IMÁGENES
Imagen 36: Por siempre a tu lado
Por Okashira Janet
36/50
Advertencia, spoilers del manga.
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—Hinata nee-san, deberíamos decirle a alguien que quite las hojas del patio. —Hanabi estaba parada en el corredor, llevaba puesta una pesada chamarra negra y un gorro que le tapaba a medias la frente, definitivamente no parecía muy propio de la familia Hyuuga un atuendo tan relajado como ese, pero las cosas estaban cambiando. Debía recordarlo.
—Podríamos quitarlas nosotras.
—Ya. —Hanabi alzó ambas cejas—. Con la celebración navideña tan cerca no creo que haya tiempo.
—No tardaremos mucho.
—Bueno. —Hanabi rodó los ojos y dio un salto al patio, Hinata la miró ladeando un poco la cabeza, su hermana era muy enérgica, aquello también era nuevo, Hanabi solía ser una niña obediente que sólo seguía las órdenes de su padre, pero la guerra había dejado cambios buenos y malos a su paso.
"Cuando ustedes no estuvieron tuve que cuidar el clan yo sola Nee-san" quizás era simplemente que había crecido, era extraño, siempre había cuidado de Hanabi como una madre de su pequeña, incluso en el tiempo en el que su padre había intentado enemistarlas, sentía orgullo y otra cosa, algo que dolía en la garganta al verla extender las alas.
—¿Te acuerdas una vez que Ottou-san nos puso a barrer hojas con Neji-nii como castigo? —Hanabi tomó un rastrillo y empezó a barrer, una sonrisa divertida se pintó en su cara.
—Si. —Hinata en cambio sintió como si su pecho doliera un poco—. Fue en el tiempo en el que Naruto-kun se fue de viaje con Jiraiya-sama.
—Neji-nii no era bueno haciendo cosas de esas. —La sonrisa no desapareció del rostro de su hermana, Hanabi era así, le gustaba hablar de Neji, le gustaba recordar sus buenos momentos e intentaba hacerla sonreír con las aventuras que habían pasado juntos, pero no ella, no cuando la herida aún estaba abierta.
—No lo era… —Sintió el silencio absorberla como una pesada carga, la vida de un ninja era dura, Tsunade se lo había dicho una vez, que era triste perder a los amigos, pero siempre había pensado que las muertes pasaban en otros lugares, que le ocurrían a otras personas, que su pequeño mundo estaba a salvo.
—¡Oh!, —las botas de Hanabi hicieron crujir las hojas bajo sus suelas—, ¡aún quedan montones por hacer por allá! —Le agradecía que intentara cambiar el tema de conversación, pero su mente ya se habían estancado en ese momento, aunque sus manos siguieron moviendo el rastrillo sus pensamientos viajaron lejos.
—Hanabi-chan…
—¿Sí?
—¿A dónde iremos cuando morimos?
—Uh… —Hanabi frunció el ceño—. Quien sabe.
—¿Qué pasara con los recuerdos, con la energía, con los secretos? —El palo del rastrillo se había quedado quieto entre sus dedos—. ¿A dónde irá lo que un día fuiste?
—No lo sé. —Hanabi empezó a trabajar frenéticamente, como si de esa manera escapara a esas preguntas—. ¿A algún sitio mejor?
—¿Puede un asesino ir a algún sitio mejor?
—¿Lo dices por Neji-niisan? —Hinata apretó sus manos y giró a ver el cielo, era una de esas tardes nubladas con viento soplando fríamente y revolviendo sus cabellos.
—Nosotros somos ninjas y como tales asesinamos cuando la misión lo requiere y Neji-nii era un genio… en todos los sentidos. Un jounnin debe cumplir sus tareas. —¿Su vida era la de alguien bueno o alguien malo?, llevaba tiempo preguntándoselo, de hecho llevaba preguntándoselo desde que Neji había muerto.
Neji le había dicho a Naruto que ahora no sólo debía vivir por él si no que también cargaría con su vida a cuestas, pero algo dentro de ella le susurraba que no era así, que en realidad la vida de Neji se había quedado con ella.
—¿Por qué piensas cosas tan sombrías? —Hanabi meneó la cabeza de un lado a otro y su largo cabello castaño se meció con ella.
—¿No lo has pensado tú también?
—Tengo diez años. —Hanabi se encogió de hombros.
—Oh. —A veces lo olvidaba, o quizás era que era más fácil hablar con un niño, los niños olvidaban pronto—. Voy por el recogedor.
—¡Apúrate o se volaran! —La niña sonrió ampliamente con una mano en la cintura y la otra meneando el rastrillo en el aire. Aquello le produjo un lejano sentimiento de melancolía, la vez que Hiashi los había castigado (por romper accidentalmente una pintura antigua aunque Hanabi había tenido el 96% de la culpa) barrer las hojas del patio había sido como una degradación, nadie hacía esos trabajos a menos que fueran lo más bajo de lo más bajo del clan. Ahora, después de la guerra, dudaba que su padre dijera algo al ver que sus dos herederas llevaban a cabo semejante faena.
Tomó el recogedor y volvió junto a su hermana, siendo sincera la pequeña lo había hecho casi todo.
—Eres buena.
—Jo, gracias. —Entre las dos metieron las hojas en una bolsa y apilaron todo junto a la cerca, Hinata la veía insistentemente de reojo.
—¿Qué? —Finalmente Hanabi preguntó enrojeciendo sin girar a ver a su hermana—. ¿De nuevo tengo tierra en la nariz?
—No. —Hinata le sujetó un mechón de cabello—. Es que te pareces mucho a Neji-niisan.
—Ottou-san también dice lo mismo. —Hanabi sonrió, Hinata sabía que secretamente su hermana deseaba ser tan genial como Neji, ella quería tener la fortaleza para ser llamada "el genio del clan" algún día. ¿Sabría Neji que había sido y siempre sería la inspiración y el sueño de una gran generación de niños Hyuuga?, la rama secundaria ya no temía, no cuando un joven de esa casta los había liderado durante la gran guerra ninja. Neji había muerto en lo alto, por eso siempre sería una leyenda.
—Te pareces más a Neji-niisan que a mí. —Hinata soltó lentamente su cabello, Hanabi se sonrojó halagada—. Ahora vamos a continuar con las obligaciones que…
—¿Debemos hacer todo ese ritual de navidad aunque acabamos de salir de la guerra? —La niña se cruzó de brazos—. Es fastidioso, —se corrigió—, siempre ha sido fastidioso.
—Son costumbres del clan. —Hinata se encogió de hombros.
—Ya. —La niña hizo un mohín con la nariz, pero luego pareció rendirse a su suerte—. No será lo mismo sin Neji-niisan. —Luego dio media vuelta y se fue sin darse cuenta de que dejaba a Hinata de pie en medio del patio, sin aparente fuerza para moverse.
Las muertes en el mundo shinobi eran una constante, sin embargo estaba segura de que nunca podría volver a impactarse tanto como con la muerte de su primo. Kiba había intentado que se diera cuenta de que todo estaba en su mente, pero no era así. Ella lo sabía, el alma de Neji se había quedado fija en su propia alma, quizás su primo había muerto en los brazos de Naruto, pero sus ojos habían estado fijos en sus ojos hasta el último segundo, ella había visto apagarse los ojos de Neji, su rostro era lo último que Neji había visto antes de morir, su rostro bañado de lágrimas y ella había visto su mirada extinguirse, como una llama que lentamente perdía su luz.
No podía explicarlo, pero desde ese momento la vida de Neji y también su muerte habían quedado prendidas a su propia alma, como si alguien le hubiera puesto un alfiler, ¿dónde estaba Neji?, ¿acaso estaba perdido en la nada?, ¿simplemente había desaparecido?, ¿era así?, ¿así terminaba una vida que había sido como una jaula de oro hasta su último momento?
—Neji-nii… —Giró a ver su hogar, esa sobria mansión con elegante decorado, el mismo lugar que se había sentido como una cárcel por tanto tiempo, muchas veces en el pasado había creído que sería feliz si pudiera liberarse de eso, del clan y el peso sobre los hombros, ¿Neji habría logrado ser feliz?, él había sonreído, pero luego simplemente se había recargado inerte en el hombro de Naruto, como un peso muerto y ahí, justo ahí sus miradas se habían vuelto una y ella sólo había sido capaz de sollozar lo que él nunca sería capaz de admitir, ¡que triste!, ¡que terriblemente triste había sido la vida de Neji!
Había sido sellado a los cuatro años, obligado a cuidar de ella, la decepción de la familia principal, había perdido a su padre, de nueva cuenta debido a su causa, había crecido resentido y odiando, escudándose en su máscara de frialdad e indiferencia viéndola fracasar con innegable amargura por estar atado a una vida tan pusilánime, luego la venganza, casi la había matado y nuevamente se había atormentado por eso cuando había descubierto la verdad de la muerte de su padre, después de eso Neji había sido su incondicional guardián y protector y finalmente había muerto por ella.
Toda su fuerza, toda su genialidad, todo lo grandioso que era se había perdido por vivir siempre al pendiente de ella, había sido siempre una piedra en su camino.
Miró de nuevo su casa, le pareció fría e indiferente, tan lejana y dura. No pudo evitarlo apretó fuerte los brazos en torno a su cuerpo y echó a andar sin una dirección fija, por la noche se celebraría navidad y se esperaba que las dos jóvenes de la familia principal estuvieran presentes, pero su padre entendería… últimamente su padre entendía sin palabras.
Miró al cielo que se agitaba tormentoso, la nariz empezó a ponérsele roja, ahora que lo pensaba no recordaba haber visto nunca a Neji con la nariz roja, de hecho su primo era tan serio y correcto que parecía que nada podía salirle mal nunca. Hacía algunos años Lee y Tenten le habían relatado (caídos de risa) una ocasión en la que lo habían obligado a comer curry y se había desmayado, pero por más que lo intentaba nunca podía hacerse una imagen mental de un Neji de trece años con el rostro rojo y la lengua ardiente desmayándose sin pena ni gloria.
Ciertamente había facetas de Neji que no había conocido, ¡habían tenido tan poco tiempo para estar juntos!, fue solo después de los examenes Chunnin que algo parecido a la amistad empezó a brotar entre ellos y antes de darse cuenta los dos se amaban sin poner el sentimiento en palabras.
Y luego… Recordar la expresión de Neji al morir volvió a agitarla, como si el hielo le comiera los huesos. En ese momento había llorado como nunca en la vida y después… recordar lo que había pasado después aún la avergonzaba, ¡había abofeteado a Naruto! Y de verdad que le había puesto empeño al golpe, ¡se había sentido tan ofendida y violentada!, Neji acababa de morir y Naruto en cambio extendía la mano hacía el enemigo. Fue como si las manecillas del reloj giraran hacía atrás, Naruto estaba molido y deshecho, pero no ella, no cuando ahora ambos debían vivir por Neji. Había sido Neji más que ella quien había golpeado a Naruto en la mejilla, había sido la muerte de su primo la que le había dado fuerzas para ponerse en pie y ser la líder de pensamientos rápidos que no había podido ser hasta el momento.
—Neji-niisan… —El viento barrió sus palabras, su mirada se posó en las nubes, todavía le parecía que las pesadillas seguían acosándola, que los ojos de su primo la seguían. Aquel día durante la guerra Naruto le había dado la mano y había sido como si ambos se pusieran de pie apoyados en el otro, como si la fuerza los quemara y los impulsara hacía delante.
—Hinata-sama. —Había creído escuchar la voz de Neji danzando entre el chakra que la envolvía, revoloteando entre el poder como un guía, diciéndole que estaba bien, que debía apoyar a Naruto, seguirlo hasta sus últimas consecuencias. Y ahí, entre Naruto y Neji había creído que podrían lograrlo, que ganarían la guerra, que no sería en vano.
Y lo habían hecho, a pesar de la sangre y el dolor, de las muertes y las lágrimas, pero nadie le había dicho lo que pasaría después, nadie la había preparado para despertar gritando con los ojos de Neji que se apagaban fijos en ella, como un recuerdo mudo de una vida que se había desperdiciado por la suya.
—El te amaba. —Su padre, por primera vez en la vida, había intentado consolarla—. Murió por ti y por Naruto, murió por sus ideales. —Naruto era el nuevo camino y su única esperanza, por eso ambos habían intentado protegerlo, pero Hinata lo sabía, que Neji en realidad la había salvado a ella, la vida del rubio ya estaba protegida, la vida que había rescatado era la de la frágil heredera Hyuuga a cuyo yugo estaba atado.
—Neji… —Volvió a susurrar y cambió el curso de sus pasos cuando descubrió que estaba llorando, ¡y había llorado tanto últimamente!, sin ser demasiado consciente caminó hacía el bosque, su largo cabello negro la golpeaba en la cara a causa del viento, navidad era una época del año que podía ser infinitamente dulce o terriblemente cruel.
Extrañaba a Neji, añoraba su cabello castaño cuando entrenaban y accidentalmente le pegaba en la cara, extrañaba sus ojos amables en la mañana y el "arigatou" que le daba cuando le preparaba almuerzo para sus entrenamientos, quería verlo de nuevo llegar de una misión, quitarse las sandalias y anunciar que había regresado, con su cara estoica de siempre pero con algún detalle comprado al último momento que le daría sin hacer algún comentario cariñoso al respecto.
Verlo entrenar, levantarse con el cabello desarreglado, hablar profundamente acerca de política, caminar con él por las calles de la aldea y escucharlo despotricar acerca de Lee, más que nada en el mundo quería poder volver a sentirlo, abrazar su espalda ancha, escuchar su respiración, tenerlo vivo y completo a su lado.
Sus pasos se detuvieron, se encontraba frente al lago dónde tantas veces en el pasado había entrenado bajo el manto de la oscuridad. Sin embargo no quería entrenar. Se sentó abrazando sus rodillas, los hombros encorvados y las lágrimas corriendo libres por sus mejillas, murmurando el nombre de su primo.
Si pudiera pedirle perdón, si pudiera disculparse por no ser tan fuerte, por estar siempre en medio, por no permitirle tener la vida que se merecía, por ser tan débil. Si tan solo pudiera…
—Neji-niisan… lo siento… —La voz se le quebró y hundió el rostro entre sus rodillas mojándose el pantalón con sus lágrimas. Estuvo quieta en la misma posición hasta que dejó de sentir el trasero, las lágrimas se le secaron en la cara y el frío llegó a tal punto que empezó a adormecerse.
El viento se azotaba con fuerza contra su cuerpo debido a que frente a ella sólo se encontraba el lago y nada que pudiera cobijarla. Sabía que se estaba auto castigando, era algo que hacía muy a menudo y no era como si lo pudiera controlar. Cuando era niña siempre era así. Si fallaba una misión tenía que practicar Junken hasta que le sangraran las manos, no porque alguien se lo exigiera si no porque comprendía que era un fracaso. Si hablaban comentarios desagradables acerca de su persona tenía que correr alrededor del campo de entrenamiento, una y otra y otra vez.
"Más fuerte Shino-kun, aún no lo logró"
"Más duro Kiba-kun, aún soy muy débil" En los entrenamientos sus amigos podían volverla un verdadero picadillo, pero ella siempre estaba bien, siempre tenía que continuar.
Y en los días más fríos del invierno perfeccionaba su técnica sobre las heladas aguas del lago, esperando que algún día algo de todo eso diera frutos, esperando que algún día alguien la reconociera. Pero ahora ya no esperaba eso, ahora el dolor era necesario para reaccionar, para comprender que Neji no estaba y era su culpa.
El frío empezó a subir por sus piernas como los colmillos de un lobo y levantó la vista sintiéndose embotada, quizás se había dormido, no estaba segura, el estomago le dolía de hambre. A lo lejos vio el sol ocultándose del otro lado del lago y era hermoso, una tarde de invierno que acababa, un sol que no terminaba de calentar, un día que moría.
Pensó en el clan y en sus obligaciones, pero por toda respuesta a sus cavilaciones se apretó más fuerte a si misma, no quería ir a ningún lado, era egoísta, lo sabía y siempre había sido la clase de persona que se preocupaba más por los demás, que seguía la línea que le habían trazado intentando alcanzar las metas que le habían fijado a su vida, a pesar de que invariablemente fracasaba. Pero ese día, con la Nochebuena cayendo sobre ella lo único que quería era cerrar los ojos y desaparecer, por un instante, por unos minutos, ser invisible, hablar con Neji, alcanzarlo…
—Neji-niisan… —El vapor se escapó de sus labios y se elevó con el viento, por inercia ella levantó la cabeza y lo vio. Estaba ahí, parado frente a ella, con su ropa de entrenamiento habitual, el largo cabello castaño caía perfectamente cepillado por su espalda y danzaba con el viento. En su frente lucía el protector que lo acreditaba como un ninja de Konoha.
—¡Neji! —Se paró de golpe sintiendo que el corazón le daba una patada dentro del pecho. Él le sonrió, lo hizo como cuando eran niños y aún la vida no los separaba con políticas y anhelos que estaban por encima de su comprensión—. ¡Neji! —Aturdida se lanzó encima de él, se aferró a su espalda y alzó la vista hacía su rostro temerosa de que fuera un simple sueño, pero la mano grande y pesada de Neji se colocó sobre su cintura, sus ojos tranquilos parecieron repasar su rostro con atención.
—¡Neji-niisan!, —no podía soltarlo, su pecho subía y bajaba—, ¡Neji-niisan! —Sus ojos recorrieron deseosos el rostro masculino, no quería que fuera un sueño, quería que ese rostro perfecto, esa nariz griega, esos labios gruesos fueran una realidad. Neji sonrió, una sonrisa calida.
—Hinata-sama… —Y sólo hasta entonces se dio cuenta de que los colores se habían ido, que tanto ella como Neji estaban envueltos en un halo de luz, en una extraña consistencia de nube que los envolvía como una manta—. Debo irme…
—¿Qué? —Sus dedos se crisparon sobre su ropa y notó con indecible espanto que su primo llevaba el morral de sus misiones al hombro, el morral que siempre anunciaba que debía partir—. E-espera…
—Me han dejado despedirme. —Las dos manos de su primo la apretaron por la cintura, pegándola suave y dulcemente a él—. Porque usted no ha dejado de llorar.
—Ne-Neji…
—No es su culpa…
—¡Lo es! —Nunca antes lo había interrumpido de una manera tan vehemente—. ¡Tú no debías…!
—Quería que la última imagen que tuviera al morir fuera la de usted. —Neji susurró contra su pelo—. Y quería que mi último regalo hacía usted fuera una sonrisa.
—¡Pero…!
—Me voy feliz, por eso sonreí, porque fui capaz de proteger lo que amaba. —Los brazos de Neji la soltaron a pesar de que ella se aferró a él.
—No te vayas.
—Debo hacerlo. —Neji miró hacía aquella luz que parecía tirar de él—. Me están llamando, llevan tiempo haciéndolo, pero no me había ido porque no podía dejarla llorando.
—Lo-lo siento tanto… —Sus ojos claros volvieron a llenarse de lágrimas—. Yo debía haber muerto y tú…
—Era mi destino. —Neji volvió a sonreírle.
—¡Puedes cambiarlo!, —súbitamente Hinata elevó el rostro hacía el de él, —¡puedes hacerlo!, mi vida por la…
—No. —Neji la sujetó por los hombros apartándola—. Yo siempre estaré a su lado.
—No es cierto. —Una solitaria lágrima surcó su mejilla.
—Lo es. —El rostro de Neji se iluminó, sus manos se volvieron calidas en sus hombros, sus labios se curvaron suavemente en la sonrisa más hermosa que había visto en su vida, Hinata sintió como si un poderoso sueño se apoderara de ella, las rodillas se le volvieron flojas, en el murmullo del aire escuchó las últimas palabras de Neji "porque mi vida ahora esta ligada a la de él". Y antes de caer al suelo un par de brazos fuertes la sujetaron por la cintura y sintió su cuerpo al ser abrazado contra un pecho musculoso, el aroma característico de ese hombre se le metió por la nariz y se sonrojó por completo.
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Naruto despertó a la una de la tarde con quince minutos y veintitrés segundos y se dijo que nunca (nunca de los nuncas, nunca) volvía a aventarse el maratón del terror con Kiba. La cuestión es que el joven Inuzuka había llegado a su casa con un montón de películas, palomitas y Akamaru, apenas pasar había ladrado algo como:
—Mañana estaré muy ocupado con el clan para poder verte, así que veamos películas hoy. —Naruto en realidad no entendía porque Kiba se sentía obligado a pasar un maratón de películas con él como compensación por no verlo en Nochebuena, pero de cualquier manera no se había quejado. Claro que cuando el castaño se fue (alrededor de las tres de la mañana) él se había quedado en vela chillando que veía fantasmas en todos los rincones de su pequeño apartamento.
—Maldito Kiba. —Gruñó parándose y se metió a la ducha más por obligación que por verdaderas ganas, ¡hacía mucho frío!, con la nariz roja se miró en el espejo de su baño, se colocó su chamarra negra con naranja de siempre y para amenizar con la temporada navideña un gorro y bufandas rojas (cortesía de Sakura la última vez que la había visto). La verdad no combinaba con su atuendo, pero no es como si algo como eso le importara en lo más mínimo.
Apenas sentirse lo suficientemente presentable tomó su monedero de rana y partió hacía Ichiraku, no había demasiada gente en las calles y sólo hasta entonces recordó que era 24 de Diciembre. Ino, Shikamaru y Chouji iban a hacer una pequeña reunión y lo habían invitado, seguro no sería una celebración demasiado alegre, sería la primera navidad que Ino y Shikamaru pasarían sin sus padres, además últimamente le parecía que llamaba mucho la atención de los demás (el héroe de Konoha ni más ni menos) y no quería que la reunión de sus amigos se echara a perder por su efervescente fama.
—Buenos días. —Entró al local y lo primero que vio fue a Sai sonriéndole amigablemente—. ¡Dios!, —asustado se llevo una mano al corazón—. ¿Qué haces aquí?
—Pensé que vendrías. —Sai se encogió de hombros—. Te estaba esperando.
—Eso es acosador. —Temblando por algo que no era el frío Naruto se sentó a su lado.
—En el libro de comportamiento humano indica que Navidad es un día para las relaciones amorosas, pero en caso de que estás relaciones sean inexistentes se le puede pasar con amigos o familia.
—¿Y entonces que te hizo venir aquí? —Naruto frunció el ceño mientras le servían un humeante tazón sin que lo hubiera indicado, ¡si que lo conocían bien!
—No tienes familia. —Sai apuntó como cualquier cosa mientras se encogía de hombros, Naruto sintió como una estaca clavada en el corazón a traición—. Y tu novia no te quiere por tu pequeño pe…
—¡¿Cuál es el punto?! —Naruto le tapó la boca con ambas manos luciendo más colorado que un tomate.
—Debido a que mi situación es la misma pensé que tú y yo podríamos pasarla juntos.
—Oh. —Naruto empezó a comer avergonzado, por alguna razón siempre olvidaba a Sai, para salir del bochorno decidió atacar por otro lado—. ¿Y quien te dijo que tengo novia?
—¿Es tu novia, no? —Sai ladeó la cabeza—. La de los enormes pech…
—¡Podrías callarte! —Naruto le dio un capo que le hundió la cabeza en su tazón de ramen.
—¿No lo es? —Sai levantó la cabeza quitándose los fideos del rostro con una servilleta sin lucir afectado por la violencia de su amigo.
—¡Claro que no!, —Naruto empezó a tragar apurado—, es decir, no es como si… digo, Hinata-chan es… —Como siempre que le preguntaban por el asunto empezó a sentirse mareado, suponía que si tomabas la mano de una chica en medio de la batalla más colosal de todas y decías algo como "es gracias a que has permanecido a mi lado", bueno, era normal que todos hicieran especulaciones…
—¿Naruto? —Sai llevaba por lo menos un minuto viéndolo fijamente—. Te estas poniendo rojo y tienes cara de estupido, ¿te sientes bien?
—Sólo cállate. —El rubio suspiró y apuró su tazón.
—¿Entonces no es tu novia?
—No. —Naruto dejó el tazón en la mesa y se limpió la boca con el dorso de la mano.
—Ahora entiendo.
—¿Qué? —Al instante el rubio sintió como si todo su cuerpo se pusiera alerta.
—El otro día estaban hablando de ella.
—¿Quién?, ¿cómo?
—Ya sabes, —Sai siguió comiendo lentamente—, los hombres.
—¿Los hombres? —Naruto apretó los dedos contra la servilleta con aprehensión—. ¿Cuáles?, no, mejor, ¿qué decían?
—Ya sabes. —Sai volvió a encogerse de hombros, Naruto quiso zarandearlo, ¡no, no lo sabía!—. De que tiene buena delantera. —El rubio sintió que se le aflojaba la mandíbula—. Eso y que a lo mejor no era tu novia porque no se les ha visto juntos…
—¿Y que más? —Bien, quizás se estaba viendo algo desesperado, solo abogaba porque Sai no lo notara, con lo despistado que era rezaba porque creyera que tenía diarrea o algo así.
—Que si no era tu novia estaba libre.
—¿Y?
—Nada, —Sai colocó unas monedas sobre la barra—, me fui porque tenía que llevar madera a otro lado. —Luego el ex ANBU se puso de pie—. ¿Vas a ir a buscarla?
—Sí, —Naruto parpadeó y giró a verlo—, ¿Cómo sabes?
—Te has parado después de comer un solo tazón. —El joven se encogió de hombros—. No parece que esa celeridad sea por pasar la navidad conmigo.
—¡Oh Sai!, lo siento, es que…
—No. —El joven alzó una mano—. El capitán Yamato me había invitado, venía a invitarte a ti también, pero veo que tienes otros planes.
—Sí, sí. —Naruto dejó atolondradamente el dinero sobre la barra—.Si puedo me doy una vuelta.
—Seguro. —Sai se alejó con su rostro sin emociones de siempre y él echó a correr, la verdad su búsqueda fue algo tonta e infructuosa, buscó a Hinata por el centro de la aldea y lo único que ganó fue firmar unos cincuenta autógrafos, tener que subirse un par de niños pequeños de caballito y un par de chicas gritando su nombre y mirándolo de reojo.
Cerca de las seis de la tarde la aldea empezó a quedarse sola, los últimos rezagados compraban objetos de último momento y corrían con su familia, Naruto se sintió defraudado, seguramente Hinata estaba con su clan en una de esas reuniones de familia que no iban con él para nada.
Desanimado empezó a caminar por la aldea pateando una lata, lo mejor sería ir con Yamato (seguro Kakashi también estaba ahí), con un suspiro se dijo que no era tan malo después de todo, cuando era niño se pasaba ese día hecho bola debajo de un montón de cobijas leyendo manga de súper héroes y tratando de olvidar que no tenía a alguien esperándolo en casa. Ahora por lo menos podía pasarla con buenos amigos y…
No pudo evitarlo saltó tras una barda y se sentó para ponerse en modo ermitaño, lo único que quería era ver donde estaba Hinata, si estaba con su clan bien, no la molestaría, pero si estaba en una cita con alguien más… bueno, si estaba con su clan no la molestaría.
Estaba tan concentrado en ella que la sintió casi al instante… pero también sintió a alguien más.
—Neji. —Abrió los ojos de golpe y echó a correr deshaciendo su transformación, el corazón le golpeteó con fuerza mientras corría por el bosque, con la luz del sol empezando a apagarse. Como un remolino pudo ver todos los momentos que habían pasado juntos, desde que Lee lo había presentado como el genio de su generación hasta su último momento, su última sonrisa y el último suspiro que había soltado apoyado en su hombro.
Porque fui llamado genio.
Sus ultimas palabras repiquetearon en su cabeza, desesperado avanzó aventando ramas y esquivando hojas que le arañaban la cara y cuando por fin llegó al lago pudo verlos, Hinata y Neji estaban abrazados y eran tan hermosos como si hubieran nacido el uno para el otro, él la mantenía sujeta por la cintura, brillando ante el ocaso, ella lo aferraba por la espalda, su hermoso rostro de muñeca de porcelana estaba elevado hacía él y el anhelo en su mirada parecía decir "No te vayas".
Inconscientemente Naruto retrocedió un paso, le pareció como si fuera un espectador indeseado en el íntimo momento que compartían ellos dos.
—Lo-lo siento tanto… —Los ojos de ella se llenaron de lágrimas y a Naruto le dolió, le dolió como si lo hubieran golpeado—. Yo debía haber muerto y tú… —No, al instante el rubio se tensó entero, ella no podía morir, ella no debía morir, ya eran muchas las veces que se había arriesgado por él, muchas las veces que lo había salvado y si algo le pasaba por su causa…
—Era mi destino. —Neji le sonrió, Naruto dio un paso al frente y luego otro, él también lo sentía, él también lo había llorado, al hombre que se había sacrificado por él.
—¡Puedes cambiarlo!, —súbitamente Hinata elevó el rostro hacía el de su primo, —¡puedes hacerlo!, mi vida por la…
—No. —Neji y Naruto hablaron al mismo tiempo, pero ella sólo escuchó la voz de su primo—. Yo siempre estaré a su lado. —El joven, el genio, el hombre que había decidido su muerte por propia voluntad elevó la mirada y por un momento los ojos claros y los ojos azules se encontraron.
—No es cierto. —Una solitaria lágrima surcó la mejilla de Hinata, pero tanto Naruto como Neji se mantuvieron la mirada, la promesa estaba flotando entre los dos, finalmente el rubio asintió con la cabeza, lo había entendido, Neji vivía en él, el amor de Neji por su prima era su propio amor, Neji siempre la amaría a través de él.
—Lo es. —El rostro de Neji se iluminó, todo alrededor empezó a volverse borroso, pero Naruto caminó con paso firme hasta pararse tras Hinata y la abrazó por la cintura pegándola contra su pecho. Comparada con él ella era pequeña y tan frágil que podría quebrarla con una sola mano y sin embargo había sido ella quien le había hecho recuperar su camino.
—Na-Naruto-kun… —Hacía tiempo que no tartamudeaba su nombre, pero escucharla le pareció infinitamente tierno.
—Hinata-chan. —La sintió débil y casi exánime entre sus brazos así que la sujetó por detrás de las rodillas y la cargó contra su pecho.
—E-era Neji-nii, —ella respiró profundo, sus ojos estaban aún vidriosos—, dijo que era feliz… él dijo…
—Lo sé. —Naruto la apegó más contra él.
—¿Cómo puedes saberlo? —Temblorosa ella balbuceó—. Tenía tanto porque vivir, él era…
—Lo sé porque esta aquí. —Naruto sonrió y por un instante Hinata se quedo sin habla, porque aquella sonrisa tranquila y suave no era del rubio, era de Neji—. Por siempre a tu lado.
—Naruto-kun… —Cerró los ojos—. Nii-san… —Naruto besó su frente y eran los labios suaves y tibios que había soñado desde que era una niña, luego echó a andar y Hinata no supo a dónde iban o que harían de ahora en adelante, pero comprendió, sin temor a dudas, que Neji tenía razón, él siempre estaría con ella. Porque el corazón de Naruto latía en sincronía con el suyo.
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Notas de Okashira Janet: ¡Feliz año nuevo!, este oneshot originalmente estaba planeado para el concurso de NarutoFanfics, pero al final no tuve tiempo y además quise que al final fuera NaruHina. Estoy muy feliz por el rumbo que va tomando el manga, aunque Kishimoto siempre termina destrozándome el corazón, aún no me recupero de lo de Neji.
Agradezco a:
Lu Hatake
Ro0w'z
nathita
Namikaze Rock
Something can change tonight
Rose129
Rocio Hyuga
Bella Uchiha Cullen
Gaby L
HoshiNoTsuya
NANA-chan53
Necare77
Eda Bravo
Tokiro-goi ¡review 500!, ¡emoción!
Stefany BM
Spike
Zhura
Tsukihime-chan Yoru Ni
Saihina4ever
Pandemonium Potter
FlorItachiUchiha
Hiinaataah Hiime-chan
Yumi Hatake
CeCiLUZ
Hinamel
Anii Gabiiz
A todos muchas gracias por leer (Kakashi esta muy feliz) incluso me ha pedido que le vuelva a hacer un fic, pero con "De vuelta a tu corazón" tuve suficiente KakaHina para toda la vida (risas).
En otras noticias quiero que sepan que ya se llenaron las solicitudes para Imágenes, ¡muchas gracias a todos los que cooperaron con una imagen para el reto! En cuanto a "Latidos sepultados" no es que haya olvidado a Gaara es que realmente he tenido demasiado trabajo últimamente (eso y que últimamente estoy más NaruHina que nunca), pero no lo dejare tirado, lo prometo.
A todos muchas gracias por leer, ¡felices fiestas!
1° de Enero del 2012 Martes
