Antepenúltimo capítulo! Disfrútenlo!
Capítulo XXXIV: Siempre estuvimos contigo...
No podía pensar con claridad. Nadie me había preparado para afrontar algo así.
-Estoy muerta.-sentencié al ver que un rostro conocido me observaba.
-No, Rose… No lo estás.-dijo mi madre con una sonrisa amable.
Debía ser una ilusión. Sí, tiene que ser eso, pensé sin poder decirle algo a cambio.
Intenté acercarme, pero cuando mis manos intentaron tocar las suyas, sólo acabaron traspasándolas.
Tragué espeso, y bajé la mirada.
¿Era su espíritu?
-Has sido tan valiente... Y le has dado esperanza a aquellos que ya no la tenían.-murmuró suavemente.
Me sonrió con algo de nostalgia, y sentí que mi corazón se hacía trizas.
En verdad, era ella.
Un aura de luz, la rodeaba, y se veía de la misma edad en la que había muerto.
Tan joven...
-Has crecido tanto…-empezó a decir con melancolía.-Cuando te dejé, sólo eras una niña…
-No debiste haberte ido…-le dije sintiendo que las lágrimas amenazaban por salir.
La tristeza se reflejaba en nuestros rostros, podía sentirlo, y aunque no lo recordaba, pensé en el fatídico día de nuestra separación.
-Tampoco, habría querido irme…-susurró con la voz algo quebrada.- Pero, el destino tenía preparado algo diferente para ti… Y lo has logrado, Rose…
-¿Lo he hecho...?-pregunté esperando que esto no fuera parte de mi imaginación.
-Por supuesto, que lo has hecho…-susurró acercándose más.-Has llegado más lejos de lo que alguna vez imaginé, y has luchado tanto…
-Pero… muchos han muerto…-acabé diciendo, mientras miraba sus ojos avellana. Nos parecíamos.
-Sí, muchos lo han hecho… Pero, gracias a ti, todos los que siguen vivos, ahora serán libres…-sentenció con seguridad y luego, sostuvo mi rostro entre sus manos, pese a que no podía sentir realmente su contacto.-Estoy tan orgullosa de ti… y tú, no eres un desastre, Rose… No lo eres.
Las últimas palabras hicieron eco en mi cabeza.
¿Cómo es posible?, pensé en medio de la confusión. Eso jamás, lo había dicho en voz alta, eso sólo me lo había dicho a mí misma.
Si mi madre sabía eso, eso significaba que también debía saber todo lo demás.
-Lo sabes…-murmuré resignada y pensando en mi más profundo secreto.-Sabes que estoy…
No fue necesario que completara la frase, ella, ya lo sabía.
-Sí, Rose, lo sé.-respondió de inmediato.-... Y sé que serás un gran ejemplo para ella...
Me quedé en silencio por unos segundos, no sabía que decir. Estaba llorando y rogaba porque este sueño jamás terminara.
Tenía demasiadas cosas en mi cabeza, preguntas que deseaba hacer, dudas, pero mi mente estaba hecha un lío.
-Siempre estuve contigo, Rose…-empezó a decir con esa voz, que sólo una madre sabía usar para calmar a sus hijos.- ¿Recuerdas cuando eras pequeña, y te refugiabas en el bosque llorando y preguntando por qué tu padre y yo, nos habíamos ido…?
Asentí en silencio, mientras más lágrimas se desbordaban de mis ojos.
Nunca antes, se lo había contado a alguien. Nadie había sabido sobre eso, ni siquiera, James.
-Estábamos ahí, Rose… Nunca nos fuimos, siempre estuvimos contigo...-respondió pasando una mano por mi mejilla.-… cuando vivías en el distrito doce, mientras estabas en los juegos, cuando falleció Rue, cuando participaste en el vasallaje... Tal vez, no podías vernos, pero nunca te dejamos… Siempre estuvimos ahí…
Bajé la mirada, y sentí que mi alma se había quebrado.
-¿En serio crees que no vas a poder ser libre?-me preguntó adivinando mis pensamientos.
-He… asesinado a muchas personas, mamá…-le dije siendo realista.-Voldemort, tiene razón… Jamás podré serlo…
Me sentía tan indefensa y perdida.
-Te espera un largo camino, pero sé que vas a conseguirlo, Rose… No será fácil. Tú, más que nadie, sabes que no lo será, pero lograrás hacerlo, cariño...-respondió con seguridad.- Prométeme que vas a intentarlo… Prométemelo, Rose.
Asentí en silencio, mientras alzaba la mirada y veía que otros rostros conocidos habían aparecido a su lado, entre ellos, mi padre.
-Has protegido a los más débiles, Rose…-me dijo inesperadamente.-Y estoy orgulloso de ti…
Suspiré, mientras una pequeña luz de esperanza aparecía en el fondo de mi alma.
-Tú, no eres como él.-sentenció mirándome a los ojos.-No te juzgues con tanta dureza, Rose… Has protegido a la familia, y has hecho cosas maravillosas…
Él tenía razón, había hecho todas estas cosas por mi familia, pero aún así, no podía sentirme completa.
-Tu madre, tiene razón... Le has dado esperanza a muchos, y ahora, es tiempo de que termines con esto…-murmuró otra voz que no reconocí de inmediato, pero tan pronto, como vi su rostro, lo reconocí.
Tío Harry, pensé observándolo.
-Muchas personas se habrían rendido en tu lugar, pero tú nunca lo hiciste, siempre fuiste perseverante.-finalizó dándome la fortaleza que necesitaba.-Tu vida ha estado en riesgo, y aun así, has continuado...
Lo miré por unos segundos e intenté procesar sus palabras, pero la presencia de otro espíritu a su lado, me desconcentró, y mi rostro se iluminó, cuando vi de quien se trataba.
-Fred…-murmuré con la voz entrecortada. ¿Cómo era posible? ¿Cómo...?-Fred, perdóname… No pude salvarte... No pude...
Nuevamente, comencé a llorar.
-Shh… Está bien, Rose…-dijo esbozando la sonrisa que lo caracterizaba.-Tú no eres la culpable, nadie lo es…
-Pero…
-Todos sabíamos que podíamos morir, y me alegra saber que mi sacrificio ha valido la pena… No tienes que preocuparte por mí, ni por el abuelo... Estamos bien, y desde ahora, en adelante, todo será diferente… Confía en mis palabras.
Mi madre, se acercó una vez más, y entendí que esto no duraría para siempre.
-Es tiempo de volver, cariño…-me dijo sonriendo.-Debes regresar y volver con ellos.
-No quiero irme…-rogué entre lágrimas.
En verdad, no quería irme. Había esperado tanto por esto, y ahora, estaba a punto de acabarse.
No era justo.
-Yo tampoco quiero que te vayas…-admitió con tristeza.-Pero, te necesitan...
Asentí en silencio, mientras trataba de comprenderla.
-Y sé que superarás todo lo malo que esta guerra pueda haberte dejado… Tienes a toda la familia contigo, todos estarán a tu lado… Ginny, Lily, Hugo, Albus, James… Scorpius… Todos.
-¿Te volveré a ver?-pregunté esperando que este no fuera el final.
-Siempre estaré contigo, Rose.-me prometió mientras los demás espíritus empezaban a desaparecer.-Lo sabes…Siempre lo haré…
-Espera…-intenté decir, pero ella me interrumpió. Sabía que cómo me sentía.
-No olvides lo que te he dicho, Rose... No olvides tu promesa.-me dijo con una sonrisa.-Sé fuerte y cree en ti...
Sus palabras continuaron repitiéndose hasta que caí en un profundo sueño, y una vez más, me vi arrastrada hacia los mares de la oscuridad.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Lo primero que vi al despertar, fueron las manecillas de un reloj colgando en la pared de lo que parecía ser una habitación de hospital.
Debí imaginarlo.
Podía escuchar el sonido de mi pulso, a través del aparato que tenía colocado en mi dedo índice. El monitor médico a mi derecha, empezó a vibrar, y cuando traté de mover mi brazo izquierdo, un dolor intenso me detuvo.
De hecho, todo el cuerpo me dolía, y sentía que mi garganta estaba seca; pero el malestar era soportable.
Giré mi cabeza hacia la derecha, y noté que tía Ginny, estaba sentada al lado de mi cama.
-¡Rose!-exclamó, al verme despertar.-Oh, dios... ¿Puedes oírme? ¿Puedes hablar?
Parpadeé un par de veces. Aún estaba algo desorientada, pero conseguí responderle.
-Sí…-dije sentándome sobre la cama, mientras ella intentaba ayudarme.
-¿Cómo te sientes…?-preguntó mirándome con preocupación.
Entendía su desesperación, pero no me sentía tan mal como pensaba. De hecho, comenzaba a recuperar mis fuerzas.
-Estoy bien…-sentencié pasándome una mano por la cabeza y notando que llevaba un parche en la frente.-La cabeza me duele, pero creo que es normal… ¿Cuánto ha pasado desde…?
-Sólo unas cuantas horas… Es casi medianoche.-murmuró revisando mi pulso y esperando que todo estuviera en orden.-... Todo esto ha sido tan terrible, Rose...No tienes ni idea de cuanto sufrí, cuando me dijeron que habían lanzado una bomba en la mansión de Voldemort, y que todos ustedes estaban ahí…
-¿Scorpius…? ¿James?-inquirí desesperada, mientras recordaba la última vez que los había visto.
-Están a salvo…-me dijo calmándome.-Todos están bien… No tienes que preocuparte.
Cerré los ojos y agradecí por ello, pero volví a la realidad, cuando recordé que la felicidad no podía ser completa.
-Fred…-susurré con la voz entrecortada.
Tía Ginny, se llevó una mano a la boca y evitó llorar.
-Lo sabemos…-respondió con tristeza.-Angelina, está destrozada… Pero, ella entiende el sacrificio…
La miré apenada, y traté de ponerme en su lugar.
-¿James te lo dijo?-pregunté. No sabía si le había explicado cómo habían ocurrido realmente los hechos.
-Sí… Y sé que hizo lo correcto.-murmuró con los ojos vidriosos.-No había nada que pudieran hacer…
-Es lo que trato de decirme a mí misma…-dije cansada, mientras las palabras de mi primo, venían a mi mente. "Desde ahora en adelante, todo será diferente, confía en mí..."
Ella asintió en silencio, pero antes de que pudiera agregar algo más a la conversación, me invadieron unas repentinas nauseas.
No, otra vez, pensé llevándome una mano a la boca.
A pesar del dolor, conseguí ponerme de pie y alcancé a llegar a una cubeta de metal que había al pie de la cama. Tía Ginny, alzó mis cabellos y pasó una mano por mi espalda.
Cuando logré recuperarme de las arcadas, volví a la cama y me recosté sobre una almohada.
No fue necesario, que dijera algo.
Ella, me miraba en silencio, podía adivinar sus pensamientos; y sabía cuándo estaba a punto de reprocharme.
-¿Por qué no me lo dijiste?-sentenció con algo que percibí cómo decepción.- ¿Sabes lo irresponsable que has sido? ¿Cómo pudiste hacer algo así, Rose...?
No le dije nada, simplemente, me limité a escucharla. En esos momentos, me merecía todos los reproches del mundo, y que mejor persona para ello, que tía Ginny. La mujer que me había criado como su propia hija.
-El doctor dice que es un milagro que tú y el bebé, estén a salvo. Todos esos golpes y caídas... Aquella explosión, aquella misión suicida... Rose, debiste habérmelo dicho.-insistió mientras hacia una pausa.-Scorpius... él, está algo confundido, pero espero que entiendas su enojo…
-¿Él, lo sabe?-pregunté sorprendida.
-Cuando el doctor nos dio tu reporte médico, él también estaba ahí… Debiste habérselo dicho...
Asentí en silencio.
Eso significaba, que los problemas no habían terminado para mí.
-Rose, sólo quiero que sepas que me preocupo por ti, siempre lo he hecho... pero si algo te pasaba en esa guerra, y más aún estando en ese estado, no habría podido perdonármelo...-murmuró mirándome a los ojos.-Espero que puedas ponerte en mi lugar y no vuelvas a tomar decisiones apresuradas...
Asentí en silencio, y la abracé.
-Lo sé… Perdóname.-murmuré suspirando.-Pero, si no lo hacía, jamás habríamos sido libres… Jamás. Y no sabes, cuantas veces me reproché a mí misma por lo que hacía…
-Está bien, Rose… Está bien.-me dijo más calmada.-Sé que tenías toda una responsabilidad por delante, pero tú vida, siempre será más importante que todo eso…
La miré por unos segundos, y entendí que tenía razón.
-Has sido muy valiente, y lo que has hecho jamás será olvidado.-continuó diciendo mientras pasaba una mano por mi mejilla.-… Estoy tan orgullosa de ti… Y sé que tus padres, también lo están…
Unas lágrimas, cayeron por el contorno de mis ojos.
-Lo sé, tía…-dije sonriendo y recordando el maravilloso momento que había pasado al lado de todos ellos.-Sé que es verdad…
Eso significaba que la piedra, además de haberme permitido hablar con mis padres, también me había salvado de la explosión.
-Bien, ahora, no llores, cariño…-me sugirió mientras ella misma dejaba de hacerlo.-No es bueno para el bebé… No, después de todo por lo que ambos han pasado.
-Ambas.-le corregí segura de lo que decía.-Será una niña…
-¿Cómo lo sabes?-preguntó esbozando una sonrisa.
-Sólo… lo sé.-contesté pensando en lo que mi madre había dicho.
Ella, me devolvió la sonrisa y se puso de pie.
-¿Adónde vas?-le pregunté con curiosidad.
-Voy por Scorpius… Me hizo prometer que le avisaría en cuanto despertaras…
Tía Ginny, dejó la habitación vacía, y entendí que muchas cosas estaban por suceder.
Miré por la ventana, y sólo podía verse la oscuridad de la noche. Después de toda la destrucción y el caos, ahora, reinaba la paz.
Me sentí confundida por unos segundos, habían muchas preguntas en mi cabeza, pero ahora, sólo debía concentrarme en lo que le diría a Scorpius.
Él, debía estar furioso, como tía Ginny lo había insinuado.
Espero que puedas perdonarme, pensé al ver que la puerta se abría levemente, y dejaba entrar a un rubio algo herido, y con el brazo envuelto en un cabestrillo.
Al igual que yo, llevaba puestas las ropas del hospital y por un minuto, pensé que empezaríamos a discutir de inmediato.
-Rose…-susurró corriendo hacia a mí.- ¿Estás bien...? ¿Quieres que llame a la enfermera?
-Estoy bien, Scorpius…-dije mientras él se sentaba en el lugar que tía Ginny, había dejado vacío.
El tragó espeso, podía ver la ansiedad en su mirada.
-¿Por qué…?-dijo finalmente con decepción.
Miré hacia abajo. Estaba algo perdida, pero luego de una lucha interna logré poner mi cabeza en frio.
-Tú, sabes porque, Scorpius…-respondí deseando que todo esto acabara pronto.-Y de habértelo dicho, no me habrías dejado venir al Capitolio.
Él, pareció fastidiado por mis palabras. Al parecer, la respuesta era obvia.
-Por supuesto, que no.-contestó con cierto enojo.-Ese bebé, también es mío, Rose… No tenías derecho a decidir por ambos... Debiste, habérmelo dicho. No ocultarlo...
-Intenté decírtelo, pero todo se salió de control, tenía miedo, y sé lo que habrías hecho al final...
-No, no lo sabes... ¿Crees que esto ha sido un juego? Tu vida ha estado en riesgo, cientos de veces...
-¿Y tú crees que ha sido fácil para mí?-inquirí perdiendo la paciencia.- ¿Crees que no he pensado en eso?... Lo mucho que me odié por lo que hacía, por arriesgar mi vida y la del bebé… Fui yo, quien tuvo que pasar por todo eso… No tú.
Me crucé de brazos, pero me arrepentí de ello, porque nuevamente el intenso dolor volvió a aparecer en mi antebrazo herido.
Demonios, pensé regresándolo a la posición anterior.
-Rose, es una locura. No me pidas, que no me enfade…-respondió más calmado.-No me pidas que no me preocupe por ti… Sabes que te amo, y siempre lo voy a hacer… Ahora, tenemos más motivos para seguir juntos, pero no me pidas que simplemente, olvide que hiciste algo así.
Cerré mis ojos y me llevé una mano a la frente.
Estaba siendo injusta.
No se suponía que debía estar actuando de este modo. Sabía que a veces podía ser algo inmadura, pero en estos momentos, Scorpius, no se lo merecía.
-Lo sé…-murmuré pensando en todo lo que había hecho hasta llegar aquí.-Es sólo que…
Me mordí un labio y traté de reprimir las lágrimas. Ya había llorado demasiado por hoy.
-¿Qué, Rose?-insistió Scorpius tomando mi mano.-Dímelo… Puedes decírmelo.
Suspiré.
-Todo lo que hice… Cada vez que arriesgué mi vida, cada vez que luché… cada vez que maté a una persona para llegar hacia Voldemort, fue porque…-hice una pausa, mientras pensaba en la palabra correcta.-... fue porque no quería que mi bebé, viviera en un mundo como en el que yo viví…-admití descubriendo que ese había sido el verdadero motivo de mis arriesgadas decisiones.
Quería que ella, viviera en un lugar donde los juegos del hambre y Voldemort, sólo fueran un mal recuerdo del pasado.
Él, me abrazó y luego me besó tiernamente.
-Te entiendo…-murmuró sosteniendo mi rostro con una de sus manos.-Sé que todo ha sido muy difícil, muchas personas han muerto, pero todo eso ya pasó...y te prometo que no volveremos a hablar sobre eso...
Asentí en silencio, mientras sentía que me sacaba un peso de encima.
-Me has hecho muy feliz, Rose…-admitió llamando mi atención.
Sus ojos tenían un brillo especial, y entendí a lo que se refería.
-¿Eso significa que estoy... perdonada?-pregunté esbozando una pequeña sonrisa.
-Sabes que sí.-respondió con seguridad.-Y quiero que sepas que esta ha sido la mejor noticia que he recibido en toda mi vida...
Nos quedamos en silencio por unos segundos. Ninguno estaba preparado para afrontar algo así. A pesar, de que estábamos felices por ser padres, sabía que nos esperaba una enorme tarea por delante. Una gran responsabilidad. Aún éramos jóvenes y ambos habíamos pasado por tantas cosas.
¿Podré hacerlo?, pensé mientras trataba de imaginar como sería nuestra vida en el futuro.
Le había hecho una promesa a mi madre, pero ahora entendía a lo que se refería, cuando me dijo que debía ser fuerte y creer en mí.
-¿Tus padres están aquí?-le pregunté de pronto.
-No… Mañana, vendrán ellos y tu familia...
Asentí brevemente, pero luego, me asaltó una pregunta que llevaba merodeando en mi cabeza desde hacía bastante rato.
-¿Voldemort?
-Lo tienen en una celda, y está siendo custodiado por cientos soldados... No te preocupes.-respondió de inmediato.-Mañana, se decidirá cuál será su destino y el del Capitolio...
-Esperó que Lovegood, cumpla con su parte del trato y me deje acabar con él…
-Sé que lo hará…-me aseguró.-Hablé con ella hace unas horas…
No había esperado algo así.
-¿Hablaste con ella?-pregunté de pronto.
-Sí.-contestó neutral.- Podrá parecerte extraño, pero dijo que habíamos completado la misión con éxito y se encargaría de darnos todo lo que nos ha prometido.
Esperaba que así fuera. Era lo mínimo que podía darnos como recompensa.
-Mañana, nos reuniremos con ella y los otros vencedores ...-continuó diciendo mientras me miraba a los ojos.- Las decisiones que tomemos, cambiarán el destino de muchas personas... Sólo espero, que sean las mejores...
Entendí a lo que se refería. Esto aún no había terminado. Habían muchas cosas por decir, asuntos que aclarar, decisiones por tomar, reorganizar la nación, el Capitolio, los distritos.
Sabía que nos esperaba un largo camino por recorrer, pero como Scorpius me lo había dicho, lo peor, ya había pasado y sentía que, al fin podíamos, disfrutar de nuestra libertad.
