Inesperadamente terminé antes el epilogo porque a cómo iban las cosas pensé que hasta la semana entrante. Así que hurra! Aquí está la segunda parte.

A partir de hoy no tendrán que esperar más.

Por cierto… hay algo que tal vez quieran ver al final

Una vez más gracias a todos por acompañarme a lo largo de esta aventura. Gracias por más de 450 reviews, gracias por todo.

Epilogo parte dos

-¿Qué vamos a comer mamá?

-Oh no sé, ¿Qué quieres comer? –Le preguntó, feliz de poder cambiar de tema.

-¿pollo frito?

-¡Ese es mi hijo! –Chocaron los cinco y justo cuando iban a reanudar la marcha una mujer se acercó a ellos. Sam se quedó helada en el momento.

-Samantha… hola… -Sam parpadeó rápidamente como si fuera una mala alucinación. Nathan frunció el seño ante la reacción de su mamá, parecía que había visto un fantasma.

-Pam… -Dijo simplemente.

-Vaya… tu hijo es idéntico a Freddie. –Miró a la bebé en la carriola. –Y ella tan parecida a ti… ¿Freddie regresó? –Nathan acentuó su confundida mirada, Sam sacó su billetera y se la dio a Nathan.

-Hijo por qué no vas a pedir la comida, ya sabes que me gusta, te alcanzo en un par de minutos

-Yo… humm, claro mamá –Dijo tomando el dinero y alejándose.

-¿Qué quieres?

-Nada Sam... Yo solo te vi venir y no sé, ni siquiera lo pensé solo te saludé

-Bueno, pues si, Freddie regresó

-¿Te casaste con él?

-Sí. Tenemos dos hijos, pronto tres

-Estas embarazada de nuevo –Dijo mirando el vientre de Sam. –Comienza a notarse

-Y tu… bueno…

-Trabajo aquí en el centro comercial. Han sido un par de años difíciles Sam. Tengo cáncer –Sam inhaló profundamente. –No quiero molestarte con mis problemas, después de todo, lo que te hice no tiene perdón. Te abandoné cuando más me necesitabas, con tu bebé… qué bueno que Freddie regresó para estar contigo

-Freddie tardó casi tres años en regresar, mamá. Cuando Freddie conoció a Nathan él tenía más de un año. Spencer y Carly fueron todo mi apoyo

-Sam lo lamento tanto…

-No me pidas perdón mamá. Está bien, mi familia y yo estamos bien ahora.

-Me alegra tanto. Te lo mereces Sam, por fin tienes la familia que tanto mereces, los niños parecen adorables.

-Lo son. Gracias…. Humm… tu… tu enfermedad…

-Cáncer de mama. Me operan en un mes. No hay garantía pero… algo se tiene que intentar. –Sam puso atención al gorro que llevaba su mamá, a lo acabada que lucía, a lo cansados que estaban sus ojos.

-Oh… yo…

-No tienes que decir nada. Bueno, si un día vienes por aquí con Freddie y los niños, tal vez nos saludemos. Aquí tienes mi número, por si acaso –Rápidamente sacó un lápiz y en un pedacito de papel anotó un número de celular.

-Claro… bueno, creo que Nathan…

-Sí, sí, adiós Sam

-Adiós mamá –No se acercó para abrazarla ni nada, simplemente empujó la carriola de Natalie que se había quedado muy quieta, tal vez al sentir la tensión. Se sentó frente a Nathan que ya esperaba la comida.

-¿Estás bien mamá? –Preguntó por fin el niño preocupado por la mirada perdida de Sam.

-Si hijo, no te preocupes… ella solo era… una persona de mi pasado…

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-¡Hola campeón! ¿Cómo estás?

-Bien papá

-¿Qué tal los nuevos juegos?

-No los he jugado aun –Freddie se detuvo en su camino a la cocina para ver bien a su hijo. Su tono de voz no era alegre como regularmente lo sería

-¿Qué pasa Nathan?

-No lo sé… estoy preocupado por mamá

-¿Qué pasa con mamá? –Freddie sintió los músculos de su espalda y brazos tensarse. Lo primero que pensó fue "el bebé" -¿se siente mal?

-Creo que sí, pero no por el bebé, nos encontramos a una señora en el centro comercial, comenzó a preguntarle cosas a mamá y ella se puso muy tensa, luego me envió a comprar la comida y no supe nada más. Ha estado todo el día muy seria como… triste… no se… -Freddie frunció el seño y miró escaleras arriba

-¿Está en nuestra habitación?

-Sí, Natalie está dormida en la cuna.

-Bien, espera aquí campeón iré a ver qué pasa.

Subió corriendo las escaleras directamente a su habitación, Sam estaba sentada en la cama contemplando un pedazo de papel en su mano. Freddie se quitó su saco y se acercó a ella.

-Mi amor ¿Qué pasa? Nathan me contó lo que pasó en el centro comercial. ¿Quién era esa mujer? –Sam levantó la mirada para verlo.

-Era mi mamá Freddie –Él inhalo profundamente.

-¿Qué te dijo?

-Nos saludó. Me pidió perdón por echarme cuando le dije que estaba embarazada… Freddie, está muy enferma. Tiene cáncer

-Bueno… no creo mucho en el karma, pero si se que a las personas que hacen mal, tarde o temprano la vida se los cobra.

-Supongo que sí. Es solo… me tomó tan de sorpresa y estoy tan sentimental por el embarazo y…

-Mi amor –Freddie tomó sus manos. –Es tu mamá, podrá haber hecho todo eso pero sigue siendo tu mamá. Y tú también eres una mamá ahora, así que sabes más o menos por lo que pasó, supongo que debe sentirse muy sola

-Está completamente sola… me dio su número de teléfono –Dijo mostrándole el papel -¿crees que sea bueno involucrarla en la vida de los niños? ¿En la nuestra?

-Creo que todos merecemos una segunda oportunidad. Pero es tu elección Sam, es tu mamá. Piénsalo bien, sea lo que sea que decidas, estoy aquí para apoyarte ¿sí? –Ella asintió recargando su frente contra la de Freddie. –Ahora ponte cómoda, relájate y te daré ese masaje del que hablamos en la tarde. Lo necesitas más que antes. Voy a acostar a Nathan.

-Claro. Gracias amor. –La besó antes de salir de la habitación para hacer lo dicho. Sam tenía mucho que pensar.

Si Freddie le había dado una segunda oportunidad a Brad, tal vez…

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-¡Hola pequeño hombrecito!

-Tío Brad, ya no soy pequeño –Contestó Nathan abrazando con fuerza a Brad.

-Siempre serás el pequeño hombrecito, no importa cuánto crezcas. Bueno, ¿estás listo?

-Claro, traje el material que dijiste, papá mandó un par de cosas más que dijo nos servirían

-Bueno, las revisaremos. ¿Cómo está tu mamá?

-Ella está bien ahora. Tuvo un ultrasonido ayer y pudimos ver al bebé. Está sano y el doctor dice que es niño

-¡Vaya! Eso es genial. Salúdalos a todos de mi parte, por ahora, vamos a comenzar con tu proyecto.

Brad estaba ayudando a Nathan con su proyecto de ciencias, necesitaba ayuda de profesionales, y como Freddie tenía que trabajar, Brad se ofreció a ayudarle.

Los viejos rencores se habían enterrado con el pasado, Brad era parte de su familia de cierta forma. Seguía viviendo en Seattle, y trabajaba para la misma empresa que Freddie pero en un área muy diferente y ahora tenía vacaciones.

No se había casado, y relaciones, solo un par que podrían considerarse serias.

Tal vez su corazón no había olvidado del todo.

Pero le gustaba su vida solitaria, tenía amigos y seguía siendo parte de la vida de Nathan, así que se sentía feliz. Ya llegaría alguien, alguien capaz de reparar el daño aun después de tantos años de vivir con él. Ya llegaría su momento.

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Freddie pasó por Nathan de camino a casa. Cuando llegaron Natalie estaba dormida, pero Sam estaba sentada en la sala, pensativa y seria.

-Nathan ve a lavarte las manos para sentarnos a cenar –Dijo Freddie y su hijo obedeció, no muy convencido y no sin antes darle una última mirada preocupada a su madre. –Sam cariño, no quiero que esto te afecte tanto ¿Ya pensaste que quieres hacer? ¿Quieres hablar con Nathan?

-Yo… Freddie, es mi mamá, está muy enferma… tal vez su tiempo no sea mucho pero…

-Entiendo. Mañana no voy a ir a trabajar ¿quieres que vayamos a verla? –Sam asintió. -¿quieres hablar con Nathan ahora? –Ella volvió a asentir. –Bien, iré a servir la cena. Trajimos comida china. –Freddie se levantó para ir a la cocina a servir la cena y Nathan llegó minutos después para ayudarle a poner la mesa.

Pronto estuvieron los tres sentados a la mesa, en silencio, Freddie no sabía si comenzar él con la charla o dejar que Sam comenzara, pero ella no parecía tener la intención de iniciar una charla así que tomó el riesgo.

-Hijo, tu mamá quiere hablarte de algo. –Sam miró a Freddie, agradeciéndole silenciosamente que tomara la iniciativa.

-¿Qué pasa?

-¿Recuerdas a la mujer que nos encontramos ayer en el centro comercial?

-Sí, claro… -Nathan no era nada tonto, sabía que lo que sea que esa mujer le hubiera dicho a su mamá la tenía así desde ayer, y eso le molestaba. -¿Quién era ella?

-Mi mamá –Nathan, como siempre, se quedó pensando. Meditando en la noticia, él pensaba que su abuela había fallecido o algo así, sus papás nuca hablaban de sus abuelos maternos.

-Entonces tu mamá está viva

-Así es

-¿Por qué nunca me hablaron de ella?

-Cuando se enteró que estaba embarazada, me echó de su casa, por eso vivíamos con Carly cuando naciste Nathan.

-Entonces ella no me quiere –dijo con el ingenuo sentir de un niño. Sam suspiró y Freddie tomó su mano.

-Hijo, todas las personas tienen derecho a arrepentirse. Nunca tuvimos contacto con la mamá de Sam porque la perdimos completamente del mapa, ni siquiera sabíamos que seguía viviendo aquí en Seattle. Además ella está muy enferma Nathan

-¿enferma?

-Tiene cáncer –Dijo Sam. –Por lo que me contó, está bastante mal –Nathan adoptó esa expresión analítica de nuevo que tanto les recordaba a Freddie.

-Bueno, supongo que tu eres la que tiene que perdonarla mamá. Si crees que está bien, está bien para mí. –Freddie levantó las cejas y Sam se quedó mirando al mayor de sus hijos.

-Cielos –Suspiro. -¿Cuándo fue que te volviste tan maduro? –Nathan se encogió de hombros. –Ven aquí mi bebé –Extendió los brazos y Nathan se levantó para abrazarla. Freddie sonrió, tal feliz y complacido como cada vez que veía a Sam con sus hijos. De pronto un llanto les hizo girar la cabeza a los tres. Natalie estaba despierta.

-Creo que alguien se siente excluida de nuestra charla familiar –Dijo Freddie poniéndose de pie. –Iré por ella.

-¿Estás emocionado de tener un hermanito?

-Supongo que sí –Dijo Nathan de nuevo pensativo. Cielos su hijo pensaba tanto, era tan analítico, ni siquiera Freddie era así. –Voy a enseñarle a jugar futbol y cosas de hombre que a Natalie no podré.

-Las niñas también juegan futbol

-Sí, pero no es lo mismo. ¿Puedo escoger uno de sus nombres?

-Supongo que sí, habrá que hablarlo con papá

-Papá va a decir que si

-Hijo, tu padre siempre te dice que si…

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Estaban parados frente a la puerta de la casa donde había crecido Sam, de pronto se sentía nerviosa. Había llamado a su mamá para decirle que querían verla, y ella dijo que feliz los recibiría en casa.

Freddie miró a la entrada de la calle que habían pasado. Ahí estaba, algo oxidado y doblado por los años, pero aun ahí, el buzón en el que había dejado una carta para Sam como despedida, carta que nunca había llegado a manos de Sam gracias a la mujer que estaban a punto de ver.

No estaba del todo contento, es decir… de haberle dado esa carta a Sam, posiblemente ella hubiera buscado la forma de contactarlo y decirle que estaba embarazada, entonces no se hubiera perdido del nacimiento de su hijo, pero por otro lado, las cosas habían salido bien al final.

La puerta se abrió por fin, revelando a una muy diferente Pam Puckett. La enfermedad era evidente en sus facciones. Freddie puso una mano sobre el hombro de Nathan instintivamente y apretó mas a Natalie contra su pecho. No podía evitarlo, los pocos encuentros que había tenido en el pasado con esa mujer habían sido desagradables y llenos de insultos hacia él.

-Samantha –Sonrió abrazando a su hija y Sam le devolvió el abrazo, algo incomoda. –Muchas gracias por venir, pasen. –Sam miró a Freddie y le asintió, siguiendo a su madre adentro y él la siguió junto con sus hijos. -¿quieren algo de tomar?

-No yo… estoy bien gracias mamá

-¿Freddie?

-Gracias señora Puckett, estoy bien

-¿Y tu pequeño? –Le sonrió a Nathan.

-No, gracias –Dijo cortésmente pero no le regresó la sonrisa. Pam asintió, tomando asiento frente a ellos.

-Bueno y… ¿Qué tal te fue en el doctor ayer?

-Bien, supongo. Más y más medicamentos para el cáncer famosos por no mejorar nada en absoluto… me operan en tres semanas.

-Oh… y la operación ayudará en algo supongo…

-Todos suponen eso. Pero siendo realistas, la verdad es que no. Mi tiempo está bastante limitado Sam. Así que supongo que cada minuto cuenta, quiero ser franca y pedirte una disculpa frente a tu esposo, y sobre todo a él. Porque siempre fui una bruja contigo Freddie, lo lamento es solo que… ni siquiera sé por qué me portaba así. Tal vez era la envidia de que la tuya era una familia tan perfecta y unida… espero no sea demasiado tarde para el arrepentimiento. De verdad lo lamento.

-Tiene razón señora Puckett. Nunca es tarde para el arrepentimiento, y tampoco para el perdón. La entiendo porque también Sam me perdonó a mí. Me arrepentí tanto de haber dejado solamente una carta para ella cuando me fui a estudiar a Irlanda…

-Oh, esa carta –Dijo Pam poniéndose de pie. –Si yo no la hubiera ocultado –Se fue desapareciendo tras la puerta que Sam recordaba como la habitación de su madre. Sam miró a Freddie y él tomó la mano de su esposa. Pam regresó con un sobre en la mano. Estaba deteriorado por el tiempo pero Freddie lo reconoció de inmediato. –Esto es tuyo Sam

-Mi carta –Dijo Freddie y Sam tomó el sobre. –Es la carta que te dejé

-Gracias –Sam guardó la carta en el sobre. Pam negó con la cabeza

-Nunca debí de haberla escondido.

-Bueno, no podemos cambiar lo que hemos hecho. Ya está y no podremos regresar el tiempo ¿Sabe? Pero Sam y yo hemos aprendido a enfocarnos en nuestro presente, en nuestros hijos, en cuidar de ellos. Ya no nos atormentamos con el pasado, le recomiendo que haga lo mismo.

-Por eso les pido una disculpa, es lo que necesito para dejar ir el pasado. Mi futuro… bueno, no me queda mucho, pero no me gustaría pasarlo sola.

-Está bien mamá. Te perdonamos hace mucho…

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Pam Puckett falleció cuatro días antes de su cirugía, cuando el tumor que vivía y se alimentaba de ella se extendió inesperadamente hacia el corazón, sin darle oportunidad de latir más.

Estas casi tres semanas de convivencia con sus nietos le habían regresado un poco la vida, todos pensaban que mejoraría y tendría un poco más de tiempo para recuperar algo del perdido.

Pero si hay algo seguro en la vida, es que nada es seguro.

Le llamaron a Freddie del hospital para avisarle, así que él tuvo que decírselo a Sam y a Nathan. Sam lloró demasiado, Freddie se preocupó de que pudiera hacerle daño al bebé, así que él se encargó de los tramites del funeral y todo.

Al servició no asistió mucha gente. Algunos tíos y primos que Sam no veía en años vinieron, Nathan estaba sorprendido de la familia que no conocía. Había crecido solo conviviendo con la familia de su papá y la familia adoptiva que eran sus tíos de Irlanda, Carly, Spencer, Brad… pero estas personas, algunos incluso parecidos a su mamá, pero con tatuajes y piercings.

Pam había tenido una última voluntad, así que estaban todos (alrededor de 20 personas) reunidos en lo alto de una colina en Seattle, estaba nublado pero no lluvioso.

-¿Este es el lugar? –Preguntó Freddie a uno de los tíos de Sam que vestía un ajustado traje negro. Él asintió y Sam se acercó con la urna que contenía las cenizas de Pam.

-Papá nos traía aquí a jugar cuando éramos niños –Dijo el hombre con un nudo en la garganta. –Es una pena que nos volvamos a reunir aquí para esto

Freddie pensaba que estaban siendo hipócritas, y que habían ido porque tenían que, no porque quisieran. La dejaron sola con su enfermedad todos estos años, y ahora se aparecen y pretenden que les importa.

Hipócritas.

Él solo quería acabar con esto, llevar a su esposa y a sus hijos a casa y comenzar cuanto antes con la mudanza. Sam necesitaba salir de aquí, necesitaban comenzar de nuevo en Irlanda cuanto antes.

Sam dio un paso hacia adelante, justo en la cima de la colina y abrió la urna con las cenizas de su madre. La inclinó y las cenizas comenzaron a caer, el aire no permitió que llegaran al piso y se las llevó.

Cuando la urna se vació Sam suspiró y la cerró, entregándosela a su tío e inmediatamente fue a brazos de Freddie quien besó su frente.

-Está bien ahora mi amor. Estaremos bien ahora.

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Natalie sacó el chupón de la boca de Robbie y se lo metió a la boca. Robbie comenzó a llorar casi al momento.

-Natalie cariño no seas grosera –Sam le quitó el chupón, lo limpió y se lo regresó a Robbie.

-¿Cómo has estado Sam?

-Bien Carls, estoy bien ahora. Con todo lo de la mudanza no tengo cabeza para pensar en otra cosa

-¿Estás segura?

-De verdad. Es decir, era mi mamá, pero no conviví mucho con ella los últimos años, no es tan difícil seguir con mi vida normal.

-Entiendo. ¿Y con el nuevo bebé?

-De salud todo va bien, es mi primer embarazo sin complicaciones o malas noticias, aun me siento a la expectativa a veces, me siento nerviosa antes de las citas con el doctor

-Me imagino, después de lo que pasaste con Nathan y sobre todo con Natalie, no es para menos que estés asustada, pero lo importante es que con el pequeño todo está bien. Por cierto, de Nathan y Natalie a esta altura ya tenías nombre ¿Qué pasa ahora?

-Bueno, yo escogí el nombre de Nathan, Freddie el de Natalie, y Nathan quiere escoger un nombre para el bebé

-¿En serio? Wow…

-Sí, él nos lo pidió, solo que no logra decidirse. El otro día entré a su habitación y tenía un montón de hojas con nombres, algunos encerrados en círculos, algunos tachados. Lo está pensando demasiado

-¿Y el segundo nombre?

-Ese está a mi cargo. Estuve pensando en que no es tan malo tener un Junior después de todo…

-Oh cielos Sam. No hablarás en serio, cuando Nathan nació dijiste que no dejarías que fuera un junior porque el nombre de Freddie es horrible

-Pues si pero…

-A menos que te refieras a Karl, ese no es tan feo como Fredward –Carly hizo una mueca ante el nombre. –Piénsalo bien Sam.

-Bueno, primero veremos que nombre escoge Nathan. ¿Y tú?

-¿Yo?

-¿No planeas tener otro bebé?

-Bueno, sí. Pero no ahora, Robert tiene nueve meses y medio apenas. Es muy pequeño, quiero que por lo menos se lleven dos años, como Natalie y el nuevo bebé sin nombre. Tampoco quiero que se lleven tanto como Nathan y Natalie

-Sí, creo que es una buena idea Carls.

-¿Cómo van con lo de la mudanza?

-Pues los tramites están prácticamente terminados, Lewbert dijo que Nathan le caía bien y que lo iba a extrañar solo a él. La compañía de Freddie se encargará de trasladar nuestras cosas a Irlanda, la casa en Irlanda está lista para ser ocupada. Viviremos a una cuadra de los Egan y a dos de los McFadden. Es genial porque Molly es la mejor amiga de Nathan.

-Vaya, suena genial. Espero poder visitarlos seguido, Sam te voy a extrañar tanto –Carly se aferró al cuello de su mejor amiga. Sam sintió sus ojos llenarse de lagrimas. Malditas hormonas.

-Oh Carls, también te voy a extrañar tanto. Va a ser difícil estar lejos después de estar juntas toda la vida…

-Lo sé amiga, pero es lo mejor para ti y tu familia, además el internet es una maravilla, podemos video chatear todo el tiempo, y nos veremos en vacaciones.

-¡Claro que sí! –Escucharon a Robert llorar de nuevo, Natalie tenía otra vez su chupón en la boca. -¡Natalie Joy Benson!

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Sam y Freddie se separaron abruptamente cuando escucharon una puerta en el piso de arriba ser abierta y luego pasos en el pasillo rumbo a la escalera. Freddie limpio su boca con el dorso de la mano. Sam estaba bastante hormonal estos días, Freddie podía estar haciendo cualquier cosa, y al siguiente instante, tener a su esposa colgada de su cuello besándolo como si fuera el fin del mundo.

Nathan bajó en pijama con una hoja de papel en la mano y se paró frente a ellos. No prestó atención en el revuelto cabello de su padre ni en los hinchados labios de su madre.

-Señor y señora Benson –Dijo con una enorme sonrisa como si estuviera orgulloso de algo, Sam y Freddie sonrieron, nunca antes los había llamado así. –Necesito hablar con ustedes.

-Muy bien, ¿Qué pasa? –Dijo Freddie cruzándose de brazos aun sonriendo.

-Eh estado pensando mucho…

-Qué raro –Dijo Sam sarcásticamente y Freddie le dio un leve codazo en el brazo.

-Porque me han dado el privilegio de escoger uno de los nombres de mi hermano menor –Hablaba como si lo hubiera memorizado cuidadosamente. –Así que hice una búsqueda intensiva con un poco de ayuda del método científico…

-Oh cielos es como volver en el tiempo, hijo, tuve que soportar a tu padre en sus años de irritante nerd y estás hablando igual que él y…

-¡Sam, déjalo seguir! –Sam se cruzó de brazos y regresó la atención a su hijo.

-Bien, continúa Anthony

-Entonces reflexioné en la gran responsabilidad que era, y como dije antes, realicé una búsqueda intensiva. Pensé en algo que tuviéramos todos en común, pensé en muchas, muchas cosas y al final, creo que encontré el indicado. Así que quiero que me den su opinión. Bien, aquí está –Nathan suspiró y con gesto nervioso les extendió la hoja a sus padres. Freddie la tomó y miró a los nombres, había varios pero todos tachados, solo había uno encerrado en un circulo y palomeado.

-¿Neall? –Dijo Freddie frunciendo el seño. Sam le arrebató la hoja

-¿Por qué Neall?

-Bueno, las razones son: comienza con ene, como Nathan, Natalie. Además es de origen irlandés, y él va a nacer en Irlanda, va a ser irlandés, como su nombre. Y la más importante, por su significado

-¿Qué significa? –Preguntón Sam.

-Campeón –Freddie levantó la mirada. Desde que vio a Nathan por primera vez le había llamado así. –Desde que tengo uso de razón papá me ha dicho campeón más veces de las que me ha llamado por mi nombre. –Freddie sonrió, sus ojos llenándose de lágrimas. –Y… entonces pensé –La voz de Nathan se quebró solo un poco, alguien que no lo conociera tan bien como sus papás no se hubiera dado cuenta. –pensé, o más bien me di cuenta que ya no sería el único al que llamaría campeón, también a mi hermano, pero no sentí celos, al contrario. Entonces durante la búsqueda encontré el nombre. Es como un regalo para él, que lo tenga en el nombre desde el comienzo. Que siempre sepa que es un campeón. Porque es mitad Benson y mitad Puckett. –Sam ya estaba llorando a esas alturas. Estaban haciendo algo bien con la crianza de su hijo mayor. Ojalá lo estuvieran haciendo también con Natalie, y ojalá lo hicieran en un futuro con Neall.

-Ven aquí campeón –Dijo Freddie abriendo los brazos y Nathan lo abrazó enseguida. Estaba tan orgulloso de su pequeño. Había encontrado el nombre perfecto para su hermano, se había dedicado tanto a ello. –Felicidades campeón, lo hiciste de maravilla. Es un nombre perfecto. –Freddie besó su cabeza.

-Se está moviendo –Dijo Sam levantando su camisa. A sus casi cinco meses de embarazo ya era bastante notable. Freddie y Nathan llevaron sus manos al vientre de Sam inmediatamente intentando sentirlo –Creo que le gusta su nombre.

-Claro que le gusta, es perfecto –Dijo Freddie sonriéndole a su esposa. Nathan se inclinó hasta que su oído estaba en contacto con el vientre de Sam. Ella corrió una mano por el suave cabello negro de su hijo.

-¿Te gusta tu nombre Neall? –El bebé pateó un par de veces. –Sí, creo que le gusta.

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-Bien, ¿Alguien quiere decir algo antes de que nos vayamos? –Freddie tenía su última maleta en la mano, su apartamento estaba vacío y esta era su despedida del bushwell.

-Voy a extrañar nuestro apartamento –Dijo Sam recargando la cabeza en el hombro de Freddie. –Aquí comenzamos nuestra familia…

-Sí, y ahora tendremos un nuevo comienzo. –Freddie tomó su mano y la besó. –Bien, tenemos que irnos para no perder el vuelo.

-Adiós apartamento –Dijo Nathan quien tomaba la mano de Natalie y los cuatro se encaminaron al elevador.

-Adiós bushwell –Dijo Freddie justo antes de que las puertas se cerraran.

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-¡Hey vecino! –Escucho Freddie y volteó, intentando mantener el equilibrio de las cajas que llevaba cargando. Kian venía caminando con Koa en brazos. -¿Qué tal va la mudanza?

-Bien, ya casi estamos listos. Nathan escogió su habitación y asignó la de Neall y la de Natalie, está organizando todo.

-Vaya, regularmente ese sería el trabajo de Sam

-No, Sam dijo 'Estoy embarazada' y luego, en cuanto metimos el sofá se acostó a dormir. –Kian rió. Típico de Sam.

-¿Necesitas ayuda?

-Ya solo faltan estas cajas, por ahora. Los últimos camiones llegan en esta semana

-Ah bien, te ayudaré con una –Kian tomó una de las cajas que llevaba Freddie y con el otro brazo sostenía a Koa. –Me dijo Shane que vas a hacer una fiesta mañana para celebrar

-Es más bien como una parrillada, nuestro patio trasero es muy grande. –Dijo el castaño mientras caminaban hacia la casa. –Sam escogió la casa, planea poner juegos para los niños y todo. Así que si, ¿Van a venir cierto?

-¿Bromeas? No me lo perdería.

-Perfecto, ponla por aquí.

-Claro –Kian dejó la caja en una mesa. –Hola Sam

-Kian, ¡Hola Koa! –Kian se acercó para sentar a Koa junto Natalie en la alfombra, la pequeña estaba rodeada de juguetes.

-Entre más crecen menos se nota la diferencia de edad –Comentó Freddie observando a su hija jugar con su primo, Natalie tomó un pato de hule, Sam se preguntaba si todos sus hijos estarían obsesionados con los patos.

-Pato –Dijo Natalie extendiéndole el juguete a Koa, él lo miró por unos momentos. –Pato –Volvió a decir Natalie

-Pa…to –Dijo Koa con cierta dificultad y luego tomó el pato.

-¡Vaya! Siempre que está con ella aprende algo nuevo –Dijo Kian emocionado.

-Pato –Dijo Natalie de nuevo

-Pa…to –Contestó Koa

-¡Pato! –Gritó ella

-Pato –Koa se familiarizaba más con la palabra, así que ambos comenzaron a gritar una y otra vez

-¡Pato!

-¡Pato!

-¡Pato!

-¡Pato!

-Oh cielos –Freddie rió, era maravilloso verlos jugar así. –Kian, ayúdame a acomodar unas cosas en el patio de atrás mientras ellos siguen jugando con los patos

-Seguro. Hey Sam, ¿Te puedo encargar a Koa un rato?

-Claro, yo los vigilo. Me traen algo

-Mi amor, vamos al patio trasero

-¿Y?

-Está bien… -Los dos salieron al patio trasero, Freddie ya había sacado lo que necesitarían para mañana pero necesitaba mover unas cosas.

-¡Vaya! Sí que es grande el patio, debió costar una fortuna…

-Bueno, en realidad la pago la empresa. Pero si, es una casa fantástica.

-Por fin podrán tener el perro que Sam siempre ha querido

-¡Sí! De hecho eso había pensado, pero quiero que sea una sorpresa. Ayúdame a mover la parrilla –Dijo tomando un extremo y Kian se acomodó del otro.

-Pues hay un refugio cerca de aquí, hay perros de todo tipo, yo creo que es mejor adoptar que comprar cachorros

-Tienes razón, ¿Crees poder acompañarme un día de la semana a escoger uno?

-Claro, ahí adquirimos Jodi y yo a Bruno, el cachorro de Koa. Lo ama tanto

-Sam siempre ha querido un perro, desde que Nathan era bebé. Pero en el bushwell no nos dejaban tener perros, Nathan tenía un hámster, le duró cinco años. Pero definitivamente queremos un perro

-Y ya que tienes veterinario gratis…

-Kian…

-¿Qué? Robert nunca va a dejar de amarte –Freddie le pegó en un brazo para borrar la sonrisa burlona de Kian pero no lo logro.

-Vamos, ayúdame a mover el trampolín

-¡bien, bien! No diré más, pero sabes que es cierto

-Silencio Egan!

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-¡Sam! Te ves de maravilla

-Y me siento de maravilla Gillian, es mi primer embarazo sin complicaciones

-Oh que bien, ¿Cuánto tienes? –Preguntó Gina meciendo a la bebé Gia

-Seis meses… aun me falta un trimestre

-¡El último trimestre! –Jodi se sentó al lado de Sam para acariciar su vientre. –El más emocionante

-Pero también el más pesado… -Comentó Ana.

-No, el más pesado es el primero –Susy puso cara de horror. –Con los ascos y los mareos ¡Cielos! Es horrible

-Pues me siento bastante bien, y el doctor dijo que Neall está sano y en perfectas condiciones

-Me encanta el nombre que escogió Nathan para el bebé. Es irlandés –Gina puso también una mano en el vientre de Sam.

-Eso fue lo que dijo él. A todos nos gustó mucho el nombre. –Todas asintieron, expresando su aprobación por el nombre de su hijo menor.

-Y… Jodi –comenzó Gillian. -¿Cómo van Kian y tú con su encargo? –Todas la miraron de inmediato.

-Oh bueno… nada nuevo hasta ahora, pero seguimos intentando

-¿Están intentando tener otro bebé? –Preguntó Sam, eso no lo sabía. Jodi asintió

-Sí… creemos que es un buen momento.

-Lo es –Le aseguró Susy y siguieron platicando de sus familias y de más cosas. A Sam al principio le cansaban un poco las pláticas de chicas, nunca había tenido muchas amigas además de Carly, pero una vez que se fue acostumbrando y les fue tomando cariño a las chicas fue más fácil unirse a las conversaciones. Eran su familia también, y le gustaba pasar tiempo de chicas con ellas.

Los chicos por otro lado, seguían siendo como locos universitarios cuando se les juntaba, ahora mismo estaban preparando la comida ya que sus esposas se habían declarado en huelga por ese día. Así que ellos cocinaban mientras ellas convivían en el patio trasero, vigilando de lejos a los niños que jugaban en el pasto o en el trampolín. Peter, Natalie y Koa tenían un corral con juegos para ellos solos.

Las chicas dieron su aprobación a la comida al igual que los niños, planeando dejar mas seguido a los hombres a cargo de la cocina.

Podían acostumbrarse a esto, a días como estos. Definitivamente les esperaba una hermosa vida en Dublín, Irlanda.

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-Mmmm no lo sé, ¿No es muy grande?

-Es un cachorro –Comentó Kian acariciando al perro que los miraba atentamente a todos, con su adorable carita de tres meses de edad.

-Sí, es pequeño ahora, lo que quiero decir es que va a crecer mucho ¿No Robert?

-Él aprenderá a jugar con los niños Freddie. –Dijo Robert sosteniendo al Bóxer por la correa. –Te estoy recomendando este perro porque tiene un temperamento tranquilo pero juguetón, los bóxer son extremadamente tolerantes con los niños. El cachorro que viste primero, no tanto, es una raza que no tolera a los niños. Él en cambio llegará a dar su vida por ellos de ser necesario

-¿Por qué el coker spaniel no tolera a los niños? –Preguntón Kian frunciendo el seño.

-Por la manipulación genética. Antes todos los coker eran negros, se llevaban bien con los niños. Luego se puso de moda que fueran color miel y los genetistas produjeron perros miel pero también se alteró el comportamiento. Es un proceso complicado.

-Vaya, de verdad hay que tomar en cuenta todo… en fin… me gusta –Freddie se agachó para ver bien al cachorro y este de inmediato apoyó las manos en el brazo de Freddie, estirándose para darle un beso en la cara. –Y es muy cariñoso

-A la gente le intimidan los perros grandes. Regularmente son los más nobles. O dime ¿Cuándo has visto un chihuahua relajado y dócil como un mastín o un san Bernardo? –Freddie sonrió acariciando al cachorro, definitivamente le gustaba este perro, tenían el espacio y recursos en casa para mantenerlo en buenas condiciones, y Robert tenía razón, bueno, él era el veterinario, así que sabía lo que decía.

-Muy bien amiguito –Tomó al perro en brazos y se levantó. –Nos vamos a casa

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-Hola papá –Saludo Nathan cuando Freddie entró a casa con una enorme caja en brazos y su familia lo miró -¿Qué hay en la caja?

-Un regalo

-¡Papá, papá! –Gritó Natalie caminando hasta él para abrazarse a sus piernas, señalando la caja. -¿Mío? –Preguntó y Freddie sonrió

-Si princesa, es tuyo y de tus hermanos y de todos

-¿Qué hay en la caja amor? –Preguntó Sam desde el sofá. Freddie dejó la caja en el piso y fue a darle un beso a su esposa. -¿Un jamón gigante?

-Algo así

-¿Un pavo gigante?

-Algo así

-¿Tocino gigante?

-¿Por qué mejor no lo abrimos para que lo vean y…?

-¡Papá la caja se movió! –Gritó Nathan levantándose de su lugar y corriendo a la caja -¡La caja se movió! Lo juro, estaba viéndola y de pronto… -La caja dio otro salto. -¡Ahí está de nuevo!

-Freddie… ¿Qué hay en la caja? –Sam sonrió inclinándose hacia delante, sospechando ya.

-Vamos a abrirla para averiguarlo –Sus hijos ya estaban pegados a la caja. Robert le dio la caja y Freddie espero hasta estar en la cochera para poner al perro en la caja, tampoco quería matarlo. Freddie quitó los trocitos de cinta adhesiva que había puesto en la tapa y el perro saltó con un ladrido que hizo saltar a los niños pero inmediatamente una enorme sonrisa se dibujó en sus rostros. La caja era grande así que el cachorro estaba parado en sus pies, emocionado por ver a los niños. Natalie fue la primera en acercarse para tocarlo y el perro la recibió con un enorme beso.

-¡Papá es un perro! –Gritó Nathan saliendo del shock y acercándose a él.

-Bueno, ciertamente no es un gato –Contestó Freddie sentándose al lado de su esposa. –¿Te gusta amor?

-¡Es hermoso! –Dijo Sam, Nathan había sacado al cachorro quien se acercó a Sam para olerla. -¡Hola pequeño! –Al parecer le agradaba cada miembro de su nueva familia, y después de presentarse con ellos procedió, como todo buen perro a explorar su nuevo entorno, olfateando todo y tallándose contra algunas cosas para comenzar con el marcaje. -¿De dónde lo sacaste?

-Hay un refugio cerca de aquí, Kian y Robert me acompañaron y me ayudaron a escogerlo

-Entonces tiene la aprobación de un medico veterinario

-Así es, está sano y con todas sus vacunas.

-Es hermoso. Gracias mi amor –Sam besó su mejilla, Freddie sabía que ella siempre había querido un perro, y Sam sabía que era un regalo no solo para sus hijos, sino para ella también.

-¡guau, guau! –Gritaba Natalie gateando tras el perro que la miraba atentamente y medía cada uno de sus movimientos. Freddie pensó en lo que dijo Robert, el cachorro ya se estaba adecuando a jugar con su pequeña.

-Papá ¿Cómo se llama?

-No tiene nombre campeón, escójanlo ustedes –Sam y Nathan se miraron, pensativos.

-¿podemos ponerle tocino?

-Sam…

-Mamá, que no sea un nombre de comida! –Se quejó Nathan y Sam levantó las manos

-Bueno, bueno, era una opinión.

-Donn

-¿Qué es eso? –Preguntó Freddie

-Es café en irlandés

-Oh ¿Ahora sabes irlandés? –Preguntó Sam a su hijo.

-Algunas palabras. ¿Qué les parece?

-Yo creo que está bien –Dijo Freddie y Sam asintió

-Me gusta.

-Muy bien, ahora suban al auto, iremos a comprar su casa y su cama y lo que sea que necesiten los perros.

-¡Sí! –Gritó Nathan y salió corriendo rumbo a su habitación con el perro corriendo detrás de él.

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Nathan pasaba un montón de tiempo en las tardes enseñándole trucos a su perro tras haber hecho una exhaustiva investigación de cómo entrenar perros, entre esas cosas le había enseñado a hacer sus necesidades en una parte especifica del jardín y a no hacer dentro de la casa.

-Entonces ahora eres todo un etólogo

-Solo con Donn, la etología abarca muchísimas especies

-¿Qué diablos en tontología? –Preguntó Sam desde la hamaca frotando su vientre donde Niall corría más rápido que Donn por la pelota.

-ETOLOGÍA mamá –Comenzó Nathan girándose hacia ella –Es una ciencia que estudia el comportamiento y las conductas en animales, sobre todo domésticos para

-AAAAggggg entendí! –Dijo Sam. –Cielos, eres igual a tu padre. Mejor has que el perro haga algo para entretenernos –Nathan se giró para buscar a su perro con la mirada y Sam se dio cuenta la forma en que su marido la miraba -¿Qué? –Freddie negó con la cabeza y se acercó a ella

-No deberías callar así a Nathan.

-Lo siento es solo que…

-No hay excusas Sam. No lo hagas de nuevo

-Está bien –Se inclinó para besar su frente.

-¡Donn, ven aquí muchacho! –En cuanto el perro escuchó el llamado, dejó lo que estaba haciendo y corrió hasta donde estaba Nathan –Miren, le enseñe algo. –Nathan buscó a su hermana con la mirada, estaba cerca de la casa de Donn jugando con unas flores. –Donn, ¿Dónde está Natalie? ¿Puedes traer a Natalie? –Donn miró a la bebé desde lejos y se puso de pie -¡Trae a Natalie! –Así que fue hasta ella y comenzó a jalar su vestido suavemente pero con insistencia, Natalie riendo comenzó a dejarse llevar por el perro hasta que éste la llevó con Nathan. -¡Muy bien muchacho! –Le recompensó acariciando su cabeza

-Vaya, eso es muy práctico para la hora de la comida –Dijo Sam sonriendo, orgullosa de su hijo. –Ahora enseñarle a que saque a tu papá de la ñoñocueva también –Nathan rió

-Veré que puedo hacer.

-No paso tanto tiempo en mi despacho

-Oh no, solo más tiempo que con tu familia

-¡Eso no es cierto Sam!

-Bueno, pero si pasas mucho tiempo –Freddie rió, y fue a acomodarse junto a su esposa en la hamaca, acariciando su vientre. Un mes y medio más, solo un mes y medio para tener a Neall Stephen Benson ahí con ellos.

-Paso el tiempo necesario para conseguir dinero para nuestra familia y poder comprarte tus estúpidas almohadas especiales para embarazadas que no me dejan abrazarte en las noches.

-Awwww estás celoso de mi almohada

-Bueno, estoy considerando dormir con Donn, él si me dejará abrazarlo

-Awww mi bebé te sientes solo en las noches –Sam beso su mejilla. –Lo siento, debiste decírmelo

-No, está bien –Dijo abandonando el fingido tono de molestia. –Ya casi termina.

-también extraño que me abraces –Recargó su cabeza en el hombro de su marido –Pero la almohada carga a Neall, me ayuda a dormir aunque sea un poco

-Solo quiero que estés lo más cómoda posible este mes y medio que resta. Te amo

-También te amo Freddie

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Pero las complicaciones estaban esperando para el último trimestre. Justo dos días después de cumplir los ocho meses, Sam sintió un dolor punzante que reconocía perfectamente, pero que no se suponía llegara hasta dentro de un mes.

Freddie estaba trabajando, Nathan estaba en la escuela así que como pudo, tomó algunas cosas, tomó a Natalie y llamó a un taxi para que la llevara al hospital. Llamó a Ana que era a quien tenía más cerca para que la acompañara, y ella estuvo afuera de su puerta junto con el taxi en menos de cinco minutos.

Cuando Freddie recibió la llamada de Ana, Sam ya estaba encamillada y siendo atendida por los doctores y enfermeras, mientras Natalie se había quedado con Ana, muy asustada y sin parar de llorar por lo que acababa de pasar.

-Tranquila Naty, mamá va a estar bien, y también el bebé, tienen que estar bien. Por favor Dios que estén bien –Dijo lo último en un susurró y entonces las puertas de la sala de espera se abrieron y entró un muy acelerado Freddie

-¡Ana! ¿Qué pasó? –Natalie reemprendió el llanto, corriendo hasta donde estaba Freddie aferrándose a sus pies –Hey princesa, tranquila –La levantó para abrazarla fuertemente, lo que más necesitaba era el consuelo de su familia en ese momento. –Ya, tranquila papá está aquí, está bien, todo va a estar bien.

-Sam me llamó, comenzó a tener contracciones muy agudas de pronto. No me han dicho casi nada, pero creo que deberías ir a preguntar

-Claro, sostén a Nath –Pero la pequeña de dos años se aferró al cuello de su papá, temerosa de que fuera a desaparecer tras las puertas como su mamá.

-No, no papá –Dijo llorando hundiendo el rostro en el cuello de Freddie. –No vallas papá

-Tranquila, no te voy a dejar. Nunca. Tranquila –Así que con su hija en brazos fue hasta el mostrador. –Hola, ¿Sabe algo de Samantha Benson? –La secretaría escaneó la lista en la computadora. Frunció el seño y luego asintió.

-Debe venir conmigo, pero no puede traer a la niña a esa zona del hospital.

-Okay, hey, Naty, escucha tengo que ir a ver a mamá y a Neall, intentaré no tardarme ¿Si? Pero tienes que quedarte con la tía Ana, luego regresaré por ti ¿Si? –La bebé negó, haciendo un puchero. –Naty es importante, debo ir a ver qué mamá y Neall estén bien, voy a regresar por ti, lo prometo, el tío Kian va a atraer a Nathan también –Ana se acercó a ellos.

-Ven Natalie, vamos por unas galletas mientras papá va a ver a mamá –No muy convencida Natalie le extendió los brazos a Ana quien la tomó en seguida. Freddie tomó su carita y besó su frente

-Voy a regresar en cuanto pueda ¿Si princesa? Te amo

-Amo papá –Dijo besando su mejilla y luego Freddie se giró hacia la enfermera quien asintió y ambos emprendieron la marcha a través de blancos y largos pasillos.

-Su esposa está en esta habitación. Señor Benson, necesita ser fuerte, los doctores están optimistas, pero su esposa necesita su fortaleza ¿Entendió? Las cosas van a salir bien

-Sí, gracias –Dijo simplemente y entraron a la habitación de Sam, quien estaba medio sentada, conectada a algunas maquinas, sudando y con la angustia y el terror dibujadas por toda la cara. -¡Mi amor! –Freddie corrió hacia ella, tomando su mano y besándola -¿Cómo te sientes?

-Freddie… algo está mal pero no me dicen que es. Por favor diles que nos digan Freddie, algo está mal con Neall

-Tranquila, tranquila amor, vamos a estar bien ¿Cómo te sientes tu?

-Tengo miedo. Comencé a tener contracciones, pero solo tengo ocho meses, Freddie… hice algo mal, se que hice algo mal…

-¡Sam! Mi amor, no hiciste nada mal, vamos a esperar a ver que dice el doctor

-Freddie… si algo le pasa a Neall…

-Neall va a estar bien, tú vas a estar bien. Ahora ven –Se sentó al lado de ella en la cama para abrazarla. –Alterándote así no lograrás mejorar las cosas. La enfermera me dijo que los doctores están optimistas, eso es bueno

-Eso es bueno –Repitió en voz baja. –Eso es bueno

Quince minutos después un doctor entró, sosteniendo una tabla con hojas en las manos.

-Señor y señora Benson.

-Doctor ¿Qué pasa? ¿Qué pasa con mi bebé? –Preguntó de inmediato Sam.

-Su bebé se está adelantando señora Benson. Un parto prematuro. La buena noticia, es que no es tan peligroso como uno de siete meses, pero aún así, un mes es un mes, así que es probable que esté en incubadora unos días cuando nazca, depende de cómo salga en las pruebas al nacer

-Pero… ¿No podemos hacer que espere? ¿Tiene que nacer ya? –El doctor sacó unas placas radiográficas.

-Verá, el bebé perdió la cuenta de cuánto tiempo llevaba ahí dentro, está completamente posicionado para salir, por eso está teniendo contracciones, así que no podemos tenerlo ahí más tiempo, no nos lo permitirá y no comenzar con el proceso de parto ahora pondría mas en riesgo al bebé que si lo comenzamos y lo atendemos cuando ya esté aquí.

-Bien, entonces hagamoslo ya, si lo mejor es que salga ya, adelante –Dijo Sam con decisión, Freddie la miró, estaba tan orgulloso de ella.

-Bien, iré por mi equipo –Dijo el doctor y salió de la habitación.

Era el momento decisivo.

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Seis… siete… ocho… nueve… diez… once… doce… trece… catorce.

Catorce.

Esta contracción había durado catorce segundos y Sam se sentía cansada, pero decidida. El doctor le había inyectado oxitocina para acelerar la dilatación, y estaban por comenzar con la labor de parto.

Sabía que Freddie estaba intentando no mostrarse preocupado, seguía diciéndole que todo iba a estar bien, que el bebé estaría bien y ella también, pero la angustia en su mirada lo delataba y no era para menos, ambos estaban en riesgo, pero sobre todo Neall.

Cielos, si su bebé no lo lograba… no, no iba a pensar en eso. Lo que importaba ahora era concentrarse en el parto.

-Muy bien Sam, el bebé está más que listo, necesitas comenzar a empujar a partir de la siguiente contracción. ¿Estás bien? –Ella solo asintió, Freddie tomó su mano.

-Vas a estar bien mi amor, aquí vamos

-Aquí vamos –Repitió ella asintiendo de nuevo. –¿Dónde están los niños?

-Con Ana y con Kian, no te preocupes están bien. Tu concéntrate ahora en Neall.

-Sí, claro.

Lo rápido que estaban ocurriendo las cosas la asustaba, para empezar, el parto prematuro, y ahora, sentía que la oxitocina apenas había llegado a su torrente sanguíneo y ya estaba teniendo contracciones muy seguidas y muy rápidas. Después de dos partos sabía identificar en donde estaba el bebé, y Neall estaba casi afuera ya, podía sentirlo.

Una contracción más, llegó una contracción más y fue también la última. Sintió ese característico tirón seguido por el alivio y se dejó caer sobre las almohadas.

-Cielos, es tan pequeño… -Escuchó susurrar a Freddie, pero apenas lo registró, solo quería saber por qué Neall no estaba llorando ya.

-Doctor, doctor, Freddie… ¿Por qué no llora el bebé? –Freddie abrió la boca pero la cerró de nuevo sin saber que decir. Las enfermeras y el doctor estaban reunidos alrededor de su hijo. –Freddie… ¿Qué está pasando? ¿Por qué nadie me dice nada? ¿Por qué…?

Ahí estaba.

Neall anunció su llegada a este mundo con tan solo ocho meses de gestación pero con una potencia que hizo que Sam y Freddie soltaran un suspiro de alivio al mismo tiempo. El mejor signo de que el bebé iba bien era el llanto.

Aun llorando lo colocaron en brazos de Sam, envuelto en una cobija azul.

-Es tan pequeño –Volvió a susurrar Freddie inclinándose sobre ellos, Sam lo contemplaba, pasó un dedo por su carita y él bebé dejó de llorar.

Su cabello era rubio, como el de Natalie y como el de Sam, pero sus ojos eran marrones como los de Freddie y los de Nathan.

Por fin habían logrado hacer un bebé que tuviera rasgos de ambos.

-Se parece a Nathan –Dijo Sam. –También se parece a ti, pero a la vez es diferente a ustedes

-Es hermoso –Le contestó Freddie besando la cabecita de su hijo.

-Sam, tenemos que llevárnoslo ahora –Intervino el doctor –Aun no salimos completamente de la zona de peligro aunque ya casi. Tenemos que hacerle pruebas y necesita estar en la incubadora cuanto antes.

-Claro –Asintió Sam, besando la frente de su bebé. El doctor lo tomó y se lo llevó, prometiendo ponerlos al tanto en cuanto las pruebas arrojaran los resultados y del cómo había reaccionado Neall a la incubadora. Freddie miró fijamente a su esposa. -¿Qué?

-Luces agotada Sam –Se inclino para besarla.

-Solo quiero saber que Neall está bien

-Lo estará. Es mitad Puckett, es fuerte. Es fuerte como sus hermanos y como tú. Tranquila

-Ojalá pudiera estar tranquila. –Él no dijo nada más, solo tomó su mano, intentando decirle sin palabras lo que él mismo pensaba.

Te entiendo. Tampoco puedo estar tranquilo hasta que sepa que está bien.

Media hora más tarde una enfermera había ido por Sam, Neall necesitaba de la leche materna para poder nutrirse y agarrar fuerzas, así que Freddie regresó a la sala de espera con Ana, que estaba ahora con Brian.

-¿Cómo están viejo? –Preguntó Brian soltando la mano de Ana.

-Sam está bien, se la llevaron para que amamante a Neall, él está algo delicado, creo. Va a estar en la incubadora unos días y bueno, en un rato nos dirán los resultados de los análisis.

-Cielos, espero que todo salga bien

-Gracias Brian. ¿Dónde están mis hijos?

-Kian los llevó a comer, es algo tarde ya, Nathan está realmente preocupado Freddie, deberías ir a verlo, están en la cafetería del hospital.

-Claro, ¿Ustedes no vienen?

-Creo que mejor nos quedamos aquí por si sale a buscarte algún doctor, te avisaremos

-Gracias Brian. No tardo –Y salió disparado rumbo a la cafetería, desde afuera vio a sus hijos sentados en una mesa con Kian, Nathan miraba la comida frente a él, y Natalie mordisqueaba un pedazo de pan. Caminó hasta ellos y cuando lo vieron ambos saltaron de sus sillas para correr a abrazarlo.

-¡Papá! ¿Cómo está mi mamá? –Preguntó Nathan inmediatamente.

-Mamá está bien ahora campeón.

-¿Y Neall?

-Bueno, él estará bien. Está un poco delicado pero van a ponerlo en una incubadora y le darán vitaminas y demás cosas, va a estar bien –Cargó a Natalie que se aferraba a su pierna.

-¿Todo bien Freddie? –Kian lo miró seriamente.

-Lo estará viejo, todo va a estar bien…

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Dos semanas después de su nacimiento, Neall Stephen Benson estaba dejando el hospital general de Dublín en brazos de su padre, seguido de su madre y sus hermanos.

Había casi doblado su peso gracias al esfuerzo de los médicos y de su mamá, las pruebas habían arrojado resultados positivos y la incubadora había cumplido su objetivo. Había pasado el peligro, Neall estaba bien y estaba yendo a su hogar con su familia.

-¡Donn, Neall llegó a casa!

-Nathan hijo, no grites. Asustas a tu hermano

-Lo siento papá –Freddie colocó a Neall en la cuna portátil de la sala y regresó para ayudar a Sam con la pañalera y sus demás cosas.

-Oh es tan genial estar por fin en casa –Se sentó en el sofá ayudada de su esposo -¡Pásame a mi bebé!

-Ya voy, ya voy –Freddie tomó de nuevo a Neall para colocarlo en brazos de Sam. Él bebé comenzó a sollozar levemente y Donn levantó las orejas, curioso y se acercó hacia ellos para ver de cerca a la criatura que hacía esos ruidos extraños. –¿Qué pasa Donn?

-¡Quiere conocer a Neall! –Dijo Nathan –Convivir con mascotas le ayuda a crear anticuerpos para que no se enferme tanto

-Pues a Donn parece preocuparle que llore –Dijo Sam sonriendo al ver como Donn lloraba quedamente mientras contemplaba al bebé y lo olfateaba desde lejos. –Muy bien pequeño, a comer.

Freddie suspiró satisfecho, observó a Nathan arrodillado al lado de su perro viendo a su hermano mientras Natalie se había acomodado al lado de Sam en el sofá.

Esa era su familia.

Sam levantó la mirada dándose cuenta de la forma en la que Freddie los miraba y sus ojos se engancharon. Supo que era lo que estaba pensando su esposo.

Esta es nuestra familia. Somos muy afortunados.

Te amo.

Y ella también lo amaba.

Y estaban juntos.

"El lugar donde nacen los niños y mueren los hombres, donde la libertad y el amor florecen, no es una oficina ni un comercio ni una fábrica. Ahí veo yo la importancia de la familia."

-Gilbert Keith Chesterton

FIN

Y ha terminado oficialmente.

De nuevo, no me canso de darles las gracias chicos. Espero puedan dejar un ultimo review en esta historia. Por cierto me gustan los reviews largos son mis favoritos.

Esta historia me gustó mucho chicos, me divertí escribiéndola, y quiero saber que significó para ustedes.

Ahora… tal vez tenga algo nuevo…

Tal vez esté escribiendo algo que ustedes me pidieron…

Tal vez….

Freddie tuvo que arrastrarse fuera de su tranquilo sueño. Su teléfono sonaba con insistencia, sabía que no era aun la hora de levantarse porque el reloj de su buró marcaba las 2:45 am.

Tomó su teléfono justo cuando dejaba de sonar. Era Sam. Miró el registro, tenía más de diez llamadas perdidas desde la 1:30 am así que debía ser algo importante. Iba a marcarle de vuelta cuando el teléfono comenzó a sonar de nuevo y contestó enseguida.

-¿Hola? Sam…

-Oh por dios, oh cielos, Freddie, contestaste, por fin… oh por dios –Sollozaba la chica del otro lado de la línea. Pero Freddie reconoció otra voz, no era la de Sam.

-¿Cat? ¿Qué pasa? –Cat intentó decir algo pero los fuertes sollozos no la dejaban hablar.

-Sam… Freddie… es Sam… -Logró decir por fin.

-Cat, por favor respira, tranquilízate. Dime que pasa

-Freddie… Sam fue arrollada por un auto…

-Cat, por favor ya no juegues con eso, la ultima vez dijiste lo mismo y solo fue un juego tuyo y de Sam…

-¡Freddie! –Le gritó Cat. -¿No me escuchas? Por favor créeme Freddie –Freddie frotó sus ojos para alejar el sueño por completo. Se obligó a pensar: si esto no fuera en serio, Cat no estaría en ese estado, apenas y podía hablar. –Sam venía camino a casa, ya tarde, casi a media noche. Fue a dejar al último niño del día a su casa porque su mamá no podía pasar por él y nos pagaría extra. De regreso pasó por la cena. Freddie… un auto se pasó una luz roja en el semáforo, en una intersección… Sam salió volando, es lo que dicen, el casco la protegió pero aun así Freddie… está muy mal… no despierta, perdió tanta sangre… oh cielos Freddie… había tanta sangre… ella estaba a unas cuantas cuadras de casa… estaba tan cerca… Freddie… por favor créeme… tienes que venir, no se a quien más llamar, no tengo el numero de su mamá o de Melanie…

-Cat –La interrumpió Freddie cuando logró recobrar el habla. –Tranquila Cat, ya mismo salgo para allá ¿Me escuchas? Sam va a estar bien, tiene que estar bien, ella es fuerte, puede lograrlo…

Y lo siguió repitiendo para darse consuelo a sí mismo.

¿Quién quiere saber que sigue de esta historia? ¿Cómo se llama? ¿De qué trata?

Esta semana salgo de vacaciones, y quienes tengan ya tiempo conmigo saben que las vacaciones son mis periodos más productivos y ¡Boom! Escribo mucho.

Así que… ¿Nos leemos pronto?