Capitulo 34
Edward POV
Estaba teniendo uno de los mejores sueños de mi vida. Bella ya había dado a luz y estaba en una bonita estampa amamantando a nuestro pequeño, estaba seguro de que iba a ser un niño, parecía que yo no supiese hacer niñas… mientras me sonreía alegremente.
Cuando me fui acercando a ella, comencé a sentir algo – no puedo decir qué, porque no era consciente de lo que era – recorrer mi cuerpo, cambiando la imagen de Bella dando de comer a nuestro pequeño por una más… caliente.
Intenté despertarme en cuanto las imágenes desaparecieron de mi cabeza, pero mis ojos no se abrían y cada vez me sentía más excitado. Lo que parecía una lengua, pasó por mi oreja y me susurró:
- Despiértate cariño, te necesito.
Volví a intentarlo, pero nada. Mis ojos parecían más pesados que nunca y los movimientos de unas manos sobre mi cuerpo me estaban haciendo la tarea de despertarme más complicada. Mi erección iba a ser inmensa en cuanto despertara.
Sentí como se sentaban sobre mi regazo y como hacían un caminito de besos húmedos por mi abdomen hacia mi pene erecto. Unos dedos agarraron la cinturilla de mi bóxer y tiró hacia abajo.
Me desperté sobresaltado – por fin – cuando sentía como su boca besaba mi miembro.
- Bella – susurré con la voz ronca y sin poder creer que ella estuviera… ahí.
Ella miró hacia arriba y sonrió ligeramente antes de volver a besar mi pene. Se lo llevó a la boca y succionó fuerte introduciéndoselo del todo para después sacarlo mientras pasaba la lengua a lo largo de mi miembro.
No podía permitir que me hiciera eso, entre el sueño tan vívido que estaba teniendo – aunque ahora entendía porque… – y su estado, por no hablar del mío, no quería que me hiciera eso, aunque lo estaba disfrutando mucho, no quería.
La separé de mí cogiéndola de los hombros, me miró con el ceño fruncido y pasando su rosada lengua por sus labios, lamiendo los rastros de mi humedad.
Sin decirle nada, la subí hasta las almohadas donde apoyó su cabeza y me coloqué encima de ella, entre sus piernas medio abiertas. Ataqué sus labios, introduciendo mi lengua en su boca. Poco a poco fui quitándole la ropa hasta dejarla completamente desnuda.
- ¿Te gusta lo que ves? – me preguntó con una radiante sonrisa cuando no aparté mis ojos de su cuerpo, sus pechos estaban más grandes, tenía que probarlos…
- Sí, me encanta – susurré observando su vientre, que ya comenzaba a estar abultado.
Pasé la punta de mis dedos sobre él provocando que Bella se estremeciera. Me incliné lo suficiente para plantarle un beso en su barriga y después besé sus labios en un beso sin prisas, los acaricié, mordisqueé y succioné a mi antojo, mientras Bella se retorcía de placer bajo mis brazos.
- Edward – susurró en cuanto aparté mi boca de la suya para coger aire y llenar nuestros pulmones.
- Dime amor – me acerqué a sus pechos y me llevé uno a la boca.
Lo lamí con devoción, tanta hasta que su pezón estuvo erecto e incluso diría que dolorido.
- Oh dios – jadeó agarrando mi cabellos con sus manos y apretándome más hacia ella. – Despacio – susurró. – Más despacio cariño, me… me… – succioné un poco más fuerte ignorando sus palabras. Bella golpeó mi cabeza haciéndola a un lado. – Más despacio – me regañó. – Las tengo sensibles – alargó su mano y frotó su pezón suavemente con sus dedos.
¡Joder, que deje de tocarse así!
Seguí los movimientos que sus dedos hacían sobre su pezón, relamí mis labios esperando que quitara su mano para atacar de nuevo sus pechos sin compasión, pero con suavidad. La miré a la cara y vi como me sonreía inocentemente, llevó la mano que frotaba su pecho a la boca y lamió el dedo índice y pulgar. Seguí de nuevo el movimiento de su mano hasta que se detuvo en su pezón y lo pellizcó, provocando que gimiéramos,… ambos.
¡Esta mujer iba a acabar conmigo!
Dejó su pecho y deslizó su mano hacia su entrepierna… ¡no, no, no! ¡No lo iba hacer!
Fue mi perdición ver como frotaba su clítoris en círculos, como cerraba los ojos y como mordía fuertemente su labio para evitar gemir.
Atrapé sus labios y deshice el agarre de sus dientes sobre éste. Introduje mi lengua en su boca y acaricié cada rincón de ésta, así como su lengua. Aparté su mano de su entrepierna sustituyéndola por mi pene. Froté de arriba y abajo a lo largo de sus pliegues recogiendo toda la humedad que pude, antes de meterme en ella de una sola estocada.
Me dejé caer hacia el lado derecho de la cama y la atraje hacia a mí, cuando sus piernas se enredaron en mi cintura. Ambos quedamos de costado, uno frente al otro… ataqué de nuevo su boca antes de deslizarme un poco hacia abajo. Quedé con el rostro a la altura de su pecho, la embestí de nuevo cuando doblé la pierna derecha para facilitarme mejor los movimientos de mi cadera y mordí suavemente su pezón.
Jugué con todo lo que se me ponía a la altura de la boca, mordiendo, succionando, lamiendo, besando… las penetraciones eran lentas, quería que disfrutara del momento y en esta postura, estaba seguro de que lo estaba haciendo, estaba entrando tanto como podía en ella.
- Edward… - gimió. - ¡Oh dios! – gritó agarrando mis cabellos y tirando de ellos. – Joder…
Separé mi boca de sus pechos y alcancé sus labios, tenia que silenciarla, estaba gritando y gimiendo demasiado alto…
Pero no pude…
Acabé gimiendo igual que ella.
- Bells… - ahogué un gemido en el hueco de su cuello y comencé a moverme más rápido.
Su espalda se arqueó y gimió alto, muy alto y yo con ella. La sentí apretarse sobre mi pene, sus piernas se ciñeron más alrededor de mi cintura y sus manos tiraron de mi pelo.
- Joder – gruñí, no por el pequeño pinchazo que había sentido en mi cabeza por culpa de sus manos que seguían estirando de mi pelo fuertemente, sino por el placer que estaba sintiendo, tan intenso, tan grande, tan maravilloso.
Regresé a sus pechos, succioné sus pezones tanto como pude y tanto como Bella me dejó sin parar de entrar y salir de ella, hasta que la sentí aflojar el agarre de mi cuerpo y después me dejé ir, ahogando mis gemidos en su boca.
Estuvimos unos segundos así, acostados, abrazados, con mi frente pegada a la suya, normalizando nuestras respiraciones.
- ¿Estas preparada? – le susurré.
- ¿Para qué?
- Para enfrentarte de nuevo a la familia. Hoy habrán consultado muchas cosas con la almohada y estarán más tranquilos, habrán asimilado todo lo que dijimos anoche – le expliqué.
- ¿Tú lo estás?
- Sí – le sonreí apartándome de su frente para darle un poco de confianza.
- Entonces yo también – me devolvió la sonrisa.
- Vamos a la ducha – le dije levantándome de la cama. – Mi madre ya debe de estar en la cocina haciendo los desayunos.
- ¿Por qué no me lo has dicho antes? – preguntó alterada levantándose rápido de la cama, provocando que le entrara un mareo y se desestabilizara.
- Tranquila amor – la cogí de la cintura para que no se cayera al suelo.
- ¿Tranquila? Tú madre no tiene que hacer el desayuno de todos nosotros, ¡necesitará ayuda! – gritó.
Sonreí alegremente al verla tan preocupada por eso. Mi madre era una mujer que se bastaba ella sola para estar en la cocina, siempre había sido así. No le gustaba que tocaran nada de lo suyo, no quería que la ayudaran mientras cocinaba, excepto anoche, que la ayudaron Bella y Rose.
- Mamá sabe lo que hace – le susurré acercándola a mi cuerpo. – No te preocupes, estoy seguro que cuando bajemos ya estará todo preparado y papá le habrá ayudado en ello. Tienes que descansar Bella.
- ¿Estás seguro de que tu padre le habrá ayudado? – me preguntó preocupada enterrando su rostro en mi pecho desnudo.
Mi pene saltó ante el contacto de su cálido aliento sobre mi pecho. Con toda la fuerza de voluntad que creí encontrar, lo mantuve flácido, no quería tomarla de nuevo, teníamos que bajar a desayunar, Bella tenia que comer por el bien de ella y del pequeño que crecía en su interior.
Tardamos cerca de cuarenta y cinco minutos en ducharnos, no nos entretuvimos en la ducha porque yo no quise. Bella volvió a ponerse cariñosa y yo, otra vez, con toda mi fuerza de voluntad, salí de la ducha dejándola sola y poniendo de pretexto que iba a preparar la ropa para que nos vistiéramos. No quería rechazarla, pero hoy era necesario, teníamos que bajar a desayunar con toda la familia.
¡Si volvía a adentrarme en ella, no saldríamos de la ducha nunca!
Bajamos las escaleras cogidos de la mano, y sonrientes. Cuando llegamos a la cocina ya estaba todo el mundo allí, a excepción de los niños, que por lo que pude oír, estaban en el comedor. Su ex que no apartaba la mirada de nuestros dedos entrelazados mientras fruncía el ceño y su padre estaba con una taza de café en la mano mientras nos miraba cauteloso.
- Buenos días – dijimos al unísono.
- Hola – saludaron la mayoría de las personas.
- Buenos días – dijeron los demás.
- ¡Pensé que no saldríais de esa habitación! – dramatizó Emmett alzando las manos. – Hermanito, la chica tiene que descansar… y mi habitación está al lado de la tuya. La próxima vez… ¡bajad el volumen! – el golpe que recibió por parte de su esposa en la nuca, no se hizo esperar, aunque ella empeoró la situación.
- Gracias a vuestros gemidos, hemos ahogado los nuestros – rió al ver la cara de Bella ponerse roja, muy roja.
Escondió su rostro sonrojado en mi pecho y suspiró.
- ¡Oye Rose! – se quejó Emmett. – Explícame, ¿por qué coño tú puedes bromear con ellos y yo no? – se cruzó de brazos y miró desafiante a su mujer.
- Esa boca Emmett – le regañó mamá golpeando su nuca.
- ¡Los niños no están! – gruñó Emmett frotándose donde mi madre le había golpeado.
- Sí, - le corrigió mi madre – hay uno – miró a Bella y le sonrió dulcemente.
Bella se escondió más en mi pecho.
Nos sentamos minutos después a desayunar todos en la mesa de la cocina. Para suerte de Bella y mía, Emmett no volvió a abrir la boca, pero Rose no se quedó corta, lanzándonos algunas que otras insinuaciones e indirectas respecto a nuestros ruidos mañaneros.
Iba a matar a mi cuñada sino lo hacía Bella antes. Su frente estaba fruncida cada vez que miraba a Rosalie, entrecerraba sus ojos enviándoles dagas envenenadas a través de ellos. Mi cuñada muy al estilo Rose, le sonreía mientras alzaba la cabeza, orgullosa de todo lo que su boca soltaba.
- Por cierto Edward – dijo mi hermano. Esto me parecía a mí que no iba a acabar bien. – Dile a tu hijo, que también baje el volumen cuando esta en su habitación – lo miré con miedo y sin comprender a que se refería. – Sí, hermano, sí – dijo asintiendo con la cabeza. – Parece que de tal palo tal astilla – sonrió. – También va por ti, Bella – ella se tensó y lo miró horrorizada antes de mirar hacia su ex.
- ¿Qué? – gruñó Jacob. – Repite lo que has dicho – dijo entre dientes.
- ¡Cállate! – intervine antes de que volviera a abrir la boca para empeorar la situación.
- Bella – la llamó su ex mirándola, esperando que dijera algo.
Bella trago en seco y agarró mi mano fuertemente por debajo de la mesa antes de mirarlo.
- Liz es una chi…
- Ni se te ocurra – le cortó. – Ni se te ocurra decirme que una chica mayor, porque sabes que no – gruñó. – Liz es una cría, no deberías de…
- ¡Calla! – le cortó Bella con un grito sorprendiéndonos a todos. – Liz siempre será tu niña, así tenga dieciséis o cuarenta años. Déjame recordarte que tú y yo perdimos la virginidad a los quince – confesó y rápidamente tapó su boca con su mano libre y miró a su padre de reojo aterrada, el cual parecía estar en su mundo, ajeno a lo que estaban discutiendo.
- No es lo mismo – le contestó Jacob, ignorando que su ex suegro estaba presente. – Los tiempos de ahora son…
- Los tiempos de ahora no tienen que ver con los de antes, por eso yo me quedé embarazada a los dieciocho. Nosotros no teníamos ni la mitad de las cosas que ahora existen para evitar el embarazo. Liz es una chica lista y esta prevenida de todo, he hablado con ella, le he dicho que tome precauciones siempre, y déjame decirte, que yo confío en mi hija, cosa que parece, que tú no – le dijo sin pararse a respirar.
Miramos todos a Jacob, esperando que se enfadara o chillara, o algo por el estilo, pero solo observó a Bella durante unos segundos y tras un suspiro derrotado, agachó la mirada.
De acuerdo, íbamos a hacer esto… yo me encargaría de Emmett por bocazas y Bella de Rose por picarla con sus comentarios.
Nos quedamos en silencio el resto del desayuno, vaciando nuestros platos y nuestros vasos, hasta que Charlie, el que parecía haber regresado de su mundo, habló.
- Cariño – llamó a Bella levantándose de silla. – Jake y yo nos vamos a ir ahora de regreso a Forks.
Bella se levantó de la silla, yo la copié.
- De acuerdo, os acompaño – le dijo.
Charlie y Jacob se despidieron de mi familia, agradeciéndoles por la amable hospitalidad que habían tenido con ellos. Después seguimos a su padre y a su ex hasta el comedor donde seguían nuestros hijos a excepción de Tony, me alegraba de ello, sabía que Jacob le iba a saltar aunque Bella estuviera presente, lo sabía porque peinó toda la estancia en busca de algo y lo único que faltaba, era mi hijo mayor. Tras despedirse de sus hijos – Liz se tensó cuando su padre le abrazó y le susurró algo al oído que no logramos escuchar – y nietos, nos dirigimos hacía el coche que tenían aparcado en frente del garaje de la casa de mis padres.
- Cariño – Charlie abrió los brazos hacía Bella, ella no dudó en ir a donde su padre y abrazarlo. – Me alegro de que aquí todo te vaya bien, de que seas feliz y de… de… de que me hagas abuelo de nuevo – le dijo mientras la abrazaba cariñosamente.
- ¡Hey, Charlie!, no la acapares, yo también me quiero despedir de ella – le dijo su ex.
Charlie sonrió y tras besar el tope de cabeza de Bella, se separó de ella para que el moreno pudiera despedirse de ella.
Bella POV
Jake me abrazó posesivamente, parecía querer demostrar algo… yo lo abracé como siempre lo hacía, apoyando mi cabeza en su pecho y cerrando los ojos, disfrutando del calor de su cuerpo de una forma inocente.
- Espero que sepa tratarte – comenzó a susurrarme en el oído. – Al mínimo problema con él, no dudes en llamarme y vendré corriendo para darle su merecido.
- No habrá problemas con él – le contesté lo más bajo que pude para que mi padre o Edward no me escucharan.
- Tú solo llámame – me apretó más en su abrazo y hundió su rostro en mi cabello. – Os echo mucho de menos princesa.
No pude evitarlo… mis lágrimas, las que estaba reteniendo desde que mi padre había anunciado que regresaban a Forks, salieron de mis ojos para hacer un recorrido desde ellos hasta mi barbilla.
- Y nosotros a ti Jake – mi voz sonó ahogada por su pecho.
- Volved – la voz de Jacob salió suplicante. – Volved a casa.
Quería decirle que sí, pero no podía.
- No, mi casa ahora está aquí – Jake suspiró y besó mis cabellos antes de apartarme de su abrazo.
- No llores princesa – alzó sus manos y limpió las lágrimas de mis mejillas. – Estamos a una llamada de distancia – sonrió.
- No puedo evitarlo… las hormonas me tienen revolucionada – traté de sonreírle, pero se quedó en una mueca.
- Sí, respecto a eso… - tragué en seco – No voy a reclamarte nada Bells – alzó de nuevo su mano y apartó un mechón de mi cara. – No soy quien – me sonrió posando su mano en mi tripa. – Espero de corazón que este pequeño – rodé lo ojos, otro que pensaba que iba a ser un niño… bastante tenia con aguantar a Edward. - ¿Qué? – preguntó al ver mi rostro.
- Nada – le contesté.
Me observó unos segundos antes de volver a hablar.
- Lo que te decía, espero que este pequeño nazca bien y sano. Me alegro de que estés feliz, de que tus ojos vuelvan a brillar como lo hacían antes y de que aquí las cosas te vayan bien, bueno más que bien – volvió a abrazarme y yo me dejé hacer.
Rodeé su espalda con mis brazos y besé su pecho mientras dejaba que las lágrimas mojaran mis mejillas.
- Te quiero Jake – sollocé.
- Y yo a ti princesa – apretó su abrazo alrededor de mi cuerpo y enterró su rostro en el hueco de mi cuello.
Pude sentir sus propias lágrimas deslizarse de sus ojos por mi piel, eso solo hizo que las mías siguieran saliendo sin control.
Tras unos minutos abrazados, llorando, suspirando e hipando, nos separamos. Observé a mí alrededor y vi que estábamos solos, mi padre y Edward estaban apartados hablando entre ellos, dándonos un poco de espacio, supongo.
- Una llamada y vengo – me dijo Jake cuando subió al coche tras el volante. – Cuídala – le dijo a Edward. – Es uno de mis bienes más preciados – rodé los ojos.
- Siempre – le respondió Edward acercándome a su cuerpo, después de pasar su brazo por mi cintura.
- Cuídate cariño – se despidió papá, besando por última vez mis mejillas. – Nos vemos en navidad. Cuídala hijo – le dijo a Edward ofreciéndole su mano.
- Lo haré Sr. Swan, no se preocupe por su hija, la deja en buenas manos – le apretó la mano.
- Eso espero. Adiós chicos – se despidió definitivamente montando en el coche.
Observamos cómo se iba el coche y después regresamos al interior de la casa. Nos encontramos en el recibidor con la hermana de Edward que parecía que iba a salir.
- ¿Te vas? – le preguntó su hermano.
- Sí. He quedado con Ta… Sí – respondió.
- Oh… - dijo Edward.
- Por cierto – Alice se dio la vuelta cuando llegó a la puerta y retrocedió los pasos que acababa de dar para acercarse a nosotros. – Creo que anoche no tuvimos la oportunidad de hablar y quería deciros que me alegro mucho por los dos, de que estéis juntos y de que estéis esperando un bebé – lo siguiente que hizo, me cogió desprevenida.
Abrió sus brazos y nos abrazó a ambos, para después darnos un beso a cada uno en la mejilla.
- Enhorabuena – susurró antes de separarse de nosotros.
- Gracias – respondimos al unísono, Edward alegre y yo un tanto aturdida por el comportamiento de Alice.
- Pasadlo bien – nos dijo antes de salir por la puerta dejándonos solos.
Regresamos a la cocina donde se encontraba el resto de la familia.
- Creo que deberíamos de felicitaros por las noticias de anoche y no tuvimos la oportunidad de hacerlo debido a que nos cogisteis desprevenidos y nos dejasteis en shock con tanta noticia junta. Jasper, la tuya incluida – dijo Esme acercándose a nosotros. – Me alegro mucho de que me vayáis a hacer abuela de nuevo y de que estéis juntos – nos sonrió y nos dio un abrazo a cada uno.
- Yo también me alegro de que me hagáis abuelo de nuevo – le siguió Carlisle acercándose a nosotros y tomando el lugar de su mujer, abrazándonos a ambos.
- Jasper también me alegro por ti hijo. Me alegro de que hayas encontrado a tu hermana, espero que sepáis recuperar el tiempo perdido – Carlisle asintió apoyando las palabras de Esme y se acercó a ella antes de ir a donde Jasper y Rose para abrazarlos a los dos.
Vi como Esme le susurraba algo al oído a Rose. Ella dejó que un par de solitarias lágrimas abandonasen sus ojos antes de sonreír felizmente.
- Enhorabuena hermanito – Emmett se acercó a nosotros y nos rodeó con sus brazos, apretándonos contra su cuerpo, evitando que nuestros pulmones se llenaran de aire. – Veo que los soldaditos de Eddie no han flaqueado y aun saben trabajar – rió de su estupidez. – Jasper, cuñado – se giró hacia mi amigo y alargó su mano. – Bienvenido a la familia – agarró la mano de Jasper y lo empujó hasta que chocó contra su pecho, donde lo estrujó.
- No seas bestia, Emmett – le regañó Rose. Se acercó a nosotros como habían hecho los otros miembros de la familia y nos abrazó. – Os quiero chicos, me alegro mucho por vosotros – besó nuestras mejillas y se arrimó a Emmett para abrazarlo y hundir su rostro en su pecho, escondiendo su rostro húmedo por lágrimas.
Comimos en casa de los Cullen antes de decidir ir a casa de su ex para advertirle del estado del pequeño E.C. y contarle nuestras… noticias.
Pasamos por casa para dejar a Liz y Seth a cargo de Jasper y a cambiarme de ropa, antes de ir a casa de su ex a llevar a los chicos. Estábamos de camino hacía allí, y yo me encontraba realmente nerviosa. Ya había visto a la rubia despampanante que tenia como mujer Edward con anterioridad, - no sabía que había visto en mi, teniendo una mujer como Tanya - pero ahora la temía. No sé por qué razón, pero sentía que esto no era una buena idea y que todo iba a salir mal…
- Relájate y para de mover las piernas – me dijo Edward posando una mano sobre mi rodilla, tratando de parar el movimiento de éstas.
- No creo que sea una buena idea – susurré mirándole, suplicándole con la mirada que volviéramos a casa.
Cosa que él no iba a poder entender, ya que no tenia telepatía.
- No va a pasar nada – apartó la mirada de la carretera para mirarme y me sonrió. – Relájate – susurró y volvió a mirar hacia la carretera.
Tardamos muy poco en llegar, para mi gusto, a la que fue su casa. Tony y E.C. salieron prácticamente corriendo del coche y se acercaron a la puerta principal, la cual se abrió de golpe dejándonos a la vista a Tanya. Abrazó y besó a sus hijos antes de fijarse en nuestros cuerpos inmóviles en el coche. Frunció el ceño y tras dejar que los chicos entraran en casa, se cruzó de brazos y esperó a que nos bajáramos del coche.
- ¿Estás preparada? – inquirió Edward apretando mi pierna.
- ¿Si te diría que no, serviría de algo? – le pregunté apartando la mirada de su ex y centrándome en él.
- No – me sonrió cálidamente antes de bajarse del coche. – Contra antes hagamos esto, mejor.
Esperé a que rodeara el coche para que me abriera la puerta como siempre hacia, entre tanto, intenté calmarme, no podía alterarme, no iba a ser nada bueno para el bebé.
Tras un largo suspiro, agarré la mano que Edward me estaba tendiendo para salir del coche, y así lo hice. Caminos hasta donde estaba Tanya aun con el ceño arrugado y los brazos cruzados, a una distancia bastante considerable respecto a nuestros cuerpos, el de Edward y mío.
- ¿Podemos hablar? – le preguntó Edward a su ex.
- ¿De qué? – inquirió ella en lo que me pareció en tono nervioso y con temor.
- Te diré de qué, pero prefiero hacerlo dentro. ¿Podemos pasar?
Nos evaluó con la mirada durante unos largos segundos. Después se apartó de la puerta dejándonos entrar. Seguí a Edward en silencio hasta el salón, donde me indicó que tomara asiento en el sofá largo. Él lo hizo a mi lado y Tanya justo enfrente de nosotros en un sillón individual.
- ¿De qué quieres hablar? – preguntó en un hilo de voz, sin apartar la mirada de Edward, sin siquiera dedicarme a mí una rápida mirada.
- Es de E.C.
- ¿Qué le pasa? – preguntó asustada, echándose hacia delante en el sillón.
- Quizás lo notes un tanto… extraño.
- Explícate Edward – gruñó.
- Le hemos dado un par de noticias que le costará asimilar y hemos venido a decirte que no le presiones. Necesita pensar.
- Es un niño de once años. ¿Qué es lo que tiene que pensar? – inquirió alterada.
- Como comportarse respecto a las noticias que le dimos – le contestó Edward frunciendo el ceño.
- Y, ¿qué noticias son? – por primera vez desde que nos sentamos en el sofá, me miró.
Una rápida mirada en la que me mostró varias emociones, que no supe descifrar y después volvió a clavar sus ojos en Edward.
- Verás Tanya – Edward mordió su labio y me miró de reojo. Alargando la mano, cogió la mía y la colocó sobre su regazo. Tanya siguió el movimiento de su mano. – Le dijimos que Bella y yo estamos juntos y…
- ¿Fue con ella? – le cortó Tanya sin apartar la mirada de Edward. – ¿Me engañaste con ella? – Edward solo pudo asentir con la cabeza. – ¿Me… me estás diciendo… que… me engañaste con ella? ¿Con la madre de la novia de tu hijo? – se levantó del sillón para después dejarse caer de nuevo en el. – ¿Era necesario traerla para que me sintiera más mierda de lo que me siento por haberte perdido? – volvió a levantarse. - ¡¿Era necesario? ! – le gritó.
- No, no era necesario, pero quiero que entiendas que…
- No – susurró interrumpiéndole. – No quiero escuchar porque quieres que entienda lo que tengas que decirme Edward – no sé si era bueno o no, o era por culpa de las putas hormonas, pero comenzaba a sentir pena por Tanya. – E.C. no entendió vuestra relación, ¿es eso? – comenzó a caminar por la estancia.
- Sí y no. No solo le dijimos eso – Edward agachó la mirada unos segundos y volvió a alzar la cara para enfrentarse a Tanya. – Le dijimos que… que… - Edward titubeó. Su mano estaba sudorosa, su frente estaba perlada en sudor, su respiración un poco alterada, incluso podía sentir su corazón latir a toda velocidad tan solo cogiendo su mano. – Vamos a ser papás – soltó con todo el aire que estaba reteniendo.
Tanya paró en seco sus pasos y miró a Edward con horror, con vergüenza – eso no sabría decir por qué – con más miedo, con pesar, con…
- ¿Qué? – preguntó con voz débil. - ¿Qué está embarazada? – tuvo que agarrarse del respaldo del sillón para no caer al suelo.
Su piel estaba blanca como la cal, parecía tener la mirada un tanto ausente, su boca estaba entreabierta, incluso diría que estaba sudando la gota gorda.
- Tanya – Edward soltó mi mano no sin antes mirarme, pidiéndome permiso con sus ojos para poder ir a donde ella. Solté sus dedos, Edward se levantó y caminó hacia ella. – Siéntate – la agarró del brazo suavemente y la ayudó a que se sentara en el sillón.
- Desde luego vosotros para dar noticias no servís – dijo una voz conocida a nuestras espaldas.
Edward y yo nos giramos para ver a Alice entrar en el salón con un vaso de agua.
- Se han ido a juntar el hambre con las ganas de comer – dijo divertida acercándose a Tanya entregándole el vaso de agua. – Bebe un poco cariño – su voz sonó dulce.
Edward POV
Mi hermana tenia razón… ninguno de los dos sabía dar una noticia importante. Aunque pensándolo bien, Tanya no tenia ni voz ni voto, entendía en cierto modo su reacción, pero me parecía un pelín exagerada.
Regresé al lado de Bella, pasé un brazo alrededor de sus hombros y la acerqué a mi cuerpo. Tenia la sensación de que iba a tener que protegerla de algo.
- ¿La próxima víctima quien será? – inquirió mi hermana en tono burlón.
Ninguno de los dos le contestamos, nos quedamos observando a Tanya que pasó de estar blanca como la tiza a roja como el tomate. Ese rojo lo conocía yo, estaba furiosa…
- Si esperáis que me alegre por vosotros, lo siento pero no puedo… como no puedo felicitaros por lo que estáis construyendo – dijo entre dientes sin apartar la mirada de sus manos entrelazadas. – Y Edward – alzó el rostro y me miró. Sus ojos estaban brillantes debido a las lágrimas que estaba conteniendo y su labio inferior temblaba un poco. – No me ha parecido correcto que vengas con ella – señaló a Bella – a mi casa y me sueltes que encima de estar juntos, estáis esperando un bebé. No sé si lo has hecho consciente o inconscientemente, me da igual, pero no me parece justo que la metas en mi casa, esto lo podíamos haber hablado nosotros dos, solos. Sin necesidad que tu… amante esté presente.
- Tanya… - intenté al ver como sus ojos habían comenzado a dejar escapar algunas lágrimas.
- No he acabado – gruñó. – Sé que te hice daño, ambos sabemos cuánto me arrepiento de ello, pero creo que merezco un poco de respeto, el poco de respeto que te ha faltado a ti hoy, trayéndola contigo y demostrándome… lo felices que estáis.
Bella se apartó de mi cuerpo y se levantó.
- Lo siento – susurró mirando a Tanya.
Me levanté del sofá en cuanto vi que se iba del salón.
- Bella, espera – le dije, pero me ignoró y siguió andando hasta que escuché la puerta principal abrirse y cerrarse.
- Déjala Edward – me pidió Alice. – Necesita estar a solas un momento.
- Muchas gracias Tanya – ironicé al darme cuenta en el estado en el que se había ido Bella.
Me dejé caer de nuevo en el sofá y enterré la cara en mis manos. Esto no estaba saliendo como yo pensé que saldría.
- Menos gracia me ha hecho a mí, Edward – respondió entre dientes. – No sabes lo mal que me estoy sintiendo en este momento de pensar que solo a ti se te ocurre traer a tu amante a mi casa.
- Es tu casa porque yo te la dejé – aparté mis manos y la miré enfadado. – Y yo al menos no me la he tirado en la que hoy sigue siendo tu cama. Al menos tuve la decencia de no haberla traído a casa para…
- Edward – me cortó Alice que me miraba con los ojos abiertos como platos.
- ¡No! – gritó Tanya levantándose del sillón. – ¡Deja que lo diga, está deseando hacerlo!
- No me provoques Tanya – le gruñí levantándome.
- ¡Dilo! – volvió a chillar.
- Edward – mi hermana se puso delante de mí y me empujó hacia una esquina del salón. – Creo que no es el mejor momento para echaros la mierda encima. Ninguno de los dos está siendo racional. Os estáis dejando llevar por…
- Cállate – le dije a mi hermana. – No digas nada más – me alejé de ella y me acerqué a Tanya. – No te iba a pedir que te alegraras por mí, solo he venido a decirte lo de E.C., no lo presiones, ni le engañes con cosas que nunca, jamás pasaran – salí del salón sin esperar su respuesta y fui a la cocina, necesitaba… agua.
Bella POV
Sabía desde el principio que no era buena idea venir… lo sabía… pero Edward tenia que ser cabezota y teníamos que haberlo hecho. Temía pasar exactamente por lo que estaba pasando.
Ya no podía aguantar las lágrimas, así que me preparé para la llantina que venia y lloré. Lloré mientras me apoyaba en el lateral de su coche con mis brazos, enterrando mi cara en ellos, deseando que no pasara ningún vecino y me vieran en ese lamentable estado.
- Veo que ayer no aprendisteis nada - rió.
- No estoy de humor Tony – sollocé sin apartarme del coche.
- Ya veo – susurró.
Sentí como se acercaba a mí y como se apoyó en el coche.
- No deberías de haber venido tú. Papá tenia que haber hecho esto solo – suspiró. – Habría sido más fácil para mamá encajar todo sin tenerte a ti presente.
- Lo sé – murmuré deteniendo mi llanto. – Pero tu padre me necesitaba con él.
- Papá parece que no sabe hacer las cosas por si solo – rió Tony.
Aparté mi rostro de mis brazos, limpié mis mejillas y miré a Tony. Ha madurado mucho desde que lo conozco, ahora era como… Edward con unos cuantos años menos.
- ¿También te pide que le ayudes a cambiarse de ropa interior? – rió alegremente de su propia estupidez.
- No, todavía no – me reí con él.
- Dale tiempo – siguió riendo.
Nos quedamos unos minutos en silencio observando lo que teníamos delante de nosotros cuando paramos de reír, hasta que lo rompí.
- ¿Qué haces aquí Tony?
- Eso debería de preguntarlo yo, ya que es mi casa, aunque ya me ha quedado claro que es lo que tú haces aquí – me sonrió.
- Sabes que no me refiero a eso – suspiré.
- Lo sé. Solo quería ver qué tal te encontrabas, – oh, que ricura verlo preocupado por mí… tuve que cerrar los ojos fuertemente para evitar que las lágrimas volvieran – he oído los gritos de mi madre y mi padre y…
- ¿Están gritando? – le interrumpí.
- No, ahora ya no.
- Joder – gemí.
- Siempre ha sido así Bella. Si uno grita, el otro lo hace más alto.
- Eso no es bueno – le dije bajando la mirada.
No era bueno para ninguno de ellos, ni para los niños…
- No, no lo es. E.C. está demasiado triste. Primero mis padres se separaron, con razón… - me miró de reojo.
- ¿Me estas echando a mí la culpa? – inquirí aterrada.
Veía lógico que él estuviera buscando a algún culpable, pero… joder con los huevos de Tony. No tiene que ser fácil enfrentar a la… amante de tu padre y hablar tan tranquilamente como lo estaba haciendo él.
- No – sonrió. – Creo que aunque no hubieses entrado en la vida de mi padre, ellos se habrían separado de todas formas. Su relación, si se le puede llamar relación a eso… – señaló la casa con su mano – estaba acabada desde hace años – confesó. No me sorprendió, ya que yo ya sabía eso por Edward. – No me sorprende que mi madre habría ido en busca de… - miró hacia el suelo y frunció el ceño – consuelo, por llamarlo de alguna manera. Papá nunca estaba en casa, siempre estaba trabajando. Rara vez pasaba el tiempo con nosotros.
- Lo siento Tony – le dije sinceramente.
- Yo ahora no – se giró para mirarme de frente. – Me da pena que su relación se haya ido al traste, pero ahora papá pasa más tiempo con nosotros, se preocupa más, está siendo un buen padre. Y mamá, encontrará a alguien que le llene como tú llenas a mi padre.
- Eso ha sonado muy cursi viniendo de ti – me reí al escuchar sus palabras.
- No te rías – se quejó.
- No puedo evitarlo – seguí riendo. – Lo que has dicho no es propio de ti, siempre eres tan, pero tan bruto.
- Bueno, supongo que tengo mis momentos de gloria – se encogió de hombros y me sonrió. – Aprovéchalo antes de que vuelva el Tony gruñón. Tu hija me ha cambiado – suspiró.
- ¿A bien o a mal? – le pregunté curiosa dejando de reír.
- ¿Tú qué crees? ¿Preferías al Tony que reclamaba, chillaba, insultaba e incluso que intentó ligar contigo, o prefieres a lo que ves ahora? – se señaló con la mano de abajo arriba.
- ¿Ligar conmigo? – le pregunté incrédula con la ceja alzada.
- Sí, quizás no lo recuerdes, pero el año pasado te invité a mi "cumpleaños" – hizo las comillas con sus dedos.
Hice memoria durante unos segundos. Sí, lo recordaba. Y ahora que lo pienso me resulta bastante vergonzoso.
- Prefiero a lo que hoy veo. Has madurado mucho, eres todo un hombrecito – me burlé remarcando la última palabra.
- Todo gracias a Lizzie – sonrió ignorando mi burla.
- ¿Lizzie? – inquirí divertida.
- Sí, es su apodo cariñoso – contestó con una sonrisa y las mejillas teñidas de rojo, ligeramente avergonzado.
- Me gusta – le dije.
- A ella también – me guiñó un ojo.
Volvimos a sumirnos en nuestros pensamientos, dejando que un cómodo silencio nos rodeara. Tenia tantas cosas que pensar y tan poco tiempo de hacerlo hasta que Edward saliera.
Edward POV
Después de beberme dos vasos de agua, decidí que era hora de irme. Ya había calmado mis nervios y Bella estaba fuera, sola. Me giré tras limpiar el vaso y guardarlo en su lugar para salir de la cocina, pero mis ojos se cruzaron con los de Tanya.
- Lo siento – murmuró sollozando. – Siento haberme comportado así.
Me acerqué a ella sin dudarlo y la envolví con mis brazos.
- No llores – susurré.
Siempre me había dolido verla llorar a pesar de nuestras continuas broncas, siempre me rompía el alma verla así.
- No llores – insistí apretándola más contra mi pecho.
- Siento haberte reclamado nada, siento haberte gritado, lo siento.
- Tanya…
- No digas nada – se apartó de mí y me miró a los ojos. – Lo que os dije es verdad, no puedo alegrarme por vosotros, sé que suena egoísta y ruin, pero no puedo. Yo… yo aun te amo.
Esa confesión me dejó un tanto bloqueado. No esperaba que ella me confesara que aun me amaba, ya que fue ella la que dio por terminado nuestro matrimonio, aunque si no lo hubiera hecho ella, habría sido yo, aun así me cogió desprevenido.
- Sé que no vas a volver a corresponderme, he visto como la miras y eso me duele como nunca pensé que me dolería al verte con otra mujer que no fuese yo. Siento haberme alterado así, pero no puedo decirte que me…
- Shh… - la silencié.
No quería que repitiera que no se alegraba por nosotros. Yo no había venido a eso. Solo había venido a prevenirla de E.C. y darle las razones del por qué, del estado de nuestro pequeño, pero se me había ido todo de las manos.
- Solo había venido a decirte lo de E.C. no tienes porque decirme nada más.
- Pero…
- No – le interrumpí. – Solo prométeme que no le presionaras.
- Lo inten…
- No, prométeme que no lo harás – no quería que lo intentara, sino que lo hiciera. – Tanya, nunca te he pedido nada, por favor haz esto por mí, por E.C. – le supliqué con la mirada.
- De acuerdo, lo prometo, pero si se pone peor, te encargaras tú de llevarlo al psicólogo.
- No será necesario, ya lo verás – le sonreí.
Nos observamos durante unos segundos a los ojos, tuve que separarme de ella cuando vi que se estaba alzando en la punta de sus pies. No iba a dejar que me besara por el bien de ambos.
- Será mejor que me vaya.
- Sí – suspiró agachando la mirada. – Será lo mejor.
- Adiós Tanya – besé su mejilla y salí de la cocina sin esperar a que dijera algo.
Me despedí de mi hermana tras pedirle que cuidara y vigilara a Tanya, ya que la había visto bastante decaída. Salí de la casa y caminé hacia mi coche sorprendiéndome de ver a Tony reír con Bella.
- ¿Nos vamos? – le pregunté cuando llegué a su altura.
Ambos pararon de reír y me miraron.
- Claro – me respondió con una dulce sonrisa y después miró a mi hijo. – Gracias Tony – alargó sus brazos y lo abrazó.
- No hay de qué Bella – le respondió él, abrazándola.
Me quedé mirando la escena embobado. No sabía de que habían estado hablando – lo averiguaría más tarde – pero ver a mi hijo abrazando a Bella, me removió el estomago, en el buen sentido. Cuando se separaron, nos despedimos de Tony y nos pusimos rumbo a su casa.
Iba hacerla sentir querida, si me dejaba, e iba a hacer que olvidara la mala tarde que había pasado por mi culpa.
- ¿Estás bien? – le pregunté deteniéndonos en un semáforo en rojo.
- Sí, creo que sí – me dijo con sus ojos cristalinos.
- No te preocupes amor, yo te haré sentir mejor – le sonreí y me incliné para besar castamente sus labios.
Después agarré su mano izquierda y la alcé para besarla. Pronto, esa mano iba a estar adornada por una alianza.
¡Hola!
Como siempre... sé que no tengo perdón por la tardanza y quizás el capitulo no ha estado del todo fino, pero tengo un cacao de letras en mi cabeza y con la presion que siento en estos momentos, es lo único que me ha salido. Es un poco más corto que de costumbre, pero mi cabeza no daba para más.
¡No sacrifiqueis mucho a Tanya!
Gracias por los reviews, las alertas, los favoritos y por leerme ^^. Bienvenidas a las nuevas lectoras.
Gracias a mis... betamigas por echarme un cable cuando más lo necesito y sobretodo por aguantame. Muchas gracias tlebd por hacer uso de tu "fantastico" movil para soportarme :P, y silves tambien gracias por aguantarme por las noches, por cierto... ¡da un poquito la cara! jajaja, no sabes la de cosas que se me han pasado por mi cabecita (guarra) de lo que posiblemente estes haciendo para desaparecer de esta manera (escalofrios...) jijijiji. ¡Un besote guapas!
Gracias chicas por esperarme y por seguir leyendome ^^
¡Un abrazooooo grannnde!
