?
La pareja lo miró por un segundo antes de romper a reír junto con los demás.
- ¡Por supuesto que no vamos a casarnos porque Evelyn esté embarazada! – dijo Mathew entre carcajadas.
- ¿Pero estás embarazada? – volvió a preguntar el chico.
- No – respondió la bruja, secándose las lágrimas.
- Ah – Harry se volvió a respaldar, con algo de alivio.
- Te prometemos que en cuanto suceda, serás el primero en saberlo – agregó la bruja.
Mathew asintió, sonriendo, mientras cerraba los brazos alrededor de su esposa y apoyaba la barbilla en el hombro femenino.
- Exacto.
Harry los miró por un largo momento, procesando la idea.
- ¿Qué opinas sobre ser hermano mayor? – preguntó Ron, mirándolo inquisitivo.
Harry sonrió.
- No lo había pensado – respondió antes de mirar a sus padres -. Pero ahora que lo hago… suena bastante bien.
- Si necesitas consejo, puedes venir a vernos – ofreció Fred.
- Somos expertos en la materia – señaló George.
- Lo único que ustedes dos pueden enseñar es cómo destruir un cuarto repetidas veces – dijo Molly Weasley, mirando a sus retoños con una mezcla de orgullo y exasperación.
- Ah… pero mira adónde nos llevaron todas esas interminables horas de experimentos – dijo George.
- Gracias a lo genial de nuestros inventos ahora somos exitosos hombres de negocios – agregó Fred, levantando la barbilla con orgullo.
- ¡Oh, por favor! – bufó Percy abriendo finalmente un ojo -. Si Harry no les hubiera dado el dinero, ustedes dos todavía estarían en casa tratando de no destruir la casa.
- Espera un segundo – dijo Ron, mirando a su mejor amigo -. ¿Tú les diste el dinero para abrir la tienda? ¿De qué dinero hablan?
- Bueno… - comenzó Harry.
- ¿Cómo diablos te enteraste de eso? – preguntó Fred a su hermano.
- Trabajo en el ministerio, ¿recuerdas? – respondió Percy -. Existen registros de contratos.
- ¡Que son privados, Pipi! – acotó George, molesto.
- ¿Cómo que Harry les dio el dinero? – quiso saber la señora Weasley.
- ¡Ya les he dicho que no me llamen Pipi! – se quejó Percy.
- Sabía que no te habías quedado con el dinero del Torneo – afirmó Hermione.
- ¿Les diste mil galleons a estos idiotas para que abrieran la tienda? – preguntó Charlie.
Las voces se mezclaron al tiempo que las charlas cruzadas se sucedieron.
El sol se escondió definitivamente mientras el calamar seguía flotando con tranquilidad en el lago.
Los aurores se habían llevado el cuerpo de Voldemort, la enfermería estaba abarrotada y los elfos habían regresado a la cocina, dispuestos a cocinar para alimentar a todos aquellos que tuvieran ánimo de comer.
Los maestros intentaban organizar el colegio y los alumnos se mezclaban en el gran salón. Demasiado agotados e impactados, comenzaban a darse cuenta que la guerra se había acabado y ellos habían sido vitales en la victoria. Muchos se preguntaban dónde estaban Harry, sus padres, los Weasley, Hermione…
Tal vez si a alguien se le hubiera ocurrido asomarse a la Torre Norte los habría descubierto aún allí, disfrutando del final de lo que hasta ese momento había sido y el inicio de lo que seguramente iba a ser.
