Fics de Naruto.
Quantum Ninja.
Capítulo Treinta y Cuatro: Por el Bien de una Hermana.
Hanabi había pedido un deseo motivada por su enojo, sin darse cuenta realmente de las consecuencias. Al entrar a la habitación de su hermana mayor, se había topado con una visión que le helo la sangre, en lugar de la habitual cama de su hermana mayor, donde en muchas ocasiones había dormido antes, ahora había un ataúd. Lo que más la traumatizó, es que el ataúd estaba abierto y dentro, se podía ver a una pequeña Hinata, muerta.
O eso parecía.
—¡NEE-SAMA!
Hanabi corrió a llorar sobre el cuerpo inerte de su hermana mayor, ahora menor misteriosamente. Las lágrimas en su rostro no se podían contener, la pobre Hanabi recordaba todo lo que había pasado junto a su querida hermana y todos esos recuerdos agradables, eran muy dolorosos.
—Yo te hice esto Nee-sama… ¡Perdóname!
Hanabi no podía evitar dejar caer sus lágrimas sobre el rostro de la pequeña Hinata, lo que empezaba a incomodar a alguien. Y no precisamente era a Hanabi.
—¿Qué he hecho? Si desee que mi hermana muriera, altere todo. Ella y Naruto jamás se conocieron. Jamás pidieron su deseo y por lo tanto… ¡No puedo recuperar a Nee-sama!
Hanabi abrazó fuertemente a Hinata y comenzó a llorar aun más. Tanto que empezó a empapar la ropa de la pequeña Hinata. Curiosamente, el sol ya estaba en todo lo alto.
—¡Quieres soltarme de una buena vez, Hanabi!
Hanabi casi deja caer al suelo a Hinata, al ver que esta, le hablo. La que creía muerta, estaba viva aun. Hanabi se aferró aun más a su hermana y la abrazó con toda su fuerza.
—¡ESTAS VIVA NEE-SAMA!
—Mira, no se que demonios anduviste metiéndote ahora Hanabi, pero si no me sueltas, aunque seas mi hermana… te juro que te muerdo.
—¿Me muerdes?
Hanabi alejó un poco a Hinata y pudo ver como esta abrió la boca con intención de morderla en verdad, curiosamente, ambos colmillos en la boca de la pequeña estaban más crecidos que de costumbre.
—Ok, te suelto.
—Gracias —la pequeña Hinata bostezó—. Aun es muy tarde. Por favor, no me vuelvas a despertar tan tarde, quieres.
—¿Despertar? ¿Tarde?
Hinata se estaba subiendo a su ataúd, cuando Hanabi abrió levemente las cortinas oscuras del cuarto, haciendo que su hermana se retirará a la parte más oscura de la habitación.
—¡ESTAS LOCA! ¡CIERRA ESAS CORTINAS!
—¿Eh?
—¡CIÉRRALAS!
Sin entender muy bien que sucedía, la pobre Hanabi tuvo que hacer lo que su hermana le dijo. Al cerrarla, Hinata en un pestañeo, estaba junto a Hanabi, aun cuando la habitación era bastante grande y caminar hasta donde ella, le llevaría unos segundos.
—¡AH!
Obviamente Hanabi, gritó asustada al ver a su hermana aparecerse.
—¿Qué tienes oye? Cualquiera creería que jamás has visto un vampiro.
—¿Vam-vampiro?
—Si, vampiro. Lo que soy, recuerdas.
—¿Eres un vampiro, Nee-sama?
—A poco creías que me quede niña por voluntad propia. Claro que soy vampiro. Ese estúpido de Naruto me mordió y terminé como él.
—¿Naruto-kun?
—No conozco ninguno otro.
Las dudas eran tantas en la mente de Hanabi, que su pobre cabeza estaba por estallar. Quería saber todo lo que había sucedido en aquel mundo, del que se había dado cuenta, no era el suyo.
—Nee-sama, quiero que me cuentes todo.
Pero Hinata no era la indicada para responder a sus dudas. En el momento en que Hanabi había desviado la mirada, Hinata había terminado en su ataúd, lista para dormir hasta que saliera el sol.
—Buenas noches. No me despiertes hasta que no se haya puesto el sol y ya este de noche. ¡O ya veras!
Diciendo esto, la pequeña vampiriza, se quedo dormida.
—¿Qué paso aquí?
Hanabi trataba de entender que era lo que había sucedido, ella recordaba haber pedido un deseo al Kyubi, pero obviamente, de alguna forma, el tramposo zorro se lo había cumplido… pero a su modo.
—Entonces… quiere decir que ese zorro engañador sigue por ahí. ¡AL IGUAL QUE MI HERMANA REAL!
Pero cuando Hanabi iba a saltar de emoción, recibió un almohadazo de parte de su hermana.
—Vete a gritar a otro lado. Quiero dormir.
Hanabi no tuvo más remedio que salir de la habitación. Ignorante realmente de lo que había sucedido, pensó en buscar en la biblioteca familiar por alguna pista de lo que pasaba, por desgracia, la biblioteca de la que tanto habían estado orgullosos los Hyuga y a ka que Hanabi siempre rehúya, no estaba.
—Genial, justo ahora remodelan. Solo queda salir a ver si alguien me dice algo.
Derrotada, Hanabi decidió probar suerte e ir a Konoha, para conseguir algo más de información directamente, con los aldeanos. Pero cuando salió de su antigua casa, se llevó una enorme impresión. Toda la ciudad, parecía sacada de algún extraño cuento de miedo.
—¿Qué paso aquí?
Todo se veía muy lúgubre y algo aterrador. Aunque Hanabi debería estar muerta de miedo, su cabeza no tenía cabida para más emociones que, la sorpresa, confusión e intriga.
—Bien, de algún modo, terminé en Transilvania.
Curiosamente, las concurridas calles del antiguo pueblo de la Hoja, estaban completamente vacías. Al parecer, ella era la única alma en toda la ciudad. Quizás no la única alma, pero si la única alma que vagaba a esa hora, en plena calle.
—Aquí están…
Hanabi llegó a la zona del mercado, un pequeño grupo de comercios que vendían de todo. Empezó a buscar entre estos, un local en particular.
Una tienda de Mangas.
—Perfecto. Justo lo que quería.
Entre estos, tomo varios mangas de vampiros y diversos monstruos y comenzó a ojearlos uno por uno. Luego de casi treinta minutos leyendo y releyendo mangas, se pudo hacer una idea de lo que pasaba. Aunque no del todo.
—Bien, solo se acerca de monstruos. Pero aun no se que sucede en Konoha. Creo que busque los mangas equivocados.
—Sabes, si hubiera buscado mejor un libro, hubieras ahorrado mucho tiempo.
Una curiosa voz se escuchó venir de la nada, Hanabi comenzó a buscar el origen de aquella voz, pero no podía encontrarla. Aunque por algún motivo, le sonaba muy conocida.
—¿Quién es?
—Tú quien crees.
—¿Eres tú Naruto-kun?
—Error, tienes dos oportunidades más.
—¿El zorro del demonio?
—Error, te queda una.
—Vamos, dime quien eres.
—Eso sería trampa.
—Esta bien, dame una pista.
—Bien, una sola. Piensa en un color y sabrás mi nombre.
—¿Color? —Hanabi cerró los ojos y comenzó a meditar—. ¡Ya se!
—Perfecto, quien soy.
—Aoi-sama. (Aoi = Azul)
—No pareces ser en verdad hermana de Hinata.
Kurenai literalmente se volvió visible frente a Hanabi.
—Kurenai-sensei… estaba cerca. (Kurenai = Carmesí)
—Si claro. Menos mal no me dijiste Midori. (Midori = Verde)
—Gomen. Etto… Kurenai-sensei, como hizo para aparecer así. ¿Fue un Genjutsu?
—¿Un quién?
—Genjutsu, técnicas mentales. Ya sabe, las que usan los Ninjas de nivel avanzado.
—¿Ninjas? Sigues atiborrándote la mente de mangas, verdad. Eso de los Ninjas no existe, ya sabes que es ficción.
—Claro, los Ninjas no existen, pero los monstruo si —Hanabi rió para su interior.
—Me aparecí frente a ti, porque es de las cosas que puedo hacer, soy un fantasma.
—¿Estas muerta Sensei?
—Claro, al igual que tu hermana o la mitad del pueblo. Solo unos pocos habitantes no están muertos y eso te incluye, Hanabi.
—¿Estoy viva?
—Claro, tú eres la responsable de cuidar de Hinata durante el día. Eres su familiar responsable.
—¿Pero mamá y papá?
—Hanabi, ¿te golpeaste la cabeza? Acaso no recuerdas que todos fueron exterminados, en aquella ocasión con los Caza Demonios.
—¿En serio?
—¿Es alguna clase de prueba?
—Eh, si.
—No entiendo a veces a los humanos, supongo que es por su débil memoria que se te olvidó todo. Pero esta bien, te contaré.
—Gracias.
—Somos un pueblo pacifico, monstruos de todo tipo, reunidos por miedo a que los Caza Demonios nos eliminen por separado. Yokais, Espíritus Elementales, Vampiros, Elfos, todo ser no humano, considerado monstruo por los de afuera.
—¿Y esos Caza Demonios?
—Su único trabajo, es acabar con todos nosotros. Para ellos, somos un error de la evolución humana.
—Oh.
—Tú familia era parte de ellos, acaso no recuerdas eso tampoco, Hanabi.
—¿Mi familia?
—Si, hasta el día que Hinata entro por accidente a nuestro pueblo y fue mordida por Naruto. Tú familia, una antigua familia de Caza Demonios Oriental, se dividió por ese acontecimiento. Tus padres decidieron quedarse con Hinata y se dejaron morder. Pero el resto de tu familia… no.
—Se dividió en dos clanes, que novedad.
—Tus padres pelearon con todos aquellos que intentaron matar a Hinata, pero al final, murieron a causa de… —Kurenai guardó silencio.
—¿De qué? Mi primo Neji o mi tío Hisashi los mataron.
—¿De verdad no lo recuerdas Hanabi?
—Eh, no.
—Tus padres murieron por tu mano, Hanabi.
—¿Qué cosa?
—Tú los mataste Hanabi. El día que entraste a escondidas a matar a Hinata. La que considerabas la deshonra de tu apellido.
Esta revelación fue demasiado para la pobre Hanabi, estaba lista para escuchar lo que fuera, excepto aquello. Era como estar reviviendo aquella viva, en que casi asesina a Hinata. Sus peores miedos empezaron a aflorar.
—Estuviste frente a su ataúd y robaste su cuerpo. Luego la sacaste al patio de tu antigua casa, donde esperabas que el sola la quemara. Pero tu padre y tu madre salieron para protegerla. Cubrieron a Hinata y evitaron que el sol la quemara, pero mientras la rescataban, se vieron muy afectados.
—¿Yo hice todo eso?
—Eras la mejor Caza Demonios de tu familia. Por eso todo aquí, te tienen miedo.
Eso explicaba bastante, ahora Hanabi entendía, porque cuando salió, todas las calles lucían vacías. Todo el pueblo le temía. ¿Pero y Kurenai?
—Usted no me teme, Sensei.
—Soy un fantasma. No puedes acabar conmigo, tu familia no posee magia sagrada. Además, Quería saber que hacías tan temprano por acá.
—¿Por qué?
—Pues, por lo general nunca sales hasta muy noche. Cuando Hinata esta con más fuerza, siempre sales detrás de ella. Para protegerla. Nunca te había visto salir sola, hasta ahora.
—Eso, es que… quise estirar las piernas.
—Si es eso, me parece bien. Pero si pretendes cazar a alguien más…
—¡Sensei! Ya no hago eso.
—Lo sé, desde que Hinata quedo sola, juraste defenderla de todos. Y no has vuelto a levantar tu mano contra ninguna otra criatura. Más que para defender a tu hermana.
—¿En serio? —Kurenai miró confundida a Hnabi—. Digo, eso ya lo sabía.
—Sabes, estas actuando muy raro.
Kurenai flotó alrededor de Hanabi, mirándola fijamente. Esto puso muy nerviosa a la pequeña ex-cazademonios.
—M-me tengo que ir. Hi-Hinata-neesan ya debes estar por levantarse.
Aun cuando faltaban como cuatro horas para que se pusiera el sol, Hanabi se retiró presurosa, dejando a una muy confundida Kurenai.
—Valla, huyó.
Hanabi sabía que solo tenía un camino, regresar a su casa y esperara por Hinata. Sin ella presente, no obtendría ningún tipo de ayuda y por el contrarió, estaría muy vigilada.
—Hinata-neesan, debo preguntarle a Hinata-neesan.
Mientras Hanabi corría apresurada, en otra dimensión diferente, su verdadera hermana se enfrentaba a un dilema muy serio. Aunque se encontraba en un mundo, donde Naruto si la aceptaba, la amaba y deseaba casarse con ella, también había caído en un mundo donde… su amor eterno, estaba al duplicado.
—N-no se pe-peleen más.
—Hinata es mía.
—No es cierto, la conocí antes que tú.
Frente a Hinata, habían dos Narutos, peleándose por decidir quien sería el novio de Hinata. Aunque de cierta forma esa idea cautivaba a Hinata, también le daba algo de miedo, que Naruto se peleara por ella, más que nada, con otro Naruto.
—Naruto-kun.
—¿Si? —contestaron ambos rubios al unísono.
—Dios, ojala a Hanabi-chan le valla mejor que a mí.
Mientras Hinata y Hanabi pasaban por sus propios problemas, Naruto se enfrentaba a su mayor pesadilla. Ni siquiera el haberse enfrentado al mismísimo Pain, poniendo la vida de Hinata en peligro, se comparaba con lo que estaba viviendo.
—¡NOOOOO!
Naruto estaba arrodillado gritando de dolor e impotencia, mientras varias lágrimas caían por sus ojos.
—¡POR QUÉ!
El rubio golpeó el suelo de dolor, lo que vio frente a él, era la escena más dolorosa de su joven vida. Mil veces hubiera preferido ver a Konoha destruido, antes que esto. Hubiera incluso preferido, tener que pelear con los esbirros de la muerte, para rescatar a alguno de sus amigos caídos en batalla.
Pero es que, lo que vio Naruto, en verdad casi le destroza el alma.
—¡NO PUEDE SER! ¡POR QUÉ A MÍ!
Naruto estaba parado frente al Ramen de Ichiraku, el cual se encontraba cerrado y con un letrero que decía: "Cerrado por tiempo Indefinido".
—Y todavía me quedaban tres cupones.
