CAPÍTULO 33
LA BATALLA POR EL MUNDO REAL VIII
LOS SENTIMIENTOS DE MILLY
Max permanecía sentando en una de las púas de la torre principal, mirando la ciudad y recordando los acontecimientos de las últimas semanas. Para empezar, Ulrich y sus amigos habían destruido las cuatro torres que daban potencia a la central, por lo que ya solo les quedaba atacar esta. Luego, Max había abandonado la guarida en la que estaba con Milly y los otros, para atender sus asuntos como guerrero de X.A.N.A, y no sabía nada de los que allí estaban.
Había dado orden a las criaturas de no acercarse y de dejar alimento de vez en cuando, para que tuvieran para sobrevivir. Le apetecía volver para ver como estaban todos, sobre todo Milly, pero dando cuenta todo lo que había pasado, si se marchaba, X.A.N.A podría enviar a un monstruo para seguirle y descubrir donde estaba ella y era algo que no podía permitir.
Aún no había sacado nada en claro de porque Milly era tan importante, ni tampoco los otros. Solo eran unos objetivos especiales, nada más, pero no conseguía hallar nada que los relacionara, ya que había mucha diferencia de edad, así que el nacimiento no podía ser. Es más, muchos capturados tenían una cruz roja en su fotografía, mientras que otros tenían un círculo. ¿Será que X.A.N.A no sabe exactamente a quién esta buscando?
A su espalda apareció Black Dog, quien no le pillo desprevenido.
- ¿Qué quieres? – Le preguntó, con tono seco.
- Te toca patrullar la ciudad para encontrar algún rebelde espía. Ya sabes, lo de cada noche.
- ¿No le tocaba a tu hermana?
- Esta, bueno… ya sabes.
- Si X.A.N.A se entera, tendréis problemas.
- Lo mismo que si se entera que has estado husmeando en su archivo.
Max rió por lo bajo.
- Yo no le tengo miedo a X.A.N.A
Ulrich descansaba tirado sobre la azotea de la academia. Acaban de tener una reunión para decidir el plan que usarían mañana para atacar la torre central y acabar con X.A.N.A de una vez por todas. Pero la parte táctica se la dejaba a Jeremy y Jim, quien decía que había sido sargento durante la guerra de Vietnam, dirigiendo a los batallones sobre el terreno con sus estrategias implacables.
Pero él tenía en otras cosas en las que pensar, como que por fin iba a poder encontrar a Yumi. No estaba en ninguna de las cuatro torres menores, así que solo podía estar en la central. Y ahora por fin iban a poder rescatarla.
- Sabía que estarías aquí.
Ulrich ni se molestó en levantarse para recibir a Sissi, quien se sentó a su lado.
- ¿Estás pensando otra vez en Yumi?
- Tiene que estar en la torre principal, junto con el resto. Ya no quedan más sitios a donde la hayan podido llevar.
- Entonces, mañana se acabará todo… - suspiró, triste.
- ¿Qué te pasa? ¿No te alegras que todo vaya a terminar? Al fin podremos volver a una vida normal.
- No es eso… sé lo que pasará, Odd me lo dijo. Derrotaréis a X.A.N.A, lo enviaréis a Lyoko de vuelta con un virus, y después usaréis la vuelta al pasado para dejarlo todo como antes.
- Si, esa es la idea. No podemos dejar la ciudad destruida.
- ¿Y qué pasará con nosotros, Ulrich? – Le preguntó, casi llorando - ¿Me olvidaré de todos estos días que hemos pasado juntos?
Ulrich pensó por un momento la respuesta, era un tanto delicado decirle que así iba a ser, tal y como ella temía. Iba a hablar cuando Sissi le plantó un beso en los labios y luego se tiró encima de él, abrazándole.
- ¡No quiero perder todos estos días! ¡No quiero que me dejes!
- Pero, Sissi…
- Cuando rescates a Yumi… cuando todo vuelva a ser como antes… seguro que irás detrás de ella otra vez y… y… ¡te olvidarás de mí! – Sollozó.
Ulrich la rodeó con sus brazos. Era cierto, en las últimas semanas habían cambiado muchas cosas. Sobre todo la relación entre ellos dos. Tras el ataque a la primera torre, en la que se encontraron por primera vez con el Berseker, y Sissi le protegió, se comenzó a dar cuenta que para ella, no era un solo capricho. Antes de que se diera cuenta, sobre esa misma azotea la beso por primera vez y le pidió que salieran juntos.
La rodeo con sus brazos, en un abrazo cálido y lleno de sentimientos, y luego comenzó a acariciarle la cabeza, con ternura.
- No te preocupes. Cuando todo vuelva a ser como antes, te prometo que te pediré que salgas conmigo.
- ¿L-Lo juras? – Le miró, con los ojos llenos de lágrimas.
- Te prometo que así lo haré. Sino, Odd no me dejará de dar la plasta hasta que lo haga, creeme.
- ¿Y qué… pasará con Yumi…?
Tenía razón, ¿y qué pasaba con Yumi? Ahora veía a Sissi de otra manera, de una manera que nunca la había visto, y estaba muy bien cuando estaba a su lado o dormían juntos, pero, ¿y con Yumi? ¿Había perdido todo el interés en ella?
- No lo sé, Sissi… no sé como reaccionaré cuando la vea ni como reaccionará ella cuando se enteré – se sinceró – Estoy hecho un lío.
- Yo no pienso renunciar a ti… - le recordó, apoyando la cabeza en su pecho – Quiero pasar contigo el resto de mi vida.
Aunque tenía ganas de decirle que él también, no podía. No sabía porque, pero no podía. ¿Será por qué serían darle falsas esperanzas? ¿Por qué aún sentía algo por Yumi? No lo sabía, pero no tardaría en descubrirlo en cuanto la viera.
Milly caminaba por la calle, moviéndose de esquina en esquina con mucho sigilo. El haber salido tanto tiempo en busca de alimento le había enseñado a moverse así, como un gato, sin ser detectada.
A veces se impacientaba por lo que tardaba en llegar al refugio, pero sino iba con cuidado la acabarían atrapando. Total, allí no la estaba esperando nadie. Pensar en ello la entristecía, pero si quería seguir con vida, tenía que ser fuerte. A veces, deseaba que al volver, estuviera allí Max, listo para recibirle con una de esas sonrisas que tanto le gustaban de su cara. Pero, hasta ahora, nunca había estado allí.
Cuando una de las criaturas se alejó se movió a la siguiente esquina, y esperó escondida tras un montón de cajas. Se preguntaba todas las noches que habría sido de él, sino había sido atrapado. Aunque no había otra explicación para que hiciera tanto que no hubiera señales de él. Los demás de su grupo habían sido todos atrapados, cuando intentaron regresar a la Academia para refugiarse con Ulrich y los demás, pero Milly decidió quedarse, para esperar a Max.
De nuevo pudo moverse, hasta meterse por una valla que daba a un callejón. Ahora solo tenía que correr en línea recta hasta la otra punta y se podía ir al escondite. Ya pensaría luego una vez estuviera a salvo.
Cargó la bolsa con la comida sobre su hombro y comenzó a correr con todas sus fuerzas. Si hacía un sprint, en menos de cinco minutos estaría segura en el desván de la casa abandonada.
Tras un par de minutos corriendo a toda velocidad, ya pudo vislumbrar el agujero que le llevaría a la calle que le permitiría llegar a casa. Estaba a punto de hacer otro esfuerzo cuando tropezó con algo, cayendo al suelo.
Comenzó a oír unas risillas. En un primer momento pensó en los montruos, pero no, los monstruos no podían reírse, no al menos todos los que ella conocía. Cuando se giró, en la oscuridad distinguió varias siluetas.
- Vaya, vaya… mirad quien es… si es nuestra pequeña amiga.
Milly los reconoció al instante, como para olvidarlos. Son los chicos que intentaron violarla llevándola a un almacén abandonado, cuando había quedado en su cita con Max.
- Mira, encima nos ha traído comida. Que detalle…
Dos de los chicos la cogieron de piernas y brazos, inmovilizándola. Por más que se resistía, Milly no podía soltarse.
- Creo que es hora de acabar con lo del otro día…
- ¡No, soltadme! ¡Socorro! – Chilló, con todas sus fuerzas.
El chico le quitó las bragas a Milly se las puso en la boca. Luego le arrancó la camiseta de un tiró y le ordenó a su compañero que pusiera sus piernas en alto.
Su sed de vicio estaba clara, viéndole la cara, era como un demonio que babeaba y movía la lengua por su boca como una serpiente, con una mira llena de lujuria.
- Esta vez no te nos escapas, enana.
El chico iba acercando cada vez más su pene a la entrada virginal de Milly, quien lloraba ante la impotencia de no poder hacer nada. Pero esta vez, Max no vendría para ayudarle, así que tendría que resignarse. No quería creer que le fuera a pasar eso tas haber escapado varias veces de los ataques de los monstruos, pero si, iba a ser violada.
Quería gritar otra vez, lo suficientemente fuerte para que los monstruos la oyeran y aprovechar para escapar, pero por culpa de sus braguitas no podía emitir ni un solo sonido.
- Solo un poco más… - jadeo el chico, que casi parecía que se asfixiara al hablar.
Ya había entrado en un primer contacto y estaba listo para hacer la embestida cuando todos comenzaron a oír unos pasos que provenían del fondo del callejón.
Extrañados, se giraron. No podía ser que hubiera nadie allí, lo habían comprobado antes. De la oscuridad apareció no alguien mucho más grande que ellos, vistiendo una capa negra que no dejaba ver su cuerpo por la poca luz que había y cubriendo su rostro con una máscara.
- Vaya, así que eráis vosotros… - murmuró el recién llegado - ¿Es qué no aprendéis nunca?
- ¡¿Y tú quién eres, capullo?
Aunque el jefe del grupo estaba gallito, sus compañeros ya habían soltado a Milly y habían comenzaron a retroceder.
- T-Tío… e…ese tipo es… el que estaba con esos monstruos.
Antes de que pudieran hacer nada, White Light saltó sobre ellos. Asustados, comenzaron a correr hacía el otro lado del callejón. Cuando salieron a la calle, cuatro garrapatas los cogelaron, deteniéndolos en seco.
White Light se subió a la pequeña muralla de madera para ver las figuras de esos chicos, congelados. Mostraban miradas de pánico y terror, pero eso no hacía que no se le quitasen las ganas de partir esos cachos de hielo en mil pedazos.
- Llevaoslos. Ya sabéis lo que hacer con ellos.
Las Garrapatas asintieron y avisaron a un par de cangrejos para que los ayudaran a llevarse a los chicos. Por su parte, Max, regresó al callejón, donde a un lado estaba Milly sentada, temblando. Y tembló más cuando le vio aparecer cerca de ella, y acercarse lentamente paso a paso.
Quería retroceder, correr al otro lado del callejón, pero su cuerpo no le respondía, estaba como paralizado. Además, seguramente al otro lado también hubiera monstruos, así que la pillarían si salía.
Cuando lo tuvo frente a frente, Milly cerró los ojos, lista para que la atrapase y se la llevase. La habían cogido. Ya estaba lista para dejarse llevar cuando sintió algo calido que la rodeaba.
Al abrir los ojos, vio, sorprendida, como ese tipo le cubría con su capa.
- Es una noche muy fría, te resfriarás si vas con esas pintas por la calle. Espérate cinco minutos y los monstruos ya no estarán en la calle, ¿vale?
Sin poder soltar una sola palabra, Milly asintió. Quería darle las gracias y hacerle un montón de preguntas, sobre todo la razón por la que la estaba ayudando. Pero poco importaba eso, lo que quería era regresar al refugio, el único lugar donde se sentía segura. Aunque daba igual, nadie estaría allí para tranquilizarla sobre esta asquerosa experiencia que acababa de tener.
White Light iba a saltar la valla cuando oyó un rugido al final del callejón. No le costó reconocer ese sonido, y hasta se asustó de oírlo.
- ¡Maldición! – Gritó.
Se giró de sopetón y corrió hacía Milly, justo en el momento en el que la valla del otro lado era derribada por un Berseker que corría furioso hacía ellos.
Al ver a la criatura, a la que Milly había visto desde el desván, iba a gritar, pero no le dio tiempo. White Light la cogió en brazos y comenzó a saltar de una pared a otra, subiendo hacía la azotea. Una vez allí, saltó hacía el descampado que había al otro lado del edificio, y escondió a Milly entre unos arbustos.
- No te muevas de aquí, ¿entendido?
- P-Pero…
White Light le hizo una seña para que guardará silencio. De nuevo, los dos oyeron el rugido. El Berseker apareció atravesando la pared del edificio.
Como la mejor defensa era un buen ataque, Max sacó la Nagitana y le atacó, arremetiendo contra el ojo central. Acertó de lleno, pero eso solo enfureció más a la criatura que agarró la barra del arma y lo lanzó contra la pared.
Pudo recuperar el equilibrio gracias a unos movimientos en el aire, pero el Berseker no perdió tiempo y atacó de nuevo. Se agachó para esquivar su golpe y golpeó con la palma de la mano la barra de su Nagitana, para clavarla aún más en el cuerpo de la criatura.
El monstruo rugió de dolor y furioso, pero eso solo fue la punta del iceberg, ya que Max agarró su arma y le produjo un enorme corte cuando elevó para intentar cortarle un brazo. Cosa que no tuvo mucho éxito, pero al menos consiguió dejarle marca.
Tener que enfrentarse el solo a esa criatura era una locura, pero no le quedaba otra opción si quería poner en un lugar seguro a Milly. No había pensando que por la noche podía encontrarse con una de esas cosas, un craso error por su parte.
La criatura volvió al ataque, y Max estaba listo para defenderse, pero le sorprendio que esta se agachase y le embistiese. No pudo sujetar lo suficientemente fuerte su arma y esta se le escapó de las manos. Luego, el monstruo lo agarró del cuello con una mano mientras con otra le rajó el pecho.
Cuando cayó a tierra, sintió un dolor enorme, mucho mayor que el que le produjo el disparó del monstruo de X.A.N.A que se hizo pasar por él cuando empezó toda la invasión.
Jadeando de dolor, Max estaba pensando en que podía hacer para acabar con el Berseker, y las respuestas no eran muchas. Para eliminarlo había que darle a todos sus ojos, y estaba claro que solo no iba a conseguirlo.
Al ver al monstruo levantar las garras al aire, ya estaba claro, le iba a atravesar con ellas y no podía hacer nada por evitarlo, le dolía demasiado la herida como para moverse. Estaba listo para afrontarlo cuando algo llamó su atención: era Milly, que le estaba tirando piedras pequeñas a la cabeza.
- ¡Déjale en paz!
La criatura rugió y comenzó a moverse hacía Milly. Primero a paso lento y luego echó a correr, rugiendo a su vez, preparándose para atravesarla de lado a lado.
La pequeña estaba tan asustada no se atrevía ni a moverse, le temblaban las piernas por culpa del miedo que tenía. Pero antes de que el Berseker llegará hasta ella, White Light acometió contra él, golpeándole contra el hombro y tirándolo a un lado. Seguidamente le empaló con su lanza en el ojo más grande.
Tras recuperar su arma, cogió a Milly con un brazo y comenzó a subir por la pared del edificio más cercano aprovechando su velocidad, pero no tardaron en ser perseguidos por la criatura. Encima, la velocidad de Max no era la misma, por culpa de la herida.
Sin más opciones, lanzó a Milly hacía la azotea y se dejo caer, llevándose al monstruo contra el suelo. Por más que le clavaba su arma en el pecho y esta bestia rugía, su fuerza no se redujo en lo más mínimo, y logró golpearle de nuevo con las garras a pesar de que se apartó.
De nuevo en el suelo, pensando en que podía hacer para distraer su atención y así permitir a Milly escapar, esta volvió a llamar la atención del gigante tirándole cosas y gritándole. Y este no tardó en responder y girarse para ir de nuevo en su busca.
- ¡No, vete de allí! – Le ordenó.
La criatura clavó sus garras en el muro y, con dificultad porque con cada nuevo movimiento un cacho de pared se venía abajo, comenzó a escalar en dirección hacía la pequeña.
El verlo subir, haciendo caer un montón de escombro por su paso, le dio una idea a Max. Era descabellada, pero sino podía derrotar a ese monstruo no le quedaba más opción que noquearlo.
Preparando su lanza como si fuera una jabalina, esperó el momento justo, y cuando la criatura estaba lista para hacer el último esfuerzo y llegar a la azotea del edificio, la lanzó, golpeando la pared y destrozándola, haciendo que se cayese a pedazos. Así, la criatura cayó, junto con los escombros de la pared, quedando sepultada por estos.
Pasaron los minutos, o eso pensaba Max, pero la cuestión era que ese monstruo ya no se levantaba ni tampoco se le oía. Tampoco estaba ya muy seguro, sobre todo porque la visión era borrosa y casi no podía oír ya nada. Poco a poco, todo se volvió negro, hasta que cayo inconsciente.
- Y eso es lo que llamamos amor fraternal – concluyó Yumi, su explicación sobre una de las tantas clases distintas de amor.
- Vaya…
Como todas las noches, Purpple Cat había liberado a Yumi para que le hablase de los humanos. Estaban en una de las terrazas de la torre, con Yumi vistiendo únicamente la capa de alumna, para que así si pasaba algún monstruo, disimular que estuviera allí.
- Los humanos sois muy raros, sentís muchas cosas.
- Estas son las buenas, pero también hay otras muy malas.
- Ya veo… ojala pudiera sentirlas yo también.
- Seguro que puedes. Ya sientes algo cada vez que piensas en nosotros, ¿no?
Purpple Cat la miró, ¿qué sentía cada vez que la miraba? En verdad no sentía nada, solo un pequeño cosquilleo, pero nada más. No entendía su pregunta.
- No te entiendo.
- Soy tu enemiga, ¿no sientes hostilidad hacía mí?
Yumi también le había hablado de la hostilidad, pero no conocía ese sentimiento, como ningún otro del que le había hablado.
- No. No siento nada cuando te miro.
- Pero eso no puede ser, soy tu enemiga. ¿Por qué me atacas entonces?
- Simplemente porque me lo ordena mi creador.
- A eso se le llama obediencia.
- Lo sé, eso lo entiendo, obedezco órdenes porque me creó.
- Eso ya es obediencia ciega.
- No te entiendo, ¿qué diferencia hay?
- Con la primera, obedeces porque crees en los ideales de quien esta por encima de ti, con la otra, simplemente obedeces porque no tienes ideales y te da igual luchar por uno o por otro. ¿Es qué no estás de acuerdo con X.A.N.A?
- No lo sé… me creó, y le debo obediencia, eso es todo lo que sé. Fue lo que nos dijo cuando mi hermano y yo despertamos por primera vez.
- Pero, ¿qué sientes tú?
Purpple Cat continuó sin entender la pregunta. ¿Qué sentía ella cada vez que se enfrentaba al grupo de rebeldes? En verdad, nada. Solo lo hacía porque era su trabajo como soldado de X.A.N.A, nada más.
Un pitido comenzó a sonar en su muñeca. Ya sabía lo que significaba, y Yumi también.
- Hora de volver al tubo, dentro de diez minutos hay recuento.
Yumi ni se resistió. Era lo mismo de todos los días, y ya sabía lo que tocaría. Por la mañana, seguramente la despertaría otra vez para hablar otro rato y que le contase más cosas.
Por su parte, Purpple Cat seguía pensando en lo que Yumi le había preguntado. En verdad solo había un momento en el que se sentía rara, y era cuando estaba con ella. Mientras avanzaba el día, deseaba que llegase el momento de despertarla, para poder hablar, y se sentía fatal cuando tenía que volver a encerrarla en el tubo, deseando con desesperación que llegará el siguiente día o el siguiente momento para saber más cosas.
¿Qué sería eso que estaba sintiendo?
Cuando Max abrió los ojos, todo era borroso y confuso para él. Le dolía mucho la cabeza, así como todo el cuerpo. Poco a poco a su cabeza venían imágenes de lo que había pasado, de su combate contra el Berseker para salvar a Milly. Se había desmayado, ¿pero que había pasado luego?
Su vista comenzó a ser más fluida, pudiendo ver mejor entre la poca luz que había en ese lugar en el que estaba. Cuando se reincorporó, con dificultad, miró a todos lados. Reconoció enseguida el lugar, era el desván del escondite que había buscado cuando comenzó todo el follón.
- ¿Qué hago aquí…? – Murmuró.
- ¿Ya te has despertado?
Milly subió por las escaleras, cargando con una bandeja con algo de comida, que parecía ser fruta. Se había puesto un vestido, un vestido que Max reconoció al instante, porque lo había tomado prestado para ella.
- Te he tenido que vendar las heridas, sino te importa.
Al oír eso, Max se miró el cuerpo. Estaba cubierto de vendas, por eso se notaba tan raro. Entonces se percató de algo y se tocó con prisas la cara. Suspiró aliviado al notar el tacto de su máscara.
- Tranquilo, no te he quitado la máscara – le calmó, con una sonrisa.
- ¿Ah, no? ¿No quieres saber quién soy? Algunos de tus amigos pagarían una fortuna por saberlo.
- Me has salvado la vida, y si te ocultas tras una máscara tus motivos tendrás. A mi no me importa si quieres seguir así – le deja en frente un plato con varios cachos de fruta – Ten, come. Siento no poder darte nada mejor como agradecimiento por haberme salvado.
Max comió primero el trozo de manzana. Aunque no tenía mucha hambre, no podía quedar mal ante su anfitriona.
- ¿Así que aquí es donde os ocultáis algunos de los rebeldes? – Preguntó, haciéndose el tonto para no descubrir su identidad – ¿No me dirás que estoy en la Academia?
- ¿Eh? No, que va. Esto es una casa. Aquí no hay rebeldes, tranquilo.
- Entonces, ¿quién está aquí?
- Yo sola – le respondió, sonriendo.
Esta respuesta le pillo por sorpresa a Max. Iba a soltar algo pero se cayó. Tenía que vigilar mucho su próxima pregunta, porque son, podría descubrir su identidad.
- Antes éramos más, pero se cansaron de estar aquí y se marcharon. Al salir los cazaron a todos.
- ¿Y tú te quedaste? ¿Por qué?
- Estoy esperando a alguien.
Ambos tomaron otro cacho de fruta. Cuando tragó el pedazo de pera, Max siguió con la conversación.
- ¿A alguien? ¿Aquí? No creo que quedé nadie dando vueltas por la ciudad con los monstruos vigilándola las 24 horas del día. Salvo algunos listos como los que te atacaron.
- Lo sé… pero no me atrevo a marcharme… por si acaso volviese algún día.
- ¿Y a quién estás esperando?
- B-Bueno… - Milly se sonrojo levemente, pero lo suficiente para que Max lo notase. ¿Es qué había pasado algo a su marcha y se había echado novio?
- ¿Es a tu novio a quién esperas?
- N-No es mi novio… por desgracia no… él no sabe que me gusta. Nunca he sido capaz de declararle mis sentimientos. Declararle que le amo de verdad.
- Pues tal y como están las cosas, no deberías haberte cortado.
- Lo sé, pero no soy buena para esto… tengo miedo de que me vea como una niña pequeña, de que me rechace.
- Yo no entiendo mucho de esto del amor, para algo soy un monstruo más de X.A.N.A – le dijo – Pero si a mi se me declarase una chica tan valiente como tú, capaz de enfrentarse a un monstruo para salvar a un enemigo, no me pensaría dos veces darte el si.
Eso hizo sonreír a Milly, que se llevo otra porción de fruta a la boca.
- Gracias por ese comentario… pero por desgracia, creo que nunca podré decírselo. Temo que ha sido capturado por X.A.N.A.
- Si me dices su nombre, puedo decirte si lo ha sido o no. Tengo base de datos con todos los capturados.
De debajo de un cojín que tenía a su lado, Milly sacó una fotografía, que miro con ternura. Y dijo entonces su nombre, un nombre que sonó varias veces en la cabeza de Max.
- Se llama Steward, Max Steward – aunque Milly estaba sonriendo mientras veía esa foto, se notaba melancolía en su voz al pronunciar el nombre – Mira, esta es su foto.
Tragando saliva, Max miró la foto. Era de ella y él cuando llegó a la Academia, al rescatarla cuando estuvo a punto de matarse por haberse subido al árbol. Enterarse de eso, le había dejado helado, como una piedra.
- Dime, ¿sabes algo de él?
Dudo mucho en que responderle a esa pregunta. ¿Qué podía decirle? Se acababa de enterar de que le gustaba, o más bien, de que estaba enamorada de él. No sabía como llevar esa situación. Antes de hablar, tragó saliva.
- Lo siento… si es el chico de la foto, ha sido capturado. Yo mismo le capturé hace un par de semanas.
Antes de que pudiera hacer nada, Milly se lanzó sobre él, agarrándole de los hombres con fuerza. Sus ojos comenzaron a soltar lágrimas, y sus manos temblaban, no sabía si de odio o de tristeza.
- ¡¿Pero está vivo verdad? ¡¿Max esta vivo, verdad que sí?
Al decirle eso, esperaba que le diera un tortazo o que quisiera matarlo, pero no se esperaba esa reacción. Estaba tan sorprendido que no sabía que decir.
- Dime que esta vivo, por favor… por favor… - Milly se echó las manos a la cara y comenzó a sollozar.
¿Qué podía hacer? Verla reaccionar así y ahora de esa forma era como si le hubieran clavado algo en el pecho. Max no sabía que decir ni como actuar. ¿Tan fuertes eran sus sentimientos hacía él?
- Ese chico… - comenzó a decir, ante lo que Milly le miró, con lágrimas cayéndole por ambos lados de la cara – Luchó hasta el último momento para no ser capturado… dijo… dijo… que tenía que volver con alguien para protegerla. Creeme, fue muy valiente.
- ¿N… no me dirás que…?
- No está muerto, está en la torre principal.
Milly de nuevo empezó a llorar, pero esta vez no parecía ser por desesperación, sino por felicidad. Cosa que lo confirmo sus siguientes palabras.
- Entonces esta vivo… soy tan feliz… pensé que me había abandonado… pero no… quería volver, conmigo…
Max se puso en pie y miró por la ventana. Para poder encender una pequeña luz, habían pintado también esa ventana con pintura negra, únicamente dejando un cacho en la parte de arriba desde donde se podía ver toda la calle. No era una mala idea. Pero ahora tenía tantas cosas en la cabeza que no estaba para aplaudir su iniciativa. Tenía que encajar demasiadas cosas, como esa, que Milly estuviera enamorado de él.
Continuaba llorando, en el suelo, pero de felicidad. ¿Tan fuerte era eso que sentía? ¿Y él? ¿Qué era lo que él sentía?
- Si quieres… mañana te puedo llevar a verle.
- ¿Eh? – Milly le miró, secándose las lágrimas.
- Si confías en mi, te puedo llevar a verle y luego traerte aquí.
- ¡¿Lo dices en serio?
White Light asintió.
- ¡Si, por favor! ¡Necesito verle para saber que esta bien! ¡Me moriría si le pasase algo, por favor!
Estuvieron un rato hablando antes de irse a dormir. Milly le estuvo contando como le conoció, hasta como nacieron esos sentimientos que había estado ocultándole tanto tiempo, e incluso cosas que hacía para poder estar cerca de él, como rodearse con sus brazos para dormir junto a él.
Max recordaba esa noche. Cuando se despertó al dia siguiente tenía a Milly entre sus brazos. Por un momento pensó que se había mentido ahí porque tenía frío, no por esa razón. Se había enterado de tantas cosas que se tuvo que quedar despierto para asimilarlo todo.
La miro de reojo, mientras dormía, con esa cara de angelito que nunca había roto un plato. No podía negar que algo sentía por ella, pero no sabía que era exactamente. Pensaba que era como una hermana pequeña, pero el solo hecho de que le pasase algo a Milly le ponía furioso, como cuando intentaron violarla o cada vez que la había protegido y casi le pasaba algo. ¿Estaría también enamorado de ella?
Se acercó a la joven y se quitó la máscara, para mirarla como Max y no como White Light. Le apartó un par de pelos que le cubrían la cara, para verla mejor ante la tenue luz. Su corazón latía a mil por hora y sentía unas enormes ganas de plantarle un beso allí mismo. Pero no podía, y sabía la razón.
Aunque la batalla acabase, si estaba con Milly, X.A.N.A podría acabar detectándola y estaría en peligro. Es más, podía usarla como excusa para chantajearle y usarla para tenerlo bajo su control. Le dolía en el alma no poder decirle quien era, que quería tenerla a su lado, que quería abrazarla y volver a esos días en los que los dos eran felices, ella mostrando sus sentimientos con jugarretas y él protegiéndola como a una hermana. Pero no podía, no podía ponerla en peligro.
Solo le quedaba una opción.
Cuando Ulrich oyó que White Light apareció ante la puerta de la fortaleza, Ulrich activó el dispositivo para vestir las ropas de Lyoko y saltó la muralla defensiva, para salirle al encuentro.
Y allí estaba, inmóvil, sosteniendo algo entre sus brazos.
- ¿Qué haces aquí?
Sin decir nada, White Light dejó en el suelo lo que llevaba entre los brazos. Estaba más sucia y menos cuidada, pero Ulrich reconoció a Milly entre las sábanas que la rodeaban. Sin nada más que hacer, White Light se giró para marcharse.
- ¡Espera, ¿qué significa esto? ¿No habrás…?
- Tranquilo, aún está viva. Solo que le prometí a alguien que la pondría a salvo, nada más. Nos vemos.
Ulrich observó como su enemigo se alejaba, pero le detuvo diciendo su nombre. En un primero momento no se detuvo, pero cuando lo repitió, le hizo caso.
- Mañana atacaremos la torre principal. Vamos a terminar con todo esto.
- ¿Crees que está bien que me lo digas? Ahora podré avisar a todos y poner una muralla defensiva para deteneros.
- Veo injusto que no lo sepas. Quiero ganarte, pero no atacándote por la espalda.
White Light rio por lo bajo. Esa actitud era muy típica de Ulrich.
- Te estaré esperando, entonces
Y dicho eso, se marchó, desapareciendo con una corriente de viento y con una cosa clara, las cosas terminarían mañana, fuera por la mano de los guerreros de Lyoko por la suya propia, pero todo tenía que terminar de una vez.
