Cap. 36
Suerte
El blanco vapor que emitía la locomotora se alzó en el aire mientras las voces del júbilo paterno llenaban el ambiente.
Los rostros de niños, adolescentes y recientes adultos asomaban por las ventanillas saludando eufóricos a quienes habían venido a recogerles.
Los estudiantes saltaban del tren a los brazos abiertos de sus padres, llenando aquél lugar de la alegría más pura y etérea que pudiera conocerse.
- ¡Hermione, Hermione!
- ¡Mamá!
La joven Gryffindor corrió en dirección a su madre y la abrazó con fuerza. La mujer sonreía ampliamente mientras estrechaba en sus brazos a su adorada hija.
- ¿Y para mi no hay abrazos?
- Papá.
Dijo ella con una sonrisa radiante en sus labios mientras se colgaba del cuello de su padre, el cual la sostuvo de la cintura y comenzó a dar vueltas con ella, haciéndola reír.
- ¡Hermione, oye, Hermione!
- Ah, ¡Luna!
La rubia sonrió felizmente mientras llegaba tan ligera y campante como si caminara sobre las nubes, mientras detrás de ella venía Neville, teniendo problemas con los baúles de ambos.
- Papá, mamá, quiero presentarles a una amiga mía. Luna Lovegood.
- Encantados. Mi nombre es Heather.
- Y yo soy Tom Granger, mucho gusto.
- El placer es mío, señores Granger.
La madre de Hermione observó atentamente a aquella jovencita de quien su hija tanto le hubiera hablado en sus cartas. Era casi imposible de pensar que aquella radiante muchacha verdaderamente hubiera pasado por todos los horrores que le habían dicho.
Los ojos azules de Luna se clavaron en los melados de la mujer, y esbozó una sonrisa.
- No se preocupe por mi señora, estoy totalmente recuperada. Tuve ayuda de alguien a quien quiero mucho, y también de Neville, mire, él es Neville, vamos a casarnos el año que viene.
El muchacho rió avergonzado y saludó amablemente a los padres de Hermione, en tanto la señora Heather sentía que se ruborizaba.
Cuando la pareja se hubo marchado y la Orden comenzaba a reunirse en torno a Harry, la señora Granger tomó a su hija del hombro.
- Que vergüenza con tu amiga.
- ¿Por qué?
- No se como supo lo que estaba pensando.
- No te apures, así es Luna.
- ¡Hermione, acércate! Y que tus padres vengan también.
La castaña se giró para tomar la mano de su madre, junto a la cual corrió hacia Moody, el cual golpeaba el suelo insistentemente con su bastón esperando a que la familia de la joven se acercara.
- No puedo darles mucha información por que sería peligroso.
- Ay por Dios Ojoloco, tu ves peligro en todas partes.
- Si no fuera así…
- No empiecen a discutir.
Los atajó Lupin luciendo fastidiado de las riñas de esos dos, y Moody resopló enfadado, mientras Tonks se cruzaba cómodamente de brazos y le sacaba la lengua a su querido mentor.
- Nos vamos todos juntos ahora mismo, Harry muchacho, tu llevarás escolta para volver a tu casa junto con tus tíos.
- Que sorpresa.
Moody torció la boca, fingiendo que no había escuchado nada.
- Muchacha, tus padres han tenido vigilancia por que Dumbledore lo creía necesario, y ha acertado, los llevaremos a su casa y luego al cuartel.
- Espere, espere, ¿De qué está hablando?
- Quiero que lleguen a su casa, empaquen lo más indispensable y vengan con nosotros.
- Quedarse en su casa sería suicidio.
- Pero… ¿Y nuestros trabajos?
- Si valoran mas sus trabajos que su vida por mi no hay problema en que se queden en su casa, para mi es menos trabajo.
Los Granger le miraron ofendidos, mientras Hermione emitía una risita nerviosa.
- Ahora, escúchame muchacha.
La Gryffindor giró sus melados orbes a Moody.
- Dumbledore ha asignado la seguridad de tu familia a alguien que yo no conocía, pero dice que es excelente.
- A-Alguien que usted…
- Me lo dijo en persona y en su despacho. Y según he escuchado sobre tu forma de pensar, si Dumbledore lo dice, debe se por alguna razón. Si confías en Albus, confiarás en este tipo tu seguridad y la de tus padres. Yo no confío en él.
- Tú no confías en nadie Moody.
- Y menos si ese alguien llega tarde.
- Había mucho tráfico.
Susurró una voz ronca detrás de ellos.
Los aurores ahí presentes se movieron rápidamente cubriendo a los estudiantes a sus espaldas, mientras el recién llegado levantaba las manos en son de paz.
- Soy el guardián de la señorita Granger. El enviado de Dumbledore.
- Hum…
- Vaya Ojoloco, te caía mal sin conocerlo, y ahora que ves que el tipo es muy guapo te cae peor, ¿Verdad?
- Tú no te metas Nymphadora.
La joven metamorfobruja rió ante su propio chiste, mientras los ahí presentes escudriñaban al hombre ahí presente.
La señora Granger se giró hacia su hija para decirle algo, pero se quedó en silencio cuando observó la expresión en el rostro de su pequeña. Una expresión que nunca antes le había visto, pero que podía descifrar a la perfección.
- ¿A que edad comenzaron a gustarle los caramelos de limón a Albus?
Preguntó amablemente Lupin, y el desconocido se cruzó de brazos.
- Desde su nacimiento. El mismo afirma que nació el día que probó por primera vez un caramelo de limón.
- Es él. ¿Cuál es tu nombre?
- Alexander.
Hermione sintió que una sonrisa florecía en sus labios mientras contemplaba una versión cerca de diez años mayor del joven con quien fuera a Hogsmeade tiempo atrás, vestido con una camisa negra y chaqueta de cuero del mismo color, además de pantalones de vestir.
Alexander se retiró un mechón de cabello, robándole el aliento sin saber a las féminas presentes y causando un par de bufidos de enfado de parte de los hombres.
Ron se cruzó de brazos.
- ¿Seguro que es de confianza?
- Eso dijo Dumbledore.
- Hump…
El hombre desconocido consultó su reloj.
- Es hora de que nos vayamos, cuiden a Potter y no permitan que nada le ocurra. Granger, venga usted y sus padres por aquí.
Dicho aquello comenzó a retirarse, causando que los miembros de la orden se miraran los unos a los otros.
- Ese tipo me recuerda a Snape.
- Cualquiera diría que fueron a la misma escuela de modales, ¿Cierto?
Momentos más tarde, Hermione viajaba en el asiento trasero de una camioneta ampliada mágicamente. A sus lados iban sus padres, y a su alrededor ocho miembros de la Orden.
Al volante iba Alexander.
Hermione se mordió el labio mientras lo observaba conducir. Nunca se lo habrían imaginado haciendo aquello. Ya lo había visto montar una escoba, en primer año, y aunque ella no sabía mucho sobre vuelo, había escuchado que volaba bastante bien.
Pero conduciendo una camioneta…
Cerró los ojos y su imaginación la trasladó al asiento del copiloto, a un asiento seguido. Su cabeza recargada contra su pecho y su brazo alrededor de su cuerpo. Sus labios tocando con suavidad su cabeza mientras sonreía.
- ¿Hija? ¿Estás bien?
La joven abrió los ojos y se giró hacia su madre, recapacitando en que un par de lágrimas habían escapado, recorriendo sus mejillas.
- Ah, si. Es solo que… espero que todo salga bien,
Y miró el retrovisor, captando el reflejo del hombre a quien ella amaba.
- Realmente espero que todo se solucione…
Y finalmente suspiró, recordando lo que había ocurrido varios días atrás.
Había ido a la habitación de él, descubriendo que su contraseña continuaba activa, y eso era bastante bueno para ella.
Entró a la estancia del maestro, y no pudo evitar sentirse decepcionada al encontrarla completamente vacía.
Lo buscó en cada rincón, pero él no estaba ahí. Finalmente se sentó en la cama, esperando a que él volviera.
Pero él no volvió cuando hubo pasado una hora… dos… tres…cuatro…Hermione se giró a mirar el reloj en la pared y se dio cuenta de que pasaba de la media noche.
Se preguntó si él había sido llamado por el señor oscuro.
No, no era posible, había revisado el baúl debajo de la cama, y ahí estaba la ropa de mortífago. El estaba en algún otro lugar.
Pero… ¿Y si se equivocaba? ¿Cómo aquella vez cuando creyó que él estaría en una misión y en realidad estaba siendo brutalmente maltratado?
Cerró los ojos con fuerza, y de repente, la puerta se abrió.
Hermione se enderezó de golpe y sonrió cuando observó a su profesor de pociones traspasar el umbral. Estaba intacto.
- Severus…
El no contestó.
Snape se acercó al armario y se comenzó a desvestir, lanzando sus prendas al cesto de la ropa sucia.
La Gryffindor no podía hacer nada más que contemplar aquella belleza masculina surcada de cicatrices, la cual volvía a esconderse poco a poco mientras él se colocaba el pijama.
El hombre se acercó a la cama y abrió las mantas. Hermione se acercó creyendo que él abriría un espacio para ella, pero en lugar de ello, se acostó dándole la espalda.
- ¿Severus?
No hubo respuesta.
- Severus… por favor… perdóname. No era mi intención.
Snape no se movió siquiera, continuó yaciendo de costado con los ojos cerrados.
Hermione se acercó y se acostó a su lado, abrazándolo por la espalda. Al hablar, su voz brotó como un sollozo ahogado apenas entendible.
- ¿Severus?
Pero él nunca la miró.
La joven abrió los ojos sintiéndose deprimida. Para él, era como si no existiera, la ignoraba tan magistralmente que ella solía sentirse invisible cada vez que se lo topaba.
Finalmente arribaron a la casa de los Granger, y Alexander fue el primero en bajar. Sus ojos negros recorrieron aquél lugar que hacía siete años había visto por primera vez, luego miró a la familia dentro de la camioneta e hizo una señal para que se movieran.
Heather bajó primero por el lado derecho seguida de Tom, mientras Hermione abría la puerta a su izquierda, encontrándose con una mano que esperaba para servirle de apoyo y ayudarla a bajar.
Tomó aquella mano de forma vacilante y miró al hombre al que ella amaba.
- Severus, yo…
- Ahora no. Entra y arregla lo que necesites.
La Gryffindor aceptó con la cabeza y se apresuró a seguir a sus padres.
Sin embargo, a pesar de saber que corría peligro en su propio hogar, su corazón no podía evitar bombear con fuerza, en sus labios había una sonrisa que había estado ausente largo tiempo.
Eran las primeras palabras que le dirigía en una semana entera. El había dicho "Ahora no". Eso solo podía significar que después sería.
Tardaron cerca de una hora en preparar todo lo que habrían de llevarse, la Gryffindor tomó un par de valijas y bajó por las escaleras que daban al vestíbulo cuando se escuchó un estruendo.
- ¡AVADA KEDAVRA!
Ella giró sus ojos horrorizados al lugar de donde había provenido el grito.
- ¡SEVERUS!
La casa tembló, y Heather apareció en la puerta, cubriéndose la cabeza con ambos brazos.
- ¡Hermione!
- ¡Aquí estoy mamá!
La mujer abrazó a su hija y cubrió de besos sus cabellos, mientras fuera, se escuchaban potentes detonaciones.
- Por Dios… Por Dios…
- ¡Heather, Hermione!
- ¡Tom! Aquí estamos.
El señor Granger apareció en ese instante y tomó a su esposa e hija por los hombros.
- ¿Se encuentran bien?
- Estamos bien.
En ese momento entró corriendo una de las brujas que les había estado haciendo escolta.
- ¿Ya están listos?
- Ya lo estamos.
- Excelente, ¡Larguémonos de aquí! Hermione, tienes que aparecerte en el cuartel. Recuerda, apareces en el primer escalón de la entrada y…
- ¿Qué?? ¡Yo no me voy sin mis padres!
- ¡Ellos no tienen magia! No pueden aparecerse contigo.
- ¡No, de ninguna manera…!
Pero sus palabras se vieron cortadas cuando se escuchó una tremenda explosión, y una de las ventanas se rompió cuando un mago la atravesó, aparentemente inconsciente.
- ¡Vete Hermione! ¡Vete!
- ¡Pero mamá…!
Un rayo de luz pasó rozándole la cabeza a la Gryffindor, la cual apenas y alcanzó a agacharse, giró el rostro y observó a un mortífago que se encontraba de pié en medio de la sala.
- ¡Por Dios, no!
En ese instante, un hechizo deslumbró la habitación, y Alexander entró llevando la varita en alto.
- ¿Continúas aquí??
- ¡Mis padres! No me iré sin…
Estaba comenzando a ponerse histérica, por lo que Snape tomó su rostro entre sus manos.
- Yo cuidaré de tus padres, ¿De acuerdo? Los llevaré contigo sanos y salvos.
Hermione se mordió los labios y finalmente aceptó con la cabeza, giró el rostro a sus padres, los cuales sonrieron.
Un momento más tarde, la joven desapareció.
Algunas horas mas tarde, Tonks se encontraba a un lado de Hermione sosteniéndola de los hombros mientras lloraba desconsolada.
- Van a llegar, ¿De acuerdo? Te prometo que van a llegar.
- No debí dejarlos solos… como pude…
- Oye, dijiste que ese hombre te prometió traerlos, él tiene la confianza de Dumbledore, seguro que no fallará.
Mientras aquello ocurría, la señora Weasley observaba a Hermione con creciente angustia, para luego girarse a su hijo Bill, el cual estaba sentado repasando algunos planos.
- Bill, cariño, ¿No deberías ir por Ron?
- ¿Perdón mamá?
- Hermione necesita de alguien que la ayude querido, y Ron es su amigo, creo que él sería excelente para consolarla.
El muchacho pelirrojo bajó la mirada.
Los ojos de su madre chispeaban, señal inequívoca de que en sus intenciones no había ni pizca de que Ron consolara a Hermione, sino que buscaba que ambos se juntaran un poco más, y construir ella misma las bases para que en un futuro no lejano, la joven de ojos melados se convirtiera en la próxima Señora Weasley.
Bill suspiró, ya que al parecer, él era el único que conocía la historia de su hermano menor, de cómo se había echo novio de Hermione y habían terminado. Y aunque no se lo hubiera dicho, sabía que la joven lo había botado por alguien más.
- No creo que se necesite mamá. En serio.
- ¡Pero Hermione está tan triste!
Dijo la mujer mientras entrelazaba las manos, seguramente soñando despierta con el día en que su hijo menor sentara cabeza con aquella hermosa chica.
- Ya, déjalo.
- Si Molly, déjalo así.
- ¡Pero Remus!
El antiguo profesor de defensa contra las artes oscuras entró en la cocina y se sentó con aire cansado.
- Hermione no necesita más que a sus padres, y esperemos que ellos puedan llegar.
- No lo se, ese hombre no era de mi confianza.
Dijo la mujer con un tono bastante cortante que hizo reír a Bill, ya que este conocía demasiado a su madre como para no darse cuenta de que ella estaba celosa de que alguien tan bien parecido hubiera llamado la atención de Hermione.
La puerta se abrió lentamente, y apareció en ese momento Tom Granger llevando del brazo a su esposa.
- ¡MAMÁ, PAPÁ!
Hermione no pudo contenerse más y saltó a los brazos abiertos de sus padres, llorando de la felicidad más pura.
- Hija, hija, tranquila.
- ¿Se encuentran bien? ¡Les ha ocurrido algo??
- Un poco mallugados, pero estamos bien.
La joven les soltó para que los revisaran que no hubiese ninguna herida grave, un par de raspones parecían ser lo peor en el caso de su madre, y su padre tenía una herida en la cabeza.
Los magos y brujas que les habían escoltado se derrumbaron contra las paredes, fatigados pero sonrientes.
- Donde… ¿Dónde está?
Hermione miró en todas direcciones apretándose las manos, hasta que finalmente, sus ojos encontraron la figura amada.
Alexander se apoyó en la pared sosteniéndose el brazo, el cual sangraba profusamente, mientras su cuerpo se convulsionaba dolorosamente.
- Sev-e-ñor… Alexander…
Los ojos negros de él se elevaron lentamente hasta encontrar los de ella, y sus labios se curvearon en una breve sonrisa.
- ¡Alexander!
Los miembros de la orden se sintieron extrañados cuando ella corrió para refugiarse en los brazos de él, provocándole una mueca de dolor al lastimarle las ya de por si laceradas costillas.
- Gracias… gracias…
- Si, ya, ya puede soltarme.
Hermione negó con la cabeza mientras se aferraba más a él. Lo sintió estremecerse, y quiso creer con todas sus fuerzas que él temblaba por esa cercanía que hacía tiempo que no habían tenido.
Sin embargo, todo se volvió repentinamente silencioso.
Sirius se enderezó del barandal de la escalera donde se había apoyado.
- ¿Snivellius?
La Gryffindor se congeló. Levantó su mirada poco a poco, y se encontró con un rostro completamente conocido, en unos brazos conocidos, y en medio de un cuarto lleno de mirones.
- P-profesor…
- ¿Podría soltarme… Granger?
Ella así lo hizo, contra su voluntad, para finalmente bajar la mirada apenada.
- Lo siento, profesor.
- Si… no se preocupe. Sus padres están a salvo. Yo me marcho.
- Pero sus heridas.
- No se apure por ellas.
Dijo él de manera seca, dándose la vuelta y saliendo de la casa, cerrando la puerta tras de si.
- Vaya Lunático, ¿A ti te comentaron que era Snivellis?
- Ni una palabra, y no le llames de esa manera.
- Ah Hermione, no te quedes ahí asustada. Ya sabes donde está el baño, ve a lavarte con desinfectante cuanto antes.
La Gryffindor apretó los puños enfadada ante los absurdos comentarios de Sirius, y se acercó a sus padres, los cuales estaban siendo revisados por la señora Weasley.
Inconsciente de lo que la mujer que atendía a su marido deseaba, Heather sonrió.
- ¿Tom?
- ¿Si?
- Creo que nuestra niña está enamorada.
Los ojos de Molly se estrecharon para mirar a Hermione, y finalmente observó la puerta por la que había salido Snape.
Aquella noche, Ron se encontraba solo en la habitación que el año pasado compartiera con Harry. Tenía muchas cosas que pensar, y agradecía que Pig estuviera profundamente dormida, por que de otra forma, lo volverían loco.
Alguien tocó suavemente a la puerta, y tras escuchar que Ron le permitía pesar, entró.
- Hola Ronnie.
- Hola Bill.
Se escucharon dos tronadores estampidos, y de la nada se materializaron Fred y George, cada uno a un lado de su hermanito menor.
- ¡Si, hola Ronnie!
- ¡Como se encuentra Ronnie-poh!
- Vamos muchachos, no le digan así.
- ¡No seas aguafiestas Bill!
- ¡Si Bill! ¿Por qué tu le puedes decir y nosotros no?
- Por que ustedes son unos pesados.
- ¡Oye nos hemos puesto…
- …en una dieta rigurosa!
Bill suspiró derrotado y se sentó en la cama con sus hermanos, mientras Ron se enderezaba.
- ¿Y de qué vamos a hablar?
- ¿De chicas?
- Adoro las chicas.
- Pero ellas no te adoran a ti.
- A ti te va igual.
- Lo cual es bastante triste.
- Pero aun así lo intentamos.
- Todos los días.
- Haga sol.
- O haga sombra.
- Si llueve.
- O está nevando.
- Ya, ya, cállense los dos.
- ¿Ves eso Ronnie? Billy quiere callarnos.
- Privilegio del hermano mayor. Ahora cierren la boca.
Los gemelos rieron y se llevaron un par de dedos a los labios, haciendo el ademán de cerrarlos con un cierre.
- Si se van a quedar, se van a comportar con seriedad, ¿De acuerdo?
- Nos comportaremos con Seriedad.
- En cuanto nos la hayas presentado.
- ¿Es alguna prima de Sirius?
Bill les observó torciendo la boca, y ambos jóvenes se rieron.
- Ya, ya, de acuerdo hermano.
- Nos portaremos bien.
Ron les observó largamente y continuó con su contemplación del techo.
- ¿Y bien Ron? ¿Qué ocurre con Hermione?
- ¿Hermione?
- ¿Nuestra Hermione?
- No estás intentando ligártela, ¿Cierto?
- Aspiras muy alto.
- Muy bonita.
- Muy inteligente.
- Mucha mujer.
- Mucha carne.
- ¡Para ti!
Concluyeron ambos al mismo tiempo con tono burlón, y ambos recibieron un manazo del mayor.
- Prometieron comportarse.
- Teníamos los dedos cruzados.
Dijo Fred con una sonrisa mientras George alzaba sus dedos cruzados y los balanceaba alegremente.
- Ya hermanito, ¿Qué pasa con Herms?
Ron se quedó callado, y sus hermanos, como cosa milagrosa, respetaron su silencio.
- Ustedes no lo saben pero… ella y yo fuimos novios durante el año.
- ¡QUE!
- ¡Imposible!
- ¡Demencial!
- ¿Hermione te besó?
- ¡Pobre chica!
- Pero cortamos.
- ¿Qué qué??
El mas joven de los pelirrojos se encogió de hombros con tristeza.
- Me mandó a volar. Dijo que estaba enamorada de alguien más.
- ¡No puede ser!
- Nos estás mintiendo.
- ¿Rechazó a un galanazo como tu?
- Por un tipejo que no vale la pena.
- Sabía que Hermione y Harry iban a terminar juntos.
Añadió George con una sonrisa, mientras Fred aceptaba enérgicamente con la cabeza.
- ¿Y por eso andas depre?
- Pobre de nuestro Ronnie, le dañaron su corazoncito.
- Pero aquí tienes a tus hermanitos para cuidarte.
- ¿Cierto George?
- Cierto Fred.
- Si claro, y a Bill déjenle a un lado, ¿Cierto?
- Ten tu propio gemelo, hermanote.
Bill rió y se le echó encima a los gemelos, los cuales empezaron a reír a carcajadas. Ron tomó su almohada y se la lanzó en la cabeza a sus hermanos.
Pronto, todos estaban trenzados en una descomunal guerra.
Sin embargo, ellos no eran más que jóvenes adultos, y aquello no era una misión de la Orden como para colocar hechizos de protección.
Al otro lado de la puerta, Molly Weasley apretó con fuerza un pañuelo que llevaba en las manos.
En el vestíbulo, escuchó que Arthur la llamaba, por lo que dio media vuelta y fingió una jovialidad que no sentía, sin embargo, mientras bajaba las escaleras, Hermione y Ginny las subían.
- Buenas noches mamá.
- Buenas noches señora Weasley.
- Buenas noches Ginny.
Respondió de manera seca la mujer y se marchó con la cabeza en alto. Hermione miró a su amiga con una ceja arqueada, y esta se encogió de hombros igual de confundida que su compañera.
Poco tiempo más tarde, Severus se encontraba en la enfermería de Hogwarts siendo atendido por madame Pomfrey, en tanto Dumbledore escuchaba atentamente los pormenores de aquella misión.
- Esos tipos están locos.
- La demencia siempre ha sido una de las principales cualidades de los seguidores de Voldemort.
- Vaya, gracias que amable.
Inquirió Snape con sorna, haciendo sonreír a Albus.
- Son heridas menores Severus, para mañana estarás perfectamente. Pero, me gustaría que le permitieras a Poppy revisarte, por que tu sabes… bueno, en tu estado… aunque, me dijiste que te hiciste algunas pruebas, y no me dijiste los resultados, yo supongo… bueno.
- Lo que haya descubierto no te incumbe.
- Por favor Severus.
- No te voy a decir nada, insiste toda la maldita noche resignado a uno escuchar ni jota o cállate de una vez.
Dijo el profesor de manera tajante mientras se arreglaba la ropa, la enfermera observó un momento a Severus, el cual se revolvió incómodo al sentir esa mirada de lástima que estaba recibiendo, igualmente pudo ver cuando ella se giró a mirarle el vientre, suspirando con preocupación.
- De acuerdo, no me digas nada… pero… si realmente estás esperando a una criatura, hazme un favor y cuídate.
- No he tenido cuidado alguno en siete meses ¿Y me sales con estupideces ahora?
- ¿Eso quiere decir que realmente estás embarazado?
- Interprétalo como se te pegue la gana.
Dumbledore se retorció los dedos nervioso, observando atentamente a su profesor de pociones.
- En este tiempo ha dado… ¿Señales? ¿Ha pateado? ¿O…?
Snape se giró a mirarle verdaderamente encolerizado, ya que no deseaba discutir con el director asuntos que no eran de su incumbencia. Albus se mordió la lengua para no continuar y se giró a la enfermera, la cual terminaba de guardar sus artículos de curación.
- Poppy, ¿Podría pedirte que nos dejes solos un momento?
Madame Pomfrey observó extrañada al director, pero al final aceptó con la cabeza y se retiró, cerrando la puerta detrás de ella.
Ninguno de los hombres decían nada. Severus terminaba de abrochar los botones de su saco, mientras Albus desenvolvía un caramelo de limón.
- ¿Qué es lo que quieres?
- ¿Te has enojado con ella?
Snape giró el rostro, obviamente molesto.
- Por esto precisamente no quería que te enteraras. No tardarías nada en meterte en mis asuntos privados.
- Tu felicidad me interesa.
- Si tanto te interesara, me dejarías en paz.
Dumbledore sonrió.
- ¿Por eso te has enojado con ella? ¿Por qué gracias a ella me enteré de todo lo que estaba ocurriendo?
Severus sabía que no tenía que contestar la pregunta, por que ambos conocían de antemano la respuesta.
- Mi querido muchacho, junta tus manos.
- ¿Qué planeas?
- Solo hazlo, por favor.
El hombre resopló con fastidio y unió sus manos, como si fueran un cuenco.
- Dime, ¿A que huelen tus manos?
Snape iba a rebatir sobre lo estúpido que era aquello, pero al final decidió que era más fácil obedecer las locuras del viejo que tratar de resistirse.
- A nada.
- ¿Estás seguro?
- Si.
- Hazlo de nuevo.
El jefe de la casa de Slythering suspiró haciendo acopio a toda su paciencia y aspiró la piel de sus manos.
No encontró nada.
Lo hizo de nuevo, y volvió a encontrarse con lo mismo. Sin embargo, de algún lugar en su mente acudió el recuerdo de una piel lozana y suave bajo sus palmas.
Aspiró profundamente… y encontró impregnado en su piel el dulce aroma que emanaba de ella.
Abrió los ojos, sin saber exactamente cuando los había cerrado.
- Dime, Severus… ¿Qué has encontrado?
- A… ella.
Dumbledore sonrió y palmeó el hombro de su protegido.
- Tienes suerte de estar vivo entonces.
Y tras aquellas palabras, se marchó de la enfermería.
TBC…
Hola!!
Si, lo se, lo se, me desaparecí días enteros y ustedes amenazaron con tomar rehenes si yo no publicaba, ¡No fue mi culpa, en serio! Pero es un cuento demasiado largo como para ponérselos aquí, así que si se quieren enterar, pueden ir a mi profile.
Por cierto, los nombres de Heather y Tom Granger los saqué de la película de La cámara secreta. ¿Recuerdan que hay una escena donde aparecen el señor y la señora Granger hablando con Arthur? Pues investigué en los créditos y el nombre de los actores son Tom Knigth y Heather Bleasdale.
Pues bien, espero que les gustara el capi. IMPORTANTE. Este capítulo, y los dos siguientes son un poquito como de relleno, para preparar el terreno de lo que va a venir después, ¿De acuerdo? Así que no se me desesperen si no es muy interesante lo que se viene.
La misma tortura que no me dejó publicar me impidió responder reviews, así que no me queda más que agradecer por todo su apoyo a:
Tzinamii, DarkReginaB19, Dinharj, Ginebra216, Eileen Prince Snape, Siriela, Liade Snape de Black, Miss bella Cullen, Wixi, Usaky, AdrianaSnapeHouse, Simon Fuchi Notori, Lady Celestial Destinity Mar, Dany Snape, Cleoru Misumi, Jos Black, Rochi True, Nausica, Princess Fa, Adrel, Balck Angel, Cissy Blackfoy, Julia Cesar, Iliandra, Natt Malfoy, Maldita Pelirroja, Lolailongs, Lupina Black, Belitsnape, Rasaaabe, Lunnaris, Miau Black Snape, Mari Severus, Kambrin Potter, Severus Lady, Nitzia y Tenshi of Valaha.
Muchìsimas gracias!!! Y Miss Bella Cullen, ¡Un beso! Gracias por hacerle caso a Balck Angel!!
¡Pues bueno! Ahí nos vemos, un beso!
Lady Grayson
