Hace más de una hora que cambiaba de canal buscando algo para ver, pero fuera del fútbol americano y las noticias no había nada más. No soportaba saber que todos lo buscaban ¿para qué? Si realmente no valía la pena encontrarlo, porque no lo podrían encerrar por ninguno de los cargos que se le acusaba.

-¿Realmente te sientes tan seguro como para estar viendo tele?-dijo Karofsky apagando el aparato.

-Sí-dijo James tomando su vaso con whisky-¿Tú no?

-No-dijo seriamente y viendo como el pelinegro encendía la pantalla con el mando-Te acusan de mal padre, intento de homicidio, secuestro-comenzó a enumerar el futbolista.

-Nada de eso me perjudica.

-¿No?-preguntó extrañado y sentándose junto al adulto en el sillón.

-Primero que nada yo no tengo hijos.

-Pero Blaine…

-Él no es mi hijo, lleva mi apellido porque mi hermano lo adoptó y él murió a los pocos días de haberlo recibido, así que me lo entregaron a mí.

-¿Y por qué dicen que es tu hijo?- no podía creer eso, y tampoco dudaba de que James hubiese asesinado a su hermano.

-Lleva mi apellido, es lógico que incluso Blaine crea que yo lo adopté. No existen papeles que lo prueben ni nada, así que eso está en orden-dijo con una enorme sonrisa.

-¿Cómo te salvas de lo demás?-dijo alzando una ceja e intentando comprender la mente de ese tipo.

-Intento de homicidio, yo no he tocado a nadie-dijo con una sonrisa-Ese fue Thad Harwood, a él deben enjuiciarlo por intentar matar a Burt Hummel.

-Tú le diste lo necesario para hacerlo.

-No-dijo con una sonrisa-Eso no lo pueden probar.

-¿Y el secuestro?

-A menos que yo me inculpe-dijo levantándose de su lugar para serviste más whisky-es imposible que me arresten, porque Kurt Hummel fue secuestrado por Blaine, no por mí y no hay forma de que crean que fui yo, porque el único al que vio Kurt en todo ese tiempo fue a…

-Blaine-susurró Karofsky sorprendido-Entonces-lo miró extrañado, no entendía qué seguía, no sabía qué podía estar pensando ahora James Anderson.

-Vamos por la segunda fase del plan. Thad ya está listo, pero necesito saber si tú serás capaz de completar tu parte.

-¿Qué tengo que hacer?-dijo poniéndose de pie y mirándolo de frente.

-Lo de siempre-dijo con una sonrisa James-Tienes que estar con Kurt Hummel, porque ¿quién va a confiar en Blaine el secuestrador?

-Nadie-susurró el futbolista comenzando a sonreír.

-En cambio todo es distinto cuando el que rescató a Kurt Hummel es David Karofsky, el que lo trajo de vuelta a casa, sano y salvo e intenta redimir sus culpas-dijo con una sonrisa y terminando de una vez su trago.

-¿Qué debo hacer con los Hummel?-dijo con una amplia sonrisa.

-Elimínalos o haz lo que se te plazca-dijo con una sonrisa-Sé creativo y entra en esa familia, haz que te tengan confianza y luego…-dijo esperando que el futbolista terminara la frase, pero el muchacho estaba demasiado pensativo para hacerlo-No sabrán lo que les pasó.

-¿A qué hora vendrá Harwood?-dijo casi en un susurro.

-No te preocupes por él, pronto estará aquí-dijo seriamente-Y me traerá las armas que necesitamos para continuar-dijo sonriente.

-Muy bien-dijo caminando en dirección a la puerta-Por cierto-dijo deteniéndose en su lugar y sin mirarlo-Los chicos de Dalton buscan hacerte desaparecer.

-Que lo intenten-dijo con una sonrisa-No lograran nada, si hay dos de ellos que los están traicionando de forma encubierta, mientras hay uno al que creen malvado por completo-dijo haciendo clara referencia a Thad.

-¿Quiénes son los otros dos?-dijo sorprendido el futbolista.

-Sue tiene razón-dijo con una sonrisa y negando con la cabeza-Te falta cerebro ¿no es obvio?-dijo sonriente y volvió a sentarse en el sillón a ver televisión.

Esa era su suerte. No había podido ayudar a buscar a Kurt durante los últimos días que estuvo desaparecido y mucho menos darle un abrazo como correspondía cuando volvió. Se odiaba por haber sido un salvaje. Él mejor que nadie sabía que estaba condicionado por la ley, y no se le ocurrió nada mejor que golpear a Karofsky en la vía pública, así que se encontraba en prisión nuevamente.

-¿Dónde quieres el tatuaje, nena?-dijo su compañero de celda.

-¿Tatuaje?-susurró levantándose de su cama y retrocediendo hasta los barrotes que estaban como puerta.

-Así es, unas mariposas se te verán bien-dijo sonriente y acercando una aguja con tinta al brazo de Noah.

-No, gracias-dijo bajando las mangas naranjas.

-¿No?-dijo con una sonrisa el hombre que debía medir un metro más que Puck.

-No…-lo miró asustado-no en el brazo-dijo sintiéndose listo por un momento-si quieres en el pie o…

-¿Sobre tu amiguito?-dijo apuntando a su entrepierna.

-No-dijo asustado-Ahí no Soter ¿sino cómo voy a satisfacer a mi novio cuando salga de aquí?-dijo con una mueca.

-Es cierto-dijo pensativo-¿La espalda?

-La espalda-susurró resignado.

-No me habías dicho que tenías novio-dijo sorprendido y tomando por el brazo al muchacho para sentarlo sobre una silla que tenían ahí.

-Y tú no me habías dicho que eras idiota-murmuró entre dientes.

-¿Qué?-dijo alzando la vista y mirándolo extrañado.

-Que prefiero que me hagas una jota-dijo nervioso.

-¿Jota?-dijo alzando una ceja extrañado.

-Por el apellido de mi novio-dijo con una sonrisa, se había inventado un novio, porque sabía que ese tipo tenía una extraña obsesión con los gays, pero aún no lograba descubrir si era o no.

-¿Cuál es? Porque puedo escribir su nombre completo en tu espalda.

-No le gustaría-dijo aparentando seriedad-Es muy reservado con nuestra relación y a su familia no le gustan este tipo de cosas.

-Ya veo-dijo deteniéndose en su trabajo-Será mejor no marcarte entonces.

-¿Marcarme?

-¿No sabes de las marcas?-dijo con una sonrisa despiadada.

-¡Duchas!-se escuchó un gritó desde otra celda.

-Es hora-dijo el hombre con una sonrisa.

-¿Hora de qué?-susurró Noah asustado, no quería ni imaginar.

-La iniciación de los novatos.

-Yo no soy novato, esta es la…

-Segunda vez que estás aquí, lo sabemos-dijo con una sonrisa-Y por eso verás como el resto se inicia, porque si lograba marcarte tú serías el primero.

-¿Primero en qué?-dijo saliendo de la celda junto a su compañero-¡Hey!-gritó volteando a ver a un muchacho mayor que él, le había pellizcado el trasero.

-Él no-dijo Soter seriamente-No está marcado, y no lo va a estar-dijo pasando un brazo por sobre los hombros de Noah.

-Ya te lo follaste-dijo bufando y caminando delante de ellos.

-¿Eso es bueno?-dijo Puck asustado, no podía creer en los líos que se había metido y todo por golpear a Karofsky.

-Mejor de lo que crees-dijo guiñándole un ojo. Noah respiró asustado, no podía creer que aún no se cumpliera un mes y ya se quería ir, ya que su condena era de un año y cinco días y aún no pasaba ni una parte de eso.

Odiaba a Karofsky por dos razones, una por haberlo regresado a ese sitio y segundo por golpear a Kurt durante tanto tiempo. Él había intentado protegerlo, pero le había resultado casi imposible, porque la mayoría de las veces no estaba en el lugar donde eran cometidos los abusos y casi nunca los presenciaba, las veces que lo hacía se metía en problemas y resultaba más maltrecho de lo que podía esperar. Así que no era una garantía que él se involucrara en las "batallas" que debía librar Kurt. Pero eso era sólo una pequeña parte de su historia con el castaño, porque nadie conocía el secreto que ambos guardaban.

Se sentía feliz de poder observar esa habitación y ver que todo estaba perfectamente ordenado, le encantaba como lucía la nueva decoración y que al fin hubiese podido poner todas sus cosas en ese lugar, porque realmente añoraba tener un sitio que fuese de él y que no lo espantara. Ya que de solo pensar en la habitación que tenía en la casa de su padre le daban escalofríos, las razones eran simples, era igual a donde estuvo encerrado durante 74 días, porque el número 75 él estaba fuera de esa casa, pero aún no había llegado junto a su padre.

Salió de ahí con una sonrisa. Caminó tranquilamente por el pasillo hasta la cocina, una vez ahí se sirvió un té y escuchó algunas risas acercándose, se quedó en su lugar y pudo observar a sus tías entrando a la cocina. Sí, se había ido a vivir a otra parte. Ahora vivía con su tía Jenny, hermana de su madre y con su pareja, Andrea.

-Hola-susurró Kurt mirándolas con una leve sonrisa.

-¿Ya desempacaste?-preguntó su tía caminando hasta el refrigerador y abriéndolo para sacar una lata de bebida.

-¿Cuándo vas a ver que las calorías de esa lata te están matando?-dijo Andrea arrebatándole el refresco y devolviéndolo al refrigerador.

-El día en que me dejes tomar una-dijo con los brazos en su cintura y bufó molesta-Espero que no tengas inconvenientes con el té-dijo sacando una taza de la despensa y se sirvió un poco de agua para luego poner una bolsa de té.

-No, eso está bien-dijo con una sonrisa de victoria-¿Cierto, Kurt?-volteó a verlo.

-No puedo decir nada, sino no tendré regalo de cumpleaños ni de Navidad-dijo caminando hacia afuera.

-Exacto-dijo con una sonrisa de triunfo Jenny y siguió a su sobrino, quien se había ido de vuelta a su habitación.

Una vez ahí pudo ver como miraba por la ventana con detención. Se le acercó y observó lo mismo que él. Esa era la ciudad de Nueva York, un mundo libre para los que decidían tener parejas del mismo sexo y que añoraban hacer sus sueños realidad, una buena forma de iniciar una vida si se quería borrar el pasado.

-¿Cómo te sientes?

-Mejor, mejor que hace tres semanas-puntualizó bajando la mirada.

-Pero…-dijo caminando hasta la cama y sentándose en ella.

-Extraño a papá, Carole y Finn, son mi familia-susurró presionando la taza en sus manos.

-Lo sé-susurró su tía-Pero estarás mejor aquí, al menos hasta que Burt encuentre una casa nueva para ti-dijo con una sonrisa-Porque después de todo lo que pasaste es imposible pensar que te puedas acostumbrar al lugar en donde estuviste encerrado.

-No quiero volver a Lima-murmuró mirando por la ventana-Me gusta Nueva York.

-No-dijo Andrea entrando al lugar-A ti lo que te gustan son los chicos que hay en Nueva York y que te han pedido el teléfono cada vez que salimos.

-Eso no…-dijo sonrojándose levemente.

-No somos ciegas y notamos las veces que se te han insinuado o que te has apartado de nosotras cuando hemos ido al centro comercial-dijo apoyada en el marco de la puerta-Dime-dijo con una sonrisa-¿Cuántos teléfonos nuevos tienes en tu celular?

-Yo…-dijo enrojeciendo furiosamente.

-Eso pensé- dijo riendo y salió de ahí.

-Debes estar cansado, será mejor que duermas-dijo su tía levantándose de la cama y caminando a la puerta.

-Gracias-murmuró Kurt cuando ella iba saliendo-Realmente gracias por todo.

-Para eso es la familia-dijo ella deteniéndose-Puedes contar con nosotras, si necesitas algo durante la noche no dudes en pedirlo-dijo con una sonrisa y cerró la puerta.

-Lo haré-susurró volviendo su vista a la ciudad, estaba todo oscuro y las luces predominaban, era una hermosa vista, pero aún se sentía triste. No podía descifrar totalmente el por qué, pero sabía que tenía directa relación con lo ocurrido hace tres semanas, el día en que su padre le dijo que hiciera las maletas porque se iba a vivir con su tía a Nueva York.

Flash Back

-Kurt-lo llamó su padre cuando el castaño estaba en el taller conversando con Rachel.

-Iré a ver a Finn-susurró la pelinegra saliendo del lugar.

-¿Cómo estás?-dijo Burt poniendo una mano en uno de sus hombros.

-Bien-dijo en un suspiro y lo miró a los ojos-Rachel y los chicos quieren salir mañana y desean que los acompañe.

-Puedes ir si quieres.

-No quiero-dijo sintiendo como sus ojos se aguaban.

-¿Por qué?

-¿Y si alguien me sigue? ¿Y si me golpean y nadie se da cuenta y me llevan?-dijo sintiendo como temblaba.

-Eso no sucederá.

-¿Por qué no ocurriría?

-Porque las cosas malas no se repiten dos veces-aseguró con una media sonrisa.

-Todo es posible, papá-dijo bajando la mirada.

-Kurt-lo llamó seriamente-Hablé con tu tía Jenny que vive en Nueva York.

-La hermana de mamá-dijo mirándolo con sorpresa-¿Le ocurrió algo?

-No-dijo con una sonrisa-Ella y Andrea están bien, pero quieren que vayas a vivir con ellas un tiempo.

-¿Por qué?-dijo extrañado. Nunca le habían propuesto algo así.

-Kurt-dijo respirando con fuerza-No es normal que duermas en el taller y mucho menos que no quieras salir.

-Ya se me pasará.

-No, sé que no. Tienes que ver a un especialista.

-¿Y qué me trate como un loco? No, gracias-dijo con una ceja alzada.

-Sabía que dirías eso-dijo cansado el mecánico.

-¿Qué planeas?

-Jenny es psicóloga y…-intentaba que esto no lo afectara, pero era imposible-Te hará bien estar con ella y hablar. No te tratará como un loco, te ayudará en todo lo que pueda.

-¿Hablaste con ella?-dijo sintiendo como sus ojos se aguaban.

-Lo sabe todo, incluso ayudó en tu búsqueda poniendo carteles en Nueva York y las ciudades cercanas, realmente el despliegue fue inmenso cuando te buscamos.

-Gracias-susurró bajando la mirada.

-¿Entonces?-dijo con una mueca en el rostro.

-¿Cuándo me voy?-dijo mirándolo atentamente a los ojos.

-Cuando estés listo, ella te espera.

-Haré mi maleta-dijo el castaño nervioso y caminando a la salida del taller.

-¿Entrarás a la casa?-dijo su padre extrañado.

-Le pediré a Rachel, Carole, Tina y Mercedes que se encarguen de todo.

-Te acompaño-lo siguió su padre.

Fin Flash Back

Eso había sido todo. Una conversación había provocado que él se fuera hasta Nueva York y que hace tres semanas no viera a su progenitor, lo extrañaba, pero él había prometido ir a la ciudad el próximo fin de semana. Además, hablaban todos los días por teléfono, eso era mejor que nada. Realmente era mejor que estar encerrado con alguien a quien no conocía.

Miró la hora en el reloj de su velador y pudo notar que pasaban de las 12 de la noche, realmente se había quedado vagando en sus recuerdos más tiempo del necesario, suspiró cansado y dejó la taza que aún estaba en sus manos sobre el escritorio, decidió cambiarse de ropa. En pocos minutos tenía puesto su pijama de seda de dos piezas y de color azul marino. Se iba a acostar, sin hacer su rutina de belleza, porque desde que estaba en Nueva York no la creía necesaria, solo para cuando se levantaba, pero cuando se iba a dormir no lo hacía.

Miró la taza que reposaba en su escritorio y decidió llevarla a la cocina, porque si esperaba hasta el otro día probablemente la olvidaría. La tomó y salió con ella al pasillo, todo estaba oscuro y probablemente Andrea y Jenny dormían. Y como todo el suelo estaba alfombrado él iba descalzo, por ello le costó menos desplazarse hasta la cocina. Cuando entró en ella dejó la taza en el fregadero y se dispuso a salir de ahí, pero notó que alguien más estaba en el lugar.

-¿Quién anda ahí?-dijo a media voz y tomando un cuchillo de un cajón.

-¿Me amenazarás de nuevo con el cuchillo?-escuchó una voz que lo hizo temblar, no podía ser.

-¿Blaine?-dijo en un murmullo y dejó el cuchillo en la encimera.

-¿Quién más sería?-dijo acercándose al castaño y quedando frente a él, para que lo viera y comprobara que su voz no mentía.

Se observaron por unos cuantos segundos y el ojiazul sólo pudo mirarlo nervioso, no sabía qué hacer ¿cómo lo había encontrado? Si él se había encargado de llegar a Nueva York sin que nadie se enterara, de hecho hace una semana había ingresado a una escuela para no perder ese año de estudios.

-Kurt-susurró llevando una mano hasta la mejilla del castaño.

-Blaine-susurró sintiendo la caricia y cerrando los ojos.

-Te extrañé-dijo acercándose un poco más y tomando al ojiazul por la cintura. Kurt sólo lo abrazó y escondió su rostro en el cuello del moreno-¿No preguntarás qué hago aquí?-dijo extrañado y separándolo un poco-¿No preguntarás por qué no estoy en la cárcel o en el psiquiátrico?-dijo frunciendo el ceño.

-¿Para qué?-dijo separándose y mirando el suelo-Seguramente mentirás o inventarás alguna otra fantasía.

-¿Qué?

-Algo como que tu madre abusaba de ti o que tu padre es un ser despiadado-dijo empuñando sus manos.

-Kurt-dijo acercándose a él nuevamente y tomando su rostro con ambas manos-Era necesario, no podía permitir que mi padre te hiciera daño y sólo haciendo lo que él me pidió podía protegerte-dijo desesperado, pero el castaño se apartó y caminó hasta la salida de la cocina.

-Sue me dijo-suspiró con fuerza y cerró los ojos, le daba la espalda a Blaine-Ella dijo que durante esos dos años me viste un par de veces, que jamás me seguiste y que tu padre era el que se encargaba de enviar gente a espiarme. Que nunca tomaste esas fotos y que tu madre te dio en adopción, que tu padre era un malvado, pero aún así seguiste sus ordenes-dijo respirando con fuerza-¿Cómo puedo creer que me extrañaste? ¿Puedo creer acaso que me amaste cuando lo dijiste ese día?-dijo sintiendo como una lágrima bajaba por su rostro.

-Tú dijiste que no me amabas cuando te interrogaron-susurró acercándose al castaño.

-Era para protegerte-dijo mordiendo su labio.

-Protegías a tu familia.

-Y a ti-dijo volteando a verlo-Si decía que te amaba me tomaban por loco por enamorarme del secuestrador-susurró esquivando la mirada del ojimiel-Y todo lo que dijera no sería creíble, dirían que inventé que me tratabas bien porque me enamoré de ti-susurró sintiendo como Blaine tomaba una de sus manos.

-Entonces-dijo con una sonrisa-¿Me protegiste?-solo vio como Kurt afirmaba suavemente con la cabeza y lo abrazó con fuerza, no podía estar separado del castaño por más tiempo, le era imposible.

Estuvieron así por unos segundos hasta que el castaño sintió como las manos del pelinegro se introducían bajo su pijama y acariciaban su espalda. Lo separó suavemente y lo miró a los ojos, como queriendo saber qué se traía entre manos, pero Blaine sólo acercó sus labios a los de él y lo besó con suavidad, a lo que fue correspondido casi al instante.

Sintió como la lengua del ojiazul ingresaba en su boca con rapidez, buscaba más contacto y sus brazos se habían aferrado a su cuello, era increíble la fuerza que tenía Kurt en ese momento, porque en pocos segundos lo tenía contra la pared y desabotonaba su camisa con rapidez.

-¿Me extrañaste?-dijo casi sin aliento el pelinegro, quien no recibió respuesta y sólo pudo sentir como el castaño lo volvía a besar con fuerza. Le sacó la camisa casi de un tirón y acarició su pecho con delicadeza, palpando cada centímetro de piel y poco a poco bajaba por el cuello del moreno, dejando un camino de besos hasta la clavícula que en ese minuto besaba-¿Te entrenaron o algo?-gimió sintiendo como las manos del ojiazul se escabullían hasta su trasero.

-Cállate-dijo en un ronco gemido, a lo que Blaine lo sujetó por el rostro y lo giró, dejándolo contra la pared y apoyándose completamente sobre él.

-No tienes idea de lo que extrañé tu piel-dijo succionando el labio inferior del castaño y desabrochando la parte de arriba del pijama, el que fue lanzado sobre la mesa de la cocina.

-Aquí no-murmuró Kurt sin abrir los ojos y sin separarse del moreno, sentía como el ojimiel tocaba su espalda y a ratos recorría su abdomen con una mano, haciendo círculos en él. Estaba perdiendo la cordura, y antes de que eso sucediera debía llegar a su habitación, porque no quería ni pensar lo que ocurriría si su tía se llegaba a enterar de lo que hacía.

Empujó a Blaine con toda la fuerza que pudo, y ambos respiraban agitados, se miraban con deseo y el solo estar a medio metro de distancia era una tortura. El castaño caminó rápidamente hasta su habitación y antes de que pudiera terminar de abrir la puerta de esta sintió como era empujado con fuerza hacia la cama y la puerta se cerraba de un solo golpe.

-Me vuelves loco-susurró el pelinegro acercándose al ojiazul que lo miraba recostado en la cama.

-¿Sí?-dijo con una sonrisa y observando el torso desnudo de Blaine, quien se acercó y se puso encima del castaño, recorrió con ambas manos los costados del contratenor y sintió como su lengua recorría su pecho llegando a una de sus tetillas-Kurt-murmuró intentando aplacar su gemido, no podía entender de dónde había aprendido a estimular de esa forma, pero eso no importaba ahora, lo único que deseaba es que no se detuviera.

Sintió como las manos del ojiazul bajaban hasta el cinturón de su pantalón y lo desabrochaban con rapidez, al igual que el botón y el cierre se bajó casi por arte de magia, en pocos segundos Kurt acariciaba el miembro de Blaine por sobre la tela de su ropa interior. Y los gemidos del moreno no se hicieron esperar.

-Alto-susurró a penas Blaine-Kurt para-dijo en un gemido ahogado.

-¿Qué…-intentó decir, pero sintió como era empujado a un lado-ocurre?-murmuró viendo a Blaine respirar agitadamente.

Se miraron por algunos segundos, en los que el moreno pudo notar el desconcierto en el rostro del castaño. Realmente quería hacerlo con Kurt, pero se sentía tan inseguro, porque la última vez todo había terminado de forma desastrosa y realmente no estaba preparado para que fuera todo una mentira.

-¿Estás bien?-susurró el ojiazul acercándose a él y tocando su rostro, ambos permanecían sobre la cama.

-Sí-respondió en un hilo de voz.

-Si quieres podemos…-iba a decir, pero el pelinegro puso una mano sobre su boca y lo calló.

-Quiero hacerlo-susurró más tranquilo-Pero no quiero despertar y no verte a mi lado-murmuró con los ojos vidriosos, a lo que el castaño comprendió a qué se refería, apartó la mano que tenía en su boca y lo miró con detención.

-Seguiré aquí cuando despiertes, lo prometo-susurró acariciando sus mejillas.

-¿De verdad?-murmuró con la voz rota.

-Sí-dijo con una sonrisa y lo besó con suavidad, haciendo que Blaine cayera de espaldas a la cama.

El pelinegro bajó sus pantalones y ropa interior, quedando completamente desnudo bajo Kurt, quien bajó los pantalones de su pijama y se apoyó completamente sobre el moreno. Ambos gimieron con fuerza al sentir el roce de sus miembros. Se besaban con ansiedad, pasando sus manos por el cuerpo del otro y gimiendo cada vez más fuerte.

-Te amo-murmuró Blaine separándose un poco para besar el cuello del castaño y marcarlo con fuerza.

-Y yo a ti-gimió Kurt arqueándose un poco al sentir como su miembro estaba completamente excitado, al igual que el de Blaine.

El castaño se sentó sobre los muslos del pelinegro y acarició con ambas mano el torso del ojimiel, quien gimió al sentirlo de esa forma sobre él, el ojiazul se levantó un poco y puso el miembro del pelinegro en su entrada.

-Kurt-gimió Blaine sin creer lo que estaba por hacer-No te he…-gimió con fuerza y se arqueó al sentir como el castaño hacía que su miembro entrara en su trasero-Preparado-dijo en un hilo de voz.

-No es necesario-susurró el ojiazul haciendo lo posible porque no doliera, pero parecía imposible.

-No…-intentó evitarlo Blaine, pero de un momento a otro Kurt había introducido por completo el miembro del pelinegro en su trasero y ambos habían perdido el aire con eso. Cerraron los ojos y gimieron con fuerza, intentando recuperar el aire que habían perdido. Blaine sujetó a Kurt por las caderas y sintió que podía continuar solo él ahora.

-No-dijo el castaño sujetando ambos brazos del pelinegro, pegándolos a sus costados, bajó un poco hasta el rostro del moreno y lo besó con suavidad en los labios. Fue correspondido de inmediato y poco a poco comenzó a moverse sobre el ojimiel.

-Kurt-murmuró sobre los labios del ojiazul, sentía como su miembro entraba y salía del castaño y el ritmo que el muchacho había decidido tomar lo volvía loco, era más rápido de lo que pensaba.

-Te amo, Blaine-susurró Kurt sobre los labios del moreno y los mordió levemente, provocando un sonoro gemido por parte del pelinegro.

-Y yo a ti-murmuró sintiendo como el miembro del castaño rozaba su estómago y se presionaba aún más contra él. Las embestidas por parte del ojiazul eran cada vez más rápidas y provocaban que se agitara cada vez más-Voy a…-intentaba decir, pero sintió como Kurt se derramaba en su estómago y caía sobre él, estaba más agitado de lo que creyó. Blaine sujetó las caderas del castaño y aumentó el ritmo que llevaba el ojiazul sobre él y en pocos segundos se derramó en el interior de Kurt.

Al instante lo abrazó con fuerza e intentó recuperarse de todo eso, no podía creer que había hecho una vez más el amor con Kurt y lo tenía nuevamente en sus brazos, eso era fantástico. Besó su cabello suavemente y poco a poco salió del interior del castaño, escuchando como respiraba con fuerza luego de que él hiciera eso.

-¿Estás bien?-preguntó en su oído y sólo escuchó un adormilado sí-Te amo, Kurt, te amo como no tienes idea-susurró abrazándolo con más fuerza contra él.

-Y yo a ti, Blaine-dijo besando su pecho y quedándose dormido sobre el moreno.

Se despertó asustado. Miró a todas partes y se encontró solo en esa habitación. Todo había sido un sueño, un maldito sueño ¿Cuántas veces había soñado que hacía el amor con Blaine? Odiaba a su cerebro por maquinar todas esas cosas y no poder concretarlas, lo detestaba completamente. Suspiró cansado y se giró en su cama para mirar por la ventana, ya era de día y su reloj en el velador decía que eran las 12 del día. No podía creer que había dormido tanto. Era mejor que se levantara.

Afortunadamente tenía un baño que daba directamente a su habitación, por lo que apenas se levantó ingresó en él y se dio una ducha rápida. No tenía ganas de ponerse sus cremas ni hacer sus tratamientos de belleza, porque como otros días el soñar con Blaine lo ponía de malas, porque desde que se enterara por Sue que el pelinegro no era peligroso y había inventado toda su historia para protegerlo, que detestaba el no poder acercarse a él. Porque era sospechoso de todo el secuestro, porque aún las investigaciones se llevaban a cabo. Y a pesar de que él decidiera no levantar cargos en contra de Blaine, sabía que el moreno era bueno, pero ¿cómo convencía a su familia y amigos? Parecía un amorío de Romeo y Julieta, imposible.

A penas estuvo vestido se miró en el espejo de cuerpo entero que había en la habitación, llevaba sus zapatillas de caña media de color negro junto a unos pantalones gris claro que hacían juego con la camisa cuadrille negra que tenía puesta, eso era suficiente por ese día. Además, su cabello lo llevaba peinado sin ningún tipo de producto, al natural se veía mejor. Salió de la habitación con paso lento, llegó a la cocina y vio a Andrea junto a su tía Jenny, ambas hacían el almuerzo.

-Buenos días-susurró Kurt sentándose a la mesa.

-Y vaya que son buenos-sonrió con malicia Andrea.

-¿Por qué?-inquirió el castaño con extrañeza.

-Para ti deberían ser fenomenales, después de tener sexo desenfrenado con ese moreno-dijo de una vez la pareja de su tía.

-¿Qué?-las miró sorprendido Kurt, no podía creer lo que estaba escuchando.

-Anoche no fuiste muy discreto que digamos-dijo Jenny con una sonrisa y terminando de pelar unas papas-Si vas a traer a alguien al departamento debes contarnos.

-Yo no…

-¿Ese moreno no querrá hacer un trío?-dijo pensativa Andrea.

-¿Qué?-Kurt aún no terminaba de creer lo que escuchaba.

-El muchacho que salió de tu habitación esta mañana, realmente es atractivo-dijo con una gran sonrisa-Deberías invitarlo a cenar uno de estos días o algo-dijo su tía con tranquilidad.

-Entonces-susurró atando cabos-¿No fue un sueño?-susurró para sí mismo, sintiendo como su corazón se aceleraba con fuerza.

-Por cierto-dijo Jenny llamando la atención de su sobrino-Ya sabemos que comenzaron aquí-dijo lanzándole la parte de arriba de su pijama azul marino.

-Gracias-murmuró tomando la prenda y empuñando sus manos sobre ella. Todo había sido real.