Cuando estamos vivos


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Shion la despierta a las siete con cuarenta y dos, como una dulce nana que se preocupa por su niña querida, como una madre se preocuparía por una hija. Sakura arruga los ojos para que la luz no entre, y frunce el ceño con hastío. Esta vez no hay oración recitada por ella hacia la fotografía de sus padres. El portarretrato ha quedado boca abajo. Acto seguido, se desviste y se mete a la tina; y en cuestión de segundos ha vuelto a ser la insípida jovencita de mirada fría.

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Esa jovencita a quien le levantan los brazos para que el estropajo, que Shion sostiene, haga su trabajo. Inclina y extiende el cuello para que el agua, que Shion también vierte en ella, haga su trabajo. Esta vez no hay auto que la espere en la cochera para llevarla de paseo, de compras o incluso al acuario. Ya nada de eso existe desde hace mes y medio. La mansión, junto a todas sus paredes, se ha vuelto fría.

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No es un desayuno ordinario lo que la espera. No son huevos bellamente amarillos ni jugo de naranja lo que hay en su plato. Son cosas verdes e insípidas y una que otra pastilla junto a un vaso de agua. Y la mano que sostiene el cubierto ahora es negra, cubierta por la tela del guante que la calienta. La mesa del comedor es inmensa para ella sola.

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—Sasori-dono está-

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—Ya sé. Es lo mismo de siempre —interrumpe Sakura antes de que Shion termine la oración. Los cubiertos, en la posición en los que lo ha dejado, inquieren a que la comida le ha sabido asquerosa. Ya nada sabe delicioso, ya nada le causa alegría, ya no hay verde en su jardín, ni flores vistosas que regar. La estructura de todo sigue igual pero el paisaje es diferente. Es puramente blanco y sin color.

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Seis kilos menos y la piel de Sakura cada día es más blanca. Ya va un mes y medio en el que Sasori busca un porqué todas las noches en su estudio, mientras se toma los cabellos rojizos entre las manos, producto de la desesperación. El mundo de la Aoyama cambió radicalmente de tamaño. Ahora mide cinco por seis, entre cuatro paredes blancas. ¿Dormir o mantenerse despierta? Sakura se pierde todas las noches en las estrellas que hay en su techo, esas que pintó una vez cuando Ino la visitó. Con ambas manos sobre su regazo, entrecruzadas.

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Uno, dos, tres… Y de nuevo en los hospitales. Y Sakura se niega cada vez a intentar un procedimiento más.

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—La nieve es bonita —sugiere Shion, quien ahora la acompaña a todos lados todos los días. Se han quedado de pie frente al ventanal de la mansión, ese que da vista al jardín y que ahora se encuentra cerrado. Como si afuera hubiese un torrencial de aire invernal. Ahora una pequeña brisa puede ser deplorable para ella. Sakura pierde su mirada esmeraldina, esa que aún conserva su color, por sobre toda la nieve que cubre ahora a su jardín.

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Ya no visita ni se sienta en aquel columpio sobre el que se mecía y donde platicaba con él. Las glicinas enredadas entre los troncos de las pérgolas ahora están congeladas y grises. Y las duelas de madera, sobre las que solía sentarse a esperarlo y platicar también. Las mismas sobre las que él depositó, por primera vez, el pequeño bambú. También está ese huerto, ahora totalmente oscuro y añejo debido al nulo mantenimiento que se le ha dado. Él ya no va a verla. Él ya no sonríe ni le otorga risas a ella. Él ya no le da vida a su jardín.

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"Ríe, Sakura, nunca dejes de…"

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—…sonreír —su semblante está atestado de amargura y dolor.

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No ríe de manera sarcástica mientras apoya la mano en el gélido cristal. No lo hace porque parte de la Sakura que no quiere olvidar, vive en ella. No quiere volver a ser aquella que alguna vez fue arrogante y despectiva. No quiere ser la intolerante, la que tenía cero amigos, la que no sabía cómo curvear sus labios hasta finalmente sonreír. Su vida ahora parece un trueque vulgar, uno que la muerte ha de reclamar muy pronto.

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¿Cuánto tiempo podrá permanecer de pie admirando el jardín de flores? No puede detener sus lágrimas. Y aunque su imagen sea patética y humillante, aunque debería comenzar a pensar en el tiempo que le queda… No puede evitar pensar en el ayer.

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"Cuando él me vio, algo nos unió. Cuando me encontró bajo la lluvia, tendida en el suelo, no pude hablar."

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—¿Señorita?

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Sakura se apega al cristal, suspirando con las manos hechos puños sobre él. Y su respiración descompensada, esa que ya no es regular la mayor parte del tiempo, empaña la superficie. A pesar de que sabe que esa frialdad puede repercutir más tarde en una recaída que la llevará a la cama por varios días, no le importa. Pegada al ventanal es la única manera que puede estar cerca del jardín a partir de ahora. La única manera para que el recuerdo de los días felices estando con él no desaparezcan ahora que Sasuke ya no…

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—Matsuoka-kun… —los ojos nublados de tristeza de la pelirrosa esclarecen, y justo al levantar su rostro y mirar al frente, él está ahí.

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Con unas largas botas cafés. Con una sudadera y una bufanda alrededor de su cuello. Con un gorro oscuro de invierno. Tiene un rastrillo entre sus manos enfundadas de guantes negros, pero eso no importa. No importa si quiera la tarea que se le ha encomendado hacer a él, porque ha aceptado ir a la mansión únicamente por verla a ella. Aunque Sakura lo rechace, aunque haya sido ella misma la que haya prohibido que se le acerque.

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—Sakura… —la Aoyama lee sus labios desde la distancia así como ve su aliento al ver su nombre exhalar de su boca. Junto a esa nariz roja, producto del frío. Esas hojas secas y esa nieve atipujada hecha montículo pueden esperar, pero ella no. Ella no puede esperar. Sasuke la mira suplicante, anhelando poder ser el aire que circula alrededor de ella, poder atravesar ese cristal que los divide y llegar a su lado. Poder hablar con ella, oírla llorar si quiere hacerlo.

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Silenciosa y desolada, Sakura no sueña que él vaya a rescatarla, a pesar de que su corazón pide a gritos que lo haga. Y mientras se lamenta de pie frente a la ventana, la tos la ataca. Y Sasuke se queda ahí, mirando sin poder hacer nada.

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—Entiendo, entonces llamaré en un par de días para saber si hay algún horario disponible—Shion termina de acomodar el cobertor alrededor de las piernas de Sakura al mismo tiempo que Sasori cuelga el teléfono—. Es todo Shion, puedes retirarte —la rubia asiente y aunque su preocupación por ambos Aoyama sea sincera, eso no interesa. Con la cabeza baja se retira dejándolos solos—. No hubo suerte de nuevo

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—Nunca la hay —dice entre suspiros Sakura recostada desde su cama. Su conejo, ese de las orejas largas y peludo, ya no yace con ella a la hora de dormir. Ha quedado olvidado en un rincón de una de sus repisas junto a su deseo por vivir. Siempre es lo mismo, piensa. No le duele ni le sorprende su mala suerte, su irónica desgracia. Y no es culpa de su hermano el que nunca hayan horarios para citas médicas en ninguno de los hospitales a los que ha llamado. No es culpa de él, quizá un poco de ella, ni de nadie—. Es del destino —menciona bajito con la seguridad de que él no la oye.

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Sakura ya no cree en los milagros ni en la posibilidad de vivir mil años. Ha alejado a todo aquel que ha mostrado afecto y preocupación hacia ella para no condenarlos a pasar sus últimos días de sufrimiento a su lado. Porque ese el tipo de amabilidad que ella cree conveniente para todos. Aunque ella tenga que morir sola.

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—Ne, Sasori —el de cabello rojo atiende, levantándose del sofá para después meter ambas manos en los bolsillos de su pantalón de lino—, hoy en el jardín estaba…

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—¿Matsuoka? Si, lo sé —a Sakura le sorprende pero se esfuerza en ocultarlo.

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—¿Lo sabes? —frunce el ceño. Para que pueda llegar a cabo todo lo que se propone debe mantenerse alejada de Sasuke. Si ha de morir, debe ser sola, no con él. Eso había decidido—¿o sea que lo hiciste apropósito?

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—Yo no hago las cosas a propósito, lo sabes —aclara él en tono grave—, y en todo caso el piso del garaje y el de parte de la terraza se encontraban debajo de la nieve, alguien tenía que venir a limpiar eso —las cejas de Sakura se vuelven intensas, retándolo.

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—Kakashi pudo haberse hecho cargo.

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—Kakashi tenía otros asuntos que atender.

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—¿Cómo cuáles? ¿Lustrar tus zapatos? ¿Encerar el auto? —ahora es Sasori quien demuestra fastidio. Sakura no se detendrá hasta que él admita lo obvio, lo que se niega a aceptar voluntariamente—. Dije que no quería verlo —murmura como si aquella orden, junto a las palabras que la conforman, fuera una pena arrastrada y salida de la boca de ella.

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Sasori suspira. Él lo tiene más que claro. No ha llamado a Sasuke solo porque sus excepcionales habilidades con el rastrillo lo hayan impresionado y lo hayan hecho idóneo para el trabajo de arrear la nieve. Lo ha hecho por Sakura. Porque aunque le haya pedido no verlo, su rostro demuestra que, precisamente, verlo es lo que más desea.

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—Tendrás tus razones para haber terminado con él, pero en lo que a mí respecta, Matsuoka es un buen empleado —el mal humor de Sakura persiste—. ¿Hablaste con él?

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—¿Por qué habría de hacerlo? —el mayor suspira una última vez, negando con la cabeza mientras camina hacia la puerta de la habitación.

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—Esperaba que él pudiera convencerte de que no te rindieras

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La fidelidad de un par de palabras no es suficiente para Sakura ni para su defectuoso cuerpo. Con cada día que pasa se vuelve más débil y más pálida. Ha prohibido rotundamente visitas en su casa. Ha despreciado la visita de los Mizuki junto a los gritos de Karin –oídos desde la planta baja- gritándole cobarde. Eso es exactamente lo que soy, piensa la pelirrosa.

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Ha despreciado el arreglo de flores que Ino ha querido darle hace un par de tardes atrás. Ni siquiera otorgó el permiso de verla; y aun así escondida entre las paredes del pasillo de la planta alta, pudo oír los llantos de su rubia amiga. Y la palabra cobarde en boca de la Yamanaka, dolió mucho más que con la pelirroja, como centenares de agujas perforándole el corazón.

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SAKURA POV'S

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¿Cómo será mi yo de otra época? ¿Qué tipo de Sakura renacerá después de mí? ¿Vivirá en el campo o en la ciudad? ¿Quién será su hermano esta vez?

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Una noche hablé despacio, con las pocas ganas y fuerza que aún existían en mi cuerpo. Cerrar los ojos para poder dormir ahora es un peligro. Sasori es el único que permito que me vea; incluso ahora se encuentra dormido con el cuerpo incómodo en el sofá de mi habitación. Todas las noches sostengo este libro, el que no es de ella sino mío. En repetidas ocasiones he dejado hojas en blanco sin saber que escribir.

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Mi cuerpo tiembla a través de las noches. Bajo la luna solitaria oigo el sonido de la ciudad, sonido que no es para mí.

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—Si mi yo de otra época pudiera aprender de mi propio pasado quizá dejaría de ser una molestia y me volvería alguien útil ¿no crees? —al levantar la mirada de las hojas blancas, ella está ahí, mirándola con tristeza.

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—Esto no es lo que quería para ti —menciona Sakura Haruno de pie a un lado de ella. Solo se enfocan los labios de la de los cabellos largos, agrietados y grises. Pero esta vez no hay rencor ni indicios de que quiera pelear. Hay una sonrisa lastimera, de esas que duelen más.

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—No importa ya —tose, y se sujeta el pecho reteniendo el dolor y los gemidos para no despertar a Sasori—. Qué bueno que apareciste.

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—Sé lo que quieres hacer. Sé lo que estás pensando justo ahora —la Aoyama suelta una risita decaída—. Yo no hubiese tenido el valor.

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—Creí que dirías que es cobardía —poco a poco Sakura aparta el cobertor de su cama, poniéndose de pie con dificultad. Pasa de la ilusión de la Sakura de cabello corto, dirigiéndose a su hermano mayor—. Es cobardía… —y su voz se quiebra— Pero ya no sé qué hacer —y sus ojos se humedecen mientras acerca su mano a la mejilla del pelirrojo—. Está tibio —murmura en medio del llanto—. Es cálido

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"Las personas son cálidas cuando están vivas"

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Sakura ríe dejando que lagrimas amargas surquen sus mejillas.

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—¿Estás lista? —pregunta la Haruno a sus espaldas, y aunque se quiera oponer a la decisión de su versión actual, sabe que no puede. La Aoyama no contesta enseguida, se queda quieta frente al semblante pacifico de Sasori por eternos segundos que parecen perpetuos.

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—Da igual quien hayas sido y lo que me hayas hecho en el pasado, tú siempre serás mi hermano —murmura, atrayendo su cabeza hacia ella para finalmente depositar un último dulce beso en su frente.

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"Esto es demasiado familiar"

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La Aoyama no lo percibe, y quizá es la única que no lo hará, que Sasuke Uchiha está de visita también. La de cabello corto solo lo mira de reojo, entristecida.

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—¿Sakura? —al instante de la reencarnación voltear, Sasuke desaparece en una nube de recuerdos añejos, otorgándole solo ese momento a quien fuera su único y verdadero amor.

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—¿Me acompañarás? —la Haruno, ya en el umbral de la puerta, ofrece su brazo dulcemente. Nadie más que ella misma podría entenderla, nadie más que su yo pasado podría guiarla, porque es su fuerza misma, su valor mismo, su propia fortaleza, su propio caballero.

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—Aunque no esté del todo de acuerdo —y esa sonrisa de redención le da calma. La de largos caireles suaviza la mirada, entrelazando su brazo al de su yo pasado. Y por el pasillo la cola de la larga bata de dormir de la Aoyama acaricia la alfombra. Y la Haruno es como si fuera la mejor amiga de su propio ser, y la Aoyama parece la novia de blanco que baja con delicadeza por las escaleras con su acompañante fiel.

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El ventanal ya está abierto, como si anticipara que ambas bajarían, y es el primer aire que recibe la de cabellos largos el que la hace estremecer. Está helado, casi tan doloroso que hace que se le entuma toda la piel. La Haruno la suelta por un momento, avanzando ella hasta en medio del jardín donde la nieve la rodea. Pero ella no siente dolor, no siente frío… Ella ya está muerta.

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—Aún puedes regresar, Sakura —pronuncia la ex medic-nin mientras levanta el brazo y le ofrece su mano. E internamente desea que su yo actual no la tome. Que de media vuelta y con los pies descalzos regrese a su cama calientita.

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Completamente expuesta y pálida, la Aoyama avanza dando el primer paso. Pronto, y si es que corre con suerte, no sentirá los pies ni los brazos y los ojos le pesaran como plomo. El dolor del frío, como mil agujas clavándose será insoportable, y el aire frío corroerá su aparato respiratorio. Y aunque sabe que todo eso dolerá, sonríe. Porque quizá esa sea la última vez que pueda sentir el dolor humano, la sensación de sentir la furia del invierno en todo su cuerpo.

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Toma su mano. La Haruno deja de verla, bajando la mirada con el rostro oscurecido. Ambas de pie pero solo una siente como el frío la golpea. Ha comenzado a temblar.

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—O-Oye… —la de cabello corto voltea a verla por encima de su hombro, y cuando siente su mano apretar la suya, todo se sobreentiende—… No te odio

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La medic-nin entre abre la boca de sorpresa, y para cuando intenta sujetarla, su ilusión se ha desvanecido, y la Aoyama ha caído a la nieve.

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—¿Qué estás intentando hacer?

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Como si hubiese sido llamada, lentamente abre los ojos. Y se sorprende aun de poder hacerlo. ¿Cuántas veces ha terminado en el hospital? Ciertamente ya ha perdido la cuenta. La habitación, que nuevamente se le ha asignado, es igual a las demás. El atardecer se esconde por la ventana, y la única persona a lado de ella es alguien inesperado. Sakura sonríe porque la verdad que Itachi siempre intentó esconder hoy es vista por ella.

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—I-Itachi-san…

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Una reprimenda de su parte, una expresión enfurecida o incluso una decepcionada, un posible regaño… Pero nada de eso sucede. Solo hay una mirada angustiada. Sakura frunce el ceño. ¿Por qué? ¿Por qué en lugar de recibir su desprecio por querer terminar con su vida de una manera tan cobarde…? ¿Por qué sigue recibiendo ese tipo de miradas desconsolantes llenas de preocupación?

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—¿Por qué, Sakura? —a pesar de que su mano sigue siendo mutilada por una aguja, sigue siendo suave. Itachi lo comprueba cuando la sujeta con cuidado, acariciándola. No hay nadie más aparte de ellos dos—¿Por qué estás haciendo todo esto? —una sonrisa entristecida acompañado de una lágrima es lo que Sakura demuestra mientras lo ve desde la cama.

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—¿P-Porque todos me preguntan lo mismo? —ríe al final, mezclándose con ese tono agudo producto de un llanto que siempre procura querer contener—. Ne… tú también eres como el resto, ¿verdad? —el de coleta entiende perfectamente, y no hace falta que diga que "si" o que asienta con la cabeza para confirmárselo—. E-Ella dijo que quería conocerte. —oyendo esas palabras inocentes, Itachi entorna los ojos, sintiendo ganas de llorar— Al final no era lo que esperabas, ¿verdad?

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—¿Qué?

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—C-conocerme a mí… —tose—. H-He sido la peor de todas las que han reencarnado, ¿cierto? La peor Sakura. Lo siento…

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—No —y él apreta su unión, tomándola con ambas manos y apoyando sus codos para poder alzarla con cuidado—. Estoy feliz de haberte conocido —Sakura sonríe con amargura.

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—¿A cuántas Sakuras se lo has dicho antes que a mí?

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—Ninguna ha llegado tan lejos y se ha metido en mi corazón como tú —aquellas palabras estremecen a la pelirrosa, haciéndola ahogar un respiro. Uno que muere en su garganta y que produce que se liberen más lagrimas—. No te rindas. Todos están preocupados por ti. Todos están allá afuera, han venido a verte.

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—Incluso si lo hiciera… —tose nuevamente— Ya no hay nada que se pueda hacer —"Todos, ¿uh?" —está sucediendo lo contrario a lo que ella había predicho.

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En lugar de alejarlos ha hecho que su vínculo con cada uno de ellos se fortalezca más. Le deprime. Cierra los ojos y por un momento parece que se ha quedado dormida hasta que los vuelve a entre abrir.

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—Sakura Haruno fue muy astuta

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—¿Eh? —y antes de que Itachi pueda comprender a lo que se refiere, una tercera persona hace presencia.

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—"Sasori…" —las marcas enrojecidas alrededor de las orillas de sus ojos son reflejo de un fuerte llanto. A Sakura se le encoje el corazón, pero sentirse culpable no la hará menos pecadora.

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—Creo que te dejaré a solas con él y- —el pelirrojo interrumpe antes de que Itachi se ponga completamente de pie.

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—No, quédate con ella —ambos se azoran—. Tengo que… Tengo que volver al trabajo —la tristeza que corroe a Sakura en esos momentos es como el veneno de una serpiente. Pero no lo culpa. Le ha hecho tanto daño, y no se imagina todo lo que él sintió cuando la descubrió en el jardín, casi cubierta de nieve y tan pálida como una hoja—. Sakura, —la pelirrosa atiende—, llamó un hospital. Parece que hay un donante.

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Una mísera esperanza, un pequeña llama que aún no se extingue. Debería ser suficiente para que ella vuelva a creer, debería…

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Debería ser suficiente para él también. Para Sasuke, quien solo lleva unos segundos de estar plantado detrás de la puerta –pues ha seguido a Sasori- . Porque quiere verla. Pero esa esperanza pronto lo desilusionará.

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—¿Ah sí? —pregunta ella con un entusiasmo débil. Itachi aprieta su mano—. Está bien, entonces…

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Está por decir que sí, pero no le entusiasma.

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Pero a Sasuke sí. A pesar de que sea mínima la posibilidad de que sea exitosa la operación, es un indicio de que puede salvarse. De que nada está perdido aun.

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—Está en Francia.

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Itachi se tensa, Sakura se estremece, y la mano de Sasuke –la que sostiene el picaporte de la puerta- se queda inmóvil. Y después de eso nadie dice nada. La pesadumbre circula de los dos lados, dentro y fuera de la habitación.

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—Aún no he dado respuesta al traslado —Sakura eleva la mirada, temerosa y a la vez confundida. En ese momento lo único que le infunde valor es que Itachi no ha soltado su mano.

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Y Sasuke, por primera vez, es egoísta.

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—"¿Irse? ¿Tan lejos?" —se cuestiona, aun con la mano en el picaporte.

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—¿Al extranjero? —Esta vez es Itachi quien pregunta— Creí que Japón tenía suficiente tecnología para-

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—No se trata de que la tenga o no. El donante se encuentra allá —la pelirrosa aún se mantiene en silencio—. Pero no voy a decidir nada sin antes consultártelo y-

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—De acuerdo —pronuncia ella finalmente soltando la mano del mayor de los Matsuoka, y ha sido su respuesta directa la que los ha sorprendido a los otros tres.

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—¿Sakura?

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Si de esa manera puede mantener a todos al margen, si de esa manera les puede ahorrar el dolor de verla morir. Si existe una manera de poder evitar que la historia se repita, es esa. Es una oportunidad que no se volverá a presentar, y con la que Sakura Haruno no contaba. Porque estando sola todos la olvidaran y de esa manera nadie sufrirá, y darán fin a que renazca mil veces más. Para que ya no haya penas.

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—Ir a Francia. Iré contigo, Sasori —el pelirrojo tensa los ojos, mirándola fijamente.

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—¿Estás segura? —ella asiente. Su respuesta es absoluta. Es la sentencia de Sasuke, la razón por la que su mano ha caído abruptamente por la gravedad.

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Para que él la olvide y pueda vivir.

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—¿Francia? E-Eso está…

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—En Europa, idiota —aclara Karin, acomodándose los lentes. Suigetsu la mira con fastidio mientras resopla y se cruza de brazos. Ahí, en la tercera sala de espera del piso seis se encuentran todos a los que la pelirrosa pretende abandonar.

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—No me refería a eso —aclara, frustrado. Nadie dice nada luego de eso porque todos sobreentienden lo que ha querido decir. Y se desconocen entre ellos, no hay palabras de aliento y sugerentes a una solución que se escuche entre el silencio—. Eso está muy lejos —la de lentes asiente, y solo por un momento deja de tener ese semblante pensativo para alzar el rostro y mirar a todos. Peor que un funeral, si es que eso era posible. En completo silencio, solo con esos sonidos habituales que las personas hacen cuando se quejan o se lamentan, junto al arrítmico sonido de sus respiraciones. Están callados pero están alterados.

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—¿Por qué? —Ino es la primera es hablar, y a Itachi, quien es al que le ha tocado decirles sobre eso, no le sorprende en lo más mínimo— ¿Po-Porque tiene que irse?

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—Porque el donador está allá, y porque el convenio con ese hospital así lo exige —suspira, buscando que las palabras no se atoren en su garganta—. Japón tiene la tecnología pero no al donante.

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—¿Pe-Pero viajar, en las condiciones en las que está la señorita, no es riesgoso? —pregunta Shion, quien junto a Amaru y Kakashi, no han movido pie ni han dado pauta a querer irse a la mansión sin antes haber sabido algo de Sakura.

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—Lo es, pero es un riesgo que hay que tomar —todos volteando hacia el mismo punto, al final del pasillo donde Sasori aparece.

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El sol ya se ha ocultado y a tan altas horas de la noche, en ese piso, todos ellos son los únicos en él, junto a las luces tenues que sustituyen a las que se usan durante el día. El sentimiento que el pelirrojo ve en cada una de las miradas de todos es la misma: preocupación, angustia, pena. Están a la espera de lo que sea que él diga.

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—Le dieron unos calmantes. Por hoy podrá dormir tranquila

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—¿Podemos-?

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—No. Ella no quiere ver a nadie. —finaliza el Aoyama con la cabeza cabizbaja. Ino entristece, y ni siquiera las manos de Itachi, ahora sobre sus hombros, impiden que estos se estremezcan por el diminuto sollozo— Ni siquiera a…

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No hace falta anunciar su presencia. Con su caminata pesada y lúgubre haciendo aparición por el pasillo, es más que suficiente para que Sasori e Itachi sobreentiendan que durante toda la conversación con Sakura, Sasuke estuvo escuchando del otro lado de la puerta.

—Sasuke… —pronuncia su nombre Naruto, quien en todo ese rato no había sido tomado en cuenta. Lo ve y no puede evitar evocar el pasado. El rubio se muerde los labios, contiendo un quejido de frustración. Nuevamente está pasando, nuevamente los ve a ambos –a Sakura y Sasuke- sufrir y él sin poder hacer algo.

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Todos lo observan, esperando a que hable, como si sus palabras pudieran animarlos… Pero la verdad es que él es a quien más le duele. No las recuerda, pero puede sentir el dolor de todas las veces, de mil siglos al siempre perderla.

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—¿No vas a decir nada? —suelta Ino, y el temblor de sus hombros bajo las manos de Itachi, es estremecedor e inestable. Pronto el tono de su voz se alza y la voz se le quiebra—. ¡Habla! ¡Oponte! ¡A-Al menos di… Di algo! —a pesar de que las memorias pasadas no se heredan cuando se reencarna, Ino siente ese dolor agudo partirle el pecho como si fueran trozos afilados de vestigios de un pasado que, aunque no recuerde, lo lleva latente.

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Nuevamente la sala de espera se sumerge en el silencio. El aire pesa y el sonido del aire acondicionado parece componer una entristecida melodía.

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—Ya está decidido —todos respingan. Sasuke aún mantiene la cabeza agachada, apoyado a una pared desolada—. Llevaré a Sakura a Francia.

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FIN DEL CAPITULO


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A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.

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¡Responderé los reviews en cuanto pueda, tenganme paciencia, porfitas ;_;!

Notas:

Seré muy corta -me voy de viaje y aun no he terminado de hacer mi maleta haha-, este capítulo me dolió en el alma. Porque me hizo recordar muchas cosas, y lo sentí tan mio que me puse a llorar por un momento. Me hizo recordar una parte de mi vida, cuando yo perdí a alguien a quien quería mucho, y mientras escribía "siendo Sakura", me pude imaginar por un momento lo que "esa persona" pudo haber sentido.

Aun me sorprendo de ser capaz de escribir algo tan trágico, la verdad es que no esperaba que me salieran palabras así. Pero es la misma tragedia la que siento que este fic ha marcado mucho mi vida. Ademas de que siento que varias se han identificado un poco con esto. Cuando me llegan reviews así, donde me cuentan un poco de su vida y de lo que este fic les refleja, me hace un nudo en la garganta, enserio xDD

Pero bueno. Le agradezco mucho a mi beta, Just Hatsumi, por haberme beteado este capitulo en tiempo récord a pesar de que se que esta muy ocupada con sus propios proyectos. ¡GRACIAS BELLA!

Y a ustedes, a los que leen y dejan reviews. Parece ser que tendré que cumplir mi promesa de correr desnuda (?) , estamos a 5 reviews de los 400 y siento que quiero llorar! ;_; ¡MUCHAS GRACIAS! ¡SIN SUS PALABRAS NADA DE ESTO SERIA POSIBLE!

Y ya para finalizar, al fic, ya sinceramente, le quedan dos capítulos. Máximo tres, y eso es decir demasiado.

En fin, espero que les haya gustado. Empecé el año con mas Angst que nunca (?) :v

Por cierto, me voy de viaje así que estaré ausente por este fin de semana. Si, esto es irrelevante :v

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No me manoseen ;-;