—Estas son nuevas— dice enfáticamente.
La miro inquisitivamente.
—Voy a ponerlas dentro de ti y luego te azotare, no por castigo sino para tu placer y el mío. —Hace una pausa, midiendo mi reacción de sorpresa.
¡Dentro de mí! Jadeo y todos los músculos en lo profundo de mi vientre se contraen. Mi diosa interior está haciendo el baile de los siete velos.
—Luego follaremos y si todavía estas despierta, impartiré información sobre mis años de formación. ¿De acuerdo?
¡Me está pidiendo permiso! Sin aliento, asiento. Soy incapaz de hablar.
—Bien, ahora abre tu boca.
¿La boca?
—Más grande.
Muy suavemente, Quinn pone las bolas en mi boca.
—Necesitan lubricación. Chupa — el ordena con voz suave.
Las bolas están frías, el sabor es ligero, sorpresivamente fuerte y metálico. Mi boca seca se llena de saliva mientras mi lengua explora los objetos no familiares. La mirada verde oscuro de Quinn no deja la mía.
Santo infierno, esto me está encendiendo. Me retuerzo ligeramente.
—Quédate quieta, Rachel— Advierte— Ahora Detente. —Las saca de mi boca.
Moviéndose hacia la cama, tira a un lado el edredón y se sienta en el borde.
—Ven aquí.
Me paro en frente de ella.
—Ahora date vuelta, agáchate y agarra tus tobillos.
Parpadeo y su expresión se oscurece.
—No lo dudes— me reprende suavemente con una corriente oculta en su voz y mete las bolas en su boca.
Maldición, esto es más sexy que el cepillo de dientes. Sigo sus órdenes inmediatamente. Dios, ¿Puedo tocarme los tobillos? Encuentro que puedo con facilidad. La camiseta se desliza hacia arriba por mí espalda exponiendo mi parte trasera. Gracias al cielo he mantenido mis pantis, pero sospecho que no lo haré por mucho tiempo.
Mi rubia posa su mano en mi espalda con reverencia y muy suavemente la acaricia con toda su mano. Con mis ojos abiertos, puedo ver sus piernas a través de las mías, nada más. Cierro los ojos fuertemente mientras ella gentilmente mueve mis pantis hacia un lado y lentamente corre su dedo de arriba hacia abajo por mi sexo. Mi cuerpo se revitaliza el mismo en una mezcla embriagadora de salvaje anticipación y excitación. Desliza un dedo dentro de mí y lo gira deliciosamente lento. Oh, se siente bien. Yo doy un gemido.
Su respiración se detiene y la escucho jadear mientras repite el movimiento. Quinn retira su dedo y muy lentamente inserta los objetos, una lenta y deliciosa bola a la vez. Oh. Están a la temperatura de mi cuerpo, calentadas por nuestras bocas colectivas. Es una sensación curiosa.
Una vez que están dentro de mí, no las puedo sentir realmente, pero por otra parte se que están ahí. Quinn endereza mis panties, se inclina hacia adelante y sus labios suavemente besan mi trasero.
—Párate— Ordena y temblorosamente me pongo de pie.
¡Oh! Ahora las puedo sentir…un poco. Ella agarra mis caderas para sostenerme mientras re-establezco mi equilibrio.
— ¿Estás bien? —Pregunta con voz severa.
—Sí. —Mi respuesta es una suave pluma.
—Date la vuelta. — Me doy vuelta y la enfrento.
Las bolas descienden e involuntariamente yo me contraigo alrededor de ellas. La sensación me asusta, pero no de una mala manera.
— ¿Cómo se siente? —Pregunta.
—Es extraño.
— ¿Extraño bien o extraño mal?
—Extraño bien—Confieso, sonrojándome.
—Bien—Hay un rastro de humor acechando sus ojos. — Quiero un vaso de agua. Ve y busca uno para mí por favor.
Oh.
—Y cuando regreses, te pondré en mi rodilla. Piensa en eso, Rachel.
¿Agua? Ella quiere agua ahora. ¿Por qué?
Al dejar la habitación, comprendo porque ella quiere que camine-mientras lo hago, las bolas pesan dentro de mí, masajeándome internamente. Es una sensación tan rara y no del todo desagradable. De hecho, mi respiración se acelera mientras me estiro para alcanzar un vaso del gabinete de la cocina y jadeo. Oh…podría quedarme con estas. Me hacen sentir necesitada, necesitada de sexo.
Quinn me está mirando cuidadosamente cuando regreso.
—Gracias—Dice cuando toma el vaso.
Lentamente, toma un sorbo luego pone el vaso en la mesita de noche. Hay un paquete de aluminio listo esperando como yo. Y sé que ella está haciendo esto para aumentar mis ganas. Mi corazón ha dado miles de latidos. Quinn voltea su mirada brillante y verde hacia la mía.
—Ven. Párate junto a mí. Como la última vez.
Me muevo furtivamente hacia ella, mi sangre zumba por mi cuerpo y esta vez…estoy excitada. Despierta.
—Pídemelo —Dice en voz baja.
Frunzo el ceño. ¿Pedirle que?
—Pídemelo —Su voz es ligeramente dura.
¿Qué? ¿Cómo estuvo tu agua? ¿Qué quiere?
—Pídemelo, Rachel. No lo diré de nuevo. —Hay una amenaza implícita en sus palabras y me doy cuenta.
Ella quiere que le pida que me pegue.
Santa mierda. Me mira expectante, sus ojos se hacen más fríos. Mierda.
—Golpéeme, por favor…Señora— Susurro.
Ella cierra los ojos momentáneamente, saboreando mis palabras. Estirando el brazo, agarra mi mano izquierda y me tira sobre sus rodillas. Caigo al instante pero me estabiliza cuando aterrizo sobre su regazo.
Mi corazón quiere salir cuando su mano acaricia mi trasero. Estoy en ángulo a lo largo de su regazo de nuevo de manera que mi torso descansa en la cama junto a ella. Esta vez Quinn no tira su pierna por encima de la mía, sino que aparta el cabello de mi rostro y lo pone detrás de mi oreja. Una vez que termina, agarra el cabello de mi nuca para mantenerme quieta. Ella jala suavemente y mi cabeza se inclina hacia atrás.
—Quiero ver tu rostro mientras te doy palmadas, Rach—murmura, al mismo tiempo que acaricia suavemente mi parte trasera.
Su mano baja entre las mejillas de mi trasero y la empuja contra mi sexo y la sensación de saciedad es… gimo. Oh, la sensación es exquisita.
—Esto es para el placer de ambas Rachel —susurra suavemente.
Quinn levanta la mano y la trae con una sonora bofeteada contra la unión de mis muslos, mi trasero y mi sexo. Las bolas intentan salir de mí y me pierdo en un pantano de sensación. El ardor a lo largo de mí trasero, la plenitud de las bolas en mí interior y el hecho de que ella me está sujetando. Muevo mi rostro hacia arriba mientras mis facultades tratan de absorber todas estas sensaciones ajenas. Noto en algún lugar de mi celebro que Quinn no me está golpeando tan fuerte como la última vez. Acaricia mi trasero de nuevo, haciendo un camino con su palma a lo largo de mi piel y sobre mi ropa interior.
¿Por qué no me quita los panties? Luego su palma desaparece y aparece de nuevo. Gimo mientras la sensación se extiende. Ella comienza un patrón: de izquierda a derecha y luego abajo. Las bajadas son lo mejor.
Todo avanza, dentro de mi…y entre cada bofetada me acaricia, me amansa, así que soy masajeada dentro y fuera. Es una sensación tan estimulante, erótica y por alguna razón, porque esto es en mis términos, no me importa el dolor. No es tan doloroso como tal, bueno lo es, pero no insoportable. Es en alguna manera manejable y si, placentero…incluso. Gimo.
Si, puedo hacer esto. Ella hace una pausa mientras lentamente arrastra mis panties por mis piernas. Me retuerzo en sus piernas, no porque quiero escaparme de los golpes, sino porque quiero…mas, liberación, algo. Su toque contra mí sensible piel es todo un cosquilleo sensual. Es estremecedor y comienza de nuevo. Golpes suaves de izquierda a derecha y abajo, oh las bajadas, gimo.
—Buena chica, Rachel— gime y su respiración se acelera.
Me da dos nalgadas más y luego toma el hilo adjunto a las bolas y las saca repentinamente. Casi llego al clímax. La sensación es fuera de este mundo. Moviéndose, lentamente me da vuelta. Escucho en vez de ver la rasgadura del paquete de aluminio y luego Quinn esta tendida a mi lado. Siento sus pechos contra los míos.
Se apodera de mis manos, las lleva sobre mi cabeza y entra en mí, deslizándose lentamente, llenándome en donde las bolas de plata habían estado. Gimo en voz alta.
—Oh, cariño —susurra mientras se mueve hacia atrás, hacia adelante con un tiempo lento y sensual, saboreándome, sintiéndome.
Es lo mas gentil que ha sido y no toma mucho tiempo llevarme al borde, en un orgasmo espiral, delicioso, violento y agotador. Cuando me apretó a su alrededor, Quinn se tensa eso promueve su liberación y se desliza dentro de mí, con rigidez, jadeando mi nombre con un asombro desesperado.
— ¡Rach!
Ahora está en silencio jadeando encima de mí, sus manos todavía están entrelazadas con las mías por encima de mi cabeza. Finalmente, se echa hacia atrás y me mira fijamente, con sus dorados y cortos cabellos desordenados.
—Lo disfrute— susurra y luego me besa dulcemente.
Pero no se toma el tiempo para más besos dulces, se levanta y me cubre con el edredón y desaparece en baño. A su regreso trae una botella de loción blanca. Se sienta a mi lado en la cama.
—Date vuelta —ordena y de mala gana lo hago.
Honestamente, con toda esta agitación me siento adormecida.
—Tu trasero esta de un color glorioso —dice con aprobación y con ternura masajea la loción en mi rosado trasero.
—Revela el secreto, Fabray. — Bostezo.
—Señorita Berry, usted sabe como arruinar un momento.
—Teníamos un trato.
— ¿Cómo te sientes?
—No hagas trampa.
Ella suspira, se desliza a mi lado y me toma en sus brazos. Con cuidado de no tocar mi trasero, nos estamos acurrucando de nuevo. Ella me besa suavemente la parte trasera de mi oreja.
—La mujer que me trajo a este mundo era una zorra que consumía crack, Rachel. Ve a dormir.
Maldición… ¿Qué significa eso?
— ¿Era?
—Está muerta.
— ¿Hace cuanto?
Quinn suspira.
—Murió cuando tenía cuatro. No me acuerdo realmente de ella. Yo solo recuerdo algunas cosas. Por favor ve a dormir.
Ok, no la presionare más. ¡Por hoy!
—Buenas noches, Quinn.
—Buenas noches, Rach.
Y entro en un cegado y exhausto sueño de una niña de cuatro años con los ojos verdes, y su cabello durado parecida a la melena de un leoncito, en un lugar oscuro, tenebroso y miserable.
Hay luz por doquier. Brillante, cálida, penetrante, y trato de mantenerla al margen por algunos preciosos minutos más. Quiero esconderme, solo unos minutos más. Pero el brillo es muy fuerte, y finalmente sucumbo al desvelo. Una gloriosa mañana de Seattle me saluda, el sol se filtra por las ventanas de tamaño completo e inunda la habitación con luz muy brillante. ¿Por qué no cerramos las cortinas anoche? Estoy en la gran habitación de Quinn Fabray sin una Quinn Fabray.
Me recuesto por un momento viendo a través de las cortinas hacia el grandioso horizonte de Seattle. La vida en las nubes seguro se siente irreal. Una fantasía un castillo en el aire, a parte de la tierra, a salvo de las realidades de la vida, lejos de la negligencia, hambre, y madres drogadictas.
Me estremezco al pensar lo que tuvo que pasar cuando era una niña pequeña, y entiendo porque vive así, desolada, rodeado de hermosas, preciosas obras de arte removido de donde empezó…
Frunzo el ceño porque aun eso no explica porque no puedo tocarla.
Irónicamente, me siento igual que ella en esta grandiosa torre. Lejos de la realidad. Estoy en este departamento de fantasía, teniendo sexo con mi novia de fantasía. Cuando la siniestra realidad es que ella quiere ese especial arreglo, a pesar de que dijo que iba a tratar mas. ¿Qué significa eso? Esto es lo que necesito aclarar entre nosotras para ver si somos puestos opuestos en el sube y baja o estamos acercándonos la una a la otra.
Me levanto de la cama sintiéndome rígida, y a falta de una mejor expresión, bien usada. Sí, eso sería puro sexo entonces. Mi subconsciente tuerce la boca en desaprobación. Yo le giro mis ojos a ella,agradecida de que una loca controladora no esté en la habitación.
Después de un rápido viaje al baño, salgo en busca de Quinn. No está en la galería de arte, pero una elegante mujer de mediana edad está limpiando la cocina. Verla me detiene. Tiene cabello rubio, y ojos azules claro; viste una camisa blanca sin formato y una falda de color azul marino. Ella sonríe ampliamente cuando me ve.
—Buenos días, Señorita Berry. ¿Le gustaría algo para desayunar? — Su tono es cálido pero como de negocios, y estoy aturdida.
¿Quién es esta atractiva rubia en la cocina de Quinn? Solo estoy usando la camiseta de Quinn. Y me apena mi falta de ropa.
—Me temo que me tienes en desventaja. — Mi voz es baja, incapaz de esconder la ansiedad en mi voz.
—Oh, perdón. Soy la Señora Jones, la ama de llaves de la Señora Fabray.
Oh
— ¿Desea desayuno, señora?
¡Señora!
—Solo café estaría bien, gracias. ¿Sabe dónde está Quinn?
—En su estudio.
—Gracias.
Me escabullo hacia el estudio, mortificada. ¿Por qué Quinn solo tiene rubias atractivas trabajando para ella? Y un desagradable pensamiento llega involuntariamente a mi mente ¿Son todas ellas ex sumisas? Me rehusó a creer esa mala idea.
Asomo mi cabeza tímidamente por la puerta. Esta al teléfono, viendo hacia la ventana, en pantalones negros y una camisa blanca. Su cabello sigue mojado de la ducha, y estoy completamente distraída de mis pensamientos negativos.
—A menos que el P&L de esa compañía mejore, no estoy interesada, Ros. No estamos cargando peso muerto… No necesito más excusas patéticas… Que me llame Marco, es mierda o tiempo perdido… Si, dile a Barney que el prototipo se ve bien, aunque no estoy segura de la interface… No, solo le falta algo… Quiero verlo esta tarde para discutir… De hecho, el y su equipo, podemos hacer una lluvia de ideas… Okay. Pásame de nuevo a Andrea…— Espera, viendo hacia la ventana, dueña del universo, viendo la pequeña gente abajo desde su castillo en el cielo. —Andrea…—Voltea, y se da cuenta que estoy en la puerta. Una sexy sonrisa cruza en su hermosa cara, y me rindo sin decir nada y mis adentros se derriten.
Ella es sin ninguna duda la mujer más hermosa del planeta, demasiado hermosa para la pequeña gente de abajo, demasiado hermosa para mí. Ella es algo así como mía, por ahora. La idea envía un escalofrió a través de mi torrente sanguíneo y disipa mi duda irracional. Quinn continúa con su conversación, sin dejar de verme a los ojos.
—Limpia mi agenda esta mañana, pero has que Bill me llame. Estaré ahí a las dos. Necesito hablar con Marco esta tarde, eso va a requerir al menos media hora… Agenda a Barney y su equipo después de Marco o quizá mañana, y encuéntrame tiempo para ver a Claude todos los días de esta semana… Dile que espere… Oh… No, no quiero publicidad para Darfur… Dile a Sam que lidie con eso… No…
¿Cual evento?... ¿Eso es el próximo sábado?... Espera... —Tapa un poco el teléfono me pregunta— ¿Cuando vas a regresar de Georgia?
—Viernes.
Regresa a su conversación.
—Voy a necesitar un boleto porque tengo una cita… Si Andrea, eso es lo que dije, una cita, la Señorita Rachel Berry me va a acompañar… Eso es todo. —Cuelga. —Buenos días, Señorita Berry.
—Sra. Fabray— sonrió tímidamente.
Camina alrededor del escritorio con su usual gracia y se para frente a mí. Huele tan bien, limpia y recién duchada, tan Quinn. Gentilmente acaricia mi mejilla con el dorso de sus dedos.
—No quería despertarte, lucias tan pacifica. ¿Dormiste bien?
—Estoy bastante descansada, gracias. Solo vine a decir hola antes de tomar una ducha.
Se inclina y dulcemente me besa, y no puedo hacer nada. Lanzo mis brazos alrededor de su cuello y mis dedos se enredan en su cabello aun húmedo. Empujo mi cuerpo contra el suyo, la beso de regreso. La quiero. Mi ataque la toma por sorpresa, pero después de un segundo, responde, con un bajo gruñido en su garganta. Sus manos se deslizan en mi cabello y hacia abajo por mi espalda para sujetar mi trasero desnudo, su lengua explora mi boca. Se aleja, sus ojos ensombrecidos.
—Bien, parece que dormir te queda— murmura. — Sugiero que vayas y te duches, o te voy a acostar en mi escritorio, ahora.
—Escojo el escritorio—Susurro imprudente mientras barridos de deseo como la adrenalina corren a través de mi sistema, despertando todo a su paso.
Me mira desconcertada por un milisegundo.
—Tienes gusto para esto, verdad, Señorita Berry. Te estás volviendo insaciable. — Murmura.
—Solo tengo gusto para ti. —Susurro.
Sus ojos se engrandecen y oscurecen mientras sus manos acarician mi trasero desnudo.
—Tienes toda la razón, solo yo— gruñe, y de repente con un movimiento fluido, limpia todos los planos y papeles de su escritorio y caen al suelo, me levanta en sus brazos, y me acuesta a través del lado corto del escritorio así que mi cabeza está casi fuera de la orilla.
—Lo quieres, lo tienes, Rach—murmura, sacando un papel de aluminio de su pantalón mientras desabrocho sus pantalones.
Oh Sra. Girl Scoutt. Coloca el condón sobre su erección y voltea a verme.
—De verdad espero que estés lista. — Respira, con una sonrisa en su cara.
Y en un momento, me llena, agarrando mis muñecas fuertemente a mis costados, y penetrando profundamente.
Gimo… Oh sí.
—Dios, pequeña. Estas tan lista. —Susurra en mi veneración.
Enredando mis piernas alrededor de su cintura, la abrazo de la única forma que puedo mientras ella se queda parada, viéndome, sus ojos verdes brillan, apasionados y posesivos. Empieza a moverse, realmente moverse. Esto no es hacer el amor, esto es tener sexo y me encanta. Es tan crudo, tan carnal, haciéndome lujuriosa. Me deleito en su poder, su lujuria apaga la mía. Se mueve con facilidad, disfrutándome, sus labios un poco abiertos mientras su respiración se acelera. Gira sus caderas de lado a lado, y el sentimiento es exquisito.
Oh mi. Cierro mis ojos, sintiendo la acumulación, esa deliciosa, suave, intensificada escala de acumulación. Empujándome mas alto, alto en el castillo en el aire. Oh si… su ataque incrementa fraccionalmente. Gimo ruidosamente. Soy toda sensación… toda de Quinn, disfrutando cada empuje, cada empuje que me llena. Y acelera el paso, empujando mas rápido… mas fuerte… y mi cuerpo entero se mueve a su ritmo, y puedo sentir mis piernas poniéndose rígidas, y mis adentros temblando y acelerando.
—Vamos, bebe, vente para mí— me engatusa a través de sus dientes apretados y la ferviente necesidad en su voz, la tensión me lleva al límite.
Grito sin palabras, una súplica apasionada mientras toco el sol, cayéndome alrededor de ella, cayendo, de regreso a una jadeante y brillante cumbre en la tierra. Empuja con fuerza contra mí y se para abruptamente mientras llega a su clímax, jalando mis muñecas, y hundiéndose grácilmente y sin palabras en mi.
Wow… eso no me lo esperaba. Lentamente me materializo en la tierra.
— ¿Qué diablos me estás haciendo? — respira mientras acaricia mi cuello. — Me seduces completamente, Rach. Tú tienes una magia muy poderosa.
Libera mis muñecas, regresando de mi altura. Aprieto mis piernas a su alrededor.
—Yo soy la seducida. —Susurro.
Voltea, mirándome, su expresión desconcertada, incluso alarmada. Colocando sus manos a los lados de mi cara, sujeta mi cabeza en su lugar.
—Tú. Eres. Mía —dice, cada palabra como un staccato. — ¿Entiendes?
Es tan seria, tan apasionada una extremista. La fuerza de su suplica es tan inesperada y desarmante. Me pregunto porque se estará sintiendo así.
—Sí, tuya— susurro, descarrilada por su fervor.
— ¿Estás segura de que tienes que ir a Georgia?
Asiento lentamente. Y en un pequeño momento, puedo ver su expresión cambiar y las paredes cayéndose. De pronto se retira, provocándome una mueca de dolor.
— ¿Estas adolorida? —pregunta, inclinándose sobre mí.
—Un poco —confieso.
— Me gusta tu dolor. — Sus ojos arden. — Te recuerda donde he estado, y solo a mí. —Coge mi barbilla y me besa rudamente, luego se levanta y extiende la mano para ayudarme a levantar. Miro hacia abajo al paquete de aluminio junto a mí.
— Siempre preparada —murmuro.
Me mira confundida mientras se reacomoda. Sostengo el paquete vacio.
— Una mujer puede esperar, Rachel, incluso soñar, y a veces, sus sueños se vuelven realidad. — Ella suena tan extraña, sus ojos ardiendo. Yo simplemente no la entiendo.
Mi resplandor después del coito se está desvaneciendo rápidamente. ¿Cuál es su problema?
— Así que, en tu escritorio, ¿ese ha sido un sueño?- Le pregunte, tratando con humor para aligerar la atmosfera entre nosotras.
Sonríe una sonrisa enigmática que no llega a sus ojos, y se de inmediato que esta no es la primera vez que ha tenido relaciones sexuales en su escritorio. La idea es molesta. Me retuerzo incomoda mi resplandor post coito se evapora.
— Mejor me voy y tomo una ducha. —Me levanto y me muevo para pasar por delante de ella.
Quinn frunce el ceño y se pasa la mano por el pelo.
— Tengo un par de llamadas que hacer. Me reuniré contigo para desayunar una vez que salgas de la ducha. Creo que la señora Jones ha lavado tu ropa de ayer. Están en el armario.
¿Qué? ¿Cuándo diablos hizo ella eso? Por Dios, ¿podía oírnos? Me ruborice.
— Gracias— murmure.
— Eres más que bienvenida— responde de forma automática, pero hay un filo en su voz.
No te estoy diciendo gracias por follarme. Aunque, era muy...
— ¿Qué? —pregunta ella, y me doy cuenta de que estoy frunciendo el ceño.
— ¿Qué pasa? —le pregunto en voz baja.
— ¿Que quieres decir?
— Bueno... esta siendo más rara de lo habitual.
— ¿Me encuentras rara? —Trata de reprimir una sonrisa.
Me sonrojo.
— A veces.
Quinn me mira por un momento, sus ojos especulando.
— Como siempre, me sorprende usted, señorita Berry.
— ¿Te sorprendí? ¿Cómo?
— Solo digamos que fue un placer inesperado.
— Nuestro objetivo es complacer, Sra. Fabray. — Yo inclino mi cabeza hacia un lado como ella me hace a menudo y le devuelvo sus palabras.
— Y complacerme es lo que tú haces— dice ella, pero se ve incomoda. — Pensé que ibas a tomar una ducha.
Oh, me está despidiendo.
— Si... eh, te veré en un momento. —Yo me escabullí de su oficina completamente atónita.
Parecía confundida. ¿Por qué? Tengo que decir que como experiencia física pasada, fue muy satisfactoria. Pero emocionalmente, bueno, estoy confundida por su reacción, y eso era tan emocionalmente enriquecedor como el algodón de azúcar es nutritivo.
La Señora Jones aun se encuentra en la cocina.
— ¿Le gustaría su café, señorita Berry?
— Voy a tomar una ducha primero, gracias— murmure y saque mi rostro ardiente rápidamente de la habitación.
En la ducha, trato de averiguar qué pasa con Quinn. Ella es la persona más complicada que conozco, y no puedo entender sus cambiantes estados de ánimo. Parecía estar bien cuando fui a su estudio. Tuvimos sexo... y luego no lo estaba. No, yo no la entiendo. Busco en mi subconsciente. Ella esta silbando con las manos detrás de la espalda y mirando a cualquier lugar, menos a mí. Ella no tiene ni idea, y mi diosa interior todavía está disfrutando de un remanente resplandor post-coito. Estamos todas desorientadas.
Seco con una toalla mi cabello, lo peino con uno y solo un artículo para el cabello de Quinn, y levanto mi pelo recogido en un moño. El vestido ciruela de San cuelga lavado y planchado en el armario, junto con mi sujetador y las bragas limpias. La señora Jones es una maravilla. Me deslizo en los zapatos, enderezo mi vestido, tomo una respiración profunda, y me dirijo hacia el gran salón.
Quinn no está todavía por ningún lado, y la Sra. Jones está comprobando el contenido de la despensa.
— ¿Café ahora, señorita Berry? — Pregunta ella.
— Por favor.- Le sonrió. Me siento un poco más segura ahora que estoy vestida.
— ¿Le gustaría comer algo?
— No, gracias.
— Por supuesto, que tienes que comer algo— suelta Quinn, frunciendo el ceño. — A ella le gustan las ensaladas de futas, señora Jones.
— Si, Sra. Fabray. ¿Que le gustaría, señora?
— Omelet, por favor, y algo de fruta. —Quinn no quitaba sus ojos de mí, con una expresión inescrutable.
— Siéntate— ordena, señalando a uno de los taburetes de la barra.
Me siento, y se sienta a mi lado, mientras la señora Jones se entretiene con el desayuno. Caramba, es desconcertante tener a alguien más escuchando nuestra conversación.
— ¿Has comprado tu billete de avión?
— No, lo comprare cuando llegue a casa a través de Internet.
— ¿Tienes el dinero?
Oh no.
— Si— le digo con paciencia simulada como si estuviera hablando con un niño pequeño.
Levanta una ceja en censura contra mí. Mierda.
— Tengo un jet. No está programado para ser utilizado durante tres días, esta a tu disposición.
Me quedo boquiabierta ante Quinn. Por supuesto, ella tiene un jet, y tengo que resistir la inclinación natural de mi cuerpo de rodar mis ojos hacia ella. Me dan ganas de reír. Pero no lo hago, ya que no puedo leer su estado de ánimo.
— Ya hemos hecho un abuso serio de la flota de aviación de tu empresa. No me gustaría volver a hacerlo.
— Es mi empresa, es mi jet.
Suena casi herida. ¡Oh, las niñas y sus juguetes!
— Gracias por la oferta. Pero yo sería más feliz tomando un vuelo programado.
Ella parece que quiere discutir más, pero decide no hacerlo.
— Como quieras— suspira — ¿Tienes que prepararte mucho para hacer tu entrevista?
— No.
— Bueno. ¿Todavía no vas a decirme a donde buscaras iniciar?
— No.
Sus labios se curvan en una sonrisa renuente.
— Yo soy una mujer de medios, señorita Berry.
— Soy plenamente consciente de ello, Sra. Fabray. ¿Va a rastrear mi teléfono? — Le pregunto inocentemente.
— En realidad, voy a estar muy ocupada esta tarde, así que tendré que conseguir a alguien más para hacerlo. — Sonríe.
¿Esta bromeando?
— Si puede prescindir de alguien para hacer eso, usted, obviamente, tiene exceso de personal.
— Voy a enviar un correo electrónico a la jefa de recursos humanos y la tendré revisando nuestro número de trabajadores. — Sus labios temblaron para ocultar su sonrisa.
Oh, gracias al Señor, que Quinn ha recuperado su sentido del humor.
La señora Jones nos sirve el desayuno y comemos en silencio durante unos momentos. Después de limpiar los platos, con mucho tacto, se dirige fuera de la sala de estar. Levanto la mirada hacia Quinn.
— ¿Qué pasa, Rachel?
— Sabes, nunca me dijiste por qué no te gusta ser tocada.
Ella palidece, y su reacción me hace sentir culpable por preguntar.
— Te he dicho más de lo que le he dicho a nadie. —Su voz es tranquila mientras me mira impasible.
Y es claro para mí que nunca ha confiado en nadie. ¿Acaso no tiene amigos cercanos? ¿Tal vez le dijo a la señora Robinson? Quiero preguntarle, pero no puedo, no puedo entrometerme de forma tan invasiva. Niego con la cabeza al darme cuenta. Quinn realmente es una isla.
— ¿Pensaras en nuestro arreglo mientras estas fuera? — Pregunta.
— Si.
— ¿Me echaras de menos?
La miro, sorprendida por la pregunta.
— Si— le respondo con sinceridad.
¿Como podría ella significar tanto para mí en tan poco tiempo? Quinn consigue estar justo bajo mi piel... literalmente. Sonríe y sus ojos se iluminan.
— Te echare de menos también. Más de lo que supones— dice en voz baja.
Mi corazón se calienta por sus palabras. Quinn, mi rubia, mi loca y controladora cincuenta sombras realmente está tratando, con fuerza darme más. Acaricia suavemente mi mejilla, se inclina y me besa suavemente.
¡DISFRUTEN! ¿Que creen? ¿Puede ser que Quinn ya se este enamorando no?
Gracias por los comentarios, me di cuenta que son vari s que estan interesad s que la historia siga y siga =)
