¡Hola! :D ¿Cómo están? Yo estoy más o menos... pero, en fin, eso no es lo que importa. Lo que importa es ¡la actualización de hoy! :'D Os respondo y ya:
Christine C: ¡Gracias! :D Aquí este, más largo y con algo más de contenido... aunque puedo apostar que matarían por que no pasara al capítulo siguiente, y al siguiente, y al siguiente, cuando se enteren de... *la amordazan*
Alexis: UFF Eso está en vuestra imaginación... o mejor, en la mía, en un especial de "detrás de escenas de OTWO" que haré algún día... ggg.
MassielSSM: OMG No grites! Que pueden despertarse los vecinos yAy no mms GRITA (?). Uff, debo leer todo lo que me queda de The Rise of a Dark Lord, aunque esté en inglés... e.e NUNCA DIJE QUE DRACO ESTABA ENAMORADO DE HERMIONE NO MAMEN(?) Ahaksldsa aunque podría ser, nusé(?) Y yo no diría que a Érebo... Besosbais, gracias por el comentario ( u v u )
Katse: WE WERE BORN TO MAKE HISTORY *se hace una bolita y llora en un rincón* NO puedo con ese anime. JURO QUE NO PUEDO. ESTOY TOTALMENTE ALSDASLKDSAKMCalmeishon. Well, ahora estoy mucho con Killing Stalking (cap 2, VOY POR EL CAP 2) y también estoy trabajando en un comic original que va más o menos por el lado de Killing Stalkig... :v Dejo de parlotear y sigo respondiendo :'d
Rebe Marauder: Me encanta que te encante ;) :D
MariWRL: Si yo fuera Tom y tuviera un Harry, también me gustaría de rodillas, ¡qué puedo decir! xDDDD Estos vuelcos en la historia. Yo también los amo (?). Gracias! :DD
Ifvg25: Graaaacias x'3 Aquí el siguiente cap! :D
karlaluzcruz: Bonito y frustrante: así describiríamos mi vida amorosAh qué les interesa (?) Sirius de profe, se me cae la baba. Si por Cylean babeo, por Sirius, UFF, PAPI CHULO. Gracias ( u v u ) auque no escribo genial, qué dices(?).
Tsuruga Lia1412: ¡Algún día daré tortura y sexo en el mismo capítulo! (?) JAJASKDJAS Suena mal en serio. Tom está lamentando mucho esa ley del hielo, MUCHO *risa maníaca* Lo lamentará más aún cuando *le pegan en las manos con una fusta* NO PUEDO DECIRLO, LO SIENTO (?)
Frida12346: ¡Gracias! Uff, yo también los extraño. Los amo juntos. Pero ya tendrán unas cuantas escenas más de ellos juntos, más adelante. "La puta tiene novio" añdjaslkd xDDDDDD En realidad iba a poner algo así como "Your darky lord" pero Tom aquí presente no iba a perdonármelo xDD YO TAMBIÉN TE AMO, MUCHO MUCHO PORQUE ME DEJAS REVIEWS HERMOSOS COMO ESTE Y ALSDKÑADMAS ( u w u ) Nos leemos! Aquí el siguiente cap :DD
Muchas gracias a todos por comentar. Sí, a veces me olvido de agradeceros, pero quiero que sepáis que estoy agradecidísima de que todos vosotros os toméis un tiempecito y me dejéis algún lindo review como estos que amo tanto.
Muy bien, dejo de mendigaros reviews, ¡ahora, a leed! :D
35. Érebo al rescate.
—Muy bien, todos pueden ir a almorzar. Pero recuerden que la próxima clase habrá un examen teórico; tranquilos, tendrá los conocimientos básicos, sólo será un pequeño aviso para que estudien un poco antes de los exámenes finales y para que me pongan al corriente de lo que habéis aprendido este año. ¡Podéis iros! —la sonrisa feliz de Sirius Black se hizo presente mientras se recargaba contra el escritorio, en una muy buena imitación de la forma de moverse y comportarse del antiguo profesor de Defensa, Cylean Rousseau.
—Si me comporto así, probablemente todos dejarán de temerme —le informó Sirius a Harry cuando arribó al castillo una semana después del secuestro de Cylean—. He visto como me miran algunos Hufflepuff. Y tu amigo, Seamus Finnigan, parece creer que porque estuve en Azkabán no temo a utilizar las Imperdonables en él.
Harry puso los ojos en blanco. Sí, había sido un pequeño shock para todos los alumnos llegar aquella noche y ver, en el lugar de Cylean Rousseau en la mesa de los profesores, a su suplente, el profesor Sirius Black.
Sirius estaba pulcramente afeitado, llevaba túnicas negras elegantes, un anillo extravagante con un lobo aullándole a la luna en su dedo anular, y un elegante peinado. Al principio, cuando Dumbledore presentó al suplente del profesor, todos guardaron silencio. No fue hasta que Harry comenzó a aplaudir que todos aplaudieron con él. Sirius, feliz de volver a Hogwarts aunque fuera en calidad de profesor, se levantó y dirigió unas cuantas palabras a los alumnos.
—Como todos aquí sabréis —comenzó—, el puesto de profesor está maldito. Y si no lo sabéis, ¿qué demonios habéis hecho con vuestra vida en este colegio, si no es averiguar todo lo posible sobre él? —la sonrisa extraña, casi animal en el rostro del nuevo profesor, dejaba extrañas impresiones sobre él en los alumnos—. Quiero agradecer al director Dumbledore por permitirme enseñar hasta que el profesor Rousseau se reincorpore. Como espero que esta vez sí sepáis, él fue secuestrado por Mortífagos, lo cual era presumible que iba a suceder tarde o temprano… pero no vamos a discutir las manías del viejo Voldy de siempre, a final de año, hacer algo para que sepan que aún está ahí. Vamos a discutir sobre esta deliciosa cena entre nosotros, y nuestros amigos. Eso es todo. Podéis comer en paz.
Harry siguió comiendo recibiendo miradas extrañadas de los miembros del ED. Todos habían oído hablar del padrino de Harry Potter, Sirius Black, pero no habían creído que fuera así de…
—Está chalado —dijo Colin Creevey, con los ojos casi fuera de sus órbitas.
—Está como una cabra —le siguió Parvati Patil, con el tenedor a medio camino de la boca—. Harry, ¿es así siempre o…?
—¿O Azkabán le afectó al cerebro? —Neville se inclinó hacia Lavender—. Déjame decirte algo: Harry está igual de mal de la cabeza que el señor Black. Y dudo mucho que haya pisado alguna vez Azkabán.
Harry le dio una colleja.
—Compórtate —musitó, serio. Neville le sacó la lengua y siguió comiendo.
Esa noche Harry fue a las habitaciones privadas de Cylean y tocó. Su padrino le abrió con una expresión divertida.
—Así que este es su nidito de amor —comentó, burlón—. Parece muy Ravenclaw para mi gusto.
—Cualquier habitación que tenga más de tres libros será muy Ravenclaw para ti —bufó Harry—. Quería saber cómo estabas.
—He vuelto a Hogwarts —Sirius sonrió—. Aunque me faltan Cornamenta y Lunático, estaré bien. Podré sobrellevarlo.
—¿Y ese anillo? —Harry levantó la mano de Sirius para verlo. Era grande, pesado, plateado y negro, con aquel lobo aullándole a la media luna en el cielo negro.
Sirius se encogió de hombros.
—Estaba revisando unas cajas con libros de escuela cuando lo encontré. Tengo la vaga impresión de que Remus me lo obsequió, pero no soy capaz de recordarlo —se pasó la lengua por los labios—. Ven, pasa, vas a ayudarme a dar mi primera clase. Comienzo mañana.
—¡Mañana es miércoles! ¡Mañana comenzarás conmigo!
—Y comenzaré con un examen.
Los ojos de Harry saltaron.
—Bromeas —guardó silencio—. Bromeas —repitió—. ¿Verdad?
Sirius rió.
—Puede que sí.
Harry suspiró aliviado.
—En realidad, lo tomaré dentro de una semana.
Harry le fulminó con la mirada.
Y así, volvían a la clase.
Harry se demoró guardando sus cosas para quedar a solas con Sirius. Su padrino se acercó y le revolvió los cabellos.
—Quiero recordarte que soy tu padrino, Kotka, y no tu novio. Así que puedes irte yendo.
El chico puso los ojos en blanco.
—Como si pudiera confundiros. Tom es atractivo.
Sirius se sonrojó.
—¡Mocoso! —le empujó fuera de su silla—. ¡¿Acaso estás insinuando que no soy atractivo?!
—Y, pues… —Harry rió—, años en Azkabán te han echado a perder.
Sirius comenzó a reír a carcajadas.
—¿Quién dice que estuve en Azkabán? Si no fueras Gryffindor, te restaría puntos.
Harry le sacó la lengua.
—No serías capaz de sacarme puntos aún si Snape te pusiera una varita al cuello —le burló, mientras se levantaba del suelo donde había aterrizado por el empujón de su padrino—. Ahora, ¿me dirás de qué temas tratará el examen?
—Sólo si prometes no decírselo a tus compañeros.
Harry se llevó la mano derecha al corazón y alzó la izquierda.
—Juro solemnemente que mis intenciones SÍ son buenas.
Sirius sonrió.
—Bien intentado, pero no te lo diré. Quieres mucho a tus compañeros, y te estás llevando bien con los Slytherin. Quiero quitarle puntos a algunas serpientes en el examen.
Harry hizo morros, pero guardó sus cosas y se dispuso a marchar.
—En realidad —Harry le sonrió—. Quería decirte que fue muy buena tu clase. No te veía como profesor.
—¡Gracias, Kotka! —Sirius le envolvió en un apretado abrazo—. Anda, recojo mis cosas y nos vemos en el comedor. Veré si puedo disuadir al vejete de sentarme en la mesa de Gryffindor. No hay comida como en esa mesa.
—Suerte —Harry salió del aula con una sonrisa que fue ensombreciendo a medida que caminaba. Debía seguir actuando mal. Debía seguir actuando ausente, distraído, triste, pero a la vez confiado, inyectado de energías, de esperanzas, de necesidad de hacer algo por Cylean.
Para almorzar había carne de ternera asada en enormes cantidades, con ensalada de patatas y arvejas. Harry tomó una porción y se sirvió, oyendo las conversaciones de sus amigos y compañeros.
—… y entonces Theo me dijo que me fuera al diablo, y yo le dije que por qué no se iba conmigo —relataba Neville a Hermione, que reía ligeramente, como si no hubiera atravesado por una depresión básicamente paralizante semanas atrás.
—Pues yo creo que vosotros hacéis una bonita pareja —dijo Lavender, junto a Neville, que comía tranquilamente—. Oh, disculpa que me entrometa.
Neville le dirigió una sonrisa feliz a la muchacha embarazada.
—No te disculpes, es un halago —y siguió comiendo.
—… entonces, desarmé a Anthony Goldstein, ¡Anthony Goldstein! ¡El Ravenclaw de sexto! —decía un joven y emocionado Dennis Creevey, haciendo referencia a alguna reunión del ED.
—… y mamá dijo que se llama Érebo —decía una voz femenina, clara y fina—. Mamá no está muy segura de que signifique eso. ¿El-que-no-debe-ser-nombrado con un compañero? Es muy sospechoso.
Harry agudizó el oído y ubicó a la muchacha hablando. Era una chica de quinto, Emily Sanders. Había asistido una vez al Escuadrón de Defensa, animada por Colin Creevey, a quien estaba contándole eso y la escuchaba con atención, pero se había retirado. No le gustaba la violencia.
—Pero, ¿estás segura de ello? —Colin se inclinó aún más hacia Emily—. ¿Por qué tu madre debería saberlo? ¿Tu madre es una…? ¿Está de su lado?
Emily se mordió el labio.
—Tuvo que hacerlo. Desde la muerte de papá, todo se volvió difícil para ella. Debió unírsele. Pero ella no quería.
—Debió ser una horrible decisión —Colin Creevey no parecía horrorizado. Hablaban en voz muy baja, pero como Harry se estaba esforzando en oír podía descifrar las palabras entre el cotilleo general—. ¿Tú eres partidaria de él?
—No, claro. No me gusta la violencia —compuso una mueca—. La considero inútil, innecesaria. Papá murió por ella. No quiero que nadie más que quiero y conozco muera.
Colin sonrió ligeramente.
—Sí, es una sensación horrible. Aunque yo no la he vivido, puedo imaginarla.
"Buen provecho".
Harry dejó caer su tenedor, pálido como un fantasma.
"Tom" bufó, recogiéndolo y pinchando un trozo ya cortado de carne. "Me asustaste".
"No es de buena educación escuchar conversaciones ajenas" le reprendió el hombre. "Podrías encontrarte con cosas que no quieres oír".
"No es de buena educación entrometerte en mis pensamientos" le reprendió Harry, comiendo y ocultando su sonrisa burlona detrás de masticar. "¿Cómo te encuentras?"
"Muy bien, gracias. ¿Qué tal ha dado la clase Sirius?"
"Muy bien. Nos tomará examen la clase siguiente".
"Así se hace".
"¡TOM!"
"¿Qué? Conmigo la teníais demasiado fácil, mocosos vagos".
Harry bebió un poco de zumo de calabaza para evitar reír.
"¿Qué plan se supone que tienes en mente?" preguntó el chico, cortando un trozo de patata a la mitad con el tenedor y llevándoselo a la boca.
"¿Ahora mismo? Matar a Colagusano. ¿Es tan difícil conseguir un espejo como el que tienes con Sirius?"
Harry no evitó reír. Hermione le miró preocupada.
—Harry, ¿estás bien?
—Sí, sólo… recordé algo que sucedió con Cylean —y compuso la mirada más triste que pudo. Hermione pareció tragárselo.
—Oh —le dio una sonrisa infundiéndole ánimos—. Estará bien. Puedo jurarlo.
"¿Harry?"
"Me has hecho reír. Tuve que dar una explicación. Estoy comiendo, y de luto por tu desaparición, ¿lo olvidas?"
"Me disculpo".
"De todas formas, creo que es mejor que no consigas el espejo. A mis compañeros de habitación les resultará extraño que el Señor Oscuro le deje a su prisionero comunicarse así tan campante con su novio".
"Sí, tienes razón. ¿Pero qué puedo hacer? Extraño verte".
"Tienes una copia de nuestra fotografía".
"Está empapada en sangre. Y no es lo mismo".
Harry se estremeció.
"Lo siento".
"Añoro ver ese nido de pájaros que tienes por cabello".
"¡Oye! Mi cabello es genial".
"Sí, claro. Esa ni tú te la crees".
"Me guardaré los comentarios".
Harry quedó en silencio, comió un poco más y dejó que su cabeza zumbara con los recuerdos de la clase de Sirius, intentando que de algún modo así Tom les viera y le dijera algo al respecto. Pero no hubo respuesta. Cuando acabó de comer se levantó y caminó hasta la torre de Gryffindor, decidido a tener una buena charla con su novio a costa de perderse una clase, pero Tom seguía sin responder.
"¿Tom? ¿Puedes responderme? ¿Tom?"
Harry comenzó a desesperarse.
Y Tom no respondió en lo siguiente del día.
Recién al anochecer, cuando Harry estaba prácticamente cayéndose de la escoba en la práctica de Quidditch, oyó la voz de Tom en su mente.
"Harry".
Todo su cuerpo se relajó y suspiró aliviado.
"Tom, ¡diablos! Ahora estoy volando. ¿Qué sucedió? ¿Estás bien?"
"He tenido mejores días".
Sonaba desanimado. Agotado en extremo.
"Cuéntame".
"Más tarde. Ahora estás volando, y no quiero que te caigas de la escoba, ¿vale?"
"Vale".
Cuando acabó el entrenamiento Harry, como capitán, dio unos buenos consejos a sus jugadores. Delmeza Robins había jugado de forma radiante, y Ginny había sido aún más buena. Su equipo había triunfado, y en unas fechas jugarían la final contra Slytherin. Y ganarían. Harry estaba seguro de ello.
Cuando llegó a la Torre de Gryffindor cogió ropas limpias y fue hasta el baño de Prefectos. Lo cargó de espuma y se relajó contra el agua caliente, dispuesto a ponerse al día con Tom.
"¿Qué tal tu día, Tom?"
"Agotador. ¿El tuyo?"
"Estamos igual. Estaba esperando que me respondieras. Lo que vino bien a mi fachada de alma en pena".
"Eres taaan gracioso, mira cómo río", le dijo con claro sarcasmo. "Lo lamento. Se me presentaron… dificultades".
"¿Dificultades?" Harry alzó una ceja. "¿Qué tipo de dificultades?"
"Uff. Simplemente, uff" la voz mental de Tom sonaba hastiada. Era una voz diferente a su voz normal, una voz grave y rasposa, ácida, pero al mismo tiempo atrapante. Era como la voz del mismísimo demonio. "Organicé una reunión de mortífagos hoy. Todos ellos estaban entusiastas. Pensaban que íbamos a hacer un ataque suicida a Hogwarts. Entonces, les dije que necesitaba la colaboración de algunos de ellos, muy selectos, para que protegieran algo. Obviamente, a mí, en versión Cylean. Escogí a los peores y tuve muchas réplicas. Les dije que si fallaban, les mataría; fallarán, y me los podré quitar de encima".
"¿Ya estás planeando tu rescate?"
"Paciencia, mocoso. Tengo algo en mente. Ya verás cuando sea el tiempo".
Harry se relajó contra el agua caliente. Comenzó a enjabonarse el cuerpo y oyó la suave risa de Tom.
"No puedo creer lo descarado que eres. ¡Te estás bañando!"
"También he tenido un día largo".
"¿Has batallado con Mortífagos enfadados porque no les escogiste a ellos para darles muerte?"
"No, pero…"
"No justifica. Ahora mismo me recompensarás por estar hastiado de todos y de todo".
Harry puso los ojos en blanco.
"Bien. ¿Qué hago?¿Te ruego perdón?".
"Tengo una idea mejor" Harry pudo sentir algo extraño cruzando la conexión, y de pronto, fue capaz de ver a través de los ojos de Tom. Se encontraba en una mullida cama de sábanas blancas y paredes de empapelado verde oscuro. Pero lo que más llamaba la atención era que se estaba quitando las túnicas, como si fuera a meterse en las sábanas, cosa que hizo a medias, dejando parte de su entrepierna descubierta. "Ahora, Harry Potter, te tocarás para mí. ¿Tienes tu varita a mano? Será mejor que pongas muchos hechizos silenciadores".
Harry rió y lanzó varios hechizos de privacidad hacia la puerta y las ventanas. Si Tom quería que lo complaciera de esa manera… lo iba a hacer.
.
Estaban a finales de Abril cuando sucedió.
Harry se había ido a dormir pacíficamente. Ya casi se cumplía el mes del secuestro de Cylean Rousseau, y nada habían podido hacer para traerle de vuelta. Dumbledore había citado a Harry para pedirle que bajara sus barreras oclumantes para dejar entrar a Voldemort en su mente, barreras que Harry sólo tenía arriba para evitar los entrometimientos del viejo director. Y de Snape. Sobre todo de Snape.
El arisco profesor de pociones le había estado torturando. Harry se excusaba para no hacer los deberes ya que sin la ayuda de Tom eran horribles, pero Snape le quitaba punto por punto a Gryffindor, punto por punto que Sirius, por su parte, devolvía. Con sólo irse a quejar con él que el enorme murciélago le había quitado puntos injustamente Sirius le daba el doble. Pero no pensaba abusar.
Esa noche había sido diferente.
Estaba soñando. Soñaba que volaba en la noche, y que había visto una snitch, y aceleraba el vuelo, en busca de ella, y entonces la snitch desaparecía, todo desaparecía, y se encontraba entrando a una habitación, bajando unas empinadas escaleras y encontrándose con un cuerpo encogido en sí mismo.
Harry le reconoció. Era Cylean Rousseau, pero su cabello estaba sucio y desgreñado, y sus ojos estaban inyectados en sangre. Estaba delgado y consumido, y vestía una túnica sucia y raída.
—¡Crucio! —dijo la voz clara de Voldemort. Y Harry le observó, a través de los ojos del Señor Oscuro, torturar a aquel hombre. Pero no podía ser. ¿Qué se supone que era? ¿Una prueba? ¿Un reto? ¿Un castigo? Los gritos de Cylean Rousseau se oían por las paredes, trepaban y resonaban. Eran gritos de verdadero horror, hasta que todo quedó en silencio, con un hombre consumido, jadeando en busca de aire, patético, llorando con todas sus fuerzas.
El brujo oscuro repitió la maldición imperdonable una y otra vez, y Harry fue arrancado de aquel sueño cuando algo helado le cayó en el rostro.
—¡Harry! ¡Despierta! —Ron le sacudía con fuerza. Harry jadeó, totalmente despierto, con las imágenes zumbándole en el rostro, el pánico, el dolor… No era Tom, Tom era quien le estaba torturando, no era Tom, Tom era quien le estaba torturando…
Repitió aquello como un mantra, pero le fue imposible calmarse.
—¡Harry! ¡Por Merlín! ¿Qué sucedió?
Harry sentía que las lágrimas le caían por el rostro cuando comprendió lo que había sucedido. El plan estaba en marcha. Lo había olvidado.
—Voldemort —musitó—. Estaba torturando a Cylean. Están en una mansión, una casa muy grande, donde está en tapiz de los Black en la pared… Pero no es Grimmauld Place…
—Ven, Harry —Neville le ayudó a levantarse además de alcanzarle los lentes—. Tranquilo. Vamos a hablar con Sirius. Y con Dumbledore. Vamos.
—No, no… —Harry negó, enterrándose las manos en los cabellos. La desesperación que le consumía era fuerte, total, el corazón le latía con fuerza en el pecho, temblaba con furia, con ira, con dolor—. No, él está, lo están…
—Tranquilo, Harry. ¡Vosotros! —Neville señaló a todos—. Id a buscar a McGonagall y Dumbledore. YA.
Ron, Dean y Seamus se levantaron y así, en pijamas, echaron a correr rumbo a la puerta. Harry observó el reloj. Eran las tres de la madrugada.
—Harry, ¿qué sucedió? —preguntó Neville. Pero antes de que Harry pudiera responder, otra voz respondió por él, una voz que Neville reconoció y se echó hacia atrás.
—Es simple, Longbottom. Es hora de que Cylean Rousseau vuelva a Hogwarts. Hemos ideado un plan. ¿Nos apoyarás?
Neville contempló a Harry como si no creyera a la voz extraña y demasiado grave que había salido de su garganta.
—Sí, por supuesto —dijo, y Harry sonrió temblorosamente. Neville le pasó los brazos por el cuerpo y le abrazó con fuerza mientras los demás llegaban.
La fiesta estaba por comenzar.
.
El plan estaba compuesto por varias fases. La primera fue la Visión. La segunda sería la Reacción. La tercera sería la Acción. La cuarta sería La Entrega. La quinta… bueno, no había planeado seguir con vida en la quinta, por lo que tocaba improvisar.
Por suerte iban por la segunda fase.
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Dumbledore, McGonagall y Sirius le hicieron calmarse. Le dieron una poción para relajarse, y Harry relató con voz temblorosa.
—Estaba en una mansión… lo estaban torturando… Voldemort le estaba torturando…
Dumbledore asintió gravemente. Miró a Sirius, y Sirius miró a Harry en todo momento. Harry sabía que su padrino quería mandar todo al diablo y preguntarle si estaba fingiendo, y regañarlo por preocuparle, pero no lo haría porque tenía una fachada que mantener. Estaban seguros de ello.
—¿Has visto alguna seña particular del lugar? —preguntó Dumbledore con voz calmada—. ¿Un lugar, un nombre…?
—Había un tapiz de los Black —dijo rápidamente Harry—. En una pared que iba hasta el sótano. Parecía un salón.
Sirius fue aprisionado por dos miradas terroríficamente idénticas.
—Los Black tienen una mansión en York. Pero está inhabitable.
Dumbledore volvió a virar hacia Harry.
—¿Estás seguro de que se veía un tapiz de los Black?
—Lo estoy, señor. Reconocí el escudo de armas.
Dumbledore asintió con seriedad y contempló a Harry a los ojos. Harry puso aquella imagen fuera de su escudo Oclumante, mostrándole al director lo que quería ver. Luego de la intromisión en su mente Dumbledore se retiró y asintió a McGonagall.
—Debemos ir allá.
—¡Yo quiero ir! —saltó Harry. McGonagall le contempló con una extraña mirada de lástima en su normalmente duro semblante.
—No creo que sea conveniente, Potter —dijo ella, con voz clara. Dumbledore le dio la razón.
—No, Harry. Te quedarás en Hogwarts, con Sirius.
—¿Por qué yo tampoco puedo ir? —preguntó él, frunciendo el ceño. Dumbledore le contempló como si fuera la amabilidad personificada.
—Porque debes cuidar de Harry.
Sirius se mordió el labio, pero al ver que Harry no insistía, no dijo nada.
Algo debería tener planeado.
Y, efectivamente, todo estaba saliendo como debía salir.
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Tercera fase: Acción.
Vaisey llegó junto con Draco Malfoy a las habitaciones de Cylean Rousseau, ahora de Sirius Black, ambos bajo la capa de invisibilidad de Harry.
—Definitivamente quiero una de estas —dijo el mayor—. Es muy útil.
—Si me dejaras de pisar, pedazo de… —comenzó Malfoy, gruñón por haber sido despertado a estas horas de la madrugada.
—Calmaos —regañó Harry. Ambos guardaron silencio—. Estáis aquí como miembros oficiales del Aquelarre. Me alegra que ambos durmierais con los brazaletes que os di —Harry señaló su propio brazalete, una fina correa de cuero con una gema verde colgando—. Es efectivo, ¿no creéis?
—Potter, la puta gema me quemó el brazo —y para demostrarlo, Draco se levantó la manga un poco para dejar ver la mancha de quemadura que se encontraba justo donde caía la gema.
Harry rió.
—Ups. Bien, vale, lo lamento. Vaisey, ¿tienes quejas?
—Ninguna, Harry Potter.
—Bien. Estáis aquí como miembros del Aquelarre. Esta noche haremos nuestra primera presentación a la sociedad.
A Draco los ojos casi se le salieron de las órbitas.
—¿Qué…? ¿Aquí? ¿En Hogwarts?
—No, idiota —Vaisey puso los ojos en blanco—. He de suponer que vamos a salir del castillo para ir en busca de Cylean Rousseau. O enfrentarnos a los que vayan a buscarlo a él, para luego entregárselos.
Harry le miró con los ojos como platos.
—Vaisey, ¿consideraste la carrera de Adivino?
—No, es solo inteligencia —y le guiñó el ojo. Harry puso los ojos en blanco.
—Muy bien —continuó—. Creedme, este plan lo he repasado varias veces, y no puede fallar. Esto haremos —se inclinó sobre ellos para susurrar con velocidad los pasos a seguir durante varios minutos—. ¿Dudas? —preguntó, luego de acabar de hablar.
Ambos negaron. Harry sonrió.
—Muy bien. Dejadme presentaros a dos miembros más del Aquelarre —llamó a la puerta de la habitación y Sirius salió, seguido por Neville—. Ellos vendrán con nosotros. Ya saben el plan y los pasos a seguir.
Sirius estaba inusitadamente serio. Tenía los cabellos húmedos y una túnica de un gris oscuro, además de llevar en sus manos unos juegos de túnicas idénticos pero de menor tamaño. Neville vestía igual, y cargaba una caja de terciopelo en sus manos.
—Estas máscaras —dijo Neville, dejando la caja sobre una mesa ratona en el centro del recibidor—, son de Mortífagos, ¿no, Harry?
Harry asintió.
—Sí, lo son, pero les haré un par de modificaciones. Pasadme una —Neville le alcanzó una con la punta de los dedos, claramente molesto de tener que coger una con las manos desnudas, como si tuvieran veneno. Harry la cogió y la señaló con su varita, pronunció unas palabras y transfiguró la máscara de Mortífagos en una máscara totalmente negra, con la estructura ósea facial marcada, sonrisa y ojos blancos. Se la alcanzó a Neville para hacer lo mismo con las otras máscaras—. Estas máscaras —dijo Harry, con voz clara una vez que hubo terminado la transfiguración de todas ellas— sólo podréis quitárosla vosotros y yo. Nadie más. No hay forma de que alguien que no sean vosotros o yo pueda quitárosla.
Los cuatro asintieron con severidad. Sirius les alcanzó las túnicas.
—Cambiaos, ahí tenéis la habitación —señaló. Ambos asintieron. Cogieron una túnica y se digirieron a la habitación, oyendo un sonoro "¡No toquéis nada!" de parte de Harry.
Vaisey se volteó y sonrió.
—Me aseguraré de tocar todo lo que esté a mi alcance. Y con eso, me refiero a Draco Malfoy también.
Draco le cerró la puerta en la cara. Vaisey intentó abrirla, pero le había echado el seguro. Bufó y procedió a cambiarse en medio del recibidor.
Sirius y Harry se vieron obligados a apartar la vista, Harry en honor a su relación, Sirius repitiéndose que era un chiquillo de diecisiete años.
Una vez con las túnicas puestas rodearon a Harry, como si esperaran que él les dijera qué hacer. Harry les dijo que le esperaran allí unos instantes y se encerró en la habitación. Cogió túnicas de Cylean, negras y ajustadas, para concentrarse en su imagen frente a espejo. El cabello se aliso y alargó hasta los hombros, y se concentró aún más para crecer los centímetros que le harían alto y definitivamente diferente. Entonces, decidió ir más lejos aún, ya que según sabía su máscara podía ser arrebatada en cualquier momento: modificó su rostro. Empalideció su piel, afinó sus cejas y las arqueó, ocultó su cicatriz, aclaró sus ojos de verde oscuro a verde azulado, se aplicó un hechizo de aumento en los ojos para deshacerse de los molestos lentes. Le dio un toque de relleno a sus labios y contempló la obra: no lucía como él. Sí, había un aire en la forma del rostro, la barbilla y la forma de los ojos, además de la nariz, pero nadie que le quitara la máscara vería a Harry Potter en aquellos rasgos aristocráticos.
Se calzó la máscara y la capucha. Dejó caer el cabello a ambos lados del rostro. Ladeó la cabeza un poco y sonrió, preparado para salir.
Tan pronto Sirius le vio se le cayó la mandíbula.
—¿Harry? —dudó, aun boquiabierto. Harry se quitó la máscara y puso los ojos en blanco. La mandíbula de Vaisey pareció caer ahora. Malfoy tuvo más dignidad.
—Vaya, ¡Potter! ¡Qué escondidito lo traías! —burló Draco, con una sonrisa burlona que no le quitaba el brillo maravillado de los ojos. Harry caminó con seguridad hasta donde Draco estaba. Con su nueva estatura, le sacaba una cabeza.
Le dio con el dedo en el pecho, e inmediatamente Draco retrocedió, con las mejillas encendidas.
—Mucho mejor, Malfoy —siseó Harry, con voz grave. Neville rió.
—Debo admitir que luces bien, Harry. Muy maduro, un digno compañero de Voldemort.
La sonrisa de Harry era radiante, no coincidía con su rostro. Era como la sonrisa inocente de un niño en el cuerpo de una criatura pecadora.
—Me alegra que puedas pronunciar su nombre, Neville.
—Desde que sé que comparte cama contigo no le temo tanto.
Harry se carcajeó.
—¿Qué hora es? —preguntó Sirius—. Los planes de Dumbledore era arribar allí antes del amanecer.
—Son cerca de las cuatro. Podemos llegar y preparar todo. Ellos llegarán sobre las cinco, o seis, he de suponer —Harry puso los ojos en blanco ante aquello; si Cylean hubiera estado verdaderamente en peligro, ya estaría muerto—. Es decir que vayamos partiendo. Neville, ¿trajiste el Mapa?
Neville desplegó el Mapa del Merodeador y buscó con la mirada.
—Dumbledore no está en ningún sitio.
—Estará en Grimmauld Place organizando la partida. Ya se habrá comunicado con todos los miembros de la Orden posibles. Tenemos tiempo. No volverá hasta tener a Cylean Rousseau.
—Bien. Dejadme poner algunas medidas de seguridad y vamos.
Sirius tocó la puerta con la varita y pronunció una contraseña nueva. Harry no alcanzó a oírla, pero sabía que era una medida de seguridad contra los que quisieran adentrarse allí. También echó varios conjuros para evitar que la puerta fuera abierta y luego extrajo un extraño collar desde su bolsillo.
—Calzaros las máscaras, subiros las capuchas y sujetad el collar —ordenó Harry, mientras él mismo se calzaba su máscara. Un segundo antes de sujetarlo hizo una mueca y pronunció—: ¡Esperad! —antes de echar a correr rumbo a la habitación, abrir con pársel el baúl secreto de su profesor y extraer una varita de tejo con forma de hueso que Tom no había tenido encima en el momento de su secuestro. La guardó en su bolsillo y volvió—. Lo lamento. Ahora sí.
A pesar de que no pudo verlo, casi se imaginó los ojos en blanco de Draco, Vaisey, Neville y Sirius.
Sirius pronunció, con voz clara y fuerte: "Luces del norte" y sintieron sujeción, vértigo, para desaparecerse llevados por el traslador.
Llegaron y en aquel momento oyeron las voces de la batalla, sintieron la vibrante magia atravesando las habitaciones más lejanas. Harry suspiró y dio unas órdenes rápidas.
—Manteneos seguros. Tened cuidado. Que no os hieran. Debéis proteger la puerta de la habitación del fondo.
—Eh, no conozco el lugar —reconoció Neville.
—Yo tampoco —enunció Vaisey.
—Yo sí —Draco se encogió de hombros—. Tía Bellatrix me trajo. Ella hizo que el viejo elfo doméstico que tenía cuando niña, Kreacher, le pusiera en orden.
—Bien. ¡Sirius, no es momento para despotricar contra el viejo elfo! —regañó—. Vosotros tendréis nombres. Sirius, serás Canis. Sí, te llamaré así porque quiero y porque puedo. Vaisey, serás Vasili. Draco, Spunk. No, no te diré por qué, no preguntes porque te mataré si lo haces. Sí, puedo matarte, cierra la boca; ¿qué cómo sé que la tienes abierta? Soy más inteligente, más guapo y efectivamente más poderoso que tú, puedo saber cosas tan básicas como esas… Pues te callas igual. Neville, serás Lion. Ninguna discusión, ahora, ¡marchaos!
Caminaron dignamente hacia los sonidos de batalla. Todo cesó unos instantes al ver a las figuras que se encontraban. Eran cinco, con Érebo a la cabeza, que se paraba con un digno movimiento. Levantó la varita en forma de hueso, la cual se sentía extrañamente cómoda en sus dedos, tal vez por el núcleo gemelo, y maldijo un par de veces con maldiciones no verbales a los primeros miembros de la Orden que vio. Disfrutó especialmente de maldecir a Mundungus Fletcher, que se veía demasiado descolocado en aquel lugar, como si estuviera allí solo por compromiso u obligación.
Tocó su cuello con la varita y las palabras vibraron.
—Deteneos. Ahora.
Los Mortífagos detuvieron su lucha en un susurro descontento. Los miembros de la Orden parecieron quedar estáticos, como detenidos por una fuerza invisible.
—¿Qué ha sucedido aquí? —las palabras fueron susurradas a aquellas mentes de todos los presentes. Érebo observó con la inexpresiva máscara como, detrás de él, aquellos que habían venido con él, los miembros del Aquelarre, parecían repentinamente intimidados.
—Joven señor, ellos han atacado —dijo servilmente Rabastan Lestrange. Érebo chasqueó la lengua.
—Una acción muy injustificada de parte de la Orden del Pavo Quemado. Oh, lo siento, la Orden del Fénix —soltó una risa extraña y grave, resonante, y Mundungus Fletcher retrocedió hasta que su espalda dio contra una pared—. ¿Por qué estáis aquí?
—Hemos venido en busca de uno de los nuestros —dijo valientemente Andrómeda Tonks. Érebo la contempló apáticamente. La mujer tenía los ojos enrojecidos y las lágrimas resecas le brillaban en los ojos. Harry contempló un cadáver en el suelo, con los ojos bien abiertos, y reconoció a Ted Tonks en el lugar.
—¿Y por qué creéis que es aquí donde está? —preguntó Érebo con apatía—. Podría estar en cualquier sitio.
—Sabemos dónde está —una mujer de cabellos negros y ojos oscuros avanzó un paso para poner la mano sobre el hombro de Andrómeda—. Vosotros le tenéis.
Érebo soltó un suspiro.
—Sí, es verdad. Tenemos a alguien de vuestro lado que, sinceramente, ha dejado de ser útil en el momento que supimos que lo único que enlaza a este hombre con Harry Potter es una poción de amor.
La mujer soltó un jadeo cortó.
—Eso… eso es… —dijo en voz débil Andrómeda—. Pero él…
—Guardaos vuestras dudas —Érebo avanzó un paso y la Orden del Fenix se puso en guardia—. No os atacaré. No estoy de vuestro lado, pero tampoco estoy en contra de vosotros.
—¡Eres un asqueroso Mortífago! —bramó un miembro de la Orden, alguien que Harry sólo conocía de oírlo nombrar: Sturgis Podmore.
La risa de Érebo puso el vello de gallina.
—No, te equivocas, Sturgis. No soy un Mortífago. Soy Érebo. Y estoy de mi propio lado en esta guerra.
—¿Pero qué estáis haciendo? —gritó con ferocidad otro miembro de la Orden. Harry notó que habían reclutado a muchos cuyos rostros y nombres no conocía durante estos últimos tiempos—. ¿¡Por qué no atacáis!?
Claramente acababa de despertar de alguna maldición, Érebo desconocía si había sido lanzada por él o por algún Mortífago. Por la fea hemorragia que tenía en la cabeza, creía que por un Mortífago.
—Porque yo lo digo —anunció Érebo.
El hombre se levantó y dirigió una maldición hacia Érebo. Antes de que él moviera la varita de Voldemort, Canis se puso delante de él y repelió la maldición sin hablar. Se apartó con una inclinación respetuosa de cabeza.
—Nosotros no somos Mortífagos. Nosotros somos el Aquelarre. No tenemos malas ni buenas intenciones, y si no nos atacáis primero, no os atacaremos. No tenemos motivos para ser hostiles. Y vosotros, vasallos del Señor Oscuro, no debéis poneros al nivel de alguien que es capaz de atacar en vez de pedir por las buenas que le den la debida libertad a una persona.
Los Mortífagos rieron. Algunos llevaban capuchas y máscaras, otros tenían los rostros descubiertos, entre ellos algunos de bajo rango que Harry sólo conocía de vista.
—¿Queréis de vuelta a Cylean Rousseau? Bien. Spunk, Canis, ir en su busca. Se encuentra bajando las escaleras. La contraseña de la puerta es Zesha.
Los Mortífagos miraron confundidos como ambos hombres avanzaban con las espaldas erguidas y los rostros cubiertos en alto hasta las escaleras. Érebo se permitió mirar a ambos bandos, todos habiendo quedado helados ante la voz. Era un efecto que había leído en el libro sobre cómo conjurar aquel encantamiento de voz mental: una vez que le oían, un efecto secundario era que parte de los pensamientos que se tenían mientras se utilizaba el encantamiento eran traspasados a las personas. Si pensabas en que deberían hacerte caso, ellos lo hacían. Era casi como un hechizo de Impulsión. Trabajaba con la mente. Y era absurdamente desconocido y fácil.
—No… no… soltadme… no —Érebo ladeó la cabeza e intentó no aterrorizarse. Igualmente su corazón se encogió. Cylean tenía el cabello despeinado y sucio, las túnicas manchadas de sangre y el rostro consumido. Sus brazos eran palillos, y sus piernas finas masas huesudas, con las ropas quedándole varios tamaños más grande.
—¡Al Señor Oscuro no le gustará que tomes esta decisión por él! —gritó una voz que Érebo reconoció.
—Odile, cállate —ladró, con una risa hueca—. Él está de acuerdo conmigo en que este hombre no sirve de nada. ¿Para qué nos serviría, si lo único que tiene es falsedad? Ni siquiera ama de verdad. Ni siquiera es amado de verdad. ¿Podríamos romper algo que nunca estuvo entero?
Canis y Spunk soltaron a Cylean Rousseau, que cayó de morros al suelo, sin fuerzas para levantarse por él mismo.
—Levantadlo —dijo la voz clara y audible de Albus Dumbledore. Érebo observó a través de su máscara al anciano, e ignoró claramente cómo era levantado de los suelos Cylean Rousseau por Remus Lupin y Emmeline Vance.
—Tranquilo —oyó la voz de Emmeline, diciendo en voz baja—. Tranquilo.
—Harry —susurró Cylean, tan bajo que Harry apenas lo oyó—. ¿Cómo está Harry?
—Bien —respondió Remus, pasando el brazo de Cylean—. Quédate tranquilo. Lo buscaremos cuando estemos en casa.
Érebo no evitó reír.
—¿No es patético? Como finge su preocupación… Ha mentido tanto que ya cree su propia mentira.
Los Mortífagos rieron. Rieron fuerte, como si comprendieran, como si lo tuvieran todo perfectamente entendido. Aunque claramente no alcanzaban a comprender mucho. ¿De qué deberían reír? ¿De qué?
—Dejad que nuestros invitados se vayan —ordenó Érebo, con aquella voz fría—. No tenemos por qué arriesgar nuestro tiempo en una batalla ganada. Vosotros, iros. Ahora. Antes de que me arrepienta.
La Orden del Fénix tomó la retirada. Fueron desapareciéndose de uno en uno, y el último en marchar fue Albus Dumbledore, que le sonrió a Érebo como si estuviera encantado de conocerlo.
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La Entrega resultó ser fácil, y más rápida de lo que pensaron. Y pronto estaban en la quinta fase, y les tocaba retirarse.
—Retiraros —ordenó Érebo fríamente—. Todos vosotros.
Los Mortífagos se fueron desapareciendo de uno en uno. Entre ellos quedó una muy enfurecida Odile Moody, la sobrina del famoso Auror, que con su ralo cabello color paja parecía lamentar no haberle lanzado una imperdonable a su tío. Ella se encaminó hacia Érebo con una fiereza atronadora.
—¿Por qué les dejaste ir? —chilló—. ¡Eran nuestros! ¡Podríamos haberlos hecho pedazos!
—Estaba Dumbledore entre ellos —habló Sirius, adelantándose—. Ese hombre no se hubiera entregado sin luchar. Y es mucho mejor, porque este Cylean Rousseau no valía la pena.
Odile chasqueó la lengua.
—¡Sois unos estúpidos! —gritó—. ¡Es imposible que se nos presentara una opción mejor! ¡Cuando el Señor Oscuro se entere…!
—Calla, niña estúpida —siseó Érebo, hablando con su voz real—. ¿Crees que no lo he meditado con tu Señor? ¿Qué no lo hemos hablado? Todo está perfectamente ideado. Forma parte de un plan incluso que le vengan a buscar aquí. ¿Crees, de otra manera, que hubieran utilizado una ubicación en la que fuera fácil desaparecerse por la ausencia de escudos mágicos?
Odile calló. Apretó los labios, y se marchó, desapareciéndose con un sonoro sonido.
Quedó otra rezagada. Tenía capucha y máscara. Se acercó y habló:
—Quisiera hablar a solas con usted, joven señor.
Érebo asintió.
—Canis, Spunk, Vasili, Lion, esperadme en la habitación en la cual hemos llegado. Nos retiraremos tan pronto acabe esta conversación —les dijo con su voz natural. Ellos asintieron y se marcharon por el alargado pasillo hasta cruzar la puerta.
Érebo se volvió hacia la Mortífaga, que ante su sorpresa se quitó la capucha y la máscara, revelando un rostro conocido, unos cabellos rosados, unos ojos cargados de lágrimas.
—Harry —susurró ella—. Harry, oh, Harry, sólo tú puedes ayudarme ahora…
Tonks se aferró a él como si fuera una salvavidas, la calma en medio de la tempestad. Y lloró.
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—¿Quién era? ¿Qué quería? —preguntó Sirius, quitándose la máscara, tan pronto estuvieron de vuelta en Hogwarts. Harry se deshizo de su máscara y fue alterando su aspecto hasta lucir como él mismo. Vaisey contempló el cambio con un brillo en los ojos demasiado perturbador para Neville, que apartó la vista del Slytherin mientras se deshacía de su máscara.
—Nada importante. Esperaba que le dijera por qué les había dejado ir, pero ella fue mucho más tranquila que Odile.
—Odile es una oveja descarriada —bufó Sirius—. Alastor la crió como si fuera su hija, y ella se hizo una Mortífaga apenas alcanzó la mayoría de edad. Fue una decepción.
—Sirius, acabas de venir de una guerrilla del Aquelarre —le recordó Harry—, y dices que Odile es una oveja descarriada.
Sirius puso los ojos en blanco.
—Yo —remarcó— no soy un Mortífago.
—No. No lo eres —aceptó Harry—. Pero estás muy cerca de ello. Casi más cerca que yo, diría.
—¡Oye, Harry, yo no…!
—Lo sé, lo sé, ahora cállate —Harry le sonrió con ternura—. Draco, Vaisey, será mejor que regresen a la Sala Común. Cambiaos. Podéis volver a llevaros mi capa de invisibilidad. Draco, tú te la quedarás.
—¿Por qué yo no? —preguntó Vaisey, claramente ofendido, mientras se desabotonaba la túnica gris con todo el descaro del mundo.
—No es que no confíe en ti, Vaisey, pero no confío en ti. Créeme.
Vaisey le miró como si fuera idiota pero no dijo nada. Recogió sus pijamas y túnicas del suelo y se lo calzó todo sin mirar bien. Harry volvió a evitar mirarlo.
Neville se recostó en el sofá y bostezó.
—Ha sido una noche larga —bufó. Harry le sonrió.
—Bien. Pero, Neville, quería hacerte una pregunta… algo personal —Harry se mordió el labio. Tom había hablado con él sobre el tema y a pesar de que Harry creyera que sería algo que Neville no querría, no se jactaba de conocer muy bien a Neville.
—¿Sí? —Neville ladeó la cabeza. Harry conjuró un Muffliato y se acercó a él.
—Tú… ¿deseas algún tipo de venganza por lo sucedido a tus padres?
Neville empalideció.
—¿Estás diciendo que tú…?
—No yo —le susurró Harry—. Tom dice que si quisieras, tú mismo podrías cobrar venganza.
Neville se mordió el labio.
—No lo sé —suspiró—. Es… difícil decir eso. No creo nunca haber querido venganza, pero, diablos, supongo que estaría bien.
Harry rió.
—Quién diría que eras tan oscuro, Nev.
Neville le sacó la lengua.
—No se trata de oscuridad, Harry. Se trata de vida. La vida es lo que nos moldea, no la luz y la oscuridad. Si me hubieras preguntado hace un tiempo, te hubiera dicho que no sin pensarlo dos veces, porque jamás se me hubiera pasado por la cabeza hacerle a alguien algo malo. Porque así había sido mi crianza. Pero, todo este último tiempo la vida me ha mostrado muchas cosas: que se puede amar a la persona que odiabas, y que se puede odiar a las personas que creías amar. No digo que odie a mi abuela, Harry, pero ella… no me quiere a mí, quiere a mi padre. Y me ha menospreciado todo el tiempo, incluso ahora, de momento lo hace por cartas. Y, diablos, yo puedo vivir mi vida independientemente de lo que hayan hecho mis padres. Te seguiré, Harry. Y, si puedo cobrarme a Bellatrix, lo haré.
Harry sonrió.
—Eres guay, Neville —canceló el Muffliato a la vez que veía a Draco acercarse con Vaisey, ambos con los pijamas y las túnicas sobre ellos.
—Vayan a dormir. Lo necesitan.
Ambos se fueron musitando unas palabras vagas, aunque Harry pudo ver que ambos estaban ligeramente impresionados por lo sucedido media hora antes. Neville también se cambió a su pijama, mientras Sirius y Harry miraban a otro lado. Harry imitó sus movimientos, volviendo a ponerse su pijama a cuadros rojos y dorados, un bonito regalo de Tom.
—Toma esto, Harry —Sirius le alcanzó una botella pequeña de poción para dormir sin sueños—. Será mejor que te duermas con esto y estés dormido para cuando Dumbledore regrese.
Harry asintió y se tendió en el sofá. Bebió de dos tragos el contenido y no demoró en caer dormido.
Sirius suspiró.
—Es increíble. Estoy flipando —jadeó Neville, tan pronto Harry comenzó con una respiración profunda y calmada, la respiración del sueño—. No puedo creer que acabe de estar en la misma habitación que un grupo de mortífagos. Y no atentaron contra mi vida. ¿Acaso has visto cómo respetaban a Harry? Le tenían miedo.
Sirius asintió mientras recogía las túnicas y las máscaras para arrojarlos al fondo de un baúl. Cogió las túnicas negras de Harry y encontró la varita de tejo en el bolsillo. La sostuvo en sus dedos vacilante, unos largos segundos, contemplando la forma, las marcas, las muecas.
—Y pensar que esta varita ha matado a James y a Lily —susurró Sirius—. Y Harry ama a quien sostuvo esta varita para matarles.
—¿Guardas rencor? —preguntó Neville, sentándose sobre el apoyabrazos del sofá donde Harry dormía.
—¿A Voldemort? Por supuesto. Pero no puedo guardarle rencor a Tom. Sé que son una sola persona, pero… hace feliz a Harry como nadie podría hacerlo. Incluso si creyera que era solo Amortentia, Harry era libre, feliz. Feliz como nunca lo ha sido. No puedo odiar a alguien que le da felicidad a alguien que amo.
—Es por eso que tampoco puedes odiar a Tonks, ¿verdad? —Neville ladeó la cabeza, curioso. Sirius se sobresaltó.
—¿Qué estás…?
—No me digas que no tengo la razón —Neville le sonrió ligeramente—. Amas a Remus. Y él te ama a ti.
Los ojos de Sirius brillaron. Sus ojos fueron hacia su mano, en la que el anillo opaco relucía, y negó con la cabeza.
—Él no me ama. No sé qué estás diciendo.
Neville rió con una risa demasiado poco propia de él.
—¡Él te ama, Black! No tienes idea de cuánto. Pero por algún tipo de razón, no cree que sea bueno para ambos estar juntos. Yo lo sé. Sé muchas cosas que nadie pensaría que puedo saber… ¿quién creería que yo puedo saber algo? Pero lo sé. Esta es una de las cosas que sé.
Sirius apretó los labios con fuerza.
—Creo que quiero estar solo un momento.
—Bien —aceptó Neville—. Estaré en la habitación, veré si puedo dormir un poco.
Sirius asintió de forma ausente. Había algo que se escapaba de su conocimiento, una laguna. Había encontrado su anillo en una caja de madera cargada de viejos recuerdos: libros que Remus le había regalado, hojas con anotaciones de sus épocas de clase, sus mejores bromas… El anillo había estado al fondo, pulcramente oculto, como si hubiera querido olvidarlo. Lo extraño era que Sirius no le recordaba. Recordaba, o tenía la sensación, de que Remus se lo había obsequiado, pero luego no recordaba exactamente qué había sucedido… y una sensación de angustia le trepaba por la garganta, le subía por el pecho y le hacía temblar. Opresión. Molestia. Dolor. Quería a Remus. Y quería respuestas.
Pero no obtendría ninguna de las dos. Nunca.
O bien, eso creía.
gggg AMAZING! *léase con voz de Victor Nikiforov* Muy bien, espero que les haya gustado el capítulo (mucho más largo de los que os tengo acostumbrados) y espero que por favor me dejen un bonito comentario diciéndome qué tal os ha parecido.
Quiero decir que no me gusta la idea de que Érebo sea particularmente malo. Sí, tendrá sus grados de maldad, puedo afirmarlo, y hará cosas muy malas, y muy oscuras, pero no puedo permitir que se transforme en un desquiciado. Voldemort ha recuperado una cordura que creía perdida, así que ahora no la vaya a perder Harry.
Muy bien, me encantaría que me dejaran en vuestros reviews comentarios, como qué os pareció el capítulo, qué tal con la redada, qué tal con el plan y tal. Os agradecería mucho :D
En otras noticias, estoy un poco desesperada. Tengo una idea en mente (una idea bastante buena, de hecho) pero estoy peleando desde hace más o menos unos tres meses con el prólogo y el primer capítulo QUE NO PASAN DE LAS DIEZ PÁGINAS. Así que requeriría alguien que me ayudara un poco (un poco mucho, en realidad) con no sólo este fic, si no con algunas otras cosas más. Todas Tomarry, aunque en este fic particular, Volrry. No pediría mucho, sólo que tuviera un poco de coherencia, buena ortografía, ganas de ayudar y MUCHA IMAGINACIÓN :'DDD Porque mis ideas necesitan ser pulidas mil veces antes de ser expuestas al mundo (lo que, claramente, no ha pasado con OTWO).
Dejo de haceros spam. ¿Merezco un review? ¿Sí? X3 Graciasgraciasgracias a todos por leer. ¡SALUDOS! :D
First kiss just like a drug
Under your influence
You take me over you're the magic in my veins
This must be love~
