Capítulo 35: Donde las líneas se superponen
Título del capítulo: Where The Lines Overlap by Paramore
Se quedaron en la habitación secreta de Mycroft gran parte de la tarde; besándose, escuchando música, besándose más, hablando sobre bandas, hablando sobre la vida y la mierda, y finalmente, besándose mucho más.
Cuando dieron las siete, Greg se dio cuenta de que se tenía que ir, y los dos intercambiaron un par de besos cariñosos antes de que Mycroft lo acompañara por la mansión. Greg aún no podía entender lo grande que era la casa, y Mycroft sonrió con comprensión cuando Greg observaba y señalaba boquiabierto algunas cosas.
Bajaron las escaleras y entraron al vestíbulo, Mycroft tenía planeado acompañar a Greg hasta su moto. Desafortunadamente, fue en ese momento que Sherlock y John decidieron aparecer corriendo, las puertas frontales cerrándose de golpe tras ellos.
Sherlock estaba cubierto de césped que Mycroft reconoció que provenía del establo abandonado que había en la parte trasera del terreno, y John tenía el rostro de un rosa brillante. Ambos se detuvieron abruptamente cuando vieron a Greg y a Mycroft, y John se sonrojó aún mucho más.
—¿Qué han estado haciendo ustedes dos? —preguntó Mycroft.
—Um… sólo… —comenzó John
—¡No es asunto tuyo! —espetó Sherlock.
—... pa-pasabamos el rato —terminó John.
—Mmjmm —musitó Mycroft.
Los ojos de Sherlock se estrecharon al ver que Greg se quedó de pie al lado de Mycroft, observando a Sherlock y a John con incomodidad.
—¿Qué han estado haciendo ustedes? —preguntó Sherlock, sus ojos azules deambulando brevemente sobre Greg antes de posarse sobre su hermano.
—No es asunto tuyo —resopló Mycroft, imitando a su hermano.
—Han estado teniendo sexo —dijo Sherlock con burla.
—Sherlock… —trató Mycroft, sólo para que el joven Holmes lo interrumpiera.
—¡Señora Hudson! —gritó, haciendo que John pusiera sus manos sobre sus propias orejas—. ¡Mycroft está trayendo chicos a casa!
—Cállate —siseó Mycroft, dando zancadas hacia su hermano.
—¡SEEEEEÑOOORAAAA HUUUUDSOOOOOOOOOON! —gritó Sherlock mientras esquivaba a Mycroft—. ¡SEÑORA HUDSON!
—¿Qué pasa? —preguntó la Sra. Hudson, apresurándose en llegar al vestíbulo—. Sherlock, querido, ¿qué sucede?
Sherlock sonrió y Mycroft frunció el ceño amenazadoramente.
—No sucede nada —dijo Mycroft con rapidez.
—Mycroft trajo a un amigo —anunció Sherlock.
La Sra. Hudson parpadeó un par de veces antes de fijar sus ojos sobre Greg. Greg se sonrojó y la Sra. Hudson sonrió.
—Hola, querido.
—Ho-hola —tartamudeó Greg.
Mycroft gruñó y se frotó los ojos.
—Sra. Hudson, este es Gregory Lestrade. Es mi ami-…
—Novio —interrumpió Sherlock.
—Amigo —siseó Mycroft, sus ojos oscuros cuando se dirigieron hacia Sherlock—. De la escuela.
Sherlock simplemente sonrió y la Sra. Hudson se dirigió hacia Greg.
—Un placer conocerte, Gregory.
—Uh… igualmente —murmuró—. Puede llamarme Greg.
—Claro, claro —dijo la mujer, sonriendo—. ¿Te quedarás a cenar, Greg?
—Um… n-no, yo…
—Quédate, no hay problema —interrumpió la Sra. Hudson—. Estoy segura de que a Mycroft le encantaría que te quedes.
Greg le dio un vistazo a Mycroft, quien parecía estar pasando un mal rato en tratar de no golpear a su hermano en la cabeza, antes de volver la mirada hacia la Sra. Hudson.
—Um… sí, claro, sólo tengo que llamar a mi mamá —dijo Greg, buscando su celular en un bolsillo.
—Por supuesto, querido —dijo la Sra. Hudson, sonriendo—. John también se quedará, así que, en serio, no es problema. Sólo iré a avisarle a Jethro.
—¿Quién es Jethro? —preguntó Sherlock, mientras Greg llamaba a su madre.
—El Sr. Andrew —dijo Mycroft.
—¿Su nombre es Jethro? —dijo Sherlock, parpadeando—. ¿Qué tipo de nombre es Jethro?
—¿Qué tipo de nombre es Sherlock? —murmuró Mycroft.
—Oye, Sherlock es mucho mejor que Mycroft —replicó Sherlock.
—No lo es —espetó Mycroft.
Greg observó con ligera diversión como los hermanos Holmes se reducían a pelear como niños pequeños. Greg no pudo evitar encontrarlo tierno; puede que fueran genios, pero peleaban como cualquier otro tipo de hermanos.
—Hola, Greg —respondió Maggie, sacando a Greg de sus pensamientos.
—Hola, ma, ¿cómo estás? —preguntó Greg
—Bien —dijo Maggie—. ¿Qué sucede?
—Um… Me quedaré en lo de Mycroft a cenar —dijo Greg, dándole la espalda a los otros, mientras jugueteaba con su chaleco—. ¿Está bien?
—Por supuesto, cielo —dijo Maggie, y Greg pudo escuchar su sonrisa—. Cena con Mycroft, ¿eh?
—Mamá —suspiró Greg.
—¿Qué? ¡No dije nada!
—Sí, bueno —murmuró Greg.
—Y yo creía que Meghan te echaría lo más pronto posible —musitó Maggie.
—Um… sus padres no están —dijo Greg, recordando lo que el Sr. Andrew le había dicho antes.
—Oh, ya veo —musitó Maggie—. Así que sólo están ustedes dos, ¿eh?
—No —dijo Greg acaloradamente, escuchando como su madre se reía—. Mycroft, Sherlock, John Watson y su niñera.
—¡No es nuestra niñera! —gritó Sherlock.
—Ciertamente necesitas una —dijo Mycroft.
—¡Cállate, Mycroft!
—¡Oblígame, Sherlock!
John gruñó.
—Ustedes dos nunca madurarán, ¿verdad?
—Cállate —dijeron los hermanos Holmes al mismo tiempo.
—Bueno suenan a un montón de diversión —dijo Maggie, quien había escuchado algo de lo que los Holmes estaban diciendo—. ¿A qué hora vendrás?
—Um… no estoy seguro —dijo Greg—. No demoraré mucho, tal vez una hora o dos.
—Está bien, querido. Maneja con cuidado.
—Lo haré, mamá —dijo Greg, antes de despedirse y de colgar. Se volvió a ver a los otros y se encontró con Mycroft y Sherlock de pie con los brazos cruzados, fulminándose con la mirada. John se reía, entretenido, y la Sra. Hudson sonreía con cariño—. Um, mi mamá dice que no hay problema.
—Maravilloso —dijo la Sra. Hudson, juntando las manos—. Vayan a lavarse las manos, mientras voy a hablar con Jethro.
Mycroft y Sherlock salieron de golpe de la habitación al mismo tiempo que John le decía "vamos" a Greg. Ambos siguieron a Mycroft y a Sherlock, quieres estaban aún peleando.
—Eres tan aniñado —murmuró Mycroft.
—Y tú eres un bastardo —replicó Sherlock.
—¿Yo? ¿Qué demonios hice yo?
—¡Simplemente eres tú! ¡Y eso ya es una puta molestia!
—Sólo los adultos tienen permitido putear, Sherlock —dijo Mycroft.
—¡Tú no eres un adulto, maldito hipócrita! —rugió Sherlock.
—¡Soy mayor que tú!
—¡Y más gordo!
—Tu nivel de inmadurez me sorprende, hermanito.
—Oh, y eso de llamarme hermanito, ¿es nuevo? —exigió Sherlock—. Siempre es: Sherlock, eres muy joven; Sherlock, no lo entiendes; Sherlock, deja de actuar como un niño de cuatro años.
—¡Actúas como un niño de cuatro años! —interrumpió Mycroft.
—Oh, ¿y la forma en la que tú actúas es a lo que tengo que aspirar? —preguntó Sherlock—. Bebiendo, fumando, follando con cualquier tipo que tenga más de dieciséis años…
—Mi vida privada es simplemente eso; mía —interrumpió Mycroft de nuevo—. No hables de cosas que no son asunto tuyo.
—¡Son asunto mío! ¿Quién más cuida de ti?
—¿Siempre son así? —preguntó Greg a John, quien estaba caminando por el pasillo al lado suyo.
—Oh, sí —dijo John asintiendo con la cabeza—. Realmente se preocupan entre ellos, pero sus personalidades chocan siempre. Discuten por cualquier cosa y por todo.
—Mm, es… extraño —dijo Greg.
—Espera a que empiecen a discutir en otros idiomas —dijo John—. Se gritan en español y en alemán. Cuando empiezan a hablar en francés tienes que separarlos.
—Claro… —dijo Greg, riendo. Había visto a Mycroft y a Sherlock uno contra el otro antes, pero sólo por un par de minutos.
—Je t'emmerde… —empezó Sherlock en francés, pero John fue rápido en interceder.
Sostuvo a Sherlock por la parte trasera de su camisa y tiró de él.
—Ya está, chicas, es suficiente.
—¡Él empezó! —bufó Sherlock.
—No me importa —dijo John—. Sólo entra al baño y lávate las manos para cenar.
—Sí, madre —dijo Sherlock con sorna, saludando al chico más bajo antes de entrar de golpe en la puerta que estaba a su derecha.
—Me disculpo —dijo Mycroft con rapidez, su rostro enrojecido por la vergüenza cuando recordó que Greg estaba allí y que había visto toda la interacción.
—No hay problema —dijo Greg, sonriendo—. Es tierno como se llevan.
—¡NO SOMOS TIERNOS! —gritó Sherlock desde el baño, mientras Mycroft se sonrojaba aún más.
John soltó una risita y entró al baño también, seguido por Mycroft y Greg.
—Santa mierda —dijo Greg, observando el lugar. Era tan grande como la sala de estar de su casa… posiblemente más grande, y estaba hecho de azulejos azul oscuro enmarcados de blanco. La mesada y la bañera eran de mármol blanco, y la ducha que estaba en la esquina tenía tres paredes de vidrio.
—Sí, bueno… nadie nunca podrá decir que Siger Holmes es tacaño —murmuró Mycroft.
Sherlock bufó mientras frotaba sus manos violentamente debajo de la canilla, salpicando agua contra la mesada y el lavabo.
—Sherlock, por favor —suspiró Mycroft.
Sherlock le sacó la lengua antes de salpicarle agua a Mycroft. El hermano mayor frunció el ceño, y John rápidamente colocó una toalla de mano en las manos de su mejor amigo.
Después de lavarse las manos, los cuatro adolescentes se dirigieron hacia el vestíbulo, Sherlock y John adelante de los otros dos muchachos, charlando en voz baja. Greg sonrió cuando vio como chocaban sus hombros, sus manos rozándose cada tantos segundos. Le echó un vistazo a Mycroft, quien también sonreía, antes de entrar al comedor más pequeño.
—Nos encontramos de nuevo, Greg —dijo el Sr. Andrew, con una cálida sonrisa.
—Sí, um… hola —dijo Greg, mostrándose avergonzado.
Mr. Andrew rió.
—Escuché que Martha te convenció de que te quedaras a cenar.
Greg asumió que Martha era la Sra. Hudson, y asintió mientras que el hombre mayor empezó a colocar sopa en unos platos. La Sra. Hudson se sentó en la cabecera de la mesa, donde Greg asumió que era el lugar habitual del Sr. Holmes, con Sherlock a su izquierda y Mycroft a su derecha. Greg se sentó al lado de Mycroft, y John frente a él, mientras que el Sr. Andrew continuó sirviendo.
Cuando el hombre terminó, se sentó al lado de John, y Greg notó que había un lugar libre con un plato de sopa a su lado.
—Um, ¿quién… —empezó Greg, sólo para interrumpirse cuando Anthea Lander entró a la habitación.
Tenía sus ojos pegados a su BlackBerry, y no levantó la mirada cuando la Sra. Hudson habló.
—Buenas tardes, querida.
—Hola —respondió Anthea mientras se sentaba. Parpadeó un par de veces y miró a Greg—. Hola.
—Hola —dijo Greg. Anthea ladeó la cabeza, miró de Mycroft a Sherlock, y luego volvió a su celular.
—Um… —musitó Greg.
—No es muy social —murmuró Mycroft.
—Como si tú fueras el indicado para decirlo —respondió Anthea.
Mycroft sonrió y empezaron a comer, la Sra. Hudson y el Sr. Andrew discutieron sobre algo que tenía que ver con los electrodomésticos. Sherlock y John se reían mientras se murmuraban el uno al otro, y Mycroft sonrió al verlos desde el otro lado de la mesa. Anthea comía con una sola mano, y con la otra escribía en su BlackBerry, y cuando Greg le dio un vistazo, vio que estaba hablando con Sally Donovan.
Greg dejó que las conversaciones llegaran a él, sólo hablando cuando alguien le preguntaba algo directamente. La Sra. Hudson parecía encontrarlo fascinante; le preguntó sobre sus materias, su tarea, su madre y básicamente sobre toda su vida.
Mycroft sonrió cada vez que Greg respondía algo, y Sherlock continuó dirigiéndole ceños fruncidos y cejas levantadas a su hermano, quien simplemente lo ignoró. Sherlock no podía ser silenciado, sin embargo, y cuando sirvieron el postre decidió hablar.
—¿Hace cuánto que están saliendo, con exactitud?
Se dirigió hacia Greg, pero sus ojos estaban fijos en su hermano, y John casi se ahoga con su pastel, mientras que Anthea inclinaba una ceja.
—Sherlock —gruñó Mycroft.
—Um… —musitó Greg, no tan seguro de cómo responder en la presencia de dos adultos.
—Sherlock, no seas irrespetuoso —reprendió la Sra. Hudson con suavidad. Se estiró sobre la mesa y sacudió el cabello de Sherlock, haciendo que sus rizos rebotaran desordenadamente sobre su cabeza. Sherlock le frunció el ceño a la mujer y John rápidamente le dio un par de palmadas al cabello del genio, logrando que Sherlock le esbozara una sonrisa.
—No somos novios mis polainas —murmuró Greg, haciendo que tanto Mycroft como Anthea se rieran.
—¿Qué? —exigió Sherlock. Miró de un adolescente a otro, sus ojos azules firmes—. ¿Qué dijiste?
—Nada —dijo Greg, aclarándose la garganta.
—Mierdas —dijo Sherlock, frunciendo el ceño.
—¡Sherlock, por favor! —espetó Mycroft.
—¿Qué? Mierda no es una mala palabra —dijo Sherlock—. Podría haber dicho hijo de puta, joder, bastardo o…
Se interrumpió con un sonoro gruñido de dolor y fulminó con la mirada a Mycroft, mientras se estiraba por debajo de la mesa para frotarse la pierna.
—¿Qué les parece si todos la terminamos? —sugirió John.
—¡Yo no hice nada! —dijo Greg.
—Yo tampoco —añadió Anthea, sin sacar sus ojos de su BlackBerry.
—Simplemente… todos, cállense —bufó John.
—Sí, señor —dijo Sherlock, saludándolo con el gesto de la milicia.
—John, realmente deberías considerar volverte la niñera a tiempo completo de Sherlock —murmuró Mycroft.
—Déjalo en paz —dijo Sherlock, frunciendo el ceño.
—Prácticamente soy la niñera de Sherlock —añadió John.
Sherlock lo fulminó con la mirada.
—¿Qué? Es cierto.
Sherlock continuó mirándolo antes de que una sonrisa apareciera de golpe en su rostro. Las mejillas de John se volvieron rosas y tanto Mycroft como Greg bufaron, pero sabiamente no dijeron nada cuando Sherlock los miró.
La cena finalmente terminó dos horas después. No fue tan mala, en serio, pero entre las preguntas de la Sra. Hudson y los comentarios constantes de Sherlock sobre su "relación", Greg estaba listo para irse a casa.
La Sra. Hudson lo abrazó y le dijo que volviera cuando quisiera, y Greg le agradeció a ella y al Sr. Andrew por la cena, antes de que Mycroft lo acompañara afuera.
—Me gusta —musitó la Sra. Hudson.
—Definitivamente es un buen chico —dijo el Sr. Andrew asintiendo con la cabeza.
Sherlock gruñó.
—Ustedes me enferman —murmuró.
—Sherlock —suspiró John.
{oOo}
Greg y Mycroft caminaron en silencio, simplemente disfrutando su compañía ahora que no estaban rodeados de personas. No hablaron hasta que llegaron al garaje, Greg se detuvo al lado de su moto y Mycroft suspiró.
—Siento haberte hecho pasar por todo eso —dijo Mycroft suavemente.
Greg soltó una risita y pasó sus brazos alrededor de la cintura de Mycroft, acercándolo.
—Está bien —dijo—. Te ves tierno cuando te sonrojas.
—No es verdad —dijo Mycroft, frunciendo el ceño.
Greg se inclinó hacia adelante y presionó un breve beso sobre la nariz de Mycroft. Cuando se echó hacia atrás las mejillas de Mycroft estaban espolvoreadas con rosa, sonrió.
—Completamente adorable.
—Te mataré con lentitud; nadie podrá hallar nunca tu cadáver —prometió Mycroft.
—Ooh —musitó Greg, sin dejar de sonreír.
Mycroft rodó sus ojos y se inclinó hacia adelante para un beso de verdad. Sus labios eran cálidos y tiernos, suaves y reconfortantes, y cuando se separaron Mycroft también sonrió.
—Ya sabes, tuviste que cenar con mi mamá —dijo Greg—. Y está claro que el Sr. Andrew y la Sra. Hudson se preocupan por ti… así que fue como una venganza cósmica.
—¿Venganza cósmica? —repitió Mycroft.
Greg asintió.
—No tienes idea de lo que estás diciendo, ¿verdad?
—Nop —dijo Greg, sonriendo, haciendo que la "p" sonara—. Sólo pensé que sonaba genial.
Mycroft rió y lo besó de nuevo, antes de guiar a Greg a su moto.
—Las rejas se abrirán automáticamente cuando te acerques a ellas, así que serás capaz de irte sin problemas.
—Comprendidouu —dijo Greg, mientras montaba su motocicleta—. Um… tal vez deberías conseguirme una tarjeta electrónica, ¿eh? Será difícil escabullirme si tienes rejas como esas.
—Pensé que la gravedad no significaba nada para Gregory Lestrade cuando quiere mamarse la verga de Mycroft Holmes —dijo Mycroft—. ¿Por qué las rejas tendrían que detenerte?
Le tomó un minuto a Greg, pero recordó la conversación que había tenido con Mycroft hace semanas en su habitación. Bufó y negó con la cabeza.
—Oh, Mycroft, que coqueto.
Mycroft rodó los ojos.
—Por favor, retírate de mi propiedad, inmediatamente.
—Bueno, bueno, no hay necesidad de ser malo —dijo Greg, agarrando su casco que estaba sobre el manubrio.
Antes de poder ponerselo, Mycroft sostuvo su rostro entre sus manos y juntó sus bocas de golpe, su lengua asomándose para explorar la boca de Greg minuciosamente. Greg gimió y parpadeó rápidamente cuando se separaron, sintiéndose mareado y mucho más que un poco excitado.
—Te veré luego —dijo Mycroft, dejando ir a Greg.
Greg se inclinó y presionó un último beso sobre los labios de Mycroft.
—Sí, nos vemos después —dijo.
Mycroft sonrió y observó como Greg se ponía el casco y colocaba las llaves en su moto. Rugió a la vida y Greg lo saludó con la mano antes de arrancar, manejando por el empedrado camino hacia las rejas.
{oOo}
Mycroft se estaba sintiendo ligeramente nervioso cuando volvió a entrar a la casa. El Sr. Andrew y Sherlock habían ido a llevar a John a casa, y la Sra. Hudson estaba ocupándose de la cocina.
Mycroft se aclaró la garganta después de entrar, y la mujer se volvió a sonreírle.
—¿Ya se fue Gregory? —preguntó.
—Sí —dijo Mycroft, asintiendo—. Sra. Hudson, yo…
Dejó de hablar, inseguro de cómo realizar su petición… su necesidad… en palabras.
La Sra. Hudson se volvió a verlo, con una pequeña sonrisa sobre su rostro.
—Um… —trató Mycroft de nuevo.
—No le diré ni a tu madre ni a tu padre que Gregory estuvo aquí —prometió la Sra. Hudson.
Mycroft la observó.
—Sé que es difícil para ti, Mycroft —dijo la mujer, sonriendo con calidez—. Y cuando estés listo para decirles, hazlo; pero sólo cuando estés listo.
Mycroft parpadeó rápidamente antes de asentir con la cabeza.
—Gracias —dijo en una pequeña voz.
La Sra. Hudson estiró la mano y le dio un pequeño apretón a su hombro, ganándose una pequeña sonrisa del adolescente. Le dio una par de palmaditas con suavidad, y se dio vuelta para volver nuevamente al lavabo, dejando a Mycroft libre para dirigirse a su habitación, con una sonrisa en el rostro mientras recordaba la tarde que pasó junto a Greg.
