Nota: Todas las cosas que tengo que decir, al final.
XXXIV
El viento está frío, eso al menos despeja su cabeza. Debería llamar a Vladimir, aunque nadie lo crea es una mamá gallina, pero eso será más tarde, aún no entiende lo que ocurre con Emily, todo se siente tan extraño y surrealista.
Al llegar a casa se encuentra a Scott, cómodamente desparramado en el sofá, al parecer su novia no está disponible el día de hoy, eso significa que podrá dormir. Eso es maravilloso. ¿Quién creerá que extrañaría los placeres de la vida de esta forma?
― ¿Qué ocurre enano? Te vez confuso. ―dispara el pelirrojo con una mirada de reojo al verlo entrar en una caminata lábil.
Soltando un suspiro, Arthur no está seguro de contarle la situación con Emily, sin embargo no encuentra otra opción. Si le dice a Vladimir, éste botaría fuego por la boca y lo mandaría inmediatamente a buscar alguna chica linda y divertirse y sinceramente encuentra que es lo que debe hacer para dejar de lado su confusión. Le resulta extraño. Sin considerarlo mucho más, le cuenta a Scott lo que le ocurre cuando está con Emily y esa extraña atracción.
―Ya veo, debe resultar incomodo ―dice Scott, enderezándose hasta estar sentado correctamente―. No has considerado que tal vez aún guardes sentimientos por ella. Seamos sinceros, para los hombres hay distintos tipos de chicas; el pollito chillón debe ser el tipo de chica que más te atraen o simplemente tienes un complejo de hermano, pero también es extraño.
―De cualquier forma digas como lo digas, suena enfermo. Es mi hermana en cualquiera de las situaciones. ―Arthur se siente algo contrariado, sin moverse de su lugar, de pie.
―Sólo considera el segundo examen, podría ser un error y ya no tendría que a ver problema que vuelvas a tener una relación con ella, pero personalmente pienso que hay mujeres menos ruidosas ―opina―. Deberías salir un poco y encontrar a alguien. ―luego Arthur ve que Scott está extremadamente amable y tranquilo, eso a veces le da miedo. En fin…Scott sigue siendo Scott.
Al terminar la breve conversación, se dirige al cuarto de invitados después de un rápido refrigerio, todavía no se encuentra lo suficientemente seguro qué debería estar haciendo con todo lo que siente, quizás debería obedecer y salir un poco más. Pero si el segundo examen llega a decir, lo que su hermano le mencionó, que fuera un error el primero, que no son hermanos… El cuestionamiento sería… ¿Emily volvería con él?
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La cuestión es simple, sólo es Arthur en su comedor, en su apartamento. Es su hermano finalmente, así que es una situación normal, no sentir que está apuñalando por la espalda a su novio. Hace unos días atrás le envió un mensaje a Arthur con su horario y el momento que tendría libre, hizo un gran esfuerzo de compatibilizar todo. Y al ver a Arthur entrar, lo vio medio emocionado, medio desesperado y calmado. Era como si, se moría por verla.
Lo dejó entrar a su pequeño refugio, le pidió que se sentara en cualquier sofá de la sala, mientras ella iba por unas tazas de chocolate caliente. Deja en la mesa de café los dos vasos de chocolate caliente al medio de los sillones. La situación ya está más calmada en su cabeza, no obstante no deja de ser una situación de novela. Toma asiento frente a Arthur, él yace en el pequeño y ella en el más grande, cogiendo su taza entre sus manos, dando el primer sorbo.
― ¿Hablaste con Marguerite? ―una pregunta simple del británico antes de ser su turno para beber. Ojalá las cosas fueran tan sencillas.
―Aún no, no estoy segura de contarle, ¿esto tal vez sea demasiado? ―Emily se llevó una decepción con su padre después de saber todo, no puede destruir la imagen que tiene su hermana sobre el hombre, sería muy cruel. Tiene un conflicto interno.
―Ella también tiene relación directa con la situación, lo mejor sería contarle, pero dejaré la decisión en tus manos, pero, ¿qué es lo encuentras demasiado? Como para dudar contarle. ―Arthur, de cierto modo resulta desconcertante lo tranquilo que se muestra, debería estar alterado. Lo más probable que todo esto ya lo asumió.
― ¿Me lo preguntas? Los hechos son sumamente bizarros; mi padre no es el tipo de persona que siempre creí, no quiero que Meg piense igual. Meg admira profundamente a papá y al enterarse no puedo imaginar cómo reaccionaría, y no podría hacerle eso a papá, sería apartarlo bruscamente. ―da otro pequeño sorbo a su chocolate, de verdad no quiere que su padre termine tan solo por todo esto. Es tan difícil…
―Emily, comprendo a qué te refieres, pero no consideras todos los hechos. Tu padre no te engañó a ti, tu madre de alguna forma lo perdonó, eso no es decisión tuya y mucho menos tu padre tendría que estar buscando el perdón de sus hijas. ―medio irritado, Arthur no entiende la forma de pensar de Emily, además de algún modo, medio comprende al señor Jones.
―No me digas ese tipo de cosas ―afirma la voz―. ¿Acaso no es lo mismo para ti? ¿Cómo te sientes al respecto de que tu madre engañó al hombre que te crió? Tú eres aun peor, ni siquiera hablas con ella, ni sabe que tú estás en Estados Unidos. ―está enfada, nadie está en la posición de juzgarla mucho menos su medio hermano.
―No es lo mismo, no culpo a mamá por engañar a mi padre, tendría sus razones y de igual forma no comprendo la historia desde su perspectiva, así que no tengo mucho que lidiar con sus problemas ―responde mirándola fijamente―. Lo que en realidad me duele es el por qué las cosas resultaron de esta forma. Mamá podría a verlo dicho y honestamente la comprendería después de un tiempo, no es una situación extraña de todos modos. Al fin y al cabo errar es lo que nos hace humano, aceptar los errores y hacerse cargo de ellos es lo más importante. ―la conversación, casi discusión queda en el aire.
La atmosfera es tensa, Emily comprende lo que dice Arthur, honestamente ella debe dejar de ver a su padre como el infiel y tacharlo de esa forma, aun más no fue a ella a quien engañaron y tampoco está en el derecho de reprochar algo. Se siente frustrada, demonios.
Bota un extenso suspiro.
―Hablaré con Meg, sobre todo esto. ―determina dentro del incómodo silencio.
―La decisión es tuya, al igual puedes esperar la confirmación del segundo examen. ―menciona sin la irrites de hace un momento atrás. Beber chocolate lo calma, pero ya lo bebió todo.
― ¿Por qué es tan importante este segundo examen para ti? ―las dudas de Emily no terminan a su simple vista, y Arthur se da cuenta, lo cual martilla su pecho. Curiosa, dudosa, no ha cambiado.
―Porque, para todo examen necesitas segundas opiniones, no te quedas con el primer resultado, además Scott lo sugirió. ―espeta cortamente, sintiendo el regreso de su malestar. No obstante, Emily le informa que tiene suficiente con el primer examen, además ¿desde cuándo él hace caso lo que dice Scott? Comienza a fastidiarse de nuevo, pero es el tema sobre la mesa, la tienden a enojarse y luego cambiar el semblante. Es peor que Arthur…, son hermanos.
Arthur Kirkland le explica una vez más, siempre se recurre a segundos exámenes, tienen margen de error, sólo sería despejarlo, y ¿qué tiene que siga la recomendación de Scott? Pregunta alzando una ceja gruesa, depositando la taza vacía y manchada en la mesa de café.
―No lo soportabas, se llevan pésimos, siempre pelean, además que por culpa de él se pudo evitar muchas cosas. Él no es una persona confiable. ―Emily, desafiante, quiere acabar con toda la historia y pasar a la otra página pero resulta imposible si todavía siguen con el tema de exámenes y medios hermanos. La volverán loca.
―Sencillo, no lo conoces, puede ser todo lo que dices, pero es la única persona que está siempre ahí, incluso si sólo para insultar. Tú tienes a Meg, que tiene un carácter amable, y yo con mis cuatros hermanos mayores cada cual con su carácter y temperamento, no es que nos odiemos pero es más fácil vivir si estamos por separados. Cuando papá se suicidó, nos dañó a todos por igual, cada cual con una forma de mostrar su dolor y el que tuvo que asumir un papel de padre a pesar que teníamos ya nuestra edad, fue Scott. Así que aunque peleemos y no nos hablemos por un buen tiempo, existe la preocupación, además si él se pone serio debe ser por algo. Y si no contó al principio toda esta magnífica historia que tanto daño te hace, imagina que debe ser para él vivir años sabiéndolo; a veces pienso que si hubiera estado en su posición no hubiera dicho nada y fingido que todo es maravilloso. No era su problema. ¿Estás satisfecha? ―termina el inglés cruzando los brazos sobre su regazo, frunciendo el entrecejo. No es malo defender de vez en cuando a un miembro de la familia, pero Emily no conoce todo, no sabe nada de su familia, y ella se da el lujo de opinar.
―No me hables de esa forma, en ningún momento lo dije para ofenderte ni nada; si lo hice, pues lo siento. Lo único que quiero es terminar con esto y cerrar el capítulo. ―agotada, se acaricia las sienes, viendo que Arthur ha tomado todo muy apecho.
―Quizás me sobrepasé, lo lamento. ―Arthur desvía la mirada y se muerde el labio. Se ha vuelto incómodo el silencio, pasando segundos a que Emily carraspee la garganta.
―Creo que esta fue nuestra primera pelea como hermanos. ―surca una media sonrisa, tratando de alivianar el ambiente.
―Parece más pelea de pareja, los hermanos se van a las manos y no piden disculpas. ―no es directo, su voz es más suave queriendo sonreír también.
―Con Meg nunca discutimos mucho, siempre terminaba igual; nos gritábamos y una de las dos se ponía a llorar, después nos consolábamos mutuamente. ―con la sonrisa pegada, alza una ceja y a Arthur por fin le nace una divertida expresión.
―Eso es demasiado sencillo, cuando son hermanos varones, todo es a golpes, ni siquiera estás seguro de qué iba o quién empezó la pelea, pero alguien tenía que terminar en el suelo ―claro, él terminaba en el suelo al ser más pequeño, mas no dejaba atrás sus beneficios y sus travesuras―. Los buenos tiempos, ser el menor tenía su ventajas con mamá y papá.
De repente las palabras se transforman en lo más trivial, ya que el aire está tranquilo y alegre. A ninguno de los dos les gusta pelear, menos ahora. Terminar discutiendo no arreglará nada, no los llevará a solucionar nada. Lo mejor es ser buenos humanos y buenos hermanos.
Emily habla un poco de su novio. Arthur la escucha atento, es un buen tipo por lo que cuenta y por alguna razón le fastidia. ¿Celos de hermano? No, sabe que no es eso, hay algo más, más profundo, tanto que no quiere saber nada del sujeto. Agradece que tenga ya que irse, asegura que si continúa platicando y oyendo a Emily sobre su nueva y feliz vida, le diría algo fatal y arruinaría la buena relación que lograron en esas pocas horas.
Al igual que en su despedida anterior, está inseguro de cómo despedirse. Todo parece algo extraño entre ellos, pueden tener una conversación incluso una discusión, pero el contacto físico aún supone un problema. Arthur lo sabe perfectamente, y Emily…él no puede darse si ella siente lo mismo o intenta hacer que comparten sangre, y que todo surja con paz y amor.
―Bueno, entonces adiós, Arthur. ―dice la estadounidense media cohibida a punto de abrir la puerta para el mayor.
―Adiós. ―podría decirle, "Gracias por el chocolate", pero no. Se acerca para darle un beso en la mejilla y se detiene cerca de su cara. De verdad se pregunta si ¿debería arriesgarlo todo? ¿De verdad tanto importa la sangre?
Emily lo mira interrogando si se encuentra bien, Arthur se ha quedado pegado frente a su rostro como si pensara en tantas cosas que duda y lo atormentan. Se asusta al notar que las mejillas de Arthur se ruborizan. ¿Fiebre?
Arthur, sin pensarlo más se decide a besarla cogiendo el rostro entre sus manos sin que Emily se percate de la una breve desesperación y lucha interna, y por lo que podía observar de ella, está muy dispuesta a pesar de la sorpresa.
El pequeño contacto es electrizante, aunque es sólo una presión de labios, como un beso de niños; más como una prueba para ver si el sólo pensar concebir un acto tan inmoral terminaría el mundo. Con todas las intenciones de profundizar el beso o mejor dicho, iniciar uno, se pierde totalmente en el momento cuando sus labios se reconocen, sus alientos se mezclan. En principio tan suave como una caricia, los labios se entreabren permitiendo que sus lenguas se encuentren en una pequeña danza tan familiar y deseada por un largo tiempo. Arthur quiere más. Sus brazos se envuelven en la fina cintura de Emily, las manos de la rubia se aferran en su pecho arrugando la tela. De un segundo a otro siente el cuerpo tensarse de la americana, al perecer ella despierta del trance que puede provocar la ingesta de chocolate caliente y las hormonas pululantes en el aire, abriendo los azules ojos tan confundidos y culpables, empujándolo sin ningún tipo de consideración.
― ¿Por qué? ―contrariada, Emily le pregunta llevándose ambas manos a la boca. ¿Acaso fue tan malo el beso?
― ¿Por qué, qué? ―primero que nada, Arthur se encoje de hombros, sin dejar de perderla de vista.
―Me besaste. ―baja las manos, empuñándolas a los lados de su cuerpo.
―Yo diría: Nos besamos. No puedo hacer el trabajo solo. ―tranquilo como el agua templada, mete sus manos en los bolsillos del pantalón. ¿En serio ese es Arthur? No le entiende, ¿por qué la besó? Sabe que un beso no es trabajo de una sola persona, menos éste que para variar correspondió. Bien, Arthur no lo sabe, el momento quizás.
― ¿Cómo no lo sabes? ―Emily frunce las cejas y los labios, percibiendo el sabor impregnado que no es suyo― Arthur, tengo novio, no quiero serle infiel ―aclara, pero se siente confundida, si no quiere serle infiel a su novio, ¿por qué aceptó a Arthur?―. No entiendo qué me pasa. ―dice mientras se sienta pesadamente en el sofá más cercano, mordiéndose las uñas.
Arthur camina a ella, sin sentarse, únicamente de pie, sin sentir culpa como lo hace Emily.
―Quizás sea algo incontrolable, ya sabes, hay una infinidad de novelas y películas que hablan de ello, el deseo de estar junto a alguien que ni siquiera te importa el qué dirán. ―comenta mirándola, dando pasos para quedar frente a ella, que alza la cabeza.
―Arthur, de verdad lo siento, no debimos besarnos, es un error garrafal. ―respirando hondo, se siente tan culpable que lo único que puede decir son las disculpas pertinentes. En tanto el inglés de ojos verdes, baja la altura hasta posar sus rodillas en el suelo, medio acariciando las rodillas de la estadounidense.
―Emily, cuando estaba con Marianne, de verdad me gustaba ella, es una dama, muy bella y amable, era perfecta, pero siempre me sentía algo culpable ―Emily no comprende por qué le cuenta eso―. No estoy seguro el porqué de ello, pero me di cuenta con este beso, que era porque no eras tú. Suena terriblemente cursi, pero subconscientemente no podía dejar de compararlas. A veces esperaba que ella gritara o saltara como una niña, como tú lo haces.
― ¿A qué quieres llegar con esto Arthur?
―No tengo ni idea, sólo quiero seguir a delante y no podemos negar que aún hay algo más que atracción entre los dos, es más, estoy seguro que incluso con tu novio, todo lo comparas en algún punto conmigo.
― ¡Claro que no! ―exclama levantándose, haciendo que él haga lo mismo por impulso― ¡Bueno, a veces! Pero yo estoy ahora con él, Arthur, quizás hay muchas cosas que no puedo negar de lo que has dicho. ―se arrepiente tanto haber abierto la boca…
―Es sencillo Emily ―de repente la sostiene de los hombros, con tanta determinación que a la de cabellos dorados le comienza a desconcertar―, termina con tu novio, y nosotros podemos continuar juntos, lo podemos tener en secreto. Si somos hermanos o no, da igual.
―Arthur… ―el nombre lo susurra despacio, suficiente para ser oídos por ambos― Siempre has sido de entre los dos el que tiene los pies en la tierra, pero en esta ocasión creo que no estás ni siquiera en este planeta ―suena tajante, la voz la aumenta y el nombrado le da espacio dando pasos atrás―. Arthur no podemos, y de verdad prefiero seguir con mi relación y nosotros como hermanos, es lo más sano.
―Entiendo, perdón, no quise ―ya alejado, se pasa las manos por los caballos que cubren su frente―. Tengo la cabeza muy revuelta, sólo olvídalo. ―no siempre es bueno dejarse llevar por el momento, tiene que pensar más allá que el momento. Besarla así, decir todas esas tonterías… ¿Qué pasaría si el segundo examen arroja igual que el primero? Por las hadas, no puede tener un amor incesto.
Entonces, él da por terminada la visita sin mirarla directamente. Cabizbajo, va abrir él solo la puerta, le dijo a Emily que no se molestara, que volviera a sentarse en el sofá para tranquilizarse. No obstante, ella lo detiene con la voz.
― ¿Qué día y a qué hora haremos el examen? ―pregunta la americana, tomándolo por sorpresa. Creyó que ella no quería, se lo mencionó la vez pasada. Bueno, tiene que contestarle.
―Dentro de esta semana, te mandaré un mensaje para confirmar todo. ―y se retira.
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―Incluso, mirarte me deprime, ¿no tienes amigos acaso? Sal un poco de la casa. ―Scott le dice mientras se dirige a la cocina por un té, al día siguiente. Arthur, yace acostado en el sillón más grande, jugando con una pequeña pelota de colores.
―Hablé con Vladimir hace unas horas, me regañó más de la mitad de la conversación, y no quiero ver a nadie de aquí. ¿Y tu novia? ―contesta desanimado, acomodándose en uno de los cojines.
―Se está matando trabajando. ¿Y Sakura? ―aparece con la taza en la mano, apoyándose en la pared fuera de la cocina.
―Exámenes y trabajos, se acercan las fiestas, tiene que tener todo para esa fecha y ella es demasiado organizada. ―no tiene con quién salir aparte de Sakura. Antonio de seguro pasa más tiempo con Chiara, Gilbert…ni idea de él, al igual que los otros. Se siente medio abandonado.
―Y… ―la pequeña palabra hace a Arthur mirarlo, éste camina lento sentándose en la silla de la mesa del comedor― al final ¿qué ocurrió con el pollo chillón? Haz estado así desde la última vez que hablaste con ella. ―le pregunta antes de dar un sorbo a la infusión.
―Es patético que tenga que hablarlo contigo. ―espeta amargado.
― ¿Esperabas algo como un consejero o un psicólogo? Agradece que te pregunte. ―alzando una ceja, también debe agradecer que la sesión es gratis. Arthur pone los ojos en blanco, debatiéndose si sería bueno hablar con Scott, no tiene a nadie más con quién desahogarse o pedir un consejo.
―Nos besamos. ―desvía la mirada y siente que su rostro arde con culpa. Scott, de seguro le va a dar el sermón "Es tu hermana" y todo lo relacionado con la moral.
― ¿Qué dijiste después de eso? ―Arthur no esperaba tal conducta de su hermano mayor, ¿en serio? Bien, en ese caso cuenta con lujo y detalle todo el fatídico y ridículo momento, sus sentimientos y emociones por la americana y lo que respondía ante ésta. El pelirrojo escucha todo en silencio mientras el rubio parece un poco perdido en sus recuerdos mientras mira fijamente el ventanal.
―Eres demasiado impulsivo. ―concluye Scott terminando de consumir su té.
―Lo sé, pero en ese momento fue lo único que se me ocurrió, no sé de dónde vino esa idea.
―Es sencillo, no estabas pensando igual, me sorprende que el pollito chillón respondiera de esa forma ―dice asombrado―. Cual quiera pensaría que te seguiría sin importar el qué.
―No sé qué hacer, no quiero decirle a nadie, bueno, ya tú lo sabes ―señala con una mueca―. No quiero ver a nadie hasta que tenga un poco más claras las ideas, me hace mal estar en la misma ciudad. ―poder controlarse a sabiendas que Emily está tan cerca es imposible. ¿Cómo contralar sus sentimientos pasados y ahora presentes por ella?
―Sólo espera las pruebas y desde ahí sabrás que hacer, sólo toma las cosas con calma, y deberías salir un poco a despejar esa bolsa de aire que tienes por cabeza.
―Ella debe estar realmente enfada, ni siquiera quiero verla para el día de la prueba. ―suspira y Scott se toca las sienes cerrando los ojos. Pensar, pensar, pensar.
―Deja de hablar de ella, me tienes enfermo ―al pronunciar, Arthur le mira incrédulo―. No fue un acto egoísta lo que hiciste con esa propuesta indecente, en realidad dentro de la historia parece uno de los dos caminos lógicos de todo el embrollo, de todas formas lamento no a ver hecho algo antes de que te involucraras tanto. ―se vuelve más serio y calmado, desconcertando y asombrando al menor de los Kirkland.
―Me das miedo, que te disculpes es raro ―informa―. Pero creo que yo me hubiera quedado callado, si hubiera estado en tu lugar, así que de todas formas, gracias. ―se encoge de hombros, mientras Scott surca una sonrisa de lado.
―Esto es raro, ve arreglarte y sal un rato. Hazle caso a tu ex y hermanita, busca a alguien más, ella no es la única mujer del mundo, hay chicas mejores y menos complicadas. Y si se te olvida, ella tiene novio ―no es necesario recordárselo a Arthur, él lo sabe bien, pero a veces se le borra de la memoria―. Ve a divertirte y deja que los demás tengamos privacidad.
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Se siente culpable a no más poder, su dulce, muy dulce novio, la invitó a ver una película que ella estuvo esperando por meses. Muy lindo él como siempre, con la dulce mirada que a veces la desconcierta porque parece saber con sólo mirarle que algo le ocurre y eso justo hoy pasó.
― ¿Te sientes mal? Estás actuando rara.
Emily, como pudo inventó una rápida excusa que ni ella está segura de creer, pero al menos lo distrajo. Luego la regañó por comer hasta que le doliera el estómago, él siempre la cuida de forma muy amorosa y sus pequeños regaños lo hacen de alguna forma reconfortante. Quizás, por ello su mente le carcome, está llena de remordimiento, no debió besarse con su medio hermano. Podría llamarlo 'infidelidad', pero no está segura del todo. Ser sincera con su novio es la base de todo, mas decirle que se besó con su medio hermano, la trataría de enferma, y peor aún que fue su anterior novio. Cada segundo que pasa la hacen sentir un monstruo.
Al final, no pudo concentrarse en toda la película. Se odia, era algo que esperó y añoró tanto para el estreno, y no es capaz de disfrutarlo. No entiende cómo debe ser para esas personas que llevan una doble vida con dos familias y toda una maraña de mentiras, ¿cómo pueden dormir? Ella únicamente besó a alguien, da igual quien, y ahora lo único que quiere es vomitarle todo a su novio y suplicar perdón, pero no puede, tendría que contarle todo lo demás, y no está lista para ello. Darle tantas vueltas al tema, en serio la harán vomitar.
Quiere ir a casa y ocultarse en su cuarto y no salir de ahí hasta que todo se resuelva. No le importa mucho el resultado final del examen, ella está con su chico actual, por una razón está con él o no lo estaría. Quiere estar lo más lejos de Arthur, lo posible. Una confusión nunca es buena.
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Arthur lo que menos quería ésta noche era escuchar a Vladimir por videochat sus momentos con Stefan. Estaba contento por su mejor amigo que estuviera radiante y enamorado como una mariposita, pero no quería tantos detalles. Agradecía que estuviera preocupado por él después de una hora pegado en la pantalla. Esa hora terminó cuando vio a Stefan entrometerse al lado de Vladimir. Saludó sonriente al británico, luego desvió la mirada al de apariencia vampírica, preguntándole si va a terminar de chatear, agregando que estar tan encima de Arthur, parecía una mamá asfixiante.
―Es mi mejor amigo, lo conozco desde siempre, y ser una madre asfixiante es una de las ventajas de la amistad. ¿No es así, Arthur? ―¿por qué le preguntó a él?
Arthur no dijo nada, sólo los miraba. Era un matrimonio. La conversación de esos dos se tornó personal e íntima.
―Bien, lo que digas ―dijo Stefan a Vladimir―. Pero si algo sucede serás el primero en saberlo, deja a tu hijo crecer y atiende a tu novio que también requiero de mimos.
―Pienso que te mimo demasiado y te estás poniendo muy pegajoso. ¿Dónde quedó el chico rudo que conocí? ―de repente el tono del rumano se torna jocoso, mientras Arthur buscaba cómo cerrar el videochat, ¡no deseaba ver a esos haciendo qué clase de cosas!
―Después no llores si me pongo rudo. ―se acomodó lo más cerca que pudo de Vladimir, cubriendo su cuerpo para tener un mejor acceso a su rostro y cuello.
Gracias al cielo Arthur pudo cerrar la sesión junto a tiempo. Estaba sonrojado. Suspiró cansado apagando el notebook y se tiró de lado a la cama. Iggy maulló en protesta, lo había despertado.
―Perdón, Iggy ―la voz a penas le salía con tantos problemas en la cabeza. Acercó la mano hacia el felino, acariciándole la cabeza―. Quisiera que me ayudaras.
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La misma noche, Emily sabía que era algo tarde para platicar con Marguerite, no obstante era necesario, muy necesario. Quería decirle lo que ocurría, ya era hora de que supiera la situación familiar. Todo tiene que salir bien. Esperando que su hermana menor contestara desde el otro lado, Emily la saluda amable acomodada en la cama. Marguerite de todos modos nota el sonido preocupado y nervioso de su melliza. Es así. Antes de decirle todo, Emily le pregunta si tiene tiempo. Marguerite siente escalofríos, accediendo concentrada, pues su hermana no suele llamarle en la noche.
La mayor de las Jones le cuenta desde cómo se encontró con Arthur, lo que pasó por su cabeza de lo dicho, lo que habló con su padre. Trató de hacerlo de la manera más parcial, no quería poner sus sentimientos de ira y frustración, y que estos interfieran en la forma que puede tomarse todo esto para Marguerite.
El silencio desde su celular la desconcierta. ¿Meg se habrá desmallado? No escucha ni siquiera la respiración de su hermana, la pone nerviosa. Procede rápidamente aclararse la garganta.
―Meg ¿estás ahí?
―Sí, sólo estoy pensando. ―es verdad, un gran alivio y peso sacado para Emily.
― ¿Qué es lo que piensas de todo esto?
―Es extraño, no imagino a papá haciendo algo así, pero si mamá lo perdonó, no podemos hacer nada. Siempre fue un buen padre e hizo un gran trabajo criándonos él solo… ―hace una pausa hablando lenta y tratando de abarcar todo lo que pasa por su cabeza― Me alegro por tener un hermano mayor, siempre quise uno, y Arthur parece ser una persona agradable.
― ¿No estás enfadada? ―pregunta algo escéptica.
―Claro que estoy enojada, pero no hay nada que pueda hacer ―se encoge de hombros, observando a Françoise que ha pasado por la sala―. Me gustaría hablar con papá, pero ya es muy tarde, lo llamaré mañana para que me cuente un poco su perspectiva.
Emily exhala, curvando una sonrisa media.
―Lo tomaste muy bien, yo lloré, aún creo que no puedo asimilar todo.
―Créeme, no es que lo tome bien, es sólo que todavía no proceso todo lo que has dicho, además debe ser más difícil para ti, ya que estabas enamorada de Arthur, creo que es por eso que te afecta más.
Arthur…
―Arthur quiere hacer una segunda prueba, no estoy segura de nada Meg, no necesito una segunda opinión. ―termina suspirando.
―Creo que una segunda prueba no es malo, puede a ver un error. Ahora esa muestra puede ser más clara, eso puede hacer una diferencia, como puede que no.
La conversación siguió un poco mas con preguntas y respuesta para tener un nuevo punto de mira, estaba agotada, cuando terminó su conversación con su hermana, no creía que podía hacer algo más, sin molestarse si quiera en sacarse toda la ropa y colocarse su pijama, sólo quería dormir y esperar a que todo fuera mejor.
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El día esperado llega. Tensión en sus piernas hubo al entrar al hospital elegido por Arthur, le extrajeron sangre de su brazo por una enfermera. Sintió un leve mareo. Al terminar, fueron a la sala de espera para salir del recinto, pero Arthur la detuvo comprándole en las maquinas un chocolate relleno de almendras. Era para ella, sabía que tenía hambre. Emily no podía negarse a sí misma, tampoco desperdiciar el alimento, así que lo tomó de la mano de Arthur y se marchó comiéndolo con un poco de desesperación. Ni siquiera se despidió de él, ya no quería despedirse de él, era suficiente, sabía que lo sucedería si se despedía. Evitarlo a toda costa.
Camina acelerada, pausando en la avenida. Quiere cruzar al frente pero la luz estaba en roja, quiere la verde para cruzar, tomar un taxi e irse a casa a descansar, pero Arthur la alcanza.
―Si quieres, puedo llevarte a casa. ―le propone parándose a su lado a espera del cambio de color, que no sucede aún. Emily no lo mira, le contesta que no es necesaria su hospitalidad, puede irse sola a casa. Arthur hace oídos sordos, esta vez diciendo y a la vez confirmando su lógica, que gastará dinero en un viaje a casa y tiempo, si quiere llegar lo más pronto posible, un viaje gratis que le ofrecen sería lo mejor, incluso más rápido. Vio a Emily hacer una mueca, eso le divierte, le dará la razón. Y tal como predijo, la americana de malhumor desde la mañana, le aceptó dejarla en casa. Arthur se da cuenta que desde todo lo ocurrido, Emily ha estado de malhumor, peor que el suyo. Nunca pensó que podría hacerla enojar por días, esto no sucedió cuando salían. Tal vez, debería dejarla respirar, que volviera a sonreír y animarse por las tonteras más estúpidas del mundo, y no transformarla en su doble femenino.
Le explica que en una semana estarán los resultados confirmados –así podrán tener su fiestas calmadamente-, está será la definitiva, y sea cual sea el resultado, no la molestaría. Es su palabra, su palabra que él duda cumplir. Si el segundo examen reafirma el primero, ¿cómo podrá no molestarla? Estarán comunicados de todas formas, no obstante tendrá que mantenerse al margen, ser respetuoso, soportando que ella tendrá otra vida. Sólo será su hermano, más allá imposible ir. Y él también tendrá que encontrar otra manera de vivir, pensar y borrar que entre ellos dos nunca hubo nada. Si el segundo examen no reafirma el primero, su cuerpo estará sin alma. No habrá ninguna norma que los mantengan separados, él puede acercarse, pero la molestará. Le dio su palabra de no molestarla, pero si el resultado es otro, tendrá que aceptar sus sentimientos que los tiene guardados por…ser correcto. Correcto, lo correcto se le fue días atrás, con la absurda y enferma idea de tener una relación secreta con Emily, sin importar si son hermanos. Cuando conversó con Scott, deseó que éste le golpeara la cabeza tan duro como pudiera, no lo hizo, por lastima, añadiendo que si le golpeaba la cabeza, estaría más fallado todavía; qué clase de propuesta le daría a Emily ahora.
Continuando, si no fueran hermanos como tal, ¿qué hará? Sus sentimientos volverán, lo tiene asumido. Emily no lo aceptará, tampoco lo rechazará… Lo rechazará, está en otra relación, maldita sea.
Después de tanto calvario interno por una semana, la última de diciembre, enviándole mensajes a Emily por teléfono, sin recibir respuesta ante los saludos o cómo ha estado su día o cómo estuvo la navidad y el año nuevo, entró a su habitación cerrando la puerta. Iggy alcanzó a entrar, saltando a la cómoda cama de su amo. Arthur había ido esta mañana al hospital, ante una llamada avisándole que el examen está listo. Tiene el sobre en sus manos, apoyado en la puerta. Scott no se encuentra en el departamento, no sabe si es bueno o malo, lo único que sabe si el resultado final es bueno…o malo.
En el silencio de las paredes, perfectamente oye su latido acelerado. Cosquilleo como si fueran hormigas suben por su espalda, y el reloj de su teléfono avanza y avanza. Arthur toma aire por la boca y abre el sobre.
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ENERO
Emily yace demasiado apurada a las tres de la tarde, todo esto debió dejarlo para otro día, pero ella lo propuso, así que es su culpa. Apaga el fuego de la cocina, donde una olla se posaba antes ahí, y apaga también el horno. Se dirige enseguida a su cuarto a ordenarlo un poco y chaquea lengua al oír el timbre. Es imposible que llegara tan temprano, acordaron en media hora más.
Suspira, se acomoda el cabello, pasa por la sala y abre la puerta. Sorpresa, no es lo que esperaba.
Arthur, frente a ella con su sonrisa de lado, sin mostrar burla ni inferioridad, la saluda amable, extendiéndole un paquete de regalo. Un regalo envuelto en papel amarillo. Emily no entiende, no es su cumpleaños…
―Es un regalo…de navidad. ―claro, la navidad. Ella en cambio no tiene nada para el inglés, no pensó en él; no quería tenerlo en su cabeza cuando deseaba despejarse. Se aleja un poco de Arthur, dejándolo entrar, abriendo el presente; dos peluches, no de ositos ni de animales.
Desconcertada, toma a ambos peluches en sus manos. No niega que son sus favoritos pero…
―Tú eres Batman, yo soy Robin. ―dice Arthur de repente, sonriente. Sabía que a Emily le gustaría, aunque esperaba otra reacción que le gustaba ver del pasado, más espontánea. No la ve saltar por aquellos superhéroes de peluches.
― ¿Qué intentas? ―con la mirada alzada hacia él, de algún modo, interiormente agradecida por el gesto, le parece extraño. No el regalo, la situación. Él aquí, por algo. Respirando, lee que el regalo tiene un significado.
―Nada ―se encoge de hombros―. Es un regalo, y traje los resultados del examen.
―El regalo tiene relación con el examen, ¿verdad? ―arquea una ceja tomando entre sus dedos el sobre ya abierto estirado por Arthur. Él no dijo nada, sólo un sonido. Para Emily es una afirmación. Introduce la mano al sobre, no quiso sentarse en el sillón, prefería estar de pie, cualquier cosa que viniera en ese examen no la sorprendería. Toda su vida es una sorpresa, esperar una más…qué más da. Únicamente descansó sus regalos en el sillón.
Estirando el papel doblado, lee con cautela a vista verde del concentrado británico. Libera una exhalación, esta sorpresa no la esperó, mas lo es y se siente confundida. Un examen dice una cosa, el otro dice otra. ¿A quién creer? Busca la respuesta en la mirada de Arthur, quien la desvía, él tampoco lo sabe, lo que sí, está seguro que el segundo vale más que el primero.
―Pero este puede estar erróneo y el primero no. ―menciona Emily, dejando caer el segundo examen en el sofá.
―Puede estarlo, pero confío que éste es el real ―ella lo nota determinado, sin entender―. Algo me dice que algo oscuro ocurrió con el primero.
― ¿Qué piensas hacer?
―Averiguar, es obvio. Nadie más sabe del primero examen, a excepción de Scott ―al mencionar a su hermano, la estadounidense entreabrió la boca para decir que pudo haber sido él, a lo que Arthur la calla al instante―. Él no podría hacer eso. ¿Qué razón tendría?
―Molestarte. ―contesta, su voz se ha vuelto más seca e indiferente. El inglés bota un suspiro.
―Conozco sus bromas, ningún hermano haría una broma tan cruel. ―conoce al mayor de sus hermanos, todos sus hermanos son molestos y crueles, pero llegar al extremo de hacerle una broma tan malvada como ésta, es imposible. Un dolor dentro siente, una punzada ascendiendo hasta su cabeza. Emily ladea la cabeza con preocupación, el semblante de Arthur ha cambiado. Él quiere decir algo, pero no puede, es personal.
― ¿No quieres agua? ―baja la vista a las manos del rubio, tiemblan levemente. Debe estar ansioso por algo, nervioso por una razón, o enfermo…
―Estoy bien ―se siente bien, no es enfermedad ni nada que lo implique, sólo es personal que debe solucionar en su habitación, si es que hoy llega a casa…concuerdo―. Emily, ¿te das cuenta lo que significa?
―No somos hermanos, eso es.
―No. Es decir, sí ―no es exactamente lo que quería oír―. Sin embargo… ¿sientes alivio de saberlo?
―Si te refieres a la tortura mental de que éramos hermanos y que tuvimos una relación, sí, es un alivio saber que no lo somos ―es sincera, decirle que no es un alivio no es para nada verdadero. Todo se menciona en sus palabras, la tortura mental de compartir sangre del mismo padre. Tendrá que hablar con él y darle la nueva noticia, no hacerlo preocupar ni alterarse de que los dos compartieron muchas más cosas que besos. Su padre lo sabe, aunque el cuerpo es de ella y puede hacer lo que quiera. Suspira profundo observando que toda la conversación ha terminado, además su reloj avanza―. Bueno, necesito que te vayas-
―Escucha, debo hablar ahora contigo ―Arthur la retiene de inmediato, cerrándole el paso hacia la puerta, porque necesita ahora mismo expresarse, abrirse con la americana. Abrirse con las personas nunca lo hace, sólo con Sakura hasta que Emily entró en su vida. Ésta le mira perpleja, decidiendo a escucharlo―. Es de nosotros, o al menos yo. Estuve pensando que haría ante los resultados sea cual sea, y…sólo llegué a una similitud ―hace una pausa, respirando agitado. Los nervios nacen en él―. Disculpa por lo de ese día, no pensé y me sentí como un estúpido adolescente sin reglas. Quería romper las reglas, las reglas de hermanos. Tú eras la que tenía los pies en la tierra…
―Arthur, no tengo mucho tiempo, ve al punto, por favor. ―no quiere irritarse, pero en verdad no tiene mucho tiempo.
Arthur hace caso.
―Me arrepiento haber terminado contigo, y lo que dije ese día, es verdad ―ese día, Emily conoce ese día donde el inglés le dijo que su relación sería un secreto y otras cosas que no desea recordar―. Sigo amándote.
―No puedes decir esto ahora… ―su voz tirita y sus mejillas se enrojecen, intenta negarse que las palabras de Arthur golpeen su interior causando efecto de una niñita tonta volviéndose a enamorar…
―Lo sé ―baja la cabeza, ocultándose entre las sombras de sus hebras doradas―. Me arrepiento haber terminado, debí seguir, pero el primer examen decía otra cosa…
―Arthur, ya basta ―no es brusca, es suave, manteniendo la calma, más calma para él que para ella. El británico está más tenso, subiendo la vista a su rostro―. Yo…estuve pensando todo eso hace unos días, ¿qué haría si las cosas fueran diferentes? ¿Yo en tu lugar? Supuse que el segundo saldría negativo, pensé y pensé y hubiera estado bien terminar. Habría hecho lo mismo, por miedo y por mis sentimientos. Fue un riesgo que tomaste al confiar en el primer examen, no te arrepientas. Debías hacerlo o hubieras acabado en…no lo sé…tirado en la calle con una botella de ron.
―Pero yo…a pesar de todo, mis sentimientos no han cambiado…
―Eso lo sé, Arthur. Lo sé muy bien, pero no puedo volver contigo. ―no es su intención dañarlo, sin embargo si hace lo que él quiere, lo dañará aún más. Tiene que entender, lo de ambos es pasado.
―Tú aún me amas. ―convencido, parece no entender.
―No. ―niega al segundo después, cruzándose de brazos. Siente que es su protección, su barrera para no caer en él, ni pensar que parado frente a ella vestido de camisa de un estilo jardinero, de cuadros azul marinos, negros y grises, le acentúa muy bien. Vuelve a sonrojarse, corriendo medio el rostro sin ser notada.
―Es verdad ―inconscientemente hace regresar a Emily―. Confirmo que te olvidaste de mí al conocer al…novio nuevo que tienes, le doy las gracias por volverte a sonreír, pero sé que en el fondo, al regresar a verme una vez más, te confundí.
―En ningún momento fui como tú con tu anterior novia. No vi en mi novio algo de ti, algo que lo relacionara, y no niego que quizás hubo momentos que quise comprarlos, pero eso terminó ―dice―. Yo lo quiero, lo amo, y quiero estar con él. No quiero hacerle daño.
―Verme otra vez, te confundí. Afirmas o no afirmas eso, es simple. ―él no pareció oírla, no le importó, sólo desea respuesta a su duda.
―Yo… ―en un momento se siente congelada, luego el calor la rodea y la invade por dentro, quemando su pecho y su rostro. Diablos, otra vez tiene que ruborizarse y para peor está nerviosa. Obviamente tiene que decirle que no, que no está confundida, que no lo hace. Si es así, entonces ¿por qué da un paso atrás cuando Arthur se le acerca?― No te acerques, tengo el bate en mi cuarto y puedo…
―No irás a tu cuarto, al menos sin mí ―se encoge de hombros, dando a entender el doble sentido, dando cortos pasos hacia adelante―. Estás nerviosa y es por mi presencia.
Emily entreabre la boca, expresando su desconcierto.
― ¡Oh, por Superman! ¿Desde cuándo te has puesto tan soberbio y egocéntrico?
―Siempre me dijiste que era soberbio y un poco egocéntrico a mi manera ―le recuerda, era cierto―. En fin, Emily Franki Jones, respondes a mi pregunta o tendré que confirmarlo por mí mismo.
―No me has preguntado nada. ―no mostrará su incomodidad ante la presencia del inglés, el efecto que le causa. Ese efecto que había olvidado hace mucho tiempo.
―Afirmas o no afirmas. Puedo recordarte tus propias palabras del otro día: "No entiendo qué me pasa." ―alza una ceja, esperando junto con una sonrisa de lado, deteniéndose a medio metro de la silueta estadounidense. Ella exhala cansada, mirando para otro lugar que no sean los orbes verdes malignos de Arthur, porque son malignos. Tan malignos, que es como si le estuviera amenazando y penetrando su persona. Se toca las sienes.
―No lo sé, estoy muy confundida ―eso es lo que quiere oír Arthur―. De todos modos, lo nuestro es pasado, no quiero volver contigo, yo ya tengo a alguien. ―está tan agotada de decir una y otra vez lo mismo…
―A mí no me interesa si te acostaste con él o con alguien más después de mí…
― ¿Qué? ―se asombra desconcertada ante el comentario de Arthur, ¿qué intenta decirle?
―No te enfades, no te insulto, cálmate ―levanta con cuidado las manos, apaciguándola. No quiso decir que es, bueno…lo que sabe―. También admito que me acosté con dos chicas después de ti…
― ¡¿Dos?! ―grita. ¿Qué es esto? ¿Contar con cuántas personas te has acostado después de terminar? ¿Una competencia o qué? Siente rabia, enfado, tanto que su rostro se torna un tomate.
― ¿Celosa? ―pregunta incrédulo al verla tan roja como el tomate, jamás borró de su memoria cuando Emily se sonrojaba por enojo o por timidez. Era muy divertido.
― ¡C-Claro que no! ―claramente está celosa, pero Arthur no lo va a repetir, quien sabe si de verdad ella va a buscar ese bate. Tantas veces que lo ha golpeado, golpearlo con ese bate será el peor dolor de todos― Estabas con esa chica…Marianne, ¿cómo?
El londinense alza una ceja dudoso. Al parecer Emily trata de hacer que nada de esto le afecta. Bueno, no tiene de qué inmutarse a no contestarle.
―Primero fue ella, después terminé y la segunda fue en una fiesta. No tuvo importancia ―entrecierra la mirada hacia la mirada de Emily, exasperado y sonrojado―. Tampoco me agrada que compartas cama con tu novio.
Ella no le agrada lo que dijo Arthur, a Arthur no le agrada lo que no dijo ella, pero es evidente; haber compartido con otras personas.
―Esto se salió de control, definitivamente se salió de control. ―esto es raro, querer salir del apartamento cuando es suyo. Simplemente no puede soportarlo, el idiota cejudo la tiene más confundida. Por cierto, no puede desviarse de lo que tiene planeado para hoy, debe decirle que se vaya ahora. Da un paso para llegar a la puerta, mas ni siquiera alcanza a alejarse de Arthur, viéndose sostenida por los hombros, sintiendo su boca capturada. Inmediatamente las manos bajan a su cintura, abrazando su espalda.
Pelea en su interior en no aceptar lo que ocurre, despertar sus sentidos y detener esto. Mas no lo hace. Mueve los labios y abraza a Arthur por el cuello, recurriendo a tomar aire de él, llenar sus pulmones y regresar al beso inconcluso de ese día. Era inconcluso, porque se detuvieron creyendo que no era correcto. Ahora lo es. ¿Lo es? Emily no tiene cabeza para meditar la pregunta, tan sólo quiere…besarlo. Besarlo como nunca, sintiendo que no lo ha visto durante años, muchos años, esperando ver a su amado como sucede en las novelas. Esa mujer esperando intranquila la llegada de su hombre de la guerra, ese tipo de historias.
Sujeta a Arthur con más fuerza, sin soltarlo a dar pasos atrás, conociendo a ciegas su apartamento, cada pared situada. Apoyarse en una, será lo mejor para ella, para sentirse más besada y más tocada. Maldita sea, desea que la toque y pose sus labios en su cuello, añadiendo el deseo de arrancarle la condenada camisa que porta. Al chocar con la pared, se realiza lo que quiere.
―Arthur… ―susurra. Arthur la oye desde la garganta, inundado por la fragancia de la piel del cuello, subiendo con su boca abierta a la de Emily, comerla una vez más.
Abruptamente todo se detiene. El timbre suena una vez, provocando que los ojos azules de Emily se abran y se congelen. No sólo sus ojos, el aliento se ha ido.
― ¿Esperas a alguien? ―interroga Arthur, sospechando. Emily baja los brazos sin decir nada y el timbre suena otra vez, escuchando una voz alzada detrás de la puerta.
― ¡Emily, soy yo, princesa! ―es la voz, reconocible para la estadounidense congelada y atemorizada, y no reconocible para el británico que ha dejado de sostenerla, disparando una celosa y molesta mirada.
― ¿Así que princesa? ―el tono es áspero― Suena mucho mejor campesina.
―Tienes que irte. ―hace como si no lo oyó, preocupándose de que su novio está allá afuera, esperando a entrar.
― ¿Adónde? Si salgo por la puerta, saludaré a tu novio. Oh, ahora entiendo por qué la mesa bien vestida y esos platos ―gira el rostro hacia la mesa, no se fijó al entrar, no estaba para admirar su apartamento, mucho menos respirar el aire a comida cocinada. Emily jamás le preparó un almuerzo, ahora que lo recuerda. Se siente más fastidiado―. Un almuerzo de pareja, ¿eh? Haz pasar a tu noviecito, así me presentas, le explicas qué hace tu ex-novio en tu apartamento. Quizás podríamos llevarnos bien y compartir el almuerzo, ¿no te parece, campesina?
Campesina. No lo ha oído desde que dejaron de verse, no extrañó esa palabra, no obstante en comparación con Princesa, suena menos usual y poco cliché. Aunque no sabe si Arthur se lo está diciendo para molestarla o de cariño. Lo único que sabe y entiende, que quiere matar a Arthur y ella ser tragada por la tierra.
…
N/A: Pueden amarrarme las extremidades y tirarme de ellas con las sogas amarradas a los cabellos -un cumplido amoroso que me dijo un amigo el sábado pasado-. Siento la demora, en verdad lo siento. No tuve tiempo, tenía que terminar un trabajo, tenía que revisar la ortografía del trabajo que era de a dos, y como mi amigo no sabe nada de eso, yo tuve que corregir, y él ser la mente, hasta tuvimos que arriesgar nuestras vidas, cruzando la carretera internacional para llegar al SAG. Pasaban camiones y corríamos y hacía mucho frío. El trabajo no fue fácil. Además, tenía tres exámenes, en dos me fue más o menos y el otro muy bien. Eso ha sido las ¿tres? semanas. Sólo quiero descansar…
Bueno, el siguiente capítulo, quizás avise que el viene después de ese se sabrá quién es el sexy psicópata, depende si calza para llegar al otro capi, pero creo que sí. Así que vayan pensando quién puede ser, todavía no digan, hasta que mi grandiosa persona avise. O no tendrán pastel(?).
Entonces... ¿qué hará Arthur? ¿Saltará por la ventana del baño? ¿Será amigo del novio new de Emily? ¡Todo se sabrá en el siguiente capítulo!
¡Besos!
