El calor del verano fue lo primero a notar al abrir los ojos. Mirando el techo blanco fue consiente del constante tic tac del reloj de su velador. Sentándose, se froto los ojos con una sensación de cansancio soltando un largo bostezo. Tomando el control remoto debajo de la almohada, encendió la televisión, apareciendo en la pantalla un canal de noticias. En una esquina inferior indicaba las 10:45 de la mañana.

Era bastante temprano para lo que acostumbraba dormir.

Frotándose el abdomen, se dejó caer de regreso a la cama con un suspiro. Cambiando los canales, se sintió algo extraña, como si algo le faltara, como si se hubiese olvidado de algo. La sensación era persistente y después de hacer un aburrido sapping en la tv, se levantó para tomar una ducha.

Parándose frente al espejo del baño, notó la larga trenza en su pelo con un broche plateado al final. Confusa, tocó su perfecta longitud consiente de que ayer esto no estaba aquí. Quitando el broche, desarmó la trenza peinando el cabello con los dedos para después analizar el brillante objeto con una incrustación de zafiro.

Tuvo un vago recuerdo de un rostro, pero no logro asimilarlo. Sacudiendo la cabeza, dejo el broche en el mesón del lavamanos y se desvistió para bañarse.

Luego de un rato, bajó a la cocina para comer algo. La comida italiana recalentada de anoche. Sentándose frente a la encimera, comió en silencio con esa continua sensación en su pecho.

¿Qué era?

No podía siquiera idear una imagen, pero la necesidad de algo era abrumadora.

Terminando su comida, regreso a su habitación a prepararse para el próximo trabajo.


-¡Padre quédate atrás!-Demandó Thorin empujando a Thrain detrás de un pilar. Furioso, miró como la sombra de Sauron desaparecía dentro de una inconsciente Nymeria, incapacitada para luchar y defenderse-¡Mahal!-Con rabia eh impotencia, golpeó su puño con fuerza en el muro de piedra.

Había fallado, le había fallado. Por ser tan débil no había cumplido su promesa.

Sosteniendo fuertemente la tosca y oxidada espada que le había quitado a uno de los orcos después de matarlo, abrazó a su padre brevemente y corrió hacia el enemigo con un grito de furia. Cortando a todo lo que se le cruzó con toda la determinación de salvar a su única, aprovechó la ventaja de la protección que le impedía al enemigo herirlo. Cada roce eh intento de golpe era repelido por la magia del collar.

-¡Mátenlo!-Rugió Azog señalándolo con su maza.

A su orden, orcos y huargos obedecieron lanzándose furiosamente hacia Thorin, quien tomando otra espada de uno de los cadáveres, enfrento a sus enemigos sediento de venganza. Cortando, decapitando, destazando a cada uno de los que se le abalanzaban con sus intenciones asesinas, con la seguridad de que las malditas bestias harían más que solo descuartizarlo si lo atrapaban.

Avanzando hacia Nymeria, fue rápidamente rodeado. Pero lejos de sentirse intimidado sostuvo las armas con furia y celo al ver el estado en el que ella se encontraba. Parte de su ropa estaba desgarrada, y aunque su preciosa piel desnuda no mostraba signos de daño, si tenía una extraña y brillante marca roja en forma de ojo.

Extendiendo la mano quiso tirar de su ropa para cubrirla, pero el collar envió protección a través de él rodeándolo de luz blanca y en el momento que tuvo contacto con su piel, Nymeria se agitó violentamente con un fuerte grito de dolor que extrañamente sonó como una mezcla de dos voces.

¿Qué estaba pasando?

Apartando la mano con desconcierto, su cuerpo quedó nuevamente inerte en la piedra. Preocupado y confuso, dirigió a la vista hacia los orcos que le observaban con alerta. Sin embargo, hubo algo diferente.

¿Sería miedo?

Dando un paso hacia ellos, vio a orcos y bestias retroceder con cautela.

Casi se echa a reír, de alguna manera la protección que el collar le daba era una amenaza para ellos, y si estaba en lo correcto, podía ser debido a la luz que desprendía. Bien era sabido que estos malditos venían de lo más profundo de la oscuridad. Con una confianza renovaba, aprovechó de usarlo a su favor. Aunque el efecto en Nymeria no era lo que debía ser, comenzó a pensar en cómo sacarla y escapar con su padre de aquí.

Pero lo más importante, era buscar la manera de sacar a ese bastardo del interior de Nymeria.


Avanzaban cansada y lentamente, mientras Bombur seguía quejándose de que las piernas no podían sostenerlo y que quería echarse y dormir.

-No, no lo harás-Decían sus compañeros con enfado-Que tus piernas cumplan la parte que les toca, nosotros ya te hemos cargado bastante tiempo.

A pesar de todo, Bombur se negó de pronto a dar un paso más y se dejó caer en el suelo.

-Sigan-Dijo Bombur malhumorado-Yo me echaré aquí a dormir y a soñar con comida, ya que no puedo tenerla de otro modo. Espero no despertar nunca más.

En ese momento, Balin, que iba un poco más adelante, gritó:

-¿Qué es eso? Creí ver un destello de luz entre los árboles.

Todos miraron, y parecía que allá a lo lejos se veía un parpadeo rojizo en la oscuridad, hasta Bombur mismo se puso de pie, y luego todos caminaron deprisa, sin detenerse a pensar si las luces eran de ogros o de trasgos.

La luz brillaba delante de ellos y al fin fue evidente que unas antorchas y hogueras ardían bajo los árboles, pero a buena distancia del sendero.

-Parece como si mis sueños se hiciesen realidad-Dijo Bombur desde atrás con voz entrecortada, y quiso correr directamente bosque adentro hacia las luces.

Pero los otros recordaban demasiado bien las advertencias de Beorn y el mago.

-Un banquete no servirá de nada si no salimos vivos-Balin dijo observando las luces con cautela.

-Pero de cualquier modo, sin un banquete no seguiremos vivos mucho tiempo-Insistió Bombur, y Bilbo asintió de todo corazón.

Lo discutieron largo rato, hasta que por fin convinieron en mandar un par de espías, para que se acercaran arrastrándose a las luces y averiguaran más sobre ellas. Pero luego, cuando se preguntaron a quién enviarían, no pudieron ponerse de acuerdo. Nadie parecía tener ganas de extraviarse y no volver a encontrar a sus amigos.

Por último, y a pesar de las advertencias, el hambre terminó por decidirlos, ya que Bombur continuó describiendo todas las buenas cosas que se estaban comiendo en el banquete del bosque, de acuerdo con lo que él había soñado, de modo que dejaron la senda y juntos se precipitaron bosque adentro.

Luego de mucho arrastrarse y gatear, miraron escondidos detrás de unos troncos y vieron un claro con algunos árboles caídos y un terreno llano. Había mucha gente allí, de aspecto élfico, vestidos todos de castaño y verde y sentados en círculo sobre cepos de árboles talados. Una hoguera ardía en el centro y había antorchas encendidas sujetas a los árboles de alrededor; pero la visión más espléndida era la gente que comía, bebía y reía. El olor de las carnes asadas era tan atractivo que sin consultarse entre ellos todos se pusieron de pie y corrieron hacia el círculo con la única idea de pedir un poco de comida.

Tan pronto como el primero dio un paso dentro del claro, todas las luces se apagaron como por arte de magia. Alguien pisoteó la hoguera, que desapareció en cohetes de chispas rutilantes. Estaban perdidos ahora en la oscuridad más negra, y ni siquiera consiguieron agruparse, al menos durante un buen rato. Por fin, luego de haber corrido frenéticamente a ciegas, golpeando con estrépito los árboles, tropezando en los troncos caídos, gritando y llamando hasta haber despertado sin duda a todo el bosque en millas a la redonda, consiguieron juntarse en montón y se contaron unos a otros. Por supuesto, en ese entonces habían olvidado por completo en qué dirección quedaba el sendero, y estaban irremisiblemente extraviados, por lo menos hasta la mañana.

No podían hacer otra cosa que instalarse para pasar la noche allí donde estaban, ni siquiera se atrevieron a buscar en el suelo unos restos de comida por temor a separarse otra vez.

Pero no llevaban mucho tiempo echados, y tanto Bilbo como Lilian sólo estaban adormecidos, cuando Dori, a quien le había tocado el primer turno de guardia, dijo con un fuerte susurro-Las luces aparecen de nuevo allá, y ahora son más numerosas.

Todos se incorporaron de un salto. Allá, sin ninguna duda, parpadeaban no muy lejos unas luces y se oían claramente voces y risas. Se arrastraron hacia ellas, en fila, cada uno tocando la espalda del que iba delante.

-¡Que nadie se apresure ahora!-Balin dijo-¡Que ninguno se deje ver hasta que yo lo diga! Enviaré primero al señor Bolsón para que les hable. Él no los asustará.

-¿Y qué me pasará a mí?-Murmuro Bilbo mientras Lilian le tomaba con más fuerza la mano, reacia a dejarlo ir y perderlo dentro de este horrible bosque.

Cuando llegaron al borde del círculo de luz, empujaron de repente a Bilbo por detrás.

-¡Yo quiero ir contigo!-Soltó Lilian entregándole a Fili al cansado de Hachiko, que aún dolorido por el golpe apenas se quejó y se acomodó en los brazos de enano. Después tomó con firmeza el brazo de Bilbo y juntos avanzaron tambaleándose a la luz del fuego y las antorchas.

Lo que de nada sirvió. Otra vez se apagaron las luces y cayó la oscuridad. Si había sido difícil reunirse antes, ahora fue mucho peor. Y no podían dar con los enanos.

Vagaron a oscuras por un tiempo, sin embargo no fue un camino seguro, tropezaron una variedad de veces con raíces y piedras, siendo el límite para Lilian al caer al suelo debido a una raíz gruesa y retorcida, echándose a llorar de desesperación mientras Bilbo intentaba consolarla entre sus brazos con suaves palabras.

-¡Me quiero ir!-Sollozó la chica con las manos del hobbit frotando suavemente su espalda-¡Odio este lugar horrible! ¡Tengo mucha hambre! ¡Y no quiero las espantosas arañas!

-¿Arañas?-Se preguntó Bilbo confuso.

-Sí. Horribles y enormes… y están en algún lugar cercano de este bosque-El hobbit se tensó al oírla, conectando sus palabras con las inmensas telarañas que desde hace semanas veían, cubriendo troncos y ramas de los oscuros y grandes árboles. Además, "horribles y enormes" no sonaba para nada alentador.

-Todo estará bien, mi flor. Pronto saldremos de aquí…-Intentó animarla sin verdaderamente sentir confianza alguna. Estaba tan desesperado como ella, pero debía mantenerse fuerte por los dos. Ya bastaba con 12 enanos enloquecidos de hambre y sed, no era necesario incluir a nadie más.

-¡No quiero morir aquí! Hay tantas cosas que quiero hacer contigo… y ni siquiera hemos tenido una cita-Murmuró Lilian con tristeza pasando los dedos por la desgastada chaqueta de Bilbo.

-¿Una cita?

-Una cita es cuando una pareja sale a divertirse, conociéndose mejor y teniendo un agradable momento en alguna actividad que alguno escoja…

-Cuando salgamos de aquí, te prometo que haremos esa cita.

-¿De verdad?-Preguntó esperanzada.

-Sí, mi flor. Todo lo que desees-Depositando un beso en su frente la abrazo con fuerza. Él también quería hacer muchas cosas con ella, y crear preciosos recuerdos que perduraran para siempre. Pese al poco tiempo que llevaban juntos, ya no podía pensar en su vida sin Lilian. Era ahora parte de él eh iba hacer lo que estuviera en sus manos para hacerla feliz.

Acurrucándose muy juntos entre las raíces gruesas de un árbol decidieron dormir. Hambrientos, sedientos y agotados, cedieron al sueño rápidamente a pesar del frio desagradable.


Para el señor oscuro la sensación de tener un cuerpo físico era una maravilla. Podía sentir la brisa fría en la piel y la calidez a través de sus extremidades. Experimentar nuevamente estar realmente vivo en un modo físico era esplendido. Milenios de estar relegado a las sombras casi logran hacerlo desaparecer, pero ahora que poseía este saludable y fuerte cuerpo podía lograr cualquier cosa que se dispusiera.

La mestiza había cedido bastante rápido, aunque no ha sido capaz de absorberla todavía. Su esencia vagaba en su interior perdida en los recuerdos que le imponía, haciéndola caer en la perdición de su propio dolor. Consumirla completamente llevaría tiempo, pero podía esperar. Primeramente necesitaba obtener el poder que ella poseía y para eso necesitaba romper el sello que los elfos y el maiar habían impuesto desde su nacimiento.

Y cuando sucediera, se alzaría sobre cada reino y territorio con mucho más poder que en el pasado para gobernaría a cada raza y criatura haciendo surgir la era de los orcos de una vez por todas.

Volvería a ser temido y respetado eh iba a disfrutar ver sufrir a cada ser sobre arda que le despreciaba.

Sobre todo a los repugnantes elfos.

Enfocando la vista hacia el cielo gris, parpadeo repetidamente antes de comenzar a tirar de las cadenas para liberarse, rompiéndolas con facilidad al primer tirón. Deshaciéndose de los grilletes se levantó de la piedra fría realmente complacido de volver a tener un cuerpo. Su propio poder estaba canalizado y fluía con fuerza a través de su ser.

Girándose lentamente observó a los orcos a su servicio, arrodillados a sus pies.

-Amo, sea bienvenido en su nuevo cuerpo-Hablo Azog de rodillas frente a él, a la espera de sus ordenes

-¡Nuestra era comienza desde ahora!-Anunció con aquella voz femenina a la cual podía acostumbrarse.

Los orcos se alzaron con rugidos de aprobación levantando sus armas.

-¡Nymeria!-Al oír esa voz, se giró hacia el enano. Con molestia lo miró acercarse, siéndole verdaderamente un estorbo. El enano repugnante era como una cucaracha. Sus sirvientes inútiles no habían podido deshacerse de él a causa de la mestiza. Pero ella ya no estaba aquí, por lo que acabaría con él de una vez por todas eliminando el linaje principal de la despreciable creación de Aule-Nymeria…-Notando la sorpresa y el miedo en su ojos, sonrió con placer.

-Esa mujer ha desaparecido. Su misión fracaso. Eh consumido su luz y jamás regresara…

-¡No es así! ¡Tú nunca ganaras! ¡Nymeria no lo permitirá!-Riéndose de las absurdas palabras del enano, se acercó a él dispuesto a matarlo.

-Ingenuo. Ya eh ganado. Eh tomado lo que debió ser mío hace milenios y nada impedirá que gobierne esta tierra. Toda arda será mía y ya nadie podrá impedirlo. Ni siquiera los dioses…

Con un imperceptible movimiento, se abalanzó al enano con la intención de matarlo invocando una antigua espada. Sin embargo, su arma salió disparada de su mano al tener contacto con el enano mientras este era nuevamente rodeado de esa despreciable luz.

Enfurecido, extendió la mano hacia él golpeándolo con una ráfaga de energía, mandándolo a volar contra uno de los muros de piedra causando que el impacto lo rompiera y quedara atrapado bajo los escombros.

Con una risa de satisfacción, se volvió hacia sus siervos-Que comiencen los preparativos. Tenemos una fortaleza que poseer-Demandó observándolos rápidamente ponerse en movimiento.

Con este poder aun débil, debía ponerse pronto en marcha. Debía realizar sus planes antes de ser descubierto.

Usando sus poderes invoco su armadura, modificándola para adaptarla a este cuerpo. El resplandeciente metal se sintió ligero, cubriendo sus piernas a medio muslo, brazos y torso moldeado cada curva, ajustada a su tamaño.

Con una negra corona de puntas alrededor de su cabeza, se sintió poderoso.

Después de milenios obtendría su venganza, gobernaría cada rincón de arda y liberaría a su amo del destierro para traerlo de vuelta a este mundo.


Thrain tiró de su hijo para alejarse del señor oscuro. Thorin parecía ido en su mente con una expresión de desconcierto y dolor. Y aunque quiso volver por la mujer desesperadamente, lo obligó a retroceder y escapar. Ella ya no era su esposa, era el mismo mal reencarnado.

-Mi Nymeria… mi Nymeria…-Murmuraba Thorin tembloroso avanzando a trompicones por los pasillos guiado por sus pasos.

Thorin había sentido un escalofrió al mirar los ojos de Nymeria. Estos no fueron verdes y brillantes. Estos eran rojizos, arremolinándose como fuego vivo en su mirada perversa. Haciéndole temerle por primera vez, aunque fuera consciente de que no era ella en realidad. Se había convertido en todo lo que despreciaba eh iba a realizar todos los malignos deseos del mal bajo su influencia.

Con impotencia y furia se sintió tan débil eh inútil por fallarle a Nymeria. Su debilidad le impidió cumplir su promesa y ahora se estaba alejando de ella como un cobarde. No.

¡NO!

Nymeria seguía aquí, solo tenía que traerla de vuelta de algún modo. No iba a dejar a su única en medio de los despreciables orcos. No iba a dejar que desapareciera en la oscuridad.

No perdería a su esposa.

No había manera de que saliera de aquí sin ella eh iba a pelear hasta su último aliento por tenerla nuevamente en sus brazos.

Parándose de golpe, vio el temor y la urgencia en el rostro de su padre.

-Thorin, tenemos que irnos.

-No dejare a Nymeria aquí-Contestó deshaciéndose de su agarre desesperado.

-Es el señor oscuro. No es ella ya más…

-¡No! Es mi es mi esposa. Mi joya. Me ha protegido y salvado tantas veces… ¡Y hare lo mismo por ella!-Girándose para volver, la mano de su padre lo retuvo con fuerza-No puedo perderla-Añadió con voz temblorosa secándose las lágrimas que se había esforzado por contener. No podía siquiera imaginar no tenerla más a su lado. Era doloroso pensarlo.

-Ten cuidado hijo mío. Yo no quiero perderte a ti ahora que por fin nos hemos reunido.

-Estaré bien. El poder de Nymeria me protege. Solo debo encontrar una manera de traerla de regreso…

-Thorin…-Al oír aquella voz conocida, rápidamente se giró ceñudo-Thorin…-La voz cansada y rasposa resonó débil en el lugar.

Familiarizado con aquella voz, corrió junto a su padre a la dirección donde provenia.


Avanzando las calles atiborradas de gente, caminó entre las altas personas con aquella continua sensación de vacío. No podía aun entender el motivo de tal dolorosa necesidad que comenzaba a ahogarla. Su pecho punzaba, siendo incapaz de recordar la causa de su desesperación. Su ser anhelaba algo y no sabía que era.

Ni siquiera el reciente trabajo logró distraerla. Y las personas se sentían lejanas a su alrededor, tan silenciosas y borrosas. El cielo mismo era de un deprimente gris.

Como su vida.

Al menos intento creerlo, pero no le fue como de costumbre una resignación, en cambio, sintió como si este no fuese su lugar. Pero le sucedía seguido, de modo que decidió ignorarlo eh ir por algo de tomar.

-Nymeria…

Girándose ante la voz masculina llamándola de una manera amable, busco al propietario. Sin embargo no vio a nadie observándola.

-Nymeria…-Volteándose al oír nuevamente la voz detrás, no se encontró con nadie. Enfadada siguió su camino ignorando tal estúpida broma.


Thorin, con la ayuda de su padre lograron sacar a Gandalf de la jaula colgante que lo mantenía cerca de la muerte. Había sido más que una sorpresa encontrarlo aquí, en tal demacrado estado cubierto de heridas y contusiones a casusa de la tortura de los orcos.

El débil mago balbuceaba con desesperación entre vanos intentos por conseguir levantarse.

-Nyme…Nymeria… Sauron… no puede…

-Tranquilízate-Demandó Thorin empujándolo lentamente para que se apoyara en la pared.

-Ella… ¿Dónde está?-Preguntó mirándolo con desesperación. En respuesta solo pudo negar con la cabeza escuchando el débil quejido del mago que sonó más como un sollozo-Tienes que ir por ella.

-Lo sé. Pero no sé que como ayudarla-Soltó desesperado, conteniendo sus propias lágrimas.

-Tienes… tienes que liberarla de la oscuridad. El único modo… es enviándote a su interior.

-¿Cómo?

-Usare lo que me queda de poder. Enviare tu alma con ella, Sauron no puede influenciarte pero si puede atraparte en su ser para siempre…

-No importa. Solo dime que tengo que hacer-Urgió con determinación. Dispuesto a todo por salvar a su reina.

-Debes buscar a Nymeria en su esencia. Liberarla de su atadura. Si se queda así demasiado tiempo Sauron la absorberá por completo. Debes evitarlo… como puedas. Eres lo único que traerá a Nymeria de vuelta. Su amor por ti es más fuerte que el dolor de su pasado y es la luz para sacarla de la oscuridad de Sauron. Usa eso para traerla, no permitas que su propio dolor la encadene al olvido.

-Traeré a Nymeria de vuelta-Le juró-Hare todo lo que este en mis manos.

-Lo sé. Confió en ti…-Le dijo el Gandalf con una débil sonrisa extendiendo una mano temblorosa para tocar su hombro.

Un fuerte dolor lo atravesó de pies a cabeza haciendo su vista borrosa a medida que comenzaba a perder sus sentidos, hundiéndose en la repentina y silenciosa oscuridad.

-¡Thorin!-Thrain agarró rápidamente a su hijo antes de que cayera inconsciente al suelo Sosteniéndolo en sus brazos, noto su repentina palidez-Hijo…

-Estará bien. Thorin es parte ahora del destino de este mundo. Confiemos en que lo logrará…-Comentó cansado y debilitado por la pérdida casi en totalidad de sus poderes. Y aunque había contactado a lady Galadriel, su falta de respuesta le preocupó. Supuso que debía ser a causa de Sauron, pero la dama de Lórien era capaz de oír la más mínima voz de ayuda por más lejos que estuviera. Confiando en ella, esperó-Cuéntame viejo amigo, todo lo que te ha sucedido en todos estos años…


Thorin observó a su alrededor con algo de temor. Gandalf le había advertido los peligros de estar aquí demasiado tiempo. Debía mantenerse fuerte, Mahal había creado a los enanos con la capacidad para resistir al mal de Melkor por lo quesu alma no sería absorbida por la esencia de Sauron. Sin embargo, estaba la posibilidad de quedarse atrapado en él y no salir jamás.

No obstante, salvar a Nymeria era lo único que le importaba, el método era irrelevante.

Caminando entre las sombras, el ambiente se sentía pesado y frio, muy frio ¿Dónde estaba Nymeria? No podía notar nada más allá puesto que era todo muy difuso y oscuro. Avanzando tentativamente, sintió que el collar alrededor de su cuello comenzaba a calentarse. Confuso, sacó el colgante resplandeciente, el cual sirvió como linterna para iluminar su camino, pero también como advertencia del peligro.

El cual prontamente se hizo presente.

Una sombra con forma corpórea se arrastró a sus pies agarrándole el tobillo con un horrible chillido. Rápidamente lo pateó lejos al sentir que le jalaba, pero ese no fue el único. Un escalofrío le recorrió al ver a cientos de sombras sin rostro acumularse a su alrededor, arrastrándose con retorcidos movimientos de sus extremidades chillando ensordecedoramente por alcanzarlo.

Echándose a correr, esquivó, saltó y evadió las manos de las horrendas criaturas. Ni en sus peores pesadillas había visto tales cosas. En su desesperación por dejarlos atrás, una de la sombras tomó su pierna haciéndolo caer. En un intento vano por ponerse rápidamente de pie, fue sostenido por sus extremidades y aunque luchó por liberarse las sombras se cernieron sobre él, atrapándolo en una completa oscuridad.

¡NYMERIA!

De un sobresalto se incorporó, tembloroso y agitado. Enfocando la vista en el luminoso lugar, se levantó observando aquel extraño sitio repleto de aparatos de metal que emitían un constante pitido.

-¡No puede ser que los malditos exámenes no hayan revelado nada!-El grito furioso de un hombre resonó seguido de un fuerte golpe. Asomándose por la puerta cercana vio a dos humanos altos en bata blanca mirando unos papeles, pero pronto se levantaron y salieron pasando a través de él.

¿Sería este otro recuerdo?

Aquella pregunta le fue contestada momentos después de que unas puertas metálicas se abrieran dando paso a dos hombres vestidos de negro, arrastrando… arrastrando a Nymeria por los brazos encadenados a la espalda.

Una furia asesina lo invadió ante tal visión y con un grito furioso se lanzó para rescatarla, solo para sentir nuevamente la frustración de no poder tocarla.

Ambos sujetos la llevaron ante los hombres de bata blanca, el cual uno de ellos agarro el rostro de Nymeria con violencia para obligarla a mirarlo.

-Dime porque tu maldita sangre es normal ante mi tecnología.

-Pierdes tu tiempo-Contestó ella con una sonrisa llena de burla.

-¡Responde!-Exigió ejerciendo presión sobre su rostro.

-Vete a la mierda-Furioso por la respuesta le asestó una sonora bofetada la cual causo una sorpresiva risa en ella-Todavía pegas como una abuela…-Agarrándola del cabello la miró con impotencia.

-Será mejor que cooperes zorra mercenaria o empezare arrancarte pedazo por pedazo hasta que hables.

-Uy, ¿enserio?-Al ver su expresión de sorpresa, ella sonrió-Noticia de última hora hijo de puta, ya han hecho eso. Y aquí me vez-Apretando el puño con ira, lo envió directamente a su estómago haciéndola doblarse con un jadeo, cayendo al suelo de rodillas al perder el agarre de los dos tipos que la sostenían.

-Perra masoquista.

-Y hasta ahora lo notas…

-Ve por los implementos-Gruñó a su compañero quien inmediatamente obedeció con una expresión de preocupación-Descubriré lo que te hace especial y me hare millonario y famoso con tu genética. Aunque pase años examinándote.

-Eres patético-Espetó Nymeria fastidiada.

Esquivando el golpe, dio un giro extendiendo una pierna para hacer caer a los tres hombres a su alrededor consiguiendo tiempo para escapar. Permitiéndole tan solo unos cuantos pasos hacia las puertas hasta que el dolor estalló a través de su cuerpo debido a los impactos de bala.

El último aterrizó en una de sus piernas rompiéndole el hueso haciéndola caer al suelo sin posibilidades de amortiguar duro golpe. Los matones de negro la alcanzaron y uno de ellos le estampó su maldito pie en el costado rompiéndole una costilla, para después levantarla y arrastrarla hasta una camilla donde el científico bastardo comenzó con otra sesión de extracción de sangre.

Mahal, que debía hacer…

Thorin podía soportar ver como esos humanos malditos le enterraban agujas para llenar una variedad de pequeños frascos de vidrio con su sangre. No entendía como ella podía soportar todo esto sin ningún tipo de queja. Nymeria lo tomaba como si fuese algo divertido y eso lo hacía aun peor.

Con impotencia la miró en aquella cama, perdiendo sangre por las heridas que no habían sido atendidas, su expresión cansada y aburrida lo hizo soltar un rugido de furia.

-¿Quién eres?-Tensándose volvió la vista lentamente hacia Nymeria, sus ojos fijamente puestos en él.

-¿Puedes verme?

-Algo. Eres como un fantasma. Si vienes a pedirme que te envíe al otro mundo, pues pierdes tu tiempo, no tengo ahora la fuerza para usar tal poder.

-¿De qué hablas? Soy yo, Thorin-Acortando la distancia, extendió una mano temblorosa esperanzado de poder tocarla ahora que era capaz de verlo. Cuando sus dedos rozaron su cabeza, sonrió al sentir su cabello contra las yemas de sus dedos.

-Jamás te había visto, Thorin…

Desconcertado por sus palabras, la miro atónito. Sin encontrar en sus ojos ningún signo de reconocimiento.

Mahal… ¿Qué estaba pasando?

-Mizimuh, no hay tiempo para esto. Tenemos que salir de aquí, Sauron te tiene prisionera en su ser...-Tomando su rostro delicadamente, la miró con urgencia-Tienes que reaccionar. Tienes que luchar. No soportaría perderte…-Inclinándose, capturó sus labios cálidos en los suyos besándola con suavidad. Sin embargo, ella se desvaneció entre sus manos perdiendo su aroma y tacto, encontrándose absolutamente solo en aquella habitación gris.

Habitación que comenzó a resquebrajarse, saliendo de entre las fisuras de los muros aquellas sombras que se abalanzaron sobre él, sumiéndolo nuevamente en la oscuridad.

-Tu otra vez-Parpadeando, fijó la vista en Nymeria que lo observaba cruzada de brazos con una expresión curiosa. Levantándose, se sacudió la ropa para acercarse a ella-Eres bastante corpóreo para ser un fantasma.

-¡No soy un fantasma! Y esto no es real, son solo tus recuerdos. Sauron te tiene atrapada en ellos para absorberte.

-No eh oído nunca de ese tal Sauron…

Mahal, porque se estaba haciendo esto más difícil. Ese maldito la había hecho perder los recuerdos desde que se conocieron y ahora debía hallar una manera de convencerla, con el tiempo en contra.

Mas demoraba, menos posibilidades tenía de recuperarla.

-Es el mal que intenta apoderarse de nuestro mundo-Dando el último paso que les separaba, la agarró por los brazos-Eh intenta también separarnos. Eres mi todo Ghivashel, no permitas que nos aleje…-Ella le miró con tal sorpresa como si la hubiese golpeado-¿Nymeria?-Sosteniendo su rostro entre sus manos, junto sus frentes-Recuérdame, mizimuh. Sé que puedes sentirlo…-A pesar de la desesperación que sentía, mantuvo control con gran esfuerzo. No podía fallarle o todo estaría perdido para los dos.

Triste por la falta de brillo en sus ojos, la besó profundamente rodeándola apretadamente con sus brazos, sintiéndola tensarse. A su falta de respuesta, fue insistente con su beso, acariciándola como a ella le gustaba, sintiéndola poco a poco perder la rigidez de su cuerpo enviando a través de él una inmensa emoción, dándole esperanzas cuando ella comenzó a lentamente a corresponderle.


Con las primeras luces, Lilian y Bilbo estuvieron de pie para buscar a los enanos, lamentándose la falta de comida, soñando con esplendidos y abundantes desayunos que no hacían nada más que deprimirlos. Sus estómagos vacíos rugían constantemente y la falta de alimento comenzaba a afectarles. Los enanos por su constitución podían resistir mucho más tiempo sin comida, pero no era lo mismo para la pequeña pareja. Una humana y un hobbit eran parecidos en más de un sentido y su sobrevivencia sin los elementos necesarios era bastante reducida.

Cansada y mareada, Lilian se detuvo dándole una sonrisa a Bilbo que la miraba con preocupación.

-Estoy bien. Solo… necesito hacer del baño-Mencionó algo incomoda soltándole la mano.

-Ten cuidado-Le dijo Bilbo.

-No voy a demorar-Le prometió y se movió por detrás de un árbol grueso y grande para hacer lo suyo.

Metiendo las manos a los bolsillos, Bilbo tocó el anillo mientras esperaba a Lilian. Frotando el suave metal sintió repentinamente que algo lo tocaba. Confuso, se dio la vuelta, pero al no encontrar nada sacudió la cabeza pensando en que había sido su imaginación. Sin embargo, el fuerte grito de Lilian estuvo lejos de serlo eh inmediatamente corrió en su busca, encontrándola bajo una enorme araña que intentaba inmovilizarla para envenenarla.

Se precipitó furioso sobre ella antes que desapareciese y blandiendo la espada la golpeó en los ojos. Entonces la araña enloqueció y saltó y danzó estirando las patas en horribles espasmos, hasta que dándole otro golpe Bilbo acabó con ella. Luego de recoger a su inconsciente Lilian en sus brazos se dejó caer, y durante largo rato no recordó nada más. Cuando volvió en sí, vio alrededor la habitual luz gris de los días del bosque. La araña yacía muerta a un lado y la espada estaba manchada de negro. Por alguna razón, matar a la araña gigante, él, totalmente solo, en la oscuridad, sin la ayuda del mago o de los enanos, fue muy importante para él.

Se sentía una persona diferente, mucho más audaz y fiera a pesar del estómago vacío, pues había rescatado y protegido a preciosa Lilian de esa horrenda criatura.

-Te daré un nombre-Le dijo a la espada mientras la envainaba-¡Te llamaré Aguijón!

Levantándose con Lilian en sus brazos, se dispuso a explorar. El bosque estaba oscuro y silencioso, pero antes que nada tenía que buscar a sus amigos. Quizá no estuviesen lejos, a menos que unos trasgos o algo peor los hubieran capturado. No le parecía sensato ponerse a gritar, y durante un rato estuvo preguntándose de qué lado correría el sendero y en qué dirección tendría que ir a buscar a los enanos. Trató de recordar la dirección de donde habían venido los gritos de auxilio la noche anterior, y por suerte lo recordó bastante bien. Decidido, avanzó muy despacio, tan hábilmente como pudo.

Se abrió paso sigilosamente durante un trecho, mirando notó delante una espesa sombra negra, negra aún para aquel bosque. Cuando se acercó, vio que la sombra era en realidad una confusión de telarañas superpuestas. Vio también, de repente, que unas arañas grandes y horribles estaban sentadas por encima de él en las ramas.

Tembló de miedo al pensar que quizá lo descubrieran.

Se quedó detrás de un árbol y depositando a Lilian entre sus raíces, observó a un grupo de arañas mientras sacaba del bolsillo el anillo para ponérselo rápidamente.

En ese mismo momento comprendió que aquellas repugnantes criaturas se hablaban unas a otras en la quietud y el silencio del bosque. Las voces eran como leves crujidos y siseos, pero Bilbo pudo entender muchas de las palabras.

¡Estaban hablando de los enanos!

-Fue una lucha dura, pero valió la pena-Dijo una-Sí, en efecto, qué pieles asquerosas y gruesas tienen, pero apuesto a que dentro hay buenos jugos.

-Sí, serán un buen bocado cuando hayan colgado un poco en la tela-Dijo otra.

-No los cuelguen demasiado tiempo-Dijo una tercera-No están muy gordos. Yo diría que no se alimentaron muy bien últimamente.

-Mátenlos-Siseó una cuarta araña-Mátenlos ahora, comámoslos mientras su sangre aún está corriendo.

-Apostaría a que ya están muertos-Dijo la primera.

-No, no lo están. Acabo de ver a uno forcejeando justo despertando de un hermoso sueño, diría yo. Se los mostraré.

Una de las arañas gordas corrió luego a lo largo de una cuerda, hasta llegar a una docena de bultos que colgaban en hilera de las ramas altas. Bilbo los vio entonces por primera vez suspendidos en las sombras, y descubrió horrorizado que el pie de un enano sobresalía del fondo de algunos de los bultos, y aquí y allá la punta de una nariz, o una mata de barba.

La araña se acercó al más gordo de los bultos.

Es el pobre viejo Bombur, apostaría, pensó Bilbo y la araña pellizcó la nariz que asomaba.

Dentro sonó un débil quejido, y un pie salió disparado y golpeó fuerte y directamente a la araña. Aún quedaba vida en Bombur. Se oyó un ruido, como si hubieran pateado una pelota desinflada, y la araña enfurecida cayó del árbol, aferrándose a su propia cuerda en el último instante.

Las otras rieron.

-Tenías bastante razón. ¡La carne aún está viva y coleando!

-¡Pronto acabaré con eso!-Siseó la araña colérica, volviendo a trepar a la rama.

-¡Mátenlos ahora! ¡Tengamos un festín! ¡Festín!

Bilbo vio que había llegado el momento de hacer algo. No podía llegar hasta donde estaban las bestias, ni tenía nada que tirarles, pero mirando alrededor vio que en lo que parecía ser un arroyo, seco ahora, muchas piedras. Bilbo era un tirador de piedras bastante bueno y no tardó mucho en encontrar una lisa y de forma de huevo que le cabía perfectamente en la mano. De niño había tirado piedras a todo, hasta que las ardillas, los conejos y aún los pájaros se apartaban rápidos como el rayo en cuanto lo veían aparecer; y de mayor se había pasado también bastante tiempo arrojando tejos, dardos, bochas, boliches, bolos y practicando otros juegos tranquilos de puntería y tiro, aunque también podía hacer muchas otras cosas. Aparte de anillos de humo, proponer acertijos y cocinar.

Mientras recogía piedras, la araña había llegado hasta Bombur, que pronto estaría muerto. En ese mismo momento Bilbo disparó. La piedra dio en la cabeza de la araña con un golpe seco y la bestia se desprendió del árbol y cayó pesadamente al suelo con todas las patas encogidas. La piedra siguiente atravesó zumbando una telaraña, y rompiendo las cuerdas, derribó a la araña que estaba allí sentada. A esto siguió una gran conmoción y por un momento olvidaron a los enanos, No podían verlo, pero no les costó mucho descubrir de qué dirección venían las piedras. Rápidas como el rayo, se acercaron corriendo y balanceándose hacia el hobbit, tendiendo largas cuerdas alrededor, hasta que el aire pareció todo ocupado por trampas flotantes.

Bilbo, de cualquier modo, se deslizó pronto hasta otro sitio para mantenerlas alejadas de Lilian. Se le ocurrió la idea de alejar más y más a las arañas si podía, y hacer que se sintieran perplejas, excitadas y enojadas, todo a la vez. Cuando medio centenar de arañas llegó al lugar donde él había estado antes, les tiró unas cuantas piedras más, y también a las otras que habían quedado a retaguardia. Luego, danzando por entre los árboles, se puso a cantar una canción, para enfurecerlas y atraerlas.

¡Araña gorda y vieja que hilas en un árbol!

¡Araña gorda y vieja que no alcanzas a verme!

¡Venenosa! ¡Venenosa!

¿No pararás?

¿No pararás tu hilado y vendrás a buscarme?

Vieja Tontona, toda cuerpo grande,

¡Vieja Tontona, no puedes espiarme!

¡Venenosa! ¡Venenosa!

¡Déjate caer!

¡Nunca me atraparas en los árboles!

No muy buena quizá, en el apuro de un difícil momento, sobretodo porque no sabía cantar. Pero de todos modos tuvo el efecto que él había esperado.

Mientras cantaba, tiró algunas piedras más y pateó el suelo. Prácticamente todas las arañas del lugar fueron tras él. Unas saltaban, otras corrían por las ramas, pasando de árbol en árbol o tendían nuevos hilos en sitios oscuros.

Tenía un tiempo corto y precioso, lo sabía, antes que las arañas perdieran la paciencia y volviesen a los árboles, donde colgaban los enanos. Mientras tanto, tenía que rescatarlos. Lo más difícil era subir hasta la rama larga donde pendían los bultos. No me imagino cómo se las habría arreglado si, por fortuna, una araña no hubiera dejado un cabo colgando. Con ayuda de la cuerda, aunque se le pegaba a las manos y le lastimaba la piel, trepó y allá arriba se encontró con una araña malvada, vieja, lenta, y gruesa, que había quedado atrás y guardaba a los prisioneros que había estado entretenida pinchándolos, para averiguar cuál era el más jugoso. Había pensado comenzar el banquete mientras las otras estaban fuera, pero él tenía prisa, y antes que la araña supiera lo que estaba sucediendo, sintió el aguijón de la espada y rodó muerta cayendo de la rama.

Rápidamente, y quitándose el anillo, aprovechó ese momento para liberar a los enanos cortando los hilos de telarañas que los mantenían colgando de las altas ramas, descendiendo suavemente hacia el suelo húmedo donde con desesperación se quitaron de encima las repugnantes y pegajosas telarañas que los envolvían.

Contento por su hazaña, Bilbo miro a los enanos desprenderse de los hilos de arañas a la vez que se aseguraban de que todos estaban bien, lo que para él fue una distracción que pudo costarle la vida sino fuera por sus rápidos reflejos.

Una araña espantosa surgió debajo de la rama en la que estaba situado y con rugido se lanzó brutalmente sobre él tirándolo sobre su espalda dolorosamente mientras se cernía salvajemente con la intención de devorarlo. Sin embargo, lo único que la araña consiguió fue el frio metal de su espada clavado profundamente en su horrendo cuerpo. Pero la victoria no duro para el hobbit, pues envuelto entre sus delgadas patas fue arrastrado por la araña cayendo violentamente al suelo, perdiendo en el trayecto aquel anillo mágico tan valioso que rodó raíces abajo hacia el suelo húmedo y cubierto de hojas.

Ignorando dolor al impactar contra el suelo, se alejó de la araña muerta para buscar desesperadamente su preciado anillo.

-¿Dónde está? ¿Dónde está?-Balbuceó temeroso de perderlo mientras empujaba las hojas mirando rápidamente a todos lados-¿Dónde está?

Como si el mismo objeto le llamara, sintió su presencia. Girándose lentamente, observó su atrayente brillo a un par de metros. No obstante, sintió una inmensa furia al ver como una araña saliendo de la profundidad de la tierra se interponía entre él y su precioso anillo.

Blandiendo su espada se la lanzó furioso a la criatura dispuesto a todo por tener de vuelta aquel objeto poderoso que le brindaba tal habilidad especial. Cortando sus horrendas extremidades, balanceo rápidamente su hoja élfica contra la araña preso de su desesperada necesidad de recuperar el anillo. Con agitación, acabó con la bestia con un par de estocadas obteniendo por fin alivio una vez que yacio quieta y sin vida en el suelo.

-Mío-Espetó al cadáver de la araña recuperando el anillo de entre las hojas secas, acariciando el frio y suave metal dorado con celo y avaricia.

-Bilbo…

Tensándose, Bilbo parpadeó repetidamente antes de dirigirse a la suave voz. Lilian lo observaba con sorpresa… y temor. Aquello fue como un balde de agua fría provocándole asco y miedo de sí mismo al caer en la cuenta de su propia reacción.

Tembloroso, volvió la vista hacia el anillo sintiendo náuseas. Con los brazos de Lilian repentinamente a su alrededor, dejo escapar un sollozo aferrándose a ella necesitado de su calor y tacto.

-No es tu culpa-Lilian dijo suavemente, tocando su cabeza amorosamente.

Luego de despertarse sola golpeada por los recuerdos de la horripilante araña, vomito lo poco o nada del contenido de su estómago y después se dispuso a buscar a Bilbo y a los enanos. Pero nada la había preparado para la terrorífica escena en vivo y en directo que tuvo que presenciar al divisar a las asquerosas arañas agrupadas sobre los enanos en una ardua batalla por sobrevivir. Asustada y asqueada se escabulló entre los árboles para buscar a Bilbo, que según la película, estaba apartado de los demás, luchando por recuperar el peligroso anillo.

Lo que no tardo en encontrar, observando aquel violento y agresivo momento de Bilbo que no solo la sorprendió, también la asusto un poco. Sabía que era por la influencia de ese objeto maldito, pero aun así, no pudo evitar vacilar al decidir acercarse.

Sin embargo, cuando él se aferró tembloroso a su cuerpo con tal desesperación, todo temor desapareció de inmediato.

-Lo siento…-La triste voz de Bilbo la hizo abrazarlo con más fuerza.

-Todo está bien, mi amor… todo está bien-Tomando su rostro, se separó lo suficiente para besar su labios resecos sintiéndolo relajarse a medida que profundizaba el contacto, acariciando suavemente su rostro.

Sin embargo, el momento fue roto por los gritos desesperados y furiosos de los enanos.

Fue una sorpresa encontrarlos rodeados de elfos armados, amenazándolos con su arcos tensados con afiladas flechas directamente apuntadas a sus cabezas. Bilbo tiró de Lilian mucho más detrás del árbol procurando ser muy silenciosos, pues estos elfos no se parecían en nada a los de Rivendell. Estos no tenían ni una gota de amabilidad en sus ojos hostiles. Y no dudaba de que si querían, los matarían sin ningún remordimiento.


Thorin se tensó con mucha sorpresa cuando Nymeria le empujo fuertemente, apartándolo de ella. Parecía enfada, y en sus ojos todavía no había ningún reconocimiento. Dolido por su rechazo, intentó acercarse para atraerla de vuelta a sus brazos, pero en cambio, obtuvo aquella arma plateada apuntándolo directamente entre los ojos. Un escalofrió le recorrió al detectar la frialdad en su mirada.

-Nymeria… mizimuh, no quieres hacer eso-Ella presionó el cañón de la pistola en su frente sin vacilar.

-Que te dice que no quiero…-Espetó Nymeria con una expresión confusa.

-Tu corazón-Ella frunció el ceño ante sus palabras-Me amas, y confió en ese amor que tienes por mí. Ese amor que me demuestras con tus salvajes maneras. Ese amor que te hace encantadoramente necia por protegerme de todo cuando no lo merezco...-Lentamente tomó su mano haciéndola apartar el arma bajándola despacio-Te amo mizimuh y te necesito, te necesito de vuelta-Quitándole el arma, llevó su mano hasta sus labios depositando un beso en su dorso, pareciéndole ver un destello en sus ojos verdes.

-¿Quién eres realmente?-Preguntó con vacilación.

Con una sonrisa triste Thorin contesto-Thorin escudo de roble, tu único. Fuimos unidos por Mahal…

-Lo dices como si fuéramos algo más que amantes.

-Lo somos. Nos pertenecemos el uno al otro como marido y mujer. Pero para los enanos es mucho más profundo que eso.

-¿Enanos?

-Me gustaría explicarte todo. Pero no tenemos tiempo. Solo basta con que solo me recuerdes a mí, mizimuh…

-Si estamos casados como dices, entonces ¿Porque eh olvidado? Ya que tanto aseguras que estamos juntos…

-Ya te lo eh dicho. El mal, Sauron, quiere tus poderes eh intenta absorberte para obtenerlos. Si no regresas se apoderara del mundo para destruirlo…

Con un bufido, Nymeria retiró la mano de la suya y se cruzó de brazos observando al hombre extraño frente a ella-Eso es algo que oído mucho. Pero no soy ningún héroe. Te equivocas de persona-Su gran mano la retuvo cuando tuvo la intención de marcharse y eso comenzó a enojarla. Por lo que lanzándole un golpe a la cara, fue sorprendida por su rápida reacción al detenerla.

Frunciendo el ceño, usó su otra mano empuñándola con fuerza. Sin embargo, nuevamente la detuvo y con un veloz movimiento la giró, aprisionándola entre sus brazos.

-Conozco tus habilidades…-Estremeciéndose por su profunda voz, maldijo entre dientes antes de echar la cabeza hacia atrás con la intención de aturdirlo con el impacto, mas este no resulto en el lugar esperado-Conozco ese truco también. No volveré a caer en el otra vez.

-¡Suéltame, imbécil! ¡O hare que te arrepientas!-Enfurecida por su risa, se sintió burlada.

-Hace tiempo que no me decías así. Y aunque no lo extrañaba, si me trae…divertidos recuerdos.

Molesta, se agitó para deshacerse de su férreo agarre. Sin embargo, hubo una familiaridad en la situación que hizo a su corazón palpitar con fuerza, tal y como sucedió cuando lo vio por primera vez.

Y su beso… su beso había sido como una lluvia de sensaciones que toco cada fibra de su ser, dejándola sorprendida pero también a la defensiva. Ningún hombre la había besado y este la tocaba como si le perteneciera tomándose todas las libertades, invadiendo todo su espacio personal sin ningún temor ni vacilación.

Sus intensos ojos azules, daban toda la seguridad de estar diciendo la verdad, pero se le hacía difícil creerle por completo. Mas con el amor que él admitía profesarle.

¿De verdad la amaba tanto como para arriesgar su propia vida solo por ella?

La respuesta llegó sola a su mente y eso la aturdió.

Al menos brevemente, porque el lugar comenzó a temblar resquebrajando el suelo llano, saliendo de entre las separaciones de tierra sombras negras y corpóreas que se arrastraban retorcidamente con sonoros chillidos, con la clara intención de atraparlos.

-No otra vez-Gruñó Thorin apretando los brazos con más fuerza a su alrededor.

Desesperado, intento retenerla. Pero Nymeria se desvaneció de sus brazos en un abrir y cerrar de ojos perdiendo todo su perfume y calor, sintiéndose nuevamente envuelto por el frio de aquel lugar. Y aunque intento correr para dejar atrás a las criaturas malditas, estas los alcanzaron tan rápido que su fuerza fue inútil cuando se le abalanzaron con sus espantosos chillidos inmovilizándolo para sumirlo nuevamente la oscuridad.

Furioso, luchó por mantenerse despierto, golpeando y pateando a las sombras lejos de sí.

Cegado por el brillo repentino, sintió a las criaturas retroceder con sus ensordecedores gritos de dolor dejándolo libre. Levantándose, parpadeó para ajustar la vista ante tal luz, reconociendo una alta figura detrás que avanzaba lentamente hacia él, alejando cada vez más a las sombras obligándolas a volver al interior de la tierra.

-Thorin, hijo de Thrain…

Aquella potente pero amable voz resonó y a medida que la intensa luz comenzaba desvanecerse pudo reconocer con desconcierto a la persona frente a él.

-Alatar…


HOLIIII XD

PERDON POR EL ATRASO :(

EH TENIDO MUCHO TRABAJO Y ADMITO QUE UN POCO DE BLOQUEO. ¡PERO YA ESTOY DE VUELTA! ;)

SALUDITOS Y AGRADECIMIENTOS A TODAS LAS PRECIOSAS PERSONAS QUE LEEN ESTA HISTORIA, EN ESPECIAL A STELLA DRAGNEEL, POR SU MARAVILLOSO COMENTARIOS. SOY MUY FELIZ POR EL HERMOSO APOYO QUE ME DAN A CADA CAPITULO, DE VERDAD LO APRECIO MUCHO ;)

LAS QUIERO MUCHO

QUE DIOS LAS BENDIGA :D

BYE :)