CAPÍTULO 33 – "ENTRE SECRETOS SALIDOS A LA LUZ, CAMBIOS DE CUERPOS Y REGALOS DE CUMPLEAÑOS. PARTE 2"
Draco se había levantado temprano, muy temprano. Debía ir primero al Ministerio de Magia, a hacer unos trámites, después a ver a Zulema, quien se encargaría de arreglar todos los preparativos de la fiesta de cumpleaños de Hermione y el mejor... bueno, ya entienden... y por último a la joyería...
Se sentía emocionado, aunque no entendía porque, ya que por más que hiciera eso, nada cambiaba, las cosas iban a seguir siempre de la misma forma y manera, pero aun así, era imposible no sentir lo que sentía en ese momento.
Había dejado a Hermione aun durmiendo, aunque claro, le había dicho el día anterior que debía ir a Ministerio a terminar unos papeles importantes que eran sobre la herencia de su abuelo y no sabía que fruta más le había le había dado para escapar de la verdadera razón.
En cuanto entró al Ministerio, se fue directo al despacho del ministro, pero en su camino, se encontró con ella... con la que por un momento, casi le arruina la vida por completo.
Sí, se veía realmente extraña vestida de esa forma, y con muchas carpetas entre sus brazos, y por su cara se veía cansada, cosa que le dio mucha risa, pero que la supo ocultar bajo su frialdad...
Astoria se sentía desilusionada y aun no entendía el porque. Ya que en verdad, no esperaba que el la besase de nuevo, o que la mirase como un hombre mira a una mujer, y no otros de sus pares, tampoco esperaba que el le hablara con cariño... al diablo, ella se esperaba eso y más.
Realmente, no esperaba que ni bien, ambos se quedarán solos, Ron, le empezara a explicar del papel que ella tomaría en ese lugar. De las advertencias, que eran muchas, le dio y que si no cumplía iba a terminar en la calle. En la forma en que le hablara, era muy formal, como si era la primera vez que se vieran, como si hubiese olvidado ese beso... en fin...
Sacudiendo su mente, para sacar esas ideas locas, y apurarse en llegar aquellas pesadas carpetas que le había pedido. Como eran tan pesadas, le era un poco complicado llevarlas, así que de vez en cuando, se tambaleaba un poco y volvía a establecer su equilibrio. Sí, podía utilizar magia para eso, pero como aun no se conocía todos los hechizos que te permitían realizar tu trabajo de forma rápida, lo tenía que hacer todo manual, y valla que era complicado.
En su mente, empezó a quejarse, hasta que de alguna forma extraña lo vio a él. Con pasos, no muy seguros, se acercó a Draco.
– ¿Me preguntaba, si usted no podría ayudar a esta dama? –. Dijo ella, con una sonrisa verdadera. Nunca en su vida, se había alegrado tanto de ver a alguien.
– ¿Qué dama? ¿Te refieres a la señora que se encuentra allá? –. Le preguntó él provocándola. Sabía que eso a ella le molestaría y mandaría todo al garete. Esperó un momento, esperando que la furia de ella se desatara y empiece a gritar como loca, pero no sucedió eso, no. Ella, por un momento se enojó, sí, pero luego comprendió que eso no le serviría de nada, así que, largó una carcajada divertida.
– Anda ya, Draco, necesito ayuda en verdad. Siento que en cualquier momento me voy a caer, y para colmo si sigo tardando más tiempo, estoy segura que mi jefe al final, me terminará echando, como me dijo no hace más de treinta minutos –. Le dijo ella, sin esperar que él reaccionara, le dio tres carpetas, que por loa sombrado que estaba, tomó sin darse cuenta.
Él la siguió como un robot, aun sin apartar la vista de ella.
– No me mires asís, me haces sentir extraña y nerviosa –.
– ¿Pero... Astoria? –. Preguntó él.
– ¿Quién sino? –.
– No pareces tu –.
– No me digas, no me había dado cuenta... si es verdad, para serte sincera, he dejado todos mis vicios atrás, y ahora estoy decidida a "sentar cabeza" y que se yo que más. Mírame, tengo un trabajo y soy feliz... bueno, no tan feliz como quisiera, pero he comenzado a ser feliz, desde que tomé el camino de la libertad –. Le explicó ella, calmadamente.
– ¿Y mi pa...? –. Quiso preguntar él, pero fue interrumpido por ella.
– ¿Él? Ya estaba cansada de ser usada y luego tirara, para luego volver a ser usada. Me cansé de las malditas órdenes de mi madre y ahora me vez, sin maquillaje, ropa que utiliza la gente civilizada –. Continuó ella.
Draco la volvió a mirar, y se dio cuenta que Hermione, había tenido razón, de que ella realmente había cambiado, pero aun desconfiaba, ya que una persona, no puede cambiar de un momento a otro. Aunque no volvió a mirarla de forma fría y distante, no bajó la guardia del todo.
– Dime, ¿ya te has decidido? –. Preguntó ella de golpe.
– ¿Perdón? –. Quiso saber él, sin entender a qué se refería ella.
– A ella, le gustaría que sea en un lugar en donde allá árboles, en una noche, que sólo se escuche el sonido del viento y el latido sus corazones. Y no quiere un anillo, ella quiere un enlace a lo antiguo –. Le informó ella con una radiante sonrisa.
– ¿Qué? –. Preguntó sorprendido.
– Quiere que ambos compartan su alma, ella tendrá la mitad de la tuya, mientras que tú la mitad de la de ella. Aunque para serte sincera, es un hechizo realmente complicado y no es fácil de hacer, pero ya que ella es una bruja excepcional, lo va a lograr sin ninguna dificultad –. Concluyó, volviendo a tomar las carpetas devuelta. – Bueno, me alegro de a verte visto, y realmente te pido disculpas por todo aquello que te he hecho –. Terminó y una vez que golpeó la puerta del despacho de su jefe, entró.
Draco aun seguí sorprendido por toda aquella extraña información que recibió, pero al comprender todo, le dedicó una sonrisa amistosa a la puerta y siguió su camino...
Ron se sentía nervioso al tener aquella mujer a cada rato revoloteando a su alrededor. Así que, para sacársela de encima, le enviaba a hacer a cada rato distintos trabajos, como que trajera carpetas, y luego llevara otras, que le trajera cosas para beber, o que fuera a fuera a ver si llovía. Sabía que se estaba propasando, pero, no quería tenerla cerca.
A la hora del almuerzo, la mando a comer con todos los demás empleados, mientras que él, se iba a quedar encerrado en su despacho, comiendo sólo, pero eso era imposible. Nunca pudo comer sólo, eso le fastidiaba, así que rendido, tomó sus cosas, y se fue al comedor.
Se sentó al lado de Harry, cosa que este le miró y le dio una sonrisa divertida.
– Si dices algo te juro que te mato –. Le amenazó.
– Oh vamos Ron, ¿no es una distracción para tu trabajo? –. Preguntó Harry, cosa que al ver como su amigo se ponía colorado, no se aguantó más y comenzó a reírse.
– Vasta Harry –. Dijo Ron, con vos autoritaria. Cosa que su amigo paró, pero luego de un momento, volvió a reírse. – ¿Lo sabías? ¿Sabías que sería ella y no me dijiste nada? –. Quiso saber.
– Todo el mundo lo sabía, pero como siempre, tú eres el último que se entera, y sólo porque no querías saber nada –. Le explicó a su amigo, una vez que se calmó.
– ¿Por qué no me lo dijiste tu mismo? –.
– ¿Para qué? Si no fuiste capaz de escucharme cuando te anuncié que tendrías una persona que te ayudaría, y lo más gracioso que dabas por hecho que era un hombre –. Dijo Harry, volviéndose a reír.
Su amigo, le dio un puñetazo en el brazo y dejó de prestarle atención. Mientras comía, paseó su mirada por todo el lugar, hasta que la encontró. No muy lejos de él, ella comía junto con otro grupo de secretarios, y por ver la expresión que llevaba, estaba divirtiéndose mucho. Desde el lugar en donde estaba, la podía ver muy bien. La verdad, no se veía de la misma forma en que la había visto aquella vez, que ella le besó, en ese momento, ella estaba muy maquillada y la ropa que llevaba puesto no dejaba nada a la imaginación... pero en verdad, se veía mucho más hermosa ahora. Y se daba cuenta de que ella, era mucho más hermosa que... "Idiota" se insultó él mismo, y se obligó a fijar la vista en otra parte, sin darse cuenta de cómo Harry se había dado cuenta de la actitud de su amigo...
Narcissa apareció cerca de la gran verja que resguardaba la mansión. Haciendo el hechizo de entrada, entró. Ni bien puso en pie ahí dentro, vio que todo había cambiado. El pasto que antes era verde, o las flores o árboles que se encontraban en el patio principal de la mansión, todo se encontraba seco, y quemado, y eso sólo indicaba una cosa.
Corriendo, entró por la puerta principal, y vio el desastre que había dentro. Todos estaba oscuro, y había un olor a podrido e insoportable en el aire. Desesperada, subió corriendo las escaleras hasta llegar a la habitación que en donde siempre se quedaba Lucius Malfoy, cada vez que estaba sólo o en compañía de alguna de sus amigas, abrió la puerta y ahí lo vio.
Acostado en su cama, vestido con sus mejores ropas, y enjoyado, con las manos cruzadas unidas agarrando su bastón, en donde siempre guardaba su varita. Estaba más blanco de lo acostumbrado. Parecía que dormía, pero no era así, no. Él, Lucius Malfoy, estaba muerto.
Narcissa respiró hondo, y se acercó a una pequeña mesa, en donde había una serie de documentos, los tomó y los leyó. Todo, pero todo, le dejaba a su único hijo, y extrañamente, a su futuro nieto. Narcissa no pudo contener aquella lágrima que se le escapó del ojo. Sí, lloró por él, porque sabía mejor que nadie, a pesar de que siempre se mostraba como una persona huraña y detestable, él, había sido un buen hombre, corrompido por el poder, pero un buen hombre...
Draco volvía a casa feliz. Al final había seguido el consejo de Astoria, y había organizado todo aquello de una forma distinta, y realmente único.
Entró dentro, con una gran sonrisa, y fue directo a la habitación, pero no estaba ahí, ni en el baño, ni en ninguna parte de la casa, sin querer desesperarse, fue a la casa de los Weasley y esperó a que ella le abriera, pero en vez de ella, le abrió la señora Weasley.
– Draco, cariño. Ven a desayunar, ven –. Le ofreció ella con cariño. – ¿Y Hermione? –. Preguntó mirando para todos lados.
– Eso es lo que le venía a preguntar. Hermione no se encuentra en casa –. Dijo él, ahora preocupado.
– ¿Cómo? –.
– No... no está... no sé... –. Intentó explicarle pero la señora Weasley le dejó hablando sólo, y se dirigió a la chimenea para dar aviso a su hijo Ron, que Hermione no se encontraba por ninguna parte.
Luego de que intentara por un largo rato, al final pudo contactarse con alguien, que en ese momento, estaba en el despacho de su hijo.
– ¿Sí? –. Preguntó una vos femenina.
– Quiero... –. Pero la señora Weasley no pudo terminar, ya que Draco se metió y la interrumpió.
– Rápido Astoria, llama a Weasley y Potter –. Dijo.
Astoria asintió y salió corriendo a buscar a su jefe al comedor. Cuando llegó a la mesa se encontraba un poco agitada, Ron y Harry la miraron extrañados.
– Señor Weasley, le llama el señor Malfoy, dice que es urgente, se encuentra en su despacho –. Dijo ella, una vez que recuperó el aire. Los dos se levantaron en seguida y fueron al despacho.
En cuanto Draco, les dijo que Hermione no se encontraba en ningún lugar, Ron y Harry salieron del ministerio y se aparecieron en La Madriguera.
– No sé en donde está, no sé adonde fue –. Dijo Draco temiendo lo peor.
– Bueno, ya la encontraremos –. Dijo Harry para tranquilizarlo. – Por ahí está en el pueblo –.
– No, no Harry, ella no está en el pueblo –. Dijo Ginny, que recién llegaba de ahí. – La he buscado y no la he encontrado en ningún sitio. No sé yo tampoco a donde habrá ido... tal vez a lo de su padre –.
Y así, todos se dividieron para buscarla en sitios posibles en donde ella se pudo a ver ido...
Narcissa dejó todo como estaba, antes que nada, primero debía decirle a su hijo lo ocurrido, y luego sí, podían los del ministerio a buscar su cuerpo. Así que, salió de la mansión, y se apareció en la casa de su hijo. Entró y buscó a alguien en la casa, pero no encontró a nadie, pensando que tal vez salieron los dos, a alguna parte, se fue a su habitación.
Al entrar, vio que todos los papeles de Hermione estaban esparcidos por el suelo, y no le llevó ni un segundo en entender lo que había pasado. Ella había descubierto la verdad, y de una forma para nada agradable...
