Disclamer: Los personajes de Frozen y Enredados pertenecen a Disney, qué queréis que os diga, ojalá fueran de mi propiedad pero bueno, me conformo.
Me encanta cuando pienso un capítulo y cuando lo escribe termina siendo algo totalmente diferente xD.
Life's too short
Capítulo XXXVI
~Test de pre-embarazo~
El tiempo parecía volar a mis ojitos azules favoritos a mi lado, las semanas y los meses se evaporaban antes de que me diera cuenta y todo por vivir junto a ella. En un parpadeo, llegó el cumpleaños de Elsa, y casualidades de la vida, ese día hicimos un pedido muy especial.
— Y con este… hemos llegado a los ¡cien pasteles de chocolate!— por supuesto, ese pastel iba a ser para ella. En forma de corazón, rodeado por nubes de nata, decorado con diecinueve pequeños bombones también en forma de corazón y con un enorme te quiero escrito en el centro.
— Dios mío, nos ha salido demasiado grande.
— Qué va, es pequeño comparado con el amor que siento por ti.
— Oh Anna…
— Felicidades cariño.
La tienda era un rotundo éxito desde que abrió hace ya cinco meses, conocimos a un montón de gente y todos, o casi todos, nos adoraban. Prácticamente repartíamos felicidad con nuestros dulces.
Aquel jueves nos tomamos el día libre para irnos de picnic al acantilado donde hace ya casi un año nos comprometimos. Casi un año viviendo juntas… me costaba de creer que el tiempo hubiera pasado tan rápido.
A todo esto, estaba ansiosa por darle mi regalo, chocaba mis nudillos inquieta esperando el momento oportuno. Llevaba varias semanas queriéndole pedir que tuviéramos un bebé juntas y no podía esperar más para decírselo, tenía que ser ese día, no podía negarse el día de su cumpleaños, incluso le hice un regalo expresamente para la ocasión. No podía echarme atrás.
En un momento de paz y tranquilidad, en el que estábamos tumbadas viendo las nubes pasar unidas por nuestras manos, apoyadas cabeza con cabeza y jugando con nuestros pies, cuando me di cuenta que había llegado el momento. Tenía un buen presentimiento, hacía hasta un buen día y todo.
— Elsa.
— Dime cielo.
— Tengamos un hijo.— prácticamente vomité esas palabras, no aguantaban más en mi boca.
— Hm…
— ¿…?
Me quedé mirándola expectante a sus palabras, su reacción no me dijo nada.
— ¿Estás segura?— entonces me miró.
— Llevo desde que nos casamos queriéndotelo decir.
— Con que era eso…— con todas las indirectas que le dejé caer, no me creí que no hubiera sospechada nada.
— Sí… tenía miedo de que tu respuesta fuera un no como una catedral, por lo que no quise decirte nada hasta ahora.
— ¿Cómo se te ocurre pensar que te lo negaría?— me tranquilicé entonces, sabía que podía confiar en ella, siempre hacía de todo para cumplir mis sueños— Quiero hacerte feliz y si quieres ser madre haré lo que sea necesario para ayudarte, pero ¿estás segura? Quiero que estés segura de ello, no es algo que puedas tomarte a la ligera.— esa reafirmación me pareció un tanto extraña.
— Claro… ¿por qué crees que llevo tanto tiempo queriéndotelo decir? Me muero de ganas de ser mamá. Tú… ¿no quieres tener un hijo?— casi me dio miedo hacerle esa pregunta.
— Claro, por supuesto que sí y más si lo tengo contigo, pero no creo que ahora sea el mejor momento para eso.— y yo pensando que sería el momento perfecto.
— Entonces… ¿me estás diciendo que no quieres tener un hijo conmigo?
— No, no quiero decir eso, sólo digo que no debemos precipitarnos con algo así.
— Para mí eso es un no, ¿crees que es un capricho? ¿a caso crees que no he pensado en ello? ¿Soy demasiado inmadura para ti para cuidar de un niño? ¿Qué? Sabes de sobra que me dejo los cuernos por aquello que me importa, ¿por qué ahora no es un buen momento?
— Anna… no te enfades, sabes que odio verte así…
— Pero ¿cuándo se supone que será un buen momento para ti? ¿eh? ¿El año que viene? ¿Dentro de tres? ¿cinco?
— Cuando pensemos en ello seriamente. Entiende que eso no es algo que pueda decidir así como así, cálmate. Por supuesto que quiero ser madre contigo y creo que lo harías mejor que nadie, pero es complicado. ¿Quién sería el padre? ¿Kristoff?
— ¿Quién si no?
— ¿Y crees que le parecerá bien?
— No lo sabremos si no se lo preguntamos.
— ¿Y qué pasará cuando la gente se entere de que nuestro hijo tiene dos madres?
— Oh vamos Elsa, deja de buscar excusas, como si fuera a importarnos lo que piensan los demás.
— No, pero un hijo da un montón de trabajo, tendríamos que dejar la tienda y…— en ese momento comprendí que ella en el fondo no quería. Nunca antes había puesto tantas trabas para negarme algo.
— Si no quieres dímelo y ya está, no hace falta que le des tantos rodeos, puedes ser sincera conmigo ¿sabes? Pensaba que confiabas en mí…— le di la espalda enfadada, pensé que se lo tomaría de otra forma pero al parecer, me equivoqué. Me decepcionó.
— … Vale… No quiero.— y mi piel se erizó en ese momento.
— ¿Qué…?— no quise escuchar ese no, muy probablemente era la primera cosa que me negaba y quería con todo mi corazón. Me dolió, y mucho.
— ¿Quieres que sea sincera contigo? Pues no quiero tener un hijo. Lo siento pero no quiero estar ocupada veinticinco horas al día y no poder pasar tiempo contigo, quiero seguir con la pastelería y dormir contigo sin que unos llantos nos despierten a media noche, quiero hacer el amor mil veces antes de que eso ocurra, te quiero a ti y no quiero compartirte con nadie, llámame egoísta si quieres, pero eso es lo que pienso.
Una lágrima corrió hacia mi nariz, aquello no justificaba su respuesta.
— Egoísta.— me abrazó apoyando su cabeza en mi nuca.
— Perdóname, pero quiero disfrutar de ti un tiempo más…
Saqué mi regalo de cumpleaños del bolsillo y casi se lo lancé a la cara. Era una pulsera metálica en la que había escrito 'Mamá' con letras de acero e iba a ir de conjunto con la mía.
— Póntelo cuando dejes de ser tan egoísta y quieras hacerme feliz.
— Anna… no…— me encerré en mi misma, haciendo un esfuerzo para que esa dura situación no me afectara.
La hice llorar. En el lugar más querido por nosotras estaba Elsa llorando por mí. Claro que entendía su punto de vista, pero no lo aceptaba, para nada, yo me sentía más que preparada para dar ese enorme paso pero ella al parecer no. Me hizo mucha rabia.
— Olvídalo ¿vale? Tienes razón, aún somos jóvenes para pensar en esas cosas.— me di la vuelta con el corazón ahogado, usando unas palabras que no eran mías y le di una falsa sonrisa que nadie se creería— Seguiremos como siempre ¿de acuerdo?— le di un insensible beso e intenté que parara de llorar, pero no conseguí más que el efecto contrario.
— Quiero hacerte feliz, te lo juro…
— No seas llorona… venga Elsa.
— No puedes pedirme que pase menos tiempo contigo…
— Vale… ya… deja el tema, no pasa nada, olvídalo.
— Lo siento…
Mi humor se derrumbó en escombros y mi sueño de que el año siguiente tuviéramos un pequeñín o pequeñina babeando por casa se esfumó. Claro que también quería estar con ella a todas horas y que nadie nos interrumpiera, pero para mí tener un hijo juntas es lo más poderoso que existe en el mundo, incluso más que declarar nuestro amor de por vida, y si ella no tenía las mismas ganas que yo, no podríamos hacerlo.
Con la de veces que la vi tratar con niños en la tienda, llegué a creer que en el fondo de su corazón también querría tener uno, se le daban muy bien y hasta la adoraban más que a mí, no entendí cómo podía ser tan egoísta.
El resto del día fue más bien un desastre, Elsa no dejaba de sentirse culpable por estropearlo todo y llegué a hartarme de las veces que le repetí que se olvidara del tema de una vez. Estaba a muy poco de pelearme a gritos con ella.
Día tras día fui recuperando mi humor habitual y nosotras la normalidad de siempre, aunque no podía evitar mirar la muñeca de Elsa a todas horas por si había decidido ponerse la pulsera.
No hubo suerte. Empecé a pensar que jamás se la vería puesta y que nunca iba dar ese paso, era frustrante.
Se acercó el final de año y con él, el día de volver a Corona.
Cada semana, Punzi y Eugi, así los llamábamos cariñosamente, nos enviábamos cartas con las novedades del embarazo y la última nos decía que el parto había salido bien.
Intenté aprovechar para hablar sobre niños y el hecho de ser madres, pero parecía esforzarse por cambiar de tema en todo momento y me dolía cada vez que lo hacía.
Decidí no darle más vueltas hasta que llegáramos.
— Nos días melocotón~— era Elsa. Entreabrí un ojo y vi que el sol aún no había llegado al borde de la cama. Era temprano.
— Ñ…
— Despierta princesita~— se hizo con mi oreja usando sus dientes y me retorcí sin ganas de despertar, sin conseguir despegarme de ella— Vamos, ¿sabes qué día es hoy?— me tapé con la manta pensando en sólo dormir, hasta que recordé que había llegado ese día.
— Ya es mañana.
— Así es. Te he despertado temprano porque pensé que querrías-
La besé agradeciéndoselo, cómo íbamos a pasar días fuera, teníamos que aprovechar las últimas horas que nos quedaban en nuestra casa para jugar libremente sin nadie que pudiera decirnos nada.
Ese día íbamos a subir al barco para ver a la pequeña Elisabeth, jamás le pondría un nombre así a mi hija.
Quisimos ir semanas antes para asistir al parto, pero hubo un horrible temporal que nos fastidió el viaje y por desgracia no pudimos ir. Llevaba esperando este día desde que nos llegó la noticia, eran muchas las preguntas que quería hacerles empezando por la de cómo convencerla para que tenga un hijo conmigo.
Recé para que al ver a su hermana con la niña en brazos, se encaprichara y quisiera una también.
Cerramos nuestra tienda por vacaciones, la cual nos estaba dando más beneficios de los que nos merecíamos, y dejamos la casa lista para despedirnos de ella.
Esta vez nos iba a acompañar Kristoff, otro punto clave para convencer a Elsa. No pude tener la boca cerrada y le comenté mi intención de ser madre, a lo que le pareció estupendo, con todo lo que ello comportaba. Me dijo que nos apoyaría en todo lo que necesitáramos, y con todo se refirió a todo.
El viaje se me hizo largo con las ganas que tenía de llegar. Una vez en Corona, fuimos recibidos por sus padres los cuales nos llevaron directos a la habitación donde descansaba la niña y los papás.
— Hola~— Elsa corrió hacia ella para abrazarla, su preciosa hija Elisabeth dormía en su cuna y Eugi parecía medio muerto en el sofá pese a ser media mañana, debía de estar agotado.
Me quedé viendo con Kristoff a la niña como si nos absorbiera la mirada, era tan pequeña y bonita que me daban ganas de abrazarla como si fuera un peluche.
— Hola eh.— ni me giré para saludar a Punzi.
— Sht, estoy ocupada.
— Podría pasarme horas así.— él pensaba igual que yo.
— Sí… es increíble ¿verdad? Muchas veces me quedo mirándola embobada sin más.— con sus padres terminamos de rodear la cuna.
— Es preciosa…— le eché la vista a Elsa al escuchar el cumplido y cruzó la mirada cuando me vio— Am… ¿Podemos hablar a solas un momento?
— Sí… claro, ¿por qué?— ella y su hermana se fueron y me quedé con sus padres, el muerto y Kristoff. Supuse que querrían hablar sobre mi intención de tener un hijo con ella.
— Con que abuelos eh… ¿Qué se siente? ¿Pesan los años?
— Oh…no, es una maravilla,— contestó Thomas, en un tono silencioso poco habitual en él— nos llena de orgullo tener una nieta, es como un regalo del cielo.
— Es el tesoro de la familia, no podríamos ser más felices.
— Vigilad a Anna porque en un despiste se la lleva.— dijo Kristoff bromeando.
— Punzi dijo que no tenía poderes ¿no?
— Exacto, pero no sabemos si más adelante tendrá. Sería bueno que pudiera curar a la gente también.
— Sí… Eh, mirad, se está moviendo…— parecía un milagro que pudiera mover esos dedos tan pequeños, estaba impaciente por ver sus ojitos verdes.
— Me encanta cuando despierta y se estira entre bostezos, es adorable.— dijo Primrose. Me fijé en las caras que ponían todos y no pude evitar reírme.
— Y… ¿no os gustaría tener otro nieto?— entonces me miraron entre sorprendidos y extrañados, sin saber muy bien cómo tomárselo— Quiero tener un hijo con Elsa.
— Oh cielo, eso es genial, pero…— impedí que siguiera con la frase.
— Pero Elsa no quiere, dice que no le gusta la idea de que alguien que no sea ella me robe el tiempo.
— Anda que has tardado en decírselo…— murmuró Kristoff.
— Bueno, ten paciencia, es normal que no quiera aventurarse, a penas lleváis un año casadas y aún sois jóvenes.
— ¿Y qué? Yo quiero tenerlo ahora…
— Todo llegará querida, tarde o temprano…
Después de unos minutos, volvió Elsa con su hermana, pensativa y evitando la mirada a toda costa. Fui a por ella y cuando le pregunté qué tal me abrazó. Me susurró que le diera tiempo para pensar. Respondí que o se lo pensaba rápido o me llevaba a Eli. Se rió, luego me dijo que Punzi sería capaz de matarme por ello.
Nos pasamos el día en el castillo hablando sobre el embarazo, el parto y cómo eran sus días ahora que su hija tenía once días de vida. Nos maravillamos por cada cosa que hacía, cómo se retorcía, cómo balbuceaba, por cómo le daba de comer, que por cierto, menudos pechos se le habían puesto a Punzi, y un largo etcétera. La pequeña era el centro de toda la atención.
Nos pusimos al día de todo, desde mi nuevo largo peinado que por cierto me encantaba, pasando por lo bien que iba nuestra tienda y terminando con una ronda de preguntas para los nuevos papás. Me hice con toda la información que pude, hice lo posible para que Elsa viera la parte encantadora de ser mamá y disfrutamos de un gran día en familia que pasó volando.
Los siguientes días nos rodeamos por Elisabeth y hasta ayudamos un poco a cuidarla, practicando para un futuro cercano. Elsa prefería las niñas, por lo que estaba encantada cuidándola, haciendo tonterías, pedorretas y ruidos extraños. Me puse algo celosa de Punzi, quería tener un bebé como el suyo.
Quise despertarme un día y verle la pulsera puesta para que mi sueño se hiciera realidad, pero por desgracia eso no ocurrió, se veía muy reacia a dar ese paso y no terminaba de entender por qué. Se lo pasaba bien con la niña e incluso pasaba un poco de mí para estar con ella.
Pasada una semana y harta de no entenderla, la inmovilicé mientras nos bañábamos para sonsacarle información, abrazándola por la espalda con brazos y piernas.
— Sé que quieres tener un hijo Elsa, a mí no me engañas y la excusa de que quieres pasar más tiempo conmigo no me sirve, pasaremos el mismo tiempo juntas con o sin hijos. ¿Qué te pasa? ¿Por qué no quieres tener un bebé? ¿De qué tienes miedo? Dímelo por favor…
— No tengo miedo…
— ¿Y entonces?
— …
— Háblame, ábreme tu corazón maldita sea, ¿por qué te cuesta tanto? Vamos…
— Es… complicado…
— No importa, dímelo, aunque no lo entienda, pero dímelo.
— Está… bien… Hace un tiempo… me hicieron unas pruebas médicas y… me dijeron que no podía tener hijos.— mis ojos se inundaron en aquél momento, fue como si me hubieran rasgado el corazón.
— ¿Por qué nunca me dijiste nada…?
— A parte… Me aterra pensar que… quieras quedarte embarazada y que te pase algo en el proceso o durante el parto… no soportaría perderte otra vez… eres joven y…
— ¿Por eso querías esperar?— la abracé con todo mi cariño.
— Sí… Además… tengo miedo de ser una mala madre… ¿y si no lo hago bien? ¿y si mis poderes vuelven un día y le hago daño, como a ti?
Me giré para ponerme encima de ella.
— Debiste decírmelo en su momento, ¿sabes lo preocupada que me tenías?
— Lo siento…— la besé con ternura para curarle sus heridas con amor.
— No te preocupes ¿me oyes? Iremos al mejor medico de este reino para que te haga un chequeo, y si no tomaremos todas las precauciones que podamos para que pueda quedarme embarazada. Ya tengo casi diecisiete años ¿sabes? ¿Y qué es eso de que serías una mala madre? Serías la mejor madre del mundo y lo sabes, eres cariñosa, responsable, amable, deliciosa y tierna como la que más. No te preocupes por tus poderes ¿de acuerdo?, no volverán, no tienes que tener miedo.
— Anna~
— Venga, no te pongas a llorar…
— Lo siento…
[Uziel]
— Me las pagará, se arrepentirán de haberme encerrado por fastidiar la boda de esas dos malcriadas, haré que esas estúpidas sepan lo que es vivir en la miseria aunque tenga que quemar el reino para ello, les quitaré lo que más le importa al igual que ellos me quitaron mi puesto. Tantos años de fiel servicio como tesorero para ¡esto!
…
— Puto gordo imbécil, todo ha sido por su culpa… si no hubieras aparecido habría acabado con esas niñatas engreídas y tendría más poder que nunca… ¡Joder! Debí usar mano dura cuando tuve ocasión. ¿¡Por qué nadie me hizo caso entonces!?
…
— Me las pagarán todos ¡¿me escucháis?! ¡Acabaré con todos vosotros! ¡Cada día que estoy aquí encerrado se convertirá en mi venganza! ¡Y luego os arrepentiréis!
…
— Thomas… ¡Más vale que estés preparado! ¡Volveré a tener poder! Me alabaréis por mis riquezas y nadie se interpondrá en mi camino… ¡Nadie!
…
— Nueve años más… sólo nueve años más…
— ¿Eres consciente de que si sigues así no saldrás de esta prisión en la vida?
— ¡Entonces escaparé! Malditos guardias… ¡No podréis hacer nada contra mí! ¡Tengo contactos de gran influencia!
Mandy: Bueno, resolveré tus dudas en un par de capítulos :p. Esto ya está tomando forma y empiezo a morirme por escribir ciertas escenas x.x
darkfantasy88: ¡Yey! Me imagino un cartel de madera con el nombre escrito y todo el mundo hablando de la pastelería como Dulces Elsanna haha, no pude evitar poner un nombre así. El siguiente podría ser el último de Anna como protagonista :o, sólo digo eso.
Por cierto, Uziel = malo, por si no había quedado claro xD Si no lo recordáis, es el tesorero que trató tan mal a Elsa y Anna cuando se reunieron para descubrir que entre ellas dos había algo "sospechoso" (cap 25) y el que echó barro al vestido de novia de Elsa haha, menudo gilipollas xD.
