Cap 35. Huracán Snape.

Y yo esculpido en cenizas
viendo llegar un huracán que irá
disolviendo el mineral del alma.

Severus Snape se contempló un momento frente al espejo mientras abrochaba con paciencia la larga hilera de botones de su levita. Aquella noche no había dormido muy bien. Le había invadido una sensación muy extraña, como un mal presentimiento, como si percibiera que algo malo iba ocurrir. Hacía muchísimos años que no se sentía así…atrás habían quedado aquellas tediosas noches de insomnio y desesperación, cuando Voldemort aún vivía. Se había despertado numerosas veces a lo largo de la noche, sobresaltado, desvelándose, costándole muchísimo volverse a dormir y consiguiéndolo a duras penas. Pero aquella sensación no se marchaba.

Y eso le ponía de mal humor.

El mero hecho de poder volver a tener insomnio le enfurecía. No es que anduviera preocupado últimamente por algo que le hiciera tener el sueño ligero. Tenía que admitir que no le gustaba estar separado de Hermione, y que últimamente veía a Eileen muy apagada, encerrada en sí misma y deprimida…y eso le preocupaba. Le había preguntado miles de veces qué le ocurría, pero la chica contestaba incoherencias. Pero en cierta forma era normal, la fecha de los exámenes estaban ya encima y eso mantenía a los estudiantes frenéticos y nerviosos. Y cada uno era un mundo a la hora de afrontar las cosas, y Eileen se jugaba su carrera de Auror en esos exámenes.

Pero lo que le inundaba era otra clase de sensación…

Era el mismo vacío interior que siempre sentía antes de la batalla… era cómo si notara que algo iba a ocurrir. ¿Pero qué mal podría pasar? Ya estaban lejos aquellos días donde su situación era precaria, aquellos asquerosos tiempos cuando era espía y Voldemort aún los deleitaba con su presencia… ya no estaban en guerra, así que era absurdo que esa sensación se hubiera despertado en él.

Aunque rara vez sus instintos u olfato le fallaban.

Aquel sería un mal día. Lo sabía, lo presentía, lo percibía…


Eileen se dio la vuelta, liándose aún más en las suaves sábanas. La claridad de la mañana entraba por la ventana, posándose directamente en su rostro, poniéndola de mal humor.

-Un minuto más…- gruñó, tapándose la cara con la ropa de cama, huyendo de la luz del sol como si de un vampiro se tratase.

Había llegado a la torre muy entrada la madrugada, cuando sólo faltaban un par de horas para que amaneciera. Neville no había querido permanecer durante más tiempo en la sala de los menesteres, ya que ambos debían volver a sus dormitorios sin ser vistos. Eileen había protestado, no quería separarse de su novio y mucho menos después de haberle recuperado. Había insistido en permanecer un poco más, en quedarse un rato más abrazados en aquel maravilloso lugar. Pero la sensatez habló y terminó haciéndole caso al jefe de su casa. Entró en razón después de amenazarla con quitarle más puntos a Gryffindor.

Parecía que Neville le había cogido el gusto a eso de rebajar puntos despiadadamente… si al final, todos los profesores estaban cortados por un mismo patrón, haciéndoles todos iguales: unos capullos redomados.

Unos arañazos insistentes en la ventana la impedían volverse a dormir…

Eileen se levantó de la cama de un salto, poniendo sus pies desnudos en el suelo, dirigiéndose con rapidez a la ventana, claramente disgustada. Se sorprendió al ver a Cthulhu en el quicio de la ventana, mirándola suplicante con sus grandes ojos amarillos.

-¡Cthulhu! ¡¿Pero qué haces ahí pequeña?- exclamó Eileen apresurándose a abrirle la ventana a su mascota.

El mochuelo entró volando en la habitación, posándose con mimo sobre el brazo de Eileen. La chica acarició su suave plumaje y el ave correspondió frotando su cabeza contra su mano. Le sorprendió lo cariñosa que estaba esa mañana, cuando a esa hora solía estar de muy mala baba. Entonces se percató que llevaba atado un pequeño paquetito con una nota en una de sus patas.

-¿Es para mí?- le preguntó a su amiga emplumada.

Eileen se ruborizó por la mirada inquisitiva que le había lanzado Cthulhu. Por un momento, parecía que le iba a llamar estúpida… o algo muchísimo peor.

A veces a su mascota sólo le faltaba hablar.

Reconoció la letra de inmediato.

-¿Haciéndole recados al profesor Longbottom? A ti también te gusta ¿verdad?- le preguntó, como si el animal pudiera responderle. Cthulhu se limitó a subirse con agilidad a uno de sus hombros, y empujarle con la cabeza en la mandíbula, a modo de caricia.

Eileen rascó su cabeza una vez más e incluso le dio un pequeño beso en el pico, aprovechándose del buen humor del animal y se apresuró abrir la nota de su profesor.

Afortunadamente, aún la conservo… no sé cómo no la he perdido aún después de tantos años.

Eileen le dio la vuelta al trozo de pergamino buscando algo más escrito, pero nada. Y nunca solía firmar sus notas…Anda que a Neville se le iba a caer la mano de tanto escribir… sonrió como una idiota al recordar la noche que había pasado con él en la famosa sala de los menesteres. Estaba frita por contarle a James lo ocurrido, y por supuesto, para enseñarle la ubicación de la sala.

Ahora tendría un lugar donde llevarse a Andy… y así dejarían en paz las plantas que crecían por la parte trasera del invernadero de Neville.

Rompió el papel que envolvía el paquete y no pudo evitar reír. Neville le había mandado una corbata de uniforme, con los colores de Gryffindor. ¿De dónde la habría sacado? Parecía un tanto descolorida del uso y tenía algunos pequeños salpicones de poción, imposible de quitar en algunos casos. La cogió de un extremo para desenrollarla completamente para poder estudiarla mejor… según él la conservaba de hacía años atrás. Al contemplar el dorso, no pudo evitar reír.

La corbata tenía el nombre del profesor bordada. ¡Por Merlín! ¡Eso de bordar su nombre en el uniforme era cosa de abuelas!

Entonces recordó de sopetón a la madre de Neville, cuando se la encontró en uno de los sórdidos pasillos de San Mungo y dejó de reír. Ya no le pareció tan divertido.

Neville había sido criado por su abuela.

Observó la corbata con cariño, ahora que sabía que había pertenecido a Neville cuando era niño y se la llevó bajo la nariz, para olerla.

Neville le había puesto un poco de su colonia a la prenda, ésa que tanto le gustaba, oliendo igual que él.

Hoy sería un buen día, al menos lo emprendía con energías renovadas. Había hecho las paces con Neville, llevaría su corbata, no tenía clases de transformaciones y a primera hora tenía pociones, una de sus asignaturas favoritas, en la que se sentía muy cómoda…

Miró distraídamente su reloj de pulsera, abriendo mucho los ojos.

-¡Mierda!- exclamó llena de sorpresa- ¡Me cago en Merlín, qué tarde es! ¡No voy a llegar al desayuno!

Y comenzó a vestirse a toda prisa, no tenía tiempo ni de ducharse siquiera… en momentos como ése, deseaba tener un giratiempos.


James se cruzó de brazos divertido, mirando a su amiga bajar atropelladamente por la escalera del dormitorio de las chicas, maldiciendo como un camionero y recogiéndose el pelo a la vez. Iba apresurada. Algo le decía que a alguien se le habían pegado las sábanas aquella mañana…Su bolsa de cuero, se le descolgó de los hombros, cayendo todo su contenido por el suelo de la sala común. Pergaminos, tinteros, plumas y algunos libros se desperdigaron por la alfombra de la habitación.

-¡Me cago en todos los fundadores!- chilló la chica, dando un zapatazo de rabia en el suelo.

James se tapó la boca, conteniendo la risa, aunque sin mucho éxito. La chica lo miró muy seria, ya que no le veía la gracia por ninguna parte.

-¿Y tú de qué te ríes sucedáneo de Gryffindor?- le preguntó con altivez.

James giró la cabeza hacia atrás, cómo si Elle se estuviera dirigiendo a otra persona.

-¿Yo?- dijo señalándose con un dedo, con rostro inocente.

-¿A quién si no podría estar hablándole?

-¿A un torposoplo quizás?

-¿Me ves con cara de gilipollas?

-¿Realmente quieres que te responda a eso?

Eileen no pudo evitar reírse, así que como último recurso, le enseñó el dedo corazón, que apuntaba al techo de la habitación. James la mandó directamente a la mierda y le correspondió riéndose él también a carcajadas.

Eileen había vuelto a su cuerpo, por fin… y eso le hacía muy feliz.

Se apresuró a ayudar a su amiga, que se había agachado para comenzar a recoger todas sus cosas. Se inclinó frente a ella, que no podía disimular una radiante sonrisa.

-Algo me dice que te ocurrió algo anoche…- comentó distraídamente el chico, como quien no quería la cosa, mientras recogía los pergaminos de su mejor amiga.

Eileen levantó su rostro del suelo, mirando a su amigo, regalándole una gran sonrisa de oreja a oreja.

-Ya te contaré, no sabes lo que…

El chico no la dejó continuar, interrumpiendo a su amiga señalándole el cuello de la camisa.

-¡POR MERLÍN EILEEN!- gritó James- ¿Qué es eso que tienes en el cuello?

Eileen se miró la corbata de Neville incrédula. Vale que estuviera un poco estropeada, y se notaba que estaba un tanto descolorida, pero no era para que pusiera voz en grito.

-Es una corbata de Neville de cuándo era estudiante… no es para gritar así.- se quejó la chica, alisándose la corbata con orgullo.

-¡No estoy hablando de la corbata, joder! ¡Te hablo de eso que tienes en el cuello!

Y los dedos de James tocaron un trozo de piel de su cuello, justamente una zona que Neville había succionado la noche anterior con verdadero ahínco.

-¿Qué? No me digas que tengo un…- Eileen se levantó del suelo, dejando sus cosas desperdigadas otra vez, y corrió hasta un pequeño espejo que había en la sala común.- ¡Chupetón!- gritó la chica al ver su imagen reflejada con un tremendo moratón.

Como se había despertado tan tarde, no había tenido tiempo ni para mirarse al espejo, vistiéndose a toda prisa para no hacer a James esperar mucho…

Abrió mucho los ojos, incrédula.

-Mierda, mierda, mierda...- dijo una y otra vez, contemplando aquel terrible chupetón en su cuello. ¿Cómo era posible que ninguno de los dos se hubiera dado cuenta la noche anterior? Si es que a veces se relajaban demasiado y no pensaban en las consecuencias de después…

-Ya veo que te has reconciliado con el profesor Longbottom, muy a fondo…- dijo con socarronería James, cruzándose de brazos divertido.

-¡Yo no le veo la gracia, James!- chilló Eileen- ¡Mira el pedazo de chupetón que tengo! ¿Cómo coño voy ocultarlo? Dime que tienes aún poción para los moratones…

-No tengo Elle. Ya sabes que llevamos mucho tiempo sin prepararla… y prácticamente lo hemos vendido todo.

-¿Y ahora qué hago con esto? ¡Tengo pociones con mi padre ahora!- chilló Eileen histérica, señalándose el moratón del cuello haciendo exagerados aspavientos.

James resopló y se acercó a ella.

-No vales para nada como conspiradora Eileen… ¿No has aprendido nada de mí todos estos años?- James cogió la goma que recogía minuciosamente su pelo y tiró de ella, deslizándola por sus suaves cabellos hasta dejarlos en libertad. Con sus dedos, ahuecó el pelo de su amiga, pero al ser tan lacio, no lograba el efecto deseado.- Aún se ve… espera.

James buscó algo en los bolsillos de su capa de estudiante.

-Es un regalo de Andy, me lo regaló por mi cumpleaños, pero yo sé que tú me lo cuidarás…

Eileen miró con incredulidad cómo James sacaba de su capa un bonito pañuelo con los colores de Gryffindor y comenzaba a enrollárselo en su cuello con dulzura.

-Pero James… ¿Cómo pretendes que vaya con un pañuelo en el cuello? ¡Eso es muy cantoso!

El chico se encogió de hombros.

-No tiene por qué. Si te preguntan, di que te duele la garganta. Son muy comunes los resfriados esta época del año…

Eileen se contempló en el espejo, aún no muy convencida. Pero al menos el moratón se hallaba oculto al fin.

James se volvió alertado por un ruido en las escaleras proveniente del dormitorio de los chicos, pero no divisó a nadie.

Suspiró tranquilo.

-Además, sólo tendrás que llevarlo hasta mediodía. Conseguiremos los ingredientes a lo largo de la mañana y haremos la poción a la hora de comer… menudo chupetón, creo que necesitaremos un litro para quitarlo.- dijo el chico riéndose.

Eileen no pudo evitar reírse, pegándole un puñetazo en el brazo a su amigo.

Entre risas, recogieron las cosas de Elle del suelo y se marcharon de la sala común a través del retrato. Ya fuera, James le exigió a su amiga que le contara con todo lujo de detalles, lo que había pasado la noche anterior.

Ninguno de los dos se había percatado que una sombra en la escalera que conducía al dormitorio de los chicos había escuchado parte de su despreocupada conversación…


Ted Remus Lupin estaba completamente pegado a la pared, satisfecho de no haber sido descubierto. Bajó la escalera al cesar las voces de James y Eileen, adentrándose a la sala común de Gryffindor.

Aquel día se había levantado más tarde a propósito. Estaba más que harto de la pegajosa de su novia, que solía esperarle para ir a desayunar juntos. Pero esa mañana no estaba de humor para aguantar su parloteo incesante. En su mente, albergaba la esperanza de que Eileen y James rompieran su relación de una vez. Dudaba que la chica volviera a fijarse en él, pero mientras fuera libre, tendría muchas más posibilidades… además, no le gustaba en absoluto verla con el idiota de Potter. Su relación era tan idílica, tan buena, que le daba verdadera rabia.

Lo que él sentía era envidia.

Si el gilipollas de Potter no se hubiera puesto en su camino, seguro que sería él, el que estuviera saliendo con Eileen Snape…

Pero se habían reconciliado, muy a su pesar. Había escuchado parte de la conversación de esa parejita de tórtolos. Había podido oír cómo Eileen le echaba en cara a James el chupetón que le había hecho el Gryffindor, y cómo hacían todo lo posible para ocultarlo. Era curioso, ya que nunca los había visto besarse… pero aquel castillo era rico en rincones para esos menesteres, y él lo sabía.

Ted sintió una rabia creciente en su interior y sonrió con malicia, saliendo presto de la sala común.


Severus Snape entró en el comedor malhumorado, con su habitual paso apresurado y su fantasmal capa ondeando tras sí. Esa maldita sensación con la que se había levantado esa mañana no le había abandonado, poniendo todos sus sentidos en máxima alerta. Aunque era del todo absurdo. ¿Qué carajo podría pasar en Hogwats? ¿Que algún alumno intentara fugase de sus clases? ¿Que algún cabeza hueca intentara volar su aula por los aires con una poción mal hecha? ¡Bah! Lo único que significaba esa sensación, es que necesitaba marcharse cuanto antes de aquel maldito colegio e irse con su mujer, que era realmente lo que deseaba en esos momentos.

Le sabía tan mal que estuviera tan sola en su estado… Y es que para él, estar con los Potter, era peor que estar completamente solo.

No veía el día que en que aquel maldito curso diera a su fin, y dar por concluido de una vez por todas ese jodido contrato con McGonagall, para poder irse por fin a su hogar, con su esposa, a esperar la llegada de aquel bebé…

Él siendo otra vez padre… a su edad, cuando ya se había hecho a la idea que jamás volvería a probar el néctar de la paternidad… otra vez a empezar. Volverían aquellas noches en vela, los pañales, las comidas, el incesante lloro de una criaturita…

Sonrió a sus adentros.

No se quejaba en absoluto, al revés; le entusiasmaba muchísimo la idea.

Las mejores cosas que le habían pasado en la vida, había sido enamorarse de Hermione, ser el padre de Eileen, y ahora, ser el padre de esa nueva personita que venía en camino…

Suspiró levemente, casi imperceptiblemente para los demás.

Tenía más ganas de que terminase el jodido curso que los idiotas de sus alumnos y perder de vista a todos aquellos mocosos…

Miró la mesa de Gryffindor, buscando a su hija a lo lejos. Pero aún no había bajado a desayunar, a pesar de que estaban ya casi todos los leones sentados, comiendo y hablando a gritos. Vio a la desagradable pelirroja de Victoire Weasley reírse exageradamente y le carcomió la rabia.

Aquella aprendiz de arpía, mejor que se anduviera con cuidado. Aún no había olvidado lo que había dicho de su esposa para provocar a Eileen en clase del idiota de Longbottom. Se la tenía jurada a aquella cabeza hueca… a ella, y al hijo del chucho, que tampoco lo podía ver desde navidad.

Quedándose con las ganas de haber saludado a su hija, se marchó con paso decidido, casi militar, a la mesa de los profesores. Tomó asiento en su asiento habitual, deseando con toda su alma que ninguno de los mentecatos de sus compañeros de trabajo, le diera conversación insulsa esa mañana.

No estaba de humor, ni tenía ganas de aguantar a nadie.

Pero no tuvo suerte.

La profesora Graham entró en el comedor, dirigiéndose directamente al asiento libre al lado de Severus.

-Buenos días Snape.- saludó la mujer, sentándose en la silla que estaba a su lado.

Lo suyo era mala suerte, para nada le apetecía el parloteo de Cloe. Desde hacía unos días, la profesora de transformaciones estaba de lo más suave con él. Debido a que el fin de curso estaba cercano, solían tener frecuentes reuniones de profesorado donde siempre terminaba peleándose con el jefe de Gryffindor, que tenían visiones dispares sobre los métodos de enseñanza. Graham solía ponerse casi siempre de su parte en las mayorías de las juntas.

Severus correspondió al saludo con un pequeño gruñido.

Graham observó por un momento al profesor de pociones, quizás evaluando su notable mal humor. Sonrió entre dientes, y se sirvió una taza de café humeante.

-Severus… quizás no me corresponda a mí contarle esto…- dijo bajando la voz- Sería más lógico que se lo cuente el jefe de la casa Gryffindor,- dijo con cierto retintín- pero como fui yo quién la descubrió…

-Por Merlín Graham- le espetó el hombre casi sin paciencia- vaya al grano de una vez. ¿Qué pasa ahora con el idiota de Longbottom?

Graham pareció sorprenderse ante la forma de dirigirse a un colega, pero hizo como si no se hubiera dado cuenta que acababa de insultar al jefe de Gryffindor.

Si supiera lo que pensaba de ella… aunque no tenía reparos de decírselo algún día en la cara. Y a veces se lo ganaba a pulso.

-En realidad, es sobre tu hija. Anoche la sorprendí por los pasillos a deshora… fue al poco de irte a tu despacho.

-¿Eileen?- la profesora asintió con la cabeza- ¿En los pasillos por la noche? ¿Y estaba sola o había alguien más con ella?

Graham asintió con la cabeza.

-La verdad es que no había nadie más, lo hubiera notado.

-¿Y de dónde venía?

La profesora se encogió de hombros teatralmente, negando con la cabeza.

-Eso ya no lo sé. Apareció Longbottom en el pasillo y fue él quien la acompañó a la torre…

-Longbottom…

Severus dio un pequeño sorbo a su café. Era una casualidad que Longbottom siempre apareciera en los momentos más oportunos…

Jamás lo había pensado, ni tampoco había caído en la cuenta hasta ahora; pero el jefe de la casa Gryffindor había cambiado su carácter el mismo día que descubrió a su hija hecha una furia por los pasillos. Además, desde entonces, su hija estaba tan decaída.

Frunció el ceño pensativo.

De pronto se había percatado de algo, que no le había dado importancia hasta ahora.

No podía parar de pensar en muchas otras casualidades que habían tenido paralelamente Longbottom y su hija. Como el día que parecía haberse puesto de acuerdo para irse de borrachera, o para quedarse dormidos… y no sólo eso, si no como aquel miserable bicho se había posado con esa familiaridad sobre la cabeza de aquel idiota la noche que le dieron la poción al chucho de Lupin. La asquerosa mascota de su hija no solía acercarse a cualquiera al menos que lo conociese muy bien y si se acercaba, solía arrear unos picotazos de los que solía hacer sangre…

Snape tamborileó con sus largos dedos el tablero de la mesa.

Había algo que no encajaba en todo aquello… y pensaba descubrirlo.

Entonces le vio entrar por la puerta del comedor. Llevaba una gran sonrisa en los labios y tenía aspecto de no haber dormido mucho, parecía cansado, pero se le podía ver contento, satisfecho.

Algo había hecho que cambiara el estado de ánimo del idiota de Longbottom con respecto a días atrás. Entrecerró los ojos, como si quisiera traspasarle, siguiendo con la vista su recorrido por el salón.


Neville caminó apresuradamente hacia la mesa de los profesores. Se moría de hambre. Aquella mañana se le había hecho tarde con respecto a otros días, ya que era muy madrugador, pero había sido casi incapaz de levantarse de la cama. La noche anterior, había estado hasta muy tarde con Eileen en la sala de los menesteres, pero no se arrepentía en absoluto. Se había resentido a la hora de levantarse de la cama, ya que parecía que las sábanas le abrazaban con fuerza, impidiéndole levantarse, como si su cuerpo pesara toneladas. Pero tras un sobrehumano esfuerzo, lo había conseguido. Siempre había sabido que Eileen acabaría terminando con él…ella era su perdición. Estaba completamente agotado y casi iba arrastrando el alma por el suelo, pero se sentía bien a pesar de ello.

Una noche entera con Elle, lo merecía. Por estar con ella, sería capaz de pasarse semanas sin dormir.

Reprimió un bostezo y se sentó en unos de los asientos libres en la mesa de los profesores, sin poner mucha atención al lado de quien se sentaba, sirviéndose un buen café negro.

Esa mañana necesitaría inyectarse la cafeína en vena para poder terminar de despertarse. Notaba que su jodido cerebro aún no estaba del todo despierto.

Se bebió de un tirón la taza de café, como si se tratase de un chupito de whiskey. Notó cómo el líquido tibio se deslizaba agradablemente por su garganta.

Necesitaba otro, así que se sirvió otra taza de café, sin molestarse de ponerle leche, ni endulzarlo con azúcar. Necesitaba toda la artillería pesada…

Miró distraídamente a la entrada del comedor y casi sin poder disimular una pequeña sonrisa, pudo observar en la lejanía a Eileen entrar en el salón, por el quicio de la puerta de la mano de James.

Comprobó satisfecho que se había puesto su vieja corbata de estudiante.

James y Eileen reían sin parar, empujándose por el camino que llevaba a la mesa de Gryffindor. Se ve que el chico le dijo algo que la molestó, porque lo agarró del cuello y comenzó alborotarle el cabello, jaleados por muchos de sus compañeros… no tenían remedio.

Era increíble lo bonita que estaba esa mañana… había vuelto a sonreír, a ser ella.


Severus Snape observó con cierta incredulidad cómo el idiota de Longbottom se sentaba a su lado para desayunar. El muy imbécil parecía no haberse percatado que se había sentado a su vera, porque lo veía aún en las nubes, claramente cansado, sirviéndose una taza de café, mirando algo como embelesado.

A veces sentía ganas de golpearlo, a ver si así se espabilaba.

Snape hizo el recorrido de los ojos de Longbottom con curiosidad, ya que quería averiguar qué estaba mirando con tanta atención.

Una de sus cejas se disparó al cielo al ver cómo Eileen entraba de la mano de Potter en el comedor. Volvió a mirar incrédulo al profesor de herbología, que aún miraba a lo lejos con esa cara de idiota y volvió a mirar a su hija… seguro que era otra de esas extrañas coincidencias.

Aunque percibió que su hija parecía muy contenta esa mañana, en comparación con el estado de ánimo que manejaba esos últimos días. Tenía aspecto de no haber dormido mucho la noche anterior, estaba muy pálida y tenía unas feas ojeras enmarcando sus ojos…

De sus labios profirió un gruñido gutural y se volvió a Longbottom, que había bajado la vista a la mesa, sirviéndose algo de comer.

-Buenos días, Longbottom…- saludó Snape, arrastrando mucho las palabras con su voz más aterciopelada y peligrosa.

Neville dio un pequeño respingo en la silla, volviéndose sobre su asiento, mirando a Snape fijamente. Aún parecía no salir de su asombro por su saludo, ya que normalmente solía dirigirle la palabra para lo estrictamente necesario, y cuando lo hacía, era con malas intenciones… como ahora.

-Buenos días Snape.- le contestó el profesor de herbología con ciertas reticencias, intentando aparentar normalidad. Se le veía nervioso, pero eso era habitual en el jefe de Gryffindor.

Dejó su taza de café sobre la mesa, después de darle un gran sorbo.

-Me ha contado la profesora Graham que anoche sorprendió a mi hija por los pasillos a deshora…

Neville le dedicó una mirada desdeñosa a la profesora de transformaciones, que hacía cómo que desayunaba, pero en realidad, estaba pendiente a la conversación que mantenían los hombres.

Era una jodida chivata… aunque dudaba seriamente que le hubiera contado a Snape cómo había llamado a su hija la noche anterior. Cada vez que recordaba cómo la había llamado delincuente, le repateaba las tripas.

Cada día la despreciaba más, pero la gente así terminaba siempre recibiendo su merecido… y confiaba que con Graham así fuera.

-Sí. La profesora Graham estaba haciendo la ronda cuando pilló a Eileen en un pasillo en el segundo piso.- comenzó a relatar Neville- Yo estaba dando un paseo y me las encontré, así que como jefe de su casa la acompañé hasta la torre…

-¿Y le dijo qué hacía a esa hora por los pasillos?- preguntó Snape entrecerrando los ojos, estudiando minuciosamente cada movimiento del profesor de herbología.

Neville se quedó un momento pensativo y comenzó a crujirse los dedos de la mano en un gesto involuntario, intentando apaciguar sus nervios y buscando en su mente rápidamente algo para decirle al profesor de pociones. Debía contarle algo que dejara satisfecho a Snape, sin descubrir lo que realmente habían hecho aquella noche.

Lo sentía por Eileen, pero iba a tener que mentir. No podía decirle a Severus que su hija se había hinchado de llorar en el cuarto de baño de Myrthe porque días antes habían tenido una brutal pelea de enamorados. Y eso la iba a dejar en un mal lugar… pero sólo debían esperar hasta final de curso para dejar de esconder su amor. Pronto se acabarían las mentiras…

-Venía del cuarto de baño de Myrthe… lo que no me quiso decir es qué había estado haciendo… Tengo una conversación pendiente con ella, para que me explique su actitud…

Severus se echó hacia atrás, reposando su espalda en el respaldo de su asiento. Desvió un momento la vista a donde estaba Eileen, pensativo.

-Pociones.- dijo Severus, volviendo su rostro y mirando fijamente a Longbottom. - Mi hija ha estado haciendo pociones clandestinas durante todo el año y ahora he descubierto su laboratorio… ¿Cómo no he podido darme cuenta antes?

Severus miró a su hija en la lejanía. Estaba luchando por la posesión de lo que parecía una vulgar tostada, llena de alegría juvenil, con el hijo de Harry Potter. ¿Cómo no se había dado cuenta antes? O estaba perdiendo facultades, o simplemente su hija conseguía despistarle… El solitario cuarto de baño de chicas de la segunda planta, era perfecta para preparar pociones sin ser vistos por nadie. Hermione ya lo había usado cuando sólo cursaba segundo, para preparar la complicada poción multijugos.

¿Cómo había podido estar tan lento en ese asunto? Desde que Eileen le había regalado aquellas costosas entradas para la ópera, sabía que le había desobedecido impunemente y seguía con sus trapicheos de pociones con James.

Pero aparte de eso… había algo más. Lo presentía, casi podía olerlo. Hacía mucho que su faceta como espía se había relajado. La apacible vida en paz junto a su familia, habían hecho que se relajara un poco en cuanto a lo que le rodeara. También se había pasado la mayoría del curso vigilando de cerca la relación de Eileen y el hijo de Potter, empecinado a que ambos mantenían una relación amorosa, que después había resultado del todo imposible...

Ahora que lo pensaba, había muchas extrañas coincidencias entre Eileen y el idiota de Longbottom. Sin mencionar, que a lo largo de curso, habían sido numerosas las situaciones en las que se habían visto envueltos su hija y el jefe de Gryffindor…

Había algo ahí que le hacía desconfiar, le olía mal, muy mal… y averiguaría de qué se trataba como él se llamaba Severus Snape...

Aunque gracias a los recuerdos compartidos que tenía con su esposa, sabía que Hermione le había pedido a Longbottom que vigilase a su hija de cerca, que estuviera pendiente de ella… quizás esa sensación con la que se había levantado esa mañana le estaba volviendo paranoico. Después de todo, ese idiota era uno de los muchos "tíos" postizos de su hija y muy a su pesar, siempre había tenido buena mano con los críos… Eileen siempre le había tenido mucho cariño, aunque no entendiese el porqué. Siempre le habían gustado mucho los animales…

No sabía qué pensar del asunto, lo más seguro que sólo fueran imaginaciones suyas. Pero a partir de ahora, los vigilaría muy de cerca.

Ese cambio de humor y ese aspecto de cansados de ambos no le gustaban en absoluto.

Y sin despedirse de nadie, Severus Snape se levantó de su asiento, saliendo a paso ligero del comedor.

Faltaba poco para que comenzara su clase de pociones con los chicos de séptimo de Slytherin, esos alcornoques de Gryffindor y su hija.

Y ese día tenía preparado algo muy especial…


Si normalmente las clases de pociones con Severus Snape eran insufribles, últimamente eran como un pase directo al infierno. Los ÉXTASIS estaban a la vuelta de la esquina, así que esos últimos meses, estaba vapuleando a sus alumnos con verdadero ahínco. Todos los alumnos que se habían presentado a los EXTASIS con él como profesor de pociones, habían sacado muy buenas notas, pero el panorama de ese curso no era nada alentador. Ese año iba a ser un completo desastre, la mediocridad y la estupidez absoluta inundaba su aula de séptimo año.

A veces sospechaba que la mitad de esos niñatos tenían la cabeza exclusivamente para llevar pelo… sobretodo la pelirroja de Victoire Weasley, que por mucho que la mirase, no encontraba vida inteligente dentro de ella.

Tamborileó con los dedos el tablero de su mesa, impaciente porque todos tomaran asiento de una vez. Los chicos habían olido su mal humor y se apresuraron a sentarse en sus sitios habituales.

Esa mañana, comenzarían a preparar una de las más complicadas pociones y por el nivel de la clase, dudaba que alguno fuera capaz de realizarla correctamente. El Veritaserum era una de las pociones más difíciles de realizar… Estaba completamente seguro que ninguno de aquellos cabezas huecas sería incapaz de hacer algo decente, aparte de su hija, que ya había dejado latente su talento a la hora de realizar pociones… y de escabullirse como una serpiente.

Eileen tenía alma de Slytherin, siempre lo había sabido y no entendía que hacía en Gryffindor…

Esa jovencita no tenía ni idea la que se le venía encima. Después de clase, tenía pensado hablar muy seriamente con ella del asunto de sus trapicheos con pociones. No pensaba permitirlo por más tiempo.

Si había algo en el mundo que le repatease más que nada en el mundo, es que le mintieran… y Eileen lo había hecho durante el transcurso de todo el curso con el mayor descaro. Su hija comerciando en la clandestinidad como los gemelos Weasley… eso ya se acabó.

Y sabía que le había robado ingredientes, a pesar de que ella estuviera tan tranquila pensando que no se había dado cuenta.

La vio sentarse en primera fila, sola. Afortunadamente, no se había vuelto a reconciliar con el hijo del chucho. Eso hubiera sido demasiado para él, ya que aún recordaba la que se había montado aquella mañana en el comedor, y ya no sentaban juntos en clase. Lupin, compartía mesa con su novia pelirroja, sentándose justamente detrás de Eileen.

No era un secreto el que esos dos imbéciles estuvieran juntos. En más de una ocasión, los había pillado morreándose escandalosamente por los pasillo, rebajándole los puntos convenientes a Gryffindor… hacían muy buena pareja, a cual más tonto de los dos.

Algo en el uniforme de Eileen le llamó la atención: Primero, era ese pañuelo que llevaba atado en el cuello cuidadosamente, a forma de bufanda, naturalmente con los colores de Gryffindor. Y en segundo lugar su corbata. Estaba muy descolorida, como si fuera muy vieja y usada… como los uniformes que solía llevar el zanahorio cuando era niño, de tercera o cuarta mano... Él siempre había procurado que su hija llevase siempre su uniforme impecable y en buen estado… aún recordaba esas túnicas roídas que se había visto forzado a llevar en su juventud, cuando el indeseable de Tobías Snape se negaba a dar un solo penique para su educación mágica. Su madre le solía coser con destreza un trozo de tela a la túnica, alargándosela para poder usarla un año más… Él nunca había querido que le faltase de nada a su hija, y se daba el gusto de confeccionarle todos los años un uniforme nuevo a Eileen. Su hija nunca pasaría las necesidades que había pasado él.

Y esa corbata estaba como fuera de lugar. Además, si la contemplaba con atención, podía ver restos de poción salpicada en ella. Eso le parecía un tanto extraño, ya que Eileen solía salir de sus clases impecable… A la chica se le daban tan bien las pociones, que nunca la había visto mancharse. Al menos que la hubiera estropeado en una de sus incursiones en el baño de la segunda planta.

Dio un gruñido y con un ágil movimiento de varita, hizo aparecer las instrucciones para realizar la embarazosa poción Veritaserum en la pizarra.

-Hoy realizaremos la poción Veritaserum, o el suero de la verdad. Espero que seáis capaces de leer con atención los pasos de la pizarra y seguir fielmente los pasos… así podremos evitar cualquier desagradable accidente. Ahora ya podéis empezar… quiero ver una muestra sobre mi mesa al terminar la clase.

El silencio sepulcral de la clase se vio roto al momento, los estudiantes corrieron a ponerse manos a la obra inmediatamente, reuniendo los ingredientes y preparando el caldero.

No había tiempo que perder.

Eileen, con gran destreza preparó primero los ingredientes, siguiendo religiosamente las instrucciones de su padre y comenzó a elaborar la poción. Añadió unas raíces con mimo, removiendo su contenido despacio. Siempre le había gustado realizar pociones, porque le permitía pensar en sus cosas. La relajaba. Pero a pesar de todo, esa era la primera vez que realizaba el Veritaserum, así que no quería confiarse, intentando poner toda su concentración en el contenido del caldero. Pero su mente divagaba libre entre los gratos recuerdos de aquella noche… Al fin había conseguido arreglarlo con Neville. Él la amaba… tanto como ella lo amaba a él.

No pudo impedir que se le dibujara una gran sonrisa de satisfacción en el rostro al recordar lo vivido con su novio la noche anterior.

Y todo lo que le había dicho casi al final de la noche… Quería formalizar su relación con ella, quería dejar la clandestinidad de su noviazgo, hablar con sus padres... Se acabó eso de esconderse, de bajar la voz, de mirar con preocupación a su alrededor antes de besarse…

Y no solo eso. Eileen había decidido tomar ejemplo del valor de Neville y contarles a sus padres ese mismo fin de semana, que su madre venía de visita, que no pensaba ir a esa academia de Aurores. A partir de entonces, pensaba coger las riendas de su propia vida, luchando por todo lo que la hacía feliz: Neville y el quidditch.

No pensaba estudiar una carrera que no le gustaba para terminar amargada trabajando de algo que detestaba en el ministerio.

Tan ensimismada estaba en sus propios pensamientos, feliz por navegar entre sus recuerdos y satisfecha por las decisiones que había tomado, que no se percató que su padre, que ya hacía su habitual ronda entre los calderos, humillando y criticando a sus alumnos, se había inclinado por su espalda, asomándose por encima de su hombro sobre su poción.

Eileen dio un respingo al notar la voz aterciopelada de su padre en su oído.

-Como siempre, perfecta…- Severus bajó un poco la voz, mirando el rostro de su hija- Después de clase, quédate.-ordenó- Quiero hablar contigo sobre ciertas pociones clandestinas y el baño del segundo piso…

Eileen tragó saliva con cierta dificultad. ¿Cómo era posible que su padre supiera lo de su laboratorio clandestino de pociones? También tenía mala suerte, si la descubrían precisamente hoy. Ese día necesitaba más que nunca su laboratorio, para poder hacer la poción que pudiera hacer desaparecer la señal que le había hecho Nevell en el cuello.

Severus observó con atención cada una de las reacciones de su hija. La conocía, y había puesto esa cara de culpable, esa misma expresión que ponía de pequeña cuando le decía que se había lavado los dientes y sabía que no era cierto. Su rostro ya se había confesado culpable. Dejó escapar de sus labios un gruñido gutural de disgusto. Era mejor controlarse y hablar con ella después, cuando el resto de la clase se hubiera marchado y tuvieran un poco de intimidad.

No iba a permitir que su hija se comportara como una Weasley…

El pañuelo con los odiosos colores de Gryffindor anudado en su cuello, le llamaron la atención. Lo llevaba ceñido al cuello, sujeto con un pequeño nudo en un lateral. Su hija no solía usar esa clase de prendas que le daban un aire femenino, a veces dudaba de que se peinara por las mañanas… además estaban fuera de lugar, ya que no era parte del uniforme escolar.

Como una relación de ideas, se pasó la mano por su cuello, tocando con la punta de sus dedos el pañuelo negro de seda que solía llevar, el que utilizaba para ocultar la espantosa cicatriz que le había dejado la mordedura de Nagini.

Su hija estaba increíblemente extraña esa mañana… contenta y nerviosa a la vez.

-Eileen… ¿Por qué llevas ese pañuelo en el cuello?

La chica titubeó un momento mirándole fijamente. Después desvió la mirada al contenido de su caldero.

-Me duele mucho la garganta… -dijo removiendo con suavidad los ingredientes que se cocían en su caldero.

Severus frunció el ceño. No la creía. Sabía que le estaba mintiendo, podía notarlo. Eileen escondía algo.

Su hija había roto su contacto visual con él, para mentirle.

-¿A si?- preguntó con incredulidad- Después te daré algo para ese dolor de garganta…- siseó Severus, entrecerrando los ojos. Eileen ocultaba algo y muy gordo. Su intuición estaba a flor de piel, después de tanto tiempo dormida y le indicaba que se pusiera en alerta.

Había notado cómo la piel de sus brazos de su hija se había erizado.

Severus se incorporó en toda su altura, y después de contemplar un poco más a Eileen remover con sumo cuidado la poción. Y poniendo sus manos a su espalda, caminó despacio dirección a las mesas que ocupaban los Slytherin.


Toda la escena de padre e hija había sido minuciosamente seguida por Ted Remus Lupin, que se había aficionado a escuchar conversaciones ajenas. Se hallaba detrás de Eileen, intentando en vano realizar bien su poción. Desde que no la tenía de compañera, sus notas en pociones se habían resentido, notándose cada vez más su mediocridad en esa asignatura. Lo mismo le había ocurrido a Eileen en Transformaciones y Encantamientos, que ya no contaba con su antes preciada ayuda.

Y si pretendía esperar que su novia le ayudase, era mejor que esperase sentado… porque la chica no era tampoco muy buena en pociones.

El chico removía con desdén la porquería que contenía su caldero, enfurecido. Aún recordaba con hastío, la causa por la que Eileen se viera tan exultante esa mañana, tan feliz… no podía evitar que le reconcomiese la envidia. Por mucho que se devanara los sesos, no encontraba qué le podía gustar de James Sirius Potter.

Se moría de celos… aunque nunca lo admitiría.

-¡Shh! ¡Shh! ¡Eileen!- la llamó Ted, despertado un interés repentino en su pelirroja novia, que levantó su rostro del caldero, volviéndose a su novio llena de indignación. ¿Qué hacía Ted llamando al vampiro raquítico?

Eileen se volvió abruptamente, a la defensiva. No se fiaba en absoluto de ésos dos que tenía a sus espaldas.

-¿Qué coño quieres Ted?- espetó la chica.

-¿Por qué no te quitas ése pañuelo y enseñas la bonita obra de arte que te ha hecho James en el cuello?

Eileen abrió mucho los ojos, e instintivamente se llevó la mano al pañuelo. ¿Cómo ése idiota podía saber qué tenía señalado el cuello? Victoire comenzó a reírse, acompañada a coro por sus amigas, que también habían oído lo que Lupin le había dicho.

Eileen se volvió con cierto miedo a la posición de su padre, que se había quedado parado en mitad de la clase, muy cerca de ellos con los puños cerrados con fuerza.

¡Por Merlín! Mejor era que su padre no hubiera escuchado nada…

-Diez puntos menos para Gryffindor, señor Lupin. Y ahora deje de decir memeces y concéntrese en la mierda que tiene su caldero, que ya bastante tenemos con la señorita Weasley para oír estupideces al cabo del día.

Eileen observó entre temerosa y satisfecha a su padre. No desperdiciaba ni un momento para poder hacer sangre con ésos dos imbéciles. Pero su rostro, sus puños cerrados… le indicaban que había oído lo que había dicho Lupin.

Y eso no era nada bueno…


La clase de pociones concluyó por fin para alivio de todos, menos para una persona, que le aguardaba una incómoda conversación con el profesor de pociones.

Eileen contempló temerosa cómo sus compañeros iban saliendo de clase a toda prisa, colocando una muestra de su poción en la mesa de su padre, yendo al exterior entre bromas, risas y empujones.

Suspiró cerrando el bote que contenía la muestra de su poción y volvió sus ojos a la mesa del profesor, donde se hallaba sentado su padre, que tenía sus ojos fijos en ella, con los brazos cruzados sobre su pecho, mientras tamborileaba con los dedos su propio brazo muy despacio. Tenía un aspecto feroz, casi amenazante.

Padre e hija se sostuvieron la mirada hasta que el último estudiante hubiera salido del aula.

Snape se levantó de su asiento, acercándose a la puerta con rapidez, cerrándola de un golpe seco, dejando sus dos manos un momento en la madera.


Ted Lupin salió de la clase de pociones entre satisfecho y a la vez, lleno de remordimientos. Sabía que acababa de meter a Eileen y a James en problemas, pero eso saciaba un poco su envidia. Ahora que James aguantara a Snape, como llevaba aguantándole él desde navidad, cuando había besado a la fuerza a Eileen…

Si se veían en un bonito lío, ellos se lo habían buscado solitos.

Sonrió maliciosamente, metiéndose las manos en los bolsillos. Los pocos remordimientos que sentía por meter a Eileen en problemas, se habían disipado ante la idea de ver a James en un aprieto.

"Ahora lidia con Snape, capullo" pensó el chico lleno de rencor. Jamás perdonaría a ese idiota que le hubiera quitado a Eileen. Si había algo que no entendía, es que había visto la chica en él. De acuerdo que James era un buen chico, y tampoco era feo, pero no destacaba en nada. Ni jugaba al quidditch, ni era brillante como estudiante, ni tenía un cuerpo atlético, ni tampoco era popular… ¿Qué tenía ese imbécil que no tuviera él? Él era el capitán del equipo de quidditch, uno de los chicos más populares del colegio, era alto… ¿Qué había visto que le gustara de ése tapón de Potter?

De acuerdo que era un chico muy sensible y sencillo, pero Elle era mucha chica para él.

Algún día Snape se daría cuenta de lo mal que había elegido y quizás ese día, comprendiera la tontería que había hecho al dejarle escapar.

Victoire se colgó de su brazo, entre risas. La pelirroja de acuerdo que no estaba nada mal, era la chica más guapa del colegio, pero era un maldito pulpo.

-¡Qué bueno lo que le has dicho a Snape en clase, cariño!- dijo Victoire riéndose a coro con sus inseparables amigas- ¿Tiene la marimacho un chupetón en el cuello?

-Sí. Esta mañana los vi a ella y a James por casualidad en la sala común, preocupados por taparlo…

Victoire y sus amigas se miraron un momento, para explotar a carcajadas limpia en mitad del pasillo, formando un tremendo jaleo, llamando la atención de otros estudiantes.

-Me pregunto quién habrá tenido estómago para hacerle un chupetón en el cuello a ese vampiro tuberculoso… ¡es repulsivo, por Merlín!- dijo Victoire haciendo una fea mueca, como si vomitara ante la idea de que alguien besara a Eileen.

-Es evidente que James ¿no?- dijo Lupin intentando aparentar desinterés.- esos dos están liados desde hace tiempo…

-Eso pensaba yo antes.- dijo Victoire encogiéndose de hombros.- Pensaba que ésa estaba con mi primo… pero puedo asegurarte que no.

El último día del fénix, su tío Ron, su tía Lavender y su prima Rose habían ido a su casa a visitarlos al caer la tarde, como era costumbre en ellos. La velada hubiera sido tediosa, si su tío no hubiera contado indignado lo acontecido en casa de su tío Harry. A pesar de que Rose se había enfadado con su padre por contarlo, Ron les contó con lujo de detalles la abrupta salida del armario de su primo James en pleno almuerzo del día del fénix.

No sabía por qué, pero no le sorprendía...

-¿Cómo que no?- preguntó Estrella interesada, oliendo un jugoso nuevo chisme- si hasta hace poco te indignaba que tu primo estuviera liándose con la marimacho.

-Ya. Eso era antes de cierta confesión que hizo mi primo el día del fénix…- les dijo la pelirroja, sin pensar demasiado… si es que alguna vez lo hubiera hecho.

-¿Confesión? ¿De qué carajo hablas Victoire?- preguntó con interés morboso Patty- ¿Es que está con otra chica?

-No. Digamos que a mi primo… le gustan otra clase de cosas.- dijo haciéndose la interesante, tocándose el pelo.

-Suéltalo de una vez Victoire. ¿Qué pasa con James? Si no le gusta Snape… ¿es que le gusta otra tía?- dijo Patty con malicia.

-Mi primo es gay.

-¿Qué?- preguntó Lupin lleno de asombro, irrumpiendo en el corrillo de las chicas.

-Que a James le gustan los chicos…-volvió afirmar Victoire.

Lupin se quedó en estado de shock… Si James era homosexual, ¿Quién le había dejado las marcas en el cuello a Eileen? ¿Con quién estaba liada la ex buscadora de su equipo?

Unas tremendas risas resonaron a sus espaldas. Las arpías de Gryffindor y Lupin se volvieron para ver cómo unos Slytherin de su curso, se desternillaban de risa, mientras se daban de codazos divertidos. Habían caminado detrás de ellos lo largo del pasillo y habían oído toda la conversación.

-No me digas que Potter es maricón.- gritó un Slytherin con las lágrimas saltadas de la risa.

-Ya sabía yo que ese chico perdía aceite…

-Ha salido del armario evanescente.

Y comenzaron a reírse sus propias gracias.

Victoire se llevó la mano a la boca, llena de culpa. Una cosa era contárselo a sus amigas y a su novio… y otra era publicarlo por todo el castillo.

Después de todo James era su primo.


Eileen observó cómo su padre se volvía hacia ella bruscamente, acercándose a ella con paso decidido y solemne. Su padre le recordaba un gran depredador, era como un enorme rapaz acechando a su presa. Y a la que estaba cazando era a ella. Debía mantener la calma a toda costa y esperar que él hablase primero.

No debía dudar, y cuidar cada palabra que decía… ya que todo lo que dijese, podría poner a su padre sobre la pista.

Después de todo, estaba allí por el espinoso asunto de su comercio de pociones ilegales. Aún no sabía con seguridad si había oído lo que había dicho Ted o simplemente el escándalo de risas que habían montado en clase ésas arpías.

Se cruzó de brazos, levantándose de su asiento y miró a los ojos a su padre. Enfrentándolo con todo su valor Gryffindor.

-Quítatelo.- ordenó su padre cuando llegó a su lado.

-¿Qué me quite el qué?- preguntó inocentemente Eileen, disparando el cabreo de su padre.

-¡No te hagas la listilla conmigo, Eileen! ¡Quítate ahora mismo ese pañuelo del cuello!

-¿Por qué?- preguntó molesta. La mejor defensa, era un buen ataque- Me duele la garganta… ya te lo he dicho antes…

Y sin mediar palabras, Severus agarró el pañuelo del cuello de su hija, desatando el nudo con destreza y arrancándolo de un tirón. El terrible chupetón que le había hecho el profesor Longbottom se quedó irremediablemente visible. Snape, cada vez más malhumorado, apartó el cabello de Eileen, arrancándole la corbata para poder verle la marca del cuello mejor.

Notó como su padre emitía un sonido grave, casi de animal salvaje.

Su padre tocó con la punta de sus dedos la señal de su cuello, aún lleno de incredulidad. Era escandaloso y enorme.

Como el enfado de Severus.

-¡¿Se puede saber qué coño es eso?- gritó.

Severus agitaba en el aire sus manos, una de ellas aún con la corbata del uniforme de Eileen.

-Verás papá… no es lo que parece…- lo dijo por inercia. Aquello sólo podía parecer una cosa… y lo era.

-¡A mí no intentes engañarme!-espetó el hombre, perdiendo su último ápice de paciencia- ¿Crees que no sé lo qué es eso?

Eileen guardó silencio.

-¿Quién te ha hecho eso?-preguntó a bocajarro, cruzándose de brazos.

-¿Para qué quieres saberlo? ¿Para amargarle la vida?- mientras su padre pensase que estaba con un alumno, su secreto con Neville estaría a salvo.- Ya es bastante duro tenerte como profesor para encima tenerte en contra…

-Exijo saberlo.-exigió su padre amenazadoramente.

-No pienso decírtelo papá.- Eileen tragó saliva- Te diré quien es mi novio cuando sea el momento.

-Así que la señorita tiene novio…

Eileen no contestó.

-¿Y mientras qué se supone que tengo que hacer? ¿Permitir que un niñato baboso manosee a mi hija? ¡Y una mierda!-explotó- Ahora mismo me vas a decir el nombre del autor de eso.- dijo señalando el escandaloso chupetón del cuello.- ¿Es Hufflepuff, verdad? ¿Es ese niñato que retrasmite los partidos de quidditch que no se despega de ti?

Eileen se planteó por un momento decirle a su padre que Andy era su novio… pero no era justo para él, ni para James.

-No papá.-dijo sacando a relucir todo su valor Gryffindor.- No te lo voy a decir.

Severus entrecerró los ojos.

-Te lo advierto jovencita. No hagas enfadarme. Ahora mismo me vas a decir su nombre o…- Snape movía en el aire la corbata de Eileen y se quedó parado de repente, mirando la prenda de su mano. Algo pareció llamarle la atención. ¿Era su impresión o esa corbata desprendía un fuerte olor a colonia de hombre? Se calló un momento para examinarla con atención.

Entonces empezó a hiperventilar de rabia.

Allí estaba su nombre. Todas sus sospechas, siempre terminaban en él. El nombre de Neville Longbottom estaba en la corbata que precisamente acababa de quitarle a su hija, que ocultaba una marca sexual. Y sabía que la noche anterior la había "acompañado" a la torre…

Su cabeza comenzó a dar vueltas.

-¡Dime quién es Eileen!- gritó Snape lleno de rabia por el hilo de sus pensamientos- Dime ahora mismo la identidad de ése al que llamas novio.

Eileen comenzó a crujirse los dedos de las manos llena de nerviosismo. Jamás había visto a su padre tan fuera de sí como ahora. Pero debía mantenerse firme. No diría nada.

El gesto de su hija terminó de saciar todas las sospechas del hombre. Aquel maldito gesto, el crujirse los dedos de la mano con inseguridad… lo había visto hacer miles de veces al jefe de la casa Gryffindor. Eran incontables las veces que Longbottom se había crujido así las manos hablando con él. Y su hija era una imitadora de gestos. Desde pequeña, siempre se le habían pegado los ademanes de los demás, sólo había que observarla un momento para comprender que era un compendio de sus propios gestos.

Sintió un hormigueo que le subía desde los pies a la cabeza. Como si miles de ciempiés recorrieran su cuerpo. Se le secó la boca de rabia. No podía ser, simplemente no podía estar ocurriendo. Era imposible que su hija… y ese mequetrefe de Longbottom… estuvieran…

No podía concluir la frase, sólo de pensarlo, sólo de imaginarlo le ardía el alma, como si estuviera hundido en el mismísimo infierno.

Aquello no podía ser, simplemente era imposible. Seguro que estaba confundido… necesitaba salir de dudas, necesitaba saber la verdad. Y si no conseguía que Eileen se lo dijera por las buenas… lo haría por las malas.

Sin que le temblase el pulso siquiera, completamente decidido hacerlo, Severus Snape alzó su varita, apuntando a su hija con ella.

Necesitaba saberlo, necesitaba verlo…

-Legeremens.

Eileen sintió como una explosión de luz dentro de su cabeza, como si la hubiera atravesado un rayo, como si le abrieran en canal su mente. Una sensación extraña la inundó, recordaba haberla sentido alguna vez, siendo aún muy pequeña. Era como si un intruso se hubiera introducido en su mente, como si alguien estuviera hurgando en su cabeza.

Entonces comprendió: Su padre estaba mirando todos sus recuerdos. No podía creer que la hiciera pasar por eso. Intentó resistirse, concentrarse en recuerdos de pequeña, jugando con James en el jardín de su casa… pero sus esfuerzos fueron del todo inútiles.

Su padre había dado con lo que estaba buscando.

Todos los recuerdos con Neville de ésos últimos meses, salieron a flote.

Severus se concentró en los recuerdos de su hija del último curso en Hogwarts. Lo que estaba buscando, seguro que estaba por ahí. La chica se estaba intentando resistir, pero en vano. Nunca le había enseñado oclumancia a su hija, después de todo vivían en época de paz. Ya esas prácticas estaban en desuso, ya que la gente no tenía que ocultarse…

Eileen corría riéndose, por una explanada llena de nieve, huyendo de alguien que quería tirarle un buen montón. Algo la hizo tropezar, y pudo ver como Longbottom se caía encima de su hija. Lleno de repulsión, pudo ver cómo acercaba el rostro para besarla.

No quería verlo, así que pasó a otro recuerdo.

Los vio discutir en la sala común de Gryffindor. Eileen le echaba en cara a Longbottom su cobardía, e incluso lo abofeteaba en varias ocasiones. Entonces pudo ver como la agarraba con fuerza y la besaba con frenesí en los labios.

Pasó a otro recuerdo.

Eileen y Neville estaban en los invernaderos, en lo que parecía una reconciliación… que terminó con la pérdida de la virginidad de Eileen, en el mismo suelo del lugar…

Pudo ver dónde había estado realmente Eileen la mañana que se retrasó para ir a casa de los Potter. Los pudo ver en una discoteca muggle, borrachos como cubas. Los vio mantener relaciones sexuales innumerables de veces. En los invernaderos, en el dormitorio del profesor, en su escritorio, en la sala de los menesteres…

Los vio desnudos, sobre una alfombra. Sudorosos, acariciándose, besándose… Longbottom estaba encima del cuerpo de Eileen, meciéndose dentro de ella, mientras recorría con su boca su cuerpo...

Severus Snape bajó la varita. Tenía los ojos cerrados con fuerza, y todo su cuerpo en tensión. Lo que acababa de ver, era muy fuerte. Eran recuerdos, situaciones que un padre jamás debería ver… Su respiración era entrecortada. Entonces abrió abruptamente los ojos, mirando fijamente a su hija, clavándole esos profundos ojos negros, como si fuera la primera vez que la veía.

Lo había visto con sus propios ojos, Longbottom se había acostado con su hija. Se la había estado tirando en sus propias narices durante todo el curso y él sin darse cuenta. Sintió como se le resecaba la boca, sintiendo el amargor de la bilis en ella. ¿Cómo había podido estar tan ciego? ¿Cómo no se había dado cuenta antes de la historia que tenían esos dos entre manos?

Cerró los puños con tanta fuerza, que se hizo sangre en las palmas de clavarse sus propias uñas.

Y Longbottom… se había atrevido a besar a su hija, a tocarla, a… mancillarla. No podía creerse que aquel mequetrefe, que solía aturullarse en su mera presencia, se hubiera atrevido a jugar algo tan peligroso como liarse a su pequeña, a su niña, a su Eileen...

El muy hijo de puta.

Era un asqueroso pervertido, una alimaña asquerosa. El mismo que había tenido a su hija de pequeña en brazos. El mismo al que había visto innumerables de veces jugar con su hija… él la había visto de crecer, por todos los muertos de Merlín. ¿Cómo se había atrevido? ¿Cómo había sido capaz de ponerle tan solo un dedo encima?

¿Cómo había podido acostarse con ella? Traicionando toda la confianza que había tenido siempre su mujer en él. Él siempre lo había sabido, sabía que era un maldito gusano, ya lo era desde niño… cómo lamentaba que Voldermort no lo hubiera quemado vivo aquella nefasta noche.

Sintió una rabia creciente en su interior, cegándole por completo. Quería sangre, quería muerte… la de Longbottom para ser más preciso.

Volvió a mirar a Eileen, que lo miraba expectante, con el rostro completamente desencajado, a punto de echarse a llorar. Snape la miró, entrecerrando los ojos, a la vez que apretaba los dientes, tanto, que pensaba que podría partírselos en mil pedazos.

Ya hablaría con ella después, en esos instantes tenía algo que hacer… debía exterminar a cierto insecto, para liberar al planeta de su presencia… lo mataría. Lo aplastaría como el gusano que era, lo ahogaría con sus propias manos. Porque después de ver lo que había hecho con su hija el muy canalla, es mejor que se diera por hombre muerto.

No podía soportarlo… ése tocando a su Eileen…

-Voy a matar a ese hijo de puta.- fue lo único que salió de los labios de Severus tras un momento de silencio sepulcral. Lo dijo muy despacio, con tranquilidad. Con esa voz de mortífago que llevaba tantas décadas dormida en su interior.

-Papá… espera un momento… Neville y yo…- se aproximó Eileen, cogiéndole del brazo.

El nombre de ese bastardo en los labios de su hija, le enfureció aún más.

-¡VOY A MATAR A ESE HIJO DE LA GRAN PUTA!- gritó de repente, volviéndose abruptamente sobre sus propios talones, dirigiéndose a la puerta.

-Papá, espera… ¿a dónde vas?- gritó Elle corriendo tras Severus.

Eileen, desesperada, viendo el estado en el que se encontraba su padre, intentó agarrarle. Se aferró con fuerza a su capa, intentando contenerle, retenerle hasta que oyera lo que tenía que decirle, pero la ira del hombre era mucho más fuerte.

Estaba fuera de sí.

-¿A dónde vas papá?- volvió a preguntar presa del desespero, tirando de la capa de su padre- No te vayas… espera.

El propio Severus se volvió levemente agarrando la capa con una de sus manos, tirando de ella bruscamente, para que su hija le soltara. Pero la chica se aferró a la tela como si su vida dependiera de ello, y quizás así fuera.

Snape volvió a tirar de la capa.

La chica perdió el equilibrio, cayéndose al suelo. Su padre en otro momento no habría hecho algo así, jamás haría algo que la pudiera lastimar. Pero ahora, en aquel mismo instante, estaba fuera de control, estaba completamente ciego. Como poseído por mil demonios sedientos de sangre.


Neville Longbottom caminaba por el pasillo que lo conducía a los exteriores del castillo. Había tenido clase con los de tercer curso, y ahora tenía clase con los revoltosos chicos de primer curso de Gryffindor y Hufflepuff, que a pesar de sus esfuerzos, aún seguían entregando trabajos que dejaban mucho que desear. Les esperaba una buena bronca por su parte. Tenían que esforzarse más y poner más atención en sus explicaciones. Tampoco se lo estaba poniendo tan difícil.

Había olvidado los pergaminos de sus nefastos trabajos en su despacho, por eso había tenido que volver.

Y ahora miraba disimuladamente a todos los alumnos que se cruzaba, teniendo la esperanza de encontrarse con cierta alumna de pelo azabache y piel cetrina. Se moría por volver a verla, por tenerla otra vez entre sus brazos. No podía parar de contar las horas hasta poder volver a verla. Afortunadamente su enfado con ella había terminado, culminando en un final feliz. Sintió un hormigueo cada vez que pensaba en cómo se habían amado aquella noche… había sido intenso, explosivo, apasionado, con desespero…se habían entregado como si la vida fuera acabar al día siguiente.

Se amaban. Y ya nunca nadie los separaría.

Porque lo que sentía por Eileen, el amor que sentía por ella, era sincero y puro. Jamás había amado a nadie con la intensidad que lo hacía con Elle.

No había nada en la vida que pudiera interesarle si ella no estaba a su lado.

Nunca volvería a permitir que volviera a ocurrir lo de días atrás, nunca permitiría que se fuera de su lado… nunca se separaría de ella.

Si alguna vez lo hacía, sería porque estuviera muerto.

Y quedaban sólo unas semanas para que al fin el curso concluyera. En cuanto eso ocurriera, comenzaría a construir su vida, como siempre había deseado.

Por fin tenía a una mujer con la que deseaba despertarse todas las mañanas, con la que deseaba vivir toda su vida, viajarían, construirían un hogar… y tendrían niños.

No quería ir muy rápido con ella, pero lo deseaba todo…

Construiría su vida con Eileen. Dejaría el colegio muy a su pesar, siempre le había gustado enseñar e iría hablar con sus padres. Sólo de pensarlo se le encogía el estómago. ¿Qué pensaría Hermione de él cuando le contara que se había enamorado perdidamente de su hija? Se sentía un asqueroso traidor. ¿Y Snape? ¿Qué haría Snape cuando se enterase? Tragó saliva sólo de pensarlo.

No quería siquiera imaginárselo, pero sospechaba que nada bueno. En esos momentos era mejor que tuviera la varita a mano… no para atacarle. Nunca lo haría, después de todo le podía entender. Su sentimiento de culpa desde que salía con Eileen era enorme. Sabía que lo suyo con ella no estaba bien. Se ponía en el lugar de Severus Snape y podía entenderle si lo maldecía. Él también lo haría si se encontrara en su misma situación. Era más joven que él, era la hija de una de sus mejores amigas, la había acunado entre sus brazos sólo siendo un bebé, la había visto crecer, era su alumna, quizás la más consentida, su sobrina postiza… eran razones más que de peso. Y además, nunca le había caído bien a Severus. Desde siempre lo había despreciado, pero a pesar de todas esas razones, no podía evitarlo.

No se puede elegir de quién te enamoras.

Y él estaba perdidamente enamorado de esa chiquilla.

Algunos alumnos de Gryffindor de último año saludaron al profesor a su paso. Vio a Victoire, Patty, Ted y Estrella enfrentándose con unos Slytherin de su mismo curso que parecían mofarse. Había cosas que nunca cambiarían… Había tenido suerte, ya que parecía que habían salido ya de clase de pociones. Quizás pudiera ver a Eileen después de todo…

Se crujió los dedos de la mano con nerviosismo. La chica no se encontraba entre sus compañeros… quizás había ido corriendo a ver a James o a sus amigos de hufflepuff. Últimamente tanto James como ella, se reunían más con ellos que con los chicos de su propia casa.

-¡TÚ, MALDITO HIJO DE PUTA!- una colérica voz conocida resonó a sus espaldas llenando de sorpresa a todos los alumnos que inundaban el pasillo. No le hacía falta volverse para saber que el que había gritado como un energúmeno en la galería había sido nada menos que Severus Snape.

Se volvió rápidamente, sin entender. Pudo ver cómo Severus Snape caminaba a toda velocidad a su posición, como un verdadero poseso y la cara desencajada de rabia. Esa cara de mortífago que tanto asustaba, un rostro lleno de odio y maldad.

Los alumnos se apresuraban hacerse un lado quitándose rápidamente del camino del temible profesor de pociones, para abrirle paso entre la multitud. Era como una locomotora fuera de control.

Neville lo vio cómo se aproximaba a toda velocidad hasta él, sin saber muy bien cómo reaccionar.

Era como si le hubieran clavado en el suelo de la impresión.

-¡COMO HAS PODIDO, CABRÓN!- se dirigió a él directamente aquel huracán oscuro.

Neville lo comprendió al ver al temible profesor de pociones aproximarse a él hecho una fiera. Ya casi lo tenía encima.

Snape lo sabía. Lo sabía todo…

No sabía cómo había podido averiguarlo, pero sabía lo de Eileen y él.

No le dio tiempo ni a reaccionar, siquiera para intentar defenderse. Notó como algo se aferraba a sus tobillos con fuerza, como unos grilletes invisibles y lo alzaron en el aire, colocándole bocabajo.

Pudo ver cómo los alumnos que estaban cerca de él, corrían despavoridos por el pasillo gritando, alejándose todo lo posible de allí. El asunto pintaba mal, muy mal…

Vio el rostro lleno de ira de Severus encima ya de él. Pudo verle con los dientes completamente apretados de rabia y la furia inyectada en sus ojos negros. Vio cómo cogía impulso con un brazo y descargaba con rabia su puño en su rostro, a continuación sintió un fuerte golpe en la nariz, haciéndole ver todas las estrellas de aquella maldita constelación… Notó como su cuerpo, como si fuera de trapo, salía despedido contra una pared, colisionando violentamente contra ella, dándose un fuerte golpe en las costillas, dejándolo sin respiración y cayó como un muñeco Dummy* contra el duro suelo.

Intentó incorporarse, pero Severus ya lo había agarrado de la solapa de su bata de trabajo, jalándolo con rabia.

-¡Maldito hijo de puta!- gritó mientras volvía a descargar otro puñetazo en su rostro.-Yo te enseñaré a acercarte a mi hija…- Descargó su puño otra vez, y otra… El dolor se expandió por su ojo derecho, su boca… sintiendo el sabor metálico de la sangre la inundaba.- Cómo has podido… tocarla siquiera….

Neville intentó zafarse del agarrón del hombre desesperado, lo intentó con todas sus fuerzas. Pero Severus lo aferraba con vehemencia, sin dejarle esperanza alguna de escapatoria. Oyó gritos de alumnos en la lejanía, asustados por el espectáculo y corriendo por el pasillo. Intentó cubrirse el rostro con los brazos, quitárselo de encima.

Pero Severus era mucho más fuerte que él.

Recibió un nuevo puñetazo en la cara.

-Defiéndete cobarde… eres un gusano de mierda.

Notó un nuevo golpe en la mandíbula.

Otra opción era golpearle también, defenderse del brutal ataque del hombre empleando la violencia también. Pero su sentido del honor y su culpabilidad lo tenían apresado, era incapaz de hacerle daño al hombre que le atacaba con ese desdén. Le era imposible levantar la mano contra el padre de Eileen… en cierta forma, entendía la reacción del hombre. No se defendería haciendo daño a pesar de la soberana paliza que estaba recibiendo.

Porque siempre había sabido que ese momento llegaría irremediablemente.

El día en que Severus supiera lo suyo con Eileen… y sabía que el hombre no se lo tomaría muy bien. Se ponía en su lugar como padre… y lo entendía. Él era mucho mayor que su hija, su profesor, la había visto crecer… era una perversión…

Aunque él la amaba. No había intentado aprovecharse de ella. Él quería a Eileen con toda su alma… y eso es lo que intentaría hacerle ver al furibundo hombre…

Un nuevo puñetazo impactó contra su cara, dejándole libre a la vez de su fuerte agarrón. Neville aprovechó esos momentos libres de Severus para arrastrar su cuerpo, retrocediendo mientras le tendía su mano con la palma extendida, pidiéndole con el gesto que parase.

-Snape espera.- pidió, doliéndole cada uno de sus dientes, sintiendo cómo sangraba por el labio, por la nariz, por la ceja.- Yo te puedo explicar…

-¡¿QUÉ ME VAS A EXPLICAR?-gritó Snape- ¡¿CÓMO TE HAS ESTADO TIRANDO A MI HIJA, MALNACIDO?

-No sé cómo te has enterado… pero tenemos que hablar…- intentó hacerle entrar en razón, pero como respuesta, recibió una patada en el costado, quitándole el poco aliento que tenía.

-¡No quiero escucharte hijo de puta! ¡Cómo has podido!- gritó el hombre ciego, totalmente fuera de sus cabales- ¡Es sólo una niña! ¿Cómo puedes ser tan sinvergüenza? Cómo te has atrevido… ¡CON MI HIJA!

Y volvió a darle otra brutal patada.

Se sentía humillado, tirado allí en el suelo, a los pies de su agresor, sin poderse levantar, recibiendo golpe tras golpe.

Pero Neville sabía qué debía hacer… sabía qué decir.

-¡YO AMO A SU HIJA SNAPE!- Gritó con toda sus fuerzas el jefe de la casa Gryffindor, haciendo que sus palabras resonasen por todo el castillo, que yacía en el suelo, ensangrentado, lleno de hematomas y heridas, mirando a los ojos de su agresor.

Entonces todo se volvió negro, lo envolvió una oscuridad tenebrosa.

Y sólo pudo sentir dolor. Un profundo y desgarrador dolor, como si alguien le estuviera haciendo trizas en su interior.


Severus Snape en aquellos momentos ni pensaba, ni razonaba. En aquel mismo instante, se había convertido en una bestia irracional, en una fiera salvaje que no podía contenerse.

Había perdido el control.

Sus instintos más asesinos, estaban a flor de piel, sacando todo lo peor que estaba dormido en él. Mister Hyde había despertado. Era como si se hubiera desatado el mortífago que siempre llevaría en su interior, ese lado malvado y perverso que sabía que existía en él. Ni siquiera por entonces, cuando era joven sobretodo, le había inundado un odio como aquel. Tan devastador, tan brutal, tan primario, tan despiadado...

Lo que había hecho ese bastardo… no tenía nombre.

Jamás en la vida había recordado golpear a nadie así. Quería matarlo, quería reducirlo a cenizas, quería que desapareciera de la faz de la tierra.

Odiaba a ese gusano que reptaba huyendo de él, como el maldito cobarde que siempre había sido. Le había visto, a través de los recuerdos de Eileen, acariciando el cuerpo desnudo de su hija, besándola, manteniendo relaciones con ella… con Eileen, con su pequeña…

Por mucho que le hubiera molestado la presencia de Longbottom, siempre había estado allí, lo había aceptado como uno de los mejores amigos de su mujer, y como "tío" de su hija a regañadientes…

Él había cogido a su hija en brazos siendo un bebé, había ido a verla al hospital cuando nació, la había visto crecer, había acudido a sus primeros cumpleaños… ¿Cómo se había atrevido tan siquiera de rozarla con una de sus pútridas manos?

Una ira en su interior le destrozaba por dentro.

Eileen y Longbottom… simplemente no se lo podía creer. Ese imbécil se había aprovechado de la fragilidad de su hija, de su juventud, de su inexperiencia, para engañarla… porque no podía entender qué había podido ver en ese idiota, en ese maldito cobarde bueno para nada… seguro que la había embaucado, engañándola.

Le pegó otra patada descargando toda su furia en el cuerpo de aquel hombre al que odiaba con todas sus fuerzas. Quería romperlo, quería quebrarlo como la rama de un árbol bajo sus pies.

-¡YO AMO A SU HIJA, SNAPE!- gritó con todas sus fuerzas el jefe de la casa Gryffindor, desde el suelo, empujando con sus pies para retroceder e intentar alejarse de él.

Eso era más de lo que podía soportar. El poco sentido común que le quedaba, se esfumó de su cuerpo, dejando sólo al monstruo lleno de odio, de violencia.

No podía creer lo que estaba oyendo… era superior a sus fuerzas. Era la gota que colmó el vaso.

Severus Snape, el frío y calculador espía, perdió definitivamente los papeles, saliéndose de sus cabales, perdiéndose en una espiral de odio y furia.

Ese maldito pervertido, ese asqueroso… ese hijo de puta, como se atrevía.

Sin que le temblara el pulso y totalmente ciego, apuntó al profesor de herbología con su varita.

Quería hacerlo. Jamás había sentido tanta necesitada de usar aquel maldito conjuro. Deseaba hacerle daño por encima de todo, quería verlo sufrir, quería machacarlo. Lo deseaba desde dentro, explotando en su interior, como si las tripas le ardieran.

-Crucio.-gritó, notando cómo canalizaba por su varita, todo el rencor, el odio visceral.

Los alumnos que aún miraban incrédulos la escena, gritaron de terror. Jamás habían visto usar un imperdonable…


Eileen corrió por el pasillo todo lo rápido que le permitían sus pies. Había caído de bruces contra el suelo, al intentar retener a su padre en el aula de pociones. Pero aquello habría sido como apresar el humo: imposible. Y su padre la había dejado allí encerrada, pero ella había escapado.

Debía encontrarle, debía retenerle, intentar que entrase en razón. Conocía el carácter explosivo de su padre, pero jamás le había visto así.

Su padre había salido del interior de aquella aula como alma que lleva el diablo, cegado por la ira, sin molestarse en escucharla. Había suplicado, le había pedido que no fuera… pero él no la había hecho caso. No le había dado siquiera la oportunidad de explicarse…

Su padre había violado su intimidad. Como buen Slytherin, había conseguido lo que buscaba, sin importarle si los medios eran éticos. Se había introducido en su mente… y lo había descubierto su secreto de la peor forma.

Había visto cosas que un padre nunca debería saber de su hija, cosas íntimas de ella y de Neville. Y no lo sabía todo…

Porque había visto sólo parte de sus recuerdos. ¿Acaso no había visto cómo se amaban? ¿Acaso no veía más de su nariz, para ver que Neville y ella se querían con locura?

¿Cómo había sido capaz de hacerlo? ¿Cómo había podido hacerle eso a su propia hija?

Había perdido el rastro de su padre, ya que este se desplazaba con los precisos movimientos de un depredador. Había salido de caza, y sabía a por quien había ido…

Aquello podía terminar en tragedia.

Jamás en la vida había visto a su padre tan furibundo como en aquel preciso instante.

Unos gritos de la multitud llamaron su atención, corriendo hacia aquella dirección. Muchos alumnos corrían frenéticos, entre gritos en sentido contrario a ella, empujándola. Algunos reían con maldad por el espectáculo.

-¡Snape está pegando a Longbottom!- escuchó cómo gritaba una chica asustada.

Eileen empezó a abrirse pasos a empellones. Le estaba costando la vida a llegar dónde se estaban Neville y su padre, ya que en aquel pasillo alguna gente corría en dirección contraria y muchos se habían quedado de mirones, taponando el paso.

Se abrió paso a empujones y a patadas. Tenía que llegar allí, tenía que impedirlo. Tenía que llegar hasta donde estaba su padre y hacerle entrar a razón.

Porque sabía que Neville no tenía nada que hacer contra su padre… y más en ese estado, sediento de sangre.

Se quedó petrificada al contemplar de lejos la escena: Neville estaba indefenso en el suelo, sin hacer tampoco muchos amagos por defenderse. Su cara estaba cubierta de sangre, su sangre.

Creyó morirse.

Su padre agarraba con fuerza a su novio por las solapas de su bata, golpeándole una y otra vez el rostro con sus puños con un arrebato aterrador.

Le dolió cada uno de los golpes que recibiera Neville en manos de su padre.

Ella era la responsable de todo aquello. Ella tenía la culpa que su padre estuviera golpeando a Neville…

-¡Déjale!- gritó intentado hacerse oír entre la multitud que gritaba, aún acercándose a ellos a la desesperada, a empujones.-Por favor papá, suéltale…- pidió de lejos, con lágrimas en los ojos.

Pero su padre no le hizo caso. Siquiera la escuchó.

-¡YO AMO A SU HIJA, SNAPE!- escuchó cómo chillaba Neville, llegando el grito al oído de todos los presentes incrédulos. El jefe de Gryffindor intentaba ponerse de pie en vano.

Su padre había alzado su varita contra él, con la cara desencajada de odio, con los dientes apretados y haciendo un sonido más que amenazante con los labios.

Y con su voz más fría, escuchó cómo pronunciaba un hechizo imperdonable contra Neville.

El mismo que le había hecho enloquecer a sus padres.

Un grito de horror salió de su garganta.

Neville había gritado y se retorcía de daño en el suelo, se revolvía sobre sí mismo, presa de un gran sufrimiento, torturado a manos de su padre.

-¡BASTA! ¡POR FAVOR, PARA!-gritó Eileen a su padre, ya llegando hasta él, ya que muchos de sus compañeros se habían hecho un lado al verla llegar.

Y sin pensárselo dos veces, cegada por el dolor de Neville, sacó su varita de su capa de estudiante, y apuntó a su padre, aquel hombre al que tanto quería, pero que estaba haciendo daño al hombre de su vida.

No iba a permitir que se prolongara el tormento a Neville, a su amor, al hombre que amaba con locura… Aunque tampoco quería hacerle daño a su padre.

Se armó de valor y apretó con fuerza la varita en su mano.

-Desmaius- gritó Eileen, aún sin poderse creer que estuviera atacando a su padre por la espalda.

Vio con horror, como el cuerpo de su padre salía despedido, golpeándose contra una pared y cayendo a peso a un lado, dándose un fuerte golpe contra el suelo.

Se llevó las manos en la boca, cubriéndola con terror, hiperventilando.

Se acercó corriendo a ellos. Comprobó que su padre estaba bien, a pesar de estar sin sentido y se arrodilló junto a Neville, cogiendo su cabeza y poniéndosela con suavidad en el regazo. Estaba inconsciente, su respiración era muy débil y su rostro estaba escandalosamente cubierto de sangre, con montones de magulladuras y cortes debido a los golpes.

Tenía ganas de ponerse a llorar.

-Neville… -dijo meciendo con cuidado su cabeza- despierta amor… por favor.

Y entonces alzó el rostro a todos sus compañeros, que miraban sorprendidos la escena y sin mover un solo dedo.

-¡Qué coño hacéis ahí parados!-gritó a la multitud- ¡BUSCAD AYUDA!

-¡¿QUÉ PASA AQUÍ?

La voz de la directora Minerva McGonagall resonó con contundencia por encima de todos los estudiantes, que se apresuraron a abrirle paso. La directora venía acompañada de la profesora Graham. Ambas se habían alertado del jaleo que se había formado en el pasillo y se habían apresurado a acudir al lugar del tumulto, encontrándose por el camino.

Se esperaban alguna trifulca entre estudiantes. No eran ya habituales, pero se podían dar, después de todo, los adolescentes solían ser imprevisibles, inestables que explotaban por una nimiedad…

Pero lo que se encontraron allí las dejó clavadas en el sitio, como si se hubieran convertido en piedra.

Lo que vieron allí, no era nada alentador…No podían salir de su asombro.

El jefe de la casa Gryffindor, cubierto de sangre y Snape yacían sin sentido en el suelo.

La hija de Snape tenía la cabeza del jefe de su casa, intentando hacerle reaccionar.

-¡Eileen Snape! ¡Exijo que me explique ahora mismo lo que ha pasado aquí!- gritó enfurecida la directora de Hogwarts.- Y el resto… ¡No se les ha perdido nada aquí! ¡Fuera todo el mundo!

Los alumnos no tardaron en dispersarse, entre murmullos…


Graham miró al sangrante Longbottom, que yacía hecho una verdadera pena sobre el regazo de Eileen y después miró al inconsciente Snape… y después miró a la chica, que se deshacía en lágrimas acariciando una de las mejillas de Neville.

No había que ser muy inteligente para saber lo que había pasado allí…


*Muñeco Dummy: Son los maniquíes que suelen usar para comprobar la seguridad en los medios de transportes, como los coches y aviones.

Hola a todas

Como os prometí, os he subido un cap nuevo esta semana para celebrar mis maldades de vacaciones. (en las que estoy pariendo un nuevo capítulo, jejeje) Y como podéis ver, este era uno muy especial… ¿era esto lo que tanto esperabais, no mortífagas? mujajajaja

Como decía Luna, sólo era cuestión de tiempo…

Ya sabíamos todos que este momento tendría que llegar, el suegro de Neville se ha enterado de todo, y creo que no se lo ha tomado muy bien. Le ha salido lo mortífago por todos los poros de su piel...Ahora a ver que ocurre, porque estos nuevos acontecimientos, creo afectarán a todo el mundo.

La canción del principio es "Virus" de Héroes del silencio. (Ya lo sé Patty, soy una cansina XDDD)

Me gustaría dedicarles este capítulo a todas las personas que seguís acompañándome después de tanto tiempo…

Y por supuesto a mis mortífagas, a mis nevilleras, a mis niñas-snape, a mis gamberras, a mi hermana pequeña, a mi chica fanfic, a la Nata, a mi detective, a mi rockera, a mi drusi, a mi traductora favorita, a mi Lien, al proyecto mortífago (que anda perdido),y a mi Slytherin flojo (otro que también lo está)

Un besiño enorme y ahora sí, creo que esta vez no me libro de vuestras maldiciones. Snif, snif…

AnitaSnape

Mortífaga de Severus