Recuerden que con excepción de algunas, existen saltos temporales significativos entre viñetas.


¿Te importa?

Sale de la habitación y no puede evitar fascinarse viéndola danzar en la cocina, es una escena tan familiar, aunque algunas cosas habían cambiado desde la noche de su confesión, para bien, por supuesto: los besos robados, las caricias escondidas, las sonrisas cómplices… Los privilegios de estar en una relación son innegables, pero muchas otras cosas habían estado siempre allí. Sonríe al pensar que eran una pareja incluso antes de serlo, eso sí, sin derecho a roce.

Cruza su brazo sobre la cintura de ella y apoya el mentón en su hombro.

—¿Puedo ayudar?

Ella brinca por un segundo.

—No me asustes así, Yashiro Yukihito —dice con las mejillas sonrosadas.

Ama cómo sin importar cuánto tiempo pasa o lo familiar de los gestos Kyoko se siga sonrojando todas y cada una de las veces.

—Entonces, ¿debería dejar de abrazarte?

—No —responde bajito—, pero creo que necesitarás las manos para ayudarme a picar.

—Sí, puede que necesite las manos, pero no dejar de abrazarte —dijo rodeándola con ambos brazos y tomando el cuchillo de sus manos dispuesto a picar el rábano que ella tenía en la mano, dejándola aprisionada en el espacio entre su cuerpo y la encimera, mientras picaba.

—Esto no es eficiente en absoluto —dijo ella y él supo que estaba haciendo un puchero.

—No estaba intentando serlo —respondió dándole un beso en el cuello y luego liberándola—, pero será mejor dejarlo o no doy garantías de que haya cena en absoluto.

La cara y cuello de Kyoko se pusieron totalmente colorados. Si solo ella supiera lo mucho que hablaba en serio.

Después de la cena, sentados en el sofá repasaban la agenda del día siguiente.

—Tienes grabación de Sombras.

—Sí —contestó ella y él entendió la inseguridad detrás de su respuesta.

—Va a ir bien, Kyoko —dijo tratando de sonar convencido de lo que estaba diciendo, la tensión creciente en sus hombros—, los dos van a estar completamente vestidos, es solo la pretensión de una escena de cama.

Se merecía un premio por haber dicho eso como si fuera lo más normal del mundo, como comentar sobre el clima.

—Pero, ¿cómo voy a saber si lo hago bien? No lo he hecho antes —casi gritó.

Sería mi placer demostrártelo, quiso responder, pero se mordió la lengua.

—Kyoko, has estado investigando. Lo vas a hacer perfecto.

Kyoko pareció enfurruñarse todavía más.

—Kyoko —dijo tomándola del mentón—, ¿qué es lo que no me estás diciendo?

—¿Por qué no te importa?

—¿Perdón?

—¿Por qué no te importa que mañana vaya a hacer una escena de cama con otro hombre? ¿Por qué no te molesta ni un poco?

—¿Ni un poco? —respondió y se quitó los lentes—, Kyoko, lo odio, odio la mera idea de que estés en una cama con otro hombre, aunque estés completamente vestida y sea una actuación, lo odio más, cuando recuerdo que nunca has estado en la mía, conmigo —Kyoko abrió los ojos con sorpresa—. No me malinterpretes, Kyoko, no te estoy presionando de ninguna forma. Solo quiero que entiendas que esto no es sencillo para mí, odio que otros hombres te besen, que te toquen, pero sé que es solo una actuación, hace parte de tu trabajo. Recuerdo que esos gestos son solo pretensiones para la cámara.

—¿Por qué nunca has dicho nada?

—Porque solo te haría sentir culpable, te conozco, y la verdad es que no tienes por qué. Además —dijo acariciándole la mejilla—, no los besas como me besas a mí, no los tocas como me tocas a mí, no los miras como me miras a mí —dijo besándola—. Así que, sí, Kyoko, sí me importa porque te amo, pero confio en ti, creo en ti.