Su padre es un héroe y ella lo entendió desde que comenzó a entender el mundo a su alrededor, papá siempre estaba afuera y ella lo entendía, entendía que no podía venir todo el tiempo o que se perdería algún que otro cumpleaños porque estaba ocupado salvando al mundo. La pequeña Sana no sabía exactamente como su padre salvaba al mundo pero sabía que lo hacía, miraba al cielo nublado y se preguntaba si él estaba allí arriba, o en algún otro lado, se preguntaba que hacía, se preguntaba si el resto de las personas eran felices cuando les salvaba.

Creció teniendo un sueño ligero, siempre atenta a los ruidos de su casa, probablemente por la necesidad de dormir menos que la persona promedio, creció levantándose horas antes que su madre para dibujar o simplemente sentarse en silencio mirando el cielo.

Por eso ese día le escuchó entrar y saltó de su cama a recibirlo.

Una noche de otoño oscura y tranquila donde Sana oyó la puerta, la llave que solo su madre y su padre tienen, inmediatamente supo que vería a su padre ese día, siempre agradecía por verlo aunque sea por unos pocos días antes de que se vaya de nuevo.

La enorme silueta de su padre, sentado bajo la luz que cuelga sobre la mesa de la sala, le emocionó con solo ver su espalda, vestido fuera de su uniforme el cual trae en un maletín cuando vuelve a casa. Le sorprendió por detrás o, al menos, eso intentó pero no pudo contener su risa y el hombre le escuchó llegar desde mucho antes, aunque el actuó sorprendido.

- ¡Ah! ¡Me ataca una pequeña alimaña! – Juega él mientras toma a la muchacha en brazos.

Con solo ocho años cumplidos hace poco la chiquilla se ríe en sus brazos – Solo soy yo… - Le corrige, como si fuera necesario hacerlo.

- Que bueno, me habías espantado pequeñita –

Una mano diminuta comparada con las de él se estira hacia adelante para tocarle, su rostro es grande y áspero, cubierto de barba, pelo y arrugas, pero eso ya lo sabe, lo que le sorprendió fue el estado de ese mismo rostro. El hombre sonríe sin hacer un esfuerzo para ocultarlo, su ojo izquierdo se encuentra algo hinchado, la ceja ha sido reparada apenas pero todavía está manchada con sangre y su labio está partido mostrando una línea vertical color rojo oscuro.

El delicado dedo toca alrededor de otra herida, una cortada de menos de un centímetro que se estira en el pómulo derecho del viejo Tatsushiro, su piel morena se tiñe de un rojo apenas visible.

- Hay tanta sangre –

- Es parte de ser un héroe hija – Ríe el hombre - ¿No lo sabias? –

- ¿Hm? –

Sus enormes manos toman la de su hija y la alejan de la herida – Un héroe es más que alguien que golpea a los malos, un héroe es el escudo de los débiles… ofrecemos nuestro espíritu y nuestro corazón para inspirar pero también nuestros cuerpos, nos dañamos de maneras inimaginables – Con sus ásperas manos y sus nudillos marcados por golpes el hombre encierra la pequeña mano de su hija y la envuelve como un escudo protector – Les cubrimos para que otros no se dañen y no tengan que sufrir –

- ¿No duele? –

- Mucho pero, bueno, es lo que hacemos -

Las manos se abren y quedan una sobre la otra, una mano derecha gigante y forzuda, una izquierda pequeñita y frágil.

- ¿Vas a ponerte hilo? –

Enseguida el hombre tuerce su cabeza - ¿Cómo sabes eso? –

- Pues he visto a mamá cosiéndote por la noche –

Su mirada se escapa hacia el costado, lejos de su hija, contemplando un posible regaño por parte de su esposa quien siempre le pide que arrope a la niña y se asegure de que esté dormida.

- No… se supone que veas eso… -

- ¡Puedo aprender! Así podré ayudarte cuando mamá no pueda y llegues a casa –

El padre se detiene, considerándolo, no realmente pero al menos frente a ella parece que lo hace.

- Te diré qué, pídele a tu madre que te enseñe a coser un muñeco, una vez aprendas bien probaremos conmigo – Propone rápidamente – Y no le digas que dije eso, por favor –

- ¡Sí! ¡Haré lo mejor que pueda! –

Y así termina su recuerdo, había algo con respecto a traer la caja con las herramientas para coser entre ambos mientras se mantenían en silencio para no despertar a la feroz guerrera durmiendo en el cuarto de junto pero Sana no recuerda bien, solo recuerda que terminaron los tres durmiendo en la misma cama y despertando ella primero para quedarse en silencio entre sus padres.

Una noche de otoño con sangre pero una valiosa lección, una que todavía queda en su cabeza.

Lejos de White Thunder, una noche con Tatsushiro, con su padre… recuerdos lejanos que se hacen más borrosos con el pasar de los días.


Capítulo 34: Ojos carmesí


De a poco, una mano en el suelo…

Su pierna duele por las púas, una corona de agujeros y raspones alrededor de su tobillo mancha el calzado debajo cuando se apoya, logra ponerse en dos pies tambaleando hacia atrás hasta dar su espalda contra una superficie metálica que todavía está deformada con su cuerpo por el golpe de hace momentos. Cierra uno de sus ojos cuando una gota cae al mirar hacia arriba, con el único que le queda observa a dos siluetas de espaldas hasta que uno, el fantasma de blanco, voltea para gruñirle e indicarle a su compañero que tienen compañía.

- Oigan – Les habla como puede, falta de aliento, arrastra sus palabras tanto por falta de energía como por la sangre que ha perdido provocándole mareos – Déjenlo en paz-

- ¿O qué? – Alejando su pie del chico inconsciente en el suelo Yari voltea – No estás en posición de nada –

- Voy a matarlos a ambos –

El hombre hace una pausa y da unos pasos más cerca, todavía a varios metros de ella, incapaz de golpearlo Sana apoya sus codos detrás preparada para saltar cuando decida acercarse. Ahora mismo su mentalidad no está en sobrevivir sino en salvar al chico, ellos la quieren, si les molesta lo suficiente entonces lo dejarán en paz y podrá irse cuando despierte.

Escucha reír al de la pistola, apoya una mano en su estómago riendo a carcajadas bajo la lluvia que comienza a detenerse. Al terminar su risa Yari sigue tentado, limpia uno de sus ojos lagrimosos mientras intenta calmarse para hablar adecuadamente.

- A-ah… haha… eres graciosa, te daré eso al menos. Dime ¿Cómo piensas hacer eso? ¿Vas a darme lastima hasta morir? –

Y así se acerca lo suficiente, Sana rebota contra el contenedor metálico y se abalanza sobre él pero ni siquiera es lo suficiente rápida para ello, cae directamente en él, su mano ahorcándola por el cuyo sosteniéndola sin ningún esfuerzo.

- Dime, tengo curiosidad… ¿Qué vas a hacer? –

Su mano aprieta, su rostro está demasiado cerca y Sana aprieta sus dientes con fuerza mientras sus manos agarran débilmente el brazo que la tiene presa para intentar liberarse en vano, ni siquiera tiene fuerzas para forcejear adecuadamente. El cielo ruje sobre ellos anunciando las nubes, algo que ya ha pasado antes por tanto él lo ignora, la morena brilla intentando liberarse, su cuerpo entero envuelto en electricidad y sus propios ojos comenzando a mostrar un leve brillo color blanco también.

Su cabello se mueve con el viento, un viento que no estaba allí antes, uno que culmina cuando logra asestar una fuerte patada que los separa.

Sana cae en el suelo tambaleando hacia atrás y, por mero instinto, estira su mano hacia adelante para atrapar una cadena que se dirige en su dirección a toda velocidad, entonces un ruido ensordecedor les interrumpe.

Detrás la silueta de blanco sale volando varios metros hacia atrás cuando un rayo baja del mismo cielo le golpea de lleno en el pecho, rueda por el suelo como un muñeco de trapo hasta poder reincorporarse con una rodilla en el suelo y gran parte de su traje en llamas. Mira hacia arriba gruñendo tras su máscara, la quemadura en su piel echa humo y su cuerpo entero muestra signos de electricidad estática alrededor, hasta su cadena se ha puesto al rojo vivo con el solo toque del rayo caído del cielo.

- ¡¿Qué carajos fue eso?! – Yari voltea, sus dientes podrían echar chispas de que tan fuerte está apretándolos - ¡Dijeron que no sabía hacer eso! –

Pero Sana está igual de confundida, mirando su propia mano con ojos tan grandes y redondos como platos - ¿Esa fui yo? No podría haber sido… ¿Verdad? - Un murmuro que es más un pensamiento, una pregunta en vano ya que alguien viene en su dirección y no parece muy feliz.

Lo que sea que hizo tiene que volver a hacerlo ahora mismo, un arma frente a ella está lista para volarle los sesos.

Yari se para frente a ella con la pistola en su mano y, sin pensarlo, jala el gatillo.

Click.

Y no responde al llamado de la muerte, Sana habiéndose cubierto el rostro con su mano metálica para evitar una tragedia se destapa lentamente. Ese 'Click' fue el sonido, las campanas que suenan por aquellos que estaban muertos desde que decidieron interferir con algo que no les correspondía.

Un sonido grande, dos pies aterrizan tras los tres, el fantasma blanco no llega a voltear antes de que suceda el horror, un enorme pico blanco le atraviesa la garganta desde atrás de forma brutal manchando la lluvia de un color rojo imposible de ignorar, otro gran pico le sigue abriéndose paso a través de su abdomen y luego sonidos inhumanos de huesos rompiéndose, carne separándose, culminando en dos pedazos de cuerpo siendo enviados volando hacia dos lados distintos.

Así el fantasma de la máscara queda dividido en dos y de donde se paraba amenazantemente sale un muchacho bañado en sangre, sus dos ojos brillan en la oscura noche y su silueta teñida avanza corriendo hacia ellos con un rugido imposible de explicar.

Su rostro no es el de alguien contento, ya no disfruta como cuando eran ellos dos, ahora está buscando sangre literalmente.

- ¡MUERE MALDITO! – Y Yari responde adecuadamente, con temor, apuntando su arma y disparando en vano solo para encontrar que sigue trabada - ¡DIOS NO! –

Caen al suelo ambos, el hombre clavo de espaldas y el chico de blanco sobre él, dos brazos se estiran y se apoyan en su cadera para intentar zafarse pero el solo peso de su cuerpo recubierto irregularmente por marfil es lo suficiente para hacer cualquier intento uno inútil. Sora se detiene, sus hombros caen y su cuerpo entero se baña bajo la luz de la luna, si la lluvia estuviera presente le bañaría la sangre encima pero se ha detenido hace minutos, una de sus manos rasca su rostro limpiando algo del líquido vital pero solo consigue hacer un mayor desastre.

El hombre se alza, el único capaz de hacer algo en un paisaje desolado, intercambia una mirada con Sana quien está paralizada incapaz de moverse de su punto de apoyo que le mantiene de pié.

- Hay gente en este mundo que no merece juicios, no merecen una cárcel con comida y refugio, no merece nada… - Predica asintiendo mientras su mirada carmesí se separa de la morena – Eso quería enseñarte, eso quería probar, creí que estabas preparada para aceptarlo y unirte a mí en mi cruzada por purgar el mundo del cáncer que son este tipo de gente… pero no estas lista –

- Sora, por favor… s-solo seguía ordenes… puedo decirte donde está la Viuda… puedo… S-sora… -

Una voz lejana que él no escucha, sus ojos observan hacia abajo no para ver un hombre sino un mártir, un ejemplo que tiene que dar a la que ha marcado como su aprendiz.

Una víctima de su retorcida ideología.

Sonríe, una mancha de dientes blancos sobre su rostro rojo.

- Lo veo en tus ojos, Arashi, dudas cuando tienes a alguien en frente. Te falta ese instinto asesino, te falta saber qué es lo que se necesita para terminar el trabajo… -

Sana está paralizada porque ve a alguien que conoce bien, la mirada perdida de un alma que no ama nada, alguien que no tiene esperanza ni piedad por los que le han hecho daño, la conoce bien a esa mirada… esos ojos secos y alertas, esas marcas en la comisura de sus labios al sonreír para no llorar, ese puño que se alza con ira.

Le conoce bien, se ha visto muchas veces al espejo… pero ella nunca dejó controlarse por ese deseo, ella nunca quedó sola, siempre tuvo a alguien que la contuviera…

Ella nunca fue así de aterradora.

Una heroína, en eso se convirtió desde que esa otra faceta desapareció de ella, desde entonces en el espejo ve una chica rota que hace lo que puede para arreglarse, pero quien está en frente está lejos de poder ser arreglado. Se parecen tanto y, al mismo tiempo, son tan distintos.

Y así un brazo se alza para dar el veredicto final a una vida llena de pecado.

- ¡SORA! –

Así cae la primera mano, recubierta de marfil, un golpe directo a la mejilla de Yari quien lo recibe a la mitad de un pedido de piedad cortando su propia lengua en el golpe, a ese le sigue uno segundo del otro lado que acomoda su cara hacia arriba y corta su piel en una manera similar a la que ya han sufrido todos los presentes, otro golpe con ira, más fuerte que los dos anteriores logrando que comience a perder la conciencia.

Golpe tras golpe, uno tras otro, seis son una docena y luego quince, quince son veinte y luego veinte son veinticinco en rápida sucesión. Su rostro deja de parecer uno, sus labios dejan de hincharse y pierden su vistoza apariencia, su cabeza se abre desparramando sus contenidos apenas a la docena, el sonido es como el martillo de un carnicero desquitándose sobre una res que ha dejado de responder a su ira desde hace mucho.

Minutos o segundos, no importa, Sana es la única que ve y le parece algo eterno, golpe tras golpe sobre una superficie que ya no es humana, un suelo de carne, dientes, ojos, sesos y huesos rotos.

Así cae la última mano.

El cuerpo fornido y cubierto de cicatrices jadea por cansancio, cincuenta golpes le costó hasta agotarse, cincuenta golpes que han terminado con su ira y su humanidad, cincuenta golpes que han acabado de una manera igual de brutal con la inocencia de una niña que quiere ser heroína.

Y las sirenas les interrumpen sonando en el fondo, el cielo nocturno se pinta de azul y rojo en la distancia mientras el sonido de salvación se aproxima.

El reloj la salva, la hora ha terminado, gracias Shina.

Intercambian una mirada, no hay nada que decir.

Él ha dado su mensaje.

Y con los ojos puestos en un cuerpo brutalizado hasta morir más de diez veces Sana queda allí, en el muelle, boquiabierta, en algún momento alguien la toma de los hombros y la agita, ella le mira pero no le reconoce, probablemente un héroe de la zona.

Sana pierde la conciencia en algún momento, todavía esa imagen grabada en su mente.

Ahora ella sabe que hay que hacerse.


Él ha dado su mensaje, ella continuará sabiendo cual es la verdadera solución, un final carmesí al igual que sus aterradores ojos.

Gracias por leer, disculpen la tardanza de la actualización es que he tenido mucho revuelo empezando el nuevo año, pero ya estoy aquí mas vale tarde que nunca.

¡Feliz 2019!