35
Un día, cuando ya era bastante tarde y Bella se estaba preparando para dejar la oficina, Emily le informó:
—Un señor Clark Holman quiere hablar con usted.
Bella dudó un instante y después contestó:
—Voy a atenderlo.
Clark Holman era un abogado que trabajaba con la Sociedad de Ayuda Legal.
—Discúlpeme por molestarla, Bella —dijo— pero tenemos un caso que nadie quiere tomar y realmente le agradecería si nos quisiera ayudar. Yo sé que está muy ocupada pero…
—¿Quién es el acusado?
—Jack Scanlon.
El nombre le sonó conocido inmediatamente. Durante los dos últimos días había estado en las páginas principales de todos los diarios. Jack Scanlon fue arrestado por raptar a una niña de cuatro años y tenerla secuestrada pidiendo rescate. Fue identificado por un identikit que la policía hizo por medie de los testigos del secuestro.
—¿Por qué yo, Clark?
—Scanlon pidió que fuera usted.
Bella miró el reloj que estaba en la pared. Se le hacía tarde para ver a Joshua.
—¿Dónde está él ahora?
—En el Centro Penal Metropolitan.
Bella tomó una rápida decisión.
—Voy a ir a hablar con él. Por favor encárguese de eso.
—Muy bien. Un millón de gracias. Le debo un favor.
Bella llamó a la señora Mackey.
—Voy a llegar un poquito tarde. Déle de comer a Joshua y dígale que me espere despierto.
Diez minutos más tarde, Bella estaba en camino hacia el centro.
Para Bella, el secuestro era el más horrible de todos los delitos, en particular el de niños, pero toda persona acusada tiene derecho a ser oída, por horrible que sea su crimen. Esa era la base de la ley: justicia tanto para los peores como para los mejores.
Bella se identificó ante el guardia de recepción y la guiaron hasta la sala de visita de los abogados.
—Le traeré a Scanlon —dijo el guardia.
Unos minutos más tarde, un hombre delgado y con un aspecto muy estético con una barba rubia y cabello rubio claro entró en la sala. Tendría casi cuarenta años y parecía un Cristo.
—Gracias por venir, señorita Swan —dijo con una voz dulce y amable—. Gracias por preocuparse.
—Siéntese.
Se sentó en una silla frente a Bella.
—¿Usted pidió verme?
—Sí. Incluso sabiendo que sólo Dios puede ayudarme. Hice una tontería.
Bella lo miró con desagrado.
—¿Usted llama una tontería secuestrar una niña y pedir rescate?
—Yo no secuestré a Tammy por el rescate.
—¿No? ¿Entonces para qué la secuestró?
Hubo un largo silencio antes de que Jack Scanlon volviera a hablar.
—Mi esposa, Evelyn, murió al dar a luz. La amé más que a nada en el mundo. Si ha habido alguna santa en la tierra fue esa mujer. Evelyn no era fuerte. Nuestro médico la previno para que no tuviera un bebé, pero no le hizo caso. —Miró hacia el piso con incomodidad. Puede… a usted le puede resultar difícil de entender, pero ella decía que quería tener un hijo de todos modos, porque era tener otra parte de mí.
Bella entendía eso demasiado bien.
Jack Scanlon dejó de hablar y pareció alejarse con sus pensamientos.
—¿Entonces tuvo el bebé?
Jack Scanlon hizo un gesto con la cabeza.
—Los dos murieron —le resultaba difícil seguir hablando—. Por un tiempo yo… yo no quería seguir viviendo sin ella. Me quedaba pensando en cómo hubiera sido nuestro bebé. Soñaba en cómo hubiera sido si hubiera vivido. Trataba de volver el reloj para atrás hasta el momento antes de que Evelyn… —se detuvo con la voz cortada por la pena—. Me volqué a la Biblia y eso me impidió volverme loco. He aquí que he puesto ante ustedes una puerta abierta que nadie podrá cerrar. Después de unos pocos días, vi a una pequeña jugando en la calle y fue como si Evelyn se hubiera reencarnado. Tenía sus ojos, sus cabellos. Levantó la cabeza, me miró y me sonrió y, yo… yo sé que suena a locura, pero era Evelyn sonriéndome. Debo de haber enloquecido. Me dije a mí mismo: Ésta es la hija que Evelyn quería tener. Esta es nuestra hija.
Bella observó cómo el hombre se clavaba las uñas en la piel.
—Sabía que estaba equivocado, pero me la llevé —miró a Bella a los ojos—. No le hubiera hecho daño por nada del mundo.
Bella lo estaba estudiando detenidamente, esperando que diera una nota en falso. Pero no era así. Era un hombre en estado de angustia.
—¿Qué me puede decir de la nota pidiendo rescate? —preguntó Bella.
—Yo no envié ninguna nota pidiendo rescate. La última cosa que me preocupa en el mundo es el dinero. Sólo quería a la pequeña Tammy.
—Alguien mandó la nota a la familia.
—La policía dice que yo la mandé, pero no es cierto.
Bella estaba allí, tratando de que todo eso coincidiera para ponerlo en claro.
—¿La noticia del secuestro apareció antes o después que usted fuera atrapado por la policía?
—Antes. Me acuerdo de que deseaba que dejaran de escribir sobre el asunto. Quería irme lejos con Tammy y tenía miedo de que alguien nos detuviera.
—¿Entonces, cualquiera pudo haber leído la noticia e intentado cobrar el rescate?
Jack Scanlon agitó sus manos en un gesto de desamparo.
—No lo sé. Lo único que sé es que quisiera morir.
El dolor era tan evidente que Bella se sintió tocada. Si estaba diciéndole la verdad, y estaba allí en su cara, entonces no merecía morir por lo que había hecho.
Deberían castigarlo, sí, pero no ejecutarlo.
Bella tomó una decisión.
—Voy a tratar de ayudarlo.
—Muchas gracias —contestó con calma—. En realidad ya no me importa lo que me pueda pasar.
—Lo voy a hacer.
—Me parece que… me temo que no tengo dinero para pagarle —contestó Jack Scanlon.
—No se preocupe por eso. Quiero que me hable de usted.
—¿Qué es lo que quiere saber?
—Empiece por el principio. ¿Dónde nació?
—En Dakota del Norte, hace treinta y cinco años. Nací en una granja. Me pregunto si usted lo llamaría granja. Era un pobre pedazo de tierra en donde nada quería crecer. Éramos pobres. Me fui de casa cuando tenía quince años. Quería mucho a mi madre, pero odiaba a mi padre. Sé que la Biblia dice que es un pecado hablar mal de los padres, pero mi padre era un hombre malvado. Le encantaba azotarme.
Bella pudo ver que su cuerpo temblaba mientras seguía hablando.
—Lo que quiero decir es que realmente gozaba haciéndolo. Si yo hacía la menor cosa que él pensaba que estaba mal me azotaba con un cinturón de cuero con una gran hebilla de bronce. Después me hacía arrodillar y pedir perdón a Dios. Por mucho tiempo odié a Dios tanto como a mi padre. —Se detuvo, demasiado lleno de recuerdos como para seguir hablando.
—¿Entonces se fue de su casa?
—Sí. Hice auto-stop hasta Chicago. Había ido poco a la escuela pero en casa leía mucho. Cada vez que mi padre me encontraba leyendo era una buena excusa para azotarme. En Chicago encontré trabajo en una fábrica. Allí conocí a Evelyn. Me corté una mano con una fresadora y me llevaron al dispensario y allí estaba ella. Era una enfermera practicante —le sonrió a Bella—. Era la mujer más bella que yo había visto en mi vida. Mi mano tardó dos semanas en cicatrizar y yo iba a que me curara todos los días. Después de eso, simplemente empezamos a estar juntos. Hablamos de casarnos pero la compañía perdió un importante contrato y fui despedido con el resto de la gente de mi sección. Eso no le importó a Evelyn. Nos casamos y ella se hizo cargo de mí. Ésa era la única cosa por la que discutíamos. Yo crecí pensando que el hombre debe hacerse cargo de la mujer. Conseguí un trabajo de conductor de un camión y la paga era buena. La única cosa que no me gustaba era que debíamos estar separados, a veces hasta una semana seguida. Aparte de eso, era totalmente feliz. Los dos éramos felices. Y entonces Evelyn quedó embarazada.
Le corrió un escalofrío por el cuerpo. Sus manos empezaron a temblar.
—Evelyn y nuestra nena murieron. —Le corrían lágrimas por las mejillas. —No sé por qué Dios hizo eso. —Se estaba hamacando en la silla, sin darse cuenta de lo que hacía con los brazos cruzados sobre el pecho, sosteniéndolo en su dolor. —Te enseñaré y te instruiré sobre el camino que debes seguir, te guiaré.
Bella pensó: ¡Este es uno que no va a ir a la silla eléctrica!
—Volveré a verlo mañana —le prometió Bella.
La fianza era de doscientos mil dólares. Jack Scanlon no tenía esa suma de dinero y Bella tuvo que ponerla por él. Scanlon salió del Centro Penal y Bella lo llevó a un hotelito del lado oeste para que se quedara allí. Además le dio cien dólares para que se mantuviera.
—No sé cómo —dijo Jack Scanlon—, pero le pagaré hasta el último centavo. Buscaré un trabajo. No me importa qué clase de trabajo sea. Haré cualquier cosa.
Cuando Jennifer lo dejó, estaba buscando en los avisos de trabajo.
El fiscal federal, Earl Osborne, era un hombre alto, corpulento, con la cara lampiña y modales engañosamente blandos. Para la sorpresa de Bella, Marco Di Silva estaba en la oficina de Osborne.
—Supe que va a intervenir en este caso —le dijo Di Silva—. Nada es demasiado sucio para usted ¿no?
Bella se volvió a Earl Osborne.
—¿Qué hace él aquí? Éste es un caso federal.
—Jack Scanlon se llevó a la niña en un auto que era de la familia.
—El robo de un auto es un robo de mayor cuantía —dijo Di Silva.
Bella se preguntó si Di Silva estaría tan interesado en el caso si ella no fuera la defensora. Se dirigió a Earl Osborne.
—Me gustaría hacer un trato —dijo Bella—. Mi cliente…
Earl Osborne levantó una mano.
—No hay posibilidad. Vamos a seguir con esto adelante hasta el final.
—Pero hay circunstancias…
—Puede decirnos todo lo que quiera en la audiencia preliminar.
Di Silva se estaba burlando.
—Muy bien —contestó Bella—. Los veré en la sala del Tribunal.
Jack Scanlon encontró trabajo en una estación de servicio en el lado oeste, cerca de su motel, y Bella se detuvo allí para hablar con él.
—La audiencia preliminar es pasado mañana —le informó Bella—. Voy a tratar de que el gobierno acepte un alegato para convenir que lo declaren culpable de un cargo menor. Tendrá que estar preso un tiempo, Jack, pero trataré de sacarlo lo más pronto posible.
La gratitud que se pintó en su rostro fue suficiente premio.
Por sugerencia de Bella, Jack Scanlon se compró un traje decente para ir a la primera audiencia. Tenía el pelo corto y la barba recortada, y Bella estaba contenta con su apariencia.
Empezaron todas las formalidades del tribunal. El fiscal de distrito Marco Di Silva estaba presente. Cuando Earl Osborne presentó sus evidencias y pidió un proceso, el juez Barnard se volvió hacia Bella.
—¿Hay algo que usted quiera decir, señorita Swan?
—Sí, hay algo, Su Señoría. Quiero ahorrar al gobierno el gasto de un juicio. Hay circunstancias atenuantes en este caso que no han sido consideradas. Quisiera presentar a mi cliente como culpable de un delito menor.
—De ninguna manera —dijo Earl Osborne—. El gobierno no lo aceptará.
Bella se dirigió al juez Barnard.
—¿Podríamos discutir esto en su despacho, Su Señoría?
—Muy bien. Daré la fecha para el juicio después de oír lo que la abogada tiene que decir.
Bella se volvió hacia Jack Scanlon, que permanecía allí sentado, totalmente confundido.
—Usted puede volver a trabajar —le explicó Bella—. Yo iré a buscarlo y le contaré lo que pasó.
Jack hizo un gesto con la cabeza y dijo tranquilamente.
—Muchas gracias, señorita Swan.
Bella lo miró mientras se alejaba de la sala.
Bella , Earl Osborne, Marco Di Silva y el juez Barnard estaban sentados en el despacho del Juez.
Osborne le estaba diciendo a Bella:
—No me explico cómo me pide que cambiemos el cargo por un delito menor. Secuestro con pedido de rescate es un delito mayor. Su cliente es culpable y va a tener que pagar las consecuencias.
—No crea todo lo que lea en los periódicos, Earl. Jack Scanlon no tiene nada que ver con el pedido de rescate.
—¿Por qué trata de engañarnos? ¿Si no lo hizo por el rescate, por qué mierda lo hizo?
—Se lo diré —contestó Bella.
Y se lo contó. Les habló de la granja y los castigos y de cuando Jack Scanlon se había enamorado de Evelyn y se casaron y cómo perdió a su mujer y a su hijita recién nacida.
La escucharon en silencio y cuando Bella terminó, Di Silva dijo:
—¿Entonces Jack Scanlon secuestró a la niña porque le recordaba a la nena que él debería haber tenido? ¿Y la mujer de Jack Scanlon murió al dar a luz?
—Exactamente —Bella se dirigió al juez Barnard—. Su Señoría, yo no creo que ésta sea la clase de hombre que deba ser ejecutado.
Inesperadamente Di Silva contestó:
—Estoy de acuerdo con usted.
Bella lo miró sorprendida.
Di Silva estaba sacando unos papeles de su portafolios.
—Déjeme que le diga algo —dijo—. ¿Cómo se sentiría usted si se ejecutase a esta clase de hombre? —empezó a leer de un expediente—. Frank Jackson, treinta y ocho años. Nacido en Nob-Hill, San Francisco. El padre era médico, la madre un importante miembro de la alta sociedad. A los catorce años, Jackson se dedicó a las drogas, huyó de la casa, lo encontraron en Haigh-Ashbury y lo devolvieron a sus padres. Tres meses más tarde, Jackson se metió en el consultorio de su padre, robó todas las drogas que pudo y se fue. Lo agarraron en Seattle por tenencia y venta de drogas y lo mandaron a un reformatorio, a los dieciocho años lo dejaron en libertad y un mes más tarde lo atraparon de nuevo con el cargo de asalto a mano armada con intento de asesinato…
Bella sintió que el estómago se le contraía.
—¿Qué tiene que ver esto con Jack Scanlon?
Earl Osborne le dirigió una sonrisa helada.
—Jack Scanlon es Frank Jackson.
—¡No lo creo!
—Esta hoja amarilla llegó del FBI hace una hora —explicó Di Silva—. Jackson es un gran artista y un mentiroso psicópata. Durante los diez últimos años fue arrestado por cargos que van desde vivir de las prostitutas, hasta incendio premeditado, y asalto a mano armada. Nunca tuvo un trabajo estable y jamás se casó. Cinco años atrás fue capturado por el FBI por un secuestro. Raptó a una nena de tres años y pidió rescate. El cadáver de la pequeña fue encontrado dos meses después en un área montañosa. De acuerdo al informe del que llevaba la pesquisa, el cuerpo estaba parcialmente descompuesto, pero tenía signos visibles de haber recibido cortes con un cuchillo en todo el cuerpo. Además la habían violado y sodomizado.
Bella se sintió repentinamente descompuesta.
—Jackson fue absuelto por un tecnicismo que un abogado muy astuto cocinó. — Cuando Di Silva volvió a hablar, su voz estaba llena de desprecio—. ¿Éste es el hombre que usted quiere que ande caminando por las calles?
—¿Puedo ver el expediente, por favor?
Silenciosamente, Di Silva le extendió el papel y Bella comenzó a leerlo. Era Jack Scanlon. No había dudas. Había una instantánea tomada por la policía. Se lo veía más joven y no tenía barba, pero no había forma de equivocarse. Jack Scanlon — Frank Jackson— le había mentido en todo. Le había contado una historia y Bella creyó cada palabra. Fue tan convincente que ni siquiera se tomó el trabajo de hacer que Ken Bailey confirmara la historia.
—¿Puedo ver eso? —dijo el juez Barnard.
Bella le alcanzó el informe. El Juez le echó una mirada y después miró a Bella preguntándole:
—¿Entonces?
—No voy a defenderlo.
Di Silva levantó las cejas en gesto de sorpresa.
—Usted me conmociona, señorita Swan. Siempre dice que todos tienen derecho a un abogado.
—Todos lo tienen —contestó Bella tranquilamente—, pero yo tengo una norma inflexible y constante: no defiendo a nadie que me mienta. El señor Jackson tendrá que buscarse otro abogado.
El juez Barnard asintió.
—El Tribunal se encargará de eso.
—Quisiera que la fianza sea revocada inmediatamente, Su Señoría —dijo Osborne —. Creo que es demasiado peligroso para dejarlo suelto por las calles.
El juez Barnard se volvió a Bella.
—Como hasta este momento usted es todavía su abogada, señorita Swan ¿tiene alguna objeción que hacer?
—No —contestó Bella con tirantez—. Ninguna.
—Voy a ordenar que la fianza sea revocada —dijo el juez Barnard.
El juez Lawrence Waldman invitó a Bella a una cena de beneficencia esa noche.
Después de lo que había pasado a la tarde, Bella se sentía sin fuerzas y hubiera preferido quedarse en casa y tener una tranquila noche junto a Joshua, pero no quería desairar al Juez. Se cambió en la oficina y se encontró con el juez Waldman en el Waldorf-Astoria, que era el lugar donde se realizaba la fiesta.
Era una fiesta de gala y actuaba media docena de actores de Hollywood, pero Bella no podía disfrutarlo. Sus pensamientos estaban en otro lado. El juez Waldman la estuvo observando.
—¿Algo anda mal, Bells?
Se las arregló para sonreír.
—No, Lawrence, es sólo un problema de trabajo.
¿En qué clase de trabajo estoy metida, quería saber Bella, tratando con la escoria de la humanidad, los violadores, los secuestradores y los asesinos? Decidió que era una noche perfecta para emborracharse.
Un mozo se acercó a la mesa y le susurró al oído.
—Discúlpeme, señorita Swan, pero hay una llamada para usted.
Bella sintió inmediatamente alarma. La única que sabía donde encontrarla era la señora Mackey. Sólo la podía llamar si pasaba algo malo.
—Perdón, ya vuelvo —dijo Bella.
Siguió al mozo a la pequeña oficina fuera del hall.
Bella levantó el aparato y una voz de hombre le susurró.
—¡Puta! Me traicionó.
Bella sintió que el cuerpo empezaba a temblarle.
—¿Quién habla? —preguntó. Pero ya lo sabía.
—Usted les dijo a los policías que vinieran a agarrarme.
—¡Eso no es verdad! Yo…
—Usted prometió ayudarme.
—Lo ayudaré. ¿Dónde está…?
—¡Mentirosa de mierda! —su voz se hizo tan baja que Bella apenas podía entender las palabras—. Me las va a pagar. ¡Oh, sí, usted va a pagar por eso!
—Espere un min…
Colgó el teléfono. Bella permaneció allí, helada. Algo había salido terriblemente mal. Frank Jackson, alias Jack Scanlon, se había escapado de algún modo y culpaba a Bella de lo que había sucedido. ¿Cómo sabía dónde estaba ella?
Debía de haberla seguido. Podría estar esperándola afuera, ahora mismo.
Bella trataba de controlar los temblores de su cuerpo, intentando pensar, razonar lo que había pasado. Él podría haber visto a la policía que llegaba a arrestarlo, o a lo mejor ellos lo habían agarrado y se les escapó. Cómo pasó ya no importaba. Lo único importante era que la culpaba a ella de lo ocurrido.
Frank Jackson había matado antes y podía volverlo a hacer. Bella fue al baño y se quedó allí hasta recuperar la calma. Cuando pudo controlarse, volvió a la mesa.
El juez Waldman la miró.
—¡Por Dios!, ¿qué sucede?
Bella se lo contó lo más brevemente posible. El Juez quedó aterrado.
—¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿Quieres que te lleve a tu casa?
—Estaré bien, Lawrence. Si puedes hacer que llegue a mi auto sin problemas, estaré segura.
Abandonaron tranquilamente el salón y el juez Waldman esperó hasta que un portero trajo el auto de Bella.
—¿Estás segura de que no quieres que vaya contigo?
—Gracias. Estoy segura de que la policía lo atrapará antes de mañana. No hay mucha gente caminando por ahí que se parezca a él. Buenas noches.
Bella condujo el auto asegurándose de que nadie la siguiera. Cuando estuvo segura de que estaba sola, tomó la autopista de Long Island y se dirigió a su casa.
Seguía mirando por el espejo retrovisor, controlando a los autos cercanos. En una oportunidad se salió de la carretera y dejó que pasara el tráfico hasta que la ruta estuvo vacía y luego siguió su camino. Ahora se sentía a salvo. No pasarían muchas horas antes de que la policía encontrara a Frank Jackson. En este momento ya habría una alerta general para buscarlo.
Bella tomó por su camino de entrada. El parque y la casa que debían estar iluminados permanecían en la oscuridad. Sentada en el auto mirando a la casa sin poder creerlo, sintió en su mente un grito de alarma. Abrió violentamente la puerta del auto y corrió hacia la puerta de entrada. Estaba entreabierta Bella se detuvo por un instante, llena de terror y después entro en el hall. Su pie choco contra algo caliente y suave y Bella dejo escapar un involuntario jadeo. Prendió las luces Max yacía en un charco de sangre. La garganta del perro estaba cortada de oreja a oreja.
—¡Joshua! —estaba gritando—. ¡Señora Mackey!
Bella corrió de cuarto en cuarto, prendiendo las luces y llamándolos a gritos; el corazón le latía tan fuerte que le resultaba difícil respirar. Se detuvo en la entrada del cuarto de Joshua. La cama había sido usada, pero estaba vacía.
Bella busco en cada habitación de la casa, después se dirigió a la parte de abajo, completamente atontada. Frank Jackson debía haber sabido siempre donde vivía ella.
Debía de haberla seguido alguna noche desde su oficina o después que ella dejó la estación de servicio. Había agarrado a Joshua y lo iba a matar para castigarla a ella.
Al pasar por el lavadero oyó un extraño ruido que venia de un placard. Bella se movió en dirección a la puerta y la abrió despacio. Adentro estaba oscuro.
Una voz gimoteó.
—Por favor, no me pegue más.
Bella prendió las luces. La señora Mackey estaba tirada en el suelo, con las manos y los pies atados con alambre. Estaba semiinconsciente.
Bella se arrodillo rápidamente junto a ella.
—¡Señora Mackey!
La anciana levantó la vista hacia Bella y sus ojos cobraron vida.
—El se llevó a Joshua —Empezó a llorar.
Lo más suavemente que pudo, Bella desenrolló el alambre que estaba cortando los brazos y las piernas de la señora Mackey. Los tenía en carne viva y sangrando.
Bella la ayudo a ponerse de pie.
La señora Mackey gritaba histéricamente:
—No… no lo pude detener. Yo tra… trate. Yo…
El sonido del teléfono penetró en la habitación. Las dos mujeres quedaron instantáneamente en silencio. El teléfono seguía sonando una y otra vez, y de alguna manera tenía un sonido maléfico Bella fue a atenderlo.
Una voz le dijo:
—Solo quería estar seguro de que había llegado bien a casa.
—¿Dónde esta mi hijo?
—Es un hermoso chico, ¿no? —pregunto la voz.
—¡Por favor! Haré cualquier cosa. ¡Lo que usted quiera!
—Usted ya lo ha hecho todo, señora Swan.
—¡No, por favor! —sollozaba desamparada.
—Me gusta oírla llorar —susurró la voz—. Tendrá su hijo de vuelta, señora Swan. Lea mañana los periódicos.
Y corto la comunicación.
Bella permaneció allí, luchando contra el desmayo, tratando de pensar. Frank Jackson le había dicho: «¿Es un hermoso chico, no?». Eso quería decir que Joshua todavía estaba vivo. De otra forma ¿no hubiera dicho era hermoso? Sabía que estaba jugando con las palabras tratando de no volverse loca. Tenía que hacer algo rápido.
Su primer impulso fue llamar a Edward y pedirle ayuda. Era su hijo el que había sido secuestrado, su hijo al que iban a asesinar. Pero sabía que Edward no podría hacer nada. Estaba a miles de kilómetros. Tenía solo dos opciones una era llamar a Marco Di Silva, decirle lo que había sucedido y pedirle que hiciera una redada para tratar de agarrar a Frank Jackson. ¡Oh Dios, eso llevaría demasiado tiempo!
La segunda posibilidad era el FBI. Estaban entrenados para manejar secuestros. El problema es que este no era igual a cualquier otro. No habría nota de pedido de rescate como pista, ninguna posibilidad de tratar de agarrar a Frank Jackson y salvar la vida de Joshua. El FBI se movía de acuerdo con su propio y estricto ritual. No habría ninguna ayuda en ese caso. Debía decidirse rápido mientras Joshua todavía estaba con vida. Marco Di Silva o el FBI. Era difícil de pensar.
Tomó aliento y decidió. Buscó un número de teléfono. Sus dedos temblaban tanto que tuvo que marcar el número tres veces antes de conseguir la comunicación.
Cuando una voz de hombre contestó, Bella le dijo:
—Quiero hablar con Felix Moretti
