Después de tanto tiempo nos encontramos en el final, debo agradecer a todos los que me dejaron un comentario y me permitieron conocer sus opiniones y pensamientos, que me alentaron para darles este final que tanto deseaba y que he imaginado hace más de dos años. Mil gracias a mi Beta Reader Aura, sin su apoyo este fic no sería ni la mitad de bueno.
También quiero avisarles una pequeña sorpresa, preparé un extra, lo estaré publicando muy pronto para que estén atentos a las notificaciones.
¡Los adoro!
La gente llenaba el jardín de la mansión Wayne que era la locación para el magno evento: la unión de Bruce Wayne y Clark Joseph Kent.
Se habían colocado carpas de color blanco y del techo de éstas colgaban pequeños frascos con velas dentro que se complementaban con unos hermosos candelabros dorados, mostrando un espectáculo de luces increíble.
Las flores colgaban de los pilares y adornaban las mesas donde los invitados platicaban o comían. Se trataba de unas rosas azules de un color irreal, denominadas "kriptón", aquellas que tiempo atrás Bruce mandara a hacer genéticamente para el agrado de Clark.
Los meseros paseaban entre las mesas repartiendo bebidas y canapés, eran robots, debido al secretismo de la boda sólo había amigos íntimos.
Este casamiento era el primer gran evento después de la pelea contra Cadmus, un año atrás. La herida que dejó, tanto en la Liga de la Justicia como en la gran familia Wayne, sería difícil de borrar.
Por eso el ambiente festivo tenía una velada sensación de nerviosismo que ni las sonrisas ni las felicitaciones borraba por completo.
Conner abrazó la estrecha cintura de Tim y lo atrajo a su cuerpo, mientras su esencia Alfa le envolvía de forma protectora.
-¿Por qué tan de repente?-le preguntó avergonzado el tercer Robin, escondiendo la cara en el pecho del Alfa de primer nivel.
-Puedo notar tu estrés- le dijo suavemente, acariciando sus cabellos y peinándolos, acomodando un mechón rebelde. Tim se rehusaba a dejar su cabello crecer demasiado, sin embargo, los suaves y lacios mechones eran difíciles de domar. El Omega creía que tener el cabello largo le daba un aspecto femenino y, al ser el nuevo Batman, rechazaba todo lo que fuera blando.
Kon no le había dicho que aunque rapara su cabeza no podría hacer nada en contra de sus ojos grandes ribeteados de largas pestañas, la nariz pequeña y afilada, los labios rellenos y su rostro de angulosas proporciones. Tim deseaba reflejar al Batman de Bruce, pero debía entender que nunca sería Bruce, así como él, no sería Clark.
-¿Estoy oliendo?- le preguntó Tim en un susurro histérico que sabía que el otro escucharía.
-No, lo sé porque te muerdes los labios, tus pies no dejan de moverse y tu mano está sudando- le dijo Kon acentuando su esencia para tranquilizarlo, aquel olor a madera que amaba el Omega.
Tim rodó los ojos, Kon era demasiado observador, sabía permanecer callado y escuchar, un don que pocos Alfas poseían, quizá debido a su crianza con Omegas. Aquello no le había hecho menos Alfa, pero sí más susceptible a comprender a los demás.
Esa característica en su personalidad le hizo compensar sus deficiencias como Superman por la manera en que intimidaba, sin desearlo, a las personas que quería salvar.
-¿Me dirás por qué estás nervioso?- preguntó cuándo sintió que Tim se relajaba en su abrazo, el Omega de bajo nivel se mantuvo callado, avergonzado y dudoso de sus propias palabras.
- Siento que todo el mundo puede verla... mi marca- le dijo haciendo palabras sus dudas.
Unas pocas semanas atrás habían compartido el celo, una experiencia por la que habían pasado con anterioridad, pero en esta ocasión fue distinto. Tim le pidió la mordida a Kon, quería que lo marcara para siempre.
Los ojos azules de Kon, tan hermosos como el cielo despejado, le habían observado en silencio, nervioso y asustado, pero seguro de su decisión.
Pese a su largo noviazgo, Tim le temía a la mordida, no porque no deseara el compromiso, no porque no quisiera una vida con Kon, sino porque temía a su naturaleza Omega, a ser doblegado, a ser débil y vulnerable. Sentía que la marca lo haría perder algo irremplazable de sí mismo: su mente analítica y sistemática.
Su cerebro era su más grande arma, lo que lo hacía un líder y Batman, pero temía tanto al fracaso y a dejarse llevar que no sólo estaba negando su propio yo, sino el amor de Kon.
El Alfa nunca le pidió la mordida, le esperó con la paciencia de un santo porque no deseaba a un Tim incompleto, deseaba su cuerpo, su espíritu y su mente, mientras esos tres factores coexistieran en caos él debía esperar.
Consumaron el acto y se enlazaron. Al día siguiente Tim pudo comprobar que no había perdido nada de sí. Sentía la conexión, el apego y la necesidad, pero también la libertad de ser él.
- Nadie puede ver tu marca- le aseguró Kon. Ambos llevaban trajes idénticos, esmoquin negro con camisa blanca y en el ojal una pequeña rosa azul.
- Soy obsesivo y autodestructivo con demasiadas inseguridades, cuando me pongo a pensar en la marca, mi mente me manda mil estudios, datos y pruebas sobre cómo afectan a los Omegas y no puedo parar, es un ciclo sin fin- le dijo cansado de sí mismo.
- Debo darte más pruebas entonces de que no te haré daño- le dijo el medio kriptoniano al oído.
Desde su unión se sentía especialmente sobreprotector y amoroso, su pecho fuerte y amplio siempre estaba disponible para envolver a Tim, rodearlo con su aroma y calmar sus miedos, aún tenían un largo camino por delante. El Omega no deseaba tener hijos, temía que fueran una vulnerabilidad, un blanco para los villanos y su punto débil.
Kon pensaba que no podían vivir siempre creyendo en posibilidades negativas, que era imposible ocultarse de los riesgos. Ante la negativa de tener hijos de Tim consideró la posibilidad de tomar un aprendiz y le confesó la idea a Tim, sin embargo el Omega parecía reacio incluso a esa idea.
- Voy a mostrarte que el amor no es restar sino sumar, que la mordida no será nunca una forma de someterte, sino de volvernos uno, de ser más. Estando juntos como iguales, apoyándonos mutuamente, callaré con mis palabras todas tus voces internas que te gritan tus inseguridades para envolverte con mi amor-
Tim se sonrojó al escucharlo, su corazón latió escandalosamente en su pecho, por un segundo su mente se desconectó y víctima de sus emociones le besó.
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-¿Te sientes mal Damián?- le preguntó Jon, mirando al Omega a su lado.
-Estoy bien Kent- le dijo masajeándose las cienes y suspiró porque esos ojos no dejaban de mirarlo preocupados - Sólo es un dolor de cabeza, sobreviviré- le aseguró.
-Te traje un vaso de agua y unas píldoras- Collin se sentó al lado de Damián. Estaban en una gran mesa apartada de la multitud y tragó las pastillas ante la atenta mirada de los dos adolescentes.
-Dejen de mirarme como si fuera a morir -les gruñó enojado -Sólo son efectos colaterales del celo, las píldoras me harán bien- les dijo con dejes de suficiencia.
Apenas esa mañana el celo de siete días de Damián terminó y los preparativos de la boda lo dejaron sin tiempo para recuperarse, su obstinación lo mantenía en pie para estar presente en el evento.
-Iré a traerte algo de comida no es bueno tomar medicamentos sin nada en el estómago, el banquete aún no se servirá, pero seguro puedo robar algo- le dijo Jon poniéndose de pie y mirando a Collin para dejar al Omega a su cuidado.
-¿Robar? Ten cuidado con tus palabras y que no te atrapen Kent, sería problemático-le dijo Damián bebiéndose el vaso entero de agua, dándole una sonrisa de medio lado dejándolo irse.
- ¿Tu celo sigue siendo muy intenso?- le preguntó Collin antes de llamar a uno de los robots para pedirle una jarra de agua.
- Sí, pero ya me han revisado tanto la Doctora Thompkins como la madre de Jason. Las dos coinciden en que los dolores son provocados por llevar el implante subdérmico para ocultar mi casta. La dosis era demasiado potente para mi edad y como eran mis primeros celos afectó mi organismo, ahora solo debo depurarme y seguir tomando el medicamento que me recetaron-
- Si te sientes mal podemos irnos a descansar, el ruido debe estar martillándote la cabeza- le dijo Collin tomando su mano.
Damián no apartó la suya, apretó los dedos de Collin para asegurarle que estaba bien porque sabía que el pelirrojo necesitaba ese gesto para tranquilizarse. Pese a volverse más social y tener tratamiento con una psiquiatra, la mente del pelirrojo nunca se recuperaría de los tormentos sufridos, el Alfa siempre sería frágil.
Collin había presenciado el celo de Damián poco después de los eventos de Cadmus, cuando Bruce dejó al pequeño vivir con ellos en la mansión.
Había sido intempestivo, en medio de la noche, cuando los tres compartían habitación. De inmediato Damián reconoció los síntomas, el calor y la necesidad, el aroma de los dos jóvenes Alfas parecía ambrosía, se mezclaba en su nariz y recorría su lengua, casi podía paladearlo.
Sin delicadeza despertó a los Alfas para obligarlos a marcharse de su cuarto, Jon amodorrado y perezoso se levantó, demasiado confundido en la madrugada para oponer resistencia, pero Collin se paralizó de miedo.
El aroma de Damián se hizo más potente para él, al punto que comenzó a hiperventilar y a temblar, asustando a los otros dos.
Aquello fue el inicio de un ataque de pánico, Collin se estremeció con violencia y entonces se trasformó ante sus ojos, desgarrando su pijama infantil y, tembloroso, un adulto de casi dos metros de altura con el pecho amplio y musculado les observaba.
En la oscuridad de su cuarto Damián tuvo un segundo de terror al recordar al Alfa que provocó su muerte, pero éste no era su hermano gemelo, era Collin, aquella trasformación era el resultado de los años que Cadmus experimentó con él.
Ante el miedo de Damián y el olor de su estrés, los instintos de Jon actuaron sin que pudiera detenerse. Se enfrentó a Collin, gruñéndose mutuamente, una pelea de Alfas en la que ambos colisionaron con fuerza, pero la inexperiencia del pelirrojo lo dejó inconsciente y volvió a su forma original, un niño desnudo, frágil y cansado.
-Llévatelo de aquí- le ordenó Damián aun asustado y Jon obedeció, fue una semana larga, donde no pudieron hablar con el Omega, Collin más callado de lo normal, estaba aterrado de perder su amistad con él, pensaba que Bruce y Clark lo echarían de la casa.
Sin embargo, eso no pasó. Cuando el celo terminó, Damián estuvo ahí de regreso, listo para entrenar con Collin.
"Debes aprender a dominarlo, ahora es parte de ti"- le dijo - "Me servirá entrenar contra ti en esa forma, me ayudará a superar traumas pasados y volverme más fuerte"- le aseguró para animarlo.
Después de eso no volvieron a dormir juntos y Collin obtuvo su propia habitación en la otra ala de la mansión, lejos de la Damián.
Jon apareció con un plato de comida posándolo frente a Damián con una sonrisa. El Omega soltó la mano de Collin para devorar la comida con apetito, el fuerte celo le impedía mantenerse bien alimentado e hidratado, por ello, siempre estaba hambriento.
-Debemos hablar con el resto del equipo- dijo limpiándose con una servilleta cuando terminó.
-¿Con cuál equipo?- preguntó Jon confuso, ladeando la cabeza. Pese a que su cuerpo era el de un adolescente de catorce años, mentalmente seguía teniendo sólo once. Ese comportamiento adorable de cachorro le irritaba a Damián al considerarlo secretamente enternecedor.
-Al equipo que formaremos, los nuevos y mejorados Jóvenes Titanes- le aseguró ambicioso.
-Pensé que habían desintegrado a su equipo por desobediencia -dijo Collin extrañado.
-Nimiedades- contestó Damián -Un año es tiempo suficiente para olvidar, además nuestras habilidades de equipo y entrenamientos han llegado a su límite. Necesitamos integrar nuevos miembros y tener misiones reales, no sólo entrenar en cámaras con hologramas o contra robots - se puso de pie, invitando a los otros dos a seguirlo -Es tiempo de socializar- dijo con una mueca sarcástica.
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-¡Déjate en paz ese moño!- le regañó cariñosamente Sheila, mientras le acomodaba el esmoquin.
Jason bufó, pero se quedó inmóvil mientras ella le plisaba el traje acomodando la flor en su pecho.
-Luces tan guapo- dijo ilusionada la Omega sin poder evitar ponerse de puntillas para abrazar a su hijo y llenarlo con su suave aroma a vainilla.
-Ya mamá, me estás avergonzando- dijo bajo, sintiendo su cara arder.
La rubia de ojos turquesa sólo rió y se separó de él - Reserva un baile para mí - le pidió tímidamente, tan avergonzada como él.
- Pensé que todos tus bailes estaban ocupados-le dijo cruzándose de brazos sobre el pecho, señalando con la cabeza a la Alfa que platicaba en su mesa con Dick y jugaba con Mar'i.
- Leslie y yo sólo somos amigas- se justificó su madre.
- ¿Leslie? ¿Cuándo pasó a ser Leslie y no la Doctora Thompkins?- inquirió celoso como siempre con una ceja alzada. Su madre se sonrojó y Jason negó con la cabeza.
- ¿No es demasiado mayor para ti? Sólo recuerda que quiero seguir siendo hijo único- dijo y Sheila le regañó avergonzada.
Mar'i los saludó corriendo hacia ellos con un amplio vestido azul que la hacía lucir como una princesita -Acabo de ver a mis tíos Roy y Wally, ¿podemos ir con ellos?- le preguntó la niña jalándolo de la mano para dirigirlo a la mesa donde se sentaban. Jason accedió, sabía que sus amigos siempre malcriaban a Mar'i colmándola de atenciones.
En la mesa se encontraban Bárbara, Kori, Wally y Roy platicando y bebiendo de sus copas.
Al acercarse Jason no pudo evitar pensar que era la mesa de los exnovios, aquello se debía seguramente al acomodo de las mesas hecho por Dick, quien había colocado a los miembros de la Liga y sus familias en las mesas principales. De tal manera que podías ver a las familias de Aquaman y Mujer Maravilla ocupar mesas enteras cerca de donde los novios se encontraban.
Su hija corrió a saludarlos emocionada y fue acogida con abrazos y mimos por todos, una mano le acarició la espalda y cuando volteó Dick le sonreía antes de abrazarse a él. Juntos se unieron a los demás.
-Qué bueno que llegas líder, justo le comentaba a Roy que deberíamos hacer una nueva adquisición al equipo- le dijo Kori con una sonrisa. La pelirroja tamaraniana sostenía en sus piernas a Mar'i mientras le hacía mimos.
- ¿Más miembros?, pero si desde que nos abandonaste por ir a gobernar Tamaran se unieron Wally y Dick a los Renegados- le dijo. Las obligaciones como reina impedían a Kori estar presente en la Tierra, pero el equipo no había tenido bajas, desde su matrimonio con Dick, el Beta siempre lo acompañaba y los Alfas pelirrojos eran inseparables.
-Deben de tener un poco de poder femenino entre ustedes para que no me extrañen demasiado con la expansión de la Liga de la Justicia. Tengo a una amiga increíble que está ansiosa de unirse- les dijo con una gran sonrisa. Jason desconfió de la propuesta, pero escuchó hasta el final.
-Su nombre es Artemisa- les dijo -y combinará perfecto con el equipo porque también es pelirroja-
-¿Es mi imaginación o ahora hay más héroes pelirrojos?, pareciera que los regalan- comentó y Bárbara le aventó su servilleta negando con la cabeza.
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-A ustedes no les gusto yo y ustedes no me gustan a mí, pero deberíamos de trabajar juntos- les dijo Damián a los demás adolescentes. Habían ocupado una mesa entera y todos se veían poco convencidos con el discurso de Robin.
-Ni siquiera puedes estar seguro de que tus padres apoyarán la formación del equipo de los Jóvenes Titanes- le dijo Cassandra. La rubia amazona estaba mucho más alta desde la última vez que la vieron debido a que su casta se había manifestado en ella, volviéndola un Alfa de primer nivel con un fresco aroma a menta.
-Además ahora nuestra vida está en Themyscira, nuestra familia se mudó a la isla- agregó Donna. La pequeña, aún no manifestaba una casta, pero su temple era tan maduro como el de su hermana.
Ambas vivían de forma permanente a la isla de Themyscira, entrenando para en el futuro ocupar el lugar de su madre y de su abuela Hipólita.
Con la llegada de los atlantes a Themyscira, la población de la isla se volvió de dos castas: Alfas y Omegas. La paz era regulada a través de la reina Hipólita junto con la reina Mera.
Steve era el principal vínculo con los Omegas llegados del mar, los ayudaba a calmar sus instintos agresivos y facilitar la convivencia con las imponentes amazonas.
-Tu idea no tiene ningún sentido. Además, ¿por qué tendríamos que seguirte a ti?- dijo con altanería AJ. El rubio querubín le hizo un mohín frunciendo las cejas para después acomodar los rizos fuera de su cara. En ese año sin verse reveló su casta convirtiéndose en un Omega de nivel medio, tenía un dulce aroma a miel y no tenía tapujos en exudarlo para llamar la atención.
Damián se mordió los labios para controlarse, sentía deseos de golpear su andrógino rostro y enseñarle una lección. Jon colocó su mano en el hombro del Omega en señal de apoyo.
-Robin tiene un excelente desempeño en las situaciones de crisis y creo que todos nosotros lo hemos comprobado- les dijo alzando su voz. El temple de Batman y la sinceridad de Superman lo hacían un líder nato, los demás siguieron escuchándolo - Ha probado su valía y tiene la experiencia en combate real de la cual carecemos, opino que debemos darle la oportunidad de probarse a sí mismo como líder- les dijo.
-Tienes un punto Jon, Damián cuenta con experiencia real, pero que sea talentoso no lo hace ser líder- contestó Suzanne, la rubia Alfa de primer nivel - Veo que Damián ha ganado tu confianza y también la de Collin, si tú crees en él, confiaré en tu juicio, sólo espero que no estés equivocado- le advirtió - Aún si aprobamos tu propuesta y la Liga de la Justicia reintegra a los Jóvenes Titanes, nos faltan dos miembros- dijo suave y su mirada se dirigió a una mesa que se mantenía apartada del resto, la mesa de la familia Allen.
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Don alzó la cabeza porque era un Omega orgulloso y se rehusaba a sentirse avergonzado, aquella era la primera aparición pública de su familia. Un pequeño paso para que su padre se reintegrara a la Liga de la Justicia después de un largo año de descanso, en el cual su tío Wally West tomó el manto de Flash.
A su lado, su hermana Down tenía la mirada de un perro de ataque dispuesta a defenderle de cualquiera que hiciera algún mal comentario.
Los primeros en recibirlos cuando llegaron a Ciudad Gótica fueron los novios, como una atención especial para hacerlos sentir bienvenidos.
Don odiaba las atenciones especiales, ya tenía suficiente de ellas, primero por ser Omega, luego por ser violado y por tener un par de bebés. Su deseo más íntimo era ser un igual para todos, que nadie volviera a mirarlo con lástima y compasión. Él había decidido superarlo y olvidarlo, ¿por qué los demás no podían?
Toleró el recibimiento por todo el amor que le profesaba a su padre, sabía lo apartado que estuvo en ese año de encierro a su lado, apoyándolo en cada pequeña cosa. Deseaba que pronto se uniera a ese mundo de héroes al cual pertenecía, podía notar el brillo en sus ojos al saludar a sus buenos e íntimos amigos, la felicidad sincera con que se reunían y sonreían mutuamente.
Su madre, Isis West, se mantenía como un soporte para su padre. A pesar de ser una Omega delicada y sensible tenía la fortaleza interna para sobrellevar todas las adversidades. Don sabía que nunca sería como ella, después de Cadmus no volvería a ser el mismo chico despreocupado y coqueto que solía ser.
Un Alfa de primer nivel se acercó a ellos, saludando a sus padres con una animada sonrisa.
-Barry e Iris quiero presentarles a alguien- les dijo Hal animándolos a levantarse e ir con él, dejando solos a los gemelos.
- ¿Tú? ¿Presentar a alguien? Pensé que este día nunca llegaría- dijo Barry riendo -¿Quién es la afortunada?- preguntó llevando a su esposa del brazo.
Hal se avergonzó de las palabras de su amigo porque aquello era cierto, nunca había llevado pareja a ningún evento. - Llevo mucho tiempo saliendo con él, pero al fin hemos formalizado nuestra relación. Quiero que lo conozcan ustedes primero antes de presentarlo con el resto de la Liga como mi pareja- contestó el piloto con las mejillas ligeramente rojas.
-Chicos, les presentó a mi pareja, él es Thaal- dijo el piloto con una sonrisa nerviosa, presentando al otro hombre.
Barry, usualmente platicador, se quedó sin palabras con los ojos muy grandes y tuvo que ser Iris, quien con una sonrisa cortés, estiró su mano saludando.
-Un placer conocerle- le dijo educada pisando suavemente a su esposo para sacarlo de su estupor.
Porque no sólo la pareja del Linterna Verde era otro hombre, sino que era un Alfa y uno de primer nivel, mucho más alto que Barry y Hal. Su fuerte aroma recordaba a la canela, tenía un bigote tupido muy recto y negro junto con un cabello ébano lustroso y bien peinado que al velocista le hacía recordar, de alguna extraña manera, al conquistador Rhett Butler. Lo más impresionante de todo era su piel rojiza, las orejas puntiagudas y los ojos ambarinos parecidos a los de un gato.
-Estoy asombrado, nunca pensé que Hal nos presentaría a alguien, por favor quédate con él o no nos quedará más remedio que subastarlo- le pidió Barry con buen humor, estrechando la mano de Siniestro sin poder evitar mirar sus manos de largas uñas negras. El otro rió por la broma, mostrando un par de afilados colmillos como los de un vampiro.
-Con razón no encontrabas pareja, de éstos no hay en la Tierra- le susurró Barry a su amigo, mientras llamaba a Steve y Diana a unirse y conocer a Thaal.
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Los bebés despertaron por la música que resonaba llamando a las parejas a unirse a la pista de baile y Don empujó suavemente la carriola para hacerlos dormir.
Sus padres no volvieron a la mesa, al parecer sus amigos los llamaban a platicar con ellos, y Dawn acababa de levantarse para ir al baño dejándolo solo.
Suspiró porque sólo tenía catorce años y estaba al cuidado de un par de gemelos sin poder levantarse a bailar. Miró la pista de baile envidiándolos a todos por un segundo.
-Hola, ¿podemos sentarnos contigo?- le preguntó Tim con una sonrisa, acompañado de Kon.
El Omega pelirrojo les miró asombrado, no los esperaba, así que asintió. Ambos se sentaron junto a él y comenzaron a platicar de las misiones que llevaban y el trabajo en general, le tenían un cariño especial a Don y a Dawn por haberlos cuidado de pequeños.
-¿Podemos verlos?- preguntó Kon tratando de no ser maleducado. Desde la noticia del embarazo de Don habían querido visitarlo, pero las circunstancias nunca se dieron debido a lo sensible de la situación. El Omega dio su visto bueno y el Alfa tomó a uno de ellos, eran muy pequeños con apenas algunos meses de nacidos.
-El rubio de ojos azules es Thaddeus o Thadd -explicó mientras Kon lo calmaba, arrullándolo contra su pecho y acariciando la pelusa de cabello rubio.
-Y al otro ustedes ya lo conocen- le dijo suave Don con una sonrisa de medio lado, invitando a Tim a tomarlo.
Nervioso y con el corazón en un puño, Tim lo alzó en brazos con sumo cuidado, temeroso de la fragilidad del bebé. La voz de su amigo resonó en su cabeza como si le hablara en ese mismo instante y no hace más de diez años atrás: "Que no te digan mentiras Tim, el instinto maternal no existe".
-Hola Bart, que gusto verte de nuevo- susurró suave sin poder contener la emoción, lágrimas de felicidad rodaron por sus mejillas en un flujo interminable, haciendo un desastre de él.
Su cerebro le dijo que ese Bart no era el suyo, que su amigo había muerto hace mucho tiempo atrás y que su personalidad nunca regresaría porque era un conjunto de su pasado y vivencias. Cada vida estadísticamente era casi un milagro y en el multiverso coexistían a la vez otros Bart que serían tan distintos como aquel que tenía en brazos.
Su Bart se había sacrificado para que su pequeño universo lleno de miedo y terror nunca existiera, su misión se había completado dejándolo en la nada y, sin embargo, ahí lo tenía, una segunda oportunidad.
Sólo tenía unos cuantos meses y su origen ya estaba manchado por la crueldad de una violación y la separación de sus padres, por eso le prometió que mientras él viviera buscaría la manera de darle toda la felicidad posible, a fin de volver a ver su sonrisa.
-Lo lamento, te hice llorar- le dijo Don apesadumbrado.
-No, nada de eso, estas lágrimas son de felicidad. Muchas gracias por traerlos a la vida - le dijo Tim con sinceridad. Don no supo que decir, era la primera vez que le decían algo como aquello.
Kon besó la frente de Thadd con mimo y lo dejó dormir en su carriola, con cuidado tomó de brazos de Tim a Bart, meciéndolo hasta dormirlo y acostarlo con su hermano.
- Los llevaré adentro, tenemos un cuarto donde pueden descansar y estarán más cómodos- le avisó a Don, quien asintió mirando al Alfa ocuparse con tanta naturalidad de los bebés.
-Si lloras de esa manera vas a asustar a Don- advirtió Damián mientras le extendía un pañuelo a Tim y jalaba una silla para sentarse con ellos. El nuevo Batman le miró extrañado, no le escuchó llegar, seguramente por sus habilidades de asesino. Tomó el pañuelo y se limpió el rostro, frunciendo el ceño a su hermano menor por su poca delicadeza.
-Bueno, iré al punto-les dijo Damián quien había enviado al resto de los adolescentes a distraer a Dawn llevándosela lejos de aquella mesa. Sonrió y los miró como si fueran accionistas y aquella fuera una importante reunión de negocios - ¿Quieren tener una plática de Omegas?- preguntó directo.
Don comenzó a reírse y Tim le miró como si le hubiera salido una nueva cabeza.
-¿A qué viene eso?- cuestionó Don, tomándose el estómago porque no podía dejar de reír.
-Te diré la verdad, quiero que te unas a los Jóvenes Titanes. Los demás han aceptado reticentemente volverme su líder, pero no se unirán a menos de que tú lo hagas- dijo sincero.
-No puedo unirme a ningún equipo, tengo dos bebés que cuidar, no sé si te hayas dado cuenta-contestó sarcástico, quitándose el largo cabello pelirrojo de la cara.
Tim pensó que aquella respuesta era obvia, dos bebés de apenas unos meses de nacidos eran una responsabilidad demasiado grande. Además Don era tan joven que aquello no sólo truncaba sus estudios y diversiones, también su vida de héroe.
-No creo que un par de bebés sean un impedimento para ser un héroe- dijo Damián.
-Para ti es fácil decirlo, no los tienes- rebatió Don comenzando a molestarse.
-No, realmente creo que el único impedimento que tienes es que sigues lamiéndote las heridas. Comprendo que te han pasado cosas terribles, pero mira a tu alrededor y dime si alguno de los presentes no ha pasado por cosas difíciles- Don se quedó callado, él sabía de las luchas internas de todos los héroes, los problemas, los villanos, las heridas y la lenta recuperación.
-Si yo estuviera en tu posición sacaría la mayor ventaja posible- recomendó con una sonrisa ladina. Tim le miró con asombro, Damián sólo tenía catorce años, pero se manejaba como un adulto.
-¿Qué ventaja sería esa?- preguntó con recelo Don, ligeramente huraño.
-Tienes una marca ¿no?- le dijo paseando sus dedos por su cuello, ahí donde su glándula Omega se ocultaba bajo su esmoquin. -No serás acosado ahora y esa marca te une a un Alfa. Si tuvieras un siervo que te honre y adore, haga lo que sea por ti y sea tu devoto esclavo ¿Qué harías entonces?-
-Sentir lástima- murmuró Don rencoroso, recordando la mirada llena de amor de Meloni, sus ojos marrones que se volvían mieles cuando sus miradas se entrelazaban.
Damián sonrió -Sabía que no me equivocaba contigo Don, no eres un Omega débil, tienes todo lo que se necesita para en el futuro ocupar el lugar de tu padre como Flash en la Liga de la Justicia- aseguró.
-¿Qué clase de cosas le estás enseñando?- replicó Tim incapaz de quedarse por más tiempo callado -La marca es un símbolo de amor y unión, no una manera de obtener ventaja sobre el otro- le riñó.
-¿No?, pensé que eso hacías tú con Conner- respondió Damián hiriente -Haciéndolo pensar únicamente en ti, esperándote por años a que te dignes a corresponder su amor, negándole la posibilidad de ser padre aunque es tan obvio para todos que lo desea- le escupió las palabras como veneno y Tim se quedó callado, tan azorado como si le hubiera soltado un golpe en la cara.
-¡No! ¡eso no es verdad!- negó con los ojos demasiado abiertos.
Damián sonrió al saber que la duda infectaba ahora su brillante cabeza -Puedes decir lo que quieras Drake, pero yo sé lo egoísta que eres. Dejaste a Conner morderte sólo hasta que la presión pudo contigo. Nunca he entendido por qué negarse a la mordida o el pensar que tener hijos pueda dificultar el trabajo de héroe- dijo encogiéndose de hombros restándole importancia.
-¿Qué ventajas le encuentras?- preguntó Don quien ahora parecía más interesado en la conversación. No había tenido una plática tan honesta con nadie, todos le hablaban del amor y la sinceridad del vínculo, pero ninguno pasaba por una situación como la suya.
-En primer lugar, celos más llevaderos sin la terrible necesidad insatisfecha. La mordida puede no ser placentera, pero te brinda un Alfa a tu disposición. No conozco Alfa más entregado que mi padre, al punto de dejar incluso su orgullo de lado por el bienestar de su Omega. No diré que el vínculo no puede someter al Omega, pero también funciona en el sentido contrario, es así como funciona en los Atlantes, por ello pueden marcar a los Alfas- explicó poco a poco.
-Sólo tienes que pensar en Meloni, tu Alfa, ella se entregó a sí misma a la Liga de la Justicia aunque podía perder la vida o arriesgar la de su padre. El vínculo la hizo protegerte, buscar la manera de salvarte, incluso si eso la mantenía alejada de ti. Podría haber sido más sencillo para ella tenerte, someterte y usarte, pero no lo hizo, ¿Por qué crees que fue?- le preguntó el demonio de ojos aguamarina.
-Porque es estúpida -dijo Don rencoroso.
-O lo que es lo mismo, porque te ama- respondió Damián.
Don apretó el puño, mordiéndose el labio con las emociones contrarias en su pecho. Pensar en Meloni siempre lo llenaba de una tranquilidad traicionera, como si todo su ser deseara reunirse con ella, como si todo el tiempo estuviera resistiéndose y volver a su lado fuera soltarse y dejarse llevar.
-Romper un vínculo es posible, pero será largo y devastador -agregó el Robin más joven.
-¿Sugieres que regrese con ella?- preguntó Tim rechazando aquel absurdo.
-No tengo derecho a opinar sobre su decisión, pero lo entendería si lo hiciera. Además sería una tontería no aprovechar todas sus oportunidades - sentenció Damián.
-Pobre de aquel que se enamore de ti, eres una rosa con espinas- murmuró Tim.
-Quizá lo sea, pero al menos no soy hipócrita y juego con los sentimientos de mi Alfa. Yo soy claro en lo que deseo, espero que sean muchos quienes se enamoren de mí y me deseen porque la única razón de mi existencia es ser Omega. Para ti Drake quizás no sea la gran cosa, no lo puedes entender porque aspiras a ser un Alfa, no sientes orgullo por quien eres- dijo con desprecio.
- Mi madre creó a cientos como yo para obtener un Omega de primer nivel y sólo yo fui el vencedor. Todos los demás reposan en el cementerio no muy lejos de aquí, incluso fue tan lejos para crear un Alfa digno de ser mi pareja -Damián se inclinó a los dos Omegas que le escuchaban con asombro sin perder ninguna de sus palabras.
-Te diré un secreto Drake. Como un último gesto de agradecimiento por darme la vida haré realidad el sueño de mi madre, restauraré el Clan al Ghul, pariré muchos cachorros, hermosos y fuertes bebés que tendrán lo mejor de la sangre Wayne y Al Ghul combinada. Sólo debo buscar al Alfa más poderoso para llevarlo a cabo, debo darme prisa y ocuparme de ello, dado que tú no tendrás hijos, alguien debe mantener el legado de Batman.-
-Estás loco- le dijo Tim asustado.
Damián sonrió a sus palabras y continuó - Si te soy sincero Drake, no creo en el amor entre un Omega y un Alfa. El vínculo parece más una conexión química y sexual que un sentimiento real, tú debes de saberlo, seguramente tu cabeza no paraba de decírtelo y por eso rechazabas la mordida. No creo que estés muy equivocado, si te interesa mi opinión, el único amor que existe es el que está fuera de la norma de Alfa y Omega, aquel que no está condicionado-se calló como si fuera la primera vez que hacia palabras sus pensamientos. Sus ojos aguamarina lucieron confundidos y tristes por un instante, antes de alzarse y buscar entre la multitud.
Tim volteó el rostro para seguir la mirada de Damián. En la pista Jason y Dick bailaban juntos, riéndose y charlando entre ellos, meciéndose al compás de una lenta canción.
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- La ceremonia va a comenzar, favor de reunirse en sus lugares- anunció John Constantine, el mago y nigromante. El Omega de primer nivel sería quien presidiría la boda al ser el único capacitado para ello entre los héroes. Su unión a la Liga había sido reciente, Bruce no lo aprobaba del todo, pero Clark confiaba en él.
Los invitados tomaron sus lugares. En los asientos principales se sentaron todos los hijos de Bruce, vestidos con el mismo esmoquin negro con botones de kripton en la solapa.
La música se silenció un segundo y reanudó con la marcha nupcial. Bruce caminó junto a Alfred, el anciano tomaba su brazo para no trastabillar y ocupar su lugar como padrino de honor.
Al llegar al altar, se abrazaron. "Estoy muy orgulloso de ti", susurró Alfred arrancándole una sonrisa a Bruce antes de separarse para ocupar sus puestos.
Los invitados se pusieron de pie para recibir a Mar'i, la pequeña flotó apenas unos centímetros sobre suelo, haciendo que su vestido ampón se ondulase con sus movimientos. Con una gran sonrisa aventó los pétalos azules que contenía la pequeña canasta bajo su brazo, dejando un camino listo para la gran entrada.
Clark caminó llevando de su brazo a su madre, llevaba un esmoquin en color blanco con camisa de un azul muy ligero. A su lado Martha sonreía nerviosa, con el corazón henchido de orgullo maternal.
Cuando llegaron al final, Clark se inclinó para dejarla besar su frente. Martha le tomó de la mano y lo condujo a Bruce, dejando su mano sobre la de él.
-Te hago entrega de lo más preciado que tengo - dijo con una inmensa sonrisa, bendiciendo su unión, alejándose del altar para ocupar su lugar.
Constantine les sonrió, llevaba un traje formal para el evento, pero nada le había hecho quitarse su gabardina café, impregnada de su dulce aroma a incienso, con un toque más oscuro y siniestro a sangre. El aroma por el cual era tan famoso, pues muchos aseguraban que el Diablo estaba enamorado de él y por ello le perseguía sin cesar.
El Omega aclaró su voz y comenzó -Amigos, estamos hoy reunidos para celebrar la unión de dos personas, que por propia voluntad, deciden unir sus vidas por el resto de la eternidad sellando sus almas la una a la otra. Si alguien conoce una razón por la cual no deban hacerlo manifieste sus argumentos, de lo contrario calle para siempre- miró a la multitud que permaneció callada.
-Ahora bien, debo preguntarte Bruce, ¿has venido por tu propia voluntad?- preguntó.
-Lo he hecho- dijo Bruce fuerte y claro.
-¿Y tú, Clark?- siguió el rubio.
-Lo he hecho- respondió el kriptoniano a su vez.
- Siendo así. Bruce, ¿aceptas como tu consorte a Clark, para amarlo y respetarlo, todos los días de tu vida?- preguntó. El murciélago miró los ojos azules irreales de Clark, llenos de amor por él, y sin dudarlo aceptó.
- Clark, ¿aceptas como tu consorte a Bruce, para para amarlo y respetarlo, todos los días de tu vida?-
-Si acepto- dijo con emoción y una sonrisa que llenaba su cara.
Alfred se acercó a la pareja y abriendo una pequeña caja mostró el par de alianzas, las cuales fueron colocadas.
-Lo que hoy se ha unido que Dios ni el Diablo puedan separarlo- recitó Constantine ante los vítores y aplausos de los invitados.
Clark y Bruce se acercaron uno al otro, entrelazándose en un abrazo y frente a la multitud se besaron consumando su unión.
Al separase Bruce apoyó su frente contra la de Clark y mirándolo a los ojos susurró dos palabras cargadas de sinceridad que rara vez se escapaban de sus labios.
-Te amo-
F I N
