Capítulo 36

Sombra

Aquel sótano era empleado como un centro de lavado donde la única lavadora se hallaba trabajando arduamente al tiempo que la ropa recién secada era cómodamente extraída para ser doblada de inmediato y ser puesta plácidamente en un cesto blanco, esperando el momento idóneo para ser doblada y acomodada.

Su intención no era permanecer demasiado tiempo en un sitio tan poco espacioso por lo que rápidamente cargó el cesto, dirigiéndose en automático hacia las escaleras. No obstante, alguien le hizo el favor de llevar aquello por ella.

—Gracias, Gray –Shade empezó a subir en compañía del chico que había tenido tan buen gesto con ella.

—No te preocupes –contestó con normalidad; parecía estar acostumbrado a ese tipo de tareas.

—Ignora lo que te diga Max, ya sabes cómo es él. Y espero que te lleves bien con el resto.

—Sí, no te preocupes. Sé hasta qué momento él bromea y hasta cuándo ya no. Eso de ser viejos amigos trae sus buenas cosas –sonrió divertidamente.

—¿Y piensas quedarte algún tiempo? –cuestionó Shade, observándole de reojo.

—No lo sé, todo depende de qué tan agitada se ponga la situación. Sabes que el clima puede cambiar repentinamente.

—Ya no tienes por qué continuar metiéndote en estas cosas, Gray. Eres libre ya y no debes seguir en esto.

—Está bien, no tienes por qué preocuparte. Y tienes que respetar mi decisión Shade.

—Sí Gray, pero…

—Ya deja de alarmarte tanto Shade, estaré bien –le alentó con un tono de alegría al tiempo que depositaba su mano derecha sobre la cabeza de ella- No has cambiado en todo este tiempo y eso es una noticia muy buena. Me alegra verte después de tanto tiempo –no se resistió de darle un par de suaves palmadas como si se tratara de un pequeño niño que había hecho algo bien.

—A mí también me hace feliz que hayas podido salir sano y salvo. Sin duda eres alguien duro de matar –espetaba burlona-. Y ahora de alguna manera es como si estuviéramos nuevamente en aquella ciudad, divirtiéndonos y sin ninguna preocupación.

—Fueron muy buenos momentos. Bastante divertidos, especialmente cuando terminabas usando ropa de chico y Liam aparecía –le fue imposible ahogar su pequeña risa. Era divertido verle travestida-. Seguramente lo sigues haciendo. Sólo espero que ninguna chica te prefiera vestida así.

—Pues te diré que me gané algunas admiradoras –suspiró llena de desgano-. Nada de lo que deba presumir.

—Siempre nos divertíamos cuando te seguían tus admiradoras.

—A mí no me divertía, nunca lo hará. Pero soportaré tus bromas solamente porque no te he visto en mucho tiempo y Latias está que desborda de felicidad por volver a reencontrarse con su verdadero dueño.

La frialdad de aquella compresa le despertó de golpe, sacándole del trance en el que había caído sin querer mientras meditaba sobre situaciones que muy posiblemente no venían al caso. Lo segundo que habría de hacer era retirar aquel trapo mojado y arrojarlo en otra dirección. No había más motivos para permanecer recostado y simplemente se puso de pie viendo de mala manera a quien le había hecho la broma con serias intenciones de desquitarse.

—No te enojes, sólo te desperté de un modo poco convencional –alegaba Shade dando unos cuantos pasos hacia atrás.

—Suficiente tengo con las macabras ilusiones de Mismagius como para lidiar con tus bromas –dijo Red más malhumorado de lo normal.

—Bueno, bueno, me disculpo, no era mi intención. Hoy estás de peor genio que en otras ocasiones –bajó con ligereza su mirada, recogiendo en breve tiempo aquel trapo-. Te dejaré solo para que no digas que ando molestándote –soltaba a la vez que daba media vuelta y empezaba a marcharse.

—Tú eres una sentida de lo peor –una vez eliminada la pequeña molestia del trapo simplemente retornó a recostarse.

—Hoy no voy a discutir contigo –suspiró como si nada mientras se detenía y le miraba de reojo.

—Entonces debe de haber ocurrido algo bastante interesante durante todo este tiempo que no estuviste aquí. Siempre respondes a cada cosa ofensiva que te digo y ahora simplemente lo aceptas como si nada.

—¿Y dónde se supone que esta esa gorra que me hiciste buscar por todas las tiendas, eh? Que por cierto me costó mis ahorros de casi todo un año –no pensó ni dos veces en retornar y encarar al pelinegro que parecía haberla analizado mejor de lo que pensaría. Y en un parpadeo se agachó frente a él, centrando sus llamativos ojos por completo en él.

—En la casa, allí está más segura. ¿Qué tal si aparece otra loca como tú que quiera quitármela y vuelva a entrometerme en cosas como éstas? No, con esto tengo para lidiar.

—Siento eso…Si no hubiera hecho eso no estarías ni tus amigos ni tú viviendo todo esto… Sus vidas serían más tranquilas y ahora estarían resolviendo otro tipo de problemas –¿a dónde se había ido la pequeña sonrisa que se esbozaba en sus labios hasta hace unos momentos atrás?¿Por qué su mirada se veía llena de arrepentimiento y pesar?

—O conociéndolos a ustedes por primera vez…Porque siento que era cosa segura el tener que toparnos con Sol y los de The White Nightmare –sentenció de golpe; su mirada no dudaba ni por asomo.

—Eso es algo que no sabes con certeza.

—Lo mismo puedo decir de tu afirmación de que nosotros estaríamos mejor de no haberlos conocido. Posiblemente estaríamos en una mala situación por la ignorancia de muchos temas que hemos comprendido gracias a todos ustedes.

Si me lo preguntas, prefiero esta realidad a la que pudo haber existido de no haberlos conocido. Ésa es mi opinión.

—Red…Eres un tonto –al fin una media sonrisa se dibujaba en su rostro. Las palabras recibidas fueron mejor de lo que se había imaginado.

—Y tú mala escondiendo las cosas –lucía extrañamente más relajado, como si se hubiera desprendido de una enorme carga.

—Ya suenas como a mi hermano. Creo que te está haciendo daño el que se relacionen mucho –decía burlona, tomando asiento a su lado-. Aunque tampoco esperaba que él les hablara de Blake y los otros.

—Llámalo confianza o que estamos hasta el cuello en todo este asunto. Aunque estas semanas se han ido tranquilas. Demasiado para el gusto de todos.

—Ellos han de estar resolviendo sus propios problemas. Aunque nosotros seamos sus enemigos directos, también poseen otros con los que deben de lidiar –sus palabras eran lo que menos le interesaban, la única cuestión allí significativa para él, era la peculiar vileza de la chica; ¿en qué momento se convirtió en un mobiliario de descanso y confort? Ella simplemente había depositado felizmente su cabeza sobre el abdomen del chico importándole nada su disgusto y reacción.

—Oye…-se quejó de inmediato.

—Tú me usaste como almohada esa vez y fueron varias horas agrego. Ésta es mi venganza por ello, así que aguántate y compórtate como el maestro pokémon que eres –pronunciaba burlonamente.

—Hmp…¿Y a qué clase de enemigos secundarios te refieres? –preguntó cambiando el tema. No tenía caso seguirle remarcando su osadía.

—A unos que ellos mismos se ganaron por ser la basura que actualmente son. Aunque es algo que se remonta hace tiempo atrás. En los primeros años de aquella empresa.

—Tiene que tratarse de criaturas como las que hemos venido enfrentando –aseguró confiadamente.

—Algo parecido a ello.

—¿Cómo es que sabes algo como eso, eh?

—¿Recuerdas el día que le marqué a Max? –Red asintió y ella continuó-. Le llamé después de haber tenido un amistoso y corto enfrentamiento con Blake, porque me encontraba siendo perseguida por lo que irrumpió en nuestro enfrentamiento.

—¿Entonces qué fue lo que ocurrió?

—La curiosidad no es buena, Red.

—Tú eres la que viene a hablarme de esto y me dices que ahora no debo preguntar. Eso pasa por andar diciéndome este tipo de cosas. De no querer preguntas no me hubieras comentado nada.

—Lo sé, es mi culpa. Pero es algo importante que podría sernos de utilidad.

—¿Entonces?

—Impaciente –dijo con una sonrisa, levantando su mirada hacia el despejado cielo.

Llamas avivadas se agitaban con violencia golpeando inclementes las columnas que sostenían el destrozado techo e incrementaban la velocidad con la que el resto del inmueble y árboles eran resumidos a cenizas; aquel escenario sólo denotaba destrucción y el deseo de cualquier que estuviera atrapado en aquel mundo de fuego de abandonar con la mayor brevedad posible ese sitio, uno que podría ser el último que tuvieran el placer de visitar.

Entonces, ¿por qué razón ellos no dejaban aquel sitio?¿Por qué motivo permanecían parados bajo el mundo de escombros y llamas voraces?¿Cuál era la razón que les orillaba a mantener ese combate donde ese par de criaturas de naturaleza siniestra continuaban enfrentándose, notándose lo difícil que podría ser denotar un ganador?

—Pensaba que accederías a mi humilde propuesta, Shade. Pero al final terminaste revelándote de este modo –espetaba Blake con una sonrisa mordaz. Aquellos penetrantes ojos platinados no se alejaban ni un breve momento de ella.

—Habría aceptado sino supiera que fuera algo que Max y los demás no pudieran solucionar. Sé que serán capaces de solventar esto y tú lo sabes, conoces hasta dónde son capaces de llegar. No creo que lo mal que está tu cabeza ahora haya hecho que olvidaras algo como eso –se negaba a ceder ante su mirada, la sostendría con el mismo ímpetu que él.

—No todos tienen la misma fortaleza, Shade. Una cosa es que tus amigos sean capaces de encontrarlas, otra que ellas soporten el trauma y continúen con el deseo de continuar con vida. Sabes que la desesperación es un sentimiento desgarrador y que orilla hacia situaciones delicadas.

—Para tu mala suerte las chicas que atrapaste son muy tercas, no se rendirían tan fácilmente. Mucho menos si están conscientes de que sus amigos las buscarán y hallarán sin importar nada.

—Si así fuera, no continuaríamos siguiéndoles los pasos, Shade. Claro, hemos encontrado algunos huevos de plata en el camino, pero no de oro –miró de reojo a su fiel compañero, a aquel Darkrai que compartía en silencio su pequeño plan-. Y no pensé que tu pequeño Umbreon continuara estando al nivel de mi Darkrai.

—Una pelea entre pokémon tipo siniestro…es algo tediosa, ¿no crees? Pero no significa que sea imposible de ganarse –aquella fiel y fuerte compañera continuaba en posición de ataque, observando detenidamente a ese pokémon de mirada intimidante.

—Ya han armado todo un caos aquí –no habría de demorar más tiempo en liberar a su siguiente pokémon; aquel Froslass empezó a envolver todo lentamente con su gélida aura. La temperatura empezaba a caer abruptamente.

—Esto va a ser más largo de lo que pensé que sería –Arcanine acudió a su llamado, colocándose de inmediato al lado de Umbreon.

—Admítelo, te estás divirtiendo. Apuesto que ni con Red ni Green peleas tan seriamente. Los tomas como si fueran unos simples niños. Aunque claro, eso es lo que son –sonrió cínicamente; disfrutaba enormemente aquella charla tanto como remarcarle detalles tan sustanciales como ésos.

Un lanzallamas acompañado de la fiera presencia de aquella esfera oscurecida chocaron de forma irremediable y estruendosa contra las violentas ráfagas producidas por aquel enigmático e inmutable ser, quien ni siquiera se tomaría las molestias de abandonar su punto de ataque

No podía lucir peor aquel escenario que continuaba siendo mutilado sin compasión mientras su escasa seguridad amenazaba con sepultar en cualquier momento a los que permanecían allí, abusando de su suerte o simplemente ignorando lo que podrían pagar si permanecían más tiempo en ese sitio.

No obstante, cuando aquella explosión desapareció no hallaron un suelo destrozado, sino algo completamente inesperado.

¿Era posible que todo se mantuviera como hace unos minutos atrás, antes de que aquel impacto se suscitara?¿Y cómo podían explicarse el abrupto descenso de la temperatura que no era producido ni por el ambiente ni por aquella criatura de hielo?¿Y qué era lo que inquietaba a cada uno de sus compañeros? Mismos que miraban en todas direcciones, escuchando, olfateando, como si fueran capaces de ver venir algo que sus entrenadores no podían.

Pronto aquella duda sería lentamente contestada, trayendo como consecuencias nuevos cuestionamientos, la gran mayoría imposibles de ser resueltos en ese instante.

La mirada de ambos se depositó hacia un punto totalmente diferente, no porque desearan evitarse, no porque hubiera ocurrido alguna situación vergonzosa, sino porque aquellas miradas no les observaban conjuntamente, sino de forma individual.

Aquellos ojos no intimidaban con el aturdidor carmesí pero lo hacían con aquella tonalidad ambarina. ¿Por qué esas sombras que eran tan negras como la noche resultaban ser tan amplias como aquel territorio en decadencia?¿A qué se debía aquella vivacidad que provocaba que los dos únicos rostros visibles se movilizaran de un punto a otro a una velocidad aterradora?

Pero aquellas dos miradas ignoraron por completo a la anonadada chica y solamente se enfocaron en él, como si fuera el único ser que allí importara. Aquella conclusión no podía encontrarse más cerca de la verdad.

Las órdenes fueron dadas, sin embargo, no contemplaba la efectividad de las mismas. Lo único que vislumbraba era cómo habían sido detenidos sus camaradas mientras intentaban inútilmente de zafarse de aquel agarre, de aquel manto que les había envuelto con una celeridad apantallante y que no cedía ante ningún ataque, sin importar la naturaleza del mismo.

—¡¿Q-Qué…Qué es esa cosa?! Se parece a…pero hay algo totalmente diferente en ellos –exclamaba la chica, quien intentaba avanzar hacia la escena. No obstante, no podía, no porque su cuerpo fuera inmovilizado, sino porque aquel par de ojos dorados se lo impedían-. Ha emergido…del suelo mismo…

¿Cómo se podía luchar contra esos seres si no se poseía algo con qué defenderse?¿Cómo se podía intentar pelear cuando manos y tobillos se encontraban aprisionados por lo que a simple vista parecían ser definidas manos?¿Acaso lo que emergía de aquella boca eran palabras o una distorsión extraña de los gruñidos guturales de ese ser?

No, realmente eran palabras…

—¿H-Ha…hablado? –cuestionó, siendo incapaz de despegar su mirada de aquel ente; estaba totalmente impresionada y simplemente no sabía cómo reaccionar.

—Pagarás…por lo que has hecho –amenazaba el ser con voz resonante, aquél que había acorralado al peli blanco.

—No eres diferente a aquellos otros seres –soltó Blake intentando zafarse a toda costa.

—Debes pagar por tus crímenes…Por cada acto que has cometido y del que te has mofado…Blake…

—…Blake…-susurró Shade como si fuera un vago suspiro.

—…Vete de aquí…-ordenaba la criatura viéndole fijamente, atravesándole por completo con ese simple acto, dejándole muda por unos cuantos segundos.

—P-Pero…-tartamudeó inconscientemente; sabía que era lo correcto, lo más sensato. Sin embargo, su atención se mantenía centrada en él, en aquel entrenador que todavía continuaba luchando por escapar, ordenándole a sus compañeros de batalla contraatacar.

Las palabras expresaban algo diferente a lo que las acciones presentes eran capaces de trasmitir. ¿Por qué desobedecer una orden tan simple?¿Por qué desafiar algo que no comprendía por alguien que posiblemente era mejor dejar en sus manos?¿Qué consecuencias podrían desencadenar lo que estaba haciendo en aquel momento?

La celeste luz, aturdidora y brillante causó la reacción esperada. Esa criatura rugió como si hubiera sido azotada gravemente y todavía permaneciera sobre su cuerpo esa sensación. Ese instante fue el que marcó la salvación y la condena.

¿Podía la velocidad de aquel perro de fuego compararse con la que aquella sombra poseía?¿Tenía caso escapar de algo que era capaz de movilizarse entre objetos materiales?

La respuesta era simple: no había sentido en huir de algo que tarde o temprano lograría acorralarles; pero podía hacerse la lucha cegando su visión con los múltiples destellos y atacando ocasionalmente pese a que la mayoría de los ataques eran rebotados sin problema alguno.

—Pero mira qué estupidez más grande has hecho, Shade –se mofó Blake mientras mantenía su vista hacia atrás; ahora permanecía cómodamente montado sobre aquel Arcanine al igual que ella.

—Umbreon, no bajes la guardia. Esa cosa puede salirnos de cualquier sitio.

No habría que esperar que aquel escaparate demorara demasiado tiempo en ser frenado, después de todo, ya había llegado el momento en que la suerte se agotó totalmente y los infortunios estaban al alcance de cualquiera. ¿Cómo poder hacer algo cuando los únicos que combatían no lograban hacer que alguno de sus ataques surtiera efecto?¿Cuál sería la decisión final?

Sentía su cuerpo perdiendo velozmente su calidez, cayendo en la fría inmovilización y asimismo su mente empezaba a ser abrumada no por escenas de su pasado, no por momentos en que había experimentado amargos instantes, sino por la furia insaciable de aquel ser que se manifestaba en toscas imágenes, unas que posiblemente no eran más que sus desgastados y viejos recuerdos que todavía conservaban la crudeza del instante en que fueron creados.

No sólo las escenas eran desagradables, no únicamente las sensaciones se sentían como propias, no solamente podía experimentar la desesperación y la agonía vividas, también comprendía que de aquel martirio no había escape…Aquello no era más que el inicio del laberinto al que había sido arrojada sin piedad.

Su cuerpo se estremeció por la extraña calidez que experimentó repentinamente y su mente misma parecía haber despertado; contemplaba anonadada su alrededor…¿A dónde se había ido aquel ser que hasta hace poco le había convertido en su prisionera?¿Por qué todo se había vuelto calmo una vez más y por qué no sentía alivio alguno al contemplar aquella mirada platinada?

—¿A dónde se fue esa cosa? –cuestionaba Shade tratando de motivar a su cuerpo a incorporarse y ponerse de pie.

—Al final no es tan diferente de las demás, ¿no lo crees así Sol? –lanzó Blake, observando de soslayo a quien aparentemente había ahuyentado a lo que fuere que les había atacado.

—…Sol…-en cuanto contempló aquella presencia se esmeró aún más en ponerse de pie. No era buena idea permanecer por más tiempo en tal estado si esa criatura estaba allí.

—Esa humanidad tuya será tu perdición, Shade. Quítate esos miserables escrúpulos o jamás podrás derrotarlo.

—No necesito que tú me digas lo que tengo que hacer, Sol –dijo furiosa.

—No estás en condiciones de defenderte Shade… No pensé verte en esta posición tan pronto, no por criaturas como ésas –comentó macabramente el de la máscara. Parecía feliz por contemplar a su contrincante en ese estado tan desafortunado.

—Ungh…Mejor cállate Sol. Jamás me pone de buen humor el verte y lo sabes.

—Vámonos –ordenaba Blake.

—¿Vas a dejarla escapar ahora que la tienes justo donde la deseas?

—Si sigue teniendo una mentalidad tan mediocre como para haberme rescatado significa que todavía no me sirves para lo que deseo, Shade. Así que quédate aquí y medita mejor sobre lo que esta noche has hecho –sentenciaba con crueldad mientras la atravesaba con esa dura mirada-. Hasta luego.

Ni siquiera se tomó la molestia de ver partir a aquellos dos desagradables seres y solamente se enfocó en la lentitud en que su cuerpo empezaba a moverse y la mala idea de permanecer por más tiempo en aquel sitio, donde bien podría volver a encarar a aquella criatura.

—Aunque quiero irme no puedo hacerlo, mi cuerpo no me responde y mis pokémon están completamente agotados –habló frustrada, sin demasiado ánimo contemplando la realidad que golpeaba incansable a su puerta.

El cansancio pudo más que su propia necedad y pronto la oscuridad de alrededor quedó completamente opacada por las tinieblas de su mente y la carencia de cualquier sueño que pudiera ofrecer cálidas tonalidades.

—Debes pensar que soy una completa fracasada…Teniendo la oportunidad de detener a Blake decidí salvarlo en ese instante…-sonreía con amargura, esmerándose por esconder su entristecida mirada lo más rápido posible.

—Hmp…No me ves diciéndote eso, ¿verdad? –cuestionaba Red colocando su atención hacia el cielo- Además, debiste de haber tenido tus propios motivos para haber salvado a tan miserable sujeto.

—No debí de haberlos considerado siquiera. Debí de haber dejado que esa cosa se lo llevara…Que esa criatura…llena de desdicha ejerciera su anhelada justicia…

—No tiene sentido que te sigas atormentando por algo que no puede ser remediado. Mejor piensa la manera en cómo puedes lograr derrotarlo la próxima vez que te topes con él.

—Ummm…-se sentó repentinamente y le miró fijamente. Parecía querer decirle algo más, pero no se atrevía del todo a ello-. Ya no te puedes quejar más, ya no te estoy usando como almohada –comentaba con cierta alegría en sus palabras.

—A ti te cambia bastante rápido el áni…-fue incapaz de proseguir, lo que estaba viendo le impedía sencillamente concluir con la idea que había hecho palabras.

Cristalinas, tibias e imparables lágrimas corrían sin piedad alguna sobre sus mejillas. Como si no existiera alguna oportunidad en el futuro para dejarse ver y trasmitir con su presencia la tristeza y el dolor que era capaz de albergar aquel corazón.

No fue capaz de decir nada y posiblemente ninguna palabra sería buena para tratar de detener aquel llanto y hacer abandonar ese sentimiento que había apesadumbrado su mirar. El silencio en ese instante fue lo mejor que podría haberse aportado y al mismo tiempo resultaba ser una bomba de tiempo, una que podría ser incapaz de controlarse.

—L-Lo siento… No quería mostrarte este aspecto tan patético de mi persona –intentaba forzar una sonrisa, luchaba por ocultar aquel estado tan frágil de su propia persona porque deseaba que él lo conociera. Y en breves instantes limpió con cierta desesperación las lágrimas que todavía permanecían sobre sus mejillas.

—No sé a qué viene ese alegato. No he conocido a alguien que se disculpe por llorar frente a mí.

—Es que llorar repentinamente es extraño y vas a pensar que soy bipolar o algo por el estilo. Me tacharás de loca… Bueno, creo que ya piensas eso.

—No, en realidad pienso que eres un poco más tonta de lo que ya creía que eras –exponía con una sonrisa burlona mientras de pura saña revolvía el cabello de la chica.

—Prefiero que pienses que estoy loca y no que soy una tonta –renegaba Shade al tiempo que ponía su mano sobre la que él había depositado en su cabeza, impidiéndole continuar con aquel juego.

—A ti nada te parece.

—Pues claro que no. Soy exigente y no me gusta que un huraño entrenador venga a decirme este tipo de cosas –habló tranquilamente, regresándole al entrenador su amable atención; ahora era ella quien le había enredado la cabellera-. Mira, tienes un peinado nuevo. Así atraerás a más locas fans.

—¿Ya vas a empezar con las locas de los carteles de matrimonio? –cuestionaba fastidiado intentando acomodar nuevamente su cabello.

—Los carteles de matrimonio siempre están a la moda, así que mejor acostúmbrate –decía con una sonrisa más natural-. Gracias…

—¿Ah?¿Y ahora a qué viene eso? –preguntó con cierto temor.

—Olvídalo –contestó sonriente, luciendo de lo más divertida agitando el pelo de aquel entrenador. No obstante, él tomó sus muñecas, impidiéndole continuar con su travesura-. No es justo, tienes más fuerza que yo.

—Así que era un "gracias" por dejar que experimentes por mi cabello, ¿eh? –interrogó con ese par de penetrantes ojos carmesí.

—No en realidad. Lo de tu cabello es divertido, es anti-estresante.

—Pues en mí tiene justamente el efecto contrario.

—Ah, qué mal la verdad. Pero eso no importa –mencionaba a la vez que trataba de alcanzar el cabello de aquel chico con sus dedos; algo que le estaba costando demasiado esfuerzo-. Acércate un poquito…

—Mejor vámonos ya –pidió tras soltar sus muñecas.

Aunque el haber hecho eso sin previo aviso fue algo no muy bien recibido por ella. Quien al enfocar toda su fuerza por alcanzar su meta, impulsándose hacia adelante para obtener mejores resultados, había obtenido algo que posiblemente no esperaba conseguir.

Aquello no sólo era un momento incómodo sino también bochornoso…¿En qué instante había imaginado que sus propios juegos le traicionarían de esa manera?¿En qué momento pensaría que contemplaría ese par de ojos bermellón tan cerca mientras consideraba aquel acercamiento como peligroso?¿Por qué los latidos de su corazón se precipitaban tanto cuando su respiración continuaba siendo normal?¿A dónde se habían ido las palabras y la velocidad de los reflejos humanos?¿Cuándo consideró que los nervios le traicionarían de una manera tan abierta?

Desvió la mirada, sencillamente no podía soportar la presión de aquella mirada y mucho menos podía lidiar consigo misma; aquello era una lucha que había perdido sin siquiera haber iniciado a combatir.

No perdió más tiempo y empezó a movilizarse…No iba a permanecer más tiempo en esa situación y aunque intentó de todos los modos posibles el no cruzar su mirada con la de él, parecía que todos sus esfuerzos eran completamente inútiles. Al final contemplaba una vez más esos ojos, volviendo a experimentar esa incomoda sensación sobre su pecho.

¿Era únicamente su imaginación o aquellos ojos estaban mucho más próximos?¿Por qué ahora lo que menos le preocupaba eran esos dos rubís?¿Y qué razón podría encontrarse tras la pequeña desesperación que le empezaba a dominar y le orillaba a salir corriendo de allí en cuanto se presentara la primera oportunidad?¿Cuándo las ideas llenas de raciocinio se esfumaron?

¿A dónde se había ido su lógica y todo aquello que importaba?¿Acaso eso era lo significativo y no lo que parecía estar sintiendo en ese justo instante?¿Y aquella distancia que les apartaba realmente podía ser considerada como tal o como el último respiro de cordura que quedaba en ambos y que les impedía seguir avanzando?