Aquí tenéis este nuevo capítulo! Siento haber tardado tanto, espero que os guste y que me digáis qué os parece. Cuantos más reviews, más pronto publicaré! Jaja
Espero que os esté gustando esta recta final de la historia
Ya solo quedan dos capitulitos más. Os quiero muuucho y gracias por todo el apoyo!
Besazos
Donna*
Capítulo 34 – "La Trampa"
Todo había cambiado desde aquél fatídico día. No había día, ni mucho menos noche que no la recordara. Ojoloco la arrancó de los brazos de Ron, que yacía en el suelo completamente inmóvil. No podía parar llorar, pero su mente aun no era consciente de lo que acababa de ocurrir.
Sus ojos no eran capaces de mirar a nada ni a nadie. Tan sólo recordaba un fuerte estallido, muchos gritos. Demasiados, la mayoría de niños. Cientos de hechizos rondaban alrededor suya, que impactaban no sabía dónde.
La llevaron a uno de los cuarteles de la Orden del Fénix. La señora Weasley, con una entereza sorprenderte le preparó un caldo caliente con el que cayó en un largo sueño. Los días siguientes sólo aparecía en escena para comer pequeños platos. Tras pequeñas conversaciones que escuchaba comprendió que tras la batalla de Hogwarts las cosas se complicaron para los mortifagos al ser menores en número, y todos y cada uno de ellos huyeron bajo las órdenes de Lord Voldemort. El objetivo principal de la batalla, matar al menor de los varones de la familia Weasley, había sido cumplido. La Orden consiguió capturar a algunos de menor rango como Crabbe Goyle o Cho Chang, que estaban encerrados en la prisión de Azcabán.
Sin embargo, lo más sorprendente fue la no-muerte de Víktor Krum. Remus Lupin y Minerva McGonagall habían investigado acerca del hechizo que portaba Ronald y le explicaron al resto de miembros de la Orden que la maldición que pronunciase Weasley, no iba a surtir su efecto, simplemente lo dejaría inconsciente momentáneamente. Por lo que Víktor Krum seguía vivo. Aquello, sorprendentemente mejoró levemente el ánimo de Hermione, ya que al menos su amigo no iba a portar la carga de un asesinato sobre los hombros. Murió tal y como era, defendiéndola y protegiéndola de la muerte, sin ocasionar ningún asesinato por ello.
El funeral de Ron lo recordaba como si hubiera ocurrido el día anterior. Hermione se agarró al brazo de Harry Potter, y ambos unidos intentaron ser fuertes en aquél horrible día. Cientos de personas acudieron al encuentro. Entre ellos estaban personajes del mundo mágico que apoyaban a la Orden públicamente, compañeros y amigos de Ron del colegio y familiares de la familia Weasley.
Los medios de comunicación también se habían hecho eco de la noticia, e informaban sobre los sucesos de aquél asesinato.
Arthur Weasley al igual que Ginny y Harry dijeron algunas palabras en honor al pelirrojo. Harry hizo mención sobre la amistad que los tres tenían, haciendo alusión a los innumerables momentos que habían pasado. Cada risa y cada disputa que habían tenido, finalizándolo siempre en un cariñoso abrazo. Cómo habían crecido los tres juntos, madurando a la vez y disfrutando del paso del tiempo; pero siempre los tres siendo uno mismo; uno sólo.
Hermione miró al suelo en todo el entierro, no podía hacer frente al féretro de su amigo, de madera con su nombre inscrito. Decena de lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas nada más llegar, y aumentaron al escuchar las palabras de Harry.
Los invitados se dirigieron hacia ellos y les dieron el pésame.
La castaña y el resto de la familia del pelirrojo, junto a Harry, se dirigieron hacia la Madriguera en un profundo silencia acompañado sólo de algunos sollozos.
Hermione subió hacía la habitación en donde se quedaría y sollozó en su propia intimidad. Pocas lágrimas nacieron de sus ojos. Su pecho desde aquel día estaba oprimido; pero aun peor era su cabeza, que estaba colapsada, sin fuerza para poder hacer frente a aquél golpe.
Pasó más de un día allí encerrada. Dando vueltas a todo lo que había sucedido y todo lo que pudo evitar. Su mente era capaz de entender que ella no tenía la culpa, al menos no toda. Pero el sentimiento de culpabilidad era inevitable. Ron había muerto por ella, por salvarle la vida a ella. Debía de haberlo parado, o incluso haberlo encerrado en algún lado cuando Malfoy les confesó todo aquello. Algo en su interior le decía que debía de haberse arriesgado por él y utilizar su poder de la luz. Pero no fue capaz; en realidad no se acordó de aquél nuevo poder.
Cerró los ojos con fuerza. Recordarlo era aún peor. Fue demasiado tonta, excesivamente incauta. Lo que más la enfadaba era por culpa de quién era; Víktor Krum.
Su mejor amigo, el hermano que nunca tuvo, había dado la vida por salvarla del mortifago que más la había hecho sufrir.
Su corazón era incapaz de afrontar aquella nueva situación. El hecho de vivir sin la sonrisa de su pelirrojo amigo hacia que su órgano más vital se arrugase sólo de pensarlo. No estaba preparada para una pérdida así. Siempre había chocado con Ron, tenían caracteres muy diferentes e incluso; llegaron a confundir la amistad que tenían en algo más. Fue su mejor apoyo en todo momento, la persona en quien más había confiado nunca, junto a Harry. Ahora se había quedado sola, no podía levantarse de la cama y afrontar que debía de aprender a vivir sin su amigable compañía. Era imposible. Su valentía que tanto la caracterizaba había desaparecido de la mano de Ron. El hermano que nunca tuvo, había muerto, había sido asesinado de la forma más despiadada.
Intentó dejar de pensar, ningún pensamiento ni tampoco palabra podía calmar aquella angustia que se apoderaba de su ser.
Tras estar encerrada tantas horas en la habitación, escuchó cómo unos nudillos llamaban a su puerta. No contestó. Aun así alguien estaba entrando a la habitación.
-Soy yo – dijo su inconfundible voz.
Se acercó a ella y la abrazó. Su otro apoyo, ahora quizá el único.
Harry había afrontado aquella perdida con más entereza que ella, a pesar de saber que era como un hermano para él. Intentó que aquella muerte le afectara mínimamente, por el bien de él y de toda la familia. Debía de protegerles, ya que sabía que Voldemort había organizado todo aquello con el fin de hacerle más vulnerable.
Hermione le abrazó y besó en la mejilla. Permanecieron abrazados en la cama durante más de una hora, sin hablar. Sólo dándose delicados besos para fortalecerse.
-¿Por qué él? –susurró la castaña.
-No lo sé – contestó con voz débil – siempre supe que no estaría preparado para perderle ni a él ni a ti. Ahora lo sé – dijo abrazándola más para sí mismo, no queriendo que se escapara.
Los días siguientes el ambiente de aquella casa mejoró de una manera sensible. Hermione y Harry estaban todos los días juntos, exceptuando los momentos que él estaba con Ginny; ya que tras aquella batalla su amor había vuelto a fluir y se estaban apoyando mutuamente lo más que podían. Los hermanos del pelirrojo intentaban mantenerse ocupados para suplir la pérdida. Tanto Arthur como Molly intentaban animarles al resto, a pesar que su alegría había menguado. El matrimonio era consciente del peligro que corrían y sólo en su intimidad lloraban la pérdida de su amado progenitor.
Hermione había sido sometida a un gran interrogatorio dentro de la Orden para explicar cada suceso ocurrido en la batalla de Hogwarts y por qué Ron moría tras lanzar un hechizo y porqué murió. La bruja contó todo lo que Draco Malfoy le había contado. Explicando su romance con el mago, además de la profecía, y su poder de la luz.
Los magos de la Orden, la escuchaban con curiosidad, pero otros como Lupin o McGonagall la miraban sin sorpresa en su rostro; estaba claro que ya sabían todo aquello.
Los magos de la Orden hasta el día de hoy estaban intentando reconstruir el castillo mágico. Las Salas comunes y las torres de cada casa estaban en perfecto estado; las aulas y los despachos se habían reconstruido con el paso de los días y Hogwarts se había convertido, prácticamente, en lo que siempre había sido. Los daños más graves se hallaban en el Gran Comedor; donde fue el epicentro de la batalla. Sin embargo, los profesores estaban trabajando duro para conservar la normalidad dentro del castillo y poder reconstruirlo completamente.
La gran sorpresa tras la batalla final fue la aparición de Pansy Parkinson. Apareció tras el funeral de Ron en la Madriguera, explicándoles a los señores Weasley, que había dejado a los mortifagos, y que estaba completamente dispuesta a formar parte de la Orden del Fénix y poder vengar la muerte de Ronald Weasley.
No explicó gran cosa sobre sus motivos, en realidad; sobraban los motivos. Se mostró completamente fría con todos los presentes, se le comunicó cuál debía de ser su cometido y se le asignó un auror para protegerla de los mortifagos que enviaran en su busca. Tras ello, se marchó y en contadas ocasiones aparecía por la casa.
Hermione y Harry habían empezado a trabajar en un nuevo ataque por parte de la Orden, que se efectuaría en unas pocas semanas. Trataban de capturar a los mortifagos que estaban más en activo para desestabilizar al Señor Tenebroso, como los Malfoy o Bellatrix Lastrange.
Harry le animaba en numerosas ocasiones cuando hablaban de cómo atacar a la familia Malfoy, a sabiendas lo que su amiga sentía por el rubio. Pero Harry estaba confundido, o quizá no. Ni ella lo sabía bien.
Si bien era cierto Hermione amaba a Draco Malfoy. Sin embargo, algo en su interior tras la pérdida de su mejor amigo había cambiado, sentía cierto rechazo hacia el rubio. Sabía que él mantuvo una relación de amistad con Ron, e incluso que les intentó proteger del hechizo que portaba el pelirrojo. Pero Malfoy no apoyó a Hermione en aquellos momentos tan duros, ni un solo mensaje, ni una sola palabra de aliento.
Era consciente que estaban en una situación extremadamente complicada y que ponerse en contacto con ella le podía poner en peligro a él. La castaña entendía todo aquello, estaba harta de entenderlo. Pero habían pasado tres largos meses desde aquella batalla, ninguna palabra de él. Nada.
Cada vez se escuchaban nuevos ataques de mortifagos, y el nombre de Draco Malfoy siempre aparecía en ellos.
Este era otro motivo por el que el rechazo hacia él aumentaba. Era un mortifago, y cada día asesinarían a decenas de seres humanos; de sangre sucias como ella. Y lo que para ella era peor, se habría convertido en amigo del asesino de Ron e incluso bromearían sobre su asesinato.
La castaña jamás negaría el sentimiento tan fuerte que sentía por él, pero sabía cuáles eran sus prioridades, y el rubio no estaba entre ellas. Vencer a los seguidores del Señor Tenebroso y vengar la muerte de su amigo estaban por delante de cualquier objetivo.
Durante aquellos tres meses la Orden se había dedicado a proteger a los ciudadanos mágicos que más podían peligrar sus vidas, y a localizar a los mortifagos más en activo. Aquella tarde Remus Lupin vino apurado a la reunión que se celebró en una de las salas de la Madriguera. Explicó cuando todos los miembros se sentaron que había localizado a muchos de los seguidores oscuros, en la Mansión Malfoy.
Hermione se estremeció al escucharlo, era como recordar uno de sus tantos sueños que sucedían dentro de aquella mansión. En el que los mortifagos les atacaban y tanto ella como Harry eran torturados. Sacudió la cabeza e intentó prestar atención a lo que Lupin decía.
Debían de actuar rápido. Se pusieron en contacto con todos los miembros de la Orden. El plan debía ser apresar a todos los mortifagos que fuera posible. La buena noticia era que Lord Voldemort no se encontraba ahí, lo que le proporcionaba libertad a Potter para capturar también seguidores.
Hermione temblaba mientras caminaba acelerada junto a sus compañeros. Harry la observó y cogió su mano en señal de apoyo. Hermione lo miró y esbozó una tímida sonrisa. Sabía que ahí tendría siempre a su gran amigo, a su lado. También la intentó ayudar la pequeña pelirroja, quien había sido su gran apoyo durante las noches de aquellos meses.
Había llegado el momento de verle y sorprendiéndose a sí misma, no tenía miedo en retarse con él. Sabía que sería complicado enfrentarse a él, pero si su destino era luchar frente a él, lo haría.
Se aparecieron en el jardín de la Mansión Malfoy. Bajo las ordenes de Lupin y Snape se dirigieron a uno de los salones de la mansión. Era totalmente enorme, tal y como Hermione lo recordaba de sus sueños. Aquello empezó a asustarle, tenía miedo a que lo que ocurría en sus sueños se hiciera realidad.
Snape ordenó que cada uno se escondiera a esperar a que él lanzara el primer ataque. Todos asintieron y se buscaron un escondite. Al fondo de la aquella amplia sala divisó un grupo de no más de treinta personas, todas encapuchadas, escuchando lo que una silueta del centro decía. Un chispazo rojo apuntó hacia ellos, que miraron sorprendidos a todos los lados. Snape se dirigió hacia una figura que parecía tratarse de la malvada Lestrange.
-Expelliarmus – bramó Severus apuntando hacia ella, quien totalmente desorientada cayó hacia el suelo.
El resto de mortifagos se armaron con sus varitas y se dirigieron hacia aquellos intrusos.
Hermione vio como una cabellera pelirroja que parecía ser Ginny salía de su escondite y atacaba a uno de los encapuchados. La castaña la imitó.
-¡Atacad! – gritó Lupin a todos los miembros de la Orden, que salieron corriendo en busca de mortifagos.
Hermione intentó atacar a un encapuchado que parecía ser uno de los hermanos Carrow, pero un rayo verde la rozó por su brazo derecho por lo que se dio la vuelta.
A poca distancia suya se hallaba uno de sus mayores enemigos, mirándola con una sonrisa diabólica.
-Ya te echaba de menos, sangre sucia – siseó Krum con una tenaz sonrisa.
Hermione lo miró furiosa, intentando que sus sentimientos no la debilitaran. Apuntó con fiereza hacia él.
-Crucio
La bruja lanzó aquél hechizo con todo el odio que llevaba dentro. El hechizo impactó en el pecho de Krum quien se sorprendió y se retorcía de dolor ante la mirada de ella.
Muchos compañeros se sorprendieron de la fuerza de aquél conjuro, que intentó alargar el máximo posible. El jugador se levantó con parsimonia y enfrentó a Granger, que lo miraba desafiante.
-He de reconocer que has mejorado, Granger – dijo el búlgaro algo debilitado– ahora me toca a mí. INCARCEROUS – gritó mientras unas cuerdas salían de su varita y ataban a su contrincante, asfixiándola.
Hermione sintió como unas cuerdas la aprisionaban, impidiéndole respirar con normalidad.
-Crucio – gritó el búlgaro al tener a la castaña aprisionada en el suelo.
Hermione gritó de dolor al sentir cómo el hechizo impactaba en ella. Miles de recuerdos se amontonaron dentro de ella, y el dolor no cesaba. Como si cientos de personas la estuvieran apedreando. Con el paso de los minutos el dolor cesó, y la fuerza de las cuerdas también. Se levantó con la mayor rapidez que pudo, dispuesta a acabar con aquél ser.
-Expelliarmus – gritó haciendo caer al búlgaro en un sonoro golpe.
-Sectusempra- volvió a chillar la castaña haciendo varias heridas dentro del cuerpo del jugador de quidditch.
Estaba fuera de sí, quería acabar con aquél hombre que tanto la había hecho sufrir, y que había asesinado a su mejor amigo. Sus ojos se tornaron llorosos viendo como el muchacho perdía sangre. Un muchacho de ojos verdes se acercó a ella corriendo.
-¡Hermione! – dijo agarrándola del brazo, haciendo que ésta la mirara a sus ojos- no lo hagas, no seas como él.
-No Harry – gritó convencida, intentando zafarse del agarre de su amigo – él lo mató – gritó mientras Harry la agarraba aún más fuerte.
-No eres como él Hermione – dijo abrazándola.
-Déjame Potter – dijo fuera de sí la castaña mientras se escabullía de los brazos de su amigo y se dirigía en frente de Krum, quien se estaba desangrando cada vez más.
Apuntó su varita hacia el cuerpo de él. Víctor la miraba con una sonrisa de superioridad aun en su situación.
-No lo harás, sangre sucia – siseó con maldad.
-Avda… - comenzó a decir con voz débil. Debía de hacerlo por ella misma, por todo el dolor que le había causado, por todas las muertes que estaba llevando a cabo aquél ser tan ruin. Pero no fue capaz – Púdrete en Azcabán – dijo mientras se alejaba de él y miraba a Harry, que la miró sonriendo, sabiendo lo que acababa de hacer.
Minerva McGonagall se acercó a Krum y lo aprisionó junto a otros que acababan de atrapar.
La sala principal de la Mansión Malfoy era un atentico campo de batalla. Como la otra vez, rayos verdes y rojos salían de las varitas y atacaban sin piedad. Hermione si dirigió hacia un mortifago que estaba arriba de las escaleras centrales de la sala.
No sabía de quien se trataba, ni siquiera le importaba. Sólo quería atraparlo como al resto.
Subió un escalón, y luego otro; sin quitar la vista de aquél mortifago que tampoco la apartaba de ella. Le apuntó con la varita por protección y vio que él hacía lo propio. No tendría más años que ella, a pesar de su gran altura.
Su corazón, sin ningún motivo aparente, comenzó a bombear con una rapidez extrema. Subió el último escalón de aquella escalera y se enfrentó a él con valentía. Era de porte alta, y su varita estaba apuntándola con una elegancia exquisita. Se enfadó consigo misma al ver sentir que aquél asesino la intimidaba e incluso llegaba a ponerla nerviosa. Sin saber por qué tenía una gran curiosidad por saber de quién se trataba. Algo en su interior le decía que debía de averiguarlo.
Sin embargo, centró su mente y dejó aquellos infantiles pensamientos para otro momento.
-Expelliarmus – se adelantó la castaña apuntándole con firmeza.
-Protego – fue lo único que dijo aquella máscara, evitando el conjuro de la bruja.
Aquella voz era tremendamente familiar. Sabía quién podía ser, pero no estaba dispuesta a darse por vencida, quería asegurarse.
El mortifago notaba como la mirada de su adversaria lo escudriñaba sin cesar. Se sabía descubierto.
-Quítate la máscara – bramó Granger, confirmando las sospechas del muchacho.
-Si ya sabes quién soy, no hace falta – dijo con una voz llena de tranquilidad, cosa que desesperó a la bruja.
-Hazlo – ordenó ella.
-No, Granger – siseó cual serpiente, ya no eran ellos; eran adversarios y no podía flaquear frente al resto de mortifagos.
Hermione ahogo un grito, sin descuidar el protegerse de él. Por su mente pasó cada instante vivido con él, cada sonrisa que él le regaló sin pedirle nada a cambio. Ahora las cosas eran distintas y no se olvidó en recordar la muerte de Ronald Weasley, haciendo que un rechazo floreciera.
-Petrificus Totallus – exclamó ella viendo como el cuerpo de su enemigo de tensaba y caía al suelo por unos instantes.
Se dirigió hacia él con rapidez y con lentitud, temiendo lo que iba a ver detrás de ella; le quitó la máscara. Su rostro no produjo emoción alguna. Ahí estaba él, mirándolo con un semblante frio. Ya no eran ellos. Luchaban el uno contra el otro. Hermione se levantó de su lado y apuntó con la varita hacia él.
-Expelliarmus – volvió a gritar, haciendo que el cuerpo del rubio saliera disparado más de diez metros, cayendo fuertemente contra el suelo.
-No creo que lo que quieras sea atacarme, Granger – dijo el rubio levantándose sin dolor.
-¿Acaso no ves lo que acabo de hacer, Malfoy? – Escupió la bruja – ríndete y deja que te capture.
-Desmaius – gritó el rubio como respuesta lanzándole aquél hechizo que la bruja evitó sin problemas.
-Atácame Malfoy, sé que eres mejor que todo esto – le retó ella, con dolor en sus palabras.
El rubio comenzaba a ponerse nervioso en aquella situación. No quería atacar a aquella bruja.
-¿Acaso tú quieres atacarme? – inquirió el mago.
-Expelliarmus – gritó esta vez la castaña respondiendo a su pregunta, dándole en el pecho del rubio quién volvió a chocar contra una de las paredes de la sala.
-Cruc…
-PROTEGO – chilló Draco Malfoy, sorprendido por el hechizo que iba a utilizar ella.
En ese momento observó a Hermione. Estaba tremendamente pálida, su pelo estaba más revuelto de lo normal. Sus ojos avellana estaban inmersos dentro de unas enormes ojeras que se acercaba de forma peligrosa hacia sus pómulos. Estaba más delgada de lo que recordaba. Lo más impactante era su mirada. Llena de rencor y completamente vacía. Sintió un nudo en el estómago al verla así. Supo perfectamente qué le había ocurrido. Lo supo nada más saber qué había ocurrido con Weasley.
-¿Pensabas torturar de dolor a tu novio, Hermione? – dijo con el propósito de ver su reacción. Pero no la consiguió. La mirada de aquella bruja permanecía estática en su vacío.
- Tú y yo no somos nada.
Draco la escuchó y sin decir nada la arrastró hacia una de las salas que había. Estaba completamente a oscuras, impidiendo ver nada a la castaña, quien estaba aterrada sin saber qué hacer.
-Te he visto lo que has hecho con Krum. ¿Qué te ocurre? – dijo Draco encendiendo una pequeña luz con su varita para poder mirarse a la cara. Hermione observó sus ojos, habían cambiado. Ya no eran frio e incluso malévolos como antes, ahora parecía mirarla con un sentimiento cálido; como su estuvieran hablando hace tres meses, en la Sala Común de Slytherin. Pero todo había cambiado, y era imposible volver atrás.
-¿Qué se supone que he hecho? – rebatió la pregunta Granger, mirándolo con superioridad, inquieta al saberse en manos de un mortifago.
-Le has torturado, has estado a punto de asesinarlo Hermione – dijo el rubio mirándola, preocupado por ella.
Hermione desvió la mirada, sabía que tenía razón. Sin embargo, de su mente no podía quitar la imagen de Ron. Sacudió la cabeza, en silencio.
-Sé que es por él – dijo agarrando sus manos – Hermione mírame – pidió Draco, al ver que ella miraba a otro lado – sentí mucho no estar contigo en esos momentos, pero ya sabes la situación en la que estoy –explicó mirando aquellos ojos que cada vez los notaba más fríos.
-No me tienes que dar explicaciones, Malfoy – dijo cortante – lo que me ocurra es cosa mía y no se lo tengo que explicar a un malnacido como tú – escupió sin temor.
El joven mago la miró con atención, analizándola.
-¿Y por qué soy un malnacido, Granger? – preguntó sereno, interesado en saber la respuesta.
-Eres un mortifago – dijo con simpleza – y no te mereces que esté aquí hablando contigo mientras mis amigos mueren abajo – dijo intentando dar media vuelta hacia la puerta, pero una firme mano la sujetó.
-Antes también lo era- fue lo único que soltó el rubio. Sabía lo complicadas que eran las cosas para ellos dos, pero siempre habían sabido que lo serían. No entendía aquella actitud.
-Antes mi mejor amigo no había muerto asesinado – dijo pausadamente, como si su voz portase una tranquilidad extrema – Antes, me habrías apoyado – dijo subiendo el tono de las palabras, mirando a aquellos ojos grises – Y sobre todo, antes; no eras un asesino.
Hermione miraba al rostro de Malfoy, llena de rencor, esperando una respuesta que la convenciera. Deseaba aquello. Sin embargo, algo había ocurrido. El semblante de Draco pasó de tener calidez a volver a estar fríos como el hielo. Dio un paso atrás al percatarse de ello. Algo iba mal en aquél lugar.
Los ojos de Malfoy la miraban con superioridad, su boca había tomado una posición de burla.
-Está aquí, Bella – dijo Draco sin parar de mirarla amenazadoramente. Hermione comprendió todo en aquél instante. Qué tonta había sido. Escuchó como unos pasos de mujer se acercaban a ella, Bellatrix Lastrange estaba a un solo paso de ella, mirándola divertida.
Intentó huir torpemente hacia la salida, pero los brazos de Malfoy se lo impidieron.
-Hijo de puta – gritó la castaña intentando pegarle.
El miedo se apoderó de ella. Draco Malfoy sólo le miraba con una sonrisa diabólica mientras reía junto a su tía. Sabía lo que venía ahora. Lo que más le aterraba era estar en manos de aquella mujer, que la apuntaba con la varita bajo su mirada demente.
-No vas a salir de aquí, sangre sucia – dijo con una voz tormentosa Bella.
Hermione intentó pedir ayuda con la mirada a Draco, pero era en vano. Apuntaba con la misma diversión hacia ella con la varita.
-Bien hecho Draquito – le felicitó su familiar – déjamela a mí – dijo en modo de orden.
Hermione sacó su varita, dispuesta a defenderse.
Bellatrix rio ante esa acción –veo que lo vas a hacer aun más divertido-.
-CRUCIO –bramó la bruja con simpleza apuntando directamente al pecho de la castaña.
-PROTEGO- gritó la joven bruja, esquivando el ataque.
Lastrange reía sin disimulo ante la batalla que iba a comenzar.
-Expelliarmus – gritó la castaña hacia Bella, que se cayó con fuerza chocándose contra una columna. Miró hacia los lados, en busca de su otro oponente, pero éste había desaparecido.
-Estamos tú y yo solas, querida – le explicó Bella al saber las preguntas de la bruja – Basta de tonterías. ¡CRUCIO!
Hermione chilló cuando el hechizo impactó en su cuerpo. Jamás había sentido un cruciatus como aquél. Miles de cuchillos se clavaban en su piel, sin cesar. Aquél dolor no podía soportarse. Sus músculos comenzaron a tensarse al sentir cómo la piel se desgarraba con el paso de los segundos. Su cabeza iba a explotar, no podía soportar aquél dolor sin poder llegar a la locura. Al fondo escuchaba la risa incesable de Lastrange, que intentaba alargar el hechizo lo más que podía. De su pecho no podía articular ningún aullido más a causa del dolor. Sus pulmones se hallaban oprimidos, como si cien elefantes estuvieran encima de su cuerpo. Temblaba de pies a cabeza, sin poder evitarlo. Aquél impacto de dolor comenzó a desvanecerse poco a poco con el paso de los segundos.
