Capítulo 35: Como llegar a casa

Abrí los oídos y sentí que ese sonido lo inundaba todo.

Allí estaba, aún, y ni siquiera fue necesario que cerrara los ojos esta vez para identificarlo.

Pensando en retrospectiva, me sentía estúpido al considerar que no hubiera podido reconocerlo previamente. Me resultaba imposible pensar que el oído de músico del que me jactaba en mi fuero interno no lo hubiera detectado antes.

Sin embargo, no había sido hasta que ella me lo había indicado que había sido capaz de abrir la mente lo suficiente como para dejar que permeara mis sentidos.

Al final, cerré los ojos de todos modos. Simplemente porque intensificaba la sensación y me permitía concentrarme con más claridad.

El ulular del viento entre las hojas me llenó el pecho de esa forma que ya había experimentado en el pasado con total placer.

El golpe bajo del redoble de las ramas más densas bajo la merced del aire corriendo era casi acompasado como el latir de mi corazón. Ambos martilleaban incesantes, y prácticamente en sintonía, dentro de la cavidad de mi torso.

El silbido tenue, pero imposible de evadir, del viento pasando atrevido entre el follaje era como el sonido de una flauta acompañando el vibrato que retumbaba en mi pecho.

Si hubiera podido ponerle un nombre a esa sensación sonora que lo llenaba todo a mi alrededor hubiera sido el de una sinfonía.

Una sinfonía ensayada hasta la maestría, perfecta en sus cadencias y su ritmo, impoluta en cada vibración y en cada compás.

Me quedé allí parado, en el medio del bosque, con la mirada vuelta hacia el cielo y los ojos cerrados, viendo la nada y, a la vez, sintiéndolo todo, mientras la canción del bosque pasaba a través de mis terminaciones nerviosas como si de sangre corriendo por mis venas se tratara.

Era como un escalofrío, de esos que te dominan el cuerpo y lo hacen temblar como papel movido por un torbellino, imposible de detener aunque uno quisiera hacerlo.

No sé cuánto tiempo estuve allí. Tampoco me importaba en absoluto.

No quería dejar atrás ese sonido, esa sensación de poder abarcarlo todo con la conciencia, de parecer al fin entender los misterios de la vida ocultos en la música de ese bosque.

El ritmo me meció el cuerpo. Lo sentí moverme aunque no mediara un deseo conciente de mi parte de hacerlo. Era como bailar al ritmo de una orquesta de instrumentos finamente sincronizados que se hubiera apoderado de mis miembros.

Fue entonces cuando lo sentí.

Podía ser feliz así. Envuelto en ese sonido que lo borraba todo como un bálsamo. Perdido en ese ulular del viento que parecía capaz de llevarse todos los recuerdos.

Por un momento contemplé la posibilidad de hacerlo. De dejarme caer en la hierba fría del bosque en invierno, con los ojos cerrados y los brazos y piernas extendidos, y esperar a que la muerte me llegara rodeado de esa sinfonía que todo lo calmaba.

Pero al final lo comprendí.

La música del bosque no era la música de la muerte, sino todo lo contrario. Y no podía mancillarla con mi egoísmo.

La música del bosque era un canto a la vida, a las cosas que respiran y laten, que llevan inscriptas en su misma naturaleza el instinto de supervivencia y la perseverancia que abate tormentas y la desidia humana.

Me quedé un momento más imbuido en ese sonido reparador y dejando que me permeara los sentidos con su potencia, tratando de memorizarlo lo más posible, tanto para volcarlo en mi música como para recordarlo cuando tiempos más crueles que los actuales me atacaran de sorpresa en las redes del sueño o en los pasillos oscuros de la realidad.

Cuando abrí los ojos, me sorprendió notar que estaba tamborileando los dedos en el aire como si estuviera tocando las teclas invisibles de un piano frente a mi. Lejos de detener ese movimiento, dejé que continuara, tratando de mecanizarlo lo suficiente para reproducirlo frente a mi piano real cuando regresara a casa.

Los pasos de vuelta, entre las hojas y el follaje, fueron más sencillos esta vez que cuando Bella estaba conmigo. Probablemente, porque ella no estaba allí, y su presencia no podía apabullarme de este modo.

Como siempre, era mejor y más preciso cuando estaba en solo, el estado en el que me sentía más a gusto conmigo mismo.

Era entrada la tarde cuando el patio trasero de mi casa se abrió ante mi, con su cuidada perfección, en contraste con el desorden igualmente perfecto del bosque que había dejado atrás.

El sol estaba comenzando a ocultarse en el horizonte y el viento se había vuelto más violentamente frío de lo que había sido durante las horas solares, que de por si no habían sido tantas en el cielo eternamente gris de Forks.

Noté que había alguien recostado en las sillas del jardín, junto a la puerta de la cocina.

No necesité agudizar la visión para saber quién era. De alguna manera, sabía que estaría allí.

Me senté en el sillón de junto, en silencio, contemplando el horizonte teñirse de anaranjados, mientras el frío me hacía temblar levemente los labios algo morados.

Ella siguió mirando a la lejanía como si yo no estuviera allí. En silencio. Esperando.

Al cabo de diez minutos, el silencio se apagó por mi propia iniciativa.

"Conocí a alguien mientras estuviste ausente en tu enfermedad" dije, con la voz mucho más entera y concisa de lo que hubiera esperado.

Alice se giró para mirarme a la cara, pero no dijo ni una palabra. Simplemente se limitó a observarme, como si estuviera sopesando la veracidad de mis dichos y aguardando que juntara el valor para continuar.

"Almorcé con ella durante la semana que estuviste en cama" agregué. "Y hoy también"

Alice entornó un poco los ojos y al final tuvo algo para decir.

"¿Con ella?"

"Si, es una chica" respondí, algo sorprendido por la pregunta que había elegido efectuar entre las miles que sabía que poblaban en ese instante su mente.

"Una chica…" repitió, como si no estuviera del todo convencida de haberme oído bien.

"Si, una chica" volví a agregar, ahora algo irritado por su incredulidad. "No sé demasiado de ella. Excepto que su nombre es Bella"

Algo casi imperceptible tuvo lugar en el fondo de los ojos intensamente azules de Alice. Un observador menos aguzado, o menos habituado a sus reacciones, jamás lo hubiera notado.

"¿Bella Swan?" preguntó entonces, removiéndose un poco en la silla para girar el cuerpo en mi dirección, casi como si quisiera saltar de su asiento sobre mi. Había también una agudeza en su voz que no estaba allí un momento antes.

"No sé cómo se apellida" confesé. "Sólo se que le gusta leer en soledad y que maneja una enorme camioneta roja que parece tener miles de años de antigüedad". Eran los únicos miserables datos que pude recabar mentalmente sobre Bella. Me sorprendió comprender cuán poco realmente sabía acerca de ella.

"Es Bella Swan" afirmó Alice, con convencimiento esta vez.

Se quedó callada un instante, cavilando para sus adentros. Casi podía escuchar el sonido de su cerebro procesando a toda velocidad detrás del movimiento de sus ojos de un lado al otro del paisaje, que en realidad no miraban nada.

"¿Cómo ocurrió?" dijo por fin, volviendo su mirada a mi una vez más. "¿Cómo la conociste?"

"Por casualidad" respondí. "No quería sentarme sólo, sin ti, en la cafetería durante el almuerzo, por lo que salí en busca de un lugar más tranquilo. Mi búsqueda me llevó a un banco en el parque en donde ella casualmente se sienta a leer todos los días. Y me encontré compartiendo con ella ese mismo lugar día tras día sin estar muy seguro de porqué lo hacía"

El silencio nos invadió un momento, mientras ambos pensábamos para nuestros adentros.

"Creo que me sentía cómodo con ella" agregué al fin.

Los ojos de Alice, que en realidad nunca se había alejado de mi rostro, perdieron la vidriosidad que le había conferido el profundo pensamiento y volvieron a fijarse con atención en mi.

"¿Y qué hacen durante el horario de almuerzo, mientras están juntos?" quiso saber.

"Nada" confesé, algo avergonzado. "En realidad, sólo leemos en silencio, uno junto al otro. No mucho más que eso"

"¿Nunca hablan?"

"No más de lo necesario" dije. "Generalmente, sólo nos limitamos a leer"

Nos quedamos mirándonos un momento sin decir nada.

"Excepto cuando vino a verme" me corregí. "Esa vez hubo algo más de conversación, pero sólo sobre literatura. Creo que nunca hablamos de otra cosa"

"¿Vino a verte?" preguntó Alice entonces, agudizando un tono su voz, como alterada.

"Si, el sábado anterior. Fuimos a caminar al bosque y nos sentamos a leer toda la tarde en un claro" expliqué.

Quizá fue la mirada algo desorbitada de Alice lo que hizo que agregara. "En silencio, por supuesto. Como siempre"

Alice meditó un instante. "Y hoy, durante el almuerzo, ¿qué hicieron?"

"Leer" repetí. "En silencio".

Por alguna extraña razón no le comenté que además Bella había leído para mi. En ese momento, me pareció algo demasiado íntimo como para compartirlo. Algo privado. Algo exclusivo entre Bella y yo.

Alice se calló entonces, y sus ojos se perdieron más allá de la realidad, en algún pensamiento intenso que le acaparaba la visión y la conciencia. Se sentó nuevamente derecha en su sillón, y perdió su mirada en el horizonte como si realmente estuviera viendo algo.

Yo hice lo propio, sin saber qué más agregar.

No tengo idea cuántos minutos transcurrieron en ese confortable silencio hasta que el sonido de una tímida y diminuta risita de Alice me llamó la atención.

"¿Qué ocurre?" me forcé a preguntar, por pura curiosidad, aunque no estuviera habituado a interrogarla por nada.

Sus ojos no se volvieron hacia mi, pero pude ver la sonrisa cómplice y divertida de su rostro.

"Te dejo solo una semana y te conviertes en amigo de Bella Swan" dijo, y rió nuevamente.

"No entiendo" confesé, algo confundido.

Ella volvió a reír y continuó hablando como si no me hubiera escuchado. "Realmente eres algo especial".

No sabiendo qué decir ni a qué se refería, me limité a quedarme en silencio esperando que me aclarara sus palabras.

Al cabo de unos minutos, finalmente giró para mirarme a los ojos, aún con esa sonrisita socarrona en su rostro diminuto.

"Te has hecho amigo de Bella Swan" volvió a afirmar, como si no pudiera creerlo.

"¿Y qué hay con eso?" pregunté, porque podía notar que su sorpresa no residía en el hecho de que me hubiera atrevido a hacer contacto con otro ser humano sin que mediara una medida de fuerza o de necesidad para ello, como había ocurrido con las otras personas en mi vida. Había algo más en el tono de su voz y en su sonrisa, como cierta incredulidad basada en un conocimiento que me evadía.

"Bella Swan nunca, jamás, ha socializado con nadie en Forks" explicó Alice, y aunque sus palabras fueron claras mi conciencia no pudo asirlas como hubiera debido.

"Y créeme, muchos lo han intentado" agregó, sonriendo.

Probablemente Alice leyó el desconcierto en mi rostro, porque se apresuró a brindarme más información.

"Bella llegó a Forks dos años atrás, aunque nadie sabe de dónde vino. Cuando ingresó a la escuela muchos quisieron ser sus amigos, incluida yo misma" dijo, aún sonriendo.

"Bella es muy bonita y en ese momento todos creímos que sería la nueva chica popular del colegio" explicó, pasando su mano delicada por su chispeante cabello. "Incluso varios de los chicos de la escuela la invitaron a salir, insistentemente"

"Pero para sorpresa de todos, Bella rechazó todos nuestros acercamientos. Y al final, nos aburrimos de intentar relacionarnos a ella" contó Alice, sus ojos perdidos en el recuerdo de ese tiempo. "Terminamos por olvidarnos de su existencia, y creo que era exactamente lo que ella buscaba. Durante los últimos dos años se ha limitado a andar por los pasillos del colegio sin hablar con nadie excepto cuando es estrictamente necesario. Y acarreando siempre algún libro con ella, sentándose fuera de la cafetería en soledad, contenta con su propia compañía y con sus lecturas".

Aún sin saber qué decir, me quedé mirando a Alice, esperando por si había algo más que quisiera agregar.

"Bella Swan nunca ha hablado con nadie, menos aún compartido algo como un almuerzo, en los últimos dos años" dijo Alice, notando la confusión en mi rostro. "Hasta que te conoció a ti" se esforzó en aclarar, inclinándose en su sillón para mirarme más de cerca, como midiendo mis reacciones.

"No estoy seguro de comprender" dije al fin, confundido ante lo evidente.

"Quiero decir que eres el primer ser humano en tener contacto con ella en dos años" afirmó Alice, hablando lenta y pausadamente como si quisiera hacerme entender lo obvio. "Evidentemente hay algo especial en ti, como siempre he creído"

Apabullado por su confesión, me quedé en silencio, y me volví para mirar a cualquier lado excepto al rostro de Alice.

Al cabo de un momento, me encontré a mi mismo formulando el pensamiento que no dejaba de rondar mi cabeza.

"No estoy seguro de si es algo bueno o algo malo".

Alice se encogió de hombros.

"No lo sé" aceptó. "No la conozco lo suficiente. De hecho, no la conozco en absoluto"

"Tampoco yo" confesé.

"Y sin embargo, has compartido con ella todos los almuerzos de la última semana y una caminata por el bosque" dijo Alice. "Sin que nadie ni nada te obligara a acercarte a ella"

Silencio.

"Por tu propia decisión y deseo" agregó, al cabo de un momento.

Silencio nuevamente.

Mi mente se quedó dando vuelta a sus palabras, tan cargadas de verdades.

El sol se había terminado de ocultar en el horizonte y la noche había comenzado a dominarlo todo con rapidez. Alguien encendió la luz de la galería. Probablemente, Esme. El aire había descendido varios grados y me detuve a pensar que tal vez terminaríamos por enfermarnos si continuábamos sentados, quietos, en esas sillas a la intemperie. Pero tampoco tuve el valor del romper el silencio y el hilo de pensamiento que me había invadido.

"Debo irme" dijo Alice, al fin. Y se giró para mirarme de lleno. "Pero antes de marcharme, hay algo que quiero decirte"

Me giré también, para dedicarle toda mi atención.

"No me gusta hacerlo, pero siento la necesidad. Porque te quiero y porque eres mi amigo" agregó.

Me removí en mi asiento, incómodo de antemano por lo que podría discurrir.

"Cuídate" me pidió, muy seria, casi rogándome. "No conozco a Bella y por ello no puedo juzgar si es una persona capaz de hacerte daño".

Su mirada era casi una plegaria y sus ojos estaban teñidos de preocupación.

"No puedo protegerte esta vez, y está bien que así sea. Pero puedo prevenirte para que puedas resguardarte por ti mismo. No quiero que salgas lastimado de esta situación y ambos sabemos que es muy sencillo herirte" agregó. "Por eso, nuevamente te pido, ten cuidado. Que tu ingenuidad no sea el motivo que te genere otro dolor"

Alice extendió la mano en el espacio que nos separaba, y tomó la mía. No rehuí su caricia. Ya no más. No con Alice.

"Pero no pierdas por ello la oportunidad de conocer a alguien que tal vez sea maravilloso. Sólo se cuidadoso" repuso.

Entrelazó sus dedos con los míos y los presionó un instante en señal de cariño, hasta que finalmente me soltó. Aún cuando Alice sabía que yo ya no rechazaba su contacto, hacía todo lo posible por no incomodarme.

Se irguió de su asiento, me sonrió y se encaminó a la puerta.

"¿Puedo hacerte otra pregunta?" inquirió de pronto, volviéndose un poco con la mano en el picaporte.

"Claro" respondí.

"¿Qué sientes cuando estás con ella?" quiso saber. "¿Es como cuando estás conmigo?"

Me tomé un momento para meditar mi respuesta.

"Si y no" respondí, siendo totalmente honesto. "Es cómodo y natural, como cuando estoy contigo. Pero a la vez es diferente. No puedo precisarlo, sobre todo porque no hemos hecho mucho más que sentarnos uno junto al otro en silencio. Sin embargo, hay algo en su presencia que hace que me sienta a gusto, sereno, seguro"

Alice me miraba con cierta intensidad en la mirada.

"Cuando estoy con ella es como…" bajé los ojos a mis manos, concentrándome para encontrar las palabras que estaba buscando.

"Es como llegar a casa" dijo Alice, utilizando exactamente la frase que yo hubiera elegido.

La sonrisa en su rostro era de completa complicidad y desparpajo.

"Te veré mañana" agregó, al fin. "¿Vas a almorzar conmigo?" preguntó.

No sentí la necesidad de mentir sobre algo que ella ya sabía.

"No lo sé" respondí. "Probablemente, no"

….

Como siempre, gracias por la paciencia. Se que el capítulo no soluciona sus ansiedades ni sus dudas, pero es lo que debe ser.

Gracias como siempre por estar del otro lado y por sus reviews!