Título

Título.

Un amor como el invierno, o la historia antes durante y después de éste.

II. Está en la sangre.

Está en la sangre, está en la sangre.

Conocí a mi amor antes de haber nacido.

Él quería amor, yo probé la sangre

Él mordió mis labios, y bebió mi Guerra

De años atrás, de años atrás.

Seguramente está en la sangre. Sam está casi seguro al 100 de que hay algo mal en su sangre porque siente cada vez más cerca a su hermano. No la cercanía filial que ve en los anuncios de cereales dónde aparecen las familias unidas y que cuando estaba más pequeño le hacía querer llorar, sino una cercanía más intensa, más como la cercanía de dos personas que se aman y que son una sola.

Hay veces en que siente que pierde su dimensión humana. Algunos momentos siente que ya no es Samuel Winchester, ni Sam, ni Sammy, ni siquiera Samantha. Sino algo más que ni siquiera con su IQ de 150 puede lograr poner en palabras. Pero es que no es su culpa.

La culpa es de Dean. Y no se está excusando, de verdad que no, pero desde siempre ha sido la maldita culpa de su hermano. Es él quien cuando entra a la habitación y se acerca a menos de tres metros, o que entra en su campo de visión, termina haciendo que a Sam se le enrede la lengua y sus neuronas decidan irse a conocer Irlanda para dejarlo simplemente hablando y hablando de las más grandes tonterías. Dean le dice que es el listillo, y es cierto, lo es. Es casi un genio, por eso prefiere decirle a su hermano que él vaya a entrevistar mientras él investiga en casa porque si tiene que investigar con su hermano cerca es como pedirle a Britney Spears que resuelva los más complicados juegos de Sudoku, es decir, imposible.

Dean le atrae de maneras inimaginables, de tantas formas y tan variadas que no ha importado que Dean antes era más alto que él y ahora es bajito, o que su piel antes era rara y sus dientes demasiado grandes, o tal vez que ahora todo él sea absolutamente perfecto, el punto es que Dean tiene hoy y siempre ha tenido una especie de lazo invisible con el que lo ató desde que nació y pasaron los días de regla antes que un bebé pueda distinguir su entorno. Es ahí, seguramente fue ahí cuando era un bebé y lo vio por primera vez, que supo que su hermano sería su perdición.

Por eso discutía tanto con John. Bueno, por eso y porque su padre era un bastardo mandón desgraciado que creía que sus hijos eran soldados y no eso: niños que necesitaban un abrazo en vez de una escopeta. Pero no hay que malinterpretar. Es cierto que Sam discutía con su padre hasta por el color de la pared izquierda del restaurante sucio de Kansas, sin embargo, Sam quería a su papá. Mucho. Lo quería muchísimo porque gracias a él, Dean le dio su primer beso en forma. Aquella vez en que hubo pelea de las buenas, de esas que hasta habría que transmitir en algún episodio de Celebrity Death Match o algún reality de MTV, en que realmente él sobre actuó porque su padre tenía un punto bueno: no podía salir con aquella chica linda, ella era vampiro así que había que matarla o si no se lo podría comer vivo. Sin embargo Sam no quería, no es que le importara mucho, la verdad, hay más y mejores rubias, sin embargo ella tenía unos ojos tan parecidos a los de Dean, que al ser lo más similar a su hermano que podría alcanzar, pues no hay que ser un genio para entender que él no quería que le tocaran ni un pelo. Obviamente su padre se enfureció. Y le gritó, mucho. Incluso le dio un severo puñetazo directo a la cara que lo hizo tambalearse a él, y a John abrir mucho los ojos mirando a su hijo, luego su mano, y luego al piso. Fue algo gracioso, la verdad. Papá se fue a cazar a la dama y Sam se quedó con Dean quien no dejaba de mirarle la mejilla que tomaba un color cada vez más oscuro. Mañana seguro dolería.

Sam recuerda que lo primero que hizo fue mirar a su hermano como diciéndole un "¿ves? Yo soy el que necesita que lo cuides. John malo. Sam bueno. Quiéreme a mi." que por más estupido que suene pareció hacer efecto, sobre todo cuando se lamió la sangre que le brotaba del labio roto por la reacción en cadena causada por el impacto. Luego se sentó en la cama y entró en pánico cuando por un segundo no vio a Dean que se volvió algún manchón que murmuraba insultos con su voz de barítono angustiada, se movía a la derecha a buscar en su bolsa, luego a la izquierda cargando otra bolsa, después al pequeño mini-bar a sacar hielo, y lo último que Sam supo fue que estaba frente a él empujándolo sobre la cama para que quedara acostado y él sentado a su lado acomodándole una bolsa con hielo. Dean para presidente. O para enfermera del año, lo que suceda primero. Sam le habría aplaudido pero se detuvo al ver la cara de preocupación que últimamente parecía estar tatuada en el rostro de su hermano. Estaba preocupado. Por el. Albricias. Sam 1, John 0. Viva la familia. Viva la vida. Viva la sangre que los unía y que parecía estar tirando de la cuerda que los juntaba. Al menos ya sabía de dónde los ataba esa cuerda de sangre: del cuello, si no, ¿de que manera era posible que pudieran estarse acercando de esa manera? Dean se acercó un poco con el pretexto mudo de revisar bien la herida. Sam se acercó un poquito más para que le viera la herida. Dean logró quedar a un palmo de distancia para darle la vuelta a la bolsa de hielo antes que se derritiera. Sam destruyó la distancia para poder tocar esos labios de puta con los suyos antes de que el grito de chica que resonaba en su cabeza terminara de dejarlo completamente sordo.

Luego hubo silencio. Mucho silencio. Demasiado silencio.

Dean lo besaba. Sam lo besaba. Sam y Dean se besaban. Y Sam supo que estaba perdido. Y Dean supo que estaba más perdido aún.

Dean acarició sus labios con los suyos y lamió la herida de la boca probando la sangre, uniéndolos más, convirtiéndolos en algo más de lo mucho que siempre habían sido. Dean mordió su labio. Sam sintió que todo estaba bien. Luego podrían decir que había explotado un caleidoscopio llenando todo de color, o que la calefacción del apartamento no servía y por eso hacía calor, o lo que fuera. Pero por suerte, mientras Dean se acomodaba sobre su hermano para tener un mejor acceso a esa boca de la perdición, no pudo dejar de sonreír porque parecía que el invierno parecía hacerse más cálido, y el calor de Sam que lo agobiaba disminuía su temperatura haciéndose más soportable. Incluso el frío crónico que tenía desaparecía cuando sus pies entraban en contacto con las caderas cálidas de Sam.

Pero la verdad no hubieron fuegos artificiales, ni alineación de planetas, ni una súbita alteración del tiempo. Solo eran ellos dos: Sam y Dean... SamyDean, como uno solo, como una mitosis a la inversa que termina uniendo las células desafiando cualquier ley comprobada por el método científico.

Sam y Dean juntos, sin la guerra del primero ni el frío invierno del segundo.

Solo ellos, solo SamyDean.

SamyDean. Robado a ya-chan, derechos reservados. ;)