Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.
Capítulo 35
Supo que le había hecho daño, y supo que aquel dolor y aquel ardor que sentía en su cuerpo no se apagarían pronto. Por lo menos, tendría que sufrirlos durante tres días enteros, hasta que se completara por entero su transformación.
Se quedó arrodillado a su lado, observando cómo se arqueaba y se retorcía a causa del veneno. Le había costado lo suyo apartarse de ella, pues en cuanto sintió en su lengua el sabor de su sangre, pensó que lo había echado todo a perder. No obstante, encontró la fuerza de voluntad necesaria para saber cómo y cuánto tenía que beber para no matarla. Sólo tenía que introducir el veneno que le faltaba a su cuerpo para completar la transformación, y así lo hizo.
Sentía que no podía apartar los ojos de ella. Necesitaba mirarla a pesar de lo mucho que le dolía verla en aquel estado. Todo lo que le había ocurrido había sido culpa suya. Jamás debería haber vuelto. Jamás deberían haber entablado amistad. Y mucho menos, jamás debería haberse enamorado de ella. No de esa forma.
Gruñó con impotencia y cerró las manos en puños a sus costados, sintiéndose desesperado. Había acabado con María, sí, pero ¿qué había conseguido con aquello? Nada. Acababa de condenar a Alice a una vida eterna que, a pesar de lo que le había dicho un día antes, seguramente no deseaba. No después de haber sabido lo que Jasper realmente era. Había elegido por ella, simplemente porque no imaginaba la vida sin Alice. No podría hacerlo. No podría continuar si ella no estaba.
Pero a partir de ese momento, la dejaría escoger. Comprendería que no quisiera volver a verlo jamás, entendería que quisiera que se alejara de su vida para siempre. Y él lo aceptaría. Haría lo que ella quisiera siempre y cuando estuviera seguro de que estaba bien, de que realmente no lo necesitaba para nada. Ni siquiera para despreciarlo por lo que acababa de hacerle.
Una música proveniente de sus pantalones le hizo reaccionar, y entonces recordó lo que había ocurrido antes de que se encontrara con María. Lo más seguro era que Edward y Emmett todavía pensaran que Alice estaba desaparecida, pues Jasper no los había llamado en ningún momento para decirles nada. Sabía que era hora de afrontar lo que se le venía encima, pero no contestó a la llamada. Simplemente cogió a Alice en brazos, sintiendo cómo se doblaba y se arqueaba contra su cuerpo en un vano intento por deshacerse del insufrible dolor. Pero no lo lograría. El veneno tardaría en hacer efecto y tendría que soportar que el fuego invadiera totalmente su cuerpo, como si todas y cada una de sus partículas estuvieran en llamas, hasta que el cambio hubiera finalizado. Pero Jasper estaría con ella en cada momento. No se alejaría de Alice en ningún instante. No permitiría que pasara por eso sola. No como le ocurrió a él.
Echó a correr con ella entre sus brazos, sintiendo el aire de la noche en su rostro. Por desgracia, no le hacía ningún efecto a Alice, que ya había comenzado a perder algo de color humano.
En menos de un cuarto de hora, estuvo en Seattle, y sin vacilar ni un solo segundo, entró en el piso. No prestó atención ni a Edward ni a Emmett, que se encontraban de pie, hablando angustiadamente sobre lo que deberían hacer con el tema de Alice. En cuanto lo vieron entrar, ambos se quedaron inmóviles, hasta que Emmett reaccionó y siguió a Jasper hasta su habitación. Él, ajeno a todo lo que sucedía a su alrededor, colocó a Alice en la cama y la observó detenidamente, sintiendo un nudo en la garganta.
-¿Qué le has hecho? –escuchó la voz de Edward, y por el rabillo del ojo se percató de que se había colocado al otro lado de la cama, al lado de su prima. Jasper no le contestó. – ¡¿Se puede saber qué narices le has hecho? –bramó, al no recibir ninguna respuesta.
-La ha…convertido –farfulló Emmett, observando detenidamente a Alice, que se retorcía cada vez con más violencia.
-¡¿Qué?
-Jazz, ¿qué ha pasado? –le preguntó, ignorando los gritos y las maldiciones de Edward. – ¿Por qué…?
-He matado a María –murmuró Jasper como un autómata, sin apartar los ojos de Alice ni por una milésima de segundo. Sentía que no podía hacerlo.
-Pero… ¿qué pasa con Alice? ¿Dónde estaba?
-Con ella. María la engañó de alguna forma y consiguió que la acompañara. María le contó lo que somos, y también le explicó quién era Mary. Yo la ataqué, y ella intentó matar a Alice…
-Claro, y tú remataste la jugada, ¿verdad? ¡Has matado a mi prima! –gritó Edward fuera de sí, intentando llegar hasta Jasper para propinarle una buena paliza. Emmett lo impidió sujetándolo por los hombros, inmovilizándolo.
-No, Edward. Jasper la ha salvado – Emmett comprendió al instante lo que su amigo había hecho. –María le administró veneno, pero no el suficiente para convertirla, y bebió una gran cantidad de su sangre. María sí que quería matar a Alice –intentó explicarle a duras penas, pues Edward no dejaba de forcejear con él. –Lo único que Jasper ha hecho ha sido transferirle el veneno que faltaba para convertirla. De lo contrario, Alice habría muerto, Edward –finalizó Emmett, aumentando la presión de sus manos en los hombros de su amigo. –Era la única solución que había.
-¡Pero ahora mi prima no está viva! ¡Ya no será humana!
-Pero seguirá con nosotros –quiso hacerle entrar en razón.
Jasper, ajeno a todo lo que ocurría a su alrededor, no se movió en ningún momento. Le daba igual lo que pensara Edward. Le daba igual si quería golpearlo, porque él mismo sentía que lo merecía. Sí, había salvado a Alice de morir, pero no había cometido ninguna heroicidad. La había condenado. ¿Qué ocurriría a partir de ahora con su familia? ¿Con sus amigas? ¿Con su carrera? ¿Qué ocurriría con su vida?
-Ya no será igual –escuchó la voz abatida de Edward, que había dejado de oponerse al agarre de Emmett. – ¿Qué va a pasar a partir de ahora? ¿Qué se supone que tengo que decirles a mis padres? ¿Y a Bella y a Rosalie? ¿Y…?
-Edward, encontraremos una solución para todo eso, pero ahora tienes que tranquilizarte –intentó calmarlo Emmett, observándolo detenidamente.
-Para ti es muy fácil decirlo. Pero yo no puedo tranquilizarme viendo como mi prima agoniza para convertirse en un…
-Alice nunca será un monstruo –lo interrumpió Jasper, apretando con fuerza los puños, siendo consciente de que no soportaría mucho más toda aquella presión. Necesitaba descargar toda la furia contenida, y sabía que si Edward no se callaba, él sería el único que la recibiría a pesar de que no la merecía. Jasper no culpaba a Edward de nada, es más, lo entendía. Sabía que no era fácil para nadie ver a Alice en ese estado, pero ya no se podía hacer nada para cambiarlo.
-¿Y a ti que más te da? Has hecho lo que has querido con ella, incluso la has convertido en lo que tú eres. No sabes lo mucho que maldigo el día en el que apareciste por aquí. Tendrías que haberte quedado donde estabas. Jamás deberías haber vuelto.
A Jasper le sorprendió la serenidad que utilizó para maldecirlo de aquella forma.
-Lo sé –se limitó a responderle, ladeando mínimamente la cabeza para observarlo.
-Edward, no digas cosas de las que después puedas arrepentirte –intervino Emmett, poniéndose tenso. La situación era cada vez más incómoda.
-Jamás me arrepentiré de lo que acabo de decir. Eso es lo que pienso y lo que siempre he pensado. Y el desprecio es lo único que merece por mi parte…
El grito agudo de Alice hizo que todos se callaran y la observaran. Incluso parecía que era consciente de lo que ocurría a su alrededor, pero Jasper dudó de eso. Él no recordaba nada de su conversión. Sólo el horrible ardor que estuvo consumiéndolo durante largos días. Y el tormento de Alice sólo acababa de comenzar. A continuación, el sonido del teléfono sobresaltó a Edward, que observó a sus dos compañeros con resentimiento.
-Serán mis padres –musitó, dándose cuenta de algo. Al igual que Jasper.
Se suponía que los tíos de Alice regresaban de Portland ese mismo día, y pensó que ya habrían llegado a casa. Si los que llamaban eran ellos, seguramente sería porque no habían encontrado a Alice en casa y querían saber si estaba con ellos. Sí que lo estaba, pero no en muy buenas condiciones.
-¿Quieres que hable yo con ellos? –se ofreció Emmett, intentando calmar los malos humos de Edward.
-¿Tú? ¿Qué les vas a decir? ¿Que mi prima está en proceso de convertirse en algo sobrenatural?
-Opino que lo mejor que puedes hacer es decirles la verdad.
-Sí, claro. ¿Tú quieres que a mi madre le dé un infarto? ¿O que directamente venga aquí mi padre con un equipo de psiquiatras dispuestos a encerrarnos a todos en un manicomio?
-A ver, Edward, no pretendo nada de eso, pero supongo que sabes que Alice no podrá volver con tus padres así como así. Ella habrá cambiado mucho cuando se despierte, y habrá muchas cosas que no entenderá y que tendrá que aprender, por no hablar de su nueva alimentación. Tus padres deben saber que la Alice que conocían ya no volverá. Sé que no podemos decirles lo que somos, pero tampoco les vas a decir que tu prima ha muerto, ¿o sí?
Al parecer, las palabras de Emmett hicieron meditar a Edward, que se mantuvo en silencio durante un largo rato. A Jasper, por el contrario, se le clavaron en el alma. Tenía razón. Desde ese momento, Alice no volvería a ser la misma. Todo para ella sería nuevo y desconocido. Y todo por su culpa.
-No puedo hacerlo –admitió Edward, sentándose en una esquina de la cama, apoyando la frente en las palmas de sus manos. –No puedo. Todo esto es demasiado para mí…
-Te entendemos –quiso consolarlo Emmett, palmeándole amistosamente el hombro. –Pero ahora mismo Alice necesita estar tranquila, y creo que tus padres se pondrán histéricos si no les coges el teléfono.
Edward captó el mensaje oculto que había en las palabras de su amigo, y por aquel motivo lo observó con seriedad.
-No se lo merece.
-Deja que hable con él y después te daré mi opinión sobre esto –le pidió con una sonrisa sincera, y sin decir nada más, Edward se levantó y salió de la habitación, cerrando la puerta a sus espaldas.
-Nada de lo que vayas a decir me hará sentir mejor –decretó Jasper sin parpadear, con la vista fija en Alice.
-¡Jesús! No me has dejado ni abrir la boca y ya te pones pesimista.
-No tengo ganas de escuchar tus bromitas, Emmett.
-No estoy bromeando –le dijo él, colocándose a su lado. – ¿Qué tal si me explicas todo lo que ha ocurrido desde el principio?
Jasper resopló, y sin mover ni un solo músculo, le contó por entero todo lo que había sucedido desde que se habían separado al mediodía, pasando por la discusión y la pelea con María, hasta la decisión que había tenido que tomar al ver a Alice entre la vida o la muerte.
-¿Crees que he hecho mal? –preguntó entrecortadamente, sintiéndose nervioso.
-No. Soy capaz de entender lo que has tenido que sentir allí arriba…
-No, no puedes. Sé que lo intentas, pero te aseguro que no puedes –respondió, sin la intención de sonar cortante –No sabes todo lo que ha pasado por mi cabeza cuando María le ha explicado lo que somos, o cuando le ha dicho quién era en realidad Mary. Y cuando ha saltado sobre ella para morderla…creía que todo se acababa allí. Que no había nada que pudiera hacer por salvarla.
-Pero tú lo has hecho. La has salvado. Ahora Alice podrá vivir otra vez.
-Sí, pero tendrá que renunciar a muchísimas cosas. Y yo no he pensado en eso. La he convertido por mí, porque no podía soportar la idea de vivir en un mundo en el que no estuviera. Soy un egoísta, Emmett, y no me lo voy a perdonar nunca –admitió, dejando ir algo de toda la culpa que sentía.
-Jazz, has hecho lo mejor que podías hacer por ella, sin duda. Y aparte de Edward, nadie más te lo va a recriminar nunca. Al menos, yo no.
Y aquel era otro tema en el que no había pensado: Edward.
-Edward tiene razón. No tendría que haber vuelto –señaló, abriendo y cerrando las manos en un gesto ansioso.
-Déjalo ya, Jazz. No te tortures más. Edward no tiene razón. Sólo está enfadado y conmocionado. Pero se le pasará, te lo aseguro –quiso consolarlo, y a pesar de que Jasper lo veía todo negro, fue capaz de distinguir un débil rayito de luz entre las palabras de Emmett. –Además, no todo tiene que cambiar tanto. Conozco a Alice. Puede que no tanto como tú, pero sé que sabrá afrontar la nueva vida que tendrá a partir de ahora. Ella podrá volver a ser una chica normal. Bueno, puede que no tan normal como la que era antes, pero no por eso tiene que dejar de ir a la universidad, o dejar de ver a sus amigos y familiares. Y si no me crees, fíjate en mí –quiso quitarle un poco de hierro al asunto, y a pesar de que Jasper no sonrió, le dedicó una mirada algo más tranquila.
-Tú eres todo un ejemplo de superación –le dijo, asintiendo lentamente con la cabeza. –Me encantaría poder ser como tú.
-Ya lo eres, Jazz, sólo que no sabes apreciarlo. Eres demasiado pesimista, ya te lo he dicho antes.
Jasper iba a protestar por sus palabras, pero la puerta de la habitación volvió a abrirse, y Edward entró en la estancia de nuevo.
-¿Has hablado con tus padres? –preguntó Emmett.
Edward se encogió de hombros y volvió a sentarse en uno de los bordes de la cama en la que estaba Alice.
-Se podría decir que sí. Saben que algo pasa, y he intentado suavizarlo todo lo que he podido, pero no he sido capaz de decirles que mi prima está agonizando.
-¿Entonces?
-Les he dicho que lo más seguro es que no vuelvan a ver a Alice en una temporada. Que ha ocurrido algo que no podrían creer…y que nos dieran tiempo. Sólo eso. Ahora estoy esperando a que aparezcan por aquí en cualquier momento –murmuró la última parte más para él mismo que para los demás.
-Bueno, por ahora eso bastará. Sólo tenemos que esperar que no venga nadie por aquí durante algunos días…y luego ya veremos –planeó Emmett.
Jasper se quedó de pie, sin apartar la mirada de Alice, que continuaba quejándose y gritando de vez en cuando a causa del veneno. Para él no todo sería tan fácil. Él era el único que no podría dedicarse a esperar.
Pobrecito Jasper... no sabe si lo que ha hecho está bien o no :( Y como siempre, Edward molestando ¬¬ Sé que hoy no es mi día de actualizar, pero mañana no voy a estar en mi casa en todo el día y por eso subo hoy un capi nuevo :) Así, el sábado vovleré a actualizar, y luego empezaré el lunes, como siempre.
Espero que os haya gustado y que me lo digáis con un review ^^
¡Nos leemos el sábado!
XoXo
