Espero que hayan tenido un buen día, acá les traigo un episodio nuevo, disfrútenlo tanto como yo al escribirlo. Gracias por sus likes (en mi página /StarlingShadow ), por sus comentarios y mensajes, son un amor todos. Espero seguir actualizando, recuerden que comentar es apoyar al autor a seguir escribiendo, un saludo :'D


Disclaimer: Aclaro que ninguno de los personajes usados en esta historia son míos, excepto los que yo cree. En todo caso se dará debida nota. Copyright a Riot Games.


Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^


Entre La Sangre Y La Luz

Por Clarisce

Capítulo 36 – La vida de Lux


Unos golpes fuertes y un par de gritos fueron suficientes para despertarla, miró con calma su puerta, un sirviente había entrado sin su permiso. Iba a asesinarlo.

- Mi señora, disculpe de verdad –se agachó muy asustado- pero requieren de su presencia.

- ¡¿Quién demonios quiere morir tan temprano?! –dijo furiosa la pelirroja.

- Es… -no cambió su posición para volver a hablar.

Pero lo supo de inmediato, era Draven, estaba gritando como loco afuera. Katarina sin pensarlo más se levantó de inmediato se puso una bata y salió tan rápido como pudo a su encuentro.

Jamás se hubiera imaginado lo que sus ojos presenciarían en ese momento, Draven con el cabello revuelto en sangre con una expresión de total horror, preocupado al extremo, incapaz de si quiera mantener su cuerpo quieto.

- ¿Qué te pasa? –lo tomó por los brazos pero como un conejillo asustado apartó las manos de la pelirroja.

- NO ME TOQUES –le advirtió con la toda la furia que su inseguridad producía, no quería que nadie más se ensuciara.

- ¿Qué sucedió? –preguntó Katarina sin perder de vista a su invitado.

- Yo… -movió la cabeza sin poder pensar- necesito tu ayuda, un médico, oí que tienes uno. Mándalo a mi castillo, de inmediato –evadía sus ojos.

- No te ves bien… tú también necesitas ayuda. Quédate y en un minuto…

- NO LO ENTIENDES, MALDITA SEA. LLEVA AL PUTO MÉDICO A MI CASA, YO ESTOY BIEN.

No se veía como decía, tenía varios cortes, golpes por doquier, un lado de su rostro se veía inflamado y lo peor era tener sangre en toda su ropa, cabello y manos.

- ¿Qué has hecho? –Katarina ni si quiera quería imaginar la razón de toda esta locura.

Flasback

Luego de terminar con Lux, con su vida, con su consciencia y el pedazo de alma que le quedaba no lo pensó más y salió de aquella habitación, completamente furibundo, con un frenetismo jamás antes concebido ni por su propia ansia de sangre.

Con su demonio interior desatado no iba a parar hasta cubrir sus heridas con la sangre de aquellos que propiciaron su caída al abismo. No dudó ni un segundo en ir por Cavagnarov, entró con furia a las habitaciones pero no encontraba a su presa; armado con sólo un cuchillo procedió a cortarle la garganta a todos los que estaban en ese lugar.

Los pervertidos que habían presenciado su horror debían pagar, aunque muchos de esos cobardes no estaban solos, tenían la única seguridad que su sucio dinero podía pagar. Draven no perdonaría nada, así que uno a uno los ejecutó, ¿qué rivales? Simples ovejas, los volteaba, se escudaba en ellos, les sacaba las tripas cual si fueran sólo presas ante sus ojos, con las manos llenas de sangre procedía a seguir matando. No iba a parar hasta que todos y cada uno de ellos estuvieran muertos, entonces quizá luego… luego…

La última habitación estaba abierta, entró y sólo encontró oscuridad, estaba demasiado cansado como para luchar una vez más pero si alguien lo retaba lo iba a devorar con vísceras y todo.

Al poco tiempo se dio cuenta de la realidad, Cavagnarov había huido, era una rata después de todo. Aquella habitación ya estaba lista también, todos muertos, nada mejor que sangre hasta los tobillos para calmar su histeria.

Cayó entonces de rodillas con la mirada perdida, con los pulmones cansados de cumplir su función, casi podía decirse que notaba cómo sus costillas se movían por sí mismas, ni si quiera podía seguir sosteniendo la cuchilla con la cual había ejecutado a todas esas personas, la sangre hacía resbaladizo el mango. La puso en el piso y apoyó ambas manos en él, quién diría que acabaría así… tal y como el bastardo que le dio la vida.

Pero a diferencia de él, no iba a permitirse vivir ni un día más…

Fin del flashback

El médico caminó a prisa por los fríos pasillos del castillo hasta encontrarse con la habitación de la paciente, por detrás estaba Katarina y junto a ella el noxiano.

- Revísala –ordenó Katarina a su médico.

- Necesitaré que esperen fuera, ama –contestó.

- Como sea –contestó ella y sacó a Draven, no quería moverse pero pronto lo hizo sin dejar de mirar a la rubia, la cual no despertaba.

Ambos salieron al pasillo, mientras Katarina estaba apoyada en la pared, Draven parecía no dejar de mirar sus ensangrentadas manos, ¿cómo podía parar con este temblor? Pensó pero volvió a centrar su atención en el interior de la habitación donde el médico revisaba a Lux.

- Necesitas decirme lo que pasó, no podré hacer nada si…

- Swain me atacó –contestó Draven con la mirada perdida- introdujo una semilla de oscuridad en mi interior, como no cumplía con el deseo de esta, aceleró el proceso con una sustancia, n-no sé lo que era, no podía evitar lo que sucedió… -se tomó la cabeza- me traicionó y castigó.

- Así que finalmente iremos a la guerra –suspiró la pelirroja- bien, estoy de tu parte.

- No, no habrá guerra, sin mi hermano esto ya se decidió, ¿crees que su ejército me apoyará? El pueblo creerá en lo que diga Swain y me ahorcarán por lo que hice.

- ¿Desde cuándo eres tan cobarde? Vamos a devolver el ataque. Entiende que no será la última vez que lo haga.

- Lo que me hizo no podré devolvérselo jamás –volteó a Katarina- no te pedí ayuda por eso, yo sólo necesito que me prometas que la protegerás. Luego de lo que pasó estoy seguro de que jamás querrá saber de mí.

La pelirroja ladeó su cabeza sin entender a lo que se refería pero la puerta de aquella habitación se abrió y el médico salió para informarles del estado de su paciente.

- No se encuentra muy bien, tiene un desgarro vaginal y al parecer está embarazada, no podría predecir si el feto sobrevivirá. Ahora mismo recomiendo reposo, si presenta un sangrado tendrán que tomar una decisión, estaré al pendiente, su estado se definirá en las próximas horas.

- ¿Q-Qué produjo esto?

- Actividad sexual demasiado violenta. El embarazo que tiene, tiene menos de ocho semanas. Esto pudo producirse –Katarina dirigía su mirada a Draven mientras el doctor hablaba, el mismo seguía ensimismado- también por una violación. Tiene moretones y varios cortes en el cuello, por suerte no son nada profundos, la joven ama se encuentra muy débil por ahora.

- Váyase –ordenó Katarina al médico sin dejar de ver a Draven.

Al retirarse el médico se abalanzó contra el noxiano para exigir respuestas, ¿quién podría haberle hecho esto? ¿Y cómo es que este inútil ni si quiera pudo evitarlo? No era el momento para estar atontado, era un noxiano, de seguro había visto los peores infiernos y ahora parecía una pluma en el viento. Su incapacidad para contestar a los estímulos le preocupaba y más que eso, la hacía preguntarse si realmente era un noxiano pero lo que él vivió no era menos que un shock, un trauma que pasó por sobre su propio espíritu y lo quebró. Katarina no podía entender algo así, nunca podría.

- ¿Quién fue? –preguntó la pelirroja.

Él iba a hablar pero escucharon un sonido, era la voz de Lux, la misma había despertado.

- Hablaremos luego de esto –advirtió Katarina soltando al castaño.

Entró a la habitación para encontrar a la rubia volteando hacia ella, sus ojos llenos de lágrimas, el rostro con heridas y sin fuerzas para si quiera moverse, indefensa ante cualquier otro ataque.

- ¿Lux? ¿Me ves? Soy yo.

- Katarina… -susurró sin fuerzas.

- ¿Cómo pudieron hacerte esto? No sé si lo sepas pero estás embarazada, debes resistir, por el bebé. Enviaré un mensaje a Demacia, traeré a tu familia, necesitas de ellos.

- Uh… no… -negó la rubia- no quiero que lo sepan –gimoteó intentando contenerse pero soltó en llanto otra vez.

- No puedo quedarme callada, le prometí a tu hermano que le diría si las cosas estaban mal aquí.

- Por favor… no le digas ahora… -rogó en medio de lágrimas.

Y no se detenía, parecía que la sola conversación la ponía más y más nerviosa, el estrés no era bueno en su estado, por lo mismo Katarina dejó de hablar del asunto. Se apoyó y le acomodó la cabellera.

Conversaron por un par de minutos más hasta que Lux le pidió estar sola, necesitaba calmarse y no lo iba a hacer si seguía despierta.

La pelirroja salió de la habitación y se encontró nuevamente con el noxiano, el mismo se quedó en el piso, la miró expectante a pesar de que no dijera nada, rogaba con los ojos que echara aunque sea una palabra.

- Está muy nerviosa para hablar. Necesito contactar con Demacia, su familia tiene que venir por ella, no está bien.

- ¿Eso te pidió? –preguntó.

- No, pero le prometí a su hermano que vería que nada estuviera así de mal.

- Así que… ese cobarde sí tiene las pelotas para pedirte favores.

- ¿Quién te pidió tu opinión? –preguntó molesta.

- Sólo decía –se encogió de hombros y suspiró volviendo su mirada a la nada.

- Va a ser un día difícil, mi médico está esperando. Vamos a hacerte revisar –dijo pero Draven no movió ni un pelo.

- Voy a… esperar aquí.

Quizás había sido una noche difícil, con todo lo sucedido era de esperarse que Draven tuviera un descanso pero sus ojos no pedían dormir o recuperarse, los mismos tenían fuego y quemaban su interior sin descanso.

Sin embargo Lux tampoco estaba en su mejor momento, quizás no debería ni acercarse a ella en este momento, no cuando las cosas se complicaron menos de lo que Le'Blanc imaginó.

- ¿Cómo fue todo? Tardaste –preguntó el cuervo, leía un libro en un cómodo sillón.

- Están vivos –contestó conteniendo su furia a su secuaz.

- ¿Cómo? ¿No los mató? –preguntó sin sorprenderse demasiado.

- La semilla oscura no cumplió su cometido, no lo sé. Draven se volvió loco, creí que había matado a la intrusa y a todos pero cuando revisé, ella seguía viva.

- Ah… querida, siempre cometiendo errores, ¿quieres que te ayude? –preguntó Swain como quien no quiere entrometerse.

- No, no necesito de tus planes, sólo quiero que sufran y más el hijo de puta ese. Tiene que pagar.

Swain se puso de pie, dejó el libro sobre una repisa y se volteó hacia su acompañante, estaba un poco sorprendido, no por el hecho de que el plan de Le'Blanc haya fallado sino porque su antiguo aliado fuera capaz de derrotar a tantos con sólo un cuchillo.

Su plan inicial era dejar que floreciera la semilla oscura y que él acabara con su propia vida pero el resultado fue inesperado porque su objeto del deseo seguía vivo, a no ser… Swain abrió sus ojos y rió dentro de sí.

Draven era demasiado malo sí, pero en su interior seguía siendo un huérfano con deseos infantiles, idealistas, increíbles y fantasiosos como… el amar y ser amado. En ese caso, dejar florecer la semilla oscura no fue un plus a su victoria, fue un fracaso.

- "¿Quién lo imaginaría?" –pensó Swain sin decirle a Le'Blanc lo que pasaba.

Los hermanos noxianos sí que eran un enigma, sabía que sería difícil pero nunca de este modo, ahora tendría que luchar con el más fuerte de los dos, ya que a diferencia de Darius, él estaba vivo y no tenía ningún respeto por nada ni por nadie a excepción de su objeto de deseo… no, eso no era deseo, ¿qué podía ser? Anhelo, sí, su anhelo emocional.

- Sólo puedo acompañarte hasta aquí –dijo Garen.

- Da igual, caminaré lo que resta –respondió Darius bajando de la carroza.

- Cuídate y envía saludos a mi hermana.

El gigante noxiano se aproximó al demaciano para extender su mano, Garen sorprendido apenas reaccionó a los segundos, no quería ser descortés y se alegró, parecía que la relación al menos ahora era estable. Se dieron la mano para luego alejarse. Garen hacia el camino que lo llevaría a su natal Demacia y Darius iba hacia un destino un poco menos agradable…

Lo peor no sería lo que llegara a ver sino lo que pensaría al enterarse de la situación, ¿sería fácil de digerir? Nadie que no estuviera en los pantalones del mismo Draven podría decir lo que se sentía tener que decidir entre el suplicio y la muerte de su propia alma. El menor de los males era el que más le había cobrado, ¿qué hubiera sucedido si decidiera algo más sin la influencia de aquellos males que le atormentaban?

Necesita bañarse, está sucio pero no quiere dejar a la rubia, sus heridas le arden, el cuerpo le pesa, los ojos luchan por no cerrarse, cuando quiere disimular ve a una pelirroja frente a él.

- ¿Qué? –pregunta con desgano.

- Ve a cambiarte, estaré aquí, no me moveré. Deja que te atienda mi médico.

- No puedo –concluyó viendo la puerta.

- Si quieres entra, estás demasiado preocupado y no creo que confíes en mis palabras.

El castaño bajó la mirada y volteó a otro lado, sus desplantes ya eran más visibles a la luz del día, ¿qué le iba a dar razones a Katarina? La mujer que nunca entiende nada y se pone más terca que una mula.

- Estaré aquí hasta que despierte –pero él también tenía algo de terco (alv).

- Pasará mucho.

- Da igual.

- No quería decir nada pero estás empapado en sangre y apestas a alcohol, ¿podrías al menos cuidarte un poco si vas a verla en algún momento? Ella no necesita alguien más por quién preocuparse –le recriminó- hazle las cosas un poco más fáciles.

Todo era difícil, ¿qué de fácil podía ser haberle hecho tal daño a la mujer que juró proteger por sobre la tumba de su hermano? Si fallar era su pecado, estar a su lado también, después de todo de esto surgiría el famoso 'embarazo'.

- Antes que suceda otra cosa, necesito conversar de un asunto –dijo sin contestar lo que Katarina le decía.

- ¿Algo más sucede? –preguntó sin imaginar lo que vendría.

Primero iba a informarle el delicado asunto de bebé, ella no debía decir nada de ello, al final… éste era un secreto. Si por alguna razón descubrieran que la criatura pertenece a la unión que tuvo con su fallecido hermano intentarían matarla. Para proteger el futuro de la criatura ambos prometieron fingir una relación, por lo tanto…

- ¿No decir nada?

- Exacto.

- Suena a una locura.

- Promete que no dirás nada, si no lo haces esto podría estresarla y no mejorará. Dame tu palabra.

- Nada de lo que sucede tiene sentido, así que… ¡qué diablos! Intentaré guardar el secreto, aunque no entiendo por qué tendría Swain interés en matarlo, no es como si fuera una amenaza. Ni si quiera es un bebé, es una pasa o menos que eso.

- Si es hijo mío no sería una amenaza pero es hijo legítimo de mi hermano, estandarte de la alianza de paz de nuestras naciones y… esas mierdas del gobierno de lo que tanto hablaban. Hay cosas que no puedo contarte, sólo necesito tu apoyo con esto, Lux confía en ti por eso te lo cuento.

- Lo dices porque le fallaste, ¿verdad? Dudo que ella pueda perdonar tu ridículo error. Si fuera por mí te mataría ahora mismo pero me quedaría sin aliados en esta tonta guerra.

- Las cosas son distintas ahora –bajó la mirada, nunca le había sucedido pero estaba avergonzado, no porque Katarina le increpara sin ninguna delicadeza sino porque no se imaginaba lo que realmente había pasado.

¿Cómo expresar con palabras lo que luchaba por no salir de su boca? Había sido tan difícil hasta ahora, no sólo salvarla sino hacerle lo que le hizo. Su mente divagaba con tal de no mencionar la palabra, de no recordar lo que vio, de no sentir lo que sintió, ¿cuándo había sido la última vez que se sintió tan bien hacer el mal?

Perdía la cordura, al menos no tan rápido como cuando Swain buscaba apoderarse de su voluntad pero la perdía en tanto sus deseos por no volver a lastimar a Lux se hacían presentes.

Pasó menos de 40 minutos desde que Draven se había ido para asearse rápidamente hasta que sucedió, Lux comenzó a gritar dentro de la habitación, parecía que algo estaba matándola, el médico entró de inmediato a verla y Katarina junto a él dejando al noxiano sin saber nada del asunto.

- ¡Ah! –su cuerpo se agitó un poco. Le dolía y no sabía qué parte. Darius ni si quiera había llegado a la ciudad pero ya podía ver las luces, ¿podría ir a su cuartel? Se preguntó.

Necesitaba descansar un poco, sus heridas parecían nunca poder cerrarse con todas las situaciones que habían a su alrededor, primero aquel 'secuestro', luego el asunto de Jarvan y ahora su cuerpo cobraba con aquel inexplicable dolor, era algo así como una punzada.

La puerta de su cuartel estaba cerrada, como esperaba, se quedó un momento a ver si algún soldado se asomaba, nunca dejaban el fuerte solo. Golpeó.

- ¿Sí? –respondió el soldado de guardia en turno.

- Abre el portón –dijo Darius, había cubierto su cabeza y cuerpo entero por eso de la temperatura.

- Estamos cerrados, debería volver luego o ir a las oficinas principales, ¿necesita algo?

- ¿Si necesito algo? –preguntó algo molesto levantando la mirada.

Nadie podría confundir esa mirada nunca, era el comandante, por un instante el soldado se quedó estático pero luego dio un salto y gritó escondiéndose.

- ¿Qué demonios sucede? ¡Abre la puerta! –gritó, estaba claramente molesto.

- ¡Un fantasma! –dijo exaltando más a Darius, el cual lo escuchaba tras la puerta.

- ¿Qué estupideces dices? Soy de carne y hueso, imbécil, si no quieres que te mande a correr todo el camino a mi castillo será mejor que abras la puerta.

Con algo de miedo pero más atento el soldado abrió un poco la puerta para ver de reojo al 'fantasma' que tanto se parecía al comandante de su unidad. Cuando lo tuvo frente a él sólo le tocó mirar para arriba con asombro, esa montaña de hombre era real.

- ¿Dónde están todos? –dijo empujando la puerta y entrando para dirigirse a su oficina personal.

- Se-Señor, todos están tomando un descanso mientras… se asignaba un… nuevo comandante –concluyó con miedo el soldado.

- ¿Nuevo? –giró la cabeza curioso.

"Su" o la que fue SU oficina estaba casi vacía, sus pertenencias estaban guardadas en cajas o desaparecidas, no entendía por qué se estaban librando de sus cosas tan rápidamente pero entendía la razón. Swain quería limpiar su nombre y todo lo que estuviera detrás, ¡ese maldito cuervo! Pensó.

- Supongo que todos en la ciudad se tomaron cómodamente mi muerte. Banda de soquetes. Pon atención –se puso frente al ligeramente más pequeño soldado- ¿mi esposa sigue en mi castillo? –preguntó.

- Señor, claro. Aunque… nos ordenaron que ya no fuéramos a resguardar el castillo desde ayer.

- ¿Quién se los ordenó? –preguntó.

- Llegó una carta de las oficinas centrales, obedecimos porque se nos ordenó patrullar un área lejos en el Sur. Actividades extranjeras enemigas, al parecer.

- Uhm… eso no suena bien –concluyó para salir de ahí con un ápice de preocupación rondando su cabeza.

Volvió a cubrir su cabeza y salió tan rápido como pudo de ahí, apresuró su paso a casi una carrera, poco ya le importaba que su cuerpo aguantara, necesitaba saber si todo estaba bien. El que hayan quitado la guardia de su castillo era mala señal, ¿habría hecho su movimiento? Swain era algo impredecible, ¿pero por qué intentaría hacer algo en ese momento? Él no era una amenaza y su esposa tampoco.

¿Sería la boca-suelta de Draven que los había metido en algún problema? No tenía ningún autocontrol en lo que decía y hacía, esperaba que no hubiera metido a Lux en algún dilema.

Sin embargo las dificultades causadas no se originaban sólo en Draven, eran todo junto, pronto entendería que su error fue abrir su corazón y dejarlo expuesto para que más de uno pudiera echar un vistazo, dejar que alguien nuevo entrara nunca fue el hilo del dolor que iba a recibir sino dejar que pusieran de cabeza su propia nación.

Con Draven aún en bañándose, debajo de aquella torrencial cascada en la cual no escuchaba nada más que su propio corazón, latiendo rápido, imágenes pasaban como raudos depredadores, comiendo su espíritu, aquella sensación y hormigueo en su miembro, al cual tomó con su mano para apretarlo. Ojalá tuviera el valor de arrancárselo.

Se sentó entonces y siguió dejándose llevar sin seguir con aquella ola de emociones embargándolo. Fue cuando alguien entró al baño, abrió los ojos y aunque apenas podía ver asomó su cara quitando un poco la cortina.

- ¿Quién? –preguntó y vio a la pelirroja, estaba agitada.

- Vístete –le dijo en tono de orden pero con la preocupación saltando en sus ojos.

Katarina esperó fuera de la habitación del ejecutor, estaba cruzada de brazos, daba algunas vueltas, necesitaba hablar, contarle el último evento sucedido. Quizás le ayudaría con esto.

- ¿Qué pasa? –preguntó Draven saliendo a su encuentro.

- Hace un momento Lux despertó, tuvo una hemorragia muy fuerte… -divagó un poco porque no quería seguir.

El castaño frunció el ceño y sin querer escuchar otra cosa fue corriendo hasta la habitación donde la rubia descansaba, iba a entrar pero no tuvo el valor de tocar o de si quiera tomar el pomo de la puerta. Se hizo para atrás y se encontró con Katarina.

- Ella está bien.

- ¡Entonces qué demonios pasa! –le gritó caminando casi en círculos sin mirarla.

- El médico recomendó un aborto, está muy mal pero consciente, así que hablé con ella y se niega. No lo hará.

- ¡Oblígala! –resolvió pronto.

- Tú sabes que no podemos obligarla a hacer algo, no de nuevo –picó un poco a Draven, el mismo entrecerró los ojos, veía la maldad de Katarina al mencionarle eso.

- ¿Qué pasaría si… no aborta? –preguntó.

- Morirá. Necesitamos hacerlo pero no entiende razones. Habla con ella.

Si pudiera no estaría quieto como un roble sin hojas ni ramas, ni si quiera recordaba cómo era tener confianza para mirar a la gente a la cara, estaba avergonzado al extremo, dolido y ahora debía darle una orden a Lux, matar a su bebé luego de haberla lastimado, genial, sólo… genial.

Así que a esto sabía la 'desesperación', quién imaginaría que tenía cierto gusto a metal y sangre, era eso o se había mordido la lengua otra vez, necesitaba dejar claro lo que se hacía a sí mismo.

- ¡Qué tonta es! –gritó enojado y empujó la puerta para ver a la débil rubia y al médico a su lado tomándole el pulso- ¿QUÉ ESTÁS HACIENDO? –preguntó y el médico se alejó del área tomando sus cosas.

La joven tan sólo ignoró aquello y giró su cabeza, le hervía la sangre, ¿cómo podía atreverse a hacerle esto? Así que igual de violento se acercó a ella hasta donde pudo, parecía estar cerca de un campo de fuerza, agitaba los brazos y lucía muy irritado, casi rojo, su rostro tenía ese tono incapaz de disimular con su furia.

- VAS A ABORTAR.

Lo ignoraban, Katarina iba a intervenir pero no parecía haber una solución, una persona más gritando sería un problema aunque lo curioso era aquella actitud, era como si Lux pusiera una pared entre ellos, no quería hablarle.

- Doctor, inicie el proceso –ordenó el noxiano.

- Katarina –llamó Lux a la pelirroja, no faltaba esa mirada de repudio que le daba al castaño al pasar por su lado- yo no voy a abortar, es mi bebé –abrazó su vientre- si tengo que elegir, prefiero morir… -volvió a las lágrimas- y si me lo quitan… jamás se los perdonaré.

- Esto te matará, se consciente –contestó Katarina con tono bajo y algo de amabilidad.

- ¿Te contaron lo que hice? –preguntó Lux a una confundida pelirroja- cuando Darius fue secuestrado y estuvo a punto de morir –tragó saliva- yo le di mi vida, no sólo emocionalmente sino literal; tomé la sombra de la muerte de su cuerpo y me apoderé de ella. Moriré de todos modos.

- ¡ESO NO ES CIERTO! –le gritó Draven.

- ¿Cuál es la posibilidad de sobrevivencia con el aborto? –preguntó Katarina al ya asustado médico.

- Mi señora, menos del 50% pero si dejamos al feto, incluso aguantaría un día, máximo dos pero se llevaría a la joven ama. Si se recuperara… sería un auténtico milagro.

- Quiero creer en un milagro –miró a Katarina a los ojos con el azul desteñido de su mirada y pudo convencer a aquella mujer que era su último deseo.

- ERES UNA JODIDA LOCA –comenzaba a decir indignado el noxiano- ¿Y SABES? OJALÁ TE MUERAS –pronunció sin poder evitar aquella puñalada. Ese dolor sí fue intencional.

Estaba matándose y parecía que nadie tomaba ningún interés en el asunto, ella no lucía como alguien que quiere vivir, el daño que le había hecho lo contemplaba muy claramente. Podía sentir los cristales de su indiferencia cortarle más profundo de lo que jamás había imaginado, dio media vuelta entonces y salió azotando la puerta.

Fuera de ahí caminó veloz hasta darse cuenta que estaba llorando, empapado en desesperación y sufrimiento, ¿así que así era el amor? Tenía tanta rabia, tanto odio y al mismo tiempo apenas podía respirar ese dolor.

Debía tomarse unos buenos tragos y no regresar jamás a tal tortura, acomodó su cabellera como siempre lo había hecho, iba a ponerse tan borracho que destruiría el mundo antes de que el mundo explotara encontrándolo.

Al menos Swain aún no había dado la orden de captura, ser asesinado por ese traidor no era lo peor que podía pasarle ese día, bueno, su top de "peores cosas que me han pasado" comenzaba a tener una lucha por el primer lugar. Fue entonces al bar más concurrido de su ciudad, se acomodó en una silla y pidió el vaso de cerveza más grande que la casa pudiera ofrecerle, sus bigotitos comenzaron a moverse al ritmo de la música, veía cómo algunas mujeres se le acercaban y le hacía feliz, ¿quién podía resistirse a su encanto? Incluso con todas las heridas que tenía, la cara morada y un ojo hinchado era un auténtico imán.

- ¡Yo invito! –gritó al sujeto que le servía su bebida- UNA RONDA PARA TODOS.

Alabaron todos en aquel lugar al escuchar al ejecutor, quizás sólo lo hacía para desperdiciar tiempo ahí, lo más probable era que luego se llevaría a alguna de las buenas mozas que le toqueteaban para un lugar más privado hasta que escuchó lo que hablaban en otra mesa. Un concierto en otro bar cercano, era por la tarde, así que quizás sólo era algo privado para gente rica, ¿cómo iba a perdérselo? Se rió Draven, necesitaba arruinarle la tarde a las pocas personas cultas en Noxus.

Así que junto a algunos de sus seguidores y mujeres fueron hasta el lugar, la entrada era libre, había escuchado mal, al menos habría gente culta que molestar, parecía más un festival que un concierto, el escenario estaba vacío, no había ningún músico, sus acompañantes tomaron lugares y juntaron una gran mesa para todos. En lugar de encontrar a un montón de personas bien vestidas podía ver muchos personajes misteriosos cubriéndose la cabeza o con ropaje largo y oscuro.

- ¡Inicien el maldito concierto! –gritó el noxiano arrojando un vaso al escenario.

Muchos le vieron pero no hicieron nada, prefirieron no prestarle atención, era un simple inculto, hasta que salió el artista invitado, traía un… ¿qué era eso? El castaño giró su cabeza sin comprender, pronto fue captado por una mirada cautivadora, esa artista de la que tanto habían hablado parecía flotar, tenía un cabello azulado en coletas o algo así, la mujer lucía concentrada, cerraba levemente los ojos y antes de tocar una nota una bala pronto atravesó el escenario para matar a uno de los presentes.

El cuerpo de un asistente cayó al piso dejando que la sangre tiñera el piso y llegara a los pies del noxiano, el cual sorprendido buscó al tirador con la mirada.

La gente a su alrededor comenzó a gritar y salía corriendo del lugar, hubo todo un caos, Sona ni si quiera se había movido pero tan pronto vio al asistente en el piso desangrándose fue a ayudarlo, algunos de los presentes se llevaron al herido dejando a la concertista junto al ejecutor.

Sus miradas, una con el brillo de un niño emocionado y la otra con la furia incapaz de ser evocada en palabras. El culpable de estas reacciones se revelaba quitándose la capa que cubría su verdadera identidad.

- La sangre siempre será mejor que la pintura, ¡hump! –volteó hacia los pocos valientes que se habían quedado- mi querida, serás mi obra más espléndida –añadió dirigiéndose a Sona, preparó su arma y le apuntó- sonríe…

Susurró como si fueran las últimas palabras que ella fuera a escuchar. El sorprendido fue, de hecho, otro. La bala que salió fue despedida en otra dirección, Draven lo había movido con sus hachas, Sona se había cubierto con su escudo, dispuesta a salir de esta horrorosa escena pero viendo que este espectador no quería sólo 'ver' se quedó confundida.

Pasaron unos segundos y Draven sintió la mano de la artista apretarle el brazo, lo halaba en dirección contraria al criminal que atentaba con su vida. Su error en parte era creer que Jhin desistiría de aquella jornada cruel de muerte, parecía estar recargando mientras eso pasaba les lanzó una granada la cual rebotó en ambos. El noxiano esbozó sus dientes, ¡ésta era la diversión que tanto esperaba!

Hizo a un lado a Sona y ambos se escondieron detrás de unas mesas a un par de metros de distancia del tirador, sacó entonces sus hachas y con la única felicidad que le otorgaba la sangre se dispuso a girarlas.

- No salgas, preciosa –le dijo a Sona, la cual seguía en el piso cubriendo sus oídos. Un par de balas habían caído cerca de ellos- ¿nos divertimos primero? –preguntó, Jhin ignoró al vulgar noxiano para dirigirse a la joven artista.

Pero no fue lo mejor ya que Draven volvió a usar sus hachas para quitarle estabilidad al mismo tiempo que al regresar a él las hizo girar, lamía sus labios ansioso por recibir otra bala.

- Tanta rusticidad e ínfima delicadeza, ¡me disgustas! –señaló y disparó su cuarta bala a la pierna derecha del noxiano haciendo que cayera violentamente al piso por la fuerza del impacto- "cuatro" –pensó Jhin disfrutando cada segundo del sufrimiento de su víctima colateral.

- ¡Agh! –gimió adolorido- otro maldito idiota que cree que puede venir a decirle al gran Draven lo que es o no es –puso su mano sobre su herida sintiendo en cada célula de su ser el ardor y la incapacidad de moverse a gusto- hijo de perra…

Su mejor momento había pasado, estaba demasiado cansado, casi alucinando por la falta de sueño, el dolor de lo sucedido horas antes en la mansión Cavagnarov y ahora éste loco disparándole. En serio estaba intentando reponerse pero se lo ponían difícil.

Jhin caminó pausadamente hacia la mesa donde estaba Sona pero no la encontró, pudo notar cómo había otra gente y llegaban curiosos a la escena, ¿por qué? Se preguntaba, ah… no tenía ni idea de la personalidad a la cual había atacado, si lo supiera habría acabado con él más pronto. La única estrella en aquel escenario debía ser él.

- Qué remedio… -dijo en susurro y volteó hacia Draven, el mismo ya no estaba.

Claro porque se había ocultado y lo atacaba por detrás, intentó aprisionarlo por el cuello con sus brazos, pero Jhin le pegó en las costillas haciendo que lo soltara, Draven escupió algo de sangre haciéndose para atrás y con una mano en su costado vio hacia el tirador, el mismo elevaba la mirada orgullosamente.

- Mi problema no te concierne, apártate –advirtió el violento artista.

- Te voy a hacer sangrar, putita –le arrojó su hacha, la misma pegó en el hombro de Jhin y rebotó en el aire dándole oportunidad a Draven para girar sobre sí mismo y recibirla armoniosamente mientras lanzaba otra.

- "¡Ah…!" –gimió de dolor al apoyar la pierna pero el gusto de haber lastimado a su rival se lo compensaba, quería su sangre.

- ¡APÁRTATE! –gritó Jhin, necesitaba darle fin al asunto y aquel "cerdo" noxiano se lo impedía, su paciencia, tal como una mecha corta, se consumía.

Una tras otra, cada hacha producía más y más daño al Jonio, el cual por los impactos daba marcha atrás hasta que de tanto acercarse Draven pisó una trampa que habían puesto, el brillo en los ojos de su enemigo se dejó ver mientras Draven usaba su impulso sangriento para evitar el impacto y atrapar su siguiente hacha.

Al estar fuera del alcance del impacto sintió algo de alivio pero luego se vio en problemas al notar otra de las balas que Jhin le disparó deteniéndolo en el acto. Draven vio a los ojos a este artista, el cual a través de la máscara parecía sonreír al acercarse para pegarle los cuatro balazos más que había guardado tras ésta batalla a distancia.

- Con aceptar tu muerte por mi flor de loto hubieras creado un bello capítulo en nuestro encuentro pero decidiste ser hermoso por la fuerza del –le disparó en el brazo- destino –dos balas más cerca de su pecho- cuatr-

Fue interrumpido por el violento giro de una de las hachas que Draven había lanzado al aire y regresaban a él, la misma le hizo un corte en la pierna al Jonio, el cual cayó al piso de espaldas e intentó levantarse tras el sorpresivo impacto.

- Espero que te duela, de corazón te lo deseo –dijo Draven lanzando su último ataque.

Ambas hachas giratorias se convirtieron en filosos tiburones atravesando la tierra hacia su objetivo, las mismas estuvieron a punto de atravesar el cuerpo de Jhin pero el mismo intentó detenerlas con sus brazos dejando caer sus armas, su fuerza fue casi suficiente y se las devolvió a Draven, el cual las recibió con toda su habilitad mientras reía al ver a su oponente desangrarse e irse tomando lo que pudiera.

- ¡Así es, corre miserable! Jajaja…

Cerró los ojos por un segundo creyendo que había terminado mas no era así, una potente bala le impactó desde la distancia, no podía creerlo, apretó los dientes viendo al miserable artista que había intentado asesinar disparándole con su habilidad definitiva.

La primera le impactó, la segunda pudo evadirla fácilmente poniéndose detrás de un cúmulo de mesas, parecía imposible pero la tercera le rozó su único brazo bueno. Al sentir el dolor y toda la sangre que perdía lanzó mil maldiciones e insultándolo desde la distancia volteó hacia su muerte, no podía evitar la última bala.

- AAAAARRRRGGHHHH –le gritó con toda la furia que su cuerpo podía albergar, si tenía suerte no lo mataría, quizás segundos antes de que la última bala le impacte se haría a un lado.

Así fue, Jhin no pensaba que gastaría su último recurso en éste hombre pero eso le pasaba por haber subestimado a uno de los personajes más emblemáticos de esa ciudad, su desconocimiento fue su caída.

Disparó entonces, "cuatro" pensó esperando el desenlace, Draven podía ver todo en cámara lenta, iba a evadirla pero cuando estuvo a una corta distancia no pudo mover sus pies, estaba sin fuerzas, frunció el ceño y mostrando sus dientes al rival que lo dejó así se preparó para morir frente a todo este pútrido público de cobardes.

¡PUM!

Se escuchó y una estela de polvo se levantó, al despejarse pudieron notar que había una 3ra persona en la escena, Sona había tomado su lugar frente al noxiano para usar su escudo y recibir el cuarto impacto. Le había dañado pero no tanto como lo hubiera hecho a Draven, su instrumento… se había llenado de tanto poder mágico, por alguna razón hacía que a su alrededor estuvieran mejor y recibir un escudo para cualquier otro daño le había salvado.

- Tú… -dijo Draven y junto a ella llegaron los oficiales noxianos a detener al desalmado artista capaz de crear tanto caos.

Miraba su delicada espalda ondeando levemente al son de su música, ¿lo estaba curando con su melodía? No sabía si era el estrés, su cansancio, su dolor o algo más pero se comenzaba a sentir mejor, incluso las heridas de las balas se curaban.

- ¿Qué hiciste? –preguntó, la misma joven se volteó y haciendo el signo de 'amor y paz' le sonrió.

Un encargado del festival se acercó pronto a la escena para atender al noxiano, el cual seguía en el aura que ésta mujer creaba para curarlo.

- Deje que lo ayude, ella es nuestra magnífica artista y sanadora, Sona de Jonia.

La peliazul habló con signos y el intérprete hablaba.

- Así que por eso había tanta gente rara aquí –dijo Draven probando sus articulaciones mientras veía al interprete mover las manos lo más rápido que podía seguir sus ojos.

- Nuestra talentosa invitada dice que lamenta haberlo dejado pero ella necesitaba ayudar al muchacho que Khada Jhin había intentado asesinar y pedir refuerzos.

Volvió a hacer más signos y Sona le contestaba de la misma manera.

- Le agradece que se haya detenido a ayudarla y le invita a un concierto privado que dará mañana por la noche –dijo el intérprete esperando la respuesta al igual que Sona de Draven.

- Yo no podré asistir, tengo… cosas –hizo una mueca parecida a una sonrisa.

- Nuestra talentosa artista le pide que se una a ella y… busca una manera de retribuirle su acto de bondad. Ella curará sus heridas sin ningún tipo de costo.

- Espera un momento –pensó Draven por unos minutos- ¿eres capaz de curar cualquier herida? –preguntó añadiendo casi en atropello algo más- digo, ¿incluso algo fatal? –preguntó curioso, expectante, nervioso y algo ansioso.

Sona pensó por un minuto y mirando algo nerviosa de un lado a otro no supo qué contestar, sus manos intentaban formar una comunicación pero pronto cambiaba de idea, necesitaba responder bien porque de ser capaz, lo era… ella no hacía ese tipo de cosas por cualquiera, su don era demasiado valioso para ser desperdiciado en ladrones, gente nefasta y delincuentes.

Hasta que finalmente se decidió y se comunicó con el intérprete.

- Nuestra talentosa artista me ha dicho que eso depende. Ella no sana, ni cura a cualquiera, debe ver a la persona para decidir y… -Sona volvió a mover sus manos, le comunicaba algo más- sobretodo no puede ser una persona malvada, debe ser alguien justo y de buen corazón.

- No hay problema con ello –dijo Draven seguro de la naturaleza de la persona a quien quería curar.

Probó entonces en ponerse de pie, la 4ta bala que antes le había perforado la pierna ahora estaba curada, el casquillo incluso había salido de su pierna para caer al piso. Estaba perfecto, no podía creerlo, movía su cuerpo y se sentía renovado, tomó un platillo brillante del piso y se vio la cara. Su rostro también se encontraba bien, la excelencia de su sensualidad había incrementado a un 110%, no tenía el rostro hinchado ni morado, ¡esa Sona sí que era una joyita!

La tomó del brazo y la quiso llevar pero ella se negó.

- Antes de que se marche, nuestra talentosa ama tiene un último pedido, si acepta ella irá con usted a realizar todo lo que le dijo.

- ¿Qué es? –preguntó soltando a la peliazul.

Nuevamente se comunicaron por signos y el intérprete le contestó con otra serie de signos, era obvio que no quería que se metiera en problemas, después de todo la reputación del noxiano era conocida por todo Noxus y fuera de ahí. Lo había curado incluso sabiendo que él era la clase de hombre que jamás ayudaría.

- ¿Qué dice? –preguntó Draven.

- Eh… nuestra… talentosa artista y sanadora pregunta si puede leer su mente mientras realiza el servicio que le prometió. Ella tiene el poder de comunicarse con la gente telepáticamente pero considera que es de mala educación usarlo sin permiso.

- ¿Era todo? –preguntó algo presuroso- ¡qué tontería! Que haga lo que quiera, no me importa, sólo vámonos.

La tomó por el brazo otra vez y ahora sí se dejó llevar, tenía la esperanza de que ésta mujer… era capaz de salvar a Lux, no dejaría que muriera después de todo, ¿era la clase de milagro que ella esperaría? El bebé, ella y él estarían bien, ¿quién hubiera imaginado que sus ansias de pelear le traerían buena fortuna?

Quizás a la distancia Katarina no pensaba lo mismo, la misma estaba nerviosa, realmente quería que Lux confiara en ella, no dormía, no quería cerrar un ojo desde que el castaño se fue del castillo quizás porque en cuanto durmiera profundamente su médico tenía la orden de inyectarle un fuerte tranquilizante.

- "No voy a dejar que te mates. Puedo vivir sin tu perdón mas no sin Garen" –pensó la pelirroja.

Anteponiendo cualquier pedido que la rubia le hubiera hecho antes, ella quería a Garen feliz, si le entregaba a Lux muerta quizás el poco amor o cariño que se tenían moriría con ella, no importaba si su relación era distante o complicada, una muerte no arreglaría nada y de alguna manera se culparía por no haber hecho más sabiendo que pudo hacerlo.

- En cuanto duerma, avísame y vigilaré el portón.

- Sí, mi ama.

Planeaba realizarse un aborto a la rubia sin que lo supiera, salvar su vida era prioridad pero dudaba de la lealtad de Draven, dado que el procedimiento era peligroso aunque más lo era dejarla seguir con ese embarazo. Swain la mataría después de todo si no es que antes la tortura en la plaza principal.

- Señora –un sirviente se acercó a ella.

- ¿Qué pasa? ¿Volvió el estúpido de Draven? –preguntó desganada.

- No pero hay un intruso en el área, los guardias no están aquí, sólo quería que lo supiera.

- Vete de aquí, yo me encargo del intruso –preparó sus dagas.

Al mismo tiempo el médico salió de la habitación de la rubia para avisarle que la joven había dormido ya, por lo mismo Katarina autorizó el procedimiento, un aborto para salvarle la vida, un suceso que estaba dispuesta a cargar en su espalda.

- Hazlo rápido, ya regreso.

Se fue de ahí y el médico entró a la habitación nuevamente. Iba a dejar que pasara un poco más antes de inyectarle un tranquilizante. Miró a la rubia respirar profundamente y pensó que era su oportunidad, entonces preparó la mezcla para ponerla en una jeringa.

La filosa aguja fue dirigida al brazo de Lux mientras se concentraba pero un fuerte estruendo en el castillo lo hizo realizar un mal movimiento para punzar en el lugar equivocado sin encontrar una vena. La rubia entonces despertó del susto y vio al médico con una aguja, no había cómo disimular la escena.

- Calma, señora –le dijo y volvió a apuntarle con la aguja, Lux quiso gritar pero el médico le tomó el brazo con fuerza para intentar ponérselo pronto y que se duerma.

- ¡Déjeme! –gritó con las pocas fuerzas que tenía mientras intentaba levantarse para huir, un poco del tranquilizante le había hecho efecto, veía algo borrosa la habitación.

Forcejearon por unos segundos más hasta que la aguja cayó al piso pero no pudo hacer nada porque cuando el médico se agachó para buscar sólo encontró unos zapatos frente suyo y lo que recibió no fue más que un gran golpe del invasor de esta escena.


Fin de Episodio 36