Una decisión puede cambiar tu vida
.-.
Capitulo 84: Sombra.
(The fountain - Stay with me - Clint Mansell)
Kagome había permanecido un largo tiempo recostada sobre las hojas en donde él la había dejado, la noche había caído pesadamente sobre el bosque, giro su cabeza para ver que Inuyasha seguía desmayado, se arrastró hasta donde estaba él, no porque tuviera las piernas dañadas o algún dolor físico, sino porque no tenía el menor deseo de ponerse de pie, observo su rostro durmiente, tranquilo y a salvo del mundo exterior, se sentó a un lado abrasando sus piernas y escondiendo el rostro entre las rodillas, hacía mucho frío, pero no se había dado cuenta, su mente volaba, volaba lejos de ese lugar hacia un sitio donde alguna vez había sido inmensamente feliz sin siquiera darse cuenta, recordando que aquel sitio había sido destruido de un sólo golpe mostrando que todo lo que creía y había estado viviendo no era real. Su mirada se asomó de entre sus rodillas para observar el penumbroso paisaje del bosque nocturno, vio el lugar en donde había estado recostada, donde él la ataco y dicho nuevamente que le parecía repulsiva, donde le había dicho que "Kiseki" la denominaba repulsiva. El hueco en su pecho se había incrementado, era un vació que en ocasiones te hacía olvidar que necesitabas respirar, un vació proyectado en sus ojos, oscuros y desolados ojos que observaban, pero realmente no miraban, estaban demasiado perdidos en el vació como para darle importancia a lo que ocurría al exterior. Volvió a ocultar su rostro y, está vez, su memoria recordó la figura de Saiyo repitiéndole nuevamente que se le acababa el tiempo siendo que el tiempo se le había agotado desde hace mucho antes y la prueba era que Inuyasha había ido a buscarla, pero si lo dijo sabiendo esto, entonces… ¿Tiene otro significado? Si era así ¿Cuál era? O quizás fue tan sólo una alucinación de ella y nunca la había visto realmente, no lo sabía y en ese momento tampoco le importaba mucho, no, nada le importaba mucho en ese instante, el vació se había apoderado de ella y de su alma.
Un ligero murmullo salió de los labios de Inuyasha, todo indicaba que estaba despertando, Kagome lo observó cuando él abrió lentamente sus ojos para luego incorporarse con un sobre salto al verla sentada junto a él y recordar lo que estaba ocurriendo antes de que él se perdiera de los acontecimientos siguientes.
- ¡Kagome! - Salió la voz preocupada hacia la mujer que estaba sentada junto a él - ¿Qué paso? ¿Estás bien? - Ella asintió con la cabeza - ¿Dónde se fue? ¡Maldición! ¡De seguro está cerca, lo encontrare y lo pulverizare!
- Se ha ido hace mucho, no vas a encontrarlo… - Respondió la muchacha aún ahogada en el vació.
- ¿Hace… Mucho? - Preguntó con incredulidad - ¿Cuánto tiempo estuve desmayado?
- No lo sé, pero la noche ya está avanzada.
Inuyasha no podía creer cómo había sido tan idiota como para desmayarse y permitir que ella se quedara a solas y sin protección delante de ese animal. Se acercó a Kagome con evidente preocupación...
(The Fontaine - Together we will live forever - Clint Mansell)
- ¿Estás bien? - Luego preguntó con algo de furia - ¿Qué fue lo que te hizo?
- Nada… - Respondió aun manteniendo el abraso a sus piernas y la mirada desolada - no me ha hecho nada…
- ¿Cómo no te va haber hecho nada? Lo único que él quería era dañarte, Kagome, dime ¿Qué fue lo que te hizo?
- Mírame, no estoy herida…
- ¿Entonces qué paso? - Ante aquella pregunta Kagome sintió que algo en su pecho se estrujaba, miro al hanyou por segundos que parecieron minutos.
- …Inuyasha… - Susurró por lo bajo - por favor, quisiera regresar a la aldea…
- Kagome… - Notó el dolor en su voz.
- …Quiero regresar, por favor… Quiero regresar…
- Sí, lo haremos, pero antes debes decirme que ha pasado, es necesario Kagome.
- ¿Necesario para qué? - Respondió con algo de brusquedad.
- Para saber por qué otra razón más debo matar a ese sujeto - contestó con seriedad.
- ¿Matar? Inuyasha, abre los ojos, ya viste lo que paso, él ha estado jugando contigo todo este tiempo y finalmente se cansó esta tarde, la próxima vez te matara sin siquiera darte una oportunidad, desiste…
- ¡¿Cómo puedes decirme algo así?! - Gruño con sorpresa - ¿Qué desista? ¿Así son las cosas ahora? Escúchame bien Kagome: ¡Jamás me rendiré! Aunque me cueste la vida misma voy a hacer pagar a ese sujeto por todo lo que te ha hecho.
- …Jamás podrías hacerle pagar una apuesta tan alta… - Susurró levemente un pensamiento que jamás debió haber salido de su boca, Inuyasha entendía perfectamente su significado, aunque se negaba a aceptarlo, prefería fingir que nunca había escuchado nada, tal como Kagome lo creía. El hombre enamorado se guardaría su dolor nuevamente al igual como lo hizo aquella noche en que la vio llorar desconsolada sin una causa aparente - él no hizo nada que no haya hecho antes, insultarme, amenazarme y maldecirme, luego se fue – mintió sin un más mínimo sentimiento de culpa - llévame de regreso…
.-
.-
El sol había renacido desde hace mucho, todos se levantaron evitando molestar a Kagome, nadie quería despertarla, necesitaba dormir solían decirse, pero la verdad es que no lo hacía, no dormía y eso no era lo que ella realmente necesitaba, lo que ella necesitaba lo había perdido y no volvería luego de darse un pequeño paseo por el bosque, el adiós había sido definitivo y, sin saberlo, eso era lo que la mantenía despierta. Despierta, pero con los ojos permanentemente cerrados, no quería que nadie se le acercara y comenzara una conversación que tuviese que mantenerse en el tiempo, no tenía la cabeza como para mantener o formar más de una oración. Por eso se quedo ahí, oculta y segura bajo su futón, esperando que las horas pasaran y que el dolor se borrara. Más de la mitad del día había desaparecido, bueno, si es que se le podía llamar día a ese cielo enrojecido y las repentinas caídas de cenizas que habían, Kagome mantenía como siempre sus ojos cerrados esperando que nadie la molestase, cuando repentinamente tuvo esa sensación de no estar sola, cosa extraña porque en ningún momento sintió el correr de la puerta, de hecho no había ruido alguno, pero la sensación no desaparecía, de repente, sin previo aviso, una voz ya conocida le susurra claramente: "Se te acaba el tiempo". Kagome abrió los ojos de inmediato, se destapo y le dio un rápido vistazo a toda la habitación, nadie, sólo estaba ella con la expresión de preocupación en su rostro ¿Habría sido su imaginación o Saiyo había estado ahí realmente? La puerta se corrió de sopetón volviendo a sorprenderla, Shippo estaba ahí con la respiración agitada, se notaba que había corrido con todas sus fuerzas para llegar junto a ella.
- ¡Kagome, tienes que venir! ¡Rápido! - Chilló sin dejarle preguntar a la chica qué era lo que pasaba, ya que volvió a echarse a correr.
Kagome no lo medito ni un segundo, comenzó a correr detrás de él de inmediato, su tono de voz la había alarmado, de seguro había ocurrido algo ¡Algo grave! Sólo deseaba que todos sus amigos estuviesen a salvo y que no tuviera que ver tan pronto al maquiavélico Chung, aún era demasiado pronto desde su último y, para ella, fatídico encuentro. Shippo se perdió tras doblar la esquina en una caballa, Kagome no pensaba detenerse, pero unas voces la hicieron cambiar totalmente de opinión.
- ¡Ya cierra tu desagradable boca, animal!
- ¡¿Quién te crees que eres para venir a decirme lo que tengo o no tengo que hacer?!
- Es obvio, un ser claramente superior a ti en todos los aspectos posibles.
- ¡¿Superior?! ¡Ja, no me hagas reír! ¡¿Por qué no les haces un favor a todos y te devuelves por dónde viniste?!
- ¡El favor lo harías tu si te callaras!
Inuyasha estaba furioso ante las palabras frescamente emitidas por el recién llegado ¿Quién se creía para hacerlo callar de esa manera? Ya se las pagaría, de hecho estaba a punto de hacerlo pagar cuando Kagome decidió hacer su aparición.
- ¿Koga? - Pronunció con una evidente sorpresa.
- ¡Kagome! - Respondió el mencionado con una alegre sonrisa para luego apresurarse hacia ella y tomar rápidamente sus manos entre las suyas - Kagome, dime ¿Estás bien? He estado tan preocupado por ti.
- …Sí… Muchas gracias joven Koga- respondió con una ligera gota en la cabeza.
- ¡Suéltale las manos lobo! - Gruñó Inuyasha dándole un palmetazo en las manos para que soltara a "su" Kagome - ¡Ella está conmigo! - Terminó por declarar escondiendo a la miko tras su espalda y estirando los brazos para que el lobo no se atreviese a pasarse de listo.
- ¿Contigo? - Habló más con una cara de sorpresa que con el enfado que todos supusieron que demostraría.
- ¡Sí, conmigo! ¡¿Qué hay de extraño en eso?! ¿Te da pena verdad? Uy pobre lobito - se burló con entusiasmo el hanyou.
- ¿Y luego te quejas del trato que te da Koga, Inuyasha? - Habló Sango que estaba junto a Miroku, Tei y Shippo contemplándolo todo.
- ¡Se lo merece! - Argumentó el chico de ojos dorados.
- No, lo siento - contestó finalmente el lobo - no es que me de pena, es que yo pensé que Kagome estaría con el tonto de cabello corto, no recuerdo muy bien como se llamaba - lo pensó un segundo - sí, creo que su nombre era Kiseki ¿Qué paso con él?
Silencio sepulcral. Inuyasha tuvo la intención de darle la paliza de su vida a aquel lobo de palabras descuidadas ¿Pero qué se le iba a hacer? Aunque le doliera aceptarlo, Koga era totalmente inocente, él desconocía todo lo que estaba sucediendo, no tenía idea en lo que se había convertido el tonto de cabello corto.
- ¿Dije algo malo? - Preguntó con preocupación, seguido de la rápida y triste negación de cabeza de Kagome.
- No, no te preocupes – bajo su mirada para luego sonreír de una manera falsa y producida - pero cuéntame que te trae por aquí ¿Qué ha sido de tu vida y la de tu clan?
- Una miseria - respondió sin vacilación - por eso estoy aquí, estoy seguro que ustedes deben saber qué es lo que está ocurriendo. Desde que el cielo se enrojeció ya no hay ni día ni noche, criaturas extrañas y peligrosas nos amenazan constantemente y la atmósfera se ha vuelto pesada, creo que incluso el ambiente se está metiendo en al cabeza de mis hombres, hace unos día uno se volvió loco y comenzó a atacarlos a todos. Necesito respuestas y soluciones.
- Imagine que había venido aquí por eso - habló el monje - es difícil pensar que no somos los únicos que tenemos que cuidarnos de este nuevo mundo.
- ¿Qué ocurrió?
- Abrieron la puerta al infierno - le informó Inuyasha.
- ¡¿La puerta al infierno?! ¡¿Pero a quien se le pudo ocurrir algo semejante?! ¡¿Quién fue?! - Exigió saber, pero el silencio se apodero de todos nuevamente, con excepción de Kagome que aún con tristeza sacaba fuerza desde lo más profundo de sus entrañas.
- … El tonto de cabello corto.
Ahora era a Koga a quien dominaba el silencio.
El monje Miroku fue el encargado de informarle a Koga de todos los acontecimientos importantes que habían ocurrido los últimos días. Comenzó desde la historia del Pan-Ku hasta la inesperada noticia de quien era realmente Fugimi Kiseki y cuales habían sido siempre sus intenciones. Koga se mostró incrédulo ante la historia sobre Kagome y más aún sobre el tonto de cabello corto, si bien no lo conocía casi nada, jamás creyó que era de esos sujetos con doble careta, malvado, narcisista y desnaturalizado que lo único que buscaba era la destrucción del mundo. Kagome se había marchado a dar una vuelta, no tenía la intención de volver a oír la historia que le había marcado la vida de una manera tan drástica, estaba lo suficientemente tatuada en su memoria como para ahora tenerla zumbándola en su oído, no paso mucho tiempo en su solitario caminar hasta que volvió a escuchar la voz diciéndole: "Se te acaba el tiempo". Como la vez anterior, miro rápidamente a todas las direcciones posibles sin encontrar a nadie como autor de aquellas palabras, comenzó a preocuparse ¿Realmente era real o simplemente su mente le estaba jugando una mala pasada? Y lo peor de todo no era escuchar la voz, sino, que estaba casi segura de que la voz era la misma de Saiyo, sumando a que era la misma frase. Sentía que su cabeza iba a reventar, lo único que quería era un poco de paz, caminar tranquila y despejarse, pero parece que el destino se las arreglaba como fuese para no dejarle ni un minuto de tranquilidad y eso se dio comprobado cuando al segundo siguiente en que decidió olvidarlo todo y seguir su caminata, Koga aparece sorprendiéndola.
- ¡Lo siento! no quería asustarte - habló rápidamente al notar su exaltación - necesitaba hablar contigo a solas y sé que con ese perro rondando eso sería imposible.
- No se preocupe joven Koga, lo entiendo - respondió en una pequeña sonrisa torcida imaginándose la actitud de Inuyasha - ¿Qué es lo que quería decirme?
- Kagome ¿Te molesta si nos sentamos? - Habló con algo de inseguridad, su nerviosismo era totalmente claro.
Caminaron tranquilamente hasta encontrar una parte adecuada donde sentarse en el césped, a ninguno de los dos se le salió alguna palabra mientras se acomodaban, Kagome se sentía intranquila al igual que Koga, sumado al nerviosismo que se le notaba tanto, el cual podía ser porque tenía una declaración que hacerle o bien porque no sabía como decir lo que fuese que tuviese que decir.
- ¿Estás segura? - Habló finalmente el hombre, todo indicaba que se acababa de comer cualquier duda.
- No entiendo tu pregunta - ahora sí que estaba confundida.
- Te pregunto si estás segura, si estás segura de que él es realmente Kiseki - respondió centrando sus pupilas en las de ella para hacerle entender que no bromeaba.
- Joven Koga ¿Qué saca preguntándome algo así? - Habló escabullendo el efecto de la pregunta.
- Pero Kagome ¿Lo has pensado? ¿Qué tal si realmente no es él? ¿No recuerdas la capacidad que tenía Naraku? ¿Y si es un loco maniático haciéndose pasar por él? ¿Y si el verdadero Kiseki está en alguna parte atrapado? ¿Qué tal si…?
- No, no, no ¡No! - Terminó por gritarle - ¡Nada de eso, es él y punto!
- ¿Cómo puedes estar tan segura? Mira, quizás si le preguntamos cosas que nadie más que tú sepa puede que… - Volvió a ser interrumpido.
- ¡No! ¡¿Qué intentas hacer?! ¡¿Enloquecerme?!
- Pero Kagome ¿No has pensado que quizás…?
- ¡Claro que lo pensé! ¡¿Cómo se te ocurre que no lo hice?! ¡Fue lo primero que creí!- Le grito, Koga comprendió que ya era momento de callarse- ¡Lo pensé! ¡Rogaba al cielo y al infierno que fuese esa la verdad, pero no fue así! – El aire le falto, pareciera que fuese a llorar, pero no fue así - me estaba engañando pensando que esa podía ser la causa de todo, pero no, hay que despertar y ver la realidad, ver las cosas como son. Él sí es Kiseki, lo sé por la forma en que me habla, la forma en que me cuenta cosas que sólo yo y Kiseki vivimos, es su rostro, es su voz, es él, nos engaño y hay que aceptarlo, aceptarlo…
- Lo siento… No quería deprimirte.
- No estoy deprimida- Mintió de forma automática, aunque fue imposible que engañara a Koga.
- Sabes… Me casare con Ayame - contó en una pequeña sonrisa, Kagome se sorprendió un poco.
- ¿De verdad? Te felicito… - Contesto con un toque de envidia oculta al ver que el sí podría ser feliz.
- Gracias, realmente estoy contento, creo que tome la mejor decisión, eso no lo dudo ni un poco, aunque no puedo negarte que tu me sigues gustando mucho mi querida Kagome – comentó mirando al enrojecido cielo como si lo que estaba diciendo no tuviese importancia - ¿No vas a preguntarme por qué tome esta decisión?
- Yo, bueno… - No comprendía qué era lo que esperaba Koga de ella.
- Fue por ti…
- Joven Koga, no comprendo, esta es una decisión exclusivamente suya, no veo en qué puedo estar involucrada.
- ¿Recuerdas la última vez que nos vimos? - La miro y prosiguió sin darle chance de contestar - cuando me fui fue con un pensamiento totalmente diferente, estaba determinado, le pediría matrimonio a Ayame, formaría mi familia y me alejaría totalmente de ti…
- ¿Alejarse? ¿Por qué habría de alejarse joven Koga? Nosotros somos amigos - sonrió.
- No, no somos amigos. Estoy enamorado de ti – respondió con la mirada fija en su rostro.
- Joven Koga yo…
- Por eso tome aquella decisión - no la dejo continuar - estoy enamorado, por eso más que mi felicidad me importa la tuya y sé que conmigo nunca la tendrías, así que era momento de que yo tomara mi camino y alejarme, porque si me mantenía cerca el único que sufriría sería yo y esa tampoco es mi intención. Kagome, aquel día lo vi todo con absoluta claridad y comprendí que tu felicidad jamás estaría a mi lado, sino que estaba con él… - Habló algo deprimido.
- ¿Entonces por qué te sorprendiste tanto cuando me viste con Inuyasha? - Preguntó confundida mientras Koga rió un poco divertido.
- No me refería a él.
- ¿Entonces a quién?
- A Kiseki, Kagome - luego se adelanto a continuar hablando al ver el cambió en la expresión de su rostro - sé que lo que te estoy diciendo te debe molestar después de todo lo que me contaron… Perdón, no molestar, doler - reparó, Kagome tuvo todas las ganas de objetar, pero él volvió a adelantársele - Kagome, yo lo vi claramente, y creo que deberías considerar lo que te estoy diciendo porque es la opinión más objetiva que te vas a encontrar, yo no lo conocía a él y mucho menos a la relación que ustedes dos llevaban, por eso creo que en esto que te voy a decir no cabe mi opinión personal, sino exclusivamente lo que notaron mis ojos, los cuales a mi parecer no me engañarían nunca.
- Joven Koga… - Trató de interrumpirlo.
- Amor - habló antes de que las objeciones de ella lo hicieran retractarse - yo vi amor, amor en sus ojos, sincero y puro amor, Kagome. La forma en que te miraba, digo, sé que Inuyasha te quiere, sé que yo te quiero, pero no soy estúpido y puedo notar las cosas perfectamente y, lo que noté, fue que ni Inuyasha ni yo te habíamos mirado con tanto amor como lo hacía él. Créeme que me costó aceptarlo, pero la forma en que él te miraba… No tuve que meditarlo para comprender que nadie en el mundo podía estarte queriendo más de lo que ese sujeto te quería y tampoco tuve que observar minuciosamente para darme cuenta que tu lo mirabas de la misma manera… Aunque aún ni siquiera tú lo supieras, yo comprendí que la única persona en el mundo que te haría feliz era únicamente Kiseki…
Kagome guardo silencio por algunos segundo, no estaba enfadada, Koga no había dicho nada de lo que dijo con la intención de dañarla, todo lo contrario, él solo buscaba lo mejor para ella y de eso no había duda, pero estaba equivocado, equivocado como lo estuvo ella alguna vez, como lo estuvieron todos, aunque si lo pensabas bien tampoco estuvo tan equivocado, más bien dicho, estuvo engañado como todos.
- Es un excelente actor - contestó la miko poniéndose de pie.
- ¿Es todo lo que vas a decir? - Preguntó, a diferencia de su compañera, sin moverse de su posición.
- No hay nada más que decir - fue tajante, no quería extender más aquella charla, si lo oía por tan sólo un segundo más el estrujamiento en su pecho llegaría a tanto que cualquier otro dolor se volvería insignificante.
.-
.-
(Will of de heart) (Sé que es de Bleach)
Pasaban días y días, extrañamente dar vueltas por alrededor de la burbuja en que vivíamos y mirar la llovizna de cenizas me tranquilizaba más que pasar el tiempo con Inuyasha o mis amigos, de hecho, las veces en que pasaba tiempo con ellos me sentía aún más agobiada, ellos me hacían recordar, junto a ellos no podía evitar hacer la comparación de cuan diferente era estar con todos esos rostros a compartir junto a una fogata únicamente con él. Él… Ya no digo su nombre, no me atrevo a mencionarlo y cada vez que lo oigo como un susurro por detrás de las paredes mi cuerpo se estremece, el aire se me limita y mi corazón se paraliza. Últimamente siento que siempre tengo frío, Sango dijo que me abrigara, le he hecho caso, pero no hay ni el más mínimo cambio de temperatura, ella siempre me pregunta si es que ya no tengo frío y yo no puedo evitar mentirle y asentir con la cabeza forzando una sonrisa que ni el más estúpido se tragaría, comienzo a creer que el frío viene de adentro y no de fuera. El pecho siempre me duele. Los días siguen pasando y yo no tengo la menor idea de qué es lo que me pasa, la gente me mira con pena, a veces con lastima, sin embargo no me importa, no sé qué me pasa, no lo entiendo, pero siento que ya estoy rendida, que no puedo más y que haría lo que fuera para que este sentimiento se marchara, pero no, no ocurre nada, sigo igual, todos los días… Tengo unas enormes ganas de llorar, pero no puedo, un nudo se me acumula en la garganta, pero no puedo desatarlo, solía llorar siempre, de hecho, me molestaba que fuese tan llorona en algunas ocasiones, pero ahora es como si mis ojos fueran un desierto y no sé si eso está bien o está mal, creo que no lo está… Todos los días trato de dormir, a la hora que se supone hay que dormir y en horas en las que no hay que dormir, siempre me cuesta, nunca tengo sueño, pero quiero dormir, tengo esperanzas, cierro los ojos esperando que me sorprenda, ver el paraíso, un azulino cielo, suave césped, aire fresco, bosque vivo y agua de cristal, despierto sin nada, vuelvo a intentarlo ocultándome mi verdadera esperanza, ni el cristal ni el fresco, menos su espalda ni su cabello, nada, sólo decepción, no lo he vuelto a ver desde la noche en que llore por ultima vez, cada día duermo intentándolo con mayor fervor, aunque me duela admitirlo sé que eso es la única cosa que me calmara, pero jamás lo admitiré en voz alta, no, eso no. Siempre espero verlo en ese hermoso lugar o en cualquier otro lugar al cual mi mente me guie, quiero ver el desorden platinado que cubre su cabeza, el matiz de su piel, que me mire con la intensidad que sólo sus ojos pueden obtener, que me de su sonrisa, esa que era sólo de él para mi, maravillosa, viva, iluminada, que me hacía ver que yo era lo único verdadero en su vida, un instante, sólo pedía un instante junto a su figura, pero también deseaba que en ese instante él se me acercara y me dejara tocar su rostro y el deseo de sentir su piel crecía como una flor en mi interior, deseaba acercar mi rostro al suyo, pegar mi cara a su piel y sentir su aroma, inhalarlo y embriagarme, perderme en su fragancia, idiotizarme, y aun más, aun más, deseaba rozar mis labios con los suyos, sólo un segundo, sólo uno y bastaría para devolverme lo que fuese que hubiese perdido, o quizás no, quizás fuera un segundo para matarme definitivamente… Lo que fuera, no importaba, siempre despertaba sin nada, decepcionada y con el vació en mi pecho aún más grande que la vez anterior, y eso que creía que era imposible incrementarlo todavía más, pero siempre me equivoco… Estaba desesperada, despertar de esa manera era todavía peor que estar despierta, que estar sin él cerca, era peor, nadie podría imaginarse cuanto peor era, quería gritar y no podía, el nudo nuevamente, necesitaba verlo, necesitaba de ese sueño, por eso comencé a decirme que haría cualquier cosa por volver a soñarlo, cualquier cosa, tenía que haber una solución ¡Tengo que encontrar una solución!... Entonces se me ocurrió una, no pensé en las consecuencias, no pensé en el daño, eso ya no me importaba, lo único que necesitaba era poder vivir nuevamente ese sueño, por eso… Por eso fui donde Inuyasha, la última vez que soñé fue cuando estuve con él, quizás si ahora volvía a pasar los sueños regresarían… Y yo respiraría un poco más…
.-
- ¿Kagome? ¿Qué haces aquí? - Inuyasha acababa de ser despertado por la chica.
- ¿Me quieres? - Habló.
La miró por un momento esperando encontrar algo en su mirada - … Te amo.
Él había pronunciado las palabras con toda la sinceridad del mundo, con verdadero amor, espero una respuesta, no hubo más que una amarga sonrisa y un vació de desesperación en su mirada, ella toco su piel, su suave palma estaba sobre la mejilla del enamorado, era una caricia, pero Inuyasha no pudo evitar sentir el frío que despedía la blanca piel, no era frío provocado desde fuera, él entendía que el frío venía desde el interior de ella, su alma estaba helada… Lo besó. Fue el beso más vació de todos, una puñalada para Inuyasha, pero eso no evito que el beso continuara hasta llegar al punto en que los dos se quitaron las ropas, aunque quizás sí lo hubiera evitado el hecho de que Inuyasha supiera lo que pasaba por la mente de Kagome cada vez que éste la acariciaba. Imágenes de aquí allá de la noche que había tenido junto a otro hombre, recuerdos que renacían tal como había pasado la vez anterior, él seguía marcado en su memoria, sus caricias, su voz, sus besos, todo estaba tatuado en su piel. Y más doloroso que recordarlo era estar con otro que no era él, que nunca sería él y que nunca se compararía con él.
Se vistió en silencio, no quería despertarlo ya que eso significaría enfrentarlo, mirarlo a la cara, y no estaba segura de si podría con eso, dio pequeñas pisadas y deslizo suavemente la puerta, pero para su lastima él nunca había cerrado los ojos (tal como ella).
- ¿Dónde vas…? - Su voz la paralizo en el umbral.
- Me voy antes de que alguien me vea por aquí - respondió sin voltear la mirada.
- ¿Qué tiene si te ven por aquí? Todo el mundo sabe que estamos juntos.
- Lo sé… Pero igual no me párese apropiado - se excusó para luego salir corriendo sin antes decirle - te veo luego.
- Kagome… - Se escuchó el susurro melancólico en la habitación.
Al fin y al cabo no valió la pena, continuó forzando los sueños, pero aun así ni una pizca de ellos se dignaba a mostrar su presencia, era como si nunca hubiesen existido, como una ilusión que sólo dejaba la nada tras de sí. Se sintió aún peor que antes, sobretodo al ver la triste mirada del hanyou, mirada que estaba ahí aún cuando fingiera no verla y que todo seguía siendo igual que siempre.
.-
.-
- ¿Qué quieres decir con que tienen la última joya? - Se alertó Lu Tung-Pin.
- Eso… Que no tienes que buscar la ultima, ellos ya la tienen hace tiempo - contestó el líder mientras en sus puños destruía una cáscara de nuez.
- ¡¿Qué?! - Soltó de pronto la única mujer del grupo.
- ¿Y estás tan calmado? ¡¿Cómo puedes estar tan calmado?! - Gruño Lu.
- ¿Debería preocuparme? - Contestó con desinterés mientras se comía la nuez.
- ¡Por supuesto que deberías! - Chilló Hsiang-Ku.
- ¿De verdad es malo?... Ssssff - fue el ingenuo comentario del hombre serpiente.
- Ni te imaginas - respondió malhumorado Li T'eih-Kuai.
- ¿Por qué no habías dicho nada hasta ahora? - Habló Kou-Lao aguantándose las ganas de atacar a Chung.
- No era necesario.
- ¡¿No era necesario?! - Volvió a chillar la gata.
- ¡Por supuesto que era necesario! – Apoyó Tung-Pin - ¡¿Te das cuenta de lo que has ocasionado?!
- Nada, no he ocasionado absolutamente nada - respondió con desinterés aun masticando su alimento.
- Como siempre, tú nunca ocasionas nada - comentó con un toque de ironía el hombre de las arenas.
- Parece que alguien la está cagando otra vez… - Habló Hsiang-Tzu con una ligera sonrisa maquiavélica.
- Cuidado con lo que dices lobezno ¿O acaso quieres que te recuerde la ultima lección que te di? - Respondió con mirada desafiante.
- ¿Entonces es así como solucionas todos tus problemas? - Se adelanto a decir Tung-Pin antes de que comenzaran alguna pelea.
- ¿Estás cuestionándome? - La furia en sus ojos era evidente.
- No a ti, a tu proceder - respondió con toda la serenidad posible para evitarse problemas con él
- ¡Me canse! - Habló Hsiang-Ku - ¡Yo fui una de las que más insistió en que debíamos recuperarte! ¡Pensé que esa podría ser la única manera para conseguir lo que siempre habíamos querido…!
- ¡Tienes el infierno a tus pies! - Gruñó Li Ch'uan.
- ¡¿Pero por cuánto tiempo?! ¡¿Has olvidado que el Pan-Ku puede destruirnos, que todo puede acabar para nosotros antes de que nos demos cuenta?!
- ¡Esa mujer jamás hará el rol de Pan-Ku porque le tiene más miedo a la muerte que tú!
- ¿Por cuánto tiempo? No podemos fiarnos de lo que se ve en la superficie - habló el camaleón.
- Te lo aseguro, esa mujer está en pánico, no tiene intenciones de que su vida termine y, aunque no fuera así, el hibrido y todas las miserias que la acompañan jamás le permitirían que acabara con su vida.
- Es demasiada seguridad, recuerda que Tei esta con ellos…
- Tei no es nada más que una basura.
- Pero esa basura no descansara hasta destruirnos a todos, así que debes tener por seguro que está haciendo todo lo posible para convencerlos de que tomen el camino del Pan-Ku.
- ¡¿Te das cuenta de que estamos colgando de un hilo por tu culpa?! - Habló Hsiang-Ku con frustración.
- ¡En cualquier momento esa niña puede tomar la decisión y deshacerse de nosotros! - Se enfado Kou-Lao.
- Lo he dicho montones de veces ¡Sólo hay que matarla! - Ladró Hsiang-Tzu.
- ¡Nadie va a matarla excepto yo!
- ¡Entonces hazlo de una vez! - Volvió a gritarle el hombre lobo.
- Hsiang-Tzu tiene razón, hay que matarla - apoyó Kou-Chiu.
- ¡Sí, porque si no lo haces tu…! - Chilló la gata antes de ser interrumpida por el líder inmortal.
- ¡¿La vas a matar tu?! ¡Acércate un centímetro más de lo necesario a esa mujer y te destripo el pescuezo! – El rugido los silencio a todos - si arman tanto melodrama por la posibilidad de que esa mujer les quite la inmortalidad y los deje como niños indefensos ¡Bien! ¡Iremos allá y les arrebataremos cada una de las joyas, para que así ustedes estén tranquilos y se dejen de llorarme por la irresponsabilidad de ser tan débiles y porque lo único valioso que tienen es su inmortalidad! Son realmente patéticos. Se supone que en 200 años debieron haber mejorado aunque sea un poco, pero no ¡Nada! ¡Tan débiles como siempre!
- Eso lo dices porque aún eres inmortal, cuando pierdas todo eso… - Tung-Pin fue interrumpido por Chung.
- ¡Cuando pierda todo eso seguiré aterrando al mundo como siempre! ¡¿Crees que realmente me importa ser inmortal?! ¡No hay nadie que pueda contra mí, siendo inmortal o no yo siempre voy a vencer! ¡Soy el peor demonio que pisa la tierra y si nadie puede contra mi no es por la inmortalidad! ¡Es porque soy Chung Li Ch'uan! - Nadie dijo nada, habían sido completamente humillados - ya vámonos, no vaya a ser que en este momento estén tratando de arrebatarles su preciosa inmortalidad - se burlo mientras salía del lugar.
.-
.-
Los sueños de Kagome habían sido remplazados por la voz de aquella mujer diciéndole una y otra vez que se le agotaba el tiempo, en un principio no era tan frecuente, más bien, de vez en cuando, pero los últimos días habían sido apariciones todavía más frecuentes, y eso ya estaba alarmando a un punto máximo a la joven miko, y, aún más con su ultima aparición…
La bodega estaría totalmente oscura si no fuese por la pequeña lámpara que traía Kagome consigo, estaba buscando un martillo para ayudar a los niños a construir casas para los pocos pájaros que se habían salvado de no estar en el exterior y que habían quedados atrapados dentro de la burbuja que ella misma y el monje Miroku habían creado. Al fin había encontrado la herramienta que tanto había estado buscando, cuando repentinamente un ruido la alerta, se queda quieta esperando volver a oír otro ruido, y así fue, era como si alguien más estuviera ahí, alzo la voz preguntando si había alguien ahí y se sintió tonta al creer que alguien respondería, nuevamente un ruido, pero está vez detrás de ella, se giro, no había nada, aunque si habían botado unos cuantos sacos de arroz, su respiración aumento, estaba asustada.
- Se te acaba el tiempo - escuchó que le decían por detrás, se volteo rápidamente, pero no había nada que encontrar por ahí, entonces sintió que alguien le sostuvo el brazo, soltó el martillo y dio un grito, mientras que Saiyo soltaba su brazo y la miraba fijamente.
- ¿Por qué? ¿Por qué estás aquí? ¡¿Por qué me persigues?! - Habló con frustración.
- Se te acaba el tiempo, Kagome.
- ¿Para qué? ¡¿Tiempo para qué?! ¡Dime!
- Aún estás a tiempo, apresúrate.
- ¡Lo haré, pero tienes que decirme para qué aún hay tiempo!
- Abre tus ojos, tu alma y corazón…
- ¿Qué…?
- … Sólo así te darás cuenta…
- Pero… - Fue interrumpida por el brusco aparecer de Inuyasha.
- ¡Kagome! - Chilló con preocupación - ¡¿Qué sucedió?! ¡¿Por qué gritaste?!
Kagome tenía los ojos fijos en el muchacho que acababa de entrar, quiso volver a prestar atención a la mujer con quien había estado tratando de entablar una conversación, pero fue imposible, ella ya no estaba.
- Lo… lo siento, es que me asuste porque vi pasar una rata - mintió y se disculpó a la vez.
- ¿Qué? ¡¿Sólo era eso?! ¡Me asustaste, pensé que te había pasado algo!
- Lo siento, lo siento, no volverá a pasar, lo prometo.
- Está bien, ven, salgamos de aquí - Inuyasha le extendió la mano y Kagome la acepto aún con la intriga de qué era a lo que se refería Saiyo.
.-
Por eso esa misma tarde (se calculaba que era la tarde) decidió hablar un poco del asunto con el monje Miroku, lo guio hasta un lugar que creyó que nadie podría molestarlos y lo hizo sentarse a su lado.
- ¿Qué es lo que la perturba señorita? - Preguntó sintiéndose ligeramente entupido al recordar los últimos aconteceres.
- ¿Usted por qué cree que los espíritus se aparecen?
- Porque tienen algo pendiente.
- ¿Pero y si no tienen nada pendiente?
- Entonces es porque desean visitar a sus seres queridos- Respondió sin meditarlo mucho.
- Pero… ¿Y si nunca tuvo ningún lazo con la persona que visita?
- ¿Cuál es su punto?
- ¿Crees que lo que dicen los espíritus es importante? - Tenía que seguir preguntándole sin que descubriera que Saiyo la estaba visitando.
- Creo que a los espíritus que ya han cruzado a la otra vida les cuesta mucho volver a esta, creo que los espíritus que ya cumplieron todos sus cometidos en este mundo, pero que aun así vuelven a aparecer, debe ser porque tienen algo importante que decir, quizás protegen a alguien o advierten de posibles desgracias - Kagome recordó la frase de Saiyo - en pocas palabras, creo que si vuelven es para tratar de ayudar.
- ¿Entonces usted dice que hay que escucharlos…?
- Sí, señorita, creo que si alguien está tratando de comunicarle algo usted debería ponerle completa atención, porque si se tomo la molestia de cruzar a este mundo sólo para hablar con usted, todo lo que salga de su boca debe ser sumamente importante, escúchelo, quizás ahí está la clave de todo - Kagome no se sorprendió por lo que le dijo, era Miroku, sería extraño si no se hubiera dado cuenta de que hablaba de ella misma, lo importante es que no sabía que el espíritu era Saiyo y que era de suma relevancia que averiguara a que se refería Saiyo.
De pronto, un estruendo, pudieron notar como la burbuja había palpitado.
- ¡¿Qué fue eso?! - Se alarmó Kagome.
- ¡Están tratando de entrar! - Respondió Miroku poniéndose de pie para luego correr en dirección al estruendo.
Kagome tenía todas las intenciones de seguirlo de inmediato, pero algo la detuvo, la figura de Saiyo se presento justo a unos diez metros de distancia, hubo un segundo estruendo, Kagome quiso apresurarse a resolver todas sus dudas, pero su triste mirada y deprimida voz corto toda palabra.
- Se te acabó el tiempo.
Un tercer estruendo, Saiyo desapareció.
Continuara...
