Capítulo 36. Quiero un Kankurô.

Konoha, 16 de marzo.

Era una mañana aburrida, e Ino y Jen decidieron ir a una peluquería a pasar el tiempo y ponerse más guapas.

—Es uno de mis mayores placeres, que me peinen y me hagan la manicura a la vez. Bueno, también están los masajes.

—Imagínate las tres cosas a la vez. Eso tiene que ser el paraíso…

—¡Ajá! Un día de éstos lo probaré. Pero mientras tanto, tendrá que ser así.

—Claro, nos conformamos —se rió Ino.

—¿Hay alguna novedad amorosa que no me hayas contado todavía?

—No, sigo igual con esos tres idiotas. ¿Y tú? ¿Tienes alguna?

—No, hija, no. Vaya dos…

—Jen. —Ino se incorporó un poco—. Sakura no es más guapa que yo, ¿no?

—¡PTUAJ! —Jen se atragantó con su propia saliva (Nota: ¿A que molan los efectos de sonido? xD)—. ¡¡NO!!

—¿Entonces por qué Sasuke la mira más que a mí? ¿Es imbécil?

—Y yo qué sé. Sí, es un imbécil con todas las letras.

—Eso lo explica.

—Ése es sólo para mirar, no para tocar.

—Ya. Los típicos maniquís o tíos-estatua. ¡Qué desgraciada soy!

—Tú por lo menos sufres por tres, yo por todos.

—Ya, es verdad… Somos unas desgraciadas en el amor. Tenemos que empezar a romper corazones. ¡Para que aprendan!

—Pues sí, porque ya nos veo solteronas a los cuarenta —dijo Jen en tono desesperado.

—¡Eso! Y con lo guapas que somos, eso sería un pecado y de los gordos.

—Tranquila, que hay muchos. Yo es que prefiero que vengan ellos, pero voy a tener que empezar a ir yo.

—Sí… Yo igual. Oye, ¿a ti cómo te gustaría que se te declarase un tío?

—Jolines… —murmuró Jen—. Nunca lo pensé. ¿Qué es, que tú piensas esas cosas?

—Sí. Soy muy ociosa. Me gusta soñar despierta.

—¿Y cómo te gustaría que se te declarase un tío?

—Buff… tantas cosas… Una cena romántica, flores, bombones… ¡No, mejor! ¡Una serenata! Aunque no sé si me lo creería…

—Qué bonito… Pues a mí que no me dan más esas cosas…

—Ah… "Lo apuntaré." Yo es que soy una romanticona, qué se le va a hacer —Ino habría fruncido el ceño, pero prefirió no hacerlo porque eso estropearía la mascarilla.

—Bueno, eso mola.

—Seh… Oye, Jen, tengo que hacerte una pregunta, ¡pero contéstame la verdad!

—Me das miedo, depende…

—Jo… Bueno, pregunto igual. ¿A ti te gusta Shikamaru?

—¿Por?

—No, nada, por curiosidad. Es que haríais buena pareja.

—Si tú lo dices… —replicó Jen con escepticismo—. Pero sí, sí me gusta.

—"¡Bien! Tengo que decírselo a Chôji." ¿Y crees que tú le gustas?

—Yo no creo nada.

—Bah. ¿Por qué no?

—¡Porque no!

—Bueno, bueno… No te pongas así…

—Por cierto… ¿cómo sería tu chico ideal?

—Ésa es una buena pregunta. ¿El tuyo?

—Pues… mientras que sea moreno…

—Como Shikamaru…

—O como Sasuke.

—"¡No! Como Shikamaru." Claro. O ya puestos, como Neji, pero Honey nos mataría.

—Exacto. ¡Ah! Y que sepa escucharme y aguantar todas mis tonterías.

—… En definitiva, Sasuke descartado, somos como el Chavo del Ocho. ¡Es que no nos tienen paciencia! —bromeó Ino.

—Pues yo un tío que no tenga paciencia no lo quiero, por bueno que esté.

—Coleccionaremos fotos de Sasuke… Las fotos no se quejan.

—Cierto…

—¡Y a él que lo aguante Sakura! —propuso Ino con entusiasmo.

—Además seguro que va a peor. ¡Todo suyo! —la apoyó Jen con el mismo entusiasmo.

—Todos van a peor. ¡Siempre!

—Bueno, yo ya te conté. Ahora te toca a ti.

—Pueeeeees… no sé… Que me tenga paciencia —Ino se rió—, eso seguro.

—¿Y alguna otra cosa?

—Que se porte bien conmigo, y sea cariñoso y tal… ¡Y que esté bueno!

—Eso ya lo daba por supuesto, pero bueno…

—Por si acaso.

Aunque no hacía falta que lo dijera, así eran ellas.

—Llevo varios días pensando quiénes son los otros dos que te gustan, ¿me lo podrías decir, porfi? —pidió Jen poniendo carita de buena persona (que con la mascarilla hacía un efecto bastante distinto, pero bueno, lo que cuenta es la intención).

—Está bastante claro, si son de mis mejores amigos… Uno es Shikamaru…

—¿Y el otro?

—… Yoshi. Es que elijo a cada uno…

—No pasa nada. "Yo lo apunto TODO."

—Para ti, quizá, ¡pero a mí es que me molesta!

—¿El qué te molesta?

—Que me gusten mis mejores amigos. Es incómodo.

—Pues yo eso no lo encuentro un impedimento.

—Puede que no, pero se hace raro. Además yo a ellos no les gusto. No lo entiendo —nótese la modestia—, pero es la triste realidad.

—Eso tú no lo sabes, pero… ¡eso!

—¿Pero… qué?

—Nada, nada… se me olvidó qué te iba a decir…

—… Jo. ¿Vamos a ver a Honey?

—Claro. Tengo mucho que contarle… "Je, je, je…"

—¡Pues venga !

—Igual está Yoshi…

—Ya. ¡Pero yo lo dije por Honey!

—Ya, seguro… Bueno, vamos.

—Di tú que por lo menos no te ríes de que me gusta —comentó Ino.

—Y el que se ría, una de dos, o está fumado o es gilipollas.

—Estoy de acuerdo. ¡Con lo mono que es! ¡Y lo bien que le quedan esos jerseys tan enormes que lleva!

—"Perfecto…" —aunque a Jen no le gustaban mucho aquellos jerseys. Le quedaban grandes y Yoshi tenía que lucirse. Yoshi estaba bueno. En fin. Qué se le iba a hacer.

Honey parecía bastante animada. Yoshi no estaba, pero sí Suzy.

—¿En serio te habla tanto? ¿En serio?

—Si te lo cuento, es que sí.

—Qué fuerte… Es un gran descubrimiento de las ciencias del comportamiento… ¡Shino sabe mantener una conversación!

—Eso podrías habérselo preguntado a Kiba, seguro que lo sabe —dijo Ino entrando en la habitación.

—Sí, pero cualquiera encuentra a Kiba ahora —comentó Suzy.

—Dímelo a mí —suspiró Honey—. Por aquí casi no se le ve el pelo, y cuando viene, siempre es con Inuko-senpai…

—Me lo imagino… —repuso Jen con mala intención.

—¡Qué buena pareja hacen! —sonrió Ino con la misma mala intención.

—Ya lo pensé yo desde el primer día que la vi, ha entrado dentro de mis muchos planes…

—Cada vez que viene ella sola se lo echo en cara y se pone rojísima —se rió Honey, por lo visto contagiada del ánimo de sus amigas por hacer parejas—. No te va a hacer falta emparejarlos, ya verás cómo se las apañan solos.

—¡Uf! Mejor, porque tengo mucho trabajo.

—Y menos mal que ya se han ido los de Suna, porque si no… seguirías buscando pareja para Gaara-sama, te creo capaz —intervino Ino.

—No creas que no lo he pensado… ¡Es broma, eh!

—Te creo capaz de intentarlo de verdad.

—No sigas insistiendo…

—Sí, será mejor para el Señor Kazekage —comentó Suzy enfatizando mucho el nombre.

—¿Y qué es de Neji? —cambió de tema Jen.

—Se fue poco antes de venir Suzy, le reclamó su tío. ¡JÓDETE!

—Jo… ¿Por qué? Yo ahora no hice nada…

—Ya, ya… ¡Malvada!

—Pero… ¿por qué…?

—Bah. Pareces tu tío.

—¡Eh! ¡Eso sí que no!

—Bueno… no lo pareces… ven que te abrace.

—Me lo pensaré.

—Jo… ¡Ya no me quieres! —dramatizó Honey, muy metida en su papel de "amante despechada" (Nota: Ah, ya sabemos quién es la despechada xD).

—¡Sí…!

—Ya os dejamos solas —bromeó Ino.

—Sí, necesitamos intimidad —contestó Jen sin inmutarse.

—¡Nos echa! ¡Qué injusta es la vida!

—Sí, hala, ¡vete!

—Jo… Es que no me tienen paciencia… Ríete, Suzy. Empiezas a parecerte a tu novio y eso da mucha mieditis.

—No, pero no entendí nada, no tiene sentido.

—Claro que no, ahí está la gracia —dijo Honey.

—Qué raras sois.

—La rara tú, yo soy de lo más normal —mintió con descaro Jen.

—La normalidad no existe —filosofó Ino, a saber qué habría comido—. Todos somos anormales a nuestra manera.

—Vale, te creeré —contestó la Miyagi, que a saber qué habría comido también.

—Pues claro. ¡Yo tengo razón!

—No siempre —intervino Honey—. ¡A veces la tengo yo!

—Las dos la tenéis… —se metió Suzy para que no se tiraran de los pelos y esas cosas.

—Claro, cuando coincidimos.

—¡Por ejemplo, cuando criticamos a la frentuda! —se rió Ino abrazando a Honey.

—Vaya par de dos… —suspiró Jen con una sonrisa—. ¿Cuándo te dan el alta?

—Mañana, si no hay complicaciones, eso según Shizune. ¡Lo que no entiendo es por qué no me la dieron ya!

—Muy sencillo: porque casi te matas cayéndote por la escalera —contestó Neji, muy solícito él, entrando en la habitación—. Vaya, pensé que estarías sola. Menos mal que tienes amigas decentes.

—Hello… —lo saludó Jen con muy poco entusiasmo.

—Qué hay.

—¿Qué quería tu tío? —preguntó Honey.

—Asuntos familiares. ¿Cómo estás?

—Igual que antes, pero con distinta compañía.

—¿Mejor o peor? —intervino Jen.

—Distinta.

—¡No!

—¿Cómo que no?

—Tenías que decir mejor, sin duda.

Honey se rió.

—Es que un novio no es lo mismo que una amiga… bueno, que tres.

—Jo…

—¡Eh! No me compares contigo —protestó Neji.

—No, tranquilo, yo no tengo comparación.

—Por suerte. "Qué ego…"

—Jo… Será mejor que me vaya… sniff…

—Teatrera —sonrió el Hyûga.

—Gracias.

—¿Os dejamos solos? —bromeó Ino con picardía.

—Sí, vete a ver si encuentras a Shikamaru… —replicó Neji a mala leche.

—Tranquilo, ya nos vamos, borde —se ofendió Jen.

—Gracias.

—¡No me abandonéis…! —gimió Honey, que tampoco era teatrera ni nada.

—Demasiado tarde, adiós…

—Me las espantas, Neji… ¡Eres muy malo!

—¡Eh! ¡A que me voy yo también!

—¿Lo ves? Eres muy malo… Quiero una compensación. ¡Suzy, salúdame a Shino!

—Vale.

—Qué poco habla últimamente —comentó Neji.

—Ya… Shino es una mala influencia.

------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Taiyô, 18 de marzo.

—Ay… Quiero un Kankurô…

—Es la decimosexta vez que dices eso hoy —gruñó Alekto—. Ya nos enteramos a la primera.

—Sí que le dio fuerte —comentó su madre con una risa macabra—. Es increíble.

—Sí, sí… Pero tú no tienes que aguantarla repitiéndose como un disco rayado —se quejó Megära.

—Quiero un Kankurô…

—Pues vete a buscarlo.

—Qué buena idea, ¿vas tú con ella? —preguntó Aglae con tono sombrío.

—No, que vaya Alek.

—Ni lo sueñes. Yo me quedo. Mi estabilidad mental ya se vio bastante afectada en el último viaje.

—Infórmote de que careces de estabilidad mental desde el momento en que naciste —replicó Aglae—. Es genética, ni Tom ni yo la tenemos.

—Ningún Testament que se precie tiene estabilidad mental… si no, fíjate en Kali… ¡Pero yo quiero mi Kankurô!

Su madre se sentó junto a ella.

—Vamos a ver, Tisifone… ¿Es necesario que repitas eso todo el condenado día?

—¡Bah! Seguro que se olvidó de mí y se fue con otras, jo…

—¿Y por qué no haces tú lo mismo? —sugirió Aglae sacudiendo sus rojas trenzas—. Si ya se olvidó de ti…

—Es que no me sale, ya lo veo hasta en las paredes…

—… ¿Ahí? —señaló Aglae—. Eso es una mancha de humedad. A mí se me parece a Jesús Hermida, pero yo no estoy obsesionada con nadie… A lo mejor es por eso.

—No sé para qué me molesto en contarte nada, vaya una madre, no me tomas en serio… Y yo pensando que al ser una madre joven me entenderías mejor.

—¿Qué quieres que te diga? Vete a Suna, engancha a un maromo cualquiera y enróllate con él delante del tal Kankurô, a ver qué hace. Y me lo cuentas. O lo grabas. O ambas cosas, versión con comentarios de los actores. Ya lo sabes: eres una Testament y la venganza es dulce.

Sí, esa afición a la venganza no era sólo cosa de Aglae, sino de todos los Testament que en el mundo eran, habían sido y serían. ¿Genética?

—Qué buena idea, gracias, mamá.

—Todas mis ideas son buenas, ya sabes. Por eso soy Hikarikage. Bueno, por eso y porque soy invencible… —lo cual era mentira, o casi.

—Y… ¿tengo que ir sola o alguien me acompaña?

—Llévate a dos, te dejo escoger… pero por si acaso, me dejas a los Tres aquí, ¿eh?

—Vale. "Jo, yo que quería a Lynnie… Menos mal que no me oye pensar, je."

—No sé por qué la mimas tanto —comentó Alekto, que a causa de aquella conversación sentía fuertes tentaciones de ejercer de mal hecho mujer a costa de Sai.

Aglae le lanzó un sai (¿casualidad? xD) que la chica evitó por los pelos.

—No me hables así.

Y mientras tanto, Tisifone ya estaba por la calle buscando candidatos para su viaje a Suna.

------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Suna, 20 de marzo.

—"Buscando a Kankurô… O al maromo… O a los dos… no, maromo ya tengo." Aru, tienes que hacerme un favor.

—¿Cuál?

—Tienes que actuar como si tú y yo fuéramos felices juntos.

—¿Por qué?

—Porque sí.

—Claro, y yo de carabina… qué buena idea.

—¡A que sí! —se entusiasmó Tisifone.

—… Estaba siendo sarcástica. Pareces tonta.

—¿A quién quieres poner celoso? —preguntó Aru, divertido.

Y su pregunta resultó providencial porque el peligro de una guerra abierta entre las dos chicas era inminente, con el gunbai de la una y el nyoibo de la otra como armas y él mismo como víctima directa.

—Eh… a nadie.

—¿Entonces por qué tengo que parecer feliz contigo y obviar a Lamya? Tu fe en mí me conmueve… pero no lo entiendo.

—Con que hayas entendido lo primero es suficiente.

—Oye, no, yo quiero enterarme de la historia.

—¿Os importa? Quiero lavarme. Busquemos un hotel o algo y ya os pelearéis a lo matrimonio delante del celoso en potencia —cortó Lamya.

—¡Ey, ey…! La jefa del comando soy yo.

—¿Y? Sigo queriendo lavarme. Se puede discutir mientras se camina.

En los ojos azules de Lamya apareció un brillo peligroso. Aru le sacudió un señor codazo a Tisifone.

—Hazle caso, que si no se va a armar la de Dios es Cristo…

—Bueno, vamos a buscar un sitio.

Aru suspiró. Hacer algo en compañía de Lamya era difícil y requería mucha paciencia, para soportarlos a ella, a su sarcasmo y a su mal carácter. Pero tenía algo importante: era mujer. Y como era mujer, Hikaru Namidano estaba dispuesto a aguantarla.

Notas:

Aglae Testament, Aru Namidano y Lamya Angelium Blüts son personajes creados por… adivinad. Sí, claro, por Kohaku no Kokoro. Alias "Miss Ociosa 2008".

"Lynnie" es Lintu Ylönen, una de los mejores ninjas de Taiyô. Como se entere de que Tisifone la llama Lynnie… en fin… La chica es, más o menos, tan amigable como el doctor Romano de "Urgencias", para que os hagáis una idea. Claro, ella forma parte de los Tres. Que son uno de los equipos más fuertes de Taiyô, formado por ella, Raven Meredith y Andrei Yankovic.

El nyoibo o nyojibo (en chino Ru Yi Bang) es es el bastón mágico usado por Sun Wukong en la novela clásica china "Viaje al Oeste". Es un bastón de hierro que puede cambiar de tamaño de acuerdo al deseo de su dueño. Usado en la construcción de la Vía Láctea, Wukong lo consigue del palacio submarino del Rey Dragón. Cuando no lo necesita, Wukong lo encoge al tamaño de una aguja y lo guarda detrás de su oreja. En los mangas de "Dragon Ball", Goku (que está basado en Sun Wukong) posee uno. También en "Saiyuki" hay un nyoibo de iguales características, empleado por Son Goku, otro personaje basado en Sun Wukong. Aprovecho para decir que la novela está muchísimo mejor adaptada en "Saiyuki" que en "Dragon Ball".

Y por supuesto, el nyoibo de Lamya no es el mismo que el de la novela china, sino una especie de adaptación. Cuando Lamya no lo necesita, no lo encoge, se lo cuelga a la espalda. Siguiendo la costumbre de Taiyô de llevar siempre alguna clase de arma a la espalda.

No sabemos si os habréis dado cuenta de la que ha armado Aglae sólo con una pequeña sugerencia… Por cierto, Jesús Hermida es uno de los periodistas más importantes de la televisión española, pero el pobre ya está un poco viejo. Y habla despacííííísimo…

En definitiva, esto es un sin Dios. Hemos dicho.

La pregunta de la semana pasada: ¿si todas las cosas se parecen a sus dueños, los kikai de Shino llevarán gafas de sol? Respuesta: no. Ni siquiera se le parecen en otros aspectos, así que lo que pasa, en realidad, es que no todas las cosas se parecen a sus dueños.

¿Es posible eso de que te peinen, te hagan la manicura y te den un masaje al mismo tiempo? ¿Sasuke es un imbécil con todas las letras? (Nota de Kohaku: Sí.) ¿Ino y Jen se darán cuenta de que quieren emparejarse la una a la otra? ¿Tendrán libretas lo bastante gordas como para apuntar todo lo que se supone que están apuntando? ¿Inuko y Kiba están pegados con Loctite ®? ¿Existirá algún Testament con estabilidad mental? Y lo más importante… ¿Si Alekto es el mal hecho mujer, quién es el mal hecho hombre? (Nota de Kohaku: ¡Yo! ¡Yo lo sé! ¡Yo lo sé! ¡Yo! ¡Elígeme!… digo… sí, bueno.)

Saludos. Se despiden las Sisters of Sorrow.