Capítulo 36

Terry volvía a casa después de su último ensayo para Romeo y Julieta. Al día siguiente se estrenaría la obra y los nervios lo estaban consumiendo. Aunque si había algo que lo tranquilizaba, era saber que tenía el apoyo de su familia alentándolo desde la primera fila.

Albert había partido rumbo a Chicago un día después de que Candy apareciera, y a juzgar por las noticias, las cosas no estaban yendo muy bien por allá. A noticia del encarcelamiento de Neil había destrozado a los Leegan, quienes no estaban pasando por un buen momento, pero sobretodo había acabado con la paciencia de la tía abuela. Aún no quería aceptar que su sobrino era culpable de lo que lo acusaban, y tampoco quería afrontar a la vergüenza que eso significaba para la familia entera. Se había recluido en su habitación sin querer hablar con nadie, y era Albert quien debía ocuparse de todos los negocios familiares. Afortunadamente, Ambar había sabido entenderlo y estaba allí para apoyarlo. Los planes de la boda seguían en pie, y la tía abuela ya tenía demasiados problemas como para continuar oponiéndose al matrimonio.

Eliza aún continuaba viviendo en casa de Eleanor. Albert había querido llevársela con él devuelta a Chicago, pero la joven se había reusado. Candy comprendía su reacción, así que no tuvo reparos en invitarla a quedarse con ellos y de ese modo estar cerca de Sam.

Terry entró en la casa cuando encontró a su esposa sentada en la sala tomando un té junto con su hermano.

- Terry, al fin llegas – Erwin se puso de pie y fue a saludar a su hermano.

- Es bueno volver a verte – Con todos los problemas que habían pasado casi no habían tenido tiempo para hablar – Dime… ¿Qué haces aquí?

- Solo he venido a saludarte… y a decirte que nuestro padre estará llegando a los Estados Unidos la semana entrante.

- ¿El duque viene?

- Acabamos de recibir un telegrama. Al parecer quiere estar presente para tu boda.

- Ya veo – Dijo él con un tono de preocupación. No le disgustaba que su padre estuviera presente en la boda, pero sentía cierto temor al pensar en lo que el duque podría llegar a decir cuando se enterara que estaba trabajando como actor en una compañía de teatro - ¿Cómo están las cosas con tu madre y hermanos? – Preguntó Terry para sacarse de mente aquellos pensamientos que lo preocupaban.

- Mamá está histérica pensando en la llegada de papá. Ya sabes lo mucho que a él le disgustan sus salidas y fiestas, y bueno… ella no está muy contenta de tener que modificar nuevamente su vida ahora que la estaba pasando tan bien – Terry rió. Se imaginaba a la duquesa cara de cerdo tener que subordinarse ante las normas del duque otra vez – Y Claudia no ve la hora de volver a Inglaterra.

- ¿No le gusta Estados Unidos? – Preguntó Candy mientras servía una taza de té a su marido.

- No es eso – Respondió Edwin – Claudia siempre busca el lado negativo a todas las cosas. Lo cierto es que disfruta mucho yendo de compras por las tiendas de la Quinta avenida, pero no sería ella si no se quejase de algo.

- Supongo que la llegada de papá la tranquilizará un poco – Agregó Terry.

- Tal vez…

Terry y su hermano estuvieron charlando por unos cuantos minutos más. No había podido quedarse demasiado tiempo ya que la duquesa prácticamente no le permitía tener contacto con su hermano bastardo, y mucho menos pisar la casa de esa mujer que tiempo atrás había estado con su marido.

- Sé que estás preocupado por lo que dirá tu padre – Le dijo Candy una vez que Edwin se había ido – Pero no tienes por qué sentir temor. Tu padre ha cambiado mucho en todo este tiempo. Incluso te ha permitido quedarte en casa de Eleanor.

- Lo sé… tal vez me esté precipitando un poco.

- No te preocupes más – Le sonrió mientras le acariciaba la mejilla con ternura – Tienes que descansar para mañana. Es el estreno de la obra y tienes que estar esplendido para ese momento.

- Sí.

Terry besó a su esposa y subió las escaleras hacia su habitación, esperando que Candy lo acompañara en poco tiempo. Sabía que tenía que descansar, pero no podía pensar en hacerlo sin el cuerpo de ella a su lado.

Candy ayudó a Mary a recoger las tazas de té cuando alguien llamó a la puerta y la sirvienta tuvo que ir a atender.

- Señorita Candy – Volvió después de unos segundos acompañada por una mujer a la cual Candy no tenía intenciones de ver – La señora Wharton ha insistido en hablar con usted.

- Déjanos solas Mary, por favor – Le pidió a la sirvienta. No quería hablar con Amelia pero tenía que dejarle claro una vez más cuál era su postura. La sirvienta se retiró y Candy invitó a Amelia a tomar asiento - ¿Qué haces aquí? – Le preguntó sin más preámbulos. Quería terminar con eso cuanto antes.

- Sé que no deseas verme – Le dijo – Pero yo sí necesitaba hacerlo por última vez.

- ¿Por última vez?

- Samuel ha decidido que regresaremos a Inglaterra – Candy no expresó ninguna clase de sentimiento al saber que Amelia se iría – Tal vez no te interese, pero tenía la necesidad de ver tu rostro por última vez – Hiso una pausa antes de continuar – Sabes que nunca me cansaré de pedirte disculpas por lo que te he hecho, yo misma jamás podré perdonármelo, pero créeme que estoy pagando mi error con creces – Candy sentía la necesidad de decir algo, pero las palabras no salían de su boca. Estaba demasiado confundida como para hablar – Solo… solo quiero que me prometas algo.

- ¿Qué?

Amelia miró a su hija con un profundo cariño que sabía jamás sería correspondido.

- Prométeme que serás feliz.

- Soy feliz – Contestó Candy con sinceridad – Tengo a mi familia, unos amigos que no cambiaría por nadie, y un hombre al cual amo más que a mi vida misma. No podría ser más feliz.

- Entonces prométeme que nunca permitirás que nada ni nadie opaque tu felicidad.

Candy miró los ojos humedecidos por las lágrimas de Amelia. No le estaba pidiendo que la perdonara como lo había hecho aquel día, sino que por primera vez, sentía que su madre estaba pensando el ella. No veía en Amelia la necesidad de salvarse a sí misma, y Candy no sintió la necesidad de odiarla.

- Te lo prometo – Fue lo único que le dijo.

Amelia sonrió y se puso de pie. Hubiera querido darle un abrazo y besar el rostro de su hija, pero aún no era el momento. Candy no la había perdonado, y tal vez nunca lo hiciera.

- Debo irme – Le dijo con la voz quebrada.

- Sí.

- Escucha… sé que me odias, y que no tienes interés en continuar hablando conmigo, pero si en algún momento quieres buscarme… te estaré esperando con los brazos abiertos.

Candy no dijo nada, pero a Amelia no le entristeció su silencio, sino que le dio la esperanza de que en algún momento la vería de nuevo.

ooo

Había llegado el estreno de Romeo y Julieta. Terry se encontraba en su camerino completamente nervioso esperando el momento de salir a escena. Si bien su papel no era de gran importancia, se sentía con una responsabilidad enorme por tratarse de su debut frente a toda la sociedad de Chicago.

Unos días atrás, Eleanor había decidido sacar a la luz la relación que la unía con Terry, y los periodistas lo habían estado acosando desde ese momento, y esperando ansiosamente el día de estreno de la obra. Obviamente, también habían especulado con los dotes artísticos de Terry, y esa era su oportunidad para demostrar que podía llegar a ser tan buen actor como su madre.

- Puedo pasar – Terry escuchó la voz de Karen que estaba asomada por la puerta.

- Pasa, Karen.

La muchacha entró y tomó asiento frente a su amigo. Últimamente, Karen estaba más feliz que nunca, no solamente por el hecho de que esa noche tendría el papel protagónico después de haber esperado por ese momento durante años, sino también porque al fin había conocido al hombre con el cual quería pasar el resto de sus días.

Después de aquella noche en que Archie la acompañó hasta su casa, continuaron con una relación. Él le había confesado a Karen como había sido su relación con su fallecida esposa desde un comienzo, y también sabía que el bebé al cual había dado su apellido no era de él, pero sin duda, ese fue el motivo por el cual termino de enamorarse por completo de Archie. No cualquier hombre acepta a un hijo que formó parte de un engaño y le brinda tanto amor como Archie lo hacía con el pequeño Anthony.

- ¿Estás nervioso? – Le preguntó Karen a Terry.

- Un poco – Mintió él. En verdad estaba temblando por los nervios - ¿Tú no estás nerviosa? – Le preguntó él a ella.

- No, no estoy nerviosa – Le contestó Karen con total sinceridad – He esperado este momento toda mi vida, y solo puedo sentir ansiedad por salir a escena – Hiso una pausa y miró fijamente a su amigo – Temes que se te compare con tu madre ¿Verdad?

- Siempre quise triunfar en el teatro por mis propios medios, no por lo que mi madre significa.

- Terry, eres un excelente actor – Le sonrió Karen – Harás un trabajo genial está noche y todos te amarán.

- Gracias – Terry le sonrió. Karen era la mejor amiga que jamás había tenido.

Se escuchó la última llamada para que los actores salieran a escena, y ambos se pusieron de pie para preparase. Esa noche significaba mucho para ambos y todo tenía que salir perfecto.

ooo

Las luces de la sala se apagaron, lo cual significaba que la obra estaba por comenzar. Terry había conseguido un palco especial para sus familiares y amigos donde se encontraban Candy, Eleanor, Max, Delfina, Archie, Eliza y Sam. Edwin también se encontraba con ellos, su madre no le había dado permiso para asistir, pero él por primera vez la había enfrentado, pues no quería perderse el debut de su hermano.

Candy se encontraba tan o más nerviosa que Terry. Sabía lo mucho que él había estado preparándose para brindar una buena actuación esa noche, y por eso deseaba con todas sus fuerzas que triunfara.

Cuando el telón se abrió, Candy sintió un vuelco en el corazón. La obra comenzó y cuando Terry al fin salió a escena, Candy no pudo evitar derramar unas cuantas lágrimas. Su personaje no era de los más importantes, pero para ella simplemente había sido el mejor de todos los actores. No dudaba que las críticas serian excelentes, y que Terry no tardaría en conseguir los papeles protagónicos por su propio talento.

Tal vez fuera por el inmenso amor que sentía por él, pero para Candy, Terry fue quien sobresalió por encima del resto de los actores. Y a juzgar por los aplausos finales, el público pensó lo mismo.

- Terry ha estado genial – Le dijo Eleanor a Candy mientras aplaudían.

- Nunca lo dudé.

En ese momento, Terry dirigió su mirada hacia donde estaba Candy y le dedico una de sus mejores sonrisas. Él también estaba satisfecho con el trabajo que había hecho, y todo se lo debía a la mujer que había estado apoyándolo desde el primer momento.

- Será mejor que nos retiremos ahora – Dijo Eleanor mientras se ponía de pie – Dentro de unos minutos la gente comenzará a aglomerarse y tenemos que llegar a la recepción.

- ¿No podemos esperar a Terry? – Preguntó Candy, quien sentía unas ganas inmensas por abrazarlo y felicitarlo.

- Él irá con el resto del elenco. Es así como funciona esto.

- De acuerdo – Candy salió del palco sin muchas ganas, pero con la esperanza de encontrarse con él más tarde.

ooo

- No puedo creerlo – Decía Karen dentro del carruaje que los estaba llevando hacia la recepción – Ha salido mejor de lo que habíamos esperado. Ya quiero ver las críticas en los periódicos de mañana.

- Ha sido una gran noche – Dijo Robert con una sonrisa de satisfacción en el rostro.

En momentos como ese, agradecía haber tenido ese golpe de suerte respecto a Susana. Ella nunca habría podido hacer una performance como la que había hecho Karen esa noche. La obra había sido un éxito, y ya podía visualizar los encabezados del día siguiente. Sin duda alguna, habrá una sección dedicada especialmente a su nueva estrella: Terry Grandchester. Grandes habían sido las expectativas para con el muchacho, y todas habían sido cubiertas ampliamente. Robert estaba seguro de que Terry se convertiría en la futura estrella de su compañía, y haría todo lo posible para no dejarlo ir.

Llegaron al hotel donde se realizaba la recepción. La entrada estaba llena de admiradoras y periodistas que gritaban los nombres de los actores. Terry nunca había vivido algo semejante en su vida, y comenzaba a ser consciente de lo que implicaba ser un actor reconocido. No es que no le gustara que las personas admiraran su trabajo, pero el acoso y las cosas que las mujeres le decían comenzaban a incomodarlo. Él tenía una esposa, y no era correcto recibir esa clase de "elogios" sobre todo para Candy.

Con algo de dificultad, lograron entrar en el salón. Allí ya estaban esperándolos la gente más influyente de la ciudad de Nueva York y algunos periodistas de renombre. Pero Terry solo buscaba a una persona con la mirada.

Candy estaba parada en un rincón completamente sola. Se la notaba incomoda, y Terry no dudó en dirigirse hacia ella, a pesar de las insistencias de los periodistas por obtener una nota suya.

- ¿Por qué tan sola? – Le preguntó cuándo llegó hacia ella.

- Sabes que no me gustan esta clase de fiestas – Le dijo ella con seriedad.

- ¿Estás segura? – Terry no creyó en su infantil excusa – Dime que es lo que sucede.

Candy lo miró fijamente a los ojos.

- Escuche todas las cosas que te decían esas mujeres – Le dijo en un murmullo.

- Así que es eso – Rió Terry - ¡Estas celosa!

- No estoy celosa – Se quejó ella cruzando los brazos.

- Cariño – Terry rodeó a su esposa con los brazos – Sabes que no existe en mi vida nadie que se compare contigo. Tú eres la mujer a la quien yo amo, y nunca habrá nadie más.

Poco a poco Candy fue aflojando su cuerpo y se rindió ante los besos de Terry. Pero de pronto…

- ¡Suéltalo!

Candy sintió un fuerte golpe en su rostro que la hiso separarse de Terry.

El fuerte grito de aquella histérica mujer logró tener la atención de todos los que estaban presentes en esa reunión.

- ¡Susana! – Dijo Terry con furia - ¿Qué demonios estás haciendo aquí?

- Vine por ti, Terry – Le dijo mirándolo con una mirada profunda. No cabía ninguna duda que esa muchacha había tocado los límites de la locura – No hay motivo por el cual debamos estar separados, y no es necesario que continúes al lado de esta mujer.

- No sé de qué estás hablando – Terry intentó contenerse – Pues era obvio que Susana tenía un serio problema en su cabeza – Pero será mejor que te retires de aquí si no quieres armar un escándalo ¿Dónde está tu madre?

- Mi madre – Dijo Susana de una forma despectiva – Ella no me entiende. Dice que estoy loca y me encerró en un manicomio ¡Pero he logrado escaparme, y estoy aquí por ti!

Ahora sí, Terry había comenzado a sentir temor.

- Creo… creo que debemos llamar a tu madre.

- ¡No! – Gritó nuevamente Susana – ¡Ella no me entiende! No entiende que nosotros dos nos amamos, y que debemos estar juntos.

- Susana… yo no te amo – Le dijo él con pena. A pesar de todo, la muchacha le daba lastima – Necesitas ayuda.

- ¡Susy! – Se escuchó el gritó de una mujer rubia que iba corriendo hacia ellos, seguida por dos hombres vestidos de blanco.

- ¿Qué haces aquí? – Le preguntó Susana a su madre en un tono furioso - ¡Vete!

- Susy – Loraine tenía los ojos inundados de lágrimas – Susy necesitas ayuda…

- ¡No!

Susana continuaba gritando mientras los hombres la tomaban a la fuerza y le inyectaban un calmante. Al poco tiempo, cayó desvanecida y se la llevaron del lugar sin decir una sola palabra. Loraine estaba tan avergonzada por el penoso espectáculo que había hecho su hija que estaba segura que no podría volver a dar la cara por el resto de su vida.

- Eso sí que ha sido extraño – Dijo Max mientras se acercaba a su hija - ¿Te encuentras bien?

- Si, papá – Le contestó ella mientras se sobaba la mejilla donde Susana le había pegado – No ha sido nada.

- Esa mujer está loca.

- Está enferma – Le aclaró Candy – Y necesita atención médica.

- De todas formas no creo que vuelva a molestarnos – Dijo Terry, aliviado porque Susana había sido encerrada nuevamente en el manicomio. Pero el alivio le duró poco al ver a lo lejos un rostro familiar – Duque… - Dijo en un murmullo mientras su padre se acercaba a él.

Terry no tenía idea de lo que estaba haciendo su padre en ese lugar. Según Edwin, el duque no llegaría sino hasta la semana entrante.

- Hijo… - Le dijo cuando llegó hasta él.

- Hola Richard - Candy saludó al duque con total naturalidad.

- ¿Lo sabías? – Le preguntó Terry a su esposa - ¿Sabías que mi padre estaba aquí?

- Nos vimos apenas esta mañana – Le explicó ella – Tu padre no quería perderse tu debut como actor – Terry la miró con confusión – Le envié una carta cuando comenzaste con los ensayos. Él quería estar al tanto de tu vida, pero sabía que no le dirías nada, así que no le quedó más remedio que recurrir a mí.

- Candy me ha explicado que siempre has querido ser actor.

- ¿No te molesta? – Le preguntó Terry extrañado.

- Claro que no – Le contestó el duque – Hace un tiempo que comprendí que de nada sirve intentar imponerte mi voluntad. Lo único que me importa, hijo, es que tú seas feliz.

- Yo… no sé qué decir.

- No hay nada que decir – Sonrió el duque – Has hecho un gran trabajo en el escenario. Estoy seguro que te convertirás en un gran actor.

- Gracias.

- Estoy orgulloso de ti.

Terry no terminaba de comprender lo que estaba sucediendo, pero lo que sí sabía, era que él y el duque al fin habían encontrado el equilibrio en su relación de padre e hijo. Se sentía feliz por todo lo que tenía en esos momentos. Su carrera como actor estaba comenzando, tenía a sus padres, amigos, y por sobre todas las cosas, la tenía a ella. Sabía que haber encontrado a Candy era lo mejor que le había pasado en la vida. No cabía ninguna duda que Terry era el hombre más afortunado del mundo.

FIN


Bueno… llegamos al final de esta historia.

Si quieren saber que fue lo que paso con Candy y Terry y los demás personajes… tendrán que esperar a leer el epilogo, que espero estar publicándolo en esta semana!

Besosssssssssssssssss