Disclairmer: Los personajes no me pertenecen, son de la genial Suzanne Collins, sólo los uso para el argumento del fics.

Summary: Katniss Everdeen, una adolescente de diecisiete años, comienza el instituto en donde su vida da un giro de...muchos grados al conocer a sus compañeros: amistosos algunos y a otros que les partiría la cara. Después de la muerte de su padre, Katniss, no creía que volvería a ser feliz pero ¿Se había equivocado? Mal Summary . T por lenguaje adulto


Capítulo 36: Discusión

Al día siguiente, a pesar de habernos despertado temprano y desayunado a toda prisa, Haymitch fue quien nos llevó al instituto por lo que todos los esfuerzos por llegar temprano ese día, aunque fuera por una sola vez, fueron en vano. Por suerte a Prim nunca le habían puesto una sanción por ello, no podía decir lo mismo de mí. Ya era casi un ritual: Llegaba al instituto con todos los estudiantes dentro del sus aulas, correría hacia la escalera deseando que mi clase no hubiera comenzado, abría la puerta e interrumpía a la profesora en medio de una frase, Coin me miraba reprobatoriamente y con el ceño fruncido, sanción, soltaba un suspiro rabioso y me encaminaba de mal humor hacia mi asiento junto a Mad. A mi amiga le causaba gracia ya que, después de tanto tiempo, no podía tomárselo realmente en serio. Decía que iba a batir el record de las sanciones.

Habían sido cantadas las veces que Coin no me veía entrar tarde por la puerta. Desde el principio me había llevado mal con la profesora de matemática pero parecía ser que con cada día que pasaba me detestaba más y más. Sería todo un alivio terminar las clases ese año y no verla nunca más; si tan sólo pudiera hacer lo mismo con otras personas. Aunque, particularmente ese día, siquiera me importó su mirada despectiva y avinagrada y lo primero que hice fue buscar, casi con desesperación, el rostro de Peeta entre mis compañeros.

Y allí estaba, como siempre, en el asiento del fondo al lado de Glimmer. Me miraba con los ojos llenos de picardía y sonreía con ironía por la constante y repetitiva escena de los lunes. Suspiré con alivio al ver que su piel seguía siendo perfectamente rosácea, no había ningún moretón en su ojo, tampoco en su quijada, nada de rasguños en los pómulos o signo alguno de violencia que comprobara que se había enfrentado a alguien el sábado pasado. Le devolví la sonrisa al notar cómo se aplacaba el peso sobre mis hombros al verlo entero en una sola pieza. Casi quise echarme a reír por mi propia estupidez y desconfianza. Me importó poco que todos mis compañeros me estuvieran viendo.

Luego de que Coin me devolviera el cuaderno de notificaciones, en dónde tenía una colección de actas con su escritura, me ubiqué en mi asiento. Con tal júbilo que Mad me miró con recelo y diversión sin comprender lo que ocurría.

-¿Desde cuándo sonríes tanto por una sanción?- susurró por lo bajo para que la profesora, que ya había retomado la angustiosa clase, no la oyera.

Le puse los ojos en blanco como respuesta, aunque no dejé de sonreír como una idiota. Siquiera esa clase podía hacer que mi humor decayera.

Coin habló sobre la racionalización de radicales, un tema que nunca había estudiado en mi vida y al haberme perdido la introducción todo lo que dijo e hizo en la pizarra no tenía sentido para mí. Estaba claro que tendría que volver a tener mis sesiones privadas con Mad para que me ayudara a no reprobar el próximo examen. Sin embargo, después de los veinte minutos más aburridos de mi vida, Plutarch entró en el aula haciendo que la mujer lo mirara con el ceño fruncido al volver a estorbar su clase.

Debía ser la primera vez que veía al hombre entrar en el salón y, siendo él el preceptor única y exclusivamente de nuestro grupo, significaba que se la pasaba tomando café y jugando a las cartas dentro de la sala de preceptores. No me extrañaría nada que su ropa apestara a cigarrillo. Aunque también debía pasar muchas horas comiendo ya que su barriga sólo había crecido en los meses que yo había estado en el instituto.

-¡Buenos días, chicos!- saludó sin mirar a ninguno en particular.

Nadie le respondió. La mayoría se había puesto a hablar con el compañero de al lado o el de atrás al encontrar un paréntesis de la clase en el cual Coin no podía hacer nada para silenciarlos.

-Acabo de recibir las fechas de sus exámenes finales- comentó felizmente zarandeando frente a nosotros una hoja escrita por computadora y acaparando así la atención de todos- el primero será el 21 de noviembre, así que tienen dos semanas empezando desde hoy- añadió releyendo.

Hubo un breve revuelo de quejas y comentarios despectivos hacia Plutarch que recorrió la pequeña sala.

-Matemáticas- habló tajante Coin paseando su severo rostro por entre sus estudiantes haciendo que se callaran en seco. Su mirada hizo que tragara seco- será su primera prueba, así que espero dediquen muchas horas de esas dos semanas para estudiar. Muchos están retrasados, por no decir casi todos- nos regañó la mujer posando su mirada en algunos de nosotros, particularmente en Glimmer, Finnick, Cato, Johanna, Clove y yo.

Fruncí el labio al ver como Cashmere me miraba con fingida compasión. Me cobraría todas sus miradas y comentarios mañana por la mañana cuando mi brazo se viera libre de ataduras.

-Dejaré la lista en la cartelera del corredor. Cada profesor será el encargado de informarles los temas que será evaluados- señaló el preceptor mientras se encaminaba hacia la salida, muy deseoso de marcharse y volver a su sucucho- Muchas suerte, chicos- agregó como si hubiera recordado que eso estaba en el protocolo y salió.

Estaba sorprendida de que Plutarch se hubiera tomado la molestia de pasar a advertirnos acerca de los exámenes. Sinceramente era la primera vez que lo veía hacer su trabajo. Normalmente lo único que abarcaba su tiempo era vigilar el baño de mujeres de la plana baja, pero se la pasaba hablando con los alumnos y más que patrullar se unía a las chicas que fumaban dentro de las instalaciones.

-Serán evaluados todos los contenidos del año- advirtió Coin sin dejar de recorrernos con sus fieros ojos grises.

Hubo una pequeña protesta general, en la que yo misma me quejé, pero el rostro carente de emoción de la mujer hizo que el murmullo decayera rápidamente para volver al silencio habitual de su clase. Consagradamente esa materia era mi infierno personal y no veía la hora de que terminara.

Compartí una corta mirada con Mad quien sólo estaba resignada, no escandalizada como yo. Annie, delante de mí se cruzó furiosamente de brazos y masculló inentendible por lo bajo mientras que Finnick a su lado le palpaba la espalda. Al menos la sonrisa de Cashmere había desaparecido de su perfecta y odiosa cara.

La rigurosa clase de matemática continuó silenciosa como siempre hasta que sonó el timbre del primer recreo. Para mi mala suerte Coin había dejado tres ejercicios en el pizarrón que, en la hora siguiente, tendríamos que pasar a resolver y no cabía duda de que ella me escogería a mí. Tal vez Mad sería benévola y me pasaría la resolución, aunque, una vez escuché la campana, no me importó tanto. La mayoría de los estudiantes corrieron hacia la puerta para alejarse del encierro mientras que yo me dirigí en sentido contrario caminando, ligeramente más rápido de lo normal, hacía el fondo del aula para encontrarme con Peeta.

Él parecía tan contento de verme como yo, aunque seguramente no sentía la misma ansiedad que yo al pasar las dos últimas noches preocupada, enajenada y sin saber que había ocurrido. Tenía tantas ganas de abrazarlo y tenerlo a mi lado que no me importó estar en medio del salón con las miradas de las personas que más detestaba sobre mí y corrí hacía él los pocos pasos que nos separaban para abrazarlo y plantarle un ansioso beso en los labios. Peeta se tensó levemente ante mi arrebato aunque me devolvió el beso con ganas, como si hubiéramos estado solos.

Glimmer carraspeó unos segundos después. Su presencia me hizo enrojecer de pura vergüenza.

-¿Pensé que apoyabas a la discreción, Kat?- se mofó de mí mientras sonreía de oreja a oreja. Parecía como si hubiera recibido una cartera de cuero especialmente bonita y cara.

Me despegué de mi novio con renuncia mientras la asesinaba con la mirada y la maldecía internamente por interrumpir lo que había deseado desde hacía mucho tiempo. Sin embargo, al caer en la cuenta de que algunas personas se nos habían quedado viendo, sentí el calor sofocante en la cara.

-Cállate- gruñí.

Sentí como el pecho de Peeta temblaba intentando aguantar la risa.

Glimmer por su parte se hizo la ofendida y salió del aula con su típico andar despampánate junto a Mad, quien me sonrió antes de seguirla. Para mi suerte Cashmere, Clove y Marvel todavía estaban en el aula, casi por llegar a la puerta, mirándonos anonadados. Aunque la primera se notaba razonablemente más molesta que los otros dos. Las mejillas de la rubia estaban enrojecidas de rabia, sus manos eran puños y casi se podía escuchar el chirrido que hacían sus dientes al chocar. Al notar mi mirada se volvió con violencia y salió furibunda con su amiga zángana detrás.

Luego de cavilar por medio segundo sentí sosiego al comprobar que Gale ya no se encontraba allí. Todavía sentía la ira en mi interior cada vez que recordaba nuestra última conversación, por llamarla de alguna forma civilizada.

Al final volví mi atención a Peeta quien no había dejado de envolverme entre sus brazos. Le sonreí como si nada hubiera pasado y le di un casto beso.

-¿Cómo estás?- pregunté sonriendo antes de que mi deseo por besarlo no me dejara tener una conversación normal con él.

-¿Ahora? Muy bien- respondió mirándome con esos ojos suyos resplandecientes.

Me mordí el labio y sonreí agitada.

-Sé que no te gusta el secretismo- me excusé por mi insólito comportamiento- además ayer se lo conté a Mad-.

-¿No te arrepientes?- inquirió mientras me inspeccionaba con sus hipnóticos ojos azules.

-¿De qué?-.

-De que todos los sepan- alzó una de sus claras cejas- no creo que te guste estar en boca de todos- añadió para hacerse entender.

Claramente no había pensado en ello antes de actuar y ahora ya no podía dar marcha atrás y deshacer mis acciones por lo que preferí no pensar en cómo sería. Además ver a Cashmere rabiosa no tenía precio.

-Por el momento no me arrepiento- propuse frunciendo levemente el labio.

Peeta se carcajeó y me besó tiernamente la frente como si fuera una niña.

-Tú siempre tan espontánea- admitió.

No podía haberme descrito mejor. La mayoría de las cosas que pasaban en mi vida eran por culpa de mis acciones imprevistas. Muy pocas veces me detenía a pensar en las consecuencias que traerían mis actos: como la vez que fui con Thresh, Finnick y Gale a ese galpón asqueroso y de mala muerte en donde Peeta peleaba o cuando ayudé a Glimmer y todos se enfadaron conmigo, incluso mi primer beso con Peeta había sido producto de reacciones improvisadas. De haberme guiado por la razón de seguro no hablaría con él, mucho menos sería amiga de Glimmer y Johanna seguiría salvándome de los comentarios bordes de Cashmere y su pandilla.

-Lo seguiré siendo, así que, acostúmbrate- le advertí locuaz.

Entonces, justo cuando Peeta iba a responder, escuchamos un carraspeo a nuestras espaldas. Primero supuse que era Glimmer, que había vuelto por más, pero había parecido más un hombre que una mujer. Al comprenderlo se me cayó el alma a los pies imaginando que al volverme me encontraría con alta delgada figura de Gale.

Para mi suerte, o al menos eso creí, no se trataba de mi ex-novio u ex-amigo o ex-lo-que-fuera. Era, ni más ni menos, que Marvel Fioun, el chico con el que Peeta había compartido asiento anteriormente y con el cual nunca había cruzado una palabra en mi vida. El chico estaba sonriéndonos como si fuera lo mejor que le hubiera pasado en el día, una sonrisa semejante a la de Glimmer cuando se enteró de que salimos, como si, por algún motivo aparente, vernos juntos, lo beneficiaba.

Automáticamente le fruncí el entrecejo y lo miré con desconfianza.

Nunca me había fijado mucho en él, sinceramente no recordaba muchos rasgos particulares de los miembros de la Elit, a excepción de que casi todos eran rubios, atléticos e insoportables, y Marvel entraba dentro de todas esas categorías. Lo único que recordaba de él, de mis primeros días de instituto, era que le sacaba una cabeza y media a Peeta y tenía la contextura de un palo de escoba. Sin embargo, ahora que lo tenía a pocos pasos de distancia y mirándome directamente, podía notar la nariz alargada, con claras pecas, pero con la punta aplastada, los pómulos marcados, el cabello no tan rubio, más bien castaño claro, los labios finos y los ojos verde muscínea empequeñecidos con unas pequeñas pero notables sobras rojizas debajo que lo hacían parecer estar resfriado o… ¡¿Marvel se drogaba?!

Me le quedé mirando casi con la boca abierta al descubrirlo ¿Cómo no lo había visto antes?

-¡Felicitaciones, chicos!- dijo sin dejar de sonreír ante mi mirada reprobatoria- Te lo tenías bien guardado, Peet- comentó mirando a Peeta y golpeteándole el hombro con suavidad.

Peeta le devolvió la sonrisa como si nada.

-Simple modestia, deberías hacer lo mismo- le guiñó el ojo mi novio.

No tenía idea de a qué se estaba refiriendo Peeta pero seguramente Marvel debía saberlo ya que, a pesar de que el comentario me resultó completamente insignificante, el chico se ruborizó como un tomate, haciendo que sus pecas desaparecieran, y me miró con nerviosismo. Sospeché que estaban hablando a mi costa en algún tipo de clave Morse que desconocía.

Fruncí más el ceño.

Sabía que, después de Glimmer, Marvel era uno de los mejor amigos de Peeta. Tal vez no lo demostraran tanto, eran chicos y ellos no solían andar lloriqueando por los rincones y contándose secretos, ni tampoco pasaban tanto tiempo juntos pero aún así seguían siendo amigos. Entre ellos todo el revuelo que se había producido entre Glimmer, Cashmere y Cato nunca había sucedido y su amistad perduraba más que la de los demás. No podía decir que me agradara. La verdad, no estaba segura de qué tenía de especial Marvel como para que una persona como Peeta lo soportara, aunque también había pensado lo mismo de Glimmer y había terminado acostumbrándome a ella, por lo que nunca le cuestioné su amistad.

-Tal vez lo haga…por un tiempo- concluyó el chico después de retomar su color trigueño de piel- Por cierto, este fin de semana será mi cumpleaños, así que están invitados a la fiesta. El sábado por la noche en mi casa- exclamó recobrando el entusiasmo inicial, alzando los pulgares y componiendo su mejor sonrisa.

Por un segundo no pude controlar la expresión de mi rostro y lo miré con inconfundible incredulidad dejando que la quijada se me cayera ¿Había escuchado bien? ¿Me estaba invitando a su fiesta? ¡¿A su cumpleaños?! ¡¿Qué demonios?! Éramos prácticamente dos desconocidos que únicamente compartían un aula cinco horas por día, cinco días a la semana, no teníamos nada en común…tal vez, excepto, Peeta, y… pretendía que compartiera el único tiempo que tenía para estar tranquila con sus estúpidos amigos, ergo: Cashmere, Clove, Cato, y demás. Por un segundo me debatí entre golpearlo o reírme en su cara. Definitivamente debía estar pasado de droga si creía que aparecería por allí.

-Claro, allí estaremos- aceptó entonces Peeta y quise mínimamente acogotarlo.

Mi mano se cerró en forma de garra alrededor de la suya y, sin siquiera dedicarle una mirada, esperé a que supiera de antemano que aquello significaba que teníamos una discusión pendiente. Era increíble cómo, gracias a los berrinches de Healer, había perfeccionado mi habilidad para controlar el calor en mi garganta y la expresión de enfado cada vez que pasaban cosas por el estilo. Esta era una de ellas.

¡¿Cómo se atrevía a hacerme esto?! No me importaba que el idiota de Marvel fuera su amigo, no asistiría a esa maldita fiesta ni a punta de pistola.

-¡Genial!...oh, lo olvidaba, deben llevar algo para beber- sonrió el futuro cumpleañero dando algunos pasos hacia atrás para dar a entender que ya había cumplido su cometido y se marchaba de una buena vez.

No iba a dejarlo volar tan fácilmente.

-Gracias por la invitación pero tengo cosas que hacer- me negué mirando más a Peeta que a Marvel.

-¡Oh, vamos! ¡Ahora todos sabemos que eres la chica de Peeta, no puedes faltar!- repuso decepcionado, componiendo su mejor cara de perro mojado y volviendo sobre sus pasos.

Peeta también me clavó los ojos intentando discutir mi punto con la mirada. Pero lo evité, aquello no era algo que estuviera dispuesta a cambiar por él. Quise cruzarme de brazos para dejar clara mi postura pero todavía seguía estrujando su mano, por lo que hice mi ceño más profundo para no alentar a Marvel y no darle a entender que tenía poder sobre mí con su encandilarne cara afable. Debía funcionarle con mucha frecuencia pero yo no era de las que se dejaban engañar tan facilidad.

-Tengo cosas pendientes con mi hermana- mentí aunque quise golpearme por mencionarla. No era necesario que aquel chico supiera más sobre mi vida ¿Quién sabe lo que Peeta le podría haber contado?

Aunque simplemente había sido una vana excusa para salir del aprieto, para mi sorpresa, Marvel pareció quedarse sin palabras ante la mención de Prim, embobado, como si ya la conociera. Por un segundo de desconcierto quise preguntárselo pero luego me deshice de tales pensamientos absurdos, seguramente Marvel estaba verdaderamente drogado y había tenido un lapsus de pérdida de memoria momentánea o se había perdido en el espacio tiempo. Por un momento me pregunté cómo hacía para sobrellevar las clases de Coin…o tal vez iba colocado al instituto exclusivamente los lunes para poder aguantarla.

Dos segundos después el chico recobró la compostura y volvió a sonreír, aunque no tan intensamente y con un tic nervioso en el extremo de labio, el cual parecía latir.

-Bueno…ella también puede venir- farfulló ensimismado.

-No. Definitivamente no- negué sin siquiera pensarlo dos veces.

No era necesario siquiera imaginar cómo sería aquella fiesta si el chico estaba colocado en ese mismo momento. Prim ya tenía bastante con mi propia influencia, no necesitaba de ojos rojos de Marvel.

El ojiverdi volvió a mirarme alterado ante mi rotunda negativa y la charla comenzó a tornarse realmente incómoda.

-Descuida, amigo. Yo la convenzo- terció Peeta para salvarlo del naufragio y cargar con el muerto, compartiendo una última mirada vívida con su ex compañero de asiento, decía perfectamente que se callara de una buena vez.

El chico rió con nerviosismo y asintió.

-Claro. No les quito más tiempo- añadió y se fue pitando a toda prisa, como si quisiera huir de mí mirada incrédula y sobrecogida.

Me volvía hacia Peeta con una mezcla de irritación y desconcierto ¿el chico normalmente se comportaba de ese modo? No sabía que había ocurrido pero la conversación había pasado de ser razonablemente efusiva a bizarra y no me importó lo que dijo para quitarse a su amigo de encima, mientras que la diera por finalizada de una vez.

Estaba claro que Marvel y yo no congeniábamos.

-¿Estaba drogado?- indagué con alarma una vez que el amigo de Peeta se esfumó.

La curiosidad por saber si estaba en lo cierto aplacó levemente mi molestia para con mi novio.

-¿Qué? ¿Marvel?- se volvió a mirarme aparentemente estupefacto- no, claro que no- negó después como si su amigo siquiera supiera el significado de la palabra.

A pesar de su innecesaria actuación, Peeta miró a un lado y al otro para comprobar que nadie nos había oído y como únicamente La Comadreja se encontraba en el aula, ensimismada en su bodoque de seiscientas páginas, me devolvió la mirada con reproche.

Incliné levemente el rostro y no dejé de taladrarlo con los ojos, alzando la ceja con suspicacia para que le quedara bien claro que no podría salvaguardar a su compañero de asiento ya que este se había descubierto por sí solo. Nuevamente me pregunté qué era lo que hacía Marvel para mantener su amistad a pesar de sus elecciones.

Peeta suspiró una vez que cayó en la cuenta de que no me convencería con una de sus penetrantes ojeadas.

-Conozco a Marvel y nunca vendría colocado al instituto- se corrigió para empezar de nuevo.

Se me abrió la boca de indignación.

-¿Viste sus ojos? ¡Estaban rojos!- farfullé entre dientes para que solo él lo escuchara.

Negó con la cabeza sonriendo y comenzó a encaminarse hacia la puerta arrastrándome consigo. Aunque no me negué, me debatí entre discutir acerca de la invitación a esa absurda fiesta o seguir hablando de los problemas del ojiverdi que me había invitado. Una vez que salimos y los gritos del patio subían por las escaleras cubriendo cualquier palabra que dijéramos Peeta me soltó suavemente y me devolvió nuevamente la mirada, esta vez sin fingida sorpresa.

-Kat, sólo fuma hierba y no tanto como tú crees- admitió en voz alta aunque no tanto como para que algún estudiante que pasara lo escuchara.

-Sí, claro y yo soy Superman- mascullé con ironía avanzando por el corredor en donde siempre nos habíamos refugiado para estar solos.

¿Habría Marvel compartido con Peeta esa famosa hierba? No estaba segura de por qué me enfadaba tanto que lo hubieran hecho, en realidad no era tanto el acto en sí, sencillamente se trataba de Marvel. Tal vez fuera por qué no entraba entre mis parámetros de persona responsable o digna de confianza. Ni mucho menos sus compañías, exclusivamente una que empezaba con la letra C. Entonces la pregunta del millón se presentó ¿Habría fumado con Cashmere? ¿Con Clove? ¿Incluso con Glimmer?

Definitivamente ya no podría ver a Marvel de la misma forma, ni a ninguno de ellos.

-No voy a ir a esa fiesta- negué rotundamente- no quiero cruzarme con todos esos idiotas. Lo siento, se que son tus amigos pero es lo que pienso de ellos, ya tengo suficiente con verlos aquí todos los días- admití avistando la ventana con barrotes blancos que daba a la vereda de la calle.

Escuché su risa, aunque sonaba más lejos de lo que esperaba.

-Creo que hablar tanto con Glimmer te está mal influenciando- rió tomándome el pelo.

Me di la vuelta para que viera mi profundo ceño y noté lo lento que caminaba, con tanta parsimonia que no parecía estar dentro del instituto.

-Siempre he pensado eso de ellos, incluso lo pensaba de Glimmer, así que no me digas que ella influye en mis decisiones- lo sermonee. Él sabía perfectamente como detestaba sentirme controlada por lo que hacían o decían los demás.

Me recargué contra la ventana para poder desafiarlo con la mirada esperando a que se atreviera a decir algo más.

-Te doy la razón en cuanto a algunas personas pero no todos son así- concluyó- además estarás conmigo- agregó al mismo tiempo que llegaba a mí altura.

-No. Definitivamente no iré- me crucé de brazos para reafirmar mi postura.

Peeta se acercó más a mí, tanto que casi podíamos tocarnos, y me acorraló colocando sus manos contra el muro a cada lado de mi cabeza. Su hermoso rostro estaba tan próximo al mío que instintivamente me relamí el labio y respiré el olor característico de su camisa.

-Tengo toda la semana para convencerte- me amenazó con la voz más profunda y sonriendo de lado mientras deja que sus profundos y espectaculares ojos azules hicieran el resto.

Sabía que debía estar enfadada por hacer que cediera pero precisamente en ese momento la fiesta, Marvel, incluso la droga, desaparecieron de mi cabeza reemplazadas por el deseo de juntar mis labios con los suyos y entrelazar mis dedos en su cabello. Quise golpearme por haberle dado tanto poder sobre mí pero lo olvidé.

-En cerio haré que Prim esté conmigo todo el fin de semana para tener pruebas de que no puede ir. No para Marvel, si no para ti- suspiré con renuncia antes de dejarme ir por sus ojos.

Peeta sonrió triunfante y juntó nuestras frentes para poder sostenerse. Lo abracé por la cintura para poder acariciar su espalda y atraerlo hacia mí pero antes de poder hacer nada él se dobló y gimió de dolor ante mi tacto.

La reacción me tomó tan desprevenida que casi gritó del susto a su unísono.

-¡¿PEETA?!- vociferé al ver su rostro desfigurado por la conmoción y los ojos, normalmente claros y profundos, abnegados en lágrimas.

No contestó a mi llamado ni alzó el rostro, el cual había perdido el color rosado, y tenía los dientes apretados como si estuviera controlando un alarido. Mi primera reacción fue preguntarme con horror qué había hecho ¿Qué había dicho para que se pusiera de aquel modo? No fue hasta que vi cómo se cubría el costado con el brazo que no dejé de culparme con histeria por su dolor.

Mi corazón comenzó a acelerarse por la incertidumbre y sin pedirle permiso alguno le quité con suavidad la mano que cubría su lado para poder verlo por mí misma. No se negó, aunque parecía más bien resignado a que yo inspeccionara.

Las muñecas me temblaron al ver como la camisa gris del instituto estaba manchada de sangre y, haciendo caso omiso a las arcadas que me produjo y al alarmante martilleo en mi sesera, levanté la tela para ver lo que no debía haber visto nunca. Ahogué un segundo grito ante la visión de lo que debía ser su pálida piel.

En su costado izquierdo había un vendaje improvisado con gasas y cinta esterilizada que le cubría de arriba abajo desde la cintura hasta casi la altura del pecho, estaba teñido de sangre oscura y caliente, y por los lados horribles cardenales, algunos todavía morados y otros entre el verde azulado, llegaban hasta su espalda y el abdomen.

Sentí como la sangre escapaba por los capilares de mi cara, el mareo me abrumó y por un breve instante vi puntos negros en mi visión de sus heridas. El equilibrio me falló, sólo la pared me mantenía en pie, y los sonidos del corredor parecieron alejarse. Me habría desmayado en ese mismo instante de no haberme encontrado tan encolerizada.

-Dios- mascullé sin aliento.

-Estoy bien- susurró él.

Cualquier signo de colapso desapareció de mí, reemplazado por la rabia ¡¿Cómo se atrevía a decirlo?!

-¡Me mentiste!- chillé intentando que mi voz no llegara a altos decibeles- ¡¿Esta es tu descripción de estar bien?! ¡Estas sangrando!- exclamé sin control.

Peeta me tomó el rostro para que dejara de mirar su golpeado cuerpo y prestara atención a su semblante.

-Katniss ¡No quería que te preocuparas! Estaré perfecto en dos semanas- advirtió también moderando su tono.

Parecía como si las sonrisas y la conversación acerca de los problemas de los otros hubieran sido hacía mucho.

-Dos semanas ¿Para qué?- le discutí intentando soltarme- ¡¿Para volver allí y que te apaleen otra vez?!- sentí las lágrimas de la impotencia agolparse en mis ojos.

-¡No es asunto tuyo, no debes entrometerte!- repuso haciendo una mueca de dolor.

Me quedé atónita. Había sido como si me hubiese tirado un balde de agua helada.

-¡¿Qué?! ¿Lo qué te suceda no es asunto mío?- sabía que estaba montando una escena en medio del instituto pero siquiera me molesté en pensarlo. Había cosas más importantes a que un par de entrometidos escucharan lo que gritaba.

¡Peeta todavía estaba sangrando y no estaba haciendo nada por ello!

-Por favor, Katniss- rogó al final- No puedes hacer nada-.

Su mirada de condescendencia hizo que me callara la sarta de palabrotas que tenía para decirle y me concentré en lo verdaderamente apremiante. Tomé aire profundamente y lo expulsé para poder bajar mi ritmo cardíaco y poder pensar con claridad en medio de la impotencia.

Peeta mal interpretó mi repentino silencio y me soltó la cara. Entonces aproveché para zafarme de él y encaminarme rápidamente por el pasillo.

-Llamaré a Plutarch para que te lleve a la enfermería y te irás a casa- le ordené sin importarme lo que dijera. Sabía que no podría seguirme tal como estaba así que corrí sin volver a mirarlo.

-¡No! ¡Katniss!- alcancé a escuchar que decía desesperado.

No aminoré la marcha. Esto ya no tenía que ver con ocultar su odioso trabajo, no me importaba eso, siquiera que me hubiera mentido. Lo que realmente incumbía era que Peeta estaba desangrándose y no me quedaría parada esperando a que sus heridas fueran más severas de lo que ya eran.

Definitivamente la discusión no había terminado allí.


Holaa! ¿Cómo los ha tratado el tiempo?

Disculpen la demora, quería actualizar el miércoles pero como ya empecé la universidad estoy sin tiempo para nada.

¡¿Qué les pareció el capi?! ¡Ya quería hacerlos discutir! Muajajajajaja Espero que a los que les gusta Marvel no me maten. De todas formas él comenzará a aparecer más en otros capítulos y también otros de los personajes que antes eran más nombrados.

Estoy teniendo pequeños lapsus de dislexia así que si ven algunas letras cambiadas o incluso una palabra entera que no tiene sentido por favor háganmelo saber así lo corrijo. De todas formas espero que no haya ya que leí unas cuantas veces el capítulo para estar segura (otra razón por la que no pude actualizar ¬¬)

¡Muchos comentarios laaaaaaargos! ¡Me encantaron! Gracias por su entusiasmo a pesar de todo ajajaja! Básicamente es como mi nafta para escribir (en cerio) Espero no haber decepcionado a nadie con el tiempo que tarde en actualizar y si lo hice espero que el capí haya sido lo suficientemente confortable como para que me quieran otra vez!

Besos y gracias!

Nos leemos la próxima, Scarlet!