Esto era, casi literalmente, el infierno. Lo único que faltaba era el fuego y el olor a azufre. Pero la tortura y el diablo estaban ahí, y en persona.
- Kimihiro, me das más? - preguntó Doumeki con la boca llena.
- Acaso no ves que estoy ocupado?!
Desde que habían tenido que fumigar todos los departamentos del piso de Watanuki, se había visto obligado a irse de allí por un par de semanas. Y, aprovechando la oportunidad, Doumeki se lo llevó arrastrando a su hogar.
Pero Watanuki no sabía si era mejor quedarse a tragar el veneno de la fumigación o si esto. Probablemente el veneno. Porque desde que había llegado, no había hecho más que cocinar, limpiar, barrer, ayudar a Doumeki, y demás tareas domésticas (nada que no hiciera en la tienda de Yuuko). Y, entre su trabajo y esto, estaba a punto de morir del cansancio.
- Te ves molesto. Pasa algo?
- Claro que pasa algo, baka! Desde que llegué aquí no hago otra cosa que hacer de tu esclavo!
- Pensé que te gustaba el quehacer… Ya sabes, como te sale tan bien…
- No! Jamás! Y desde cuando significa que a uno le salgan bien las cosas también significa que le gusta?! - Watanuki estaba a punto de asesinar a su amante.
Doumeki estuvo pensante unos segundos.
- Bueno, por ejemplo: a mi me gusta cuando tenemos relaciones y, por la forma en la que gimes y que clamas por más, yo diría que me sale bastante bien. - se cruzó de brazos y lo miró con superioridad.
Lo única pregunta que le vino a la mente a Watanuki fue de cuántos años sería la condena por asesinato.
N/A: hagamos un trato. Ustedes dejan reviews, yo sigo escribiendo. No dejan reviews, más tardo en escribir (o bien no escribo). Necesito motivación...
Que les parece:)
