Tonkotsu Ramen

De cómo Naruto gasta su primer sueldo

—No volvió a pasar ¿Verdad?

Iruka agachó la cabeza como si fuera su culpa tal como Naruto se lo recriminaba. Pero el cocinero no pensaba hacer más referencia, solo lo había supuesto porque ya era tarde y el chico no se había presentado para la "Cena del triunfo" como lo había anunciado.

—Orden para llevar.— mustió Iruka.

—Estoy algo cansado.

Ayame asintió y buscó el desechable y la bolsa empezando a acomodar lo demás con el orden habitual. Se mantuvo silenciosa, solo pensando, si Naruto no se aplicaba en sus fallas, y volvía a fallar el examen al año siguiente, el sentirse más grande que los demás tal vez lo desmoralizaría más y resultaría peor hasta para su conducta, ya muchas personas no lo soportaban por sus travesuras, como si ser el contenedor de… de eso no fuera suficiente para restarle puntos de popularidad.

—Aquí tiene.

Teuchi no bajó su cortesía, conocía bien a Naruto, era un buen muchacho, pero los exámenes no se pasan solo con actitud, y eso lo tenía muy claro.

Movió la cabeza de un lado a otro en cuanto Iruka dejó el local. Sin comentarios al respecto.

.

—No lo encontré.— fue todo lo que Ayame dijo dejando la bolsa de pedido a domicilio y sentándose en la mesa mientras esperaba que su papá terminara de limpiar la vajilla para ya irse a casa. El hombre asintió pero no dijo nada más, no se le corría a dónde podía haber ido el muchacho pero tenía la completa seguridad de que estaría bien, Iruka se ocupaba mucho de eso por más estricto que pudiera llegar a ser.

Terminó de lavar soltando un pequeño suspiro de cansancio, busco la toalla tanteando la barra pero fue Ayame quien se la tendió, secó sus manos y ella sonrió ampliamente tomando el paño y poniéndoselo en la cara para enseguida tomar la orden y salir corriendo entre risas.

Teuchi no dudó en pensar que estaba loca, pero salió a alcanzarla recordándola de momento más pequeña, sin poder pronunciar bien algunas palabras, escondiéndose en la despensa para comer alga deshidratada. La luz de las calles era trémula y la de la luna apenas iluminaba vagamente el sendero de tierra aplacada tras terminarse el día.

Ella lo esperaba poco más adelante con la radiante sonrisa en los labios y ese gesto amable que tenía en la expresión de su rostro, tan parecida a su madre… salvo en el color de cabello, eso era suyo.

— ¿A qué se debe tanta felicidad Ayame-chan?

—No lo sé.

El hombre movió la cabeza de un lado a otro.

— ¡Anda! ¡Vamos!

Ella lo incitaba a correr de regreso, como cuando era más chica, mucho más chica,, lo hacía para llegar temprano a casa y que su madre le contara alguna historia sobre su vida en la aldea del bambú, cuentos que le gustaba escuchar como si se hablara de un reino fantástico. Y tal vez así era.

Pensó que tal vez si podía alcanzarla y emprendió la carrera detrás de ella pasando al lado de los demás negocios ya cerrados, siempre eran los primeros en llegar y los últimos en irse, y no había día en que no trabajaran, especialmente los festivos, un día festivo era la excusa perfecta para salir y comer afuera, él lo sabía y tenía por compromiso moral estar ahí siempre que se le necesitara, Ayame también había hecho suyo ese compromiso.

Pocas veces su hija tocaba la cocina para ella freír, cocer o hacer algo más que cortar verduras, pero hacía un excelente trabajo como camarera, le facilitaba a él la atención a los clientes, las compras y hasta los pedidos para domicilio, cobrar y sobre todo; hacer que consumieran más.

Eso último él no se lo había enseñado, no tenía ni idea de dónde había sacado aquello pero tenía buena vista para aquellos que podían pagar más de lo que pedían y entre aperitivos y bebidas elevaba el total sin olvidarse claro, de su sonrisa y carisma para que aumentaran la propina que no era una obligación en las barras de ramen, al menos en las que él se había criado.

Ayame, cada que veía la atención que algunos clientes le ponían, no podía evitar una sana dosis de celos, su niña crecía. ¿Su niña? Sí, niña, aunque cumpliera pronto los dieciocho años seguía siendo y sería por siempre su niña...

— ¿Papá? ¿Estás bien?

La joven se detuvo al ver que su padre se había quedado un poco rezagado, notó en su rostro que estaba colorado y por entre las arrugas de sus ojos siempre cubiertos por el párpado caído, algunas lágrimas.

— ¡Ya no soy tan joven como para esto!— exclamó riendo para ocultar con algo de pena su extraña melancolía.

— ¡Papá! ¡No digas esas cosas! ¡Recién pasas los cuarenta!

—Pero Ayame-chan, eso sigue siendo más que hace diez años…

—Anda, te preparo un té.

Y la hija ofreció su brazo para servirle de apoyo al subir los escalones que conducían a su departamento.

.

—Ayame, ya te dije que estoy perfectamente.

—Pero ayer te pusiste mal solo por un par de cuadras…

—Tampoco fue eso, es solo que me puse sentimental.

—No te quieras excusar, hoy me haré cargo de todo, y ya que no te quisiste quedar en cama, tú estarás en caja, yo cocino y sirvo ¿Sí?

—Pero es que no me voy a morir, tú misma lo dijiste, no soy tan viejo.

—No es necesario ser viejo para tener achaques.

— ¿Achaques? ¿Yo?

—Y también iremos a ver al médico, estoy segura que por una vez en años que cerremos más temprano, la clientela sabrá entender.

—No exageres, yo no iré a ver a ningún médico porque no tengo nada…

— ¿Naruto? ¿Iruka-sensei?

Ayame lo interrumpió sin intención de callarlo y cortar la discusión, era solamente que le daba curiosidad por ver a los dos sentados frente al local cerrado, ninguno tenía buena pinta y lo primero que se le ocurrió fue imaginarse que tenía mucho que ver con la desaparición de Naruto la noche anterior, había habido problemas pero al final -como siempre- simplemente se solucionaba todo con un bol de ramen.

—Pasen.— dijo ella abriendo la cortina tras arrebatarle las llaves a su padre para ser ella quien se agachara a quitar los candados. Rápidamente se adelantó para bajar los bancos de las mesas y los condujo hasta la barra pasando a encender rápidamente los quemadores de la estufa.

— ¿Lo de siempre?— preguntó.

— ¡Claro! ¡Estamos celebrando! ¿No notas algo diferente, Ayame-neechan?

La chica giró la vista dándose cuanta al instante.

— ¡Felicidades Naruto-kun!

.

El médico determinó que Teuchi Ichiraku era el hombre más sano que había visto en muchos años, y que con toda seguridad viviría para ver a sus nietos y alguna generación más. Pero eso último no lo había dicho tanto para él, sino para Ayame a quién no le había quitado los ojos encima.

Carraspeó para que el hombre de blanco regresara la vista a él.

—Cierto que en una semana tendremos los resultados de sus estudios para descartar cualquier otra posible afección, aunque por lo pronto nada de lo que deba preocuparse, siga llevando su vida como lo ha hecho hasta ahora, y aunque me gustaría verle por aquí más seguido, creo que no hay motivos profesionales para ello…— otra vez se había desviado en la plática.

—Bueno ¿Convencida, hija? Podemos irnos.

Se bajó de la camilla, ya estaba vestido pues la revisión había terminado hacía unos minutos, y tomando por el hombro a Ayame la condujo fuera del consultorio una vez que ella dio las gracias inclinándose al frente muy educadamente.

— ¿Hija? ¿Desde cuándo te refieres a mi así?— preguntó ella.

—Desde que no quiero que un oportunista mujeriego sepa cuando menos cómo te llamas.

— ¿Eh?

— ¡Es que tú no viste cómo te miraba!

—Sí, si lo hice, pero no por mirarme va a…

—Ayame-chan, es que tú entiendes como funciona esto, ya no eres una niña, estás creciendo y…

—Anda papá, no digas locuras, démonos prisa, hoy se pagan salarios a los departamentos de administración, vamos a tener mucha gente.

No corrió, pero sí apretó el paso adelantándose, jalándolo por la muñeca.

Apenas habían puesto un pie en el restaurante cuando los clientes empezaron a llegar tal como lo había anunciado su hija, y entre ellos, Naruto.

—Supe que andabas de misión ¿Eh?— preguntó animosamente el cocinero una vez que se hubo quitado de encima la insistencia de Ayame con sus "achaques" el humor le había regresado, además, un profesional -pervertido por cierto, pero profesional al fin y al cabo- le había dicho que todo estaba perfectamente, caso contrario a vecinos y conocidos que van al médico y les sacan una serie de males cuyos síntomas jamás sintieron.

— ¡Si! ¡Fue realmente una prueba de fuego! ¡Dattebayo!

— ¿Lo mismo de siempre?

—Eh, no un momento… solo espera un momento, viejo.

Él asintió sin sentirse aludido por la palabra ¡El no era viejo! ¡El doctor lo había dicho! Además así le había dicho toda la vida.

Ayame pasaba de un lado a otro con charola de servicio y cartas, aunque desde hacía un tiempo, habían optado por pegar una impresión de gran formato en la pared con los platillos y sus costos para facilitar la decisión. Si aún conservaban los menús individuales era porque Ayame insistía en que era más "formal".

Notó también que Naruto movía los dedos de las manos, se rascaba la cabeza y murmuraba, no le prestó mucha atención, pero en sí era bastante raro que tuviera casi cinco minutos y no hubiera pedido nada aún.

— ¿Qué te pareció la vida fuera de la aldea?

— ¡Extraña! ¡Dattebayo! —respondió sin pensarlo mucho.

— ¡Hay muchas cosas! ¡Y mucha gente! ¡Y el mar! ¡Yo nunca había estado en el mar! ¡Es enorme!

—Y azul…— intervino Ayame sonriendo y haciendo reír también al propio Naruto.

—Y salado.— agregó el chico arrugando la nariz, tal ves rememorando todas las veces en las que terminó sumergido.

— ¿Ya te sirvo?

—Eh… sí… creo que sí… ¡Quiero un Tonkotsu Ramen!

—Muy bien, tengo un caldo perfecto, con mucho cuerpo.

Tal como lo anunció, fue a la bodega para sacar en un recipiente pequeño el caldo, lo había sacado de uno más grande, pero no le gustaba calentar toda la olla porque no era un plato particularmente solicitado por su olor fuerte despedido de los huesos de cerdo, y si se exponía mucho al calor, quedaría completamente salado.

Una ve listos los fideos y la verdura que lo acompañaría, sacó uno de los huevos cocidos que había dejado macerar, con el cucharón buscaba otro, pero Naruto casi saltó para detenerlo.

—Uno está bien ¡Dattebayo!— aseguró, Teuchi se encogió de hombros y pasó a servirle el filete de carne que acompañaba el caldo.

— ¡Ración normal!— volvió a exclamar Naruto.

—Como quieras ¿El siguiente será de lo mismo? ¿O lo prefieres de pollo?

Naruto se removió en su silla.

—Solo comeré uno, viejo.

Eso sí lo sorprendió de sobremanera.

— ¿Uno? ¿Naruto, te sientes mal? ¿Te hirieron durante la misión?

—No, me siento bien, solo me corté la mano, pero ya está sanado, mira.— dijo poniendo al frente su mano donde ni siquiera había cicatriz.

— ¿Entonces? ¿Esa falta de apetito, a qué se debe? ¿Mi cliente número uno ya no gusta del ramen?

— ¡No! ¡Yo comeré ramen hasta el día en que me muera! ¡Dattebayo! ¡Es solo que no tengo mucho dinero! Compre algunas cosas para el refrigerador que ya estaba vacío, y tenía también que ir a la lavandería, así que me quedé con poco dinero.

Teuchi se cruzo de brazos, realmente indignado, ligeramente molesto.

— ¿Y cuando tú, has necesitado dinero para venir a comer?

— ¡Nunca! ¡Pero eso tiene que cambiar! ¡Yo ya trabajo! ¡Dattebayo!

Los ojos azules de Naruto habían adquirido también seriedad.

—Ustedes e Iruka-sensei siempre se han preocupado mucho por mi, y yo quiero pagarles ¡Dattebayo!

—Naruto, el dinero no es problema…

— ¡Ustedes trabajan vendiendo ramen para vivir! ¡Y esta es una promesa! ¡El quinto Hokage nunca vivirá del trabajo de otros! ¡Y nunca volverá a comer un plato de ramen que no sea pagado!

Teuchi se quedó quieto un instante, pasando de largo el agitado mundo a su alrededor. Naruto se había puesto de pie levantando el pulgar muy en alto, por encima de su cabeza, bajo la banda ninja sus ojos azules, aún con las facciones aniñadas y con el ligero toque zorruno, mostraban la determinación madura que pocas veces le había visto. No era la promesa de un niño, era claramente la palabra de un hombre.

Él también tenía que crecer…

—Muy bien. Si esa es tu decisión… Itadakimasu.

— ¡Itadakimasu!


Comentarios y aclaraciones:

Eh… ¿salto abrupto en el tiempo justificado con que ya no encontré nada bueno para contar… cof-cof

Anuncio súper importante, ya les había comentado que entramos a la parte conocida de la historia y con ello una nueva etapa. Pues bueno, digamos entonces que este es el el último capítulo "oficial" de "Cuentos de Ichiraku 1" al menos como tal que se va por el modelo de que las historias se desarrollan un 90% en la barra del ramen… estoy nerviosa, el siguiente cap es un total boom ¿Por qué les digo tanto spoiler?

Deséenme suerte, piso un terreno peligrosísimo y no quiero arruinar 36 caps.

¡Crucen los dedos! ¡Denme ánimos! ¡Y a ver como se acepta la siguiente entrega!

¡Gracias por leer!

P.D. Algo tarde, sí, pero más vale tarde que nunca ¡Feliz 2012