NOTAS: Muchas gracias por los comentarios que me hacéis llegar. También gracias por continuar leyendo esta historia. Como no sé si antes de que acabe el año terminaré el siguiente capítulo (lo más probable es que no), les quiero desear un feliz fin de año/año nuevo. Disfruten y como siempre espero vuestras críticas, comentarios, sugerencias...
—Aguanta un poco más —le dijo esbozando una mueca de dolor.
Tamsin sostuvo el cuerpo inmóvil de Kenzi entre sus brazos con fuerza mientras la sacaba de su vehículo con sumo cuidado. Su hombro dolía horrores y se le escapó un ligero grito cuando lo movió para sujetarla con más firmeza. No le dio más importancia a nada que no fuera entrar a toda prisa en el Dal.
Hale y Trick, que estaban en una mesa del fondo con algunas personas más, se dieron la vuelta y se quedaron mirando hacia la figura ensangrentada de Tamsin sujetando a alguien entre sus brazos.
—¿Kenzi? —gritó el sireno.
—¡Esa humana! —la figura de la Ash emergió de pronto detrás del fae—. ¡Esa es la humana que trajo la caja que provocó la explosión!
Aela tenía casi el mismo aspecto que la valquiria. Su piel tiznada de negro, con rastros rojos de sangre, su ropa sucia con jirones de tela colgando de allí y allá…
—Esa humana será condenada a muerte por lo que acaba de hacer —volvió a hablar la Ash.
—Hale, no —murmuró Trick sujetándolo antes de corriera al lado de Tamsin, cuando vio los ojos de ésta comenzar a oscurecerse. Los presentes sintieron la temperatura caer dos o tres grados.
—Atrévete tan siquiera a acercarte a ella —comenzó a decir llena de ira la valquiria— y te juro que te obligaré a usar tus propios poderes en tu contra, arconte.
—Estás amenazando a la Ash, ¿quieres acabar también ejecutada? —le dijo de forma arrogante.
—¿Ash? Un farsante, diría yo —le contestó la otra imitando su tono.
—Tamsin… —trató de llamar la atención Trick.
—Relájate, valquiria —volvió a hablar la Ash manteniendo una postura arrogante e intimidatoria—. Tú conoces de sobra nuestras leyes y lo que ocurre cuando un humano nos traiciona. La muerte.
—Ella no es humana, es fae —dijo la rubia acentuando cada palabra.
—¿Cómo? —dijeron casi al unísono Hale y Trick.
—Y es de las Sombras —volvió a hablar—, deberás consultar con la Morrigan cualquier problema que tengas con ella.
—No podrás esconderte detrás de la Morrigan para siempre —la amenazó Aela.
—Tamsin, lleva a Kenzi al piso inferior —le dijo Trick tratando de mantener la calma.
La valquiria retiró su mirada de la Ash y se apresuró en moverse hacia el piso inferior. Hale no dudó ni un segundo en seguirla y ayudarla a bajar las escaleras. Cuando ambos se perdieron al fondo del Dal, la Ash dirigió una mirada furiosa a Trick.
—¿Vas a ponerte de parte de las Sombras? —le incriminó Aela al sabio de sangre.
—Dijo aquella que prometía la paz y unión entre Luces y Sombras —replicó el hombre—. Este es un lugar neutral y si quieres protección debes respetar mis normas.
—Solo hasta que sepa que mi vida no corre peligro —le dijo ella lentamente—, pero demostraré que esa flaca y paliducha fue la que trajo la caja al complejo de las Luces y entonces vas a tener muchos problemas.
—Mientras tanto —le respondió con una falsa sonrisa—, toma asiento y deja que te traiga una bebida.
Aela dirigió la mirada a los dos agentes malheridos que la habían acompañado hasta allí.
—Id a buscar las cintas de seguridad y revisarlas para ver si esa humana, supuesta fae, fue la que trajo la caja —les ordenó y enseguida corrieron a obedecer sus órdenes.
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—¿Por qué la has traído aquí? —le dijo Hale ayudándola a sujetar a Kenzi y ofreciéndose como apoyo para que Tamsin pudiera caminar.
—No le gustan los hospitales —murmuró la valquiria—. ¿Y qué diablos hace la Ash aquí? ¿Trick se ha vuelto loco?
—Vino pidiendo Santuario y todo estará bien si no baja hasta aquí —contestó Hale.
Antes de que les diera tiempo a llamarla, Lauren apareció, saliendo rápidamente de la habitación donde se escondía, en cuanto escuchó sus voces.
—¡Oh, cielos! —exclamó inmediatamente después de ver el cuerpo inmóvil de Kenzi entre los brazos de Tamsin—. ¡Rápido, acostadla en una de esas camas! —les ordenó Lauren señalando al interior del dormitorio.
Hale ayudó a la valquiria a colocar a la gótica sobre la cama con cuidado, y acto seguido, la fae se derrumbó en el suelo con un quejido de dolor.
—¡Tamsin! —exclamó él alarmado.
Lauren se agachó a su lado y la valquiria la empujó hacia la cama con una expresión de dolor en su rostro.
—Estoy bien —le dijo a media voz—, ve con ella.
La doctora asintió lanzando una maldición por la actitud hosca de Tamsin. Rápidamente se puso en pie y se dirigió hacia la cama, donde estaba Kenzi. La valquiria escuchó su voz apagada junto con la de Hale y vio sus sombras moverse deprisa por la habitación. De pronto, sus ojos se había vuelto pesados y le costaba tenerlos abiertos. Lo último de lo que fue consciente, fue unos brazos que la levantaron, probablemente Hale.
Estaba sentada en los jardines de Asgard, con el palacio del Valhalla a su espalda. El verde cubría todo el espacio. Pequeñas flores silvestres salpicaban en paisaje y, frente a ella, el gran lago de las valquirias se extendía más allá de donde alcanzaba la vista. Sin embargo, no era cómo lo recordaba. Todo estaba lleno de colores vivos, las aguas del lago no estaban teñidas de rojo, como siempre, eran cristalinas y brillaban bajo la luz que emitía el cielo. La fae pasó los dedos sobre la superficie, creando ondas a su paso. La temperatura del agua era tibia y agradable, la sensación produjo una sonrisa en su boca, que pronto se borró.
—¡Brynhild! —escuchó a una voz detrás de ella.
La valquiria se dio media vuelta, mirando hacia atrás, y vio a su compañera de pelo anaranjado correr hacia ella.
—¿Antalya? —dijo Brynhild preocupada al ver su gesto de alarma.
La otra valquiria llegó sin aliento hasta ella, y tomando sus manos, la miró a los ojos seriamente.
—Brynhild, alguien está cruzando el Yggdrasil para llegar a nuestro plano.
—¡Eso es imposible!
—Lo sé, pero…
De pronto el cielo se oscureció y se oyó un trueno lejano. Las dos valquirias dirigieron sus miradas hacia el lago y observaron cómo sus aguas comenzaron a teñirse de un color opaco y a formar ondas cada vez más grandes.
—¡Llama a los demás! —ordenó Brynhild—. ¡Diles que se preparen!
Antalya hizo un ademán de protesta, pero la otra valquiria la empujó para que corriera a avisar a los habitantes de Asgard.
Los ojos verdes de Brynhild se fijaron con horror sobre el agua. Ésta se movía cada vez más, hasta que distinguió una figura que comenzó a emerger a la superficie. Su pelo negro fue lo primero que vio, largo, que caía por detrás de su espalda. El agua corrió por las curvas de su cuerpo mientras se elevaba, revelando la imagen de una mujer con una fina túnica que la cubría.
—¿Quién eres? —le gritó Brynhild.
No hubo respuesta. La mujer caminó hacia ella, abriendo los ojos lentamente, unos ojos que brillaban de un color azul intenso.
—Yo soy tu Rey —le dijo con una voz grave que no parecía para nada femenina—. Vas a servirme durante el resto de tus días y yo te daré una vida más allá de este mundo.
—¿Cómo has podido usar el Yggdrasil para llegar aquí? —dijo la valquiria tratando de parecer intimidante.
—Tengo el poder necesario para poder usarlo y viajar por los diferentes planos que existen —contestó acercándose a ella de forma sugerente—. Tú. —Se quedó mirando hacia Brynhild con curiosidad—. Eres una criatura extraordinaria. —Tomó su rostro con delicadeza y se acercó más ella—. Tú serás mi primera guerrera y de ti nacerá un nuevo futuro.
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Bo llegó dos horas después al Dal. Entró en carrera al bar y se extrañó encontrarlo vacío a aquellas horas. Solo había una mujer de pelo negro, que le llegaba sobre los hombros, sentada cerca de la barra. La susodicha se giró sobre el taburete donde estaba para poder mirar a la persona que acababa de aparecer en la estancia. Bo se encontró un rostro con rasgos finos e infantiles y, sin duda, muy hermoso. Sus ojos eran marrones, pero muy claros, tan claros que con el brillo de la luz parecían verdes.
—El bar está cerrado —le habló con voz melodiosa.
—¿Trick? —lo llamó Bo a voces, sin apartar la mirada de los ojos de la misteriosa mujer.
El hombre enseguida apareció y se plantó ante ella.
—Bo —dijo simplemente al verla—. ¿Te has enterado de lo que ha pasado? —añadió rápidamente.
—¡La súcubo sin bando! —exclamó la mujer antes de que la otra pudiera contestar a su abuelo.
—Sí —le habló con tono intimidatorio mientras le dirigía una mirada —, ¿quién demonios eres tú?
—Aela Keogh —le respondió con cierta arrogancia—, la Ash.
—¿La Ash? —dijo con alarma mirando hacia Trick.
—Tranquila, todo está bien —le respondió rápidamente a Bo, tratando de hacerle entender que Lauren no corría peligro.
—¿Dónde está Kenzi? —preguntó la súcubo concentrándose en lo que realmente le preocupaba en aquel instante.
—Está abajo con Tamsin y Hale.
Antes de que acabara de hablar su abuelo, Bo ya corría hacia la planta baja. Las escaleras se movieron rápido bajos sus pies, y lo primero que se encontró al llegar al habitáculo donde se encontraban las habitaciones, fue a Lauren caminando mientras cargaba con una maleta de tamaño mediano.
—¡Lauren! —exclamó al verla.
La doctora se dio media vuelta, y en cuanto sus ojos se encontraron con los oscuros de Bo, dejó la maleta en el suelo y se dirigió rápidamente hacia ella. La súcubo cubrió con sus manos las mejillas de ella y plantó un beso breve en sus labios.
—¿Dónde está Kenzi? —preguntó con apremio.
Lauren sonrió y colocó sus manos sobre las de Bo con delicadeza, tomándolas entre las suyas y bajándolas hacia abajo.
—Está bien —le dijo sin borrar su sonrisa—. Despertó y ahora está hablando con Hale.
—Quiero verla.
—Lo sé —le dijo con una sonrisa—, pero déjalos hablar un momento a solas. —Bo asintió a regañadientes—. Dime, ¿qué tal fue el interrogatorio? —le preguntó aprovechando el tiempo en el que esperaba a que Hale acabara de hablar con Kenzi.
—Creo que bien —respondió dejando salir un largo suspiro—, tienen la imagen de una mujer de pelo negro saliendo del callejón donde mataron a Vex, pero yo tengo a mi favor las veces que le salvé el culo a ese mesmer —dijo con cierta pena en sus palabras al hablar de él. Bo bajó la vista hacia el suelo un momento y luego subió los ojos de nuevo hasta los de Lauren—. Con el asesinato al Morrigan y el atentado a la Ash… —la súcubo se detuvo insegura de si podía pronunciar aquellas palabras.
—¿Qué pasa? —la alentó Lauren acariciando su rostro amorosamente.
—Tengo miedo de que mi madre tenga que ver con todo esto —confesó Bo bajando de nuevo la vista al suelo.
La doctora bordeó a la súcubo entre sus brazos y ella correspondió el abrazo con más fuerza. Bo sonrió a través del pelo rubio de la otra, que quedó pegado a su cara. Nunca se cansaba de sentir a la humana tan cerca.
—¿Interrumpo? —escucharon decir a Hale.
Las dos se separaron, pero siguieron agarrando sus manos, y dirigieron su mirada hacia él.
—¿Está bien? —preguntó Bo refiriéndose a Kenzi.
—Con ganas de devorar una gran hamburguesa —respondió el sireno con una enorme sonrisa.
—Está bien —dijeron al unísono Bo y Lauren, compartiendo una mirada cómplice.
—Voy a verla —le dijo la súcubo a la humana, plantándole un beso en la mejilla.
En cuanto Bo se metió en la habitación, el rostro de Hale se volvió serio, y la doctora se dio cuenta.
—¿Estás bien? —le dijo al sireno.
—Solo preocupado por esto de que Kenzi es fae, ¿tú lo sabías?
—Lo vi con mis propios ojos y le prometí que le haría algunos estudios para estudiar su condición, pero necesito el equipo adecuado —le respondió hundiendo los hombros—. ¿Te lo contó?
—Estuvimos hablando de eso, me hizo jurar que no le diría nada a Bo, que sería ella quien se lo contara, pero… No sé —añadió negando con la cabeza.
Lauren apoyó su mano sobre el hombro del fae, tratando de darle consuelo.
—Se está curando rápido y hasta ahora no ha tenido síntomas por los que preocuparnos. En cuanto pueda hacerle algunas pruebas, estaremos más tranquilos.
—Gracias, doc. —Hale suspiró, moviendo su mirada por todas partes hasta que volvieron a los ojos de Lauren—. Lo siento por haber sido un completo idiota contigo.
La doctora curvó sus labios en una sonrisa y afianzó la mano en su hombro.
—Tú trataste de salvarme cuando los faes me condenaron a muerte, estamos en paz.
—Siento que si me hubiera comportado de otra forma…
—Taft habría encontrado la manera de llevarme con él de cualquier forma —lo interrumpió ella—. Todo está bien entre nosotros y poco a poco todo vuelve a estar en su sitio.
Hale abrazó efusivamente a Lauren. La doctora no se lo esperó y se tambaleó un poco. Después de unos segundos, se separaron y se miraron con una sonrisa.
—Vayamos a resolver nuestro siguiente drama —bromeó él.
—Y mientras tanto iré a curarle las heridas a la cabezota de Tamsin —dijo ella en tono divertido.
—Mucha suerte —rió él—. Si necesitas que la sujete avísame.
Lauren dejó salir una carcajada mientras tomaba de nuevo su maleta y se dirigía a la habitación donde estaba la valquiria.
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—¡Bo-bo! —exclamó Kenzi al ver a su amiga entrar.
—Me diste un buen susto, ¿sabes? —le dijo sentándose en la silla que estaba al lado de la cama.
Bo observó a su mejor amiga acostada sobre la cama, con múltiples vendajes y algunas raspaduras en la piel libre. También se dio cuenta que, a pesar de la sonrisa que lucían sus labios, había algo que perturbaba su aparente felicidad.
—¿Qué te pasa? —preguntó la súcubo.
Kenzi desvío la mirada hacia la pared y suspiró varias veces. Bo notó el nerviosismo en sus gestos, y rápidamente, trató de calmarla colocando la mano sobre la de ella.
—Cuéntame —le dijo en un susurro.
—Bo, a ti no te puedo mentir… —contestó de pronto su amiga—. Tamsin marcó a Evony para poder manejarla y yo la ayudé a romper esa marca.
—¿Ayudaste a Evony? —preguntó de forma prudente la súcubo—. ¿Por qué?
—Porque ella es una leanan sídhe —confesó volviendo su mirada hacia los ojos de Bo— y si haces un trato con ella, en algún momento tendrás que cumplir tu parte del trato si no quieres morir.
—¿Un trato? —exclamó incrédula su amiga—. ¿Hiciste un trato con esa mujer?
—No supe donde me metía cuando lo hice —dijo avergonzada y con la voz temblorosa.
—Eh, tranquila —le respondió la súcubo con más calma—. Cuéntame lo que pasó.
—¿Recuerdas cuando estabas con ese novio tuyo, Ryan Lambert? —Bo asintió acordándose de ese loki—. ¿Cuándo salimos tú, Ryan, Nate y yo?
—Sí, Nate, tu novio… ¿Qué pasó?
—A él le gustaba la música y a Ryan le pareció buena idea llamar a la Morrigan para que le ofreciera un contrato.
—¿Qué? —volvió a decir alarmada Bo—. ¿Por qué no me dijiste nada?
—No pasó nada —trató de calmarla Kenzi—, convencí a esa bruja de que lo dejara en paz y ella me dijo que a cambio le debería un favor que ella se cobraría cuando quisiera.
—Pero no sabías lo que estabas haciendo. Ella como siempre estaba jugando —dijo con rabia—. Si me lo hubieras contado le habría partido la cara a ese loki.
—Igualmente le debería un favor y tuve que traicionar a Tamsin para salvar mi culo. Yo… Debería…
—Tranquila —le dijo su amiga con una sonrisa—, Tamsin lo entenderá.
—Tamsin hizo muchas cosas por Lauren y por mí mientras tú no estuviste. Ella no se merecía lo que le hice.
—No le hiciste nada, ella está bien, estará cabreada, lo más probable, pero tiene que entender que no tenías otra opción. Ya buscaremos otra forma de mantener a esa maldita de Evony a raya.
—Pero tenía razón… —dijo en un suspiro Kenzi.
—¿De qué?
—De que no debería haberme fiado de esa maldita mujer.
—¿Esa tipa te hizo algo más? —preguntó Bo con la voz llena de preocupación.
—El complejo de las Luces hizo kabum por la caja que me mandó a llevar…
—¿QUÉ? —gritó Bo poniéndose repentinamente de pie—. ¿QUÉ HIZO QUÉ?
—Bo —le susurró tratando de calmarla.
—Voy a ir a hablar con esa mujer…
—Cariño…
—No te preocupes —la interrumpió Bo—, aclararé este asunto y no te pasara nada. Te lo prometo. Tú descansa, ¿vale? Yo iré a tener una cálida y poco amable charla con esa mujer.
Kenzi asintió y Bo se acercó hasta ella para besar su frente. Luego, se quedó cerca para observarla con una sonrisa que tranquilizó un poco a la gótica.
—Ahora yo estoy aquí y no te pasara nada más —le susurró la súcubo tomando con cuidado su rostro.
—Por favor, no te metas en problemas por mi culpa —le dijo Kenzi con la voz temblorosa.
—Descansa —fue lo único que le dijo Bo mientras se incorporaba para luego salir de la habitación.
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Tamsin arrugó la cara cuando Lauren colocó el algodón con alcohol sobre su ceja. La doctora sonrió al ver su gesto de queja y la valquiria tornó los ojos en blanco, molesta. La humana dejó escapar una risa por su actitud y la fae solo dejó escapar un suspiro resignándose a la situación.
—Hace días que no sé nada de ti y de pronto te apareces así… —comenzó a hablar Lauren.
—Me gusta llamar la atención de vez en cuando —contestó la valquiria con gracia.
Lauren volvió a sonreír y dejó salir una ligera carcajada.
—¡Vaya! —exclamó la fae—. Qué fácil ha sido arrancarte una sonrisa, supongo que cierta súcubo habrá tenido algo que ver.
—Supones bien —dijo tomando un nuevo algodón para limpiar la herida de su frente.
—Así que estáis… ¿juntas?
—Gracias a ti —contestó casi en un susurro.
—¿Mi? —dijo de forma divertida Tamsin.
—Tú me dijiste que no pusiera más obstáculos de los que existían entre nosotras, así que fuimos a por ello.
—Bien por vosotras.
—Pero existen obstáculos y llegará el momento de enfrentarlos y no sé si seré capaz —confesó la humana con la voz apagada.
Tamsin alzó las cejas incrédula por la situación. ¿Es que Bo y Lauren la habían tomado como consejera amorosa? La valquiria se llevó los dedos a la sienes y las masajeó con cuidado. Había dormido muy mal últimamente con sus extraños sueños y no estaba de humor para aguantar los dramas amorosos de nadie.
—Yo no sé, doc, mis relaciones han sido un desastre, las que no han acabado con uno de los dos muertos —dijo con una sonrisa llena de melancolía—. De todas formas, ¿qué haces tú aquí con la Ash arriba? —preguntó con la urgencia de cambiar de tema.
—No te preocupes, sé que en el fondo no quiere hacerme daño.
—¿Qué? —exclamó perpleja la valquiria al escuchar sus palabras.
—Cuidó de mí cuando peor lo estuve pasando y…
De pronto, Tamsin agarró con fuerza uno de los brazos de Lauren. La doctora dejó de hablar por un momento y observó cómo se movieron los músculos del rostro de la fae.
—Maldita zorra —murmuró la valquiria aflojando el agarre en el brazo de la humana.
—¿Qué pasa? —le preguntó ella sin entender.
—Cuando las luces te reclamaron de nuevo, ¿en qué momento comenzaste a sentirte peor, con menos ganas de todo, más depresiva…?
—Después de llegar a mi antiguo departamento de nuevo.
—¿Hablaste con la Ash antes? ¿Le miraste a los ojos?
—Yo… Hablé con ella, sí… ¿Qué estás insinuando?
—Usó sus poderes para llevarte hasta el límite y así tú quisieras suicidarte para ella salvarte. Hija de puta… Lo usó para manipularte.
—Eso… —dijo Lauren frunciendo el ceño mientras pensaba en todo lo que sabía de los arcontes—. Tiene bastante sentido —admitió con pesar.
—Mejor que no te acerques a ella y te mantengas bien escondida aquí abajo hasta que se vaya.
—Sí, esconderme y huir… Se me da bien —murmuró bajando la cabeza.
—Tu novia buscará una forma de solucionar esto, se le da bien, es más diplomática que yo…
—Hablando de Bo —dijo Lauren levantando de nuevo el rostro—. Tiene unas pesadillas muy vívidas desde que… tú y ella…
—Ah —entendió la valquiria rápidamente—, cuando «eso». ¿Pesadillas? —preguntó frunciendo el entrecejo.
—¿Pasó algo extraño, diferente…?
—No, fue… intenso y…
—Sí, sí, me hago una idea —la interrumpió Lauren evitando imaginarse la escena.
—No pasó nada especial —añadió la valquiria encogiéndose de hombros—. Puede ser un efecto de su estancia en Helheim o su viaje a otros planos.
—Eso pensé —concluyó Lauren recogiendo los algodones usados.
Tamsin siguió con la mirada los movimientos de la doctora mientras recogía los utensilios que había utilizado para limpiar sus heridas. La valquiria le había mentido a Lauren, por supuesto que pasó algo diferente, debía ser la explicación a ver a Bo en sus sueños y la causa de los mismos sueños. Debía ser la señal de que lo que le había hecho a la súcubo había funcionado.
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La puerta de su despacho se abrió de repente y Evony se sobresaltó por el ruido que hizo al abrirse. La líder fae observó con sorpresa a Bo emerger sin ningún reparo y, con paso enérgico, entrar y dirigirse hacia ella.
—¿Qué demonios haces aquí? —pregunto Evony molesta—. ¿Cómo has entrado?
—La próxima vez contrata a guardias anti-súcubos, ya te lo dije la primera vez —le contestó con arrogancia la súcubo.
—Más vale que hables rápidamente antes de que te mande a unos calabozos por esta intromisión —le dijo la otra poniéndose en pie.
—La que va a tener que hablar rápido vas a ser tú, cabrona —la amenazó la súcubo mientras sus ojos se tornaba a azules.
Bo dio un salto enérgico sobre la mesa de la Morrigan y se abalanzó sobre ella tirándola al suelo e inmovilizando sus brazos.
—¿Es que quieres morir? —le gritó Evony tratando de oponerse, pero la súcubo era más poderosa de lo que recordaba.
—¡Me vas a explicar por qué mandaste a Kenzi con esa caja para volar por los aires el complejo de las Luces y atentar contra la Ash!
—¿Qué? —dijo la líder fae perpleja—. ¿Fue esa caja?
—Oh, Evony, no te hagas la tonta —contestó Bo perdiendo la paciencia—. ¿Por qué lo hiciste?
—La caja llegó aquí por error, iba dirigida al complejo de las Luces —respondió furiosamente la mujer—. ¡Échale la culpa al servicio de mensajería fae, no a mí!
—Eres una… ¡¿Cómo te atreves a mentirme tan descaradamente?! —gritó Bo sin control.
La súcubo llevó sus manos hacia el rostro de Evony y lo agarró con fuerza, clavando los dedos pulgares sobre su garganta y presionando el cuerpo de la Morrigan con el suyo propio para evitar que escapara.
—Mi fama no me precede —le dijo con poca voz—, pero estoy hablando en serio. ¡No tuve nada que ver!
—Maldita zorra mentirosa —la insultó Bo—. Van a condenar a mi amiga por tu culpa.
—¡Es probable que fuera ese grupo anarquista fae, Dögun! —chilló la Morrigan tratando de convencer a Bo.
El rostro de la súcubo tenía algo siniestro y familiar, algo en lo que nunca había reparado antes. Evony sintió escalofríos en su cuerpo. Solo hubo una vez en la que había sentido miedo, una sensación parecida a la que estaba sintiendo ahora. Fue aquella vez en la que se le ocurrió la estúpida idea de proteger la vida de Tamsin con la suya propia.
La súcubo se levantó, y con una fuerza inesperada, tiró del cuerpo de Evony hacia arriba y lo lanzó contra la mesa. La mujer se golpeó contra el borde en un costado y luego cayó al suelo. Bo se apresuró en colocarse de nuevo sobre ella y volver a sujetar su cara entre sus manos.
—Voy a disfrutar muchísimo de tu muerte —la amenazó agarrando con más fuerza su rostro.
Los ojos de Bo brillaban azules, llenos de furia, sobre la cara de Evony. La líder de las Sombras arrugó su rostro de dolor, era bastante probable que la maldita súcubo le hubiera roto una o dos costillas. Supo que no estaba fanfarroneando, hablaba en serio. Bo estaba fuera de control.
—No vas a matarme —dijo con dificultad la leanan sídhe.
La súcubo rió sonoramente, burlándose de sus palabras.
—No lo harás cuando oigas lo que tengo que decirte sobre tu novia —volvió a hablar la líder fae.
—¿Qué me va a impedir matarte ahora mismo? ¡Habla! —le dijo con brío.
—¿Por qué crees que el antiguo Ash quería esclavizar a Lauren?
—Porque era realmente lista, descubrió la existencia de los faes y curó una epidemia. Era útil para él —le respondió la súcubo con palabras llenas de furia.
—Si fuera por inteligencia, él habría esclavizado a Stephen Hawking. Piensa: ¿por qué yo tenía la clave para salvar a Nadia y así romper su vínculo con el Ash?
—¿Porque eres una zorra manipuladora?
—Aparte de eso —dijo con una risilla.
—No estoy de humor para tus estúpidos juegos y no estás en una posición muy favorable para hacerme cabrear más de lo que estoy.
Evony dejó salir un suspiro entre sus labios sintiendo la presión de las manos de la súcubo cada vez más fuerte contra su mandíbula.
—Siempre has sido tan visceral…
—¡Habla! —le ordenó con un grito furioso.
—Mi hija —respondió con dificultad por la presión de los dedos de Bo—. Lauren es mi hija.
Lamento comunicarles que me tengo que tomar un pequeño hiatus por los exámenes, pero antes publicaré un capítulo más (el siguiente) que sé que os va a gustar, al menos por algunos comentarios.
