Para celebrar el año nuevo, os dejo este capítulo mucho más largo de lo usual ^^ Ya que os mimo, os mimo con ganas ;D
¡Que disfrutéis!
San Valentín
Última parte
Cuando alcanzaron el portón que les daba la bienvenida al castillo, sólo necesitaron un vistazo rápido para darse cuenta adónde preferían ir las dos. ¿Por qué no aprovechar que apenas había gente en Hogwarts para ir a la Sala Común de Slytherin?
Pansy fue la primera que abrió la puerta que daba a su dormitorio. Hermione dejó de lado la sensación de relajación que le daba escuchar las suaves corrientes del lago golpeando las ventanas y se fijó en la enorme lámpara plateada de araña que adornaba el techo del dormitorio.
—A ver si lo adivino, dejando aparte los doseles verdes que adornan éstas camas tan antiguas, las colchas deben de ser de hilo plateado —sin decir nada más, Hermione retiró el dosel de seda y se encontró con lo que había previsto.
Dejó escapar un ruido de burla.
—Tendrías que sentirte honrada ya que hacía siglos que alguien de otra Casa no entraba aquí, o eso dicen —informó, dejando en el baúl la fotografía de ella y Draco, donde atrás se escondía la que en verdad le interesaba.
—Oh —Hermione dejó que su amada le quitara el abrigo, la bufanda y el gorro para poder estirarse en la cama.
En cuanto Pansy se posó, después de dejar a un lado las mismas prendas, encima del cuerpo, Hermione se apartó de su agarre y comenzó a rodar por la amplia cama (más amplia que la suya y aquello la molestó ligeramente)
—Uo, uo, uo, relájate, fiera —imitó el tono que formuló la Slytherin en la tienda de té y bloqueó las manos que intentaban acariciarla—. Ésta vez va a ser un poco diferente...
—¿Ah, sí? ¿Y qué es lo que va a cambiar? —se burló Pansy, haciendo el intento de acercarse más al cuerpo que anhelaba.
—Hoy voy a ser yo quien mande —su espléndida dentadura hizo acto de presencia—. Me gustaría probar u-un nuevo juego.
El titubeo de Hermione provocó en la Serpiente una sonrisa maléfica, sin embargo, en vez de aprovecharse de la brecha que había dejado Hermione, apoyó ambas manos bajo su nuca, cruzó sus pies y dejó que la Leona continuara con la explicación.
No pudo reprimir el chasquido de sorpresa en cuanto Granger comenzó a desprenderse de la ropa y se situó encima de su cadera. Pansy mostró una expresión de desconcierto mientras observaba las escasas prendas que cubrían a su novia. Aunque acabó apretando sus labios para que no saliera ninguna sonrisa al percatarse de los lindos conejos que adornaban la ropa interior de Hermione.
—Quítate todo lo que llevas puesto —ordenó la Leona, obligando a Pansy a que la mirara a ella y no a su cuerpo semidesnudo.
—¿Cómo, si estás tú encima de mí?
—Te creía más inteligente, Parkinson. Desnúdate.
La nombrada no tardó ni un segundo en obedecer, excitada por la inusual situación. Se dejó la ropa interior por Hermione, quien la paró durante el instante en que intentaba desprenderse del sujetador de encaje, y volvió a tumbarse en el colchón todavía con la Leona en su cadera.
—Nada mal, no creía que supieras bajarte los pantalones sin la ayuda de tus manos —murmuró Hermione.
—Te sorprenderías si supieras lo que puedo hacer sin la ayuda de mis manos.
Hermione alzó ambas cejas, curiosa. ¿Había sido un comentario sexual o no?
—¿Como por ejemplo...?
—Pensaba que eras tú quien dominaba hoy, no yo —su pícara sonrisa se dejó entrever.
—Eehm, bueno, eso no significa que no puedas dar ideas.
—Ya... claro... —carraspeó—. Me da a mí que no eres muy buena en esto de ser la que lleve el ritmo.
—¡C-calla!
Pansy se carcajeó, pero intentó callar cuando Hermione le dio un manotazo después de intentar apretarle las mejillas ruborizadas en un acto de burla.
—Gatita, por mí te dejaría que me dominaras en la cama siempre que quisieras, porque después de todo en la vida real soy yo quien lleva las riendas —se llevó un golpe en la cara con la almohada, ahogando su risa. La intentó apartar de su cara como pudo—. Pero debes de admitir que no estás acostumbrada, o en tu caso no has leído, lo suficiente como para llegar a dominarme de la manera que quieres. A ver, deja esa maldita almohada y escúchame —rió, cubriéndose con un brazo—. ¿De dónde o de quién has sacado la idea de intentar probar un nuevo juego en el que los roles de dominante y sumisa están tan marcados? —asintió al notar que Hermione no quería decir nada—. No sabes ni siquiera que en este juego de dominación y sumisión se debe de hablar antes, ¿verdad?
Hermione desvió la vista, nada segura de aquella pregunta. Al fin y al cabo, Harry no le había explicado nada más que un "Domínala si llegas a intimar con ella, aunque no lo parezca a los Slytherins les gusta esos cambios. Y más a estos dos que están demasiado acostumbrados a ser los que manden en todo"
—Interpretaré tu silencio como un "No tengo ni puta idea de lo que estoy haciendo" —acabó la Slytherin.
Pansy acomodó sus manos en el mullido colchón e impulsó su tronco hasta situar el rostro cerca del pecho de Hermione. Mordió el puente entre las dos copas del sostén de la Leona y, con un gesto rápido de mano, intentó llegar al corchete para que aquella prenda no interfiriera más.
Hermione echó hacia atrás su torso para impedirle su cometido. La Slytherin bufó, nada contenta.
—No puedes hacerme esto después de decirme lo que querías hacer —gimió Parkinson, impaciente—. Déjame enseñarte hoy cómo se hacen las cosas y te juro que seré toda tuya más tarde.
—Puedes explicarme con palabras en un momento —Hermione posó únicamente dos dedos en el esternón de la Slytherin e hizo presión hasta que logró que se tumbara de nuevo.
—Esto se aprende observando, practicando y hablando con el que quiere ser dominado sobre lo que se está dispuesto a hacer y lo que no, y un par de detalles más que-
—¿Y dónde entra el punto de dejarte que me domines para que aprenda yo a dominarte? ¿No decías que dependía de cada uno y de un par de detalles más? Entonces, ¿qué sentido tiene lo que has dicho si tú y yo somos muy diferentes? —entrecerró los ojos, perspicaz.
Hermione sabía de antemano que su astuta Slytherin quería confundirla de alguna manera u otra.
—Pues... —cerró la boca al darse cuenta de que no iba a ser tan fácil quitar a la Gryffindor la idea que ella misma quería llevar a cabo primero—... en todo lo que he dicho.
—Ah, claro,... la cuestión es aprender con la práctica.
—Exacto —Pansy sonrió, feliz por haber logrado su objetivo.
—¿Y cómo voy a aprender si no vas a parar de dominarme? Se aprende practicando mi dominación sobre ti y no tu dominación hacia mí, ¿no?
La sonrisa de Pansy se borró de inmediato.
—No, no, no, lo has entendido mal.
—Creo que intentas engañarme —afirmó, alzando una ceja y esbozando una sonrisa.
Pansy no contestó, sólo atinó a hinchar sus mofletes y a cruzar los brazos como una niña pequeña. En qué momento se le había ocurrido que se le haría tan fácil confundir a la más inteligente de su generación. Aunque, bien era cierto, que tampoco había puesto todo su empeño en ello.
—Veamos si he captado lo que ha pasado entre líneas... —Hermione, con los brazos cruzados, separó el derecho para posar un dedo en sus labios. Relató con un tono de voz que utilizaba en clase para responder:— Has estado completamente de acuerdo hasta que, por arte de magia, has entrelazado los conceptos "Dominante y Sumisa" y mi escasez de experiencia en ello. Esto me huele a que; uno, tienes miedo a que te domine y/o te haga daño (hecho que veo muy poco probable puesto que sería muy fácil para ti enseñarme lo necesario) o, dos, (que lo veo mucho más posible) que hayas querido aprovechar mis dudas junto con tu inseparable necesidad de capricho de niña mimada y quieras dominarme porque, evidentemente, siempre tienes que conseguir lo que te propones y te entre a la cabeza como buena tozuda que eres y, añado, se agrega tus insaciables ganas de hacer el amor y dominarme.
—Granger, no es novedad para ti el que quiera follarte —el tono que empleó fue el mismo de sabionda que utilizó la Leona.
Hermione forcejeó con la almohada que Pansy intentaba alejar de su alcance. En cuanto la Slytherin logró el cometido de tirar la almohada al suelo, Hermione dejó de presionar la cadera, ocasión que Pansy aprovechó para girar el cuerpo y acorralarla contra el colchón.
—Uuh, ¿quién está al mando, ahora? ¿mmh? —sus pequeños dientes caninos atraparon el lóbulo de su prisionera, quien no paraba de quejarse, disconforme.
Sus manos dejaron de apretar las muñecas para recorrer las mejillas de la Gryffindor, que se encontraban tirantes por la sonrisa que intentaba pasar desapercibida en una expresión de molestia. Los labios de Parkinson volvieron a jugar con la oreja de Hermione, dejando salir suspiros eróticos y, entre ellos, una risa dispersa.
Granger se dejó mimar y continuó acariciando la nuca de su captora, inmersa en su imaginación que lograba arrancarle dulces sonrisas.
—¿Sabes el por qué te he hecho quitar toda la ropa? —susurró la Gryffindor sin hacer ningún movimiento de apartar la boca que iba bajando lentamente de su clavícula.
—Me encantaría pensar que era porque Hermione Granger se moría de ganas por saber qué había bajo las ropas de Pansy Parkinson, otra vez, pero supongo que —se encogió de hombros, observando en contra picado el rostro de su novia— querías asegurarte de si tenía la Marca.
Hermione asintió, acariciando el antebrazo izquierdo de Pansy.
—No sabes cuánto me llena ver este trozo de piel tan vacío; este lunar tuyo no tendría que estar jamás cubierto... Ey, ¿te gustaría ir a Italia después de la guerra? ¿qué te parece? Serían unas vacaciones muy bien ganadas, ¿o no? O a otro lugar que tenga costa, me gustaría estar unas semanas en un ambiente diferente a... en fin, al que estamos y por el que vamos a pasar. ¿Te apetece ir? Ooh, incluso podríamos hacer un curso de submarinismo y- ehm, ya te explicaré qué es, sólo ten en cuenta que es genial nadar por debajo del mar y...
Pansy se mordió el labio y continuó observando cómo la boca de su novia seguía hablando con entusiasmo, sin prestarle la mínima atención a su voz. Dejó que su rostro se acurrucara en el cuello de la Leona y contuvo como pudo las lágrimas que clamaban por salir.
Hermione ni se dio cuenta, se permitió disfrutar de los suaves mordiscos que le regalaba hasta que notó en el cuello unas gotas que se deslizaban hacia la clavícula. Alarmada, pensando que era sangre, apartó con ambas manos el rostro de Pansy. No hacía falta que le dijera que aquel líquido eran lágrimas de la susodicha.
—Ni se te ocurra comentar nada —amenazó Pansy, secándose la cara—. Te he traído aquí para una cosa, y esa cosa no es hablar.
—Psé ¿nunca te han dicho que no hay que ir tan rápido para no asustar al personal? —intentó bromear con un hilo de voz, preocupada.
—¿Nunca te han dicho que las malas lenguas hablan y las buenas sacan orgasmos?
La Slytherin guiñó un ojo, anotándose el punto, y fusionó su risa con la de Hermione. La castaña continuó riendo ante el comentario que le había cerrado la boca, callando al tiempo que su novia le atrapaba los labios con los suyos. A pesar de seguir el ritmo del beso, no pudo parar las carcajadas que salían sin querer por el alivio.
Ya creía que aquello se convertiría en un recuerdo triste.
—Oye, que esto es muy serio —le reprochó la Serpiente, encubriendo su alegría en un intento de mostrar molestia. No fue muy efectivo—. Tendré que transformar por arte de magia las carcajadas en gemidos, ¿hm?
-0-
Daphne se adentró en las Tres Escobas y escudriñó con impaciencia el lugar. Cuando encontró a su objetivo, sus botas iniciaron un taconeo que llamó la atención de los magos más cercanos, excepto de la de quien realmente quería.
Ginny, ajena al acercamiento de la sangre pura a sus espaldas, aplaudió con sorna el chiste que había escuchado de Ron y dio un sorbo a la cerveza de mantequilla al tiempo que señalaba a Cho en un intento de darle la razón ante el comentario "Tendrían que encerrarte por ese chiste", haciendo oídos sordos al cumplido de Luna.
—Disculpa —oyó la menor de los Weasley.
Se giró, extrañada, de tal forma que su sedosa melena pelirroja la imitó bruscamente.
—¿Qué quieres tú? —espetó como contestación.
Ron frunció el entrecejo, creando más tensión si cabía en la escena. Luna observaba sin juzgar la pelea de miradas, curiosa por el desenlace próximo, y tuvo que acariciar con el pie la pierna de su compañera de Casa para que ésta no sonriera con tanta evidencia.
—Me gustaría hablar contigo, si puede ser —replicó Daphne, repasando la taberna en busca de Slytherins.
Ni uno.
—No, no puede ser —regresó a su posición inicial y regaló a sus amigos una mirada de no creerse lo que estaba pasando.
¿Cómo se atrevía Greengrass a decirle algo delante de ellos?
—Supongo que no debes de estar tan al tanto al hecho de que me he arriesgado a venir a buscarte sabiendo lo que sabes —al desviar un momento la mirada, saludó con la mano a varios Ravenclaws de séptimo que le habían levantado sus vasos en modo de saludo—. Aunque he tenido suerte de que los alumnos que se encuentran aquí no me vayan a traer problemas.
—Lárgate, Greengrass. Pensé que habíamos acordado con que cada una seguiría su propio camino —al tiempo que rodaba los ojos, su voz se perdió en en el interior de la jarra de cerveza de la que bebía.
Daphne no hizo ni un mínimo gesto de cansancio. Simplemente, curvó su sonrisa y se inclinó hacia adelante con las manos detrás de su espalda recta, acercando su rostro todo lo que pudo a la oreja de la enfurruñada de Weasley:
—¿No me darás ni una oportunidad para hablar si te digo que tengo un regalo para ti? —susurró, manteniendo sus celestes ojos inocentes en el techo de vigas de madera.
La expresión de Ginny fue épica. Sus dedos casi dejaron caer la jarra que sujetaba. Por suerte, un rápido hechizo de Luna consiguió que el cristal no golpeara la mesa.
La pelirroja regresó a girar el torso con la lentitud provocada por la conmoción de esas palabras. Escaneó, con las pupilas dilatadas, la serena expresión de la Slytherin que tuvo que echar hacia atrás el rostro para que la escasez de espacio entre sus caras no fuera tan incómoda.
Ginny parpadeó con dificultad en un intento de buscar en las manos o alrededor de la Slytherin algún bulto que le indicara de qué se trataba el regalo.
—No veo que tengas nada —sentenció, regresando a su desconfianza habitual.
Weasley volvió a agarrar la jarra que flotaba para darle otro sorbo en un intento de ocultar sus mejillas ruborizadas por haberse emocionado. Se dio cuenta que ya no quedaba más cerveza de mantequilla, así que frunció los labios.
—No creo haber dicho que lo tuviera aquí —sonrió, alegre de haber captado la atención de la joven.
Después de largos segundos de espera por parte de la Slytherin, Ginny suspiró, cansada.
—¿Cómo sé que no me vas a lanzar un Imperio? —le susurró Weasley; tampoco quería que Ron la escuchara para que él interrumpiera su conversación.
—Porque nadie sería más feliz que yo de saber que mis problemas desaparecerían con tan sólo hechizarte, señorita Weasley.
—Hablas como si yo fuera tu mayor problema —entrecerró los ojos. Ya no sabía ni cómo sentirse ante aquella situación.
Daphne liberó una cristalina risa entre dientes, levantando la mano en un ademán de dejar al aire la respuesta.
—Si te preocupa, puedes decirle a tus amigos dónde iremos.
—¿Y adónde iremos? —preguntó rápidamente, curiosa.
—A la tienda de té de Madame Pudipié. A estas horas ya debe de estar esperándonos.
Ginny creó una arcada fingida al recordar el decorado del lugar, gesto que provocó una enorme sonrisa en la mayor.
—Un momento, ¿quién nos está esperando? —preguntó la Gryffindor, una vez cayó en la cuenta de que no se hablaba de Pudipié.
—Aah —alzó las dos manos, mostrando sus palmas—, sorpresa.
Vale, Ginny jamás iba a confesar a nadie que aquella situación le empezaba a gustar más de la cuenta. Hizo el gesto de levantarse, pero paró.
—¿Seguro que no es una trampa? Te mataría, eh.
El alzamiento de ceja que indicaba un claro "Tal y como suena" ayudó a decidir a la menor a levantarse del asiento ante la atónita mirada de Ron. Nada más su cuerpo dejó de hacer presión contra la silla, Daphne retiró el mueble para que saliera de allí sin dificultad.
—Uhmm... —intentó buscar palabras bajo la presión de tener a su hermano con la boca desencajada—. Voy a ir a la tienda de té y-
—Diviértete —interrumpió Luna, levantando una galleta de pan de jengibre en forma de corazón que les habían servido como aperitivo.
—¿Cómo que diviértete? —espetó Ron, alterado—. ¿Tú sabes con quién se va a ir mi hermana?!
—Si dentro de una hora no vuelvo, ya podrás preocuparte —le dijo su hermana, echando un vistazo hacia la entrada de las Tres Escobas donde Daphne la esperaba esbozando una sonrisa.
Ginny asintió hacia sí misma, rascándose la cabeza. ¿Y si estaba decidiendo mal?
—Cho, di algo, por favor, tú eres la única que tiene sentido común en este lugar —pidió Ronald.
La nombrada levantó la mirada del libro que Luna le había regalado y aceptó la galleta que su novia le ofrecía.
—Oh, mh... —fue masticando mientras hacía el gesto con la mano de estar a punto de hablar—. Mh, sí —levantó un dedo, en señal de espera. Y siguió masticando con la presión de la mirada de Ron hasta que pudo tragar. Antes de que Ron la obligara a hablar de nuevo, dio un sorbo a la bebida de Luna—. No creo que sirva de mucho que diga nada, porque mientras esperabas, tu hermana ha aprovechado para irse.
Ron se intentó levantar de la silla indignado, pero un conjuro de Lovegood lograba que su trasero continuara pegado en ella.
—¡Venga ya, vosotras dos lo habéis hecho expresamente para que Ginny se fuera!
Cho se encogió de hombros al tiempo que Luna se reía abrazando el brazo de su novia.
-0-
Lo primero que recibieron cuando abrieron la puerta de la tienda de té, fue una fulminante mirada de Madame Pudipié. Inmediatamente, la dependienta se calmó al reconocer a las jóvenes y se acercó con la bandeja de plata que utilizaba para llevar las tazas de té bajo sus brazos.
—Oh, bienvenida señorita Greengrass. Siento mucho mi recibimiento, he tenido unos problemas con cuatro jóvenes y creía que eran ellos.
—¿Cuánto hace de ese incidente? —inquirió Daphne, extrañada.
—Hace bastante rato, pero mi corazón sigue en alerta. ¡No podría tolerar otro comportamiento tan problemático como el de ellos! —Pudipié suspiró con una mano en el pecho—. En fin, ya no importa, ¿desea que le guíe hacia la sala que reservó?
—Sí, por favor.
Daphne correspondió a la brillante sonrisa de la dueña y se dispusieron a caminar entre las mesas del acogedor lugar. Llegaron al final de la estancia, cerca del mostrador donde se debía de pagar, y Pudipié apartó una larga y gruesa cortina rosada que llevaba a una sala pequeña y mucho más escondida que el resto de las mesas donde las ordinarias parejas disfrutaban de sus propias conversaciones.
Ginny siguió a las dos brujas con las cejas arqueadas y la boca entreabierta por el asombro que sentía. De las veces que visitó la tienda de té en San Valentín en otros años, nunca había visto que hubiera otra sala aparte de la principal.
Parecía mucho más exclusiva que la otra.
Con un movimiento torpe, puesto que no sabía bien cómo actuar ni qué hacer, asintió con vergüenza a Pudipié cuando ésta volvió a apartar otra cortina después de haber pasado un largo y estrecho pasillo iluminado de lámparas de techo rojas.
Al final, llegaron a una sala mejor decorada que la principal. El papel que cubría las paredes no era floral, sino de un color dorado que hacía juego con las butacas granates. Las mesas, en vez de estar cubiertas por un mantel rosado, estaban cubiertas por manteles blancos y con diferentes pequeños jarrones con flores.
Ginny tartamudeó al aceptar el ofrecimiento de Daphne para sentarse y se acomodó como pudo, puesto que seguía con la espalda recta por la incomodidad.
En cuanto la Slytherin se desprendió de su abrigo de un blanco pulcro y Pudipié lo sujetó para llevárselo, Weasley imitó con torpeza el gesto.
—Espero que esta sala sea de buen gusto para usted, señorita Greengrass —la dueña sonrió, y con un movimiento de varita, se desprendió de los abrigos que cargaba—. Como me dijo que no sabía bien si prefería probar diferentes aperitivos o simplemente tomar algo, le dejo aquí la carta para que pueda decidir.
Daphne aceptó la carta que apareció bajo un suave humo y Ginny hizo lo mismo con menos seguridad en sí misma.
—Cuando sepan qué pedir, con chasquear los dedos uno de mis querubines aparecerá para apuntar el pedido, de esta forma podré seguir atendiendo a las demás parejas.
—Perfecto —asintió Greengrass, escudriñando la carta.
Madame Pudipié sacudió la varita y un enorme ventanal apareció en la pared que tenían a su izquierda, asustando a Ginny que dio un brinco por no esperárselo. A pesar de no ver ningún movimiento en la cara de Daphne, supo que ésta se estaba riendo en su interior.
Se cruzó de brazos.
—¿Qué vistas prefieren? —pidió la dueña.
—Oh, esta vez que sea la señorita Weasley quien decida —contestó, girando una hoja para seguir leyendo las variedades que ofrecía el lugar.
—Uh, ehm, es... ah... ¿de qué tipo hay?
—Es magia, del tipo que prefiera.
—Ah, claro, sí, magia. Ya no me acordaba de que estábamos en Hogsmeade —ironizó, apoyando su mejilla en la mano.
Daphne se mordió el labio inferior para no reír y ocultó todavía más su rostro tras la carta que leía.
—Una sierra de montañas nevadas de fondo y con un bosque de pinos debajo de ellas, o algo así estaría bien —refunfuñó.
No le gustaba nada sentirse tan torpe.
—Dicho y hecho —el paisaje del ventanal cambió, dejando ver el que había sido descrito con nieve cayendo lentamente—. Espero que su estancia aquí sea gratificante. Y, oh, me gustaría que le diera recuerdos a su madre, el monedero de piel de dragón que me regaló fue un detalle precioso por su parte.
Daphne fijó su mirada a la dueña de inmediato.
—Mi madre estuvo encantada de regalárselo, Madame, y debo de felicitarle por el elegante lugar que ha construido este año. Es muy acogedor y privado.
La aludida hizo una corta reverencia sin darse cuenta de ello y desapareció del lugar con una satisfecha sonrisa en sus labios.
—Ah, por cierto —el tono que empleó Greengrass fue muy bajo, pero fue suficiente para que Pudipié frenara de golpe y le prestara toda la atención de la que disponía—. Ya me he percatado de que no ha venido... Cuando llegue, que se sienta libre de venir aquí.
La dueña frunció ligeramente el ceño al intentar comprender lo que había dicho, pero no tardó ni un segundo en recordar.
—Sin duda, señorita Greengrass.
Nada más su capa se perdió de vista, Ginny bufó ruidosamente.
—¿Así que esta era tu sorpresa? ¿Incomodarme y hacerme sentir tan insegura?
—Quería que estuvieras en un sitio acogedor y donde nadie nos viera, no sabía que te sentirías tan insegura al ir en un sitio donde no conoces ni-
—Claro que no me siento insegura por ir a un sitio donde no conozco —interrumpió, ofendida—. ¿Sabes en qué problemas me he metido a lo largo de mi vida por ir a sitios desconocidos donde mi madre no quería que fuera? —chasqueó la lengua—. Es solo que... sobraba ir a un sitio tan... elegante y romántico y tan pretencioso y-y ese trato tan formal y ¡agh!
Daphne rió con ganas al tiempo que dejaba su carta cerca del borde de la mesa con una delicadeza que pareció molestar más a su acompañante.
—Lo tendré en cuenta para la próxima vez.
—¡La próxima vez! —espetó. Sus ojos se desorbitaron ante la suficiencia de la bruja—. ¿Qué te hace pensar que habrá una próxima vez?
Esta vez, la Slytherin no sonrió para quitarle hierro al asunto.
—La esperanza de que no haya una guerra cercana, supongo.
El enfado de Ginny se disipó para dar lugar a una tristeza que acompañaba a la de la sangre pura. Ambas no mantuvieron contacto visual ni verbal durante minutos, cada una inmersa en sus pensamientos.
Weasley se arremangó el suéter azul que, sin buscarlo, iba a conjunto con el vestido que llevaba la rubia, y quien seguía con los ojos fijos en el amplio ventanal. Le quedaba especialmente bien el azul marino a Greengrass, o eso pensó Ginny al observar cómo ésta continuaba con la mirada endurecida en otro punto.
—Oye... —Weasley se removió en el asiento, un tanto nostálgica—, me hubiera gustado conocerte en otra situación diferente a la que nos encontramos.
La Slytherin continuó sin regresar de sus pensamientos, ni siquiera sus pupilas se movieron del lugar. Únicamente sus brazos fueron los que se desplazaron, colocándose encima de la mesa y cruzándose uno encima del otro.
El resplandor tan blanco que entraba por el ventanal gracias a la nieve que cubría el paisaje, dejaba ver con claridad el rostro de Greengrass. La menor de los Weasley separó un poco sus labios al dejarlos de apretar por la tenue tensión que se había depositado en ellas. Hasta ahora no había tenido la oportunidad de fijarse con todo detalle en la Slytherin puesto que, o debía de mantener la mirada para saber en qué pensaba Greengrass, o no se permitía observarla a lo lejos en Hogwarts.
Y, aun así, aunque se lo permitiera, estaría demasiado lejos para descubrir todos los detalles que ahora podía ver. No podría haber visto la diminuta cicatriz en el labio superior que pasaba desapercibida a simple vista, ni de la peca que tenía en el cuello, cerca de la mandíbula, tampoco de que los ojos de Daphne no eran sólo azules, sino que las fibras más cercanas a las pupilas eran de un color ocre-dorado y el resto de un azul parecido a un mar de escasa profundidad.
—¿Qué hubiera cambiado? —dijo al fin la Slytherin.
Ginny dio un brinco, sobresaltada por ver cómo Daphne giraba la cara hacia ella y casi la atrapaba observándola.
—¿Eh?
—¿Que qué hubiera cambiado? —repitió, paciente.
—¿Que qué hubiera cambiado el qué?
Daphne rió ante la cara de confusión de la Gryffindor.
—¿Ni si quiera te acuerdas de lo que me has dicho?
En un intento de recordar, Weasley frunció la nariz por el esfuerzo. En el segundo de hacerlo, su cara acogió el mismo color que el tono de su pelo.
—No lo malinterpretes —soltó de golpe, agitando las manos.
—Sólo te he preguntado qué hubiera cambiado —repitió con una dulce sonrisa.
—Supongo que no habría desconfiado tanto de ti.
—¿Quieres un consejo? —chasqueó los dedos y un querubín de papel con vida mágica apareció al instante—. Continúa fiándote de tu instinto. —se dirigió al querubín:—. Yo querré para beber hidromiel caliente con especias.
—Uhm... es que... todo está demasiado caro aquí —murmuró Ginny, repasando rápidamente la carta en busca de algo barato.
—Que sean dos copas de lo mismo y varios platos con diferentes aperitivos de... ¿Te gusta más lo salado o dulce? —Daphne esperó a que Ginny dejara de buscar como una desesperada entre las líneas de la carta.
—Eh, ah, depende, pero-
—Una variedad de dulce y salado, y que todo se apunte en la cuenta de los Greengrass. Eso es todo.
El querubín desapareció en un plof, dejando paso a una expresión enfurruñada.
—No me gusta que me inviten sin avisar, ¿lo sabías?
Daphne se encogió de hombros, alegre. En una décima de segundo, todo el pedido apareció de golpe en la mesa, haciendo babear a la Leona que miraba con deseo los alimentos. Justo después, una joven con el pelo azabache recogido en una coleta apareció por la puerta con un póster enrollado en una mano.
Ginny se quedó de piedra en el lugar. Reconoció al segundo de quién se trataba aquella joven. Y tanto que la reconoció: era la misma que protagonizaba el póster que tenía enganchado en su habitación de la Madriguera.
—No —dijo Ginny, incrédula.
—¿Sí? —respondió con una risa Gwenog Jones, capitana del equipo preferido de Ginny: las Arpías de Holyhead.
—No —repitió Weasley, mirando a Daphne.
Ésta alzó su copa.
—Feliz San Valentín, Ginny.
La nombrada siguió estática en el mismo lugar con la boca abierta y los ojos sin poderlos cerrar.
—¿E-e-e-eres de verdad? —logró decir, haciendo un máximo esfuerzo por no gritar de emoción.
—Daphne me dijo que tenía una buena amiga suya que siempre seguía los partidos de mi equipo y que era una gran fan mía, así que... —extendió el póster de grandes dimensiones que llevaba, mostrando a todo el equipo femenino de las Arpías de Holyhead saludando, y firmado por cada una de ellas especialmente para Ginny—... nos pidió este pequeño favor.
—¡NO PUEDE SEEEEEEER!
Ginny se tiró hacia atrás con la cara cubierta por sus dos manos y salió saltando de la butaca llena de energía. Antes de abrazar con fuerza a la jugadora, se quedó quieta enfrente de ella por si se pasaba de cariñosa. Comenzó a gritar de nuevo en cuanto Jones fue la que dio el paso de abrazarla.
Y se desmayó al instante con una enorme sonrisa en su cara.
Jones boqueó, asustada, y Daphne se acercó para asegurarse de que todo estaba bien. Acabó carcajeándose con ganas.
—Creo que tendría que haberle dado pistas sobre el regalo antes de presentarte —bromeó, chasqueando los dedos para que el querubín le trajera agua—. ¿Tienes hora?
—Sí.
Jones tiró de la cadena que salía del bolsillo de su pantalón y mostró un reloj plateado de bolsillo. Daphne miró la hora, y frunció el ceño más de lo debido.
—Gracias... —sujetó el vaso de agua que había aparecido encima de la mesa y empezó a empapar la frente y la nuca de la Gryffindor que estaba en el limbo por la felicidad que sentía.
—¿Todo bien, Daphne? Estás temblando.
—Sí, sí, tranquila. Parece ser que Ginny ya está volviendo en sí —con la ayuda de Jones, la colocaron en la butaca—. Se ha alargado más de lo que tenía previsto y debo de ir a buscar a dos amigos, ¿te importa si te quedas con ella y disfrutáis vosotras de la comida y la bebida?
—Claro, ningún problema, se le ve una chica muy simpática —rió, dándole aire con su mano a una Ginny inconsciente—. Siento haber tardado, el Ministerio de Magia me paró cuando estaba viajando a través de los polvos flu.
Daphne entrecerró los ojos.
—¿Y qué te preguntaron?
—Oh, no me preguntaron nada, parecían estar buscando a alguien en concreto. Por suerte, fue mi tío quien me detuvo así que pude salir rápido de allí.
—¿Y tú tío no te dijo qué hacían?
—No, ya sabes que en estos tiempo nadie del Ministerio parece estar dentro de sus cabales. Están creando controles y búsquedas por todas partes y no dan explicaciones del por qué.
—Sí, lo sé. Bueno, me voy ya a buscar a Draco, ¡pasadlo bien!
—Lo mismo digo, y, ey —antes de que Daphne saliera del lugar en busca de su abrigo, Jones la frenó al ponerle la mano sobre su hombro—. ¿Segura que estás bien? Te veo muy pálida.
—Nada que no pueda solucionar por mí misma, Jones. Y gracias por venir, algún día te compensaré el favor.
—Vamos, vamos, ya sabes que me encanta sorprender a mis fans —sonrió a la misma vez que Greengrass—. ¿Y qué le digo cuando se despierte?
Daphne boqueó por primera vez en mucho tiempo.
—Dile que... dile que me ha encantado pasar un rato con ella aunque fuera tan corto, pero que otras responsabilidades familiares me llaman.
—Está bien, ¿algo más?
—Sí, no te asustes si se enfada cuando se lo digas.
-0-
Las dos simples velas, puestas con rapidez para la ocasión, iluminaban lo justo como para crear sombras y linear con un tono dorado las figuras.
—Nnh, gatita... estoy hecha de una deliciosa carne, pero tiene mucha sensibilidad, no hace falta que la muerdas sin cuidado.
Pansy dio un ahogado chillido ante el mordisco que le propinó en el interior del muslo. Rió entre dientes junto con la Gryffindor y le golpeó la frente con cariño.
—Menuda fiera estás tú hecha —se quejó Pansy.
La mirada socarrona de la Leona se dejó vislumbrar entre los rebeldes mechones de la melena.
—Cuando quieras puedes quitarme las bragas, eh. Tú a tu tiempo, Doña Lentitud.
Hermione frunció los labios procurando mostrar molestia y apartó su rostro de la pelvis, cruzándose de brazos. Se puso de rodillas y reprendió con la mirada a Pansy, quien la observaba con cara de inocencia y parpadeando a mil revoluciones.
—No se puede crear un ambiente erótico contigo ni en sueños —dijo la Leona, chafando el rostro de su novia con la mano.
Mantuvo la presión en la cara aunque la Slytherin intentara zafarse al tiempo que le removía la media melena negra con la mano libre. Sonrió con satisfacción al escuchar los infantiles quejidos.
—Uuy, seguro que en sueños sí, ¿o me equivoco?
—Siempre te equivocas, Parkinson.
—Esa respuesta tan orgullosa me indica que he acertado.
—Shhht.
La Serpiente acorraló con las piernas la cintura de Hermione, obligándola a caer encima suyo.
—Tú y yo tenemos demasiado orgullo, intentar hacerlo es como luchar por nuestro territorio —dijo Granger.
—¿Territorio? Si sabes perfectamente que tú me perteneces, ¿de qué territorio estás hablando? ¡AAH! ¡En el cuello no se vale morder tan fuerte!
—Tendré que repetirlo si vuelves a decir algo así, ¿o quizás te guste y todo?
La pícara sonrisa de Pansy fue la única respuesta, acompañada por un bufido juguetón de su novia.
—De rodillas —ordenó de sopetón Hermione. Hizo caso omiso a la risa de Pansy—. No me provoques, víbora.
Las carcajadas de Parkinson se intensificaron hasta llegar a tener que golpear la cama al quedarse sin aire.
—N-no puedes hacerme esto, ¿quieres matarme de risa? Oh, vamos, nena, tengo que llegar a creérmelo para obedecerte de tal forma, al fin y al cabo ninguna no nos creeríamos el papel si comienzo a reír o a soltar comentarios.
—Tendría que haberle dicho a la profesora McGonagall de que fuiste tú quien destruyó la biblioteca, estoy segura que las cosas hubieran ido de una manera diferente. Al menos mi odio hacia ti me habría salvado de todo esto —refunfuñó, enfadada.
Hermione se tragó las palabras al instante en el que el rostro de Pansy se ensombreció. La Slytherin la apartó de encima de su cuerpo con una expresión seria y Hermione se estiró en el colchón, preocupada por la actitud.
La Leona observó a la Serpiente peleándose con las sábanas al intentar salir de la cama, y se encogió sobre sí misma ante la ácida mirada que impactaba contra ella.
—L-lo siento...
La Gryffindor no supo cómo maniobrar con la situación. Decidió no hacer ni decir nada para no provocar más. Se colocó de rodillas sobre el colchón y tragó saliva al notar la enorme presencia de superioridad y poder que se acercaba andando a ella a pasos parsimoniosos.
En cuanto Parkinson se situó a su lado, de pie, fuera de la cama, no pudo evitar encoger la cabeza y el cuerpo, ladeándolo hacia el lado contrario de la Slytherin.
Hermione mantuvo una posición de docilidad para no meter más la pata, amaba a su novia y la pelea llegaría a ser eterna por sus enormes egos. Con el rabillo del ojo, examinó la colérica bruja.
—De rodillas contra el suelo.
Hermione abrió la boca, atónita por la orden. Aunque acabó obedeciendo para tranquilizar el ambiente.
—Pansy, ¿qu-
—¿Quién te ha dado permiso para hablar? —chasqueó. Asintió con la cabeza al comprobar la intranquilidad que provocaban sus palabras. Se sentó en la cama—. Y, ahora, supongo que no tengo que explicarte qué espero de ti.
La Leona suspiró, sin moverse del sitio. No le tenía miedo, ni por asomo, confiaba en ella y sabía que no llegaría a rebasar sus límites, pero obedecer sin más, teniendo que tragarse el orgullo de León ante una Serpiente, era una situación que tenía que trabajar para sentirse del todo cómoda.
Alzó los ojos discretamente al acariciar las rodillas de su novia. Se mordió el labio al notar que la piel de Pansy se erizaba con el contacto, y recorrió los gemelos y muslos con las uñas. Escuchó un erótico gemido y comenzó sentir cómo subía la temperatura de su cuerpo.
Ufff, ¿alguien le podía explicar por qué estaba amando el hecho de sentir a Pansy llena de poder, no hacia ella, sino en general? Se le escapó una sonrisa al imaginarse a una Parkinson al mando de un negocio o dirigiendo cualquier Departamento, cargada del poder que la Slytherin siempre había querido mostrar en Hogwarts.
Al tiempo que se acercó, a besos húmedos, al centro de Pansy, una mano la detuvo de la barbilla por un instante.
—Pffff, venga ya, Granger, me refería a que me contaras un cuento, no a que me comieras a besos —se burló.
Hermione le pellizcó el gemelo, completamente avergonzada por la risa escandalosa de su amada. Se mantuvo de rodillas en el piso con los brazos cruzados.
—¿Ves? Esto sí que era más creíble que lo que habías hecho antes —añadió la Serpiente.
—No ha sido justo que te hicieras la enfadada cuando te he dicho lo de la biblioteca.
—Bah, era necesario para que te lo creyeras, un poco por lo menos, ¿sabes que se te escapaba la sonrisilla durante toda la actuación pensando vete a saber qué?
—Supongo que no soy tan buena actriz como tú.
—Ahí te doy toda la razón —sonrió de lado y regresó a una expresión de enfado digna de una Slytherin observando a una sangre sucia—. Aunque no me ha acabado de gustar que no supieras que era una broma, tenía... —se rascó la nariz, pensando en si abrirse o no—...tenía miedo a abusar de ti.
—¿Abusar de mí? A la que hubiera recibido cualquier daño físico o humillación que sobrepasara mis límites, te habría dado el puñetazo más fuerte que nunca te han dado y te habrías quedado sin novia.
Pansy mostró toda su dentadura, afirmándose algún pensamiento suyo.
—Lo sé, por eso he podido actuar sin miedo —le mostró la lengua, divertida por el enfurruñamiento de su gatita—. ¿Qué tal la experiencia?
—Ha sido muy... Slytheriana.
—Yeah, ha sido genial, ¿sí o no? Va, sé sincera, creía que nos teníamos confianza para estas cosas.
Hermione cerró los ojos al tiempo que agarraba aire.
—Sí —acabó confesando a su pesar.
—Yeeeee —la balanceó varias veces y muy rápido con el movimiento de su pie presionando el hombro— eeeeeeee. ¿Te costaba decirlo porque sabías que no te dejaría en paz, verdad? Cómo me conoces, gruñona.
La castaña siguió en el sitio esperando algún comentario típico de la Slytherin, sin inmutarse aunque Pansy le continuara columpiando con el pie el torso hacia adelante y hacia atrás. Simplemente, Hermione acabó exhalando por la nariz: Pansy se cruzó de piernas, irguió la espalda, cruzó un brazo y jugueteó con su media melena con los dedos. La mirada socarrona a la par de pervertida, le indicaba que, efectivamente, no la dejaría en paz.
—Bueno, bueno, bueno, ¿y qué haré contigo ahora, mh?
Parkinson se humedeció los labios con la lengua ante las ideas que revoloteaban por su cabeza. Merlín, tener a Granger arrodillada ante ella con una carita de expectación e impaciencia la estaban matando de locura. Se rió de ella misma, ¿quién le iba a decir que acabaría en ese estado?
—Iría bien que te decidieras ya, estoy empezando a tener frío —replicó la Leona, rodando los ojos sin saber bien cómo reaccionar por las incesantes miradas depravadas que lamían cada parte de su figura.
—¡Oh! —posó una mano en su pecho, completamente ofendida— ¿Qué maneras son estas de dirigirte a tu ama? No me obligues a castigarte nada más empezar.
—¿A...ama? —hizo una mueca de aversión con sus labios y ojeó a Parkinson como si se hubiera vuelto completamente loca. Acabó por sonreír, sin creérselo—. ¿Te has envenenado con la piruleta que chupaste?
—Una de las dos ha ganado la primera ronda de ver quién domina a quién, y ¡sorpresa! No eres tú —alzó ambas manos, evidenciando lo que acababa de decir.
El papel que interpretaba cayó unos segundos cuando no pudo parar un par de carcajadas por la expresión de Hermione.
—Aaah, que resulta que era una prueba. Vaaale, sí, entiendo, todo muy razonable —Hermione rodó los ojos.
—Tsk, tsk, nada de utilizar ese tono. Me toca a mí ser la reina de este deliciosa baile, gatita. Aunque, pfff, siempre lo he sido.
—Uuuf, eres peor que la anterior Parkinson.
—La anterior Parkinson no querría ni tocarte con un palo mientras siguieras desnuda —alzó una ceja, como si tuviera toda la razón del mundo—. Tienes la tremenda suerte de que la nueva no desee ni dejarte ir de la cama.
—Ah, un gran honor, entonces.
—Enooorme.
Ambas se escanearon las miradas. Hermione estaba exultante, ni en los mejores sueños alcanzaba aquella familiaridad con Parkinson. Por muchas pullas que se dieran entre sí, lograba haber un toque en la forma de callarse la boca que le encantaba, Pansy siempre conocía el método perfecto para que se mordiera la lengua sin llegarla a dañar con profundidad como en los viejos tiempos. O eso, o ella había conseguido manejar con éxito la personalidad de la Slytherin.
—Te amo —dijo Hermione, provocando el silencio repentino de la Serpiente.
—Eso no te va a salvar de lo que llegue a hacerte, leoncilla, si es lo que tenías pensado.
—Mucha hablar y poco hacer, veo aquí.
Parkinson le indicó que se acercara a ella con un movimiento de dedo y Hermione, ya situada enfrente de Pansy, apoyó las palmas en las rodillas de su novia enderezando el tronco para acortar la distancia entre su rostro y el de ella.
La Leona camufló la pícara sonrisa que le provocaron el índice y el pulgar agarrando su barbilla, el suave tirón le inclinó la cabeza hacia atrás al tiempo que el pulgar le entreabría los labios. Se permitió humedecerlos antes de que Parkinson le mordiera el inferior. Emuló el sosegado ritmo del beso y sintió que empezaba a derretirse por la tierna delicadeza que lograba añadir Pansy con sus suculentos movimientos. No tardó en liberar un sutil gemido a la par que ladeaba la cara.
La Slytherin se apartó con un sonoro pico y ladeó la sonrisa.
—Je, esto va a ser muy divertido —murmuró, mirando con tal pasión a Hermione que logró que las mejillas de ésta se ruborizaran.
—Con cuidado, Pans...
—No haré nada que no quieras, ¿sí? Piensa una palabra para que sepa que no te gusta lo que hago y pararé de inmediato.
—¿No sirve "Para" o "No sigas"?
—Nah, 'mione, es un rol de subordinación y dominación, la gracia está en precisamente esas palabras tan mágicas. Es broma, simplemente estaría bien que te creyeras el papel de sumisa.
—Mhm, e-es un poco complicado, más que nada porqu-
—Porque tienes más orgullo que todo Slytherin junto, sí, ya lo había notado, gracias por la información.
—Cuesta rebajarse a un nivel que he intentado evitar estos años por vuestra manía de sentiros superiores, no sé si lo entiendes.
—¿Rebajarse? Gatita, es un juego de confianza no de perpetuar si yo soy en verdad superior a ti o no. Tú confías en mí y por eso estás cómoda en darme el control; lo mismo pasa desde mi punto de vista.
—Y... si lo hago, ¿no pensarás que soy inferior a ti o alguien a quien humillar?
—Ni en broma, no tendría que decir esto en mi propio dormitorio de Slytherin pero reconozco que... ehm...esto... eres... ya-ya sabes... ejem, mejor que yo y, que Salazar me perdone, mejor que la mayoría de los sangre pura.
Hermione plantó un sonoro beso en la mejilla de su novia y no dijo nada más: conocía de antemano lo difícil que era para la Slytherin confesar tales palabras.
—¡Pansy! ¡Al fin te encuentro! ¡¿Tú sabes qué hora es, idiota?!
Daphne se adentró a la habitación a pasos agigantados y tiró del brazo de su amiga sin miramientos. Hermione se lanzó hacia la cama, cubriéndose con la sábana.
—¿Q-qué pasa? Ouch, me haces daño, y queda todavía una hora y media...
—¡Vístete ya!
—Vale, vale, hay que ver con el humor de algunas... Feliz San Valentín a ti también.
—¿Qué pas- —la Gryffindor calló al instante en el que la gélida mirada de Greengrass se encontró con la suya.
—¿Cómo se te ha ocurrido traer a los dormitorios a la san- a Granger? ¿Y si te hubiera atrapado otro Slytherin?
—Un hechizo a tiempo nunca viene mal.
Hermione se vistió a la par que su amante, abrumada por la presión que emanaba de Daphne. No era normal, pensó la castaña, aquel cambio tan repentino en la actitud de Greengrass, una mucho más fría, impaciente e indignada con el mundo de su alrededor. ¿Pansy también lo notaba o era, acaso, el verdadero carácter de la Slytherin?
Nada más salir de las mazmorras y pisar el Vestíbulo, la joven rubia señaló a Hermione.
—Tú quédate aquí hasta que hayan pasado quince minutos al menos, ni se te ocurra seguirnos. Y tú —dirigió la atención a Pansy, obligándola a que dejara de plancharse la ropa con las manos—. La reprimenda ya te la darán. Vamos, Draco está esperando en el puente.
-0-
La última vez que Hermione vio a Parkinson antes de que el catorce de febrero acabara, fue enfrente de la entrada de la verja que protegía la Casa de los Gritos. Hermione se encontraba volviendo hacia Hogwarts con Harry, Ginny y Ron, después de haber esperado en el Vestíbulo y haber regresado a Hogsmeade a celebrar el día con los demás.
Pansy estaba acompañada por Draco y Daphne, y el trío no tenía intención de despegar la espalda de la valla.
El frío arreciaba sin piedad y los copos continuaban nublando la vista de todos. Harry y su amiga, sin dirigir todo su cuerpo hacia ellos, se quedaron mirándolos mientras Ginny negaba con la cabeza y se alejaba a pasos rápidos arrastrando a Ron con ella, sin hacer el esfuerzo de echar un vistazo a Greengrass.
—Pansy —Bufó cuando la nombrada le giró la cara.
Granger apretó los puños, se ató el cordón que estaba desatado de su bota y hundió ésta en la capa de nieve que se había formado por todo el paisaje. Con dificultad, siguió hundiendo los pies con la intención de llegar a su destino.
A pocos metros de él, Greengrass y Malfoy se alejaron de ellas hacia el castillo sin hacer caso a las chicas ni al Gryffindor que no se atrevía a mirar a nadie.
Parkinson no ofreció dificultad alguna ante el forcejeo de Hermione por subirle las capas de ropa que cubría su antebrazo izquierdo. El grito ahogado que profirió fue un mensaje subliminal para Harry, quien se alejó del lugar con la cabeza gacha y el rostro oculto en su bufanda de Gryffindor.
—¡No me toques! —apartó de un manotazo la palma que intentaba acariciarle la mejilla— ¿C-cómo has podido... después de todo...? ¡Te acabas de convertir en mi enemiga oficial!
—No he tenido elección...
—¿Siempre presumes de tu libertad y me vienes con esas?
—¿Mi libertad? Desde que nací me dejaron bien claro qué destino debía seguir. Es la vida real, Hermione, la vida de una sangre pura atada a su pureza. No puedo hacer más —sus palabras fueron perdiendo fuerza y acabó cubriendo sus ojos con una mano—. Nunca he tenido voz en mi propia vida, siempre he sido una maldita esclava y así seguiré si quiero...no, tengo que protegert-
Pansy no pudo acabar su frase por el empujón que, si bien apenas contenía fuerza y únicamente rabia acompañada por lágrimas, logró estamparla contra la verja.
—¡No es verdad, Pansy, la vida real es muy distinta! Po-podrías haber huido conmigo... Éramos totalmente polos opuestos pero nos amábamos, me dijiste que estabas de mi parte y pensé que no acabarías teniendo la Marca, y-y ahora...hic... ahora...con la Marca has firmado el pacto con el diablo y nuestra enemistad de por vida.
Los ojos que intentaban encontrar un punto en común acabaron por rendirse. El dolor que albergaban las pupilas de Pansy no era suficiente para calmar la rabia e impotencia de su preciada Leona, quien se limpió con la manga del abrigo las lágrimas y se alejaba a pasos apresurados.
—Gatita... Por favor... —su súplica se perdió entre la ventisca que ya emborronaba la imagen de la espalda de Hermione— ¡Te amo, vale?! ¡Y lo sabes, joder! ¡Sabes que daría mi maldita y asquerosa vida por ti y es lo que he hecho!
Hermione se giró bruscamente y entrecerró los ojos para poder distinguirla entre los copos de nieve. Alzó ambas manos, demostrando que no sabía qué hacer, y acabó por dejarlas caer golpeando su costado.
—Todos saben que un seguidor de Quién-Tú-Sabes lo es hasta la muerte, ¿qué piensas hacer? —vociferó, sin saber dónde permitir reposar sus pensamientos.
Sin previo aviso, la Slytherin rebuscó en su bolsillo izquierdo y mostró una fina pulsera plateada con el adorno de una silueta del rostro de un gato de orejas puntiagudas y esmeraldas como ojos.
—Antes de ir a la Casa de los Gritos me fui con Drac comprarla con la excusa de que era para mí y por eso no está envuelta en papel de regalo —sonrió en sus adentros— aunque esos dos se olían que no era cierto. Yo... Sé que nunca podré ser tan inocente ni valiente como Pansy Segunda porque ella no ha vivido los mismos problemas que yo y estaba alejada de la influencia de mi familia pero... estoy segura de que compartimos la misma opinión cuando te digo que no seré fiel a los mortífagos —dio una bocanada de aire buscando coraje y un paso hacia Hermione. No pudo mantener la mirada que le ofrecía su novia—. Únicamente puedo serte fiel y seguirte a ti, Hermione, hasta el fin de mis días... Feliz San Valentín.
La rabia que alimentaba Hermione con sus pensamientos, se disipó de inmediato en cuanto, sin buscarlo, su mente se llenaba de imágenes de una Pansy sonriente en el idílico prado, de las palabras románticas moteadas por bromas que resonaban como un eco en su interior, de aquella sonrisa que la traía loca desde hacía tiempo... Ladeó la cabeza, confusa y dolida, ante la mano y el antebrazo arremangado revelando la Marca Tenebrosa que Parkinson le mostraba con la pulsera entre sus dedos.
Notaba que era como si tuviera que escoger entre sus ideales y su novia; aunque bien conocía que en ese estado se encontraba Pansy desde mucho antes que ella supiera y, en teoría, Hermione era siempre la elección escogida.
—¿N-no tienes miedo a las consecuencias de estar con una sangre sucia?
—Muchísimo. Pero tengo un pacto con Draco y... ¿acaso no es lo que he estado haciendo? ¿huir del destino que me habían obligado a seguir para escapar una y otra vez y acabar a tu lado? Te perdí una vez, olvidé todo de ti y, aun así, regresé a tu vida como si dependiera la mía de ello. Sin memoria he elegido aunque me hayas dicho que no era así: Pansy Parkinson nunca ha creído en el peso de su opinión respecto a su vida, pero Pansy Segunda sí y ella ya ha escogido.
Durante su discurso, fue andando a paso lento hasta situarse enfrente de la Gryffindor. Hermione mantuvo sus manos cubriendo el rostro lloroso y se dejó abrazar, esbozando una tenue sonrisa al notar el cálido aliento en su oreja "Te amaré siempre, Hermione".
Con sumo cuidado, Pansy le apartó la mano derecha de la cara y le puso la pulsera.
—No he comprado nada para San Valentín —confesó Hermione, sonriendo cuando la Slytherin se peleaba con el cierre—, por lo tanto puedes pedirme lo que sea, no me negaré.
—¿Cualquier cosa? —encarceló sus dedos alrededor de la mano de Hermione y sonrió de lado al ver el contraste de la Marca Tenebrosa en su pálida piel y a quién estaba sosteniendo.
La situación no podía ser más contradictoria y disparatada. Se bajó la manga al instante.
—Ugh... bueno... por esta vez —tenía la sensación de que Parkinson le pediría algo sumamente pervertido o humillante, típico de ella.
—Quiero un beso —le susurró, apoyando su frente en la suya.
—¿Uh? ¿U-un beso?
—Sí, un beso.
—Vaya, te juro que pensaba que me pedirías algo peor.
—En el culo. Quiero un beso en el culo. Justamente en el lunar de mi nalga derecha.
—¡Oh, por favor! —exclamó ofendida, dejándose arrastrar por la mano de Pansy para ir hacia Hogwarts—. No podía esperar otra cosa de ti.
—Eh, eh, eh, has dicho cualquier cosa así que te toca cumplir ¿me bajo aquí los pantalones o esperas a que llegue a la escuela?
Hermione entrecerró los ojos molesta para acabar sonriendo sin creérselo.
—Te amo, Pansy. Me encanta cómo eres —se sonrojó y aceptó el delicado beso que depositaba su novia en la punta de su nariz—. Peeero, no estaría nada mal que fueras un poco más romántica. Es una idea, eh.
Pansy se rió y siguió andando. Carraspeó varias veces entre exhalaciones de aire, observando el suelo nevado.
—¿Sabes? He estado pensando... y es increíble cómo ha cambiado mi forma de ver la vida. Antes tenía mil sueños por conseguir, tanta ambición por controlar y en tan poco tiempo esos sueños se han ido reduciendo hasta personificarse... Tantos objetivos, tantos propósitos y ahora mi único plan en mente es tan simple como estar contigo toda mi vida, gatita. ¿Mejor así?—preguntó en un susurro al comprobar el brillante color bermellón que adornaba la cara de Hermione y la suya propia.
—¿Ves como no es tan difícil? Así sí.
—Perfecto ¿y cuándo dices que vas a besarme el culo?
Apenas pudo mantener el equilibro por el empujón que recibió entre risas.
¡Qué tengáis un feliz año nuevo! :D
