Nuestros cuerpos hacen colisión, la ropa mojada se nos pega al cuerpo y al instante siento frío, se me erizan los bellos del cuerpo, más no sé si es por ello o por el beso que nos estamos dando.

Necesito aferrarme a ella, abrazarla, fundirme, quiero volverme loca, voy a volverme loca por todo lo que estoy sintiendo, es tanto y lo he esperado por mucho tiempo. Besa distinto, es mejor, más apasionada, explora, no duda un solo instante para usar su lengua y acariciar la mía. Se me va el aire, pero no quiero separarme de su boca.

Me quita la chamarra que escurre aún y ella hace lo propio con la suya. Caen con un sonido seco; entonces nos tomamos el tiempo de mirarnos a la cara, sin decirnos una sola palabra, nuestros ojos tienen la conversación más perfecta posible.

Me mira con deseo y sé que la miro de la misma forma; regresa a mis labios, manteniendo mi cara entre sus manos, puedo sentir cómo me acaricia con los pulgares y luego mete la mano a mi cabello mojado.

Recuerdo en un instante, con este beso, que la otra Barbra me besó antes de que la lluvia cayera torrencialmente en nuestro paseo por la casa de campo. Han sido encuentros diferentes con unas cuantas similitudes. La lluvia, el tributo, que no recuerdo si fue más bien a Vagabond Opera, pero hay algo de repetitivo en esto, algo que no debía de cambiar, señales que me dicen que esto puede ser aún más perfecto. Mucho más perfecto que en los años treinta, pues éstas que somos ahora, son las que se pertenecen por ley.

No sabe cuánto es que he esperado por este momento, por volver a tenerla tan cerca de mí, es tanta mi felicidad que estoy eufórica y la cargo, es real que pesa menos, por eso su cara me parecía más afilada, por eso siento su cuerpo ligero y su piernas más flacas. Esta es la moda de ahora, menos carne en el hueso, matarse con dietas y ejercicios para tener el cuerpo perfecto del siglo XXI; ojalá pudiera decirle lo mejor que se veía entonces, con cinco kilos más. Con el cuerpo perfecto de los años treinta.

La acuesto en una orilla, para no mojar la cama entera, al rato que nos quitemos la ropa buscaremos un lugar seco y tibio para intimar. Ahorita estamos en el preámbulo, en el de besarnos y tocarnos apenas, de casi pasar de segunda base, de no llegar a tercera.

Somos dos extrañas.

Ella probablemente piense que para mí esto es cosa de una sola noche, de acostarme con ella porque la acabo de conocer y hubo cierta magia entre nosotras. Ella quiere creer que lo es, porque así como se auto compadece, así también quiere que la usen, y probablemente no sentir.

Si supiera que no planeo irme a ningún lado, si supiera que ella no va a querer irse y que más allá de eso, lo que más hará esta noche será sentir. Sentir conmigo y por mí, para mí. Ha estado en los brazos incorrectos, besando labios que no eran sinceros; aquella que le ha roto el corazón la engañó, la gran enfermedad de todos los tiempos en cuanto a amor se refiere, la infidelidad. La que doblega el espíritu, rompe el autoestima y corrompe el alma.

Pero yo no voy a herirla de ese modo, porque ella es lo que más he querido amar en esta vida incluso antes de saberla, de comprender que nos íbamos a encontrar de todas maneras. Ella es esa muerta de entonces, de la foto en el vestíbulo.

Ella es la del viaje a París, de las noches de compañía, a la que no podía dejar nunca de tocar; esa es ella, aquí, junto a mi cuerpo, besándome todavía.

Y la abrazo fuerte, no quiero abrir los ojos, me siento mareada, por lo que he bebido y por lo que estamos haciendo; no voy a abrir los ojos porque tengo miedo de que esto sea una alucinación, que esté teniendo un sueño, de esos que tuve a lo largo de estos tres años. Que se me esfume y me quede sola de nuevo.

-Quinn- La escucho decirme -¿Estás bien?- Reconozco que dejé de besarla y me quedé abrazándola tan fuerte que la estoy apretando demasiado.
-Perdón. Sí, estoy bien; es sólo que…- Pero ¿decírselo ahora? Decirle que es ella a quien he estado buscando. No, es como decir 'Te Amo' en la primera cita –Hace bastante que no estoy así con alguien y… tengo nervios- Miento.

Su mirada se suaviza, se enternece, lo noto también por su sonrisa. Me quita delicadamente el cabello que se me pega en la cara. No dice mucho, es más, no dice nada, me besa de nueva cuenta.

Se acerca a mi oído –Yo voy a guiarte- Trago saliva nada más de escucharlo, de cómo lo ha dicho, tan quedo y seductor, reconozco en su voz que ella quiere que pase esto tanto como yo.
-Ok- No puedo decir más, tampoco quiero. De hecho ya no quiero hablar, necesito hacerle el amor toda la noche.

Es tanto lo que la he extrañado y deseado que un encuentro no me bastará.

Nos quitamos pues la ropa y nos metemos bajo las sábanas. La luz de la lámpara del buró tan tenue, que le baña el rostro de luz amarilla y la hace ver más hermosa y mágica de lo que de por sí ya es. Casi como aquella fotografía en color sepia.

Me doy cuenta que es la primera vez que haré el amor con Barbra, está aquí, entre mis brazos, besándome el cuello de una forma como jamás me han besado el cuello y se me erizan los vellos de los brazos, un escalofrío me recorre entera y siento que voy a derretirme sobre su cuerpo.

Probarla me sabe irresistible, porque aunque en su cara veo a Rachel –En las muchas veces que hicimos el amor- Sus gestos son distintos y la forma como me toca y se deja tocar son todavía más. La experiencia de Rachel es mía, aprendida en base a cómo nos explorábamos las dos poco a poco. La experiencia de Barbra es en base a otras, a cómo la besaron ellas, cómo la tocaron ellas, si es que hubo otras aparte de Marley.

No me importa en absoluto, aprenderla es algo que me emociona.

Me siento en otra dimensión cuando las palmas de sus manos me tocan la espalda, cuando sus dedos me jalan el cabello de la nuca; cuando me pone la espalda sobre el colchón y hace de mí lo que quiere.

Me dejo, es osada, es sexy, sensual, busca en mí las reacciones que necesita: un gemido, abrir la boca, aferrarme a las sábanas y a ella, a su brazo, como para sostenerme de no caer a un vacío. Me observa, examina todo lo que hago cuando me toca de una forma como no me han tocado nunca.

Me pierdo en ella, mucho más que antes, en esta mujer nueva de alma vieja.

Hacemos de la cama un desorden, las sábanas terminan en el suelo, las almohadas junto a la ropa mojada; no nos damos cuenta de la hora ni buscamos saberla.

Afuera el cielo sigue oscuro y las calles tranquilas, todos duermen mientras nosotras estamos completamente despiertas pese a la energía que hemos gastado con un orgasmo tras otro. Es el mejor sexo de mi vida y si contamos pues lo romántico de hacer el amor… hicimos el amor por todas las vidas que hemos pasado juntas, todo unificado, todos los sentimientos de antes comprimidos y esparcidos sobre nosotras en ese momento como si nos hubieran rociado magia.

Hace silencio, después de la euforia y el ruido, no hay una sola palabra, se escuchan su respiración y la mía. Estamos de lado, con nuestras manos bajo nuestra sien, viéndonos fijamente; no me distraen sus caderas ni sus piernas, tampoco su pie que roza apenas el mío. No hay absolutamente nada que pueda hacer que mueva mi mirada, quiero estar en sus ojos, colarme por ellos hasta su alma.

Es ella quien se mueve primero, saca una mano y me acaricia el brazo, mis vellos rubios se erizan de nuevo con su tacto, suspira.

-¿Quién eres?- Pregunta quedo, su voz es un hilo que puede romperse en cualquier momento.

'El amor de tu vida' quiero decirle. Contestarle que soy quien la ha estado esperando desde hace tanto. Que soy quien quiere envejecer a su lado y buscarla de nuevo, cuando tengamos que nacer y reencontrarnos para seguir haciendo la magia que hemos hecho hoy y que hicimos en los años treinta.

-Alguien común y corriente- Es lo que puedo contestar. Me sonríe.
-No creo- Le sonrío de vuelta. Aleja su mano y antes de que pueda regresarla la tomo con la mía y en sincronía enlazamos nuestros dedos. Pum, otro choque de electricidad.
-¿Lo sientes?- Frunzo el ceño. No sé qué quiere decir.
-¿Qué cosa?-.
-Como si la habitación estuviera llena de electricidad, como que cerca de nosotras hubiera una bobina de Tesla-.
-Probablemente nosotras lo seamos- Juega con mi mano, como si quisiera aprendérsela, observa mis uñas, las líneas, mis dedos delgados.
-Probablemente-.

Vuelve a hacer silencio, se acurruca junto a mí y la abrazo, pongo mi barbilla sobre su cabeza y ella descansa en mi hombro. Estamos completamente desnudas, no hay sábanas que nos cubran. A veces no hay pudor entre dos extrañas, a veces es lo único que se respira después de intimar.

Qué bueno que nosotras estamos en la primera categoría. Yo la conozco entera, ella apenas me descubre aunque bien sabe, muy en el fondo, que ésta que está sobre su cama de hotel, es la que se ha aprendido de memoria desde tiempos remotos.

El alma siempre recordara lo que la mente olvida.

Algo va a decirme, infla el pecho y abre la boca, pero se retracta y en lugar de hablar se acerca más a mí y siento cómo me abraza con fuerza. Hago lo mismo, me reconforta tanto saber que aunque no lo diga, está dispuesta a quedarse.

-¿Por qué me mentiste?- Susurro después de un rato.
-¿Cómo?-.
-Cuando me dijiste que eras arquitecta-.
-Porque no sabía si me secuestrarías, a los extraños no se les dice la verdad- Sonrío, creo que tiene razón –Cuando nos encontramos sentí algo raro, no sabría describirlo, así que sentí miedo porque fue desconocido para mí, jamás lo había sentido; fue como si pasara de estar ahí a estar en otro lado y sólo estábamos las dos-.

El corazón se me acelera y lo nota, puede escuchar mis latidos, casi apuesto porque puede sentirlos empujándole la sien. Se levanta y me mira; es difícil para mí tener mis ojos sobre los suyos porque mi cabeza está completa sobre el colchón, me pongo un brazo debajo y así me levanto un poco.

-¿Qué dije?- Tantas preguntas con respuestas que no puedo darle aún.
-Fue algo que sentí también, no sé bien porqué, pero… sí, lo sentí- Vuelve a acomodarse sobre mi hombro y a posar su mano en los huesos de mi cadera.

Después de algunos minutos donde siento que estoy por quedarme dormida, hago por levantarme y me sostiene fuerte.

-¿Ya te vas?- Quiere hacer como que no la decepcionará mi respuesta, se muestra poco interesada.
-Tengo frío, buscaré una cobija y volveré a la cama para que durmamos… ¿Está bien? O… quizás prefieras que…- No puedo terminar de hablar cuando me dice que no, que me quede. Sonrío y busco en el clóset por algo que pueda cubrirnos, las sábanas no serán de mucha ayuda.

Se deja que la "arrope" y me meto bajo la cobija, me pego a su cuerpo y yo me dejo abrazar.

Así, junto a ella, no tardo en quedarme dormida.

Xxxxxxx

El celular suena en algún punto de la habitación, me despierto desconcertada, no sé dónde estoy y tardo unos segundos en darme cuenta de que estoy junto a Barbra. El sol ya se cuela por las ventanas y el celular no deja de sonar.

Me levanto tan rápido que me mareo y doy por fin con el él.

-¿Hola?-.
-Ah, señorita Fabray, estaba a punto de colgar- Escucho el acento y no logro identificar quién es y porqué me llama 'Señorita Fabray'.
-¿Quién habla?- Estoy modorra y desconcertada.
-Soy la chica que le dejó los trípticos ayer ¿Recuerda? ¿Para lo de la campiña?- Rachel está despierta y me observa, mi cuerpo desnudo frente a ella. No digo nada, no siento vergüenza, es más, sé que es un deleite para ella verme así, a los pies de la cama.
-Claro, claro, dime-.
-Bueno, logramos encontrarle tres habitaciones ¿Está bien?-.
-Está perfecto-.

La conversación sigue, nos ponemos de acuerdo en horarios de salida y veo el reloj, suerte que llamó temprano. Sólo espero que las chicas no tengan otro plan pues en realidad nunca las informé sobre la campiña.

-Nos consiguieron las habitaciones- Le sonrío a Barbra y levanto mi ropa, sólo para darme cuenta que está húmeda –Diablos, no se ha secado- Eso me lo digo a mí. Se sienta en la cama y se deja caer la cobija hasta la cintura.

¿Ya les he dicho que sus senos son perfectos? ¿No? Bueno, lo son.

-Te prestaría algo mío, pero dudo que te quede- Se estira y se levanta. La veo ir hacia el baño y escucho el agua correr, asoma apenas la cabeza y me mira pícara –Puedes acompañarme, si quieres-.

Se me sube el color a la cara y me quedo sin palabras, ni siquiera sé por qué me ha dejado muda. Trago saliva con dificultad y voy a donde ella.

Nos damos un buen baño de tina y sonrío con nostalgia al recordar esas veces en las que en la casa de campo hacíamos los mismo, sólo que su espalda siempre pegada a mi frente y me lavaba el cabello después de quedarnos unos minutos acariciándonos bajo el agua.

En esta ocasión cada quién hace lo que puede con jabón y esponja y hablamos de esto y aquello hasta que nos damos cuenta que tenemos que apurarnos. Salimos envueltas en toallas y se viste frente a mí mientras yo hago la llamada esperada.

-¡Por dios!- Grita Santana al otro lado de la línea. Barbra la escucha y se ríe –Por favor dime que…- La interrumpo antes de que diga una imprudencia y la oigan.
-Te voy a dar una dirección, y necesito que me traigas ropa, la mía está húmeda. Aparte, carguen con ropa pues les he reservado a todas unos días en una campiña que apuesto que van a adorar-.
-¿O sea?-.
-Que vamos a salir de la ciudad, así que haz maleta para pasarlo en una campiña por un par de días. Necesito que me traigas ropa porque no tengo qué ponerme, no se ha secado del aguacero que cayó ayer…-.
-Oooooh así que sí…-.
-Sí- Vuelvo a interrumpirla.

Tras darle la dirección, colgamos, me siento en la cama con la toalla puesta y veo que en el baño hay una bata, me visto con eso en lo que Santana llega con mi maleta.

Veo a Barbra organizar las cosas que se llevará. Camina de aquí para allá, no puedo quitarle los ojos de encima.

-¿Tienes hermanos?-.
-No, soy hija única, mis papás, bueno, mi mamá no pudo tener más hijos- Se detiene y me mira –Tengo hambre-.
-Yo también, pero no es que pueda bajar así a comer algo ¿Cierto?- Ríe. Sin decir más se acerca al teléfono y llama a servicio a la habitación.

Pide un par de sándwiches, jugo de naranja y café.

-¿Tú sólo tienes una hermana?-.
-Sí-.
-A veces no sé si fue bueno que no tuviera hermanos, es decir, gracias a ser hija única gocé de muchos privilegios, pero me hizo falta alguien con quien pelear y jugar y que fuéramos confidentes ¿Sabes?- Voltea a verme y yo asiento –Tuve una vida bastante solitaria-.
-Tener un hermano no garantiza que no serás solitario-.
-¿Por qué lo dices?-.
-Porque yo peleaba bastante con Francine, pero nunca fuimos confidentes; jugábamos, sí, sin embargo a los quince minutos cualquiera de las dos salía llorando- Me encojo de hombros y suspiro –No sé, creo que los hermanos también pueden encontrarse en los amigos ¿Tienes amigos casi hermanos?-.
-No realmente, pero es el único en el que confío- Desbloquea su celular y me muestra la foto.

Se me baja la sangre a los pies y palidezco. Parpadeo rápido y varias veces, me quedo sin palabras, es Finn.

-Es… ¿Cómo se llama?-.
-Owen-.
-¿Tu confidente dices? ¿Ex quizás?- Se burla.
-Jamás, no podría verlo como algo más, nunca. Él estuvo conmigo cuando salí del clóset, me apoyó bastante, me ha apoyado en todo ¿A qué edad saliste del closet?-.
-Pues…- Organizo mi cabeza y dejo de lado el hecho de que es Finn para hacer un poco de sentido en mi respuesta –Creo que tenía catorce cuando… cuando mi padre encontró una carta de… Avril… pude mentirle, pero era más que evidente y pues, dije la verdad; me costó castigos, gritos, etcétera, así por cuatro años hasta que a los dieciocho me fui de casa-.
-Vaya… no a todos nos va tan bien-.
-¿por qué?- Pregunto curiosa.
-Pues mis padres no dijeron nada, o no mucho. Los tomó por sorpresa pero tampoco fue el fin del mundo ¿Cuántas novias has tenido?- Qué mujer tan curiosa.
-Creo que… ¿una? Es que, la verdad no era de aquellas que busca algo formal, así que salíamos por un par de meses y luego salía huyendo- Tocan a la puerta y veo entrar al chico con la mesita, comienzo a salivar, de verdad muero de hambre.

Nos sentamos y comemos con gusto.

-Me decías que eres de las que huye-.
-Era, ya no-.
-¿Quién te hizo cambiar? ¿La única novia que has tenido?- Me río para mis adentros de lo cómico de todo esto. Tú Barbra, tú me hiciste cambiar cuando te llamabas Rachel.
-Supongo que la madurez- Doy una mordida a mi sándwich y ella nos sirve una taza de café.
-Puede ser-.
-¿Cuántas novias has tenido tú?-
-Tres-.
-¿Has durado mucho con ellas?- No quiero tocarle el nervio, pero quiero saber sobre esa mujer con la que iba a casarse.
-Sólo con Marley- Se me atora el café pero no toso como suelo toser cuando algo se va por el lugar equivocado. Sí era Marley.
-Tu ex-.
-Sí-.
-¿Hace cuánto que…?- Observo cuidadosamente su cara, esperando no incomodarla, esperando una señal que me diga que le duele menos.
-Bueno, la luna de miel no sería en seguida, porque compramos los boletos baratos y eran para cuatro meses después, pensamos que podríamos esperar. Una semana antes de la boda me enteré de todo… aunque ya tenía seis meses haciéndolo- No se le quiebra la voz, pero se le escucha molesta.
-Podemos cambiar de tema si gustas-.
-No, está bien, cada día me afecta menos- No sé cómo seguir, así que es ella quien toma la palabra -¿Sabes? No soy de aquellas que tienen one night stands, en realidad creo que es la segunda o tercera vez que me sucede-.
-¿No te gustan?-.
-No tengo la suerte de conseguirlas; para ti ha de ser muy fácil, con esa cara y tu encanto natural…- Me río.
-Para ahí- Capto su atención y me mira directo –No sé si Marley no te dijo hasta el cansancio lo hermosa que eres, o lo interesante que puedes llegar a ser, si no estaba encantada por ti, pero déjame decirte que al menos YO te encuentro increíblemente sexy y guapa, interesante- Suspiro como se suspira cuando alguien te prende o se te antoja más allá de lo inimaginable –Eres… casi irreal- Se sonroja tanto que no sabe dónde meter la cabeza y no dice más.

La observo con ternura, se cubre con la servilleta y me echo a reír. Me estiro y la descubro.

-Me gustas- Me sale así sin mas.
-Y tú a mí- Me emociono.
-¿En serio?- Cuando me ve brincar en mi asiento y preguntarlo como su fuera una chiquilla, ríe ella.
-Sí- Dice entre risas –Mucho- Nos perdemos en nuestras miradas, estoy a punto de levantarme para besarla cuando suena de nuevo el celular. Maldigo en ese instante.

-¿Sí? ¿Qué quieres?-.
-Uh, tu estúpida ropa seca está afuera de la habitación, maldita majadera- Recuerdo a Santana, mi ropa seca y que tenemos que darnos prisa.
-Ya te abro-.

San pasa cargando pesadamente la maleta, la sostiene con ambas manos y voltea en seguida a ver a Barbra, sonríe tanto como yo sonreí cuando me di cuenta de que era Rachel, que nada en su rostro había cambiado, ni siquiera sus lunares.

Barbra se levanta de la mesita y se acerca para saludarla y estrechar su mano.

-Hola, soy Barbra-.
-Santana- No le quita los ojos de encima y ésta frunce el ceño.
-Pasa y siéntate ¿Gustas café?-.
-Sí, gracias-

Entro al baño para vestirme, las escucho intercambiar unas cuantas líneas sobre a dónde han paseado y si las chicas están esperando abajo. Cuando salgo las dos me miran fijamente, una me ve con deseo, la otra con felicidad.

-Te ves radiante- Me dice Santana –Como no te has visto en… pfff… ¿nunca?- Barbra capta la indirecta y agacha la mirada mientras se muerde el labio.
-Gracias ¿Nos vamos?-.
-¿Vas a acabarte el emparedado?- Río.
-Cómetelo- El apetito de Santana es feroz.

Bajamos al vestíbulo donde la camioneta blanca nos está esperando junto con otros turistas impacientes. Subimos las maletas a la parte trasera y emprendemos el viaje a la campiña.

No quepo de la emoción.

Ya quiero verla, recordar su olor, sus campos, todo en ella.

Dentro del vehículo presento a Barbra con Danielle, Susan y Clementine. Por un momento pienso que habrá cierta rivalidad de Danielle hacia ella, pero, como en los viejos tiempos, si es que puedo llamarlo de ese modo, le saluda amistosamente, con una amplia sonrisa en el rostro, halaga sus labios y platican casi todo el camino acerca de París.

Santana me sonríe desde su asiento, está contenta por mí, sabe que este es uno de los días más felices de mi vida. Comprende todo lo que significa, porque ella misma lo ha sentido cuando vio a Susan en ese salón de baile, cuando vio que era esa que había conocido años antes y que sin más se esfumó.

Estamos completas ahora, las cuatro.

Cuando damos vuelta y entramos por el largo sendero acompañado por enormes árboles que en esta época del año son verdísimos y frondosos, me siento como una chiquilla que ve por fin la gran esfera de Epcot Center en Disneyworld. Casi quiero pegarme a la ventanilla.

Es exactamente como la recuerdo, majestuosa, imponente, enorme. De fachada blanca y techos azules, con jardines llenos de flores y fuentes alegres. No me transporto a entonces, me quedo en este tiempo, la disfruto más ahora, es una nueva experiencia y una nueva oportunidad, un nuevo paquete de recuerdos que se me quedarán en la memoria para siempre.

Tengo, sin embargo, la impresión de que al entrar a registrarnos, Emma estará ahí, para encontrarse con Danielle, aunque, creo que ellas no son esos amores que están destinados a quedarse; es probable que en algún momento se conozcan, se amen con locura y luego sin más, se separen como sucedió entonces.

Volteo a ver a Danielle, en seguida siente mi mirada y me sonríe, se acerca a mí y se toma de mi brazo.

-Es linda- Volteo a ver Barbra que recibe su maleta y nos ve, pero, sabiendo que estamos teniendo una plática privada, camina hacia el par de ancianas con las que platicó de teatro. Ambas visten bermudas color beige, llevan una blusa holgada y un gracioso sombrero de paja sobre sus cabezas, parecen gemelas.
-Mucho, en cuanto la vi… fue como si… no sabría explicarlo-.
-¿Amor a primera vista?-.
-Definitivamente-.
-¿Y ella?-.
-No lo sé, sí hubo algo, pero no podría definir que de su parte fue amor a primera vista, eso tendrías que preguntárselo a ella- Me suelta y se queda a mi lado, con la mirada sobre las ancianas y Barbra.
-Apuesto a que lo fue- Sus ojos ahora en mi perfil -Y yo que te quería para mí- Como me habla ahora siento que escucho más bien a Camille, puedo imaginarla con su vestido de gala y su cigarro en la mano, interrumpiéndome en el balcón.

Quiero ir a ese balcón, llevarla conmigo, recordar que fue ahí donde comenzó nuestra amistad. Una de las mejores que he tenido en ambas vidas.

-Ya me tuviste- Le sonrío.
-Sí, eso es verdad; al menos puedo presumir que te llevé a la cama- Reímos.

Cuando vemos que bajan nuestras maletas nos acercamos al transporte, Barbra se despide de sus nuevas amigas de paseo y se acerca a mí.

-Son adorables-.
-La mayoría de los ancianos lo son; lo que me recuerda que no he llamado para ver cómo está mi abuelo… lo haré en cuanto nos instalemos en las habitaciones-.
-¿Cómo se llama tu abuelo?-.
-Benjamín Fabray- Frunce el ceño y se le pierde la mirada, algo intenta recordar.
-Me suena el nombre, casi tanto como el tuyo- Sigue pensando.
-Tal vez también lo conociste en otra vida- Le acaricio la mejilla con mi pulgar, quiero besarla de nuevo.
-Quién sabe-.
-Bien, si son tan amables de seguirme por acá para registrarlos- Grita Laura, la chica de la playera polo y los trípticos.

Seguimos por el camino de adoquin, subimos las escaleras que tiene escalones en medio y a los lados y entramos al enorme vestíbulo que en seguida recuerdo, de piso brillante y resbaladizo, ahora hay una alfombra para evitar los derrapes y el mostrador se encuentra junto a las enormes escaleras que nos guían a las habitaciones del segundo piso.

Si no mal recuerdo, a mi izquierda estará el salón donde fue el baile y a la derecha el enorme comedor con frescos en los techos.

Nos tocan las habitaciones cincuenta y dos a cincuenta y cinco y vamos hacia allá para descansar un poco, media hora de hecho, según lo dicho por Laura y luego empezaremos con el Tour por algunas zonas y nos llevarán a los viñedos para hacer cata de vinos.

Es evidente que Susan y Santana compartirán una habitación y que Danielle y Clementine otra.

-Generalmente no duermo con extraños- Escucho a Barbra, que camina hacia las ventanas y las abre, en seguida sopla una brisa fresca que nos invade con el olor a campo –pero después de lo de anoche, tampoco es que tenga mucha opción- ¿Qué debo contestarle?
-Bueno, por eso había pedido cuatro habitaciones pero…- Se gira y ríe.
-Tranquila, estoy fastidiándote- Se acerca a mí -¿Te ha pasado que al estar en una fiesta, donde sólo conoces a un par, terminas conociendo a alguien que te cae incluso mejor que el par con el que has ido?- hago memoria.
-Creo que sí, sí- Puck a quien conocí gracias a Artie, hace años que no me hablo con él, pero Puck es mi mejor amigo.
-Encuentras una comodidad y confidencia tan inexplicable e inmediata que no te importa que tengan una hora de conocerse, quieres contarle todo-.
-Ajá-.
-Así me siento contigo, además- Voltea a ver la cama –Es una cama grande, cada una podrá tener bastante espacio para dormir como le plazca.

'Yo quiero abrazarte tanto como anoche' Pienso. No lo digo.

-En eso tienes razón-.
-Creo que me cambiaré de ropa, al menos de blusa, si caminaremos es seguro que voy a cocerme si me dejo esto- Saca de su maleta una playera floja sin mangas y se calza otros zapatos.

Hago lo mismo que ella y saco los lentes Ray-Ban del estuche. Miro el reloj, quedan quince minutos.

-¿Te apetecería que bajemos al salón?-.
-¿No es parte del tour?-.
-Sí, pero quiero verlo ahora, antes de que esté lleno de turistas y preguntas, ruido-.
-Ok, te sigo-.

Bajamos pues, al entrar me doy cuenta de que sigue igual y creo que han renovado las pinturas, tienen más color, huele diferente, claro, porque no está plagado de vinos, gente, cigarrillos, perfumes distintos.

Nuestros pasos resuenan en eco. Me abruma estar aquí, me llena de tantos recuerdos. Veo a los de entonces, enmascarados, con sus copas de champagne en la mano, veo cerca de la pared opuesta a Rachel, sonriéndome desde lejos. Siento un nudo en la garganta y ahogo las lágrimas de emoción.

-Es… es como si hubiera estado aquí… como si hubiera estado en una fiesta, música, risas… puedo imaginarme en un vestido hermoso, conversando con tanta gente- Está cuatro metros lejos de mí, observándolo todo.
-En los treintas Rachel Berry se presentó aquí, fue una fiesta en su honor, como una presentación; estaba lleno de inversionistas en el espectáculo. El escenario estaba por allá, fue una mascarada increíblemente bella, parecía que estabas más bien en mil setecientos- Me escucha atenta, pero hay en su semblante algo que me dice que también se siente extraña –Si te asomas por estos balcones- Camino hacia allá y abro las ventanas –Verás el camino, el laberinto y las montañas-.
-¿C-cómo sabes tanto?- Me pongo nerviosa.
-Lo he leído-.
-Es más bien como si lo hubieras vivido-.
-Ojalá- Necesito ser menos obvia.

Nos quedamos en silencio, recargadas en la cantera tibia, el sol no nos da de frente, pero se siente el calor, su mano se acerca a la mía, su meñique apenas rozando el mío, me acerco, volteo a verla y ella sigue con la vista al frente; le beso la mejilla y en seguida me mira.

-¿Puedo besarte?- Pregunto insegura.
-¿Por qué no sólo me besas y ya?- Lo dice entre risas.
-Porque… no lo sé-.

Es ella quien me besa, callándome en seguida, se siente en sus labios el desespero, las ganas que tenía de besarme también. La abrazo de la cintura, es tan diminuta y abrazable.

-Con que aquí están- Nos interrumpen y nos separamos en seguida –Perdón, no quise…- Susan
-Está bien, no pasa nada- Se apura a decir Barbra.
-Vaya lugar- Mi compañera de antaño se acerca a nosotras –Me encanta-.
-Lo sé, es increíble-.

Nos quedamos calladas, viendo hacia el horizonte, esperando que sea la hora en la que los que llegaron con nosotras bajen al salón para empezar el tour.

Barbra se gira, recargando la espalda y los codos en la cantera.

-¿Y a qué te dedicas Susan?-.
-Tengo una escuela de baile-.
-Qué interesante, cuando esté de vuelta por allá iré a que me des unas clases ¿De qué parte de Inglaterra eres?-.
-Northampton-.
-Ah, quedamos bastante cerca, yo estoy estudiando en Londres-.
-Quizás cuando yo vaya te visite-.
-¿Planeas ir pronto?-.

En un santiamén se enfrascan en su plática y recuerdo a aquellas dos que eran las mejores amigas, que conversaban y reían, hacían bromas, fumaban juntas. Me mantengo en silencio porque me complace verlas así, entretenidas en lo que tienen que contarse, hay un clic inmediato entre ambas, como lo hubo con Santana y conmigo, como sucedió también entre Susan y yo.

Al cabo de unos minutos estamos todos reunidos y comenzamos con el paseo por la campiña, ya nos explican una cosa y luego otra, los dueños, las familias que han pasado por ahí, cuándo se decide que se abrirá al público y a dónde se exportan los vinos que se producen ahí mismo.

Cuando estamos en los jardines nos quema el sol, me pongo los lentes para protegerme; Barbra no se separa de mí, conversa con tal o cual, pero siempre va a mi lado, puede ser adrede o algo que no toma en cuenta, como natural y automático.

-Estoy contenta por ti- Es San.
-Me siento feliz San-.
-Al menos no va a casarse-.
-En esta versión no, tampoco es tu amiga desde el kínder… no sé, siento que así es como debían ser las cosas desde el principio; que al haberme aferrado a Charles cambié todo a una versión menos colorida; jamás debí de haberle hecho caso a Charles-.
-Bueno, tuviste la oportunidad de remediarlo-.
-Sí, aunque hubiera tardado tres años en encontrarla, así debía ser- Me pone la mano en el hombro y lo aprieta, me besa la mejilla y camina a donde Susan para cargarla y darle vueltas.
-Es hora de que me hagas caso a mí- Se lo dice, interrumpiéndolas a ella y a Barbra.
-¿Cuánto tiempo llevan juntas?- Me pregunta.
-No recuerdo bien, dos años, dos años y medio-.
-Parece que llevaran toda una vida- Sonrío y las veo, tomadas de la mano siguiendo al grupo.
-Es bueno encontrar alguien con quien parezca que llevas toda la vida y le amas como si la relación estuviera comenzando-.
-No creo que eso exista- Ya vuelve a salir su lado sombrío.
-Si no ¿Entonces qué son ellas? ¿Un espejismo?-.

Se queda callada, sabe que tengo razón y no puede discutírmelo.

Pasamos pues el resto del día escuchando las historias de la campiña, degustando canapés, queso y catando vinos. Yo no sé nada de vinos; aunque es una actividad propia de los ricos, no me considero snob, así que sólo asiento cuando a mi paladar le agrada incluso si la mayoría lo encuentra fuerte y poco apreciable.

Volvemos a las seis, nos dejan dos horas de descanso y volvemos a reunirnos en el comedor. Es como si poco hubiera cambiado, todos hablan y ríen. Y entonces me llega otro recuerdo: Marlene Dietrich, la veo frente a mí, ya no estoy en el dos mil, estoy en los años treinta y algo platica con ese acento alemán marcado, con esa voz fuerte, con su presencia imponente. Sin embargo sí estoy en el dos mil, sólo que mi recuerdo fue tan vívido.

-¿Quinn?-.
-Perdón ¿Qué?-.
-¿A dónde te nos fuiste?-. Escucho a Susan y Danielle ríe.
-Tiene estos Lapsus Brutus en los que quién sabe dónde se pierde y no nos escucha- Le cuenta mi amiga francesa a Barbra.
-Estaba recordando algo… perdonen- Me siento apenada.
-Está bien- Barbra pone su manos sobre la mía –Me pasa todo el tiempo y más últimamente- Voltea a verme y me guiña el ojo. No sé si está diciendo la verdad o sólo está mintiendo para apoyarme.

La noche transcurre tranquila, salimos a los jardines, las seis caminando sin prisa y sin rumbo, un cigarrillo en la mano y luego nos sentamos en unas mesitas de metal que le hacen bien a mi espalda, esto es a lo que yo llamo buena ergonomía.

Las observo, les sonrío, recuerdo esas noches de pláticas y cigarro, de risas y whisky. Es como volver al pasado, pero no, estoy en el presente, la mejor versión de él. Y no puedo estar mas contenta de esto, de la compañía de estas fantásticas mujeres, de haber encontrado a Barbra, de lo que hicimos por la madrugada.

No puedo ser más feliz ahora que siento su mano en la mía. No es que las cosas estén pasando rápido, es que más bien perdimos mucho tiempo y no nos damos abasto.

Volvemos a ser una bobina de tesla y la noche, en compañía de estas cinco extraordinarias chicas se vuelve la mejor noche de todas.