Mente rota, alma quebrada
El Cáliz de fuego y la Cámara de Slytherin
—¡No puedo creerlo! —exclamó Ron con admirado anonadamiento. Los visitantes acababan de ingresar al Gran Salón y los alumnos iban entrando. —¡Krum, Harry! ¡Viktor Krum!
—¡Oh, por el amor del Cielo! —clamó Hermione desdeñosa revoleando los ojos— ¡Es sólo un jugador de quidditch!
Pero Ron no pareció reparar en la réplica admonitoria siguió tartamudeando y farfullando hasta que ocuparon sus lugares habituales en la mesa de Gryffindor. Harry y Neville reían. Pero eran muchos los deslumbrados por el astro deportivo. Los mellizos incluidos.
Krum, por su parte, les había puesto muy mala cara a todos sus fans y se había negado a firmar autógrafos.
Los alumnos de Beauxbâtons se ubicaron en la mesa de Ravenclaw y los de Durmstrang en la de Slytherin. Para gran decepción de Ron.
Cuando todos hubieron tomado asiento, Dumbledore se puso de pie. —Buenas noches señoras y señores, es un gran placer para mí darles la bienvenida a nuestros distinguidos visitantes. —dijo abriendo los brazos expansivo y abarcador— Espero y confío que disfruten de su estadía aquí en Hogwarts. El Torneo se inaugurará oficialmente al terminar el banquete. Los invito ahora a regalarse con la comida y la bebida, siéntanse como si estuvieran en su casa.
La cena se prolongó bastante más de lo habitual y transcurrió en armonía y sin sobresaltos. O casi. En un momento una chica rubia de Beauxbâtons, se acercó a la mesa y le pidió a Ron que le pasara una de las fuentes servidas. Ron se aturulló encandilado por la belleza de la chica. Hermione se puso celosa e hizo un comentario denigratorio sobre la actitud de Ron. Pero Ron no había el único que había quedado aturdido por el encanto de la señorita. Harry y Neville, que no se habían visto afectados, comentaron por lo bajo que probablemente la chica tenía algo de veela.
Cuando terminaron de comer, Dumbledore presentó a los dos funcionarios del Ministerio que se hallaban presentes: Barty Crouch y Ludo Bagman. Explicó a continuación sobre el Cáliz de fuego y dio detalles generales sobre las pruebas. Ninguno de los competidores sabría en que consistirían hasta poco antes de llevarlas a cabo.
—Como ustedes saben, tres campeones compiten en el Torneo. Uno de cada una de las escuelas participantes. La puntuación que se les otorgará tendrá en cuenta no sólo si lograron completar la prueba sino también la forma en que la llevaron a cabo. Se evaluará el poder mágico, la valentía, la capacidad de deducción y, por supuesto, la habilidad para enfrentarse a situaciones peligrosas.
Dumbledore depositó entonces el Cáliz sobre un pedestal ubicado delante de la mesa de profesores. Explicó que quedaría rodeado por una barrera de edad invisible, sólo aquellos mayores de diecisiete podrían acercarse para depositar su postulación en el Cáliz. La selección de los candidatos tendría lugar al día siguiente durante el festín de Halloween.
—Una línea de edad… —repitió Fred sonriendo— Debería poder evitarse con una poción de envejecimiento, ¿no?
—Y una vez que brota un nombre… hay obligación de competir… no van a poder detenernos. —completó George.
—Pero no creo que nadie menor de diecisiete tenga posibilidades de ganar. —apuntó Neville— Por lo que han dicho hasta ahora no hay dudas de que va a ser muy difícil.
—Hablá por vos. —replicó George— Nosotros somos más que competentes. Y el premio nos vendría muy bien para nuestros proyectos.
—Y vos Ron, ¿no querrías entrar? —preguntó Fred.
Pero Ron no contestó. Tenía la atención concentrada en los alumnos de Durmstrang que marchaban un poco más adelante hacia la salida. —Todos de regreso al barco. —ordenaba en ese momento el director Karkaroff— Viktor, ¿cómo estás? ¿Comiste suficiente? ¿Querés que te pida un poco de vino caliente especiado?
Krum negó con la cabeza al tiempo que se ponía el abrigo de piel.
—Yo sí quisiera un poco de vino, profesor. —dijo otro de los alumnos.
—No te lo estaba ofreciendo a vos, Poliakoff. —le espetó Karkaroff con mal tono— Y tenés toda la camisa sucia de comida… repugnante…
En ese momento notó a Harry y la cicatriz. Los ojos se le abrieron grandes, parecía no poder creer lo que veía.
—Sí, es Harry Potter. —confirmó la voz de Moody desde un costado.
Karkaroff se volvió a mirarlo. —¡Vos! —gruñó. Se puso pálido de repente y algo de miedo se le coló en la mirada.
—Sí, yo. —dijo Moody sonriendo— Y no se queden ahí parados que están obstaculizando la salida.
Karkaroff y sus alumnos se apresuraron a salir. Harry se volvió hacia Moody para solicitarle una explicación, pero el profesor ya se estaba alejando rengueando de regreso a la mesa principal.
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A la mañana siguiente hubo un sinfín de risas cuando los mellizos intentaron burlar la línea de edad. Terminaron con cabellos blancos y largas barbas del mismo color y por supuesto no pudieron introducir sus nombres en el Cáliz. Los mandaron al ala hospitalaria.
Hermione, Ron y Harry decidieron ir a visitar a Hagrid y se quedaron varias horas en la cabaña. La pasaron muy bien, hablaron de muchas cosas. Hagrid hizo referencia en múltiples oportunidades a madame Maxime, la directora de Beauxbâtons.
—¡Le gusta! —exclamó Ron asombrado cuando ya volvían al castillo para prepararse para la cena. —Si llegan a tener chicos, apuesto a que van a pesar una tonelada.
—¡No seas insensible, Ron! —le recriminó Hermione— Yo creo que harían una pareja muy tierna…
—Como no podría ser de otra forma… —dijo Ron con sorna y revoleando los ojos.
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El Gran Salón estaba preciosamente engalanado como era habitual en todas las celebraciones y la cena fue abundante y deliciosa como era tradicional.
Cuando terminaron con los postres, Dumbledore se puso de pie y anunció: —El Cáliz de Fuego está a punto de comunicarnos su decisión. Iré llamando uno a uno a los campeones elegidos. Les pido a los aludidos que cuando oigan su nombre se acerquen a la mesa de profesores, serán conducidos a una cámara contigua y esperarán allí hasta que se haya completado la selección.
Todos aguardaron en silencio muy ansiosos. De repente, la llama del Cáliz duplicó su tamaño y expulsó un trozo de pergamino que voló hasta la mano del director.
—El campeón de Durmstrang es… ¡Víctor Krum!
—¡Era de esperar! —gritó Ron por encima del gran bullicio que había inundado el recinto. Harry aplaudió vivamente. Krum se puso de pie y se encaminó con andar medido hacia la mesa principal. Dumbledore lo felicitó estrechándole la mano y le indicó la puerta que conducía a la cámara de espera. Los aplausos y los vítores continuaron hasta que la llama del Cáliz aumentó nuevamente su actividad. Y otro trozo de pergamino voló a la mano de Dumbledore.
—El campeón de Beauxbâtons es… una campeona… ¡Fleur Delacour!
—¡Es ella, Ron! —exclamó Fred riendo.
—Tu doncella enamorada que adora tu bouillabaisse. —agregó George haciéndole una caidita de ojos.
—¡Ya cállense! —reaccionó Ron con brusquedad. Se había ruborizado.
La chica rubia, muy bonita se acercó a la mesa principal meneando suavemente y con gracia las caderas. Muchos fueron los pares de ojos que siguieron fascinados su avance. La empatía de Harry detectó una fuerte onda de decepción proveniente de la mesa de Hufflepuff. Cuando se volvió a mirar vio a varios de los alumnos visitantes llorando.
—Deben de sentirse muy frustrados. —comentó Hermione con comprensión— ¿Les parece que los mandarán de vuelta a Francia?
Todos se encogieron de hombros y concentraron su atención en el Cáliz que acababa de arrojar al aire un tercer trozo de pergamino.
—El campeón de Hogwarts es… ¡Cedric Diggory!
La mesa de Hufflepuff explotó de júbilo. Cedric pareció muy sorprendido durante un segundo, luego sonrió, se puso de pie y enfiló hacia el frente. Los aplausos cobraron mayor intensidad.
Cuando hubo desaparecido por la puerta hacia la cámara contigua, Dumbledore se volvió hacia el alumnado para despedirlos y desearles buenas noches. Pero antes de que pudiera iniciar su alocución final, el Cáliz cobró actividad y expulsó otro trozo de pergamino.
Se produjo un repentino silencio. Dumbledore abarajó la nota, la leyó y por una fracción de segundo sus ojos se abrieron de asombro, pero fue tan breve que casi nadie lo notó. Alzó la cabeza y su mirada apuntó a la mesa de Gryffindor.
—Harry Potter…
Varios profesores se pusieron de pie y convergieron hacia Dumbledore susurrando vehementes y gesticulando frenéticos. Harry se había puesto pálido y tembloroso, todos a su alrededor parecían estar en shock y mirándolo fijamente.
—Yo… no puse mi nombre en el Cáliz… —tartamudeó. ¿Cómo era posible que apareciera su nombre? Gabriel… ¿esto es cosa tuya?
¡Claro que no!, replicó Gabriel indignado.
Yo no se lo habría permitido, confirmó Silas. No me extrañaría que Dumbledore tuviera algo que ver, ¿no le notaron la expresión de decepción cuando brotó el nombre de Diggory? Lo que no expresó fue que si no había sido Dumbledore entonces debía de tratarse de un agente de Voldemort. Silas tenía muy presente las visiones y toda la información que le habían proporcionado las cartas de Draco.
—¡Harry Potter! —repitió Dumbledore— Harry, acercate por favor.
—¡Andá! —lo instó Hermione susurrando.
Neville le dio un apretón en el brazo para animarlo pero Harry podía percibir preocupación y temor en su aura. Se puso de pie y avanzó tembloroso hasta donde estaba el director. Casi todos los adultos clavaron miradas duras en él.
—Yo… yo no… no sé cómo puede ser que…
—Andá a esperarnos allí. —lo interrumpió Dumbledore indicándole la puerta.
—Pero…
La mirada del director se tornó perentoria. Harry bajó ligeramente la cabeza y obedeció. El corazón le batía al doble de lo normal cuando ingresó a la habitación. Era bastante amplia, casi tan grande como la sala común de Gryffindor. Los tres campeones seleccionados que se encontraban cerca de la chimenea se volvieron a mirarlo cuando lo oyeron entrar.
—¿Te mandaron a que nos llamaras? —preguntó Fleur.
Harry no respondió. Ahora que estaba aparte de la multitud del Gran Salón, se animó a bajar un poco sus escudos y pudo percibir las emociones de los otros tres. Viktor estaba fastidiado y muy cansado, no le gustaba para nada haber sido elegido. Cedric estaba muy nervioso y el flujo de adrenalina de minutos antes iba mermando, se sentía algo contento pero al mismo tiempo empezaba a considerar que quizá no había sido tan sensato postularse como candidato. Fleur era la única realmente satisfecha, su aura reflejaba orgullosa felicidad y mucha ambición.
No tuvo tiempo para insistir con sus preguntas puesto que ese momento entraron los profesores y las otras autoridades. Harry refortificó sus escudos al instante, las emociones de enojo, de sospecha y de preocupación del grupo recién llegado lo habían sacudido como una ola violenta. Y los gritos lo mordían aunque no iban dirigidos hacia él… era demasiado y optó por retirarse, Gabriel tomó el control. Enderezó la postura y les frunció el ceño a los adultos con una expresión claramente desaprobadora.
Ludo Bagman se le acercó y le apretó ligeramente un hombro. —¡Extraordinario! —exclamó. Gabriel lo obligó a que lo soltara con un movimiento brusco. Ludo rió nervioso. —¡Absolutamente extraordinario! —insistió— Señoras, señores… aunque parezca increíble, he aquí al cuarto campeón del Torneo de los Tres Magos.
Víktor y Cedric no disimularon su desconcierto pero no dijeron nada. Fleur, en cambio, reaccionó airada y a los gritos.
—¡Esto es ridículo! ¡Potter tiene catorce años, es evidente que hizo trampa! ¡No debe permitírsele participar!
—¿Dos campeones de Hogwarts? ¡Inaceptable! —aulló Karkaroff.
—¡C'est imposible! —chilló madame Maxime— ¡Una injusticia intolerable!
—¡La barrera de edad no sirvió para nada! ¡Una chapucería!
—No está calificado para una competencia de este tipo, Albus…
—¡Uno de ellos DEBE ser descalificado! Y el buen juicio demanda que sea Diggory el que continúe.
—¡Silencio! —rugió Dumbledore acallándolos y se volvió hacia los funcionarios ministeriales— Sr. Crouch… Sr. Bagman… ustedes son los jurados imparciales, ¿cuál consideran que sea la mejor vía de acción?
Ludo miró a Barty cediéndole el derecho a decidir.
—Debemos actuar de acuerdo a las reglas. —dijo Crouch— Y las reglas establecen claramente que aquellos cuyos nombre surgen del Cáliz quedan vinculados y están obligados competir.
Hay algo que no está bien en él… sus ojos… me recuerdan…, dijo Silas con suspicacia.
—Bueno… Barty se conoce el reglamento al dedillo. —dijo Ludo sonriendo con alivio— Estoy totalmente de acuerdo con él, Harry Potter debe competir.
Los directores de las otras dos escuelas protestaron y demandaron que se eligieran otros dos participantes, pero sus reclamos fueron denegados. Se impartieron las instrucciones preliminares para la primera prueba y luego los funcionarios se retiraron. Y detrás de ellos salieron los furiosos directores seguidos de sus alumnos.
Gabriel clavó una mirada disgustada en Dumbledore. —Gracias por haber hecho todo lo posible para evitar que yo participe en esta competencia frívola y peligrosa. ¡Pero no pienso hacerle de peón y no voy a competir! Nadie me preguntó a mí si tenía deseos de participar… ¡y no los tengo!
—Lamento profundamente, mi muchacho, no haber podido hacer nada para protegerte. —dijo Dumbledore con honda congoja. Gabriel bufó escéptico. El director hizo de cuenta que no lo había notado. —Pero éste es un contrato que vincula mágicamente y si no se cumpliera acarrearía penalidades.
—¿Y cuáles son las penalidades por poner en serio peligro a un menor vulnerable que está bajo su cuidado y protección? —demandó Gabriel— ¡¿Cómo se pena tamaña negligencia?!
—Tiene razón, Albus. —intervino Moody— El chico no introdujo su nombre. Alguien más lo hizo. Alguien con gran destreza mágica, al punto que logró embaucar al Cáliz para que se convenciera de que participaba una cuarta escuela… y de que Potter era el único alumno de la supuesta institución que se había postulado. Todo hace suponer que lo han empujado a participar para que termine muerto, de otro modo no se explica…
—Gracias, Alastor, por tu opinión. —lo interrumpió Dumbledore con hosquedad— Ya es suficiente.
—Quiero creer que no ha sido ésa la razón. —dijo la profesora McGonagall muy preocupada.
—¡Poco importa! —reaccionó Gabriel con brusquedad— Porque no voy a competir. ¡Y tampoco voy a aceptar ningún tipo de penalidades porque yo no puse mi nombre en el maldito Cáliz!
—Las pruebas serán difíciles y peligrosas, pero son realizables si se toman los recaudos necesarios y si se planea con inteligencia y anticipación. Harry no es el único que podría resultar dañado durante el torneo. —dijo Dumbledore con tono serio— Fleur, Viktor y Cedric podrían resultar severamente heridos también. Al menos Harry contará con alguien de su escuela que eventualmente podrá ayudarlo y protegerlo si fuera necesario… y viceversa.
Gabriel se puso rígido de repente, empezaba a entender a qué se refería Dumbledore. Él no era un chico cualquiera de catorce años. Su especialidad era el combate y estaba perfectamente capacitado para enfrentar situaciones peligrosas, era más habilidoso y contaba con más recursos que los otros participantes. Si algo llegara a pasarles estaría cercano y disponible para ayudarlos… para salvarles la vida incluso. Y Gabriel lo sentía como una obligación, era su deber protegerlos.
¡No, Gabriel! ¡Me niego terminantemente!, aulló Silas furioso. ¿No te acordás de mis visiones? Voldemort mostró particular interés en el torneo… ¡no debemos involucrarnos!
El interés de Voldy es una mayor razón para participar. Si viene se concentrará en mí y no les hará las cosas más difíciles a los otros tres.
Mirando fijamente a Dumbledore declaró determinado. —Está bien, voy a tomar parte de la competencia.
No hizo caso alguno de las imprecaciones de Silas que atronaban en sus oídos ni de la mirada admonitoria de Severus. Silas y Severus ya entenderían, él no necesitaba pedirles permiso. Era algo que debía hacer.
¡Gabriel, sos un tarado! Si Voldemort viene por nosotros, ¡estás poniendo a los otros campeones en mayor peligro!, gritaba Silas.
Lo siento, Sy, respondió con sinceridad. Pero la decisión ya había sido tomada y no iba a echarse atrás.
—Muy bien. —dijo Dumbledore con un breve gesto de asentimiento— Deberías volver ahora a la torre. Tus amigos seguramente querrán celebrar, sería una lástima privarlos de la oportunidad de una fiesta.
Gabriel saludó brevemente y se marchó. Silas había optado por el silencio, aunque estaba que trinaba de furia. Gabriel hizo una mueca, lo lamentaba pero no habría podido actuar de otra manera. Y todavía le tocaba enfrentarse con sus compañeros de Casa, sospechaba que no todos iban a recibirlo con gran contento y entusiasmo.
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Lo cierto fue que apenas entró lo alzaron en andas y lo pasearon orgullosos con mucha algarabía. El festejo se prolongó casi dos horas.
La cosa se puso más espinosa cuando entró al dormitorio. Seamus y Dean estaban muy serios y en silencio. Y Neville miraba con muy mala cara a Ron.
Ron le clavó una mirada envenenada. Era evidente que estaba convencido de que Harry había encontrado la forma de introducir su nombre en el Cáliz, no era el único que pensaba así, exceptuando a Neville y quizá a Hermione, los demás creían lo mismo.
—¡Yo no puse mi nombre en el Cáliz! —aclaró de entrada con vehemencia.
—Sí, claro… si hasta te voy a creer y todo. —replicó Ron desdeñoso— ¡No soy estúpido, para que sepas!
—Pues te estás comportando como si lo fueras. Un amigo verdadero amigo debería conocerme mejor. —contestó Gabriel con acritud. Estaba harto de las actitudes pueriles de Ron— Probablemente no sos tan buen amigo como creés.
—¡Vos tampoco! —le espetó Ron— Estás siempre muy ocupado buscando ser el centro de atención, haciendo gala de tu fama… no te queda tiempo para dispensarnos a nosotros… los inferiores, los del grupo del común de los mortales.
—¡Acá el único inferior sos vos! ¡No puedo concebir que sientas envidia de esto! ¡Ya deberías saberlo! ¡Cuando de mí se trata todo siempre resulta muy peligroso!
Bien puesta ésa, dijo Silas.
¡Oh, vos callate, Sy! Vos nunca lo soportaste y no te importa en absoluto. Y ni te molestes en hacerme notar que Harry habría manejado las cosas de modo diferente. Lo sé muy bien, pero estoy harto de las actitudes infantiles de Ron, a estas alturas ya debería haber madurado, siquiera un poco. Gabriel se subió a la cama y cerró las cortinas a su alrededor.
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Aprovechando que Gabriel dormía, Silas tomó el control una hora más tarde y se levantó. Se cubrió con el Manto y partió en dirección a los subsuelos. Seguía muy contrariado por lo que había hecho Gabriel. Sonrió malicioso, sabía que Gabriel pondría el grito en el cielo si llegaba a enterarse de lo que estaba por hacer. Era en parte una forma de desquitarse… pero no era la única razón. Su objetivo era obtener más información y la información era crítica para la supervivencia.
Llegó ante la entrada a la sala común de Slytherin. No estaba guardada por un retrato. Como el acceso a Diagon desde El caldero que pierde, había que presionar una serie de piedras en una determinada secuencia. Pronunció un encantamiento que le reveló la clave, las piedras que habían sido tocadas mayor cantidad de veces comenzaron a brillar suavemente. Eran cuatro. Tuvo que probar varias alternativas cambiando el orden pero finalmente dio con la apropiada.
Harry ya había estado en la sala común en segundo año, nada parecía haber cambiado mucho desde entonces. No era una amplia habitación como la de Gryffindor, estaba diseñada con separaciones armónicamente distribuidas para crear varios sectores relativamente privados e independientes. Había tres chimeneas. El suelo estaba cubierto por un grueso alfombrado verde. Había un corredor que conducía a los dormitorios de los varones. Silas pronunció un ¡Oriéntame! para ubicar la habitación de Draco.
Tuvo que caminar bastante y bajar unas escaleras. Finalmente divisó la puerta que se destacaba porque relumbraba suavemente. No le resultó sorprendente que estuviera protegida por sólidas barreras mágicas. Suspiró, le habría tomado demasiado tiempo neutralizarlas. Bueno… iba a tener que recurrir a la astucia. Golpeó suavemente a la puerta. Nada ocurrió durante un minuto. Dio un par de golpes más enérgicos. Unos segundos más tarde oyó unos susurros desde adentro y Draco abrió la puerta. A pesar de que era claro que había estado durmiendo su expresión lucía bien alerta.
La puerta de enfrente también se abrió y Goyle asomó la cabeza. Él sí que parecía más dormido que despierto. Silas aprovechó la ocasión para introducirse en la habitación con sigilo y sin tocar a Draco.
—¿Se trata de una broma? ¿Quién golpeó a mi puerta?
—Yo no fui, Draco. —gimió Goyle— Y tampoco vi a nadie.
—Volvé a dormir… ¡y que no se repita! —dijo Draco al tiempo que reingresaba a su cuarto cerrando la puerta detrás de sí. Grande fue su sorpresa cuando a vio a Potter sentado en su cama mirándolo con una comisura en alto. La boca se le abrió del asombro.
—Muy interesante. —comentó Silas con tono casual y sus ojos derivaron estudiando la habitación— ¿Bromas similares se registran con cierta frecuencia?
—¿Qué estás haciendo acá? —preguntó Draco no del todo recuperado todavía— ¿Cómo entraste?
—Tranquilizate, Serpentine. —respondió Silas poniéndose de pie y sacudiéndose distraídamente un hombro. —Habías puesto en tu carta que había otras cosas que te gustaría discutir en privado y personalmente. Bueno… aquí estoy… y tengo además una propuesta de negocios que quisiera ofrecerte.
Draco recuperó la compostura de inmediato y alzó una ceja interesada. Los ojos grises lo estudiaron de arriba abajo durante unos segundos. —Sos un actor excelente, Potter. ¿Cómo te las arreglás para dar siempre la imagen de un Hufflepuff mosquita muerta?
—Oh, es mucho más fácil de lo que podrías imaginarte. —sonrió Silas y sus ojos relumbraron peligrosos— ¿Estarías o no interesado en una propuesta de negocios, Draco?
—Me interesa. —respondió Draco sin vacilar.
—Excelente. —dijo Silas— Pero vamos a ir a otro lugar para hablar… vestite… tenemos que asegurarnos de que no haya oídos indiscretos que puedan escucharnos.
—¿Adónde? —preguntó Draco con suspicacia. Silas se le aproximó mirándolo fijamente, los ojos verdes eran turbadores y a pesar de que era más bajo que él, Shadow proyectaba una imagen intimidante.
—¿No confiás en mí? —preguntó Shadow susurrando. Draco procesó durante unos instantes las palabras y finalmente asintió. —Bien, pongámonos en marcha entonces. No tenemos toda la noche. Voy a esperarte a la entrada del aula de Pociones. Pero no te demores demasiado. Ahora abrime la puerta.
Draco fue a abrir. Cuando se dio vuelta, Shadow había desaparecido. Frunció el ceño muy impresionado, pero no se demoró en reflexiones. Procedió a cambiarse lo más rápido posible.
Llegó al aula de Pociones unos minutos más tarde. Shadow no estaba a la vista. ¿Quizá había entrado al aula? Hizo un ademán hacia la manija de la puerta.
—No. —le advirtió una voz que le había llegado desde atrás. Se dio vuelta sobresaltado y nuevamente se le abrió la boca de asombro. Shadow estaba apoyado como al descuido contra la pared, con las manos en los bolsillos y con una media sonrisa en los labios. ¿Cómo lo hacía?
—El profesor Snape ha puesto una alarma en la puerta, sabría al instante si alguien estuviera intentando entrar al aula en horas inapropiadas. —explicó Silas incorporándose— Seguime… con el mayor sigilo posible.
Draco vaciló unos segundos. Las cosas se estaban volviendo muy extrañas y Potter actuaba de modo tan diferente. ¿Acaso podía ser la misma persona que había temblado y tartamudeado cuando su nombre había brotado del Cáliz? ¿El mismo que, según los rumores, había llorado en clase de Defensa cuando el guacho de Moody había demostrado la Maldición Mortal? Pero por otro lado… ese Potter era el Shadow que él había aprendido a respetar por las cartas que le había enviado… se decidió finalmente y lo siguió.
Silas lo condujo al baño de Myrtle en el segundo piso. Estaba disfrutando toda la situación. En Draco veía a un espíritu afín y era más gratificante aun sentir que estaba en control. Quizá Gabriel no había estado del todo errado cuando le había dicho que estaba buscando algo que lo satisficiera como él mismo y no como una parte integrante de Harry.
—¿Qué vinimos a hacer acá? —preguntó Draco con aspereza cuando entraron al baño.
Silas sonrió. Intuía que Draco debía de haber aferrado con firmeza el mango de su varita. Draco podía bien ser un espíritu afín, pero no por ello dejaba de ser un peligro potencial, podría traicionarlo en cualquier momento. La movida que había ideado tenía sus riesgos, pero podía resultar ser una forma ideal de demostrarle su poderío. Para que se sintiera mucho menos proclive a jugarle una mala pasada por temor a las consecuencias. Valía la pena el intento.
—Quiero mostrate algo. —respondió Silas encaminándose a los lavabos. Por suerte Myrtle no estaba, porque en ese momento hubiese sido un incordio. Cuando llegó al que ocultaba la entrada, giró la cabeza y preguntó intencionado: —¿Venís o no, Draco?
Draco se puso más tenso aun. Había algo de dureza en los ojos verdes de Shadow, pero también rebosaban de divertida inteligencia. Y no podía olvidarse de que, en realidad, el que tenía delante era Harry Potter, el héroe, que no dañaría a nadie intencionalmente, que protegería a todos aquellos que no tuvieran culpa. Silas sonrió satisfecho, imaginaba los pensamientos de Draco. Giró nuevamente la cabeza, concentró su atención en el lavabo y siseó unas palabras.
Draco contuvo una exclamación al oír las palabras en pársel. ¿Acaso había estado errado y Potter lo había arrastrado a su perdición? Pero esa línea de pensamiento quedó abruptamente interrumpida cuando el lavabo se desplazó a un lado y la entrada quedó expuesta. Shadow no dijo nada más, se metió por el agujero y desapareció.
Draco corrió sin pensarlo e hizo lo mismo. Se deslizó por el largo tobogán hasta caer duramente sentado en el suelo. Shadow ya estaba de pie a su lado, sonriendo. Draco se incorporó de inmediato y lo apuntó con la varita.
—Bienvenido a la Cámara Secreta, Draco Malfoy. Sobran los dedos de una mano para contar a las personas que estuvieron aquí en los últimos cincuenta años.
Draco recuperó gran parte de la compostura. ¿Realmente estaba en la Cámara? ¡Era fascinante! Sus aprensiones fueron reemplazadas de inmediato por interés y curiosidad.
Silas sonrió complacido y se puso en marcha. No tuvieron inconvenientes para cruzar el derrumbe. Finalmente llegaron a la entrada de la Cámara propiamente dicha. Silas siseó una orden, las puertas se abrieron y entraron.
Las antorchas se encendieron de repente. Dos cosas capturaron toda la atención de Draco, la monumental estatua de Slytherin en el otro extremo y el no menos impresionante cadáver del basilisco.
—¡Merlín! —articuló con voz ahogada.
—Lo maté en segundo año. —dijo Silas con tono distraído— Como te lo había descrito en la carta… y también destruí la impronta de sí mismo que Tom Riddle, de dieciséis años entonces, había encerrado en el diario. Ése es el verdadero nombre de Voldemort… por si no lo sabías. Su padre fue un muggle y su madre una bruja descendiente directa de Slytherin, pero la endogamia había hecho estragos en su familia y en su mente. En cuanto al basilisco… me consta que la mayoría de sus partes son muy valiosas y se me ocurrió que vos podrías ayudarme a sacarle el mayor provecho posible al cadáver.
—Naturalmente. —respondió Draco al instante. Pero en realidad se había mareado con oleada de información que lo había impactado. ¿Voldemort era un media sangre? Y el basilisco… ¿había alguien capaz de vencer a un monstruo así? ¡Era una serpiente de más de medio metro de diámetro y de doce metros de largo!
Los ojos de Silas asimismo estaban fijos en el cadáver de la criatura. A él también le resultaba difícil imaginar cómo Gabriel se había enfrentado con eso y lo había matado. ¡Y el muy tarado estaba decidido a llevar a cabo acciones tan temerarias e irracionales durante el torneo! Apretó los dientes para contener su enojo, hizo un esfuerzo para espantar esos pensamientos y se volvió hacia Draco.
—¿Cómo lo mataste? —preguntó Draco.
—Si te fijás de más cerca y con atención, vas a poder notar una herida de espada que le atravesó el paladar y le alcanzó el cerebro. Creo que ya lo había mencionado en mi carta. —contestó Silas divertido —¿Querías preguntarme algo más, Draco?
Draco lo miró anonadado.
—Oh, está bien, entonces voy a hablar yo. —dijo Silas, se calzó las manos en los bolsillos y lo miró fijamente— Tu primera carta fue una propuesta de tregua temporaria. Aunque aclaraste que nuestra supuesta rivalidad no concluiría necesariamente…
—¿Supuesta? —repitió Draco extrañado.
—Sí, supuesta… desde primer año adoptaste una actitud beligerante hacia mí pero yo nunca le conferí mayor importancia. —dijo Silas encogiéndose de hombros, las mejillas de Draco se encendieron de enojo. —Pero en tu carta también ofrecías compartir información que podías obtener de las cosas que decía tu padre. Debo reconocer que me sorprendió en su momento pero acepté. Sin embargo, en tu última carta tu tono cambió. Me dio la impresión de que vos considerabas a tu Casa y a Hogwarts como tu verdadero hogar, que la mansión Malfoy pasaba a ser algo secundario. También me dijiste que había otras cosas que querías comunicarme pero que no me las podías poner por escrito. Y yo deduje que eran cosas que podían tener que ver con tus verdaderas lealtades. Así y todo, la confianza que por ahora puedo dispensarte es muy limitada. Por eso es que se me ocurrió este encuentro… creo que cara a cara es más fácil evaluar las intenciones del otro.
—¿Y esto justo ocurre la noche en que te eligieron cuarto campeón de un torneo en el que sólo deberían participar tres contendientes? —preguntó Draco sarcástico— Humm… me parece demasiada casualidad.
—Tenés razón, no es una coincidencia. Pero no creo que eso tenga ninguna importancia. —agregó Silas encogiendo los hombros una vez más— No cambia en nada lo realmente importante.
—¿Qué es lo que querés, Potter? —demandó Draco perentorio— ¿Para qué me trajiste acá abajo?
—Vos podés resultarme muy útil… aunque podría buscar asistencia en otros… creo que estaría bien ofrecerte una oportunidad…
—¡Yo no necesito nada de vos! —replicó Draco indignado.
—Permitime disentir. —dijo Harry con tono serio— No desperdicies esto, tratá de pensar por encima de tu orgullo supuestamente herido… tratá de contemplar el panorama desde una perspectiva más amplia.
—¿Y esa perspectiva sería la tuya? —replicó Draco con sorna.
Silas lo estudió durante un largo instante mirándolo fijo y luego sacudió la cabeza decepcionado. —Yo no voy a obligarte a nada, Draco. La decisión te corresponde a vos… y es evidente que no estás dispuesto. Será mejor que volvamos. —concluyó Silas y enfiló hacia la salida.
—Esperá… —lo detuvo Draco— Está bien… estoy dispuesto a hablar.
Silas rió. —No era un interrogatorio lo que yo tenía en mente. Lo único que quiero saber es si debo considerarte un enemigo o no.
—Yo no soy tu enemigo. —afirmó Draco y sus ojos derivaron por un segundo hacia el cuerpo inerte del basilisco— No voy a aceptar la Marca, ni tengo intenciones de sumarme a los seguidores del Señor Oscuro. Pero tampoco estoy dispuesto a apoyar a Dumbledore.
—Eso sería ponerte en contra de tu padre… ¿podría preguntar por qué tomarías tal decisión?
—Él… él cambió. —dijo Draco, la voz le había salido casi como un susurro… un susurro dolorido. Dejó caer los hombros. —El cambio empezó en segundo año y este último verano se intensificó para peor. Nunca sonríe y esta siempre enojado. Reacciona desproporcionadamente y con crueldad, sin ninguna causa que la justifique. No quiero que eso mismo me pase a mí. Hablé de esto con mi madre… ella me dijo que actuaba de la misma forma hace muchos años cuando… era un mortífago activo… ella sospecha que debe de haber retomado esas actividades. Mi madre dice que el Señor Oscuro esclaviza a sus seguidores y les pervierte el alma… yo no voy a permitir que me haga lo mismo… yo soy un Malfoy y soy el único dueño y señor de mí mismo y de mi alma.
—Mejor así… —dijo Silas con una sonrisa comprensiva pero no condescendiente. —Voy a necesitar de tu ayuda…
Draco parpadeó con desconcierto. —¿Para qué vas a necesitar mi ayuda?
—Para empezar… con el cadáver del basilisco. —respondió Silas enfatizando las sílabas— Pero también con el torneo. Yo no puse mi nombre en el Cáliz y tampoco le pedí a nadie que lo pusiera. Hay alguien que quiere empujarme a participar y creo que ese alguien es un seguidor de Voldemort. —suspiró dramáticamente— Un nuevo año y otra vez hay alguien conspirando para matarme… si no fuera tan trágico sonaría hasta aburrido.
Draco rompió a reír.
Silas sonrió satisfecho. —Ahora hablando en serio, creo que Crouch padre tiene algo que ver con todo esto. Pero lo que es indudable es que hay alguien en la escuela que me quiere muerto o en las garras de Voldemort. Quiero averiguar quién es. Y cualquier información que pudieras proporcionarme podría resultarme muy útil.
—¿Y por qué haría algo así? —le planteó Draco cruzándose de brazos— Si se llegara a saber que te he estado ayudando podría terminar en muy serios líos.
—Porque serías muy bien recompensado por la ayuda. —contestó Silas revoleando los ojos— Y cuanto más rápido pueda eliminar a Voldemort… mejor serán las cosas para vos y tu familia.
—Yo no pienso ponerme manifiestamente en contra del Señor Oscuro. —le aclaró Draco con determinación.
—Ya lo sé. —lo tranquilizó Silas— Lo único que estoy solicitando es información trasmitida con la mayor discreción.
—Está bien. —aceptó Draco— Te trasmitiré cualquier cosa de la que llegue a enterarme… pero no me voy a poner a hacer investigaciones para vos, Potter.
—Perfectamente claro. —dijo Silas sonriendo— ¿Y con respecto al monstruo? ¿Tenés alguna sugerencia?
—Regresemos mañana a la noche. Voy a traer frascos e instrumental de disección. —sugirió Draco, de repente los ojos se le habían iluminado de codicia.
—Tengo un libro que describe cuáles son las partes más valiosas y cómo deben preservarse. —comentó Silas— Lo voy a traer.
—Todo arreglado entonces. —concluyó Draco sonriendo.
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Harry se despertó a la mañana siguiente y dejó oír un largo gruñido. Recordó todo lo que había pasado la noche anterior hasta que se había replegado. Deseó de todo corazón que no hubiese sido sino un mal sueño.
Lo siento, Harry, dijo Gabriel con voz muy suave y tono culpable. Podría haber seguido protestando para no participar… pero finalmente decidí que era mejor entrar en el torneo.
¡¿Cómo?! ¡¿Por qué?!, replicó Harry, no podía creer lo que oía.
Porque alguien puso tu nombre, quiere que participes… al menos vamos a estar prevenidos, de lo contrario podría tendernos una trampa cuando menos lo esperamos. No sé si tiene mucho sentido lo que digo… Además… si está decidido a hacer algo durante las pruebas, los otros campeones están en peligro. Ante algo así no puedo quedarme de brazos cruzados, quiero estar cerca para poder ayudarlos.
Cedric estaba muy nervioso, creo que no esperaba que lo eligieran. Y Krum tampoco parecía encantado precisamente, admitió Harry. ¿Te parece que Karkaroff pueda haberlo obligado a que pusiera su nombre en el Cáliz?
Es posible, dijo Gabriel con voz sombría. Quizá quieren que les aporte más gloría, más que con el quidditch… por cierto, tampoco parecía muy feliz de tener a tanto fan atosigándolo.
En eso razón no te falta, suspiró Harry.
¿Entonces me entendés? Yo estoy muy adelantado en Defensa, sé mucho más que cualquiera de los de séptimo. Tengo que estar cerca para asegurarme de que no corran peligro.
Entiendo…, dijo Harry mordiéndose el labio. ¿Y qué es lo que opina Silas?
Está muy fastidiado y por el momento no me dirige la palabra. Debe de estar durmiendo… la puerta de su cuarto está cerrada.
Ah… entonces… quizá deberíamos reconsiderar…
Ahora ya es demasiado tarde para volver atrás. Mirá, yo respeto mucho la opinión de Silas… pero en esto no pienso ceder, es algo que debo hacer.
Oh, está bien, dijo Harry y volvió a suspirar.
Hay otra cosa que tengo que decirte. Ron no me creyó cuando le aseguré que no había puesto mi nombre en el Cáliz. Eh… discutimos o más precisamente… nos peleamos. Creo que no nos va a hablar a partir de ahora… pero el resto de los Gryffindor nos apoya. Aunque Neville y quizá Hermione son los únicos que creen que no pusimos nuestro nombre.
No entiendo por qué no te creyó, dijo Harry y descorrió las cortinas. Ninguno de los otros estaba en el dormitorio. Se bajó de la cama, fue a asearse, se vistió de prisa y bajó a la sala común. Fue recibido con vítores cuando lo vieron. Incluso con los escudos fortificados al máximo podía sentir el intenso entusiasmo que inundaba el recinto. Muchos se acercaron a palmearle la espalda y a felicitarlo. Demoró más de quince minutos para abrirse camino hasta la puerta retrato. Salió tan de prisa que prácticamente se chocó con Neville y Hermione.
—¡Harry! —lo reconvino ella.
—Perdón. —se disculpó.
—Se nos ocurrió que quizá no querrías bajar al Gran Salón. —dijo Neville— Y te trajimos un plato con comida.
—Gracias. Aprecio mucho la atención…
—Vayamos al lago… —sugirió Hermione— Allí vas a estar tranquilo.
oOo
Se sentaron a la orilla y Harry se puso a comer. De tanto en tanto dirigía miradas al barco de Durmstrang que estaba anclado no muy lejos. Hacía frío, pero por suerte se había abrigado bien.
—Hermione, ¿vos me creés? Que yo no puse mi nombre en el Cáliz, quiero decir…
—¡Por supuesto que sí! —bufó ella sorprendida por la pregunta— Bastaba con verte la cara que pusiste cuando Dumbledore te llamó. Pero la cuestión es, ¿quién fue? Porque Moody tiene razón, Harry… no creo que ningún alumno cuente con la habilidad para burlar al Cáliz y la barrera de edad de Dumbledore.
Harry asintió y se mordió el labio. —¿Viste a Ron esta mañana?
Hermione vaciló, contestó Neville. —Sí. Lo vimos.
—¿Y…? ¿Está furioso conmigo?
—Bueno… no lo creo… no realmente. —respondió ella insegura.
—Sí. —dijo Neville— Se está comportando como un pelotudo.
—Siente envidia. —trató de defenderlo Hermione— Harry siempre es el centro de atención… no es tu culpa Harry, pero tratá de entenderlo… vos sos como un imán que capta la atención… y él siempre queda a un lado… y su casa, con tantos hermanos mayores…
—Eso no son más que excusas lamentables, Hermione.—la interrumpió Neville enojado— Se supone que es amigo de Harry. Pero pareciera que sólo lo quiere como amigo para destacarse de los demás… y ahora que el tiro le salió por la culata hace un berrinche como un nene malcriado.
—¡Eso no es cierto! —reaccionó ella y se volvió con ojos suplicantes a Harry— Andá a hablar con él, estoy segura de que van a poder arreglar las cosas.
¡De ninguna manera! ¡Vos no tener por qué ir a rogarle… que madure de una buena vez! ¡Qué se esfuerce, es algo que tiene que hacer por su propia cuenta, bramó Gabriel indignado.
Harry suspiró. —No soy yo el que nos está separando. Me sentiría muy contento de hablar con él, pero yo no puedo forzarlo. Si intentara acercármele sería peor. Supongo que el enojo ya se le pasará… y entonces podremos arreglar las cosas.
Los tres se quedaron en silencio durante un largo rato. Finalmente Hermione se puso de pie y cruzó los brazos. —Estoy muy preocupada por vos, Harry. El torneo es muy riesgoso y hay alguien que se tomó muchas molestias para asegurarse de que vos participaras. Creo que deberías escribirle a Sirius contándole todo lo que pasó. De todos modos no va a tardar en enterarse… y es posible que él pudiera ayudar de alguna forma.
Harry se volvió hacia Neville pidiéndole con la mirada su opinión. Neville se encogió de hombros. Harry se decidió entonces, quería darle el gusto a Hermione y Sirius quizá le aportara alguna idea. Sonrió y asintió.
Me parece una buena idea que se entere por vos y no por los diarios, dijo Gabriel. Ya sabemos lo atolondrado que es, podría hacer algo estúpido.
Si, tenés razón, dijo Harry mostrándose de acuerdo.
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Querido Sirius:
Me habías pedido que te mantuviera al tanto de todas las novedades… aquí va la última: el sábado fui seleccionado como el cuarto campeón para el torneo. No sé quién fue el que puso mi nombre en el Cáliz, pero ciertamente no fui yo. El otro campeón de Hogwarts es Cedric Diggory, que está en Hufflepuff. Por favor tratá de no preocuparte excesivamente y no vayas a hacer nada precipitado. Remus y yo estamos muy inquietos por vos, no queremos que te capturen. Te prometo que voy a hacértelo saber si llegara a necesitar ayuda. Hasta entonces, cuidate mucho.
Harry
P.D.: Hola, viejo. Sólo quería asegurarme de que habías entendido bien el mensaje. Tengo todas las cosas bajo control. Vos sabés bien que sé cómo cuidarme. Somos conscientes de que está ocurriendo algo muy extraño pero estamos muy alertas. No hagas nada estúpido o voy a tener que patearte el culo.
Tu camarada Gryffindor
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Silas se encontró con Draco en el baño de Myrtle. Bajo el brazo llevaba un libro, era una copia que había hecho de uno de los libros de la biblioteca de Severus. Aportaba detalladas instrucciones y consejos para la tarea que iban a llevar a cabo. Draco por su parte había venido con un baúl, convenientemente reducido de tamaño, con todos los elementos que iban a necesitar.
Bajaron y se pusieron a trabajar juntos durante dos horas. Silas dio entonces por terminada la tarea de ese día. Limpiaron y guardaron todo y Draco redujo nuevamente el baúl de tamaño. Al llegar habían hecho una exploración de la Cámara y habían encontrado una escalera que llevaba a una puerta detrás de un tapiz de un corredor del primer piso. Era una vía de salida únicamente.
Hacia allí se dirigieron. La puerta desapareció apenas accedieron al corredor. Acordaron volverse a encontrar el miércoles siguiente.
—Nos vemos, Shadow. —saludó Draco.
Silas asintió y partieron en direcciones opuestas.
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