La ambulancia había llegado en seguida, pero aún así, aquellos minutos de espera, fueron un auténtico infierno para Don. Sostenía en sus brazos a Dean, mientras notaba que la sangre, poco a poco, iba brotando de la herida de su pecho. El cazador estaba inconsciente y aunque Don hubiera preferido poder decirle lo que sentía, por si luego era demasiado tarde; también prefería que Dean no sufriera y si había de morir, que al menos no se enterara y fuera como un sueño.

Le dio un beso en la frente y apretó con fuerza la mano del cazador, preguntándose si Dean sentiría su contacto. También le hubiera gustado saber que estaba soñando, si Don formaría parte de sus sueños o si por el contrario, tan sólo contaba con su hermano dentro de su inconsciente.

"Don…"

"Colby, vete de aquí." Dijo con toda la frialdad posible el federal. Lo último que deseaba en ese momento era hablar con el hombre que había disparado e intentado matar al hombre al que quería.

"Tenía que salvar a Charlie, incluso Dean quería que lo mataras." Don lo hubiera matado, si hubiera podido, tan sólo con la mirada. ¿Cómo podía decirle algo así? "Lo siento, pero es verdad. No se nada sobre demonios, pero se lo que soy capaz de hacer por salvar al hombre con el que voy a casarme."

"Yo también se lo que estaría dispuesto a hacer. Así que, te lo pido por favor, vete de aquí de una vez." Colby dio todavía un paso hacia él, pero al ver el odio en la mirada de su jefe y hasta hacía poco amigo, se detuvo en seco. "Haznos un favor a todos y ve a ver como esta Charlie, seguro que él todavía tiene ganas de verte."

Don sabía que aquella frente haría daño a su compañero, pero en ese momento era todo lo que deseaba, que sufriera por lo que le había hecho a Dean y por mal que lo estaba pasando él. Lo miró hasta que desapareció o tal vez hasta que escuchó la sirena de la ambulancia aparcar frente a la puerta de su casa.

Colby salió sin decir nada más, pues había nada que pudiera decir par intentar que Don no le odiara, en realidad, no sabía si en algún momento eso sería posible. Miró a Dean, apenas lo conocía y le había disparado, casi sin pensárselo, sin dudar, pues no había nada para él más importante que salvar la vida de Charlie. Tenía que acabar con ese demonio, antes de que volviera a hacerle algo a Charlie; pero ahora se daba cuenta que el odio al demonio le había cegado. Si Dean no salía de esa, Don jamás le perdonaría.

"Tienes que aguantar un poco más." Dijo Don en el oído del cazador, lo suficientemente bajo para que nadie más lo escuchara, mientras veía a Sam salir de la habitación e ir en busca de los médicos. "No puedes dejarme así, porque todavía no nos me hemos ido siquiera de vacaciones."

Dean protestó y gimió, como si le hubiera escuchado; pero un momento más tarde, Don se dio cuenta que la sangre de la herida brotaba ahora mayor intensidad.

"Mierda. ¡Sam ¿Dónde están esos malditos médicos?"

Dos hombres entraron en la habitación, les escuchó decir algo, pero mientras miraba la sangre manchando sus manos y la ropa, tanto la suya como la Dean, apenas podía concentrarse en nada más.

"Señor, por favor, necesitamos que se retire para poder hacer nuestro trabajo." Don notó la mano de uno de los médicos sobre su hombro y lo miró a la cara. Se trataba de un chico joven, algo menor que Dean, pero sus ojos estaban seguros de si mismos. "Por favor." Repitió el chico."

Don asintió en silencio, era imposible pronunciar palabras. Fijó la vista en el cuerpo de Dean, tan sólo deseaba abrazarlo, sostenerlo y decirle que no iba a alejarse de él, que no tuviera miedo, que todo iba a salir bien. De nuevo, escuchó que los médicos, mientras trataban detener la hemorragia, decían algo entre ellos, pero Don quiso escuchar, no podía hacerlo, pues todavía no le había dicho a Dean, que estaba totalmente enamorado de él; no se lo había dicho por temor a que el cazador se riera de él, a no ser correspondido con amor incondicional como el que él tenía. ¿Y si ahora ya era demasiado tarde?

"Van a llevárselo al hospital."

Don se dio la vuelta, sobresaltado por escuchar a Sam tras él. mantuvo en silencio, pues eso era lo que sentía en su corazón, silencio absoluto, nada, había dolor pera un dolor silencioso, que poco a poco iba creciendo, como si de un agujero negro se tratara, pero que al mismo tiempo no le dejaba hacer o pensar en nada. Ni siquiera tenía fuerzas para llorar; habían pasado por tanto aquellos meses, que no tenía fuerzas para nada y la sola idea de que todo aquello no hubiera servido para nada, que Dean estuviera a punto de morir, el disparo de uno de sus mejores amigos, todavía le destrozaba más el corazón.

"Dean es muy fuerte, siempre lo ha sido, supieras por todo lo que ha pasado."

Don se estremeció, pensando en eso, en todo lo que Dean debía haber pasado en su vida y preguntándose cuando se daría por vencido.

"Eso es lo que me da miedo."

"¿A qué te refieres?" Sam miró con miedo y curiosidad a partes iguales a Don.

"Dean ha pasado por mucho, aunque tan sólo me ha contado una parte, se que hay mucho más dolor en su corazón del que nunca revelará a nadie por mucho que le queramos. ¿Crees que algún día se cansará de luchar?"

Sam no contestó, pues parecía que el federal le hubiera leído a mente, ya no recordaba cuantas veces había pensado precisamente eso, cuantas veces había terminado su hermano en un hospital y Sam había temido que Dean decidiera dejar de luchar. Desde la muerte de su padre, nada había sido lo mismo para Dean y aunque nunca le hubiera dicho nada a su hermano, Sam lo sabía.

Sin quitar la vista de Dean, el federal vio, como los médicos le colocaban el oxígeno y levantaban la camilla. Dean protestó de nuevo, pero el federal no pudo hacer nada para hacerle sentir mejor, para quitarle el dolor; apretó con fuerza sus puños, hasta clavar los dedos en la palma de la mano. Quería sentir dolor físico, necesitaba una sensación, que le acercara un poco a lo que Dean estaba sintiendo en ese momento.

"Dean no te haría algo así, no te abandonaría." Desde luego hablaba por experiencia. "Dean te quiere de verdad, no dejará de luchar."

"Eso espero." Terminó diciendo Don en un suspiro, mientras los médicos se llevaban la camilla de Dean.

- o -

Colby entró en el apartamento de Don. Casi era de noche y todo estaba oscuro. Tampoco vio luz en el dormitorio donde estaba Charlie y esperó que lo que había hecho, que disparar a Dean, pese a lo mal que se sentía por haberlo hecho, hubiera servido para algo y Charlie estuviera bien.

Abrió con cuidado la puerta, tal vez el profesor estuviera durmiendo y desde luego, necesitaba descansar mucho después de todo por lo que había pasado. Lo vio, tumbado en la cama, hecho un ovillo, como si de un gatito se tratara. Colby no pudo evitar sonreír al verlo, siempre le ocurría lo mismo, Charlie le hacía sonreír, no importaba lo mal que estuvieran las cosas, el simple hecho de verle, le reconfortaba.

Entró por fin en el cuarto y cerró la puerta tras él, dejando que de nuevo la habitación se cubriera de la más absoluta oscuridad. Caminó lentamente hasta la cama y se sentó allí, en la esquina, para asegurarse que no molestaba a Charlie.

"He oído un disparo, ¿va todo bien?" Dijo Charlie sin moverse, su cuerpo estaba demasiado agotado como para hacer el más mínimo movimiento. "Temí… no se, después de todo esto, no sabía ni lo que pensar." Suspiró al notar la mano de Colby sobre su mejilla.

"Charlie," No sabía como decirlo, conocía demasiado bien a Charlie como para saber que en cuanto le contarla lo que había ocurrido, el profesor se enfadaría con él. "Tenía que salvarte, no podía permitir que ese demonio llegara otra vez a ti."

El profesor se estremeció al recordar al demonio que lo había poseído. Todavía podía recordar sin problemas las horribles palabras que le había dicho cuando estaba dentro de su cabeza, lo cerca que había estado de convencerle que tenerle dentro era lo mejor, que su hermano, que Colby, que todos estarían a salvo y si le dejaba quedarse.

Ahora se sentía débil por haber estado a punto de aceptar, de unirse para siempre con esa criatura y así mantener seguros a sus queridos. Estaba casi seguro que Dean no se había dejado convencer tan rápido, era un cazador, estaba acostumbrado a enfrentarse a los demonios. No le habría atrapado tan rápido.

"¿Qué es lo que ha pasado?"

Charlie se movió lentamente, el cuerpo le pesaba demasiado como para hacerlo con mayor rapidez. Apoyó la cabeza sobre las piernas de Colby y cerró un momento los ojos. Tenía ganas de vomitar, pero se contuvo, las manos de Colby acariciando su mejilla y su voz tranquilizadora sobre el oído le calmaron e hicieron que las ganas desaparecieran momentáneamente.

"Todo está bien, bueno lo estará cuando las cosas vuelvan a la normalidad." COlby tragó saliva, por primera vez desde que le habían descubierto como triple agente, estaba mintiendo a Charlie y aunque fuera por su propio bien, no le hacía ninguna gracia. "El disparo..."

Charlie gimió, de nuevo tenía ganas de vomitar y estaba empezando a pensar que las ganas de hacerlo se las producía aquel apartamento, la sensación de que el demonio todavía estaba rodando, que todavía quería volver atraparle. Apretó con fuerza la mano de su compañero y se concentró para evitar vomitar.

"Necesito salir de aquí." Dijo por fin, olvidando el disparo que había escuchado. "¿podrías llevarme a casa?"

"¿Estás seguro que quieres moverte?" Aunque apenas podía verlo por la oscuridad reinante en la habitación, Colby podía ver la palidez en el rostro de Charlie, era normal, no lo iba a dudar, pero prefería no tener que obligarle a moverse. "Podríamos esperar aquí un poco más."

"¡No!"

Defitivamente, había dejado de gustarle el apartamento de su hermano y cuando todo aquello hubiera terminado, le rogaría si era necesario, que se cambiara de casa, pues él no tenía intención de volver allí, los recuerdos y las horribles sensaciones eran demasiado para él.

Sin saber muy bien porque lo hizo, Charlie se incorporó, notando como todo su cuerpo dolorido se quejaba y rodeó el cuello de Colby. se sentía como un niño aterrado que buscaba le confort de su padre.

"Quiero irme a casa." La sensación de malestar aumentó a cada momento que los recuerdos de los días pasados volvían a su mente. "Colby, no quiero estar aquí." Estaba empezando a costarle respirar y si a eso le sumaba las ganas, cada vez más incipientes de vomitar, lo único que deseaba Charlie, era salir corriendo de allí, aunque para eso, necesitaría la ayuda de Colby.

El federal se puso en pie y alargó la mano hacia Charlie; el profesor lo miró un momento después con movimientos lentos aceptó y se levantó. Le temblaban las piernas, por lo que tuvo que sujetarse a Colby para no caer al suelo. El federal rodeó su cintura con fuerza y los dos, muy lentamente salieron de la habitación.

Hasta que no estuvieron fuera del apartamento, Charlie no empezó a sentirse mejor, lo suficiente para respirar sin problemas y poder caminar por si solo. Ninguno de los dos habló hasta que llegaron al coche.

"¿Dónde están mi hermano y los demás?" Preguntó Charlie tras acomodarse en el asiento del coche de Colby. "¿Colby, que ocurre?"

"Nada, es sólo que… tuvimos que hacer algo para evitar que Dean… estaba poseído, había aceptado al demonio." Charlie se quedó de piedra al escuchar aquello, no comprendía como el cazador podía haber cedido. "No podía permitir que te hiciera daño."

"¿Colby que es lo que has hecho?"

Charlie cogió la mano de Colby y la apretó, notaba que su compañero lo estaba pasando muy mal, por lo que todavía no le había dicho.

"Muy bien, te lo diré, si me prometes que iremos a casa y descansarás." Pese a dudar un momento, Charlie asintió. "Tuve que disparar a Dean." Sorprendido, Charlie abrió la boca para decir algo, pero Colby siguió hablando. "El demonio estaba dentro de él y dijo cosas sobre ti, que no pude… Lo siento era Dean o tu y desde luego no tenía elección."