Konishiwa! Que crueldad la mía dejar este fic casi terminado abandonado! Por lo menos ya está completo y bueno este es un capitulo mas para mi linda historia! Sé que no tengo perdón de Kami por haberme demorado tanto tiempo pero como dije hace tiempo, me tardare pero nunca dejare ninguna historia sin concluir!

Kishimoto es dueño de todo personaje que aparece en este fic y que es de la Saga de Naruto

Cap. XXXVI. La Boda.

El estridente sonido del despertador la sobresalto agitando su tranquila respiracion, subió sus manos a su pecho intentando controlar la taquicardia que aquel fuerte sonido había causado en su corazón.

Sus ojos se abrieron de manera repentina, suspiro con desgana justo cuando los fuertes rayos de sol atravesaban toda la habitación cegándola, una suave brisa corrió por todo el lugar devolviéndole la calma, suspiro nuevamente e intento relajarse nuevamente.

"Va a ser un largo día" Pensó sintiendo la luz del sol empezar a perder intensidad contra sus parpados, empezaba a acostumbrarse a la luz mientras a ciegas se incorporaba dejando sus largas piernas colgando a un lado de la cama.

-Hina-chan…- Una alegre voz irrumpió en la habitación, la puerta se abrió de golpe sobresaltando a la aludida obligándola a abrir los ojos encontrándose con una pelirroja bastante animada, llevaba su cabello mojado y suelto, su rostro perfectamente limpio y una simple yukata color crema, se veía realmente adorable con aquellos atuendos.

-Hai, hai- Dijo roncamente mientras empezaba a estirarse, no podía entender como aquella chica podía tener tanta energía si la noche anterior habían dormido tan poco.

-Vamos Hinata- Una segunda voz malhumorada resonó a unos pasos de la pelirroja, la ojiblanca levanto su vista encontrándose con la mirada irritada de la rubia, al parecer su compañera se había encargado de despertarla igual de temprano que ella.

-Deje a Umiko de última- Dijo entusiasmada acercándose velozmente hacia la ojiblanca, la tomo del brazo y la levanto sin hacer ningún esfuerzo aparente. –Vamos Hina-chan… Debes bañarte- Pidió sonriente mientras empezaba a empujar a la chica hasta su cuarto de baño.

-Matte… Matte- Pidió sin oponer mucha resistencia a la pelirroja, viéndose a sí misma encerrada en el cuarto de baño. –Que hora es?- Pregunto al saber que nada podría liberarla de ahí a menos que terminara de bañarse.

-Son casi las 10 de la mañana- Respondió al otro lado de la puerta la voz malhumorada de la rubia, Hinata abrió los ojos sorprendida. –Si, yo también pensé que era más temprano- La rubia contesto a su comentario mental antes de que abriera la boca para decir algo.

-Por kami!- Su voz subió unos cuantos tonos mientras empezaba a desvestirse lo más rápido que sus delgadas manos le permitían, a las 10 llegarían para empezar a arreglarlas y al parecer ninguna estaba lista.

-Ire a traerte algo de comer- Al otro lado de la puerta sonó la cansada voz de la rubia, sus pasos sonaron lentos mientras se alejaba haciendo sonreír a la ojiblanca, se imagino lo atareada que se pondría la pelirroja preparando su propia boda, nunca dejaría dormir a la rubia.

-Es el día- Murmuro para si viendo como el agua empezaba a llenar de manera tranquila la bañera, el vapor empezó a cubrir el lugar empañando casi inmediatamente el gran espejo que descansaba sobre su lavamanos.

Ahora que estaba más despierta podía sentir su propia ansiedad unirse a la felicidad y nerviosismo que le producía encontrarse viviendo la boda de su mejor amiga, sonrió para si tomando el pequeño frasco que contenía esencia de lirio y dejando que cayeran unas cuantas gotas observo como en el agua se empezaban a formar burbujas en la superficie; sus dedos rozaron el agua relajando su cuerpo, debía estar lo más calmada posible ese gran día.

"Debo relajarme" Pensó empezando a respirar más lenta y profundamente, cerró los ojos dejándose cubrir por el vaporoso aire mientras un ligero manto de agua rozo sus pies, moviéndose con agilidad consiguió adentrarse en la gran bañera hundiéndose totalmente, deseaba que aquella relajante sensación cubriera totalmente su cuerpo.

Abrio los ojos aun bajo el agua viendo su propio cuerpo algo rojizo por el calor del agua, saco su rostro a los pocos segundos apoyando su cabeza en el descanso y empezando a tallar su cuerpo dejo que su mente divagara en todo lo que había sido su vida, no podía recordar ningún momento malo, incluso aunque lo intentaba, ninguna cosa que la hubiera hecho sentir mal parecía aparecer en ninguno de sus pensamientos.

Sonrió infantilmente al recordar sus peleas con Umiko, cuantas veces no le había recordado que tenia novio? Ese campamento, el último al cual asistirían le había presentado una oportunidad que en su momento no considero importante.

-Solo una debilidad- Susurro para si empezando a lavar su cabello, sus suaves mechones descansaban ordenadamente sobre sus hombros y pegados a su espalda mientras ella seguía reviviendo rápidamente lo que había sido su instituto, su huida y sus años pensando únicamente en el menor de los Uchiha.

Suspiro melancólicamente poniéndose de pie, el agua corría por su cuerpo recordándole las cálidas caricias que solía regalarle el pelinegro, caricias que habían cambiado con los años haciéndose más suaves, mas apasionadas, deseándolo con cada poro de su ser.

Se puso de pie con lentitud, el agua a su alrededor cayo mojando nuevamente la cerámica, dejo que el agua de la bañera desapareciera por el pequeño conducto en una de las puntas de la bañera; tomo una toalla lila envolviendo su cuerpo grácilmente dejando su cabello suelto, goteando lentamente el exceso de agua que poseía.

-Onee-san- La aguda voz de su hermana la sorprendió al abrir la puerta y encontrarse a la adolescente con el cabello todavía goteando y parada de manera irritada frente a su puerta de baño. –Natalie-chan me iba a matar por tu tardanza- Explico tomándola de la mano y empezando a jalarla hacia el exterior de su habitación.

-Matte…- Pidió liberándose por pura suerte del agarre de su hermana, sabía que todavía estaba medio dormida, ella también había corrido con la suerte de quedarse escuchando las instrucciones de la pelirroja perdiendo así una larga noche de sueño.

-Ya llegaron- Explico girándose para detenerse a analizar la escasa vestimenta de su hermana, con un ligero bufido se cruzo de brazos y cerró la puerta de golpe apoyándose en ella con los ojos cerrados. –Si bajo sin ti capaz y me lanza por una ventana- Dijo intentando ocultar la pequeña sonrisa que se dibujaba en su rostro ante aquel disparatado comentario.

-Hai… Solo me tardare un minuto- Dijo y liberándose de la toalla la dejo caer a sus pies tomando la yukata color lila que se encontraba colgada frente a su closet, la amarro con fuerza en su cintura y camino hacia su gran peinadora, su rostro seguía levemente sonrojado por el vapor al cual había estado expuesta, haciéndola lucir aun mas infantil.

La ojiblanca sonrió empezando a sentir la energía que hacía unos cuantos minutos vio en el cuerpo de la pelirroja, su entusiasmo la estaba moviendo, dejando de lado el corto descanso; el delgado peine corrió sobre su cabello desenredándolo rápidamente, sus manos agiles se movieron esparciendo una crema corporal por sus extremidades sintiendo cada musculo de su cuerpo tenso, emocionado por lo que vendría.

-Onee-san…- Exigió la castaña todavía apoyada en la puerta, su mirada había estado siguiendo lo que hacia la mayor, sin comprender porque desperdiciaba tanto tiempo aplicando cremas en su ya de por si suave piel.

-Hai, hai… Ya casi término- Suplico todavía con la sonrisa en su rostro, no se imaginaba tan feliz con aquella simple ceremonia, su mejor amiga, su compañera de toda la vida se unía ese día con el mejor hombre que podría haber conseguido.

-Hinata…- Una tercera voz apareció al otro lado de la puerta justo cuando la ojiblanca terminaba de colocar la crema en su lugar y avanzando con rapidez llego a la puerta, viendo la desesperación marcada en el rostro exótico de su rubia amiga.

-Gomen… Ya estoy lista- Se disculpo y dejándose arrastrar nuevamente empezó a bajar las escaleras de su casa, vio como la rubia traía un pequeño emparedado a medio comer en la otra mano, al parecer su desayuno.

-Hasta que bajas…- Se quejo la pelirroja pasando justo en ese momento frente a las escaleras, no detuvo su marcha hacia la sala, Hinata estuvo tentada a mirar como en pocos minutos habían convertido aquel lugar en un improvisado salón de belleza.

-Vamos… Es mejor que comas antes de que te pierdas entre todos ellos- Se burlo la rubia sonriendo débilmente, Hinata solo pudo asentir mientras caminaba hacia la cocina, con sorpresa vio a la castaña sentada de manera tranquila frente a un plato de comida occidental.

-Ohayo Gozaimasu Hinata-chan- Saludo alegre mientras terminaba de comer el último bocado de un emparedado que había estado entre sus delgadas manos. –No pensé que te pegaría tanto la desvelada- Bromeo mientras se arreglaba un poco el cabello, estaba ligeramente mojado todavía, incluso parecía estar más seco que el de las dos extranjeras que corrían de un lugar a otro por toda la casa.

-Gomenasai Umiko-chan- Se disculpo sintiendo la vergüenza marcar su rostro, ella no podía tardarse más que la novia en estar lista, a final de cuentas ese día era exclusivamente de su amiga y ella disfrutaría como nunca la felicidad que parecía cubrir el cuerpo de la castaña.

-No te preocupes… Realmente estoy despierta antes que Natalie-chan- Revelo tomando un poco de jugo, mientras invitaba a la ojiblanca a sentarse frente a ella. –Ella me dijo que no hiciera nada y que intentara volver a dormir demo… Los nervios no me dejan muchas opciones- Una risa melodiosa lleno la cocina mientras Hinata solo se dedicaba a admirar la belleza que parecía irradiar cada centímetro de piel de su amiga.

-Naty será la primera… Luego yo, Hanabi, Hinata y por ultimo tu- Explico la rubia mientras colocaba un plato de porcelana blanca frente a la ojiblanca, esta escuchaba atentamente cada palabra. –Ellos nos llevaran al templo y ahí nos colocaran los kimonos- Siguió hablando mientras seguía moviéndose alrededor de las dos mujeres.

-No almorzaremos?- La aguda voz de la castaña interrumpió la voz de la rubia que ante el comentario frunció el ceño levemente. –Digo… La boda es a las tres- Completo intentando no hacer molestar más a la rubia.

-No, te maquillaran de tercera, come todo lo que puedas ahorita- Dijo con aire amenazante mientras servía un poco de jugo y lo ponía junto al plato de la ojiblanca, Hinata solo asintió mientras tomaba en cuenta lo que acababa de escuchar.

-Ellos se quedaran con nosotras hasta que sea el cambio de trajes… Nos retocaran el maquillaje y luego se irán- Su voz sonaba más firme de lo normal, siempre había sido la más autoritaria pero, ahora se daban cuenta que quien siempre había tenido el control era la delicada y aparentemente pacifica pelirroja.

-Natalie-chan intento convencerlos de que se quedaran… Al parecer eso se acostumbra en las bodas cristianas- Comento la castaña todavía con el vaso de jugo entre las manos, Hinata miro confundida aquello y sin darle importancia empezó a comer.

-Si pero, ellos parecen no compartir la idea- Se quejo la rubia cruzándose de brazos mientras se apoyaba en el marco de la puerta. –Ellos solo vinieron a trabajar y se quedaran solo hasta que termine su trabajo- Dijo como conclusión girando su rostro para tal vez escuchar algo de lo que pasaba en la sala.

-Fran… Ve con Naty- La suave voz de la ojiblanca mayor sobresalto a todas sus compañeras. –Yo me encargare de preparar a Hanabi-chan y a Umiko-chan- Aseguro mientras sonreía tímidamente, la rubia sonrió relajando su semblante y asintiendo desapareció en unos cuantos segundos.

-Estoy nerviosa- Murmuro la castaña poniéndose de pie y empezando a limpiar los platos que había ensuciado, Hinata sabía que esa era su forma de liberar un poco de tensión y la dejo moverse con soltura por la cocina. –No puedo creer que ya haya llegado el día…- Murmuro pasando junto a la ojiblanca, esta la tomo del brazo haciéndola detenerse en seco.

-Calmate… Dentro de poco todo habrá terminado…. Y no te arrepentirás nunca de este día- Hablo con seguridad, su siempre apacible voz había tomado una fuerza que nadie creía escuchar en aquel frágil cuerpo, Hinata solo pudo sonreír señalándole el lugar que había abandonado.

-Debes tranquilizarte… Solo piensa que a partir de ahora te llamaras Uzumaki Umiko- Dijo divertida la menor de las Hyuuga al otro lado de la barra, las dos mujeres sonrieron mientras esperaban con intranquilidad su turno entre aquellos hombres, los mejores que había podido conseguir la fortuna Uzumaki.

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El departamento permanecía en el más profundo silencio, había amanecido hace varias horas y todavía no había señales de vida por todo el lugar, los rayos de sol aplacados totalmente por las oscuras persianas entraban débilmente iluminando apenas unos cuantos centímetros de la sala.

"Dobe… Estará nervioso" Su pensamiento floto en el aire silencioso, estaba vestido con un simple pantalón negro y una camisa blanca manga corta, camino pausadamente al centro de la sala, la cocina totalmente a oscuras en uno de los pasillos, al lado contrario una puerta semi abierta dejaba escapar la luz artificial del lugar.

Cambio su dirección hacia la puerta iluminada a medida que unos leves sonidos empezaban a llenar sus oídos, relajo su expresión y cruzándose de brazos empujo con suavidad la puerta dejando a su vista a un rubio algo agitado.

-Teme…- Saludo distraídamente desde el suelo, estaba entre unas cuantas cajas abiertas, diferentes cajitas de colores tiradas en todas direcciones, cadenas, anillos y zarcillos brillaban alrededor del rubio mientras este seguía revolviendo una nueva caja.

-Que haces dobe?- Interrogo receloso al ver toda esa joyería entre sus piernas, veía como su amigo intentaba no dañar nada pero su nerviosismo le hacía casi imposible no destruir algunas de las cajitas cuando se movía para atraer hacia el otra de las grandes cajas.

-Los anillos…- Murmuro todavía sin mirar al pelinegro, Sasuke gruño y se agacho hasta la altura del rubio viendo como este todavía centraba toda su atención en la nueva caja. –No estaban donde debían…- Continuo mirando fugazmente los oscuros ojos de su amigo, podía notar la tranquilidad que despedía en cada una de sus respiraciones pausadas.

-Como se supone que es la caja?- Pregunto arrastrando hacia él una de las cajas ya abiertas, todavía quedaban unas cuantas cajitas sin abrir en el interior, subió su mirada viendo fijamente a Naruto, no se había dado cuenta como había cambiado en ese tiempo que estuvieron incomunicados.

-Es dorada… Tiene mis iniciales- Respondió empujando la nueva caja hacia un lado llevándose por delante algunas de las cadenas con sus respectivas cajas brillantes, los ojos de Sasuke viajaron por las ya revisadas para asegurarse de que dentro de su nerviosismo el rubio estuviera buscando bien.

-Hmp- Gruño unos cuantos segundos después dando por terminada su tarea, ninguna cajita tenia la descripción que el rubio le había dado, centro su atención en las cajas que el ya había desechado que todavía contenían varias cajitas de colores brillantes.

Sasuke se concentro únicamente en las de colores dorados y amarillos, buscando la que había descrito el rubio, sus iniciales no muy cotidianas deberían tener algún tipo de relieve haciéndola diferente a las demás, sus ojos viajaban rápidamente de una a otra cajita sin sacarlas, únicamente revolviéndolas en sus posiciones, verificando que ninguna se haya escapado de su inspección.

-Jiraiya me matara!- Se quejo el rubio tomándose la cabeza entre las manos y agachándose, había empezado a colapsar su aparente tranquilidad de cuando había llegado el Uchiha.

-Calmate dobe…- Dijo serio el pelinegro tocando ligeramente el hombro de su amigo, sintió como el cuerpo de Naruto estaba temblando, tal vez mas de lo normal y sorprendido se movió para colocarse frente a este.

Sus ojos se abrieron sorprendidos al notar unas casi imperceptibles líneas brillantes rodar por sus mejillas, contuvo la respiración congelándose en su posición, admirando en silencio como el rubio intentaba calmar la presión que parecía estarlo agobiando.

Un brillo tintineante llamo la atención del pelinegro, a unos pasos de su posición, justo detrás del rubio brillaba una caja dorada más grande que las demás, el brillo de hilo plateado rezaba las iniciales que tanto había buscado su amigo.

-Dobe…- Dijo intentando captar la atención del rubio, este parecía tan sumido en su miseria que no intento ni siquiera levantar la cara, Sasuke gruñendo se movió a su alrededor intentando no pisar ninguna de las demás cajitas ni joyas que descansaban dispersas por toda la habitación.

-Me matara… No puedo creer que haya decidido buscar eso hoy!- Su voz grave se quebró nuevamente obligándolo a soltar un gruñido impotente, podía sentir el acelerado e irregular palpitar de su corazón nublar su razonamiento.

-Dobe…- Llamo un poco mas irritado con el caja de tamaño mediano entre sus dedos, la letra corrida con la que se marcaban las iniciales la hacía prácticamente una luz en medio de todas las demás cajitas que la acompañaban.

-No puede ser… Umiko-chan no debería casarse con alguien tan despistado- Murmuro todavía sumido en su desdicha sin prestar atención a los pasos lentos de su amigo a su alrededor, sintió una mano apoyarse en su hombro y jalarlo hacia arriba haciéndolo soltar un gruñido involuntario.

-Teme!... Acaso no entiendes que…- Naruto había cortado su queja al ver la brillante caja frente a sus ojos, en medio de los pálidos dedos de su arrogante amigo, subió su mirada azulina para encontrarse con la expresión prepotente del pelinegro que lo soltó y guardo en su bolsillo la cajita.

-Debemos irnos… Yo cuidare esto- Explico empezando a salir de aquella habitación, no tenía muchas ganas de pensar en quien sería la persona que le tocaría arreglar luego el desastre que un aterrado novio había hecho.

Naruto sonrió sintiendo el propio peso de su miedo alentar su caminar, nunca imagino que estaría tan nervioso en un día que él consideraba igual a los demás, lo único es que no estaba la presencia de su delicada novia para calmarlo, vio como el pelinegro desapareció por la puerta dejándolo solo con la imagen de la castaña sonriente en su mente.

Sus pasos empezaron a ser menos pesados al imaginar poder admirar el resultado de todos los meses de preparación que se habían tomado ambos, cada detalle que ella había organizado, cada opinión suya en cuanto a ese día, ahora se hacía realidad aplastando su inestable carácter y aplacando su hiperactividad a cero.

-Naruto… Se hará tarde- La grave y serena voz del pelinegro lo sobresalto, se giro y vio como el pelinegro sostenía la puerta con una impaciencia marcada en sus siempre inexpresivas facciones.

-Solo… Lo estaba procesando- Explico moviéndose con más rapidez hasta llegar junto al pelinegro, este gruño y soltó la puerta saliendo hacia el elevador. –Teme… Debes esperarme!- Dijo sonriendo abiertamente mientras cerraba su departamento y corría para alcanzar la posición de su amigo, este estaba de brazos cruzados apoyado a una de las paredes, manteniendo el elevador en ese piso.

-Deja de actuar tan estúpidamente- Se quejo el pelinegro una vez que las puertas se cerraron dejándolos a los dos solos en aquel pequeño espacio, era tal vez la última vez que podría provocar al rubio estando solos, sonrió con satisfacción al escuchar el gruñido tenue que escapo del cuerpo tembloroso del rubio.

El suave movimiento del elevador hacia presión en sus cuerpo justo cuando se detuvo en su destino, las puertas se abrieron lentamente dejando ver la claridad del día, el sol justo en medio del cielo había hecho desaparecer cada una de las sombras de los objetos de la calle brillando intensamente a través de los grandes vitrales que eran las puertas del edificio.

-No deberías apoyarme?- Sonó la voz del rubio justo cuando alcanzaron el auto negro perlado del pelinegro, este brillaba insistentemente bajo la luminosidad excesiva del astro rey, al parecer expresaba lo que el rubio no podía demostrar todavía, una felicidad que movía todo a su alrededor.

-Apoyarte?... En que?- Interrogo segundos después, había visto como el rubio parecía tan nervioso que se tomaba más tiempo del normal en hacer las cosas, cuando al fin había logrado entrar al auto su rostro era un poema, los nervios brotaban de cada una de sus facciones, incluso sus azules ojos brillaban nerviosos ante lo que le esperaba.

-Teme!... Acaso eres tan insensible?- Se quejo cruzándose de brazos y centrando su atención en su compañero, podía ver una mueca adornar el rostro de su amigo perturbándolo enseguida, instintivamente se apoyo totalmente en el asiento esperando una repuesta.

-Dobe… El importante aquí eres tu- Dijo con simpleza al sentir pasar los segundos y la aguda mirada del rubio que parecía no querer separarse de sus movimientos, tal vez estaba demasiado nervioso como para darse cuenta de que todo su cuerpo temblaba levemente y que ya se había detenido frente al gran templo.

-Nani?- Casi grito lanzándose contra la puerta creando un sonido sordo, un quejido escapo de sus labios mientras se sobaba la espalda lentamente, una suave risa inundo el interior del auto haciéndolo centrar su atención en la única persona que lo estaba acompañando.

-No es gracioso teme!- Se quejo el rubio viendo como el pelinegro solo suspiraba con suficiencia y abría el auto en silencio, vio la silueta apoyarse contra la puerta unos segundos, esperando tal vez que decidiera salir del auto.

Naruto se dio un golpe mental y abriendo torpemente la puerta abandono el auto, vio a unas cuantas personas caminar lentamente hacia el templo, iban elegantes, varios kimonos centelleaban ante sus ojos y varias caras conocidas empezaron a aparecer creando un vacio en su estomago.

-Dobe… Muévete- Ordeno la acida voz del pelinegro a unos cuantos metros de donde se encontraba su amigo, aparentemente congelado, admirando con terror a las personas que el mismo había invitado a su matrimonio.

-Go… Gomen- Dijo con dificultad corriendo para alcanzar al Uchiha, este solo soltó un gruñido y cruzándose de brazos se detuvo, vio de reojo como el rubio se detuvo a su lado jadeando, controlar sus nervios no era su fuerte, ahora se daba cuenta de eso.

-Deja de actuar así- Regaño el pelinegro empezando a caminar nuevamente, podía sentir la respiración pesada de su compañero, paso de largo la entrada al salón donde se celebraría la boda y siguió un estrecho pasillo que daba a dos habitaciones.

-Ya… Ella estará aquí?- Soltó nervioso deteniéndose en la puerta que le correspondía, la tentación de acercarse a la otra habitación rodo por su cuerpo mientras empezaba a avanzar hacia la delicada puerta de madera blanca que adornaba la habitación tradicionalmente para la novia.

-Dobe…- Amenazo el pelinegro viendo como el rubio se detenía de golpe, gruño abriendo con más fuerza de la normal la habitación que le correspondía a Naruto obligándolo a girarse. –Entra- Ordeno deteniéndose en el umbral al no sentir los pasos de su amigo acercarse, parecía estar congelado justo frente a la puerta que ocupada su novia.

-Hai…- Luego de unos segundos dudando se resigno a cumplir con la orden del pelinegro, sabía que si cumplía su capricho dañaría todo y eso si que no podría perdonárselo nunca. –Arigatou- Murmuro cuando paso junto al pelinegro, este solo soltó un gruñido y cerró la puerta detrás de si.

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Suspiro intentando controlar la emoción que sentía correr por todo su cuerpo, el estrecho pasillo estaba en silencio mientras avanzaba con paso lento hacia el gran salón, el decorado empezaba a brillar fuertemente ante sus ojos.

"Es el momento" Pensó para si sintiendo la emoción ahogarla, su corazón latía irregularmente chocando contra sus costillas, sus ojos pasearon entre las filas de gente que se saludaban y se empezaban a acomodar en sus lugares, reconoció a sus antiguos compañeros, sus amigos de siempre, sus nuevas amigas hablando abiertamente con el gran grupo.

Se detuvo sintiendo como su cuerpo se congelaba de golpe, su vista paseo rápidamente intentando darse crédito a lo que veía, cada rostro, cada kimono y cada traje formal que estaba en el lugar, todos elegantemente vestidos, todos menos una persona, la única persona por la cual se sentía totalmente nerviosa.

-Pronto entrara la familia- Una ronca voz sonó en su cuello, el aliento la hizo sobresaltarse agitando cada célula de su cuerpo, de golpe la ansiedad se reunió toda en su estomago mareándola un poco.

-Ha… Hai- Logro responder con dificultad, sus labios se habían secado de golpe, su corazón no cabía en su pecho, le empezaban a doler las costillas por el insistente repiqueteo de la velocidad que ejercía el corazón contra ellas.

-Vas a entrar o no?- La voz se relajo burlándose un poco de su rígida actitud, avanzo con rapidez para colocarse frente a la mujer, sonrió intentando contener el nerviosismo que lo había inundado cuando la vio caminar lentamente hacia la multitud, apenas se había despedido del rubio.

-Sasuke-kun…- Pronuncio sintiendo sus ojos humedecerse, la sonrisa se amplió en el siempre inexpresivo rostro del pelinegro y se acerco a ella rozando su mejilla con suavidad, haciéndola soltar un ligero gemido.

-Te dije que vendría- Murmuro al notar bajo el maquillaje de la ojiblanca el sonrojo que había adornado sus mejillas, incluso bajo el rubor que aumentaba esa belleza de muñeca que siempre había poseído la Hyuuga, suspiro acercando su cuerpo al de la mujer sintiéndola estremecerse ante la cercanía.

-Sasuke-kun- Su voz se agudizo y sin pensarlo dos veces se lanzo contra el cuerpo del pelinegro abrazándolo con fuerza, su corazón latía contra sus costillas y el aire empezaba a faltarle en los pulmones pero, se sentía realmente feliz, por primera vez en demasiados años.

-Hai…- Murmuro rodeando la cintura de la ojiblanca, el fuerte aroma a lirios golpeo su olfato relajándolo, el único olor que siempre había sido para él, el toque personal de la única mujer que había logrado atraparlo. –Estoy aquí- Susurro besando fugazmente la mejilla de la mujer.

Hinata se separo avergonzada pero sin dejar de sonreír, el sonido volvió a formar parte de la realidad, su mirada viajo hacia el gran salón donde la gente ya se había sentado en sus respectivos lugares; retrocedió un paso y una mano atrapo la suya para que no tuviera miedo, ahora nunca más podría escapar.

-Vas a escapar de la boda de tu mejor amiga?- Dijo airosamente el pelinegro entrelazando sus dedos con los de la ojiblanca, la vio negar todavía manteniendo esa tierna sonrisa en su rostro, sus ligeros pasos empezaron a avanzar llevándolo con ella, se dejo guiar disfrutando del cálido roce de esa suave piel.

-Sasuke-kun…- Llamo todavía caminando lentamente entre las largas filas, podía sentir el murmullo de quienes los reconocían cuando pasaban cerca de ellos sonrojándola por la vergüenza de la situación. –Arigatou- Concluyo bajando su mirada y fijando su vista en su larga manga del kimono manchada con la manga oscura del pelinegro, unidas como si fueran una sola pieza.

Sasuke gruño sintiendo la incomodidad que estaba golpeando a la siempre tímida mujer que iba a su lado, sus ojos buscaron los exóticos rostros que acompañaban siempre a la ojiblanca, dando con ellas en una de las primeras filas, parecían distraídas a la escena que ellos estaban creando.

La presión contra la palma de su mano la hizo alzar la vista, vio a unos cuantos pasos a sus amigas, el deseo de no separarse del pelinegro se hizo presente haciendo que sujetara con más fuerza esa cálida mano que le había dado el valor de caminar todo ese trayecto sin desmayarse.

-Uchiha…- La melodiosa voz de la pelirroja fue la primera en sonar, su rostro iluminado perfectamente por el maquillaje la hacía aun más llamativa de lo que era naturalmente, una perfecta sonrisa adornaba su rostro. –Veo que encontró a Hina-chan- Dijo burlesca girándose hacia la rubia que estaba cruzada de brazos en su asiento.

-Hola- Saludo con cierto recelo la rubia, sus azules ojos se encontraron con los oscuros y amenazantes ojos del pelinegro, soltó un suspiro y resignada se puso de pie también. –Me alegra ver que volviste- Agrego dejando fluir una voz bastante suave, mucho más adecuada para la apariencia delicada que portaba.

-Onee-san… Ven a sentarte- Una tercera voz hizo que la pareja subiera su mirada, buscando a la dueña de la voz, una delgada castaña sonreía y señalaba dos lugares justo a su lado, Sasuke retrocedió siendo detenido ahora por el agarre de la ojiblanca.

-Estaras conmigo?- La suave voz de la ojiblanca sonó alcanzando solo su delicado oído, se giro para ver la vergüenza marcando el rostro de su compañera y sin decir ninguna palabra más asintió y paso frente a la pelirroja y la rubia que asintieron complacidas volviendo a sentarse mientras ellos llegaban a su destino.

-Pensé que entrarían con los novios- Se burlo la rubia girándose hacia los recién llegados, Hinata la miro con confusión y la rubia solo sonrió señalando al grupo de personas que estaban acomodándose en las dos primeras filas de cada lado, lugar reservado únicamente para las familias.

-Gomen- Se apresuro a decir liberando la mano del pelinegro, se giro totalmente para poder admirar la entrada de su amiga, sabia lo nerviosa que debía encontrarse, justo como ella se sentía antes de tomar la mano del pelinegro.

-No te disculpes Hina-chan… Sabíamos que estabas tan nerviosa como Umiko- Agrego satisfecha la pelirroja mirando de reojo al pelinegro, Sasuke se percato de su mirada y asintió, la mujer solo amplio su sonrisa complacida y centro su atención en la entrada al salón, por donde aparecería la pareja en unos cuantos segundos más.

-Estas hermosa- Susurro agachándose un poco para alcanzar el oído expuesto de la ojiblanca, llevaba el cabello recogido en un pequeño moño decorado elegantemente con unos cuantos palillos del cual colgaban cintas blancas con piedras brillantes, el resto de su cabello caía libre y liso dejándole su aire siempre natural.

-Sasuke- Susurro girándose un poco para verlo, se sentía realmente feliz, poder verse ahí, acompañada con la única persona con la que siempre había soñado estar, sonrió complacida y termino de girarse apoyándose en el pecho del pelinegro.

Sasuke ante la acción de la ojiblanca solo consiguió rodearla con sus brazos dándole la seguridad que al parecer había tambaleado en esas horas de incomunicación que habían experimentado, algo que no pasaría nunca más.

-Hinata yo…- Su frase se corto al ver con sorpresa como la frágil mujer cerraba sus ojos y se apoyaba en la punta de sus pies para rozar fugazmente sus labios con los de él, dejándolo congelado en su posición.

-Hina-chan… Uchiha, deberían estar prestando atención- Dijo divertida la pelirroja haciendo que ambos centraran su atención en la pareja que venía entrando al gran salón, podía ver el rosado que se había posado en las mejillas de rubio, de su brazo iba la deslumbrante silueta de la castaña, su mirada baja parte de la tradición parecía brillar por la felicidad que había estado experimentando esos dos intensos días.

-Definitivamente es mejor verlo en persona- Agrego la rubia sonriendo mientras tragaba con fuerza, el poder que transmitía la escena había perturbado a todos los presentes, la radiante belleza de la novia solo podia ser igualada por la felicidad que parecía brotar en cada paso que daba la pareja hacia el altar.

Sasuke retrocedió dos pasos poniendo distancia entre él y la ojiblanca, ese momento debía ser respetado, la atención era únicamente para la pareja, y el respetaba lo suficiente su propia tradición, ese era el día de Naruto y el únicamente era un simple espectador.

Una corriente eléctrica paso por su cuerpo en unos segundos cuando su mano sintió el cálido y suave contacto de la mano de la ojiblanca, Hinata sin mirarlo había buscado su mano, comprendiendo que ella también había cedido a ser solo una espectadora, dejando que la atención se centrara en la pareja que brillaba en medio de la habitación, cubriendo a todos los presentes con la felicidad que parecían estar experimentando, haciendo que los aplausos no se hicieran esperar, justo cuando el sacerdote shintoista pareció detrás de ellos, haciendo una seña todos se sentaron dando comienzo a la ceremonia.

Espero les haya gustado, ya solo falta un capitulo para que esta historia finalice! Espero que mis lectores anteriores hayan pasado por acá para ver el final de esta historia y bueno a los nuevos que por casualidad descubrieron esta historia entre las abandonadas bienvenidos! Espero esto sea de su agrado!

Matta ne!