Capítulo XXX

Concupiscencia

Habían pasado varios días, la reina había hablado con los Condes Grandchester, los había felicitado y eran completamente felices; sobre el asunto de Niel les comunicó que sería mejor aplazarlo hasta que Candy se sintiese bien o de lo contrario podría afectarle al bebé. Los Andley y Grandchester regresaron a la Villa de Escocia, la luna de miel siguió y dos semanas después Terrence entró al Parlamento nuevamente, en realidad sus jornadas eran extenuantes, pero no por ello las faenas con Candy habían caído en consideración de no realizarlas, por lo que ambos ya habían decidido vivir en Londres. Cuando llegaron al departamento de Terry, Candy se quedó sin habla, era hermoso, se veía que recién se había decorado, una parte del departamento era deslumbrante, ya que poseía un ventanal por el cual se colaban ligeros rayos de sol, cobijando una mecedora, ropa de bebe y una cuna, adornada con peluches de todos tipos y volantines.

Recorriendo el departamento, se encontró con el cuadro que Henrriette les había sido obsequiado, escondido detrás de un muro aparente, enfrente de él había un sillón reposet y una pequeña mesa con un par de vasos y una licorera; uno de ellos se encontraba hasta la mitad y algunas colillas de puros se encontraban aún en el cenicero. Se preguntaba cuántas horas se pasaba aquí Terry después del trabajo, suponía que demasiadas ya que cuando llegaba a cenar y después a descansar eso era lo único que no hacía.

Señora Candy, el baño está listo – le avisó Dorothy a Candy sacándola de sus pensamientos.

Gracias Dorothy, sabes si Terry se la pasa aquí mucho tiempo – cuestionó la rubia a su gran amiga.

Sí señora, muchísimo tiempo, el Parlamento queda a veinte minutos como máximo y el señor antes de ir a cenar se detiene aquí por algo no menos de una hora – explicó Dorothy.

Quieres decir que el señor llega a las 7:00 todos los días – se sorprendió un tanto.

Sí señora, pensé que lo sabía. Bueno para ser sincera el trabajo del parlamento es demasiado en ocasiones, también me tomaría algo de tiempo para descansar y tener un mejor humor – confesó la castaña sin detenerse a preguntar nada más.

¡Ah sí! ¿Por qué? – la rubia quiso indagar.

Pues porque llega con un humor de todos los diablos, se sirve una copa y se sienta ahí, disfrutando de la soledad de la biblioteca, después se encierra y sale hasta que usted lo ve – relato lo que venía sucediendo desde hace un par de semanas.

¿De verdad? – cuestionó sin poder creerlo. No lo puedo creer, bueno Dorothy, vamos me bañaré y saldré al parque – le informó la rubia dirigiéndose a su habitación y comenzando a quitarse la bata.

Por supuesto señora, ¿quiere que John la acompañe? – sugirió la castaña.

Sí Dorothy, será que le podrías avisar – le pidió ella sonriendo y metiéndose al baño.

Sí señora, permiso – hizo una venia y salió del baño para dirigirse a la cocina.

Dorothy hasta cuándo me vas a decir Candy, sólo cuando estemos nosotros por favor – le insistió la rubia.

Está bien Candy, vamos el baño se enfría – la apuró ya que la bañera tenía rato de estar llena.

Sí Dorothy, me preparas el vestido amarillo – le pidió amablemente.

Ya lo tengo preparado – le informó.

Por cierto, llegó esto del Parlamento quizás quieras leerlo… es de Terry – le sonrió y salió de allí.

Por supuesto, gracias Dorothy – le agradeció mientras sacaba la nota del sobre.

De nada Candy, permiso – salió oportunamente, antes de que mirara el sonrojo de la rubia.

Hola mi amor:

Quizás quieras saber que te extraño mucho, que mis días son preciosos cuando te hago el amor por las noches, pero hoy, justo hoy quiero que todos sepan cuán hermosa eres, hoy quiero ser sumamente envidiado. Así que cúmpleme un deseo, ven al Parlamento y pregunta por mí, te conducirán a lo largo de todas las oficinas y todos te verán, verán lo hermosa que eres y verán también que vienes por un chico fuerte, musculoso y sensual, o sea tu esposo.

A modo de sugerencia, ponte el vestido amarillo de seda que te regaló Henriette para la fiesta y que nunca usaste, te veo en un rato, se despide de ti tu encantador esposo, Terry.

P.D. Trae ropa interior.

¡Terry! – se sorprendió por la nota tan sugerente de su esposo y abrió un intercomunicador. Dorothy ¿puedes venir? – le preguntó ella dejando la nota sobre el azulejo y tomando su baño tranquilamente.

En un momento voy. ¿Pasa algo Candy? – preguntó cuando había llegado con Candy.

Sí Dorothy, es una nota de Terry, puedes alistarme el vestido que me regaló Henriette, el amarillo de seda – pidió a Dorothy.

Sí claro – ella extrañada asintió.

Avísale a Arthur que me tiene que llevar al trabajo de Terry, que se ponga algo formal – solicitó Candy mientras descansaba en su baño.

Por supuesto, algo más – insistió Dorothy.

Nada más, salgo en unos minutos – le avisó la rubia a la castaña.

Sí Candy, en un momento te veo – se despidió y comenzó a buscar lo que le habia pedido Candy.

Candy después de que saliera del baño con bata y toalla en el cabello, comenzó a secárselo y después de ponerse crema, se enfundó en el vestido, no sin antes colocarse un neglillé, medias y tacones en amarillo nacarado que hacia juego con el elegante vestido. Después Dorothy llegó hasta ella, comenzó a cepillarle el cabello mientras se maquillaba ligeramente y trataba de colocarse accesorios, Dorothy se había vuelto hábil, los peinados de Candy eran de hecho sencillos pero muy elegantes, se aplicó un poco de labial rosado y perfume que le había regalado su padre en uno de sus tantos cumpleaños.

Tiempo después salió de su habitación, se colocó un suéter ligero y unos zarcillos de oro, tomó el bolso y se despidió de Dorothy, encargándole la cena. En la puerta la estaba esperando Arthur enfundado en correcto traje formal, Candy pasó delante de él y le dio una de esas sonrisas de gratitud que siempre tenía para su personal doméstico.

Después salió un poco apresurada y se subió al coche, habían salido por unos minutos cuando a lo lejos se veían las oficinas del parlamento, Candy le dio una sonrisa por el retrovisor y se colocó un sombrero, que dejaba escondido el rostro. Cuando llegaron Arthur se bajó y rodeó el auto, le abrió con toda la caballerosidad que conocía y ella comenzó a caminar hacia la puerta de entrada, tocó unos segundos.

Diga señorita – preguntó el oficial a cargo.

Buenas tardes, tengo una cita con el Conde Grandchester – avisó ella sonriéndole.

¿Asunto? – cuestionó el guardia.

Personal – respondió la rubia.

¿Nombre? – insistió desesperándose, pero era de rigor cuestionar causa, motivo y razón para buscar a los miembros del Parlamento.

Condesa Candice White Grandchester – dijo con total seguridad.

Perdone, no la conocíamos, pase usted por favor, un guardia la llevará hasta la oficina del Conde – le informó mientras un par de guardias la conducían hasta la oficina de Terry que se encontraba en el tercer piso.

Gracias – saludo a los demás con una de esas avasalladoras y gentiles sonrisas.

Pase usted por aquí – el guardia que iba adelante le indicó el camino.

Lo sigo – anunció ella sin perderlo de vista.

Candy siguió al guardia, en efecto, Terry sabía el gran revuelo que esto causaría, a pesar de que el vestido era channel, a cada paso que Candy daba, el vestido acompasaba su caminar, tornándolo coqueto y atrayendo a los hombres de todas las oficinas que murmuraban a su paso; algo que Terry no había esperado era que Candy trajera sombrero con red, lo cual hizo que los hombres del primer piso y los del segundo aumentaran cuando ya habían llegado al tercero.

Cuando salió del elevador, se quitó los guantes, los colocó encima de su bolso de mano y cuando estaba por tocar, alguien llamó su atención.

Candy, ¿qué haces aquí? – cuestionó Samuel fingiendo que no sabía el por qué de su visita.

¡Hola Samuel! Terry me mandó a llamar – contestó feliz de habérselo encontrado.

¡Ah, bueno! Terrence está en una junta, pero pasemos a su oficina – le indicó al darse cuenta de que tenían compañía de las otras oficinas.

Lo siento, no quiero importunar, no me dijo la hora – comentó ella completamente ajena a todo eso.

Samuel, ya sabes que puede llegar a cualquier hora – llego sin aviso y la tomo de la mano, con lo cual los caballeros regresaron por donde venían.

Bueno, ya que estás en sus manos, me retiro. Candy – hizo una venia y salió de la oficina de Terry.

Gracias Samuel – dijo Candy.

¡Qué bonito sombrero! ¿Cómo es que no te lo conocía? ¡Te ves mejor así! - sonrió mientras le quitaba el sombrero y lo dejaba sobre una silla.

Terry, ¿qué tramas? – le preguntó ella queriendo saber para que la había invitado a su oficina.

Nada, vamos a la salita de mi oficina – le ofreció mientras caminaba al lado de él.

Sí, por supuesto – Candy lo tomó de la mano y se dejó guiar mientras Terry cerraba la puerta.

Terry tomó de la cintura a su esposa mientras afuera los demás se preguntaban quién era ella.

Terry dime ¿por qué me hiciste venir hasta aquí? – pidió una explicación.

Porque te quería ver, ¿hay algo de malo en eso? – cuestionó con una sonrisa.

No, pero viste como había hombres por todos lados – le informó logrando que él sonriera más.

Lo logré – señaló cuando la dejo en un sillón.

¡Terry! ¡Lo hiciste a propósito! – repitió ella.

Jajajaja ay mi vida, bueno como te dije, quería saber si eras hermosa para los demás. Mi vida, sabes, te dije que no trajeras ropa interior – refunfuñó el al darse cuenta que su hermosa esposa traía un neglillé.

¡Terry, no puedes! – se puso nerviosa y cerró el espacio entre ellos al ver las intenciones de su esposo.

¡Oh sí! ¡Sí puedo! Creo que usted señora no acató mi orden – rebatió con ella.

Claro que sí, mira, este es el mensaje – de su bolso sacó la nota.

¡Maldición! Es cierto, pero bueno eso no será problema, ven – la jaló hasta la alfombra nueva que había colocado en el centro de la sala.

No Terry, no te atreverás – lo amenazó ella.

Oye me costó trabajo convencer a Samuel que te dejara entrar como para no aprovecharlo – le informó él sin más.

¡Mi amor, estás loco! – expresó ella al saber que Samuel estaba enterado de todo.

Pero por ti, así que no pongas resistencia – le advirtió metiendo la mano debajo de su vestido, tocando la humedad de su centro.

Te…Terry – Candy solo emitió un gemido que la hizo reconsiderar el negarse.

Sí, mi amor – Terry no podía dejar pasarlo, ya estaba demasiado excitado.

¿No estás cansado? – tuvo a mal cuestionarle.

Bueno, ya lo descansaré más adelante. Pero eso sí, hoy no te salvas aunque te haga el amor ahorita mismo – le avisó enérgica y ansiosamente.

Terry la jaló y comenzó a besarla, más profundo cada vez, hasta el punto en el que ella le pidiera que la hiciese suya, ella con los pocos movimientos que le permitía el placer que Terry le daba, trataba de desnudarlo. A Terry le encantaba ese vestido porque no tenía botones, sólo un simple cierre escondido en un flanco y listo, Terry se quedó asombrado cuando se lo había quitado, ya que llevaba un mes viviendo con su esposa y aún no le conocía toda la ropa interior que había comprado para su vida de casada. Candy sonrió maquiavélicamente cuando de un momento abrió las piernas ofreciéndole un lindo espectáculo de su femineidad ardiente y deseosa, la panty que traía ese día no tenia puente y ante ese espectáculo Terry no pudo evitar excitarse aún más.

Mi amor ¿cuándo lo compraste? – cuestionó tocando el clítoris de su esposa.

En la boda – le sonrió y apenas y pudo contestar.

¡Qué hermosa vista! – sonrió él mientras metía un par de dedos en su húmeda cavidad.

Candy pareció sonrojar, pero esto solo la incitó a besar a su esposo frenéticamente, le quitó el pantalón ayudada con los pies y el no se detuvo, de un jalón rasgó la ropa interior de ella sin darse cuenta que la había dejado con tan solo unas hebras. Candy sonrió ante esa acción y lo incitó a tomarla ahí mismo, moviéndose debajo de él y haciendo que rozara su miembro con su pelvis, lo cual hizo que se desesperara, Candy emitió un grito cuando él se había introducido completamente en ella, aliviando un poco la sensación insaciable de Terry. El castaño se movia muy lento pero embestía con fuerza, haciéndola sufrir cada vez más, esperaba oír esas palabras, quería que la rubia le pidiera terminar en ese momento, pero Candy solo se movía mas para que entrase más profundo, después se tomaba los senos y los pellizcaba haciéndole entender que estaban solitos en ese momento.

Terry pensaba que había sido un error el que él comenzara a besarlos y morderlos cuando su excitación creció, situación que tornó en desearla más, cada embiste era poderoso, exigente y pasional por lo que llegó en poco tiempo el clímax de Candy y segundos después él lo hacía, sin poder evitarlo.

Mi amor, te amo – le dijo él cuando había llegado al tan esperado clímax.

Eres un travieso Terry – lo nombro su esposa.

Un poco, ¿te ha gustado? – cuestionó la rubia.

Me ha encantado, oye por cierto, ¿cómo tienes tanto…vigor de hacerme el amor cada noche? – preguntó ella mientras sus respiraciones se acompasaban.

Recuerdas tu retrato, lo tengo en el departamento. Era mucha tentación tenerlo aquí, por eso no te he dejado ni una noche libre – sonrió él besándole los senos.

No me digas que… - comenzó a hacer señas.

No mi amor, sólo me da ideas para hacerte el amor – sonrió mientras veía lo que Candy estaba pensando.

Ah bueno – respondió tranquila.

Pero qué dices, contigo no tengo necesidad de hacerlo de esa manera, aunque ¿por qué me preguntas eso? – respondió un tanto molesto.

Es que, descubrí dónde estaba – sonrió y giró el rostro.

Con razón mi vida, ¿te ayudo a vestirte? – cuestionó ella.

¡Claro! – le sonrió y comenzó a vestirla.

Terry disfrutó de vestir a su esposa tal cual muñeca de trapo, hasta que ella se puso a buscar su ropa interior.

Terry no encuentro mi panty, ¿no la has visto? – cuestionó ella mientras el se sentaba en el sillón del escritorio, se agachó por algo.

Sí mi amor, aquí está o mejor dicho estaba – le respondió oliendo la prenda.

¡Terrence! Y ahora ¿qué hago? – preguntó alarmada.

Pues no te la pongas – solucionó él.

¡Ay no! ¿Qué pena? ¡Todo por tu culpa! – lo señaló con el rostro divertido.

No pasa nada mi amor, ven vámonos – la jaló y ella mostró resistencia.

¡Qué remedio! ¡Guarda eso! – le pidió mirando como disfrutaba de su triunfo.

De acuerdo, lista – cuestionó con aire victorioso. Sabes me he quedado con un recuerdo de tu cuerpo – sonrió con añoranza.

¡Ay Terry! ¡Eres incorregible! – lo miró y se dirigió a la puerta admirada por la desvergüenza de su esposo.

Candy y Terry salieron de la oficina, sonriendo y tomando el sombrero en una mano junto al suéter y una gran sonrisa en los labios, haber hecho el amor con su esposo por primera vez en el lugar donde trabajaba Terry había sido excitante. Pasaban nuevamente por los pasillos y accidentalmente Samuel salió de su oficina, demostrándole que todos aquellos hombres se detenían a cierta distancia, lo cual se le hacía extraño.

Candy, ¿se retira? – preguntó Samuel.

Sí, lamento no poder hacer que Terry me acompañe – le sonrió ella al saber que Terry aun tenía trabajo por hacer.

Por supuesto que sí, Terry no creo que tu trabajo se atrase tanto para no continuarlo mañana – Candy no esperaba oír eso.

Pero…mi obligación… Samuel – refutó el castaño.

Nada, nada, ve con Candy, mañana regresas, además te he visto muy cansado últimamente, una tarde no te hará nada – agregó Samuel.

Bueno, pues gracias Samuel – sonrió él dándole un abrazo.

De nada Conde, condesa – hizo una venia repetida.

Samuel – lo despidió con un beso en la mejilla.

Es que tenemos público desde que entraste al parlamento Candy, no te has dado cuenta de que venían detrás de ti – le informó cuando se acercó a él.

¿De verdad? Bueno Lord Harrison lo vemos luego – se despidió bien.

Gracias Lord Harrison, señores – saludó a la comitiva al despedirse de Samuel.

Conde de Grandchester. Espere Lord Harrison – respondió al saludo de aquel grupo y un rubio le llamó.

Por supuesto, ¿desea usted algo Duque de Groover? – cuestionó esperando más cuestionamientos.

Sí, la "dama" que acaba de salir con el Conde de Grandchester, ¿es una de sus conquistas? – preguntó con una sonrisa cínica.

Será que se deje ver con una de sus señoritas, la verdad es que desde hace meses que no hemos oído hablar de sus conquistas – agregó otro caballero.

Yo sabía que andaba en Escocia cortejando a una señorita de sociedad que nadie conoce, ¿qué pasó? ¿Ya la desfloró? – preguntó alguien más con una falsa modestia.

Cuidado joven Harrigton, yo que usted no hablaría de esa forma de la dama que acaba de salir – advirtió Samuel.

¡Ah sí! ¿Por qué? Díganos ¿dónde la conoció? Es bellísima – comentó Groover al ver que nadie dijo nada.

Espere para que lo saquen de las dudas, Smith – le pidió a uno de los guardias que viniese.

Sí señor – se paró justo enfrente de ellos.

Usted acompañó a la señora que salió hace unos minutos con el Conde de Grandchester, ¿verdad? – cuestionó conteniendo una risa.

Sí Lord Harrison – respondió el soldado.

Bueno y podría decirnos ¿quién era? – le cuestionó con una sonrisa al ver su nerviosismo.

Por supuesto, ella es…- se vio interrumpido.

Espere Smith, les diré yo, ella es Candice White Andley Claude – terminó de decir él.

¡Una Andley! ¡qué hermosa es! – exclamó Harrington.

Y muy rica, su cuna fue el petróleo – contestó sabiendo el por qué de esa situación.

Así que Grandchester la hizo buena – sonrio ante los cuchicheos de todos.

Su cuna fue de oro, sépanse que él es descendiente de la realeza británica – alguien mas hizo otro comentario.

Y será matriarca de la familia dentro de poco – agregó otro.

Nada ostentoso ¿verdad? – alguien más comentó eso mientras todos se reían.

Smith ahora si infórmenos – dejó que el soldado hablara.

Es la condesa Candice White Grandchester Andley – apenas dijo eso todo cesaron las risas mordaces.

¿Qué quieres decir Smith? – cuestionó Groover.

Que Terrence y Candice son esposos – ahora era él quien se reía de su asombro. Sí, hace un mes que se casaron en Escocia, bien Smith y dígame, ¿qué le pasó al hombre que se atrevió a atentar contra la seguridad de la Condesa? – cuestionó Samuel divertido.

Está encarcelado por tiempo indefinido – respondió él rápidamente.

Caballeros, con su permiso – se despidió con una gran sonrisa.

Increíble, pero es muy hermosa. Smith ¿sabe quién está encarcelado? – cuestionaron sin darse cuenta de que Samuel se había escondido.

No señor Groover, pero nadie lo sabe, lo tienen en secreto dado que el Conde ha pedido discreción por parte de su esposa y sobretodo porque cuenta con la protección de la reina. Así que sería difícil saber quién es en realidad – le informó el soldado.

Bajo qué cargo – cuestionaron curiosos.

Aún no se sabe, pero un abogado va muy seguido a la Torre de Londres, el cargo que se le imputan al acusado es concupiscencia – informó el chico.

¿Qué has dicho? – exclamó Harrington respondiendo a lo increíble de la noticia.

Sí, el acusado no es la única "relación" que mantenía, hay otras mujeres, pero nadie sabe más que eso y el guardia no dice nada – respondió sin que alguien se lo pidiera.

¿Qué cosas? ¿Qué habrá sucedido? – se pregunto a sí mismo el joven Harrington.

Caballeros aún están por aquí, todos a sus deberes. Smith queda arrestado por divulgar asuntos confidenciales, ¡guardias! – ordenó él ante todos. -

Pero Samuel, no exageres, eso lo dicen las damas de la sociedad – se defendió Smith.

Tú lo has dicho, las damas, tú eres un soldado que sirve a la corona. Llévenselo – ordenó tácitamente.

Terrence espero que tomes la decisión correcta, de ti depende – susurró.

Mientras esto ocurría, Terry se había quedado pensativo en la limusina que los dejaba en su hogar, Candy lo sacó de sus pensamientos.

Terry ¿pasa algo? – cuestionó Candy cuando vio que no le prestaba atención.

No mi amor – retiró la vista de la ventana.

Y te creo – ironizó su esposa.

Bueno es que Samuel habló hace unas horas conmigo. Es sobre Niel – le informó al ver que no se quedaría con la duda.

¿Pasa algo con eso? – preguntó sin más.

La reina informó del cargo de su caso, resulta que violó a algunas mujeres y eso también salió a la luz en sus investigaciones – soltó dejando los detalles de lado.

¿Qué dices? – exclamó la rubia.

Sí Candy, lo acusó de concupiscencia – miró hacia la ventana.

¿Qué quieres decir? – le cuestionó su esposa.

Digamos que lo tuyo fue ligero, no logro hacerte casi nada. Pero lo otro, lo otro fue muy malévolo – le informó él.

¿Qué tanto? – cuestionó temerosa.

Tengo las fotos, Niel violó a quince mujeres repetidamente ya que las tenía cautivas, encarceladas y esposadas por mucho tiempo hasta que morían – respondió el castaño.

¡Dios mío! – Candy se llevó las manos al rostro, impresionada.

Sólo te voy a enseñar las fotos de los cuerpos ya limpios, ¿me entiendes Candy? – dijo bajando de la limusina y sacando su portafolios de la cajuela.

Sí – respondió ella caminando con él y tomándolo de la mano.

Después de subir por el elevador, caminaron hasta su departamento y se sentaron en la salita de té. Terry sacó un sobre de su portafolio y sustrajo unas cuantas fotografías enseñándoselas a su esposa.

¡Dios mío! ¡No puede ser! – exclamó al ver esas fotografías, todas las mujeres si así se les podía llamar eran una chiquillas aún.

Sí mi amor, todas te dan un aire. La reina quiere seguir adelante con los quince casos, esto será bueno puesto que tu no declararás, pero si él dice que todo lo hizo porque tú lo obligaste, tendremos que intervenir, eso es remoto, pero posible – aclaró él preocupado, al último sólo soltó un suspiro llevándose las manos al cabello y posando sus codos sobre las piernas.

¿Cuántas salieron ilesas? – se atrevió a preguntar.

Ninguna amor, hace una semana murió la última tenía diecisiete años. Calma mi amor, no te pasará nada. Alístate, tu padre no tardará en llegar – se levantó esperando que ella detuviera el interrogatorio.

Papá… aquí. ¿De qué humor lo viste? – cuestionó preocupada.

Calmado – respondió sincero.

¿Qué haremos? – le cuestionó ella.

Esperemos que no tengas un careo, por lo pronto la reina no permitirá eso hasta después de los tres meses, aunque para ese tiempo tendrás que ir a América, así que no sé – le dijo llanamente.

Y ¿los Leagan? – Candy quería saber más.

No pueden hacer nada. Lo siento mi amor, debemos cuidarte – le dio un beso en la coronilla.

Lo sé, me voy a descansar – se soltó de su abrazo y se dirigió a su habitación.

Si Candy, ve. No debí decírselo – murmuró.

Decirle ¿qué Terry? – preguntó Eleonor al ver que su hijo no le hacía caso.

Mamá – se dejó abrazar por ella, caso raro en él.

¿Qué pasa hijo? No me asustes. ¿Es Candy? – inquirió ella.

No Niel, lo acusaron de concupiscencia – le informó a la rubia.

¿Cuántas? – cuestionó Albert.

Quince – respondió el castaño al ver que no había necesidad de informar lo que ocurría.

También de asesinato, supongo – agregó Albert.

Sí, también por los quince – respondió él yendo por el sobre que antes le había mostrado a Candy.

¿La llamarán a atestiguar? – cuestionó él.

No lo sé, espero que no. Samuel me dijo que no sabían nada de ello, pero que si a ese imbécil se le ocurre decir algo de nosotros, tendrían que hacerlo – informó el castaño, sacando las fotos que le había entregado Samuel.

Concupiscencia, pero si ese es un delito menor – logró esbozar una pregunta nada elaborada.

Bueno, no quiso decirlo de otra manera, los cargos verdaderos son: violación, rapto, prohibición de la libertad a menores de edad y asesinato. Creo eso es todo – le contestó de modo sarcástico.

Entonces ¿por qué es así? ¿Qué tiene que ver todo esto de disfrazarlo? – alzó la voz un rubio.

Porque las noticias vuelan, alguien ya sabe que Niel está preso en la Torre de Londres – informó el castaño.

No, ¿cómo es eso posible? – respondió sorprendido el rubio.

Saben poco, no saben en realidad que es Niel, sólo saben que está arrestado y con juicio pospuesto, había que hacer algo y sólo eso pudimos – resolvió Terry.

No puedo creerlo. Esto se está complicando y ¿Candy? – preguntó Eleonor al no verla. Por ahí.

Recostada – le respondió a su madre.

Terry, ¿ya lo sabe ella? – preguntó Eleonor.

Sí, pero no le dije todo – les confesó Terry.

¿Qué es todo? – cuestionaron los rubios.

Todo, sólo le enseñé esas fotos, pero la realidad es ésta – les mostró otras fotos que aun estaban en el sobre.

¿Cómo puede haber un ser tan despreciable en mi familia? – exclamó Albert sorprendido.

Y Candy, dime ¿cómo reaccionó? – cuestionó Eleonor.

Bien supongo, pero la reina espera que Candy se sienta bien hasta el careo mamá, ya que sería una causante más y sobre todo por el rango que ahora tiene Candy explicó el castaño a su madre.

Temo por ella y por mi hijo, a menos… - se detuvo pensando algo peor.

A menos que el psicólogo lo caracterice como si hubiera perdido la cordura – recapituló Albert.

En el careo, si Candy tiene que hacerlo, tendremos que acompañarla, pero sólo mujeres pueden hacerlo y guardias – le respondió Terry a su madre que no comprendía.

Lo haré – se ofreció.

No Eleonor, no puedes – Albert le prohibió a su novia.

Sí puedo, no voy a permitir que le hagan daño. Además conozco a alguien más que le gustaría estar ahí, Henrriette no se negará – les informó a ambos caballeros.

Eso lo veremos más adelante, ahora si me disculpan voy a ver si Candy está mejor, se quedan en su casa – se disculpó mientras se dirigía a donde estaba Candy.

Sí Terry, Albert vamos al comedor - lo tomó de la mano.

Por supuesto – el rubio accedió guardando las fotografías en el sobre.

Terry se desapareció en una de las habitaciones, entró despacio y vio que el vestido de Candy se encontraba puesto sobre la cama, con accesorios y demás, sin agregar una cosa más, se dirigió hacia el baño y ahí en frente del espejo se encontró a su esposa desnuda, admirando su aún aplanado vientre, los senos redondos y sensibles, su derrier redondo también y algo mejor, disfrutaba de darle flancos a su cuerpo cuando captó la embelesada mirada de Terry.

¡Hola, aún no se me nota! – le dijo ella dando un par de vueltas frente al espejo.

¡A mí, sí! – respondió él viendo su entrepierna.

Terry, mi amor, ¿quieres bañarte conmigo? – lo invitó viendo a lo que se refería.

Nuestros padres ya llegaron – le avisó con media sonrisa.

Pero quizás yo esté dormida – fingió no haber escuchado.

Sí quizás – respondió él caminando y quitándose la ropa, dejando libre su miembro erecto.

Terry no resistió más y le hizo el amor una vez más en la regadera con el cual quedaron exhaustos y por demás terminaron bañándose juntos.

Mi amor – la llamó cuando se estaba colocando crema en el cuerpo.

Dime – respondió ella dejándose caer en la cama donde él se coloco después.

Aún no se te abulta el vientre – le dijo él besándolo.

No mi amor, aún faltan de tres a cuatro meses – le sonrió ella.

¿De verdad? Seguro será niño – confesó el castaño.

No, no es niño, niña – corrigió ella.

¿Cómo crees? Es niño – rebatió ella.

Bueno mi amor que sea lo que sea. No me digas que no te pondrás nada – le cuestionó cuando solo se puso una bata encima.

Claro que sí, pero esta allá en el closet y con el frío que hace me voy a resfriar, además no creo que me quieras hacer el amor nuevamente - le instó.

Y ¿quién dice eso señora Grandchester? – cuestionó él incrédulo.

Condesa Terry, no se te olvide – aclaró ella sonriendo ante el rostro de su marido.

Ah sí, mira ya se endurecieron – le informó cuando la tenía atrapada y había mordisqueado sus pezones.

Terry nunca vamos a ver a tus padres y si de duros hablamos yo sé quién esta durísimo – dijo cuando coloco su pierna en la entrepierna de su marido.

Buen punto, mi amor, deja eso – le pidió al ver que seguía masajeando su miembro erguido.

Ahora ya los endureciste y ahora acabas – le exigió ella, retándolo a terminar.

A Terry no le quedo de otra que cumplir con su deber de esposo.

Sabes mi amor, después de hacer el amor me quedo tan profundamente dormido que descanso mucho mejor que en los días que no puedo por nada del mundo – refirió ese acontecimiento.

¿Qué cosas dices mi amor? Si desde que llegamos a Londres hemos estado más tiempo en el dormitorio que ambos fuera de casa – corrigió ella.

Jajajajaja con qué quejándose no – la reprendió.

No amor, pero no quieras usarme de pretexto ¡eh! – le advirtió, señalándolo con un dedo en el pecho.

Oye amor, anda vamos, camina – lo obligo a levantarse a que se cambiara.

Está bien, espérame unos minutos, me tengo que vestir – informó Terry.

De acuerdo te espero en la sala – ella salió rápidamente antes de que a su esposo se le ocurriera otra cosa.

Ya mismo salgo – advirtió él divertido. Sí en un momento te veo – volvió a gritar, pero Candy ya no lo había escuchado.

Papá, Eleonor pensé que aún seguían descansando – comentó la rubia menor cuando vio a los rubios en la sala, sorprendiéndola un poco.

Pues no, ¿cómo va ese embarazo? – cuestionó el rubio.

Muy bien papá, ustedes ¿cómo han estado? – regresó el cuestionamiento.

Bien hija enterándonos de las travesuras de Terry – expresó Eleonor sonrojando a la rubia quién escondía el rostro.

¡Ya se enteraron! – exclamó ella.

Sí, pero bueno, su padre hizo lo mismo unas cuantas veces – comenzó a recordar Eleonor un tanto divertida y Albert le dirigió una mirada de desaprobación a su novia.

¡Eleonor! – la reprendió el rubio.

Lo siento, pero así era – resolvió ella.

¿Qué es así? – cuestionó Terry al ver que nadie hablaba.

De la travesura de hoy hijo – le respondió ella sin dejar de mirarlos.

¿Cuál de todas? - cuestionó él entendiendo que alguien le había informado de la visita de Candy en el Parlamento.

De haber invitado a Candy a tu oficina, no sabes qué revuelo hubo después – dijo Eleonor divertida.

Sobre todo al saber quién no eras, querida nuera – replicó la rubia mayor, señalando a Candy.

¿Cómo dicen? – preguntó sorprendida.

Pues digamos que dicen por ahí verdad, que Candy es… cómo poder decirlo – se detuvo y espero unos momentos. Tu amante hijo mio – terminó ella al ver la cara de enfado de Terry.

¿Qué cosa? – ahora era el castaño el furioso

Como lo oyes hijo, tanto que Smith se fue de lengua y Samuel lo arrestó por una semana; pero en realidad eso que dijo ya lo sabe todo Londres, así que solamente será un arresto sin goce de sueldo – les informó a todos los ahí presentes.

Entiendo, bueno mañana mismo aclararé esto – hizo una seña con las manos.

No te preocupes ya todos te conocen pequeña, sólo que fue duro enterarse que ya estás casada – Albert salió en defensa del honor de su hija.

Y ¿quién es el forro de esposo? – señaló Terry.

Modestia aparte Eleonor, ¿por qué lo hiciste así? – cuestionó divertida la rubia menor.

Eso no lo sacó de mí, sino de su padre – le informó a su nuera.

Bueno tomamos el té – resolvió Albert para no volver a comenzar otra peleíta entre madre e hijo.

Por supuesto – afirmó Candy.

Tilín, tilín. Sonaba una campana en el interior de la habitación, así apareció Dorothy.

Dorothy puedes traernos el té – solicitó Candy.

Sí señora Candy, enseguida – asintió mientras salía.

Bueno y ahora hablemos del tema que sigue – dijo Candy al ver que el silencio era incómodo.

¿Cuál de todos? – ironizó Terry.

Niel y el careo – soltó ella haciendo que los demás la miraran.

¿Cuál careo? – trataron de hacer oídos sordos.

Terry supongo que no me crees tan ingenua, de verdad que no me molesta el tema, ¿por qué se han tomado tantas molestias en ocultármelo? Sé que esperan que ese tonto de Niel no me nombre en sus declaraciones, pero saben una cosa, se los debo – dijo con un aire de suficiencia.

¿Qué cosa dices? ¿De que hablas? – todos comenzaron a cuestionar a la rubia ya que no creían lo que escuchaban.

Se los debo a esas chicas que no tuvieron la misma oportunidad que yo, ellas a diferencia de mí no tuvieron profesionales que les enseñaran esgrima, ni equitación, ni ciencias, ni lenguas ni nada de lo que yo sé, sobre todo por eso, no tuvieron las mismas oportunidades para defenderse del desequilibrio de Niel, así que voy a atestiguar en el caso contra Niel. También tengo dos condiciones: necesito a una escolta para el careo, Eleonor y Henriette podrían ir; la otra es que nadie sepa por ningún motivo que estoy embarazada, solamente lo sabemos nosotros, será mejor que no se entere por favor – señaló las opciones y al miró.

¡Candy! – la llamaron y corrieron hacia ella.

Lo haré Terry, papá será que la familia pague los gastos funerarios de todas las chicas – pidió un favor a su padre.

Sí Candy, ¿en tu nombre? – cuestionó Albert dándose por vencido, ya que esa era una idea que no se le quitaría de encima.

No papá, sólo se enterarán que fue una alma caritativa. También sería posible que fuera a los sepelios – los miro a todos, quiénes a su vez también se miraban entre si.

Encargaré a George de eso, ¿alguna otra cosa? – afirmó Albert.

Sí, necesito a Henriette en estos días y que me digan ¿qué debo hacer? Quizás el abogado de mi madre o el mismo George, por el momento disfrutemos de otro tema – resolvió ella sirviendo el té.

¿Estás segura, mi amor? – cuestionó Terry un poco nervioso.

Sí Terry, ¿te imaginas si me hubiese sucedido algo? – le preguntó ya que al parecer no entendía su proceder.

No digas eso Candy, no sé qué hubiera hecho – recalcó.

Me entienden, lo haré por ellas. Papá, ¿la tía abuela? – preguntó sacando a Albert de sus pensamientos

Tendremos que prepararla – soltó él, tratando de calmarse.

¿Qué haces Terry? – cuestionó Eleonor.

Llamaré a Samuel, quiero invitarlo a cenar hoy, platicaremos más con él – Terry conocía el alma de Candy, sabía cuán obstinada era ella.

Está bien, Eleonor puedes ir conmigo a mi recámara – se levantó y le pidió a Eleonor que la acompañase a su habitación.

Por supuesto – asintió dejando la taza de té sobre la mesita de centro y tomó la mano que ofrecía la rubia menor.

Mientras en la sala Terry hablaba con Samuel.

Bueno, me comunicaría con Samuel Harrison, sí gracias – Terry miró a Albert perdido en algún lugar, además se encontraba apretando la quijada.

Terry, ¿estás seguro? – cuestionó Albert al ver que Terry desviaba la mirada y atendía a Samuel.

No te preocupes Albert, pienso apoyar a Candy, necesitamos toda la ayuda posible. Bueno Samuel, sí, bien gracias, quería decirte que mi suegro y mi madre están aquí en el departamento y te queremos invitar a cenar, ¿podrías? – preguntó el castaño.

Por supuesto Terrence, aprovecharemos para hablar del caso de Niel – le dijo Samuel.

Sí también para eso, Candice accedió – le informó dejándolo sin habla.

Estás hablando en serio, bueno sólo termino un asunto y voy para allá – le avisó a Terry.

Por supuesto, te esperamos Samuel. Ya está arreglado, llegará en un par de horas – le informó a Albert dándole un poco de tranquilidad. Ambos se sentaron en la sala y se ensimismaron cada uno en sus pensamientos.

Eleonor paseaba la vista en la habitación de Candy, al parecer ambos estaban descansando en la cama ya que se encontraba un poco desordenada.

Candice ¿estás segura? – tuvo a bien preguntar Eleonor.

Sé Eleonor, se que Terry no me ha enseñado las demás fotos, pero no necesito saber la tortura que vivieron esas chicas, sólo quiero darles descanso a sus almas. Además con ustedes me sentiré segura, pero debemos hacerle entender a Henriette que no puede decirle nada a nadie del embarazo – le pidió ella con cautela.

¿No tienes miedo? – insistió la rubia mayor.

Sí un poco, pero soportaré todo lo que pase. Además el día que platiqué con la reina, me dijo que estaría escondida en una parte de la celda, no debemos preocuparnos tanto – le contó ella rápidamente.

Candy sé que tienes remordimientos, pero no creo que sepas lo que haces – declaró su suegra a lo cual Candy sonrió.

Sí lo sé, tú deberías de apoyarme Eleonor, Henriette te convencerá. Eleonor, eran tan jóvenes que no sé cómo no te duele el verlas muertas – le reprochó al ver que eso no le producía ningún sentimiento.

Es que yo… - intentó defenderse.

Recuerdas que no tuve a mi madre cuando estuve pequeña, a veces me imagino que hubiera sido de mí si mi padre la hubiese dejado sola, di que estoy alucinando, pero debo darles al menos eso – agregó ella viéndola como agachaba el rostro.

Entiendo, pero prométeme que serás cauta – le pidió su suegra.

Lo seré Eleonor. Sabes, quería preguntarte algo – la miró expectante.

¿Qué cosa? – respondió extrañada.

No notas a Terry demasiado activo. No sé cómo logra deshacerse de tanto cansancio – le dijo bastante intrigada.

Pues digamos que emplea el mismo método que su padre utilizó conmigo – le soltó divertida de la actitud de su nuera.

¿Cuál es ese? – cuestionó extrañada.

Sí, que concreta su trabajo y supongo que también lo hace contigo – le sonrió al verla bastante sonrojada.

Sí un poco…bueno demasiado. Dime Eleonor, ¿cuándo nacerá? – su rostro cambió en segundos

¿Quién? Tú bebé, en algo por ahí de ocho meses…- comenzó a contar con los dedos evitando la pregunta de Candy.

No Eleonor, su bebé… - la miró nuevamente a los ojos.

No sé de ¿qué me hablas? – retiró la mirada y se levantó para ir a la ventana.

Te noto diferente y déjame decirte que no soy tonta, he visto esa mirada de complicidad con mi padre e incluso se ha molestado por mencionar a Richard, así que se que están esperando un bebé – le aclaró sus actitudes.

¡Imposible! – respondió ella fingiendo demencia.

No hay imposibles, me imagino que el médico te ha recomendado descanso, no quiero decir que la edad es el imposible, pero deberías de pensar en el bebé no lo crees – sentenció ella.

¿Desde cuándo lo sabes? – volteo a mirarla.

Hace unos momentos, mi padre no se pondría en ese plan de: "…Eleonor…", si no tuviese celos de un hombre que está legalmente muerto – le aclaró ella.

Bueno, se lo dije a tu padre, no podíamos ocultarlo – soltó un suspiro levantando las manos.

Parece que no me conoce, por cierto lo del moretón en el cuello de mi padre, tengan cuidado los lagos pueden ser traicioneros – le dijo ella mientras sonreía y se levantaba de la cama.

¿Cómo dices? – le sorprendió lo que su nuera le dijo.

Damitas, vengan Samuel ha llegado – Albert tocó la puerta.

Espera Candy – la llamó Eleonor.

Los veo en la sala, no se tarden – Candy salió rápido.

¿Qué pasa? – cuestionó el rubio al ver el rostro preocupado de Eleonor.

Lo sabe – respondió ella mirándolo.

¿Lo del bebé? – preguntó extrañado.

Y lo del accidente del lago – le informó ella mirándolo a los ojos.

Pero ¿cómo? – la vio y sus ojos denotaron preocupación.

No lo sé, sólo sé que ella lo sabe. Me reprendió por mi edad, lo puedes creer – alzó la voz por primera vez.

Bueno alguien más que está de mi lado – respondió el rubio divertido.

Es tu hija Albert, es obvio – respondió refunfuñando.

No es así, nadie toma parte por mí, si no tengo razón… la reprendió por la actitud que estaba tomando.

Si claro – zanjó el tema.

Bueno vamos a la sala – le dio el paso.

Samuel había llegado temprano, después de los saludos tenían que comenzar a platicar.

Aún no está la cena – dijo Candy quién venía de la cocina.

Sentémonos, ¿algún aperitivo? – ofreció ella al visitante.

No gracias, sólo necesito un trago. ¿Candy estás segura? – Candy llegó con su trago y se lo dio.

De ¿qué cosa? Ah de lo de Niel, si estoy completamente segura. Sólo necesito dos cosas: una escolta y que nadie sepa del embarazo – resolvió ella.

Bueno, pero sabes que estará la reina ahí – le dijo él intentando suavizar las cosas.

¿Qué dice? – cuestionó Albert intrigado.

Me lo dijo esa vez que me visitó en mi habitación, ¿no se los dije? – pregunto al ver que negaban tal situación.

Eso no, nos contaste querida – enfatizó Eleonor.

Lo había olvidado – se salió por la tangente.

Necesitamos ser más adustos que la mente de Niel, tenemos que planearlo bien porque puede enredarte – declaró Samuel mirando a Candy.

Lo sé, ¿nos pueden asesorar? – preguntó Candy esperando que Samuel no intentara disuadirla.

Sí, mañana mismo veo eso. Las familias han recibido ayuda, saben algo de esto – cuestionó Samuel intentando saber quién de ellos estaba ayudando a esas jóvenes y sus familias.

No, seguro que alguna ama caritativa se ofreció para los gastos, deberíamos ser iguales – dijo Candy evitando que preguntase más sobre el tema.

Bueno, acordado eso, ¿quiénes serán sus escoltas? – cuestionó el al ver que nadie decía nada.

Eleonor y Henriette – soltó Candy.

No me parece buena idea – dijo Samuel evadiendo las afirmaciones de los caballeros allí presentes.

Porque somos mujeres – contestó de golpe la rubia.

Eso es lo de menos. Son peligrosas – todos soltaron una carcajada.

Samuel, te voy a acusar con Henrriete – expresó Eleonor al ver el rostro sorprendido de él que aparentaba echar una broma para quitar la tensión de los ahí presentes.

Jajaja no de verdad. Bueno fuera de bromas, ¿estás bien? – le cuestionó un poco risueño.

Bueno creo que entrando en confianza hay nuevo integrante en la familia – dijo Candy sonriendo.

¡Candy no! – le pidió Eleonor que no dijera nada.

¿De quién? ¿Quién espera bebé? – preguntó Samuel intrigado.

¡No lo adivinas Samuel! – sonrió mientras miraba la preocupación de ambos rubios.

No, pero creo que me lo dirás – Samuel sonrió en complicidad.

Mi papá y Eleonor serán padres – soltó ella haciendo que Samuel sonriera, Terry casi se ahogara, Eleonor se cubriera el rostro y Albert comenzara a sudar frío.

¿Qué has dicho Candy? – gritó Terry levantándose.

Respira mi amor, era natural – lo tomó del brazo antes de que hiciera una escena ahí mismo.

Pero ¿cómo pudiste? – le gritó a Albert quien no creía que los celos de su yerno fueran tan inmaduros.

Jajajaja se han oído ustedes dos, los dos casi dijeron lo mismo, ahora mi papá te devolvió el golpe – le dijo su esposa al caer en cuenta lo que ambos habían dicho.

No le veo la gracia Candy – espetó su padre contrariado.

Felicidades y ¿cuándo es la boda? – cuestionó un muy sonriente Samuel.

Bueno eso no lo veremos a menos que se casen por la iglesia – soltó la rubia otra sorpresa.

¡Candy! – la reprendieron ambos rubios.

¿Qué papá? Contéstame, ¿sí o no? Ya se casaron, ¿verdad? – le sonrió audazmente.

…. Ambos fingieron demencia.

Mamá – ahora fue el turno de Terry.

Por supuesto – respondió al final Eleonor.

Lo sabía, mi padre es clásico y formal – rebatió ella sonriendo.

Candy me estás perdiendo el respeto, pero aún así no dejarás de ir a Estados Unidos – le advirtió intentando amedrentar a su hija.

Lo sé papá, pero me la debías por haberme engañado – le susurró cuando pasó detrás de él sorprendiéndolo.

¿Con qué cosa pequeña? – la cuestionó sin entender.

Con tu accidentito – le señaló el moretón que traía en la boda.

Bueno Candy fue una travesura solamente – respondió él intentando disuadir a su hija de su ataque.

¿De qué hablan? – preguntó Terry aun sin salir de su asombro.

De que nuestros padres sufrieron un pequeño accidente unos días antes de nuestra boda – le informó al castaño.

El chupetón… - refirió el acontecimiento.

No exactamente, fue un golpe en el hielo del lago – aclaró Candy.

¡No! – sonrió el castaño haciendo presa a los rubios.

Sí, bueno papás no tienen ¿por qué ocultarnos las cosas? Comprendemos que están enamorados es natural que las cosas no siempre salgan bien – dijo la rubia soltando una gran carcajada que retumba en esa habitación, lo cual ocasionó que ellos sonrieran.

Después de unas sonoras carcajadas terminaron por hacer reír a todos quedándose así, disfrutando de una deliciosa cena con amigos y además una compañía excelente, entre amigos.

Mientras esto sucedía en casa de los Grandchester en la Torre de Londres ocurria una cosa distinta.

Buenas noches Señor Leagan – saludó el nuevo abogado.

Buenas noches señor… - se detuvo al no saber quién era.

Swason, soy tu nuevo abogado – le informó él colocándose del otro lado de la mesa.

¿Qué cosa dice? – cuestionó al no entender el por qué del cambio.

Órdenes de la Reina, vengo a darle la fecha del careo con la Condesa Grandchester. Este se efectuará el lunes de este en ocho, le informo también que estará esposado con dos guardias detrás de usted y dos detrás de ella, además de dos consejeros de la condesa, así que pedimos que guardé respeto, ¿ha entendido? – preguntó viendo como rodaba los ojos.

Por supuesto, ¿qué delito se me imputa? – preguntó él desesperado.

Concupiscencia – dijo él anotando algunos datos.

¿Qué ha dicho? ¿Cómo es posible eso? – comenzó a alzar la voz.

Como lo oye, espere el careo, sin más por el momento, me despido – se levantó y salió de la celda.

¿Por qué cargos me están juzgando? Dígame, dígame – cada vez subía más la voz.

Silencio señorito, que va a despertar a los demás presos – le pidió el celador.

¿Qué he hecho? No pueden juzgarme más que por llamadas obscenas, lo entiende – lo amenazó.

Seguro que sólo hizo llamadas obscenas – se burló el celador y comenzó a caminar hacia la oficina de descanso.

Esa pregunta hizo que se acordara de otro detalle no tan pequeño, ya que nunca cayó en cuenta que lo hubieran descubierto ¿o sí?

Continuará…

¡Hola, amiguitas! (gulp, jejeje) Sé que estarán pensando en mandarme a la hoguera por no actualizar en algo así como dos semanas, pero todo tiene una explicación, como ya se habrán dado cuenta esta historia y sobretodo este capítulo está larguisísimo y por lo mismo no lo puedo enviar en el ahí se va, estaba todo lleno de anotaciones y esas cosas, así que mejor lo terminé con calma y en un momento lo subo, chicas gracias por sus comentarios, que aunque en ocasiones resultan ser pocos pues agradezco el que me estén leyendo, saludos a todas y déjenme un review, además que le pareció el capitulo, jojojo, saludos y las veo en el próximo capítulo.

Por cierto, Amparito espero que te guste, sé que tú no me presionas como Carmen que no tolera la espera, pero bien dicen en México, el que no espera, desespera, jajajaja!