¡Hola a todas! Ojalá hayan disfrutado de su inicio de semana y que no hayan quedado traumadas después de haber leído lo que les pasó a Aomine y Kagami XD. Les juro que todo fue por sana y plena diversión ( ? ); además, lo importante es que uno de ellos debía tener su merecido por ser tan cabezota. El karma puede ser muy gilipollas en ocasiones, ¿no?. Bueno, creo que disfrutarán del capítulo, al menos el final es aceptable y deseable : 3. Gracias por sus lecturas y reviews, se aprecian enormemente y me animan a echarle galleta a los capítulos que aún me faltan por escribir _. ¡Disfrute el cap, ríanse de la desgracia de esos dos y coman mucho chocolates! ¡Matta ne! Hasta el viernes : ).

Guest.- ¡Muchas gracias por comentarme pequeña! Me alegra que te haya divertido el capítulo anterior aunque no haya sido el beso esperado, pero debía hacerles un trauma a esos dos sí o sí XD. Ya en este no habrá esa queja, os lo prometo :D y a partir de aquí empieza a fin el drama; luego se quejarán de ello, yo lo sé (?). Sin más, lindo miércoles y espero seguir leyéndote por aquí. Besos :3.

Capítulo 36

Porque puede más la astucia que la fuerza

—¡Digan wisky!

Ese simple y familiar sonido les hizo volver a la realidad de manera abrupta y cruda, recordándoles inmediatamente lo que había ocurrido hace apenas unos cuantos segundos atrás y que por razones obvias, preferían bloquear permanentemente por el resto de sus vidas.

Giraron instintivamente sus rostros hacia la persona que había ofrecido esas simples palabras y observaron con horror que sus sospechas eran ciertas. En sus manos descansaba la prueba del delito, aquel instrumento que había logrado plasmar para la inmortalidad aquel horrible, vergonzoso y desagradable momento de su acercamiento.

Y eso no era lo peor. La pesadilla recién iba a dar inicio. Después de todo, aquellos compañeros de equipo estaban que se morían de la risa, incluso esas dos chicas estaban luchando por no caerse de la risa. Los intentos para ocultar la gracia que aquello les provocó fue en vano; todo se convirtió en estruendoso escenario donde las lágrimas y palabras incompletas fueron los principales protagonistas. Hasta el callado de Mitobe se soltó a carcajadas.

—¡MALDITOS, ¿CÓMO SE ATREVIERON?! –esos eran los dos prodigios del basquetbol enfurecidos y con deseos de matar al par de individuos que confabularon contra ellos para hacer que terminaran tan mal parados. Literalmente ardían en cólera, vergüenza y frustración por ser incapaces de cambiar lo que había ocurrido.

—No es nuestra culpa que se dejen dominar tan fácilmente por sus temores y debilidades –soltaron al unísono aquellos dos Ya se encontraban lado a lado, mirando a ambos entre risas y satisfacción. Su pequeña maquinación salió de maravilla.

—¡Tetsu maldito, voy a darte tu buen merecido! –Taiga realmente podía dar mucho miedo cuando se enfurecía de verdad. Y Aomine tampoco se quedaba para nada atrás. Si nadie detenía aquello, esos dos posiblemente no llegarían a Septiembre.

—No les va a doler demasiado…-espetó colérico el moreno mientras tronaba implacablemente sus dedos.

—Ey ustedes dos, no tan rápido –Riko se recompuso un poco tras lo ocurrido, dirigiéndose hacia aquel par de bestias enfurecidas, cuya mirada asesina asustaría a cualquiera-. Más vale que se comporten y no les hagan nada o esto terminará por error mandándose a muchos números telefónicos –ella no hablaba sólo por parecer cool, sino porque tenía algo sustancial y que esos dos no pasarían por algo-. Realmente se les ve muy bien –así que no eran dos, sino tres los conspiradores en su contra.

Ella poseía en su celular la prueba del delito. El chantaje perfecto que haría de ellos mansos corderitos que estarían a su disposición hasta que se cansara de ello o decidiera borrar tan comprometedora fotografía.

Admitían que habían sido sumamente listos urdiendo tan maquiavélico plan.

—¡Tienes que estar bromeando! -¿cómo podían sentirse mucho más enfurecidos que hasta hace unos instantes atrás? Esa broma había ido demasiado lejos-. ¡¿Por qué demonios hicieron algo como esto, eh?! –esos dos simplemente les miraron con confusión para luego mostrarles sus celulares. ¡Pero qué bonito fondo de pantalla poseían!

—¿Acaso olvidaron lo que hicieron esta mañana? –ese era Kuroko clavando sus fríos y casi vacíos ojos en ellos dos. Una sensación escalofriante les invadió a esos dos. Tragaron saliva y evocaron aquel exacto momento.

—¿Qué fue lo que le hicieron, eh? –Momoi clavaba sus fieros y agudos ojos rosáceos en ambos jugadores.

—Pues nada en realidad. Solamente…le enterramos en la arena para que disfrutara del ambiente…Dijo que le gustaba hacer eso, por lo que le cumplimos su capricho…Nosotros también lo hicimos, ¿verdad Aomine?

—Así es. Pasamos un buen rato juntos. Y ya después regresamos.

—¿Por qué no les creo? –Hyuuga miraba a los dos chicos. Estaba claro que ocultaban algo.

—Está bien, está bien…Quizás dejamos que se asoleara demasiado y le diera un poco de insolación…-indicaba con normalidad Taiga.

—Y posiblemente comprimimos demasiado la arena a su alrededor…por lo que salir de allí debió ser un tanto complicado…-alegaba el moreno rascando un poco su cabellera azulada.

—…¿Y qué más…? –soltó con impaciencia la castaña.

—Nos fuimos de allí –concluyeron con todo el cinismo posible.

—¡¿Cómo se atrevieron a hacerle algo como eso a Tetsu-kun?! ¡Son unos idiotas! Se tiene bien merecido lo que les han hecho –les gritoneó enfurecida la peli rosa-. Pobre de Tetsu-kun –estaba tan mortificada de pensar por todas las peripecias por las que tuvo que pasar su amado peli azul.

—¡Lo que hizo fue más allá de lo que nosotros le hicimos al dejarlo abandonado en esa isleta! –vociferaron a la par, ignorando por ese instante, que habían dicho algo que no debían.

—¡¿Qué lo dejaron abandonado en una isleta?! –se quejaron Riko y compañía. ¿Pero por qué demonios habían algo como eso? Si serán idiotas.

—…Y olvidaron mencionar que me enterraron cerca de la orilla de la playa…

—Tetsu no seas delicado. Era para que te refrescaras un poco –chasqueaba Aomine cruzándose de brazos-. Te has vuelto muy aburrido con los años.

—¡¿No crees que exageraste con esto?! Nosotros sólo te dejamos allí. Y no te pasó nada grave después de todo –expresó Kagami con ofensa. Kuroko podía ser un dramático de lo peor.

—Encontré a Tetsu flotando sobre el mar semi muerto –indicaba Axelle-. ¿Se les hace poco todo eso? –estaba en todo su derecho de recriminarles.

—¿Por qué demonios le ayudaste a Tetsu con todo esto, eh? –la mirada del moreno se colocó sobre la chica, deseándola matar en ese preciso momento.

—No podía pasar por alto lo que le hicieron al pobrecito –aclaró-. Ustedes no saben medirse –chasqueó.

—¡No eres precisamente la persona para sermonearnos al respecto!

—Espero que con esto hayan aprendido una importante lección –soltó tranquilamente. Se le veía tan inocente y resplandeciente.

—¡Tetsu cabrón, ahora si te pasaste!

—Por cierto…¿disfrutaron su beso? –si ya habían intentado olvidar lo ocurrido, las palabras de Axelle les habían hecho conmemorar todo de golpe con escalofriantes consecuencias. El rostro de ambos pasó del rojo de enfado al azul del miedo para estancarse en el verde del asco.

Ambos sofocaron el intento de su cuerpo por devolver todo lo que habían comido en el día. Y evitaban a toda costa dirigirse la mirada; eso solamente empeoraba su estado y les causaban un remolino de asco enorme. No podrían cruzar mirada por un largo tiempo.

—Aomine-kun, Kagami-kun, tomen. Esto les ayudara a remediar su mal sabor de boca, además de dejarles la boca limpia.

—¡¿Maldito, quieres asesinarnos acaso?! –espetaron furiosos mientras le arrojaban aquella botella de hipoclorito de sodio con la intención de golpearle la cabeza; lamentablemente fallaron.

—Oh, lo siento mucho. Tomé la botella equivocada –se disculpó fingidamente antes de pasarles aquel par de botellas de enjuague bocal.

—Fuiste demasiado lejos esta vez, Tetsu. Aunque admito que tuviste agallas para hacer algo como esto -¿eso acaso era una felicitación por parte del moreno?-. Igualmente pienso matarte, así que más te vale que tengas cuidado cuando vayas a dormir.

—¡Aquí nadie va a asesinar a otra persona! –replicaba Riko, volviéndoles a enseñar aquella foto. Los dos se callaron, los tenían en sus manos y si intentaban cobrárselas seguramente mañana toda la ciudad estaría plagada por esa embarazosa y desagradable fotografía. Maldita tecnología.

—¿Cómo les fue chicos? –preguntaba tranquilamente Logan. Él había estado recorriendo los alrededores por lo que iba a verles hasta la reunión en aquel cine familiar.

—Todo salió tal cual lo planeado –comunicaba Axelle.

—Momento…¿eso significa que usted también estaba involucrado en todo esto? –Taiga estaba que no se lo creía. Los conspiradores emergían y emergían conforme más se hablaba del tema.

—Supuse que algo estaba planeando mi pequeña y adorable hija cuando la vi tan animada hablando por celular y sacando algunas cosas de su habitación –comentó alegremente.

—Bueno ahora que ya nos calmamos un poco –Jumpei ya había hasta llorado tras volver a ver la imagen de fondo del celular de Riko-. ¿Cómo fue que lo hicieron? –él no era el único que tenía esa gran curiosidad; todos estaban interesados en su explicación-. A primera vista parece una broma simple y sin demasiadas complicaciones gracias a que los sujetos que eligieron son idiotas…pero quiero escucharlo de ustedes mismos.

—¡Ey! –todos no hacían más que burlarse de ellos en todo lo que pudieran.

—¿Les explicamos?

—No tengo problema con ello, Axelle-kun.

—¡¿Por qué se ven tan serios al respecto?!

—Debo darle crédito a Tetsu, realmente fue grandiosa la idea del beso –felicitaba la chica. Kuroko lucía tenuemente halagado y contento por ello.

—¡Si serás maldito! ¡¿Por qué luces feliz por ello?!

—Sabiendo que ése era el plan real de Tetsu, lo que quedaba era idear el modo de cómo hacerlo –comentaba Axelle-. Las opciones que dieron fueron bastante buenas, pero si había un pequeño fallo todo se iría al traste.

—Así que Axelle-kun ofreció una buena opción –agregó alzando su dedo índice, haciendo alusión a que había sido muy buena idea la que le aportó la chica-. Un choque entre ambos a gran velocidad, con un mínimo de fallo y que éste pudiera ser corregido sobre la marcha.

—Lo primero que hicimos fue apuntar hacia las debilidades de ambos. Sólo presionando sobre algo como eso sería posible hacerles correr y así llevarlos hasta donde deseábamos. Por lo que tener a Nigou con nosotros en el viaje fue una puntada enorme –soltó alegremente-. Y bueno, conseguir revistas con Mai-chan tampoco iba a ser demasiado complicado.

—Aunque ustedes al final terminaron facilitándonos todo –prosiguió Kuroko.

La puerta corrediza se abrió con cautela, apenas siendo perceptible por quien permanecía en la habitación sentada sobre el suelo, extendiendo un gran papel sobre el suelo. El recién llegado simplemente depositó aquella pequeña mochila deportiva en el piso, dirigiendo toda su atención en la joven.

—¿Cómo te fue? –preguntaba la rubia con interés.

—Ninguno de los dos se dio cuenta siquiera que entré. Es increíble lo distraídos que pueden llegar a ser.

—¿Lo conseguiste?

—Por supuesto. Allí dentro está la ropa favorita de Kagami-kun y las revistas de Aomine-kun.

—Realmente pensé que bromeabas cuando decías que las había traído consigo al viaje.

—Es preocupante la actitud de Aomine…

—Si lo pones de esa manera, ciertamente lo es…

—Veo que conseguiste el mapa de la ciudad –ahora los dos mantenían su atención puesta en aquel enorme mapa que detallaba las calles, establecimientos y demás necesidades que pudiera requerir un turista-. Necesitaremos que los dos se encuentren y no haya manera que puedan evitarlo si van a gran velocidad.

Hay varios lugares a los que podemos dirigirnos pero…comparten calles para llegar de un lado u otro, por lo que terminarían encontrándose y todo se arruinaría. Aunque estamos de suerte, Tetsu. Hay dos vías alternas para llegar hasta el cine de la ciudad.

—Podemos partir del ryokan y tomar por diferentes calles para que no se encuentren.

—Aprovecharemos el terror que Kagami le tiene a los perros para hacerlo salir de aquí corriendo a toda marcha. Por lo que requeriremos que primero se enfade contigo y después emplear a Nigou.

—Para eso la ropa, ¿no?

—A ningún hombre le gustaría ver su ropa favorita teñida de rosa –sonrió dulcemente-. ¿Verdad? Así que te encargarás de lavar su linda ropa con esto –había removido del armario una blusa carmesí de delgados tirantes para arrojársela-. Siempre debo lavarla aparte porque destiñe, así que ya sabes.

—Ahora planeemos nuestra ruta –un par de marcadores rojo y azul fueron puestos sobre el suelo. Cada quien tomó uno y empezó a ver cuál camino era mejor, cuál era el más largo y qué problemas podían toparse en el camino. Tras unos largos minutos de análisis la ruta fue trazada con éxito hasta el frenético encuentro-. Listo.

—Debemos ajustar los tiempos y mantenernos en contacto mientras realizamos el plan –espetó seriamente.

—Nos estaremos llamando por celular cada vez que lleguemos a cada uno de los puntos dados –sí, dentro del marcado de ruta habían establecido determinados puntos; logrando así que todo el recorrido tuviera ocho puntos de comunicación entre ambos.

—¿Podrás manejar la velocidad de Aomine-kun?

—Podré apañármelas con algunos distractores y otras cosas para hacerle disminuir un poco su velocidad. Así que no te preocupes.

—También hay que calcular el tiempo que nos tomará llegar hasta allí.

—Por su condición física, velocidad y distractores, todo el circuito quedará recorrido en máximo 20 minutos.

—Pongámonos en marcha entonces.

Todos estaban sumamente atentos a cada detalle de aquel singular relato sin poderse creer todo el esfuerzo y lo meticulosos que habían tenido que ser para que todo saliera a pedir de boca.

—¡Así que fue por tu culpa que mi ropa ahora es rosa! –regañaba Taiga a la aludida.

—Eso explica por qué de repente…dijiste que había llegado una nueva revista de Mai-chan…-secundaba el moreno.

—¿Pero qué hay sobre esos sujetos de botarga…y el caldo apestoso ése?

—¿Recuerdan a mi amigo el surfista? Le llamé para pedirle un enorme favor no sólo a él, sino también a Tenma y Arata. Les conseguí las botargas de perro e hice que permanecieran en las zonas donde había callejones que podrías ocupar para desviarte de la ruta planeada. Por eso ambos hicimos un sondeo antes de iniciar el plan.

—El caldo debían arrojártelo cuando estuvieras en el último punto, para que acelerarás el paso y te fueras totalmente en recto.

—¡¿Pero cómo demonios hicieron para que Nigou le guiara tan bien?! –preguntaba Izuki aun incrédulo-.

—Kuroko le daba indicaciones para que lo hiciera correctamente –comentó Axelle-. Es un perro muy listo y adorable.

—Entonces lo de la…salida al cine…-murmuraba Hyuuga.

—Axelle me mandó un mensaje para indicarme que debíamos reunirnos aquí justamente a las 6:00 pm…Y claro, abajo me indicaba lo que tenía planeado y la importancia de que estuviera atenta para inmortalizar el momento…-agregó con una sonrisa burlona.

—¡¿Estabas con ellos también todo este tiempo?!

—¿Pero por qué tomarse tantas molestias para reunirnos a todos aquí…? –lanzó Momoi.

—¿Qué sentido tendría todo esto si nadie más que nosotros dos lo viera? –sí, estaba claro que esos dos dirían algo tan cínico como eso.

—Ellos…son unos verdaderos monstruos…-musitaron todos a excepción de Riko y Logan. Estaban acongojados.

—Y como fueron capaces de frenarse tuvimos que darles el empujón que les faltaba –agregó campante Kuroko.

—¡Si serás cabrón!, ¿tú fuiste el que me pateó verdad?! –Aomine estaba que se le echaba encima al tranquilo peli azul. Si tan sólo no tuvieran aquella foto en su poder.

—Yo sólo te di una palmadita, Kagami –soltó cínica Axelle.

—No cambias mi pequeña Axelle –ahí estaba nuevamente su padre abrazando de lado a su pequeña bribona-. Desde pequeña siempre ha sido muy buena jugándole bromas a los niños del barrio. Jamás la atraparon ni descubrieron que había sido ella. Mi linda Axelle es tan lista.

—…Usted no debería fomentar esos malos hábitos…-comentaban en general.

—¿Qué les parece si entramos ya? La película que quiero ver está a punto de empezar –indicó quitado de la pena Kuroko con una linda sonrisita en sus labios.

—¡¿Qué?!¡¿Realmente quiere ver una película?!

Ni todo aquel enjuague bocal, ni esa monstruosa cantidad de mentas o el cepillarse los dientes como si la vida misma dependiera de ello les ayudaba a reducir el asco que todavía carcomía sus entrañas y que solamente se acentuaba cuando se topaban cara a cara.

Así que la decisión era clara: tenían que cambiar de habitación a como diera lugar.

—De manera que quieres cambiar habitación con alguno de nosotros porque cada vez que ves a Aomine sientes mariposas en el estómago e irremediablemente piensas en ese momento en donde sus labios se tocaron, fundiéndose en un beso apasionado de verano, ¿no es así Kagami? –Hyuuga intentaba inútilmente parecer serio ante sus propias palabras. Cinco segundos después estaba sobre el suelo retorciéndose de la risa.

—¡¿Lo están disfrutando, no es cierto?!

—Cálmate Kagami, cálmate. No lo hacemos con…mala fe…-intentaba decir Izuki-. Pobre Kiyoe, tendrá que asimilar que Kagami, bueno…ya es alguien diferente ahora…

—Entonces explícame por qué estás llorando…de la risa…-el pelirrojo simplemente deseaba tener una máquina del tiempo y evitar muchas, muchas cosas, como por ejemplo, la llegada de Kuroko al equipo-.

—Es tu imaginación, Kagami –fue en vano, terminó riéndose en la cara de Taiga.

—Te permitiremos pasar la noche aquí Kagami, sólo prométenos algo…-todo el ambiente se tensó, tornándose ridículamente serio. Incluso ya nadie reía.

—¿Prometerles…qué?

—Que no intentarás hacernos nada extraño mientras dormimos…-ajustó sus lentes de repuesto para clavar su atención de lleno en el chico-. Kagami, nosotros respetamos sus gustos, pero no compartimos esas mismas aficiones.

—¡¿Cómo puedes lucir tan serio diciendo una estupidez como ésa?!

—Hyuuga no seas duro con él, es joven y está en una edad difícil…Lo mejor que podemos hacer por él, es apoyarlo, dejar de burlarnos y entender que su cuerpo tiene necesidades básicas como todos nosotros…pero orientadas hacia algo un poco diferente…-comunicaba seriamente Shun. Ya hasta le había colocado su mano derecha sobre el hombro del capitán-. Sabes lo que tenemos que hacer.

—¡Paren de una buena vez con eso, idiotas!

—Muy bien Kagami, atenderemos a tu pedido. Confía en tus senpais –el capitán lucía tan confiable en ese preciso momento, donde un aura casi celestial le envolvía por completo.

Había demasiado que objetar que no sabía ni por dónde empezar. ¿Cómo es que su búsqueda de soluciones le habían llevado nuevamente hasta su habitación?¿Por qué las cosas no estaban saliéndole nada bien?¿Por qué estaba allí sentado ignorando la existencia del moreno mientras escuchaban las manecillas del reloj avanzando peligrosamente hacia la media noche?

—Esto es tu jodida culpa, Bakagami. Nada de esto estaría ocurriendo si no hubieras tenido ese brillante plan.

—Tú fuiste el de la idea de que enterráramos a Tetsu en esa isleta –repeló-. Así que cállate. Además, ¿por qué demonios fue él quien se cambió de habitación, eh? –estaba que no se lo creía. El enano había sido más listo y había objetado que no quería hacer mal tercio y que lo mejor era que cambiara de cuarto.

—Pequeño bastardo afortunado –rechinaba sus dientes del enfado que aquel hecho le provocaba.

—Lo mejor será que nos vayamos a dormir, ya son casi las doce de la noche…-la idea de Kagami era la mejor, sin embargo, ninguno de los dos deseaba irse a dormir, no estando el otro allí.

Ni siquiera estaban mirándose porque el hacerlo orillaba a sus estómagos a devolver. Por lo que el apreciar el tapiz de la pared era lo mejor para sosegarles.

—Duérmete tu primero –ordenaba Aomine.

—¿Por qué yo? Hazlo tú. Es sospechoso que me pidas que me vaya a dormir primero –¿histeria, dónde?-.

—De ninguna manera. Vete a dormir tú…No quiero que vayas a hacer nada raro –dictaminó.

—¡¿Algo raro?!¡¿Tú también vas a fastidiar con eso?! Soy yo el que está más preocupado por ti, idiota.

—¿Ah? –arqueó una ceja como seña de disgusto y confusión-. ¿Pero qué idioteces estás pensando? No me gustan los hombres. Me gustan las mujeres de enormes pechos –reafirmó-. Tú eres el más sospechoso de todos, Bakagami.

—Maldito infeliz –chasqueó furioso-. Todo es tu culpa.

—Deja de quejarte y verte a dormir, imbécil.

—No lo haré hasta que tú lo hagas –estúpida y sensual sugestión.

Las caras de cansancio de ambos no podían ser más claras que el agua misma. Todos notaron de inmediato que aquel par no durmieron ni siquiera un par de horas; literalmente se la vivían entre bostezo y bostezo, intentando a la vez, terminarse su enorme desayuno.

—Se ven algo cansados, Aomine-kun, Kagami-kun –Kuroko resplandecía por lo bien que había descansado. Había ido a dormir a la habitación de los dos posesivos padres, por lo que había espacio de sobra.

—Cállate Tetsu, con el que menos quiero hablar ahora es contigo –sentenciaba Aomine restregándose los ojos ante su indudable cansancio-. Te dije que te largaras a dormir, Bakagami.

—Te dije que te fueras a dormir primero tú –renegó.

—¡Cállate idiota!

—¡Mejor cierra la boca tú!

—Tan ruidosos como siempre –Hyuuga casi terminaba sus sagrados alimentos. Sin embargo, no podía evitar preguntarse algunas cuestiones sobre ese par-. Se supone que su relación apenas ha dado inicio, no deberían de estar peleando. Dejen que el amor fluya adecuadamente…Pobre Kiyoe, no sabe que todo era una pantalla ya que el verdadero amor de Kagami es Aomine…

—Además pasaron su primera noche juntos. Muestren un poco de felicidad –alegaba Izuki tras sorber su sopa de miso.

—Quizás estén insatisfechos –terciaba Axelle.

—¡Tú mejor no digas nada! –tan temprano y ya les estaban tocando las narices.

—Mañana iremos a la playa de Asaha –informaba el padre de Axelle tranquilamente-. Hoy al parecer habrá una especie de fiesta en la playa organizada por algunos turistas, por si les interesa ir.

—Riko-tan, vayamos a pasear hoy por el puerto –agregaba felizmente el hombre.

—No gracias –denegó de inmediato la castaña.

—Papá quiere pasar más tiempo de calidad contigo.

—¡Qué no! –si con palabras no entendía aquel amoroso padre, con golpes tal vez las cosas serían un poco diferentes.

Mientras la gran mayoría salían para continuar explorando lo que aquella tranquila ciudad tenía para ofrecerles, otros más preferían permanecer en aquel ryokan e intentar reponer energías. Claro que las cosas no iban a ser tan simples, no cuando continuaban en la misma habitación, a solas. Al final nadie se apiadó de sus pobres almas y debían seguir en aquella penosa situación.

—Maldita sea…Tsk…

—Vete a dormir en el pasillo –demandaba el moreno.

—Salte tú, idiota –ya ni fuerzas tenían para seguir insultándose mutuamente.

Los párpados les pesaban demasiado como para poder continuar en aquel estado por mucho más tiempo. Cosa que agradecían y maldecían a la vez. Sin embargo, cuando estuvieron a punto de caer sobre el suelo y dormirse prácticamente hasta que la noche cayera, algo irrumpió de golpe.

¿Un grito? Podían jurar que se encontraban completamente solos en el ryokan a excepción de la dueña y el resto de empleados. Entonces, ¿quién había gritado de manera tan aterrada?

Quisieron ignorar por completo aquel evento inusual, pero la vida estaba obstinada en no dejarlos dormir en paz durante las subsiguientes 24 horas. Ahora alguien estaba tocando fuerte a la puerta.

—¿Y ahora qué demonios? –Taiga se había puesto de pie, arrastrando su humanidad hacia la puerta. Abrió y simplemente muchas cosas dejaron de tener mucho sentido-. ¡¿Axelle?!

Sus ojos no le engañaban, se trataba de aquella pequeña cómplice de Kuroko que había hecho sus vidas un infierno naciente. Aunque el que estuviera allí de pie frente a su cuarto no era lo problemático, sino más bien que lo único que llevaba puesto fuera esa alba toalla mientras su cabello conservaba algunas gotas de tibia agua.

—¿Puedo entrar?

—¿Sabes que esto puede malinterpretarse de tantos modos posibles…?

—Hay dos chicos en una habitación que ayer se besaron por accidente en un ryokan prácticamente despoblado y que extrañamente no lograron dormir en toda la noche…Dudo que se pueda ver peor que eso.

—No puedo discutir contra semejante lógica, así que pasa.

—¿Tú fuiste la que gritó como niña aterrada? –soltó Aomine con saña tras contemplar a la chica adentrándose en la habitación.

—No, no fui yo. Había otras chicas bañándose conmigo y una de ellas fue la que gritó…Dice que había alguien más en las termas y que al parecer llevaba consigo una cámara de vídeo. Al verlo se aterró, indicándonos a todas que debíamos salir de allí rápidamente. Luego regresé a mi habitación pero todas nuestras cosas estaban desordenadas, como si alguien hubiera estado buscando algo…

—Seguramente se trata de un pervertido que quiere amedrentar a las chicas que hay en el ryokan. Ya ves que ayer llegaron un grupo de universitarias -comentaba el pelirrojo un tanto serio.

—Y como sabía que estaban aquí, decidí venir a verles –confesó con cierta vergüenza-. No puedo hacer nada si solo tengo conmigo una toalla.

—¿Y tus cosas? Se supone que las dejan afuera de los baños -indagaba el moreno.

—No estaban las de ninguna chica –espetó con cierta preocupación.

—Bien quédate aquí, iré a ver qué está pasando –Kagami, a veces era todo un caballero.

—Gracias Kagami.

El pelirrojo no demoró en irse, dejando a aquel par completamente a solas. No es como si siempre tuvieran tema de qué hablar, pero ese día extrañamente las cosas parecían complicarse con respecto a la comunicación. Tal vez porque Aomine aún le odiaba un poco por su bromita.

Debió mandar a Aomine y quedarse él. El aire está demasiado tenso…-al menos el pelirrojo le había ofrecido una sudadera azul marino a la chica. A saber por qué llevaba una en época de verano.

—No creas que te saldrás con la tuya por lo que hiciste, eh –recalcó seriamente. Podía sentir esa gélida mirada celeste sobre su ser.

Supuse que diría algo como eso…El hombre de la antigua Grecia consideraba el amor hacia las mujeres como algo vulgar, una pasión vacía, propia de los animales. Por lo que el amor entre hombres era más respetado, considerándose como un privilegio de los hombres cultos. Generalmente, solía existir una importante diferencia de edad entre los amantes. Así que al hombre mayor se le llamaba erastés y a su joven amante, erómero –ilustró.

—¿Lo estás haciendo a propósito, no es así? ¡Deja de fastidiarme! –le gritoneó a todo pulmón a la pobre chica.

—Es para que tengan un argumento medianamente sólido para sostener su pequeño asunto de ayer –se defendió.

—No me gustan los hombres. Además, tendrás que asumir las consecuencias de lo que has hecho.

—No lo creo –se cruzó de brazos, dándole la espalda al moreno.

—…Me ayudarás a quitarme ese mal sabor de boca…-no solamente había sido ese tono tan particularmente seductor el que había perforado cada centímetro de su piel, ruborizándole como pocas veces en la vida, sino también el tacto del moreno alrededor de su rostro. Estaba admirando demasiado cerca aquellos encantadores y profundos ojos azules.

Se las había ingeniado para girar tenuemente a aquella chica hacia él y al mismo tiempo atrapar entre sus manos aquel sorprendido rostro. Las palabras no emergieron de sus entre abiertos labios aunque fuera lo que ella más quisiera; en ese instante toda su atención se le estaba yendo en intentar comprender qué era lo que ese hombre planeaba hacer.

No tuvo tiempo de objetar, ni siquiera de intentar defenderse. Él había decidido el curso que seguirían las cosas en el instante en que sus labios rozaron suavemente los de ella.

¿Por qué se estaba dejando llevar por su ritmo, por aquel extraño capricho surgido prácticamente de la nada? Quizás porque en el fondo ella también deseaba nuevamente aquel acercamiento, aquel instante en que sus labios se encontraran una vez más y experimentaran el afable sabor de sus labios.

Él le gustaba lo suficiente como para que aquel pausado beso le estremeciera y acelerara los latidos de su corazón, quedando por completo a su merced.

Y ella le atraía más de lo que quería admitir o hacerle creer.