Los derechos son compartidos entre RICHELLE MEAD y nikkafuza.
Capítulo 35. Lucky
Boy I hear you in my dreams
I feel you whisper across the sea
I keep you with me in my heart
You make it easier when life gets hard
Lucky – Jason Mraz feat. Colbie Caillat
Me desperté sintiendo el calor de la piel de Dimitri envolviéndome, me acurruqué en sus brazos mientras aquella sensación de plenitud me embargaba una vez más.
Cada parte de mi vida estaba completa de nuevo.
Luego de que ayer Dimitri me llevara a la terraza, no tuve dudas, es con él con quien quiero pasar el resto de mi vida y no podría renunciar a eso nunca. Después de que tuve esa certeza, el resto fue más fácil.
Terminamos disfrutando de nuestra noche en casa y después de la cena nos fuimos directamente a la cama. Con las puntas de los dedos contorneé suavemente el rostro de Dimitri, pensando en la suerte que tengo por tenerlo a mi lado.
– ¿Qué hora es? – Murmuró aún con los ojos cerrados.
– No lo sé – Le di un beso suave en la boca. Escuchando protestas al otro lado de la puerta – Pero a Gatito y a Libby no les gustó dormir afuera.
– Van a tener que acostumbrarse – Rio, alejándose en busca del celular – Voy a preparar el desayuno.
– Si me ayudas a vestir podemos hacerlo juntos – Me senté en la cama, mirando alrededor en busca de mi ropa.
– ¿Ayudarte? ¿Por qué lo haría? Me gusta la vista – Bromeó mientras yo también tomaba mi celular.
– Puede que te guste, pero mi baba vendrá más tarde y estoy segura de que a él no le gustará tanto – Reí al ver el mensaje del viejo.
– ¿Vendrá? – Preguntó, vistiéndose – Perfecto, porque necesito hablar con él.
– ¿Qué tienes que hablar con mi papá? – Fruncí el ceño, extrañada con la afirmación.
– Ayer cuando acompañé al Señor Reed hasta la puerta me dijo que la denuncia fue hecha por una mujer – Me explicó mientras recogía mi ropa esparcida por la habitación.
– ¿Una mujer? – Me sorprendió – Pero Lissa es la única que lo sabe y ella no nos denunciaría. Me juró que no se lo contaría a nadie.
Proseguí – Él también me dijo que la denuncia era porque tú te encontrabas en una relación seria con alguien cuando anunciamos nuestro matrimonio y que dicha relación continúa hasta hoy.
– ¿Cómo? – Abrí los ojos – ¿Que yo estaba en una relación? ¿Con quién? ¿Adrian?
– Pensé en él, ¿pero quién haría la denuncia? – Me miró – Creí que tal vez tu padre lo sabría, pues claramente la acusación fue hecha contra ti.
– ¿Una mujer? – Pensé en alto.
¿Quién podría hacer algo así?
– A Avery no le gustas mucho – Él se sentó a mi lado, entregándome mi sujetador.
– No tendría sentido que lo hiciera – Negué – Adrian no le contaría algo así y ellos están bien ahora, ella no correría el riesgo de estropearlo todo.
– ¿Lissa no se lo contó a nadie más? – Preguntó – ¿Estás segura?
– No lo haría – Garanticé – Nunca.
– Eso no importa ahora – Se inclinó para besar mi cara – Creo que conseguiste espantar a inmigración.
– Necesitamos saber quién está haciendo esto – Pensativa me mordí el labio.
– Y vamos a descubrirlo – Aseguró – Pero por el momento, nos concentraremos en el desayuno.
Tomábamos café y estábamos arreglando la cocina antes de que mi padre llegara, cuando Christian me llamó.
– Rosie – Se escuchaba animado – Tardaste en atender.
– ¿Qué quieres, Ozera? – Rodé los ojos, recibiendo una mirada curiosa de Dimitri.
– ¿Esta es la manera de tratar a un amigo? – Se burló – Llamo porque me preocupo por ti…
– ¿Desde cuándo? – Estreché los ojos desconfiando de su animación.
– ¿No puedo preocuparme? – Él insistió.
– ¿Qué es lo qué quieres?
– Invitarte a correr conmigo en Central Park, ¿qué me dices? – Provocó.
– Sabes que tienes un lugar reservado en el infierno, ¿verdad? – Murmuré.
– Fue una broma – Dijo – Tú ya estás mejor…
– ¿Entonces ya eres libre de hacer bromas con eso? – Respiré profundamente.
– No, ahora soy libre de hacer chistes al respecto. Hay una diferencia.
– Christian…
– Ok, vamos directamente al asunto…
– Gracias – Murmuré mientras Gatito se subía a mi regazo.
– Quería saber si a ustedes les gustaría salir a beber algo hoy – Invitó.
– ¿Me estás invitando a beber? – Fruncí el ceño – ¿Qué bicho te picó?
– Hace tiempo que no salimos, es jueves, hay juego… podríamos verlo en algún lugar – Sugirió.
– ¿Estás necesitado, Ozera? – Me burlé – ¿Lissa no te está dando atención?
– Solo pensé que te gustaría salir con todos de nuevo, Rose – Sonaba impaciente – ¿Cuál es el problema?
– Está bien, iremos – Me encogí de hombros – ¿En dónde es?
– En el Allie Way a las siete.
– ¿Por qué tan temprano? – Me extrañó – ¿Quién irá?
– Lissa y yo – Aseguró – Por el momento no tengo la paciencia para soportar a Ivashkov.
– Chris…
– ¿Estamos de acuerdo? – Insistió – Necesito colgar ahora.
– Ok – Confirmé a pesar de que me parecía muy raro.
¿Estará usando algún tipo de droga?
– ¿Qué quería? – Dimitri cuestionó despreocupado.
– Invitarnos a un bar para ver el juego de hoy – Me encogí de hombros.
– Será bueno salir un poco – Comentó.
– Supongo que sí – Me estiré – ¿A qué hora viene Denise?
– En el horario de siempre; pareces animada… – Se acercó.
– Quiero empezar a usar el andador pronto – Admití – No veo la hora.
– Es bueno verte entusiasta – Se arrodilló delante de mí, inclinándose para besarme – Pronto caminarás de nuevo.
Conforme pasaba el día me sentía más aprehensiva por nuestro encuentro con Christian. Estuve cerca de cancelar, pero Dimitri me convenció de que sería bueno salir y distraerme un poco.
Hablamos con papá sobre los nuevos descubrimientos acerca de la denuncia, él parecía tener alguna idea sobre quién pudo haberla hecho, pero prefirió investigar más antes de decir algo. Acabé distrayéndome un poco durante la fisioterapia, olvidando la denuncia y la extraña llamada de Christian, enfocándome en los ejercicios.
Dimitri y yo nos duchamos juntos e inmediatamente después comencé a prepararme para encontrarnos con Christian. Me sentí bien con eso; desde el accidente fueron pocas las veces en las que realmente me arreglé para ir a algún lugar, aquello parecía una nueva etapa en mi recuperación. Elegí un suéter verde y un jeans ajustado, el cual le dio un poco de trabajo a Dimitri a la hora de ayudarme a vestir.
– ¿No podías usar un vestido? – Murmuró.
– Me veo bella con esta ropa – Me encogí de hombros.
– No niego eso, pero yo hablo de la practicidad – Explicó.
– ¿En la practicidad que vas a tener después para quitármelo? – Bromeé.
– Palabras tuyas – Se rio mientras se ponía una camisa.
– ¿Qué te parece? – Pregunté terminando de colocarme los pendientes – ¿Estoy bonita?
– Hermosa – Sonrió haciéndome sonreír – No voy a poder ver ningún juego contigo a mi lado.
– Exageras – Escondí mi sonrisa – Pero gracias.
– Solo estoy diciendo la verdad – Aseguró, empujando mi silla hacia la sala – ¿Tienes todo?
– Sí, vámonos pronto… no hay que dejar a Pyro esperando – Pedí.
– Los dos van a comportase, ¿verdad? – Dimitri me dio una mirada de advertencia.
– Voy a atropellarlo con mi silla – Le avisé.
– Rose…
– ¿Qué? – Me encogí de hombros – Tengo que divertirme de alguna manera.
– No debes usar tu silla para atropellar a la gente – Insistió cerrando la puerta, mientras yo me acercaba al ascensor.
– No voy a atropellar a la gente, voy a atropellar a Christian – Fruncí el ceño.
– Un día van a descubrir que se aman – Bromeó haciéndome abrir los ojos.
– ¡Dios, que destino tan horrible! – Balbuceé – Tú no deberías desearme eso, creí que me amabas.
– Vámonos – Rio sacudiendo la cabeza – Nunca vas a cambiar – Llegamos al bar y aparentemente lo hicimos antes que Christian y Lissa. Nos instalamos en una mesa y como siempre, sentí esas miradas de pena sobre mí ¿Algún día dejarán de hacerlo? – Solo ignóralos – Dijo Dimitri.
– Creo que no tengo opción – Musité – A menos que realmente comience a atropellar a las personas con la silla.
– Es una pésima idea – Garantizó.
– ¿Incluso si lo hago parecer un accidente? – Bromeé.
– Tú no puedes fingir un accidente… – Dimitri se interrumpió, tensándose enseguida, mirando directamente un punto a mis espaldas.
– ¿Qué pasa? – Traté de girarme para ver.
– Vámonos – Murmuró.
– Dimitri, ¿qué está pasando? – Me sentía pérdida al verlo levantarse para luego darle la vuelta a la mesa.
– Dimitri, espera – La voz de Christian me sorprendió. Lo que estuviera perturbando al ruso se encontraba en mi punto ciego, simplemente no podía girarme para ver.
– No debiste hacer esto – La voz del ruso sonó enojada, cargada de acento.
– Espera, ¿hacer qué? – Finalmente conseguí girar la silla, mirando a Natasha justo detrás de mí, observándonos sin gracia. Al verla, todo lo que sucedió aquella noche volvió a mi mente con fuerza. Mi rabia solo aumentó al notar su mirada en mi silla. Yo aceptaba aquella mirada de cualquiera, menos de ella – ¿Qué hace aquí? – Reñí.
– ¿Cómo? – Nos miró confundida – Christian nos les dijo que vendría…
– En realidad no hubieran venido si se los hubiera dicho – Christian respiró hondo.
– ¿Entonces simplemente decidiste mentir y traerla aquí? – Lo miré furiosa.
– Rose, ¿puedes por lo menos oír lo que tiene que decir? – Él suplicó.
– Rose, si ustedes me dejaran hablar – Ella imploró – Después me iré, pero…
– No, nos vamos ahora – Dimitri decidió, mientras ella permanecía allí de pie, dándonos una mirada triste.
– Está bien – Impedí que Dimitri continuara – Que sea rápido, nos iremos después.
– No tienes que irte… – Christian pidió.
– Si me quedo, corre riesgo tu vida Ozera – Amenacé. Dimitri me devolvió a la mesa, sentándose en la silla a mi lado. Christian y Natasha se sentaron delante de nosotros – ¿Qué es lo que quieres? – Encaré a la mujer.
– Rose, he estado ensayando esto el último mes – Desvió su mirada a la mesa – Pensé en innumerables maneras de hacerlo, pero no sabía cómo – Observé a Christian, podría simplemente matarlo ahora ¿Por qué me puso delante de esta mujer? – Pensé en visitarte en el hospital, luego en tu casa – Continuó – Pero no tuve el coraje y Vasilisa seguía diciéndome que era una pésima idea y que debía mantenerme lejos…
– Debiste haber escuchado a Lissa – Murmuró Dimitri.
– Ella solo quiere… – Christian quiso interferir.
– Terminemos pronto con esto – Los interrumpí.
– Rose, Dimitri – Ella respiró hondo – No sé ni por dónde empezar a disculparme por todo. Realmente lo siento mucho.
– ¿Por qué exactamente? ¿Por no haberme contado que mi marido te invitó a salir? – La miré – ¿Por haber invadido nuestra habitación para intentar tener sexo con él después de haberme ocultado eso?
– Rose, qué… – Christian intervino – Ella no tiene la culpa de que la invitara a salir. No sabía que era tu marido.
– No, puede no tener la culpa de eso, pero era su obligación, como mi amiga, contármelo – Apunté mientras Dimitri se movió incómodo a mi lado.
– Si él te mintió… – Christian insistió.
– Yo sabía que él había invitado a alguien a salir – Lo interrumpí con rabia – La cuestión no es esa, me dijo que había quedado con alguien, pero al final no fue… el hecho es que ambos me escondieron eso después. Tanto él como ella tenían que habérmelo contado ¡Él por ser mi marido y ella por ser mi amiga!
– Sí, tienes razón – Tasha accedió – Debí habértelo contado, pero Dimitri… no lo culpes por eso, él quería decírtelo desde el principio. Yo lo convencí de que no lo hiciera, le dije que estropearía todo entre ustedes y que nunca más tocaríamos el asunto, después de todo nunca sucedió nada entre nosotros.
Dimitri permaneció en silencio a mi lado; si bien lo había perdonado por eso, a ella…
– Estoy segura de que mantuviste eso en mente mientras intentabas acostarte con él – Crucé los brazos.
– Rose, te lo juro, nunca pensé en eso – Gimió – Me sentía atraída por él, creo que no tengo cómo negar eso, pero nunca pensé en hacer algo al respecto. Nunca habría hecho algo así estando sobria. Yo… – Se calló, observándonos antes de respirar profundamente – Mira, no hay excusas para lo que hice – Desvió la mirada – Pero te aseguro que él nunca me dio algún indicativo que me hiciera pensar que podía estar interesado en mí. Siempre ha estado loco por ti. De verdad, yo no quería lastimarte, lamento mucho el accidente y sé que por todo eso… tú debes odiarme, pero…
– El accidente no fue tu culpa – Expresé – Sucedió, solo así, y no culpo a nadie.
– Tengo que devolvértelo – Ella abrió la bolsa, sacando un sobre para entregárselo a Dimitri – Ya desocupé el departamento, tiene pagados dos meses de alquiler.
– No te preocupes por el alquiler – Dimitri le extendió los cheques.
– No, ya están pagados – Los rechazó – Encontré otro lugar, está fuera de Manhattan, pero es un buen sitio.
– Bien – Respiré profundamente, queriendo terminar de una vez – Creo que podemos olvidar esto y seguir adelante.
– Gracias – Ella forzó una sonrisa.
– Quiero irme – Le pedí a Dimitri.
– Rose, todavía podemos quedarnos y ver el juego – Christian habló al mismo tiempo que Dimitri se levantaba.
– Nosotros nos vamos – El ruso tomó algunos dólares de su billetera para pagar las dos cervezas que pedimos mientras esperábamos.
– Gracias por escucharme – Tasha suspiró aliviada mientras Christian se levantaba para despedirnos. Apretó la mano de Dimitri y cuando vino en mi dirección, impulsé la silla hacia adelante, arrancándole un grito de dolor al pasar por encima de su pie.
– ¡Puta mierda, Rose! – Me reclamó haciéndome sonreír, mientras mi esposo me empujaba lejos.
– ¿No pudiste dejarlo ir? – Dimitri me preguntó.
– Te dije que lo atropellaría – Y se lo ganó.
– Eres única, Roza – Sonrió. Nos mantuvimos en silencio hasta estar en el coche, volviendo al apartamento – Lamento esto, él no debió traer a Natasha sin haberte consultado – Suspiró.
– Lo superaremos – Lo miré – Ella tuvo la oportunidad de explicarse y ahora podemos seguir adelante, Dimitri. Terminamos con este capítulo en nuestras vidas.
– ¿En serio? – Insistió.
– Dimitri, ya te dije que te he perdonado – Puntué despacio – ¿No crees que tienes que hacer lo mismo?
Se mantuvo en silencio luego de una mirada rápida. Yo sabía cuánto se culpaba por mi condición, pero no quería que se quedara conmigo debido a la culpa, sino por amarme.
– Lo siento – Finalmente se manifestó – Solo… odio verte así.
– Y yo odio estar así – Respiré profundamente – Pero no hay mucho que podamos hacer al respecto, ¿no te parece?
– Si te lo hubiera contado… – Desvió la mirada.
– Si yo no hubiera decidido conducir en ese momento – Devolví – Si hubiera ido más despacio o si me hubiera acordado de ponerme el cinturón, quién sabe. Si yo…
– Rose…
– Si quieres hablar de culpa, vamos a hablar de culpas, Dimitri – Lo miré – No conducía desde hace años, fui irresponsabilidad mía, pude haber matado a alguien. Fue mi elección la que me llevó a esto.
– Para – Exclamó – No puedes culparte por eso.
– No me estoy culpando – Me encogí de hombros – Constato los hechos. Yo conseguí perdonarme por estar en esta situación Dimitri, pero tú necesitas hacer lo mismo…
– ¿Por qué importa tanto? – Preguntó entrando a nuestro garaje.
– Porque te amo y quiero a nuestra familia de vuelta – Respiré profundo – Y eso nunca va a ser posible si no puedes dejarlo atrás, será como una sombra sobre nosotros.
– Nunca dejaría que nada se interpusiera entre nosotros, Roza – Garantizó.
– Sin embargo, es lo que va a suceder – Lo corté – Entonces, o lo hacemos bien o no lo hacemos. No hay términos medios – Guardó silencio, terminando de aparcar el coche para luego ayudarme a bajar ¿En qué estará pensando? ¿Por qué está tan serio? ¿Por qué tiene que ser tan difícil? Entramos al departamento y él se fue directamente a la habitación, provocando que mi frustración aumentara – ¿No dirás nada? – Lo seguí, deteniéndome en la puerta, observándolo mientras se quitaba la camisa; yo estaba realmente dispuesta a resolver esto de una vez por todas.
– No sé qué decir, Rose – Respiró profundamente, bajando la cabeza.
– Bien…
– Sé lo que quieres oír – Me cortó – Pero no puedo prometer algo que no tengo ni idea de cómo cumplir.
– ¿Y entonces decides no decir nada? – Lo miré.
– Estoy pensando en una respuesta segura – Respondió angustiado – Algo que no sea mentira y que no te haga salir una vez más por esa puerta, pero estoy empezando a creer que no existe una y eso me está aterrorizando.
– ¿Cuál fue la respuesta más cercana que conseguiste pensar? – Pregunté.
– Voy a intentarlo… – Desvió la mirada – Solo necesito descubrir cómo…
– Dimitri… – Traté de acercarme a él.
– Rose, juro que quiero hacer todo por ti – Se sentó en la cama – Pero no sé cómo hacerlo. Todo lo que ocurrió esa noche sigue volviendo y… no puedo olvidarlo…
– Dimitri – Lo intenté una vez más.
– Yo sé que no es suficiente, pero… Rose, por favor no… – Abrí los ojos al verlo al límite de la desesperación.
¡Ok, ésta definitivamente no es la reacción que esperaba!
– Hey – Tomé su mano con cariño, deteniéndome frente a él – Intentarlo es bueno… puedo aceptar eso.
– ¿De verdad? – Me miró a los ojos.
– Dimitri, sé que nada es simple. No espero que digas: "sí, me perdono" y que sigamos adelante – De hecho, significa que era exactamente lo que esperaba – Pero podemos hacerlo juntos, puedo ayudarte a…
– ¿Cómo lo harías? – Frunció el ceño, envolviéndome en sus brazos cuando quise levantarme. Di un paso torpe y me senté en la cama, al lado de donde estuvo momentos antes, él inmediatamente hizo lo mismo, luego de asegurarse de que yo estaba bien allí.
– Tal vez sea bueno para ti conversar con alguien sobre lo que sucedió – Me encogí de hombros antes de posar mi cabeza en el suyo.
– No voy a ir a terapia – Murmuró haciéndome rodar los ojos.
– Ok, puedes hablar conmigo – Sugerí.
– Rose…
– Dimitri, prometiste que ibas a intentarlo – Me quejé.
– Ok, lo siento – Suspiró.
– Puedes comenzar, Belikov – Sonreí antes de depositar un pequeño beso en la piel de su brazo. Y entonces empezó a hablar… en ruso. Gemí completamente frustrada, arrojándome de espaldas a la cama, haciéndolo reír – No puedes hacer eso, va contra las reglas – Protesté.
– ¿Qué reglas? – Me observó con diversión.
– Las que acabo de inventar – Rodé los ojos.
– No puedes inventar reglas – Se inclinó sobre mí, todavía sonriendo.
– Claro que puedo – Estreché los ojos, mirándolo con desconfianza – Mira, aquí va otra: no puedes no estar de acuerdo conmigo.
– Te aburrirías si estuviera de acuerdo con todo lo que dices – Dimitri se acercó más, susurrándome al oído antes de pasar a distribuir algunos besos por mi cuello, haciéndome cerrar los ojos.
– ¡Estás tratando de distraerme! – Acusé, intentando empujarlo lejos; sintiendo mi piel vibrar con su risa.
– Se supone que no debías percibirlo – Se rio.
– ¿Y no tienes ni vergüenza al admitirlo? – Exclamé con falsa indignación.
– Ahh sí, lo siento – Arrugó el ceño – No sé de qué estás hablando…
Lo empujé lejos cuando volvió a acercarse a mi cuello. Pasamos algunos segundos riendo, acostados boca abajo – Vamos Dimitri – Acerqué mi rostro hacia él – Siempre me has contado las cosas, ¿por qué no puedes hablarme sobre eso?
– Porque es sobre ti – Respiró hondo – ¡Es extraño!
– Ok, intentémoslo de otra manera – Me acomodé de lado – Nadie nunca me contó cómo fue el accidente, ¿tú puedes hacerlo? – Le pedí.
– ¿Qué quieres saber? – Suspiró girándose también, quedando frente a frente conmigo.
– ¿Qué pasó después de que me fui?
– Cuando te vi salir no tuve dudas, tomé el auto y te seguí – Explicó – Yo solo quería convencerte de que pararas el coche y dejaras que alguien te llevara a casa.
– ¿Lo viste suceder? – Cuestioné.
– No, cuando llegué ya habías golpeado contra el árbol – Cerró los ojos – Creo que acababa de pasar porque el coche todavía estaba caliente…
– Y… – Lo animé.
– Cuando te vi ahí… había tanta sangre – Gimió – Juraba que no habías sobrevivido. Tenía tanto miedo.
– Pero estaba bien – Me mordí el labio.
– Llamé a emergencias y solo podía pedirle a Dios que lo estuvieras – Desvió la mirada.
– Pensé que no creías en Dios – Dije subiendo mis dedos por los músculos de su brazo.
– Creería en cualquier cosa por ti, Rose – Me miró a los ojos – Si te hubiera pérdido…
– Pero no lo hiciste – Lo interrumpí – ¿Y luego?
– Llamé a Iván… ellos llegaron cuando te sacaron del coche – Contó – Lissa no quería dejar que me acercara a ti. En fin, conseguí acompañarte en la ambulancia, pero entonces tus padres llegaron y todos comenzaron a alejarme. Logré verte solo unos minutos.
– Así que fue por eso que desapareciste – Me mordí el labio.
Debí saber que no lo dejarían acercarse.
– Cuando despertaste y dijiste que no sentías las piernas… no supe qué hacer. No sabía si era mejor para ti hacer lo que todos decían y simplemente desaparecer o… no podía dejarte, pero ¿cómo podía estar cerca de ti después de haberte hecho eso? Tú nunca me perdonarías…
– Pero te perdoné – Subí mi mano hasta su cara.
– Bueno, nunca has sido muy normal y…
– ¿Es impresión mía, o acabo de decirte que te perdoné y luego me llamaste loca? – Fruncí el ceño.
– Lo siento – Él sonrió sin gracia.
– No, está bien… lo bueno es que no intentas negarlo – Suspiré dramáticamente.
– Yo no quería que pasaras por esto – Ignoró mi broma – Me culpo por no ser capaz de librarte de este sufrimiento, de hacerte estar bien.
– Perdona, ¿eres algún tipo de divinidad y no me lo habías contado? – Fruncí el ceño – Porque eso sí puede ser un problema para mí…
– Rose… – Gimió.
– Dimitri, ¿crees que habría sido capaz de soportar todo esto si no te hubieras quedado a mi lado? – Le pregunté seriamente.
– Eres fuerte – Aseguró.
– Soy fuerte porque tú me ayudas ¿Sabes cuántas veces durante la fisioterapia he pensado en alcanzar la cabeza de Denise con una pesa y aceptar que voy a pasar el resto de mi vida en una silla de ruedas? – Insistí – Veintisiete veces.
– Rose, ni siquiera has tenido veinte sesiones de fisioterapia – Apuntó.
– Algunos días lo pienso más de una vez – Expliqué.
– Ok, pero…
– O pienso en atropellarla con la silla de ruedas – Murmuré – O en mandar a Libby a morderla.
– Rose, ¿tengo que contratar algún tipo de seguridad para tu fisioterapeuta? – Preguntó.
– No, porque cuando estás conmigo y me dices que lo voy a conseguir y que todo estará bien, lo creo… y lo consigo – Admití – Me das fuerza para mejorar, entonces ¿por qué no puedes enfocarte en eso en lugar de quedarte estancado en un error que cometiste? Estás haciendo todo bien ahora, es lo que importa.
– ¿Cómo puedo merecer a alguien como tú? – Sonrió.
– ¡Promételo! – Mordí mi labio – Promete que vas a tratar de perdonarte por lo que sucedió – Volvió a inclinarse sobre mí, capturado mi boca en un beso cariñoso, lleno de sentimientos – Te amo, Dimitri Belikov – Sonreí abiertamente cuando se alejó – No olvides eso.
El día siguiente siguió la misma rutina de los demás: desayuno, paseo con Libby por el parque, almuerzo, fisioterapia… aunque me sorprendió recibir una llamada de Abe invitándonos a cenar en su casa. Eso era extraño, por lo general nos llevaba a algún restaurante o algo así, pero decidí no discutir.
En el horario acordado, nos dirigimos a casa de mis padres.
– ¿Por qué la invitación de última hora? – Dimitri cuestionó – A tu padre le suele gustar planear las cosas con anticipación.
– No lo sé, debe sentirse solo – Bostecé – Espero que luego no intente arrastrarnos a la ópera, teatro o lo que sea.
– Le dije que estabas cansada – Aseguró, tomándome en sus brazos cuando llegamos a la entrada. Subió los escalones, poniéndome en el suelo, apoyándome para que diera los pocos pasos hasta la puerta delantera antes de tocar el timbre.
Para mi sorpresa, fue Adrian quien atendió, dándome una mirada despreocupada.
– Hey, estás de pie – Sonrió abiertamente.
– ¿Puedes ayudarla mientras voy por la silla? – Pidió Dimitri con la mirada descontenta.
– ¿Qué haces aquí? – Sonreí al sentir que su brazo envolvía mi cintura y me guiaba lentamente hacia dentro.
– Tu padre nos invitó a cenar – Se encogió de hombros – Ellos están arriba, en la sala, yo vine a buscar una cerveza a la nevera.
– Rose, siéntate – Dimitri solicitó, acercándose a mí con la silla.
– ¿No puedes permanecer así? – Adrian nos miró confundido.
– Me canso al quedarme de pie mucho tiempo – Le expliqué – Y vamos a subir por el ascensor…
– Ahh sí, olvido que esta casa tiene elevador – Bostezó – Voy a buscar mi cerveza, ¿ustedes quieren?
– No – Rodé los ojos.
Es típico de este holgazán sentirse aquí como en su casa.
– ¿Por qué está aquí? – Dimitri preguntó en cuanto entramos al ascensor.
– ¿Y yo qué sé? – Me encogí de hombros – Al parecer vino a cenar y acabar con el stock de cerveza de papá – Él me llevó fuera del ascensor para guiarme hasta la sala, en donde podíamos oír las voces de todos los reunidos – Camarada – Lo llamé – ¿Podemos dejar aquí la silla y me ayudas a llegar allí?
– Rose, te vas a cansar – Me miró preocupado.
– No lo haré – Le aseguré – Prometo que me quedaré sentada todo el tiempo…
– ¿No crees que te has esforzado bastante en la fisioterapia de hoy? – Se agachó para mirarme a los ojos – Tienes que ir despacio.
– Solo esta vez – Me mordí el labio – Si siento cualquier cosa te avisaré.
– ¿Es una promesa? – Lo consideró serio.
– Sí.
– Ok – Suspiró ayudándome a levantar – No vas a pasar toda la noche sin la silla, ¿oíste?
– Gracias – Sonreí apoyándome de él para comenzar mi lenta caminata.
Nos llevó un poco, pero finalmente entramos al lugar, cada paso que daba era como si una parte quebrada de mí fuera pegada. Mis padres fueron los primeros en notarnos, la sonrisa que mi baba me dio fue algo extraordinario, mamá a pesar de ser más contenida en su reacción, exhibía una mirada de puro orgullo mientras Dimitri me guiaba hasta un lugar vacío en el sofá.
Daniela y Nathan me ofrecieron sonrisas educadas a la vez que Avery parecía realmente sorprendida – Estás caminando – Exclamó – Eso es genial…
– Gracias – Le sonreí, sentándome con la ayuda de Dimitri – Denise dijo que ya puedo buscar el andador, pronto voy a dejar la silla.
– ¿Pero no deberías estarte esforzando así, Rose? – Mi madre preguntó preocupada.
– Es lo que hago en la fisioterapia, así que creo que no hay problema – Fruncí el ceño.
– ¿Entonces vas a comenzar a utilizar un andador? – Daniela me miró.
– Voy a sentirme vieja, pero es mejor que la silla – Forcé una sonrisa.
Apuesto que está pensando que lo merezco por haber estropeado el coche de su bebé.
– Sentirte vieja – Soltó Abe – Tonterías.
– Un andador no es la cosa más bonita, pero es mejor que quedarse sentada por el resto de la vida – Avery hizo una mueca.
– El de mi kiz será hermoso – Papá sonrió.
– ¿Cómo? – Me reí.
– Apuesto a que lo mandará bañar en oro – Adrian comentó al entrar en la sala con su cerveza – O revestirlo de cristales o cualquier otra cosa que brille.
– No es mala idea – El viejo me guiñó.
– Yo prefiero un andador común – Lo interrumpí – No quiero volver a usar la silla de ruedas porque alguien me rompió las piernas por robarme el andador.
– Me alegra saber sobre tu rehabilitación, Rosemarie – Nathan aseguró – Pero ahora necesito discutir algunas cuestiones de la editorial con tu padre, ¿te importa?
– No, adelante – Consentí.
– Resuélvanlo antes de la cena – Mi madre pidió.
– Belikov, ¿te gustaría unirte a nosotros? – Papá lo invitó – Has estado lejos de la editorial desde hace algún tiempo, pero sería bueno mantenerte actualizado.
– Ahh – Dimitri alternó su mirada entre él y yo, sin saber qué responder – ¿Te importa?
– Ve – Sonreí – Yo voy a quedarme con las chicas…
– Hey… – Adrian exclamó.
– Y Adrian – Completé.
Observamos a los tres hombres desaparecer por la puerta y un silencio incómodo cayó sobre la sala.
Creo que al final la idea de quedarme con las niñas no fue de las mejores.
– El coche nuevo de Adrian finalmente quedó listo – Daniela comentó.
– Bien – Mamá sonrió por educación – Espero que sea tan bueno como el otro.
– Es un buen coche – Avery sonrió sosteniendo la mano de su novio – Me alegro por Adrian.
– Me imagino que es por él que estás feliz – Daniela murmuró, haciendo que la sonrisa de la chica muriera.
Creo que los Ivashkov no están tan felices con la relación de éstos dos.
– Entonces, Rose… – Adrian habló al terminar su cerveza – Creo que una ida a los Hamptons en Halloween está fuera de cuestión, ¿no?
– Absolutamente – Mi madre interfirió – Siempre que van a esa casa sucede algo. En realidad estamos pensando en venderla…
– Creo que no podemos culpar a la casa – Adrian expresó.
– No me importa si nunca más volvemos allí – Murmuré – No está entre mis lugares preferidos.
– Ustedes pueden comprar una casa en otro lugar – Daniela sugirió – Quién sabe, quizás en Florida.
– O en Vermont – Sugerí.
– ¿Tú en Vermont? – Adrian se rio – Enloqueciste.
– Podría acostumbrarme a Vermont – Rodé los ojos – Es un lugar romántico.
– Tú no eres romántica, Rosemarie – Mamá me recordó.
– Ciertamente no – Adrian se rio – Por eso no coincidimos, Rose.
– Mi hijo es un muchacho muy romántico – Daniela le sonrió de forma cariñosa.
– Me encantaría conocer Vermont – Avery le sonrió a su novio.
– Él no tiene tiempo para eso – Daniela intervino.
– Tal vez podamos ir – Propuse – En el invierno, luego de que me recupere.
– Sería genial – Avery sonó animada.
– Por mí está bien – Adrian se encogió de hombros – Solo hay que ver si tu marido aceptará.
– ¿Eso quiere decir que pretendes todavía salir con ella para el invierno? – Daniela cuestionó sorprendida, dejando a Avery desconcertada.
– Sí, ¿algún problema? – Él bostezó.
– Adrian – Ella gimió.
– Debemos ir cuando esté nevando – Hablé, ignorando a la mujer.
– Es un lugar hermoso – Mamá aseguró – Tu padre ya me llevó allí.
– Esto es una pesadilla – Daniela murmuró.
– ¿Pesadilla? ¿Qué es una pesadilla? – Papá preguntó al volver a la sala.
– Están planeando un viaje a Vermont – Explicó mi madre.
– ¿Quién? – Dimitri frunció el ceño.
– Aparentemente, los cuatro – Adrian informó despreocupado.
– ¿Cómo? – Dimitri me miró, aparentemente también lo considera una pesadilla.
– ¿Cenamos? – Le ofrecí una sonrisa inocente.
– Hablaremos sobre esto después – Avisó.
– Pasemos al comedor – Mamá indicó al recibir la señal de una de las empleadas – La cena está lista.
– Iré por la silla – Dijo Dimitri.
– ¿No puedes ayudarme? – Hice un puchero.
– Rose…
– Deja que la chica camine – Mi padre intervino, asumiendo el lugar de Dimitri al ayudarme a levantar – Ella ya pasó demasiado tiempo en esa silla.
– Señor Mazur, ella todavía se está recuperando – Dimitri respiró hondo mientras papá me ayudaba – Necesita ir despacio.
– Patrañas – Se burló – La chica tiene sangre Mazur, una tontería no va a afectarla.
– Siéntate – Janine apareció empujando la silla – Es bastante por hoy, Rose.
– Pero mamá… – Lloré.
– Rose – Ella replicó en tono firme, no dejando espacio para discutir. Me senté de mala voluntad. Odiaba aquello, yo quería caminar aunque me cansara tanto.
Entramos al comedor y asumimos nuestros lugares, Dimitri me ayudó a sentarme en una silla a su lado, mientras Abe observaba todo con una sonrisa misteriosa en la cara.
– ¿Qué está pasando? – Dimitri musitó cuando se sirvió la cena.
– No tengo la menor idea – Susurré observando al viejo.
¿Qué hace?
Me mantuve alerta durante la cena, pero no sucedió nada diferente.
¿Estoy paranoica?
¿No conozco a mi padre tan bien?
– Llegó la hora esperada – Papá sonrió cuando los platos fueron retirados – La hora del postre.
Fruncí el ceño al ver un pastel Red Velvet ser traído a la mesa por un camarero que mi padre probablemente contrató para aquella noche. Mi sorpresa aumentó aún más cuando éste le entregó a Dimitri un cuchillo para pastel y una pala.
– ¿Qué está pasando? – Balbuceé extrañada.
– Pensé que estaba claro que ésta es una cena de celebración, Rosemarie – Mi baba explicó como su fuera obvio – ¿El pastel no te dice nada?
– ¿Que has pérdido totalmente el juicio, que puedo internarte y tomar el control de la editorial? – Intenté.
– ¿Qué hago con esto? – Dimitri me susurró, completamente confundido.
– Me siento muy decepcionado querida, pero no, mi sanidad aún está intacta – Él sonrió – Sin embargo, fue una buena conjetura.
– ¿Alguien podría explicarme? – Pedí.
– No me mires – Adrian se encogió de hombros – Yo solo fui invitado a una cena de conmemoración.
– ¿Qué estamos celebrando? – Insistí.
– Su matrimonio, por supuesto – Mi madre sonrió.
– Bueno Nathan, tú eres el abogado aquí… como ambos perdieron completamente el juicio, ¿qué debo hacer para asumir el control de la editorial? – Le pregunté al hombre que miraba todo aquello sin entender.
– Nuestra boda fue hace cuatro meses – Dimitri recordó – Y tuvimos una gran fiesta, incluso fue portada de una de sus revistas.
– Sí, de hecho – Mamá sonrió abiertamente. Eso sí era algo extraño – Pero ustedes pasaron por un período difícil y lo superaron. Creímos que merecían una celebración.
– ¿Entonces qué? ¿Tenemos que cortar el pastel? – Arrugué el ceño.
– Los dos – Abe sonrió – Como una joven pareja enamorada.
– No me importa quién va a cortar el pastel, solo quiero comerlo – Comentó Adrian – Si pudieran resolver esto de una vez, estoy seguro de que a Avery también le encantaría.
– Sí, aunque admito que fue un poco extraño ser invitada a esta celebración – La chica se encogió de hombros.
– Tampoco sé por qué estoy aquí – El muchacho susurró en respuesta – No obstante, no nos oponemos a recibir comida gratis.
– Ok – Decidí terminar con esto de una vez. Dimitri me ayudó a levantar.
– Ambos tienen que sostener el cuchillo – Mi madre instruyó.
– Me gustaría decir algunas palabras mientras lo hacen – Mi padre se levantó, elevando su copa de vino – Un pequeño brindis.
– ¿Eso es necesario? – Pregunté, parpadeando confundida cuando un flash me cegó momentáneamente.
¿De dónde salió el tipo de las fotos?
– Rose, ¿qué ocurre? – Dimitri musitó, colocando la primera rebanada en un plato.
– Dimitri Belikov – Papá comenzó – Rosemarie… no puedo expresar mi felicidad al verlos bien de nuevo…
– Adrian – Le ofrecí pastel al chico mientras el fotógrafo continuaba con su labor.
– Rose, te preguntaría qué está pasando – Adrian bajó el tono al tomar el plato, provocando que dejara de atender el discurso de mi padre – Pero al parecer estás más pérdida que yo.
– … por supuesto que para eso fue necesario hacer algunas amenazas – Volví a prestar atención al oír la palabra amenaza – Pero al final no tuve que mandarte de vuelta a Rusia, lo resolviste todo… y mira que Nathan puede corroborar que realmente estaba trabajando en ello.
– ¿Qué? – Me congelé con un plato de pastel en la mano – ¿Qué está pasando?
– Esto no quiere decir que no pueda mandarte de vuelta a Siberia, hijo – Mi padre me ignoró – Trata de equivocarte con mi hija una vez más y entraré en contacto directo con inmigración. Estarás volando lejos en cuestión de horas…
– Para eso debes tener un contacto directo con inmigración, Ibrahim – Dijo mi madre.
– Ohh sí, es verdad… – Él suspiró dramáticamente – Ustedes tendrán que pasarme el teléfono del tal Reed…
Abrí la boca para contestar, pero no puede pensar en nada que decir… ¿qué mierda está pasando aquí? Dimitri parecía estar atrapado en una reacción parecida a la mía, completamente pérdido.
– Es claro que no lo harán, Ibrahim – Mamá se burló – ¿Por qué no se lo pides a Daniela? Últimamente ella ha hablado mucho con él…
– ¿Cómo? – Mis ojos viajaron inmediatamente para ver la expresión de sorpresa de Daniela Ivashkov.
– Nathan, ¿qué me decías sobre lo que debería hacer con la persona que hizo las denuncias falsas?
– Descubrirla y abrir un proceso inmediato – Balbuceó.
– Un gran consejo – Mi padre sonrió mientras yo seguía mirando a Daniela boquiabierta.
¿Por qué lo haría?
– ¿Qué ocurre? – Adrian se manifestó completamente indignado.
– Descubrimos quién estaba detrás de las denuncias falsas – Janine sonrió de forma victoriosa, Daniela seguía sin hablar.
– ¿Tu madre hizo una denuncia falsa a imaginación? – Avery frunció el ceño – ¿Por qué?
– Las denuncias no son falsas – La mujer balbuceó – Tú no puedes procesarme…
– Perdona, ¿realmente estás asumiendo que hiciste la denuncia? – Pregunté sorprendida.
– ¡Daniela! – Nathan gruñó.
– Las denuncias no son falsas – La mujer insistió mirando a su marido – Tú mismo me lo dijiste.
– Perfecto – Abe abrió aún más su sonrisa.
– ¿Y creíste que porque te lo conté tú debías denunciar a la chica? – Él exclamó.
– Ella vive estropeándole todo a Adrian…
– ¡Mamá!
– Nunca le he estropeado nada – Respondí – Bueno, solo el coche ¡Pero mi padre le compró otro!
– Por tu causa él está saliendo con eso – Daniela apuntó a Avery.
– Hey – La chica se quejó.
– Por favor, ¿¡tú realmente te crees buena para mi hijo!?
– Bueno, ya que aclaramos todo, las medidas deben ser tomadas – Mamá se encogió de hombros.
– Creo que necesito sentarme – Murmuré al sentir una molestia en la columna por estar de pie por tanto tiempo en la misma posición. Dimitri me ayudó mientras los Ivashkov mantenían una pequeña discusión entre sí.
– Tienes que hacer algo – Adrian le susurró enojado a su padre.
– Tienes razón – El hombre aceptó – Señor Mazur… le sugiero que tome medidas legales inmediatamente…
– ¿Cómo? – Daniela exclamó – ¡Eres mi marido!
– Y tú una bruta por intentar meter en la cárcel a la hija del hombre que paga nuestras cuentas – Respondió antes de volverse a mi padre – Estoy a su disposición para lo que necesite Señor.
– No seas tan duro, Ivashkov. Puedes defender a tu esposa – Respondió papá – Porque a partir de ahora no pagaré ninguna cuenta suya…
– Señor Mazur… ella era mi esposa, no tenía cómo saber…
– ¿Era? – Adrian exclamó – ¡Papá!
– Señor Mazur, le aseguro que retirará las denuncias y asumirá toda su mentira con inmigración y…
– Sí, no dudamos que lo hará – Mi madre lo cortó – Porque si no lo hace, las consecuencias serán mayores que una simple dimisión, Señor Ivashkov.
– Vámonos – Daniela se levantó.
– Lleven un pedazo de pastel – Abe habló sonriente – Para celebrar la vida de mi hija.
– No quiero – Ella murmuró enojada.
– Toma el maldito pastel – Nathan ordenó, levantándose también.
– Adrian, muchacho, las puertas de esta casa siempre estarán abiertas para ti y tu adorable amiga – Sonrió el turco.
– Gracias Señor Mazur – Adrian se levantó cabizbajo, listo para seguir a sus padres.
– ¿Podemos irnos en taxi? – Avery preguntó – No quiero compartir el coche con ellos ahora…
– Lamento esto, Rose – Él suspiró besando mi cabeza – Nos vemos después, ¿ok?
Los observamos salir al mismo tiempo que digería toda esa información. Siempre pensé que le agradaba a Daniela, a pesar de todo.
– Entonces… una vez más resolví todos tus problemas – Mi baba declaró sonriente – Pienso que merezco al menos un nieto a manera de gratitud, ¿no creen?
– ¿De nuevo esa historia? – Gemí apoyando mi frente en la mesa.
– ¿Quieres una prueba mejor para el Señor Reed de que su matrimonio no es fachada? – Mamá provocó.
– ¿También tú? – La miré sorprendida.
– ¿Qué me dices, Belikov? – Papá sonrió.
– Estaré listo cuando Rose lo esté – Se encogió de hombros.
– Bien, ahora me transfieres toda la responsabilidad a mí – Rodé los ojos – Gracias.
– Te ha ido bien con Gatito – Dimitri bromeó.
Yo definitivamente voy a matar a este idiota.
– Claro, ¿acaso voy a darle comida al bebé dos veces al día y a enviarlo a la tienda de mascotas cuando se ensucie? – Reclamé.
– ¿No puedes ni siquiera pensarlo? – Mi padre preguntó esperanzado.
– Ok – Respiré profundamente – Puedo pensar en ello. Pero primero tengo que terminar la fisioterapia ¿Puedes esperar hasta que tu hija vuelva a caminar?
– ¿En serio? – Dimitri me miró sorprendido – ¿Realmente vas a considerarlo?
– ¿No eras tú quien quería cinco rusos? – Devolví.
– Maravilloso – Abe sonrió satisfecho – ¡Necesitarán una casa más grande!
– ¿Cinco? – Dimitri bajó el tono – No estarás hablando en serio, ¿verdad?
– ¿Qué pasó camarada? – Lo provoqué al notar su aprehensión mientras mi baba seguía haciendo planes – Creí que querías cinco niños corriendo a tu alrededor.
– Estás jugando, ¿verdad? – Insistió.
– Tal vez sí. Tal vez no – Le guiñé.
– Bueno, creo que necesitamos hablar sobre eso – Murmuró claramente parando la broma.
– No te preocupes, camarada – Le sonreí – Ya he dicho que antes de siquiera pensarlo, tengo que volver a caminar.
– Eso será pronto – Se inclinó para besarme.
Sí, espero que sea pronto.
No veo la hora de tener mi futuro entero de nuevo abriéndose delante de mí y con mi familia a mi lado… como debe ser.
Entrelacé mis dedos con los de Dimitri, posando mi cabeza en su hombro.
Cuando le pedí matrimonio, no me imaginé que estaría delante del amor. Pasamos por muchas cosas para llegar hasta aquí y algunos momentos fueron realmente difíciles, pero si pudiera volver al día en que todo comenzó, no lo pensaría dos veces para hacer todo de nuevo. Porque solo así he podido entender que el amor no se trata de ser perfecto todo el tiempo, sino de saber perdonar las imperfecciones de la persona a tu lado.
Lo aprendí de mi madre, ella pudo haberse rendido con mi padre, pero decidió persistir. Los observé un momento, sonriendo al verla rodando los ojos a causa de la nueva idea que mi baba presentaba, pero aun así podía ver la sensación en su mirada, a pesar de todas las tonterías.
Al final no se puede juzgar el amor. Cuando la persona correcta aparece, simplemente lo sabes.
Y Dimitri es esa persona.
Espero que la espera les haya válido la pena.
¿Realmente se esperaban que Daniela estuviera detrás de las denuncias? Yo definitivamente, no.
Aun así me gustaría leer sus comentarios, muchas tenían sus sospechas, pero no creo que la mujer haya figurado entre ellas.
Gracias por leer, seguir y comentar ¡Son unas divinas!
Besos, Isy.
Nota especial para herlandy: hermosa, me alegra que te guste la historia. A mi parecer es una de las mejores en el Universo Alternativo de VA.
Y en cuanto a lo que me escribiste sobre mi primera historia, creo que la estás confundiendo, pues "Regresa a Mí" no maneja a una Rose con problemas de memoria y la historia está terminada. Bueno, próximamente habrá una pequeña segunda parte.
Te mando saludos y espero encuentres la historia que mencionas, yo ahora mismo no recuerdo haberla leído antes.
