Fuente:Collins, Suzanne. "En llamas". Editorial Del Nuevo Extremo (en itálica)
/works/1361143.
La noche anterior a la partida del equipo de televisión, logro escabullirme con Peeta durante una hora para poder hablar con él sobre la distancia que ha puesto en nuestra relación. Como no llegamos a nada, termino pidiéndole me encuentre en la casa del lago al día siguiente para hablar. Cuando volvemos a la Aldea de los Vencedores, encontramos que Effie ha despertado a la mitad el distrito para organizar nuestra búsqueda y ya ha pedido refuerzos al Capitolio.
Después de semejante show, la noche no es tan tranquila, aunque estoy acostumbrándome a dormir de a ratos por las pesadillas. Y en la mañana nada cambia. Como durante el último mes, despierto con ganas de devolver la cena y no paro hasta que empiezo a vomitar bilis. Luego de bañarme y sacarme el gusto amargo, bajo a desayunar lo único que no logro vomitar en las mañanas: bizcochos secos de la panadería Mellark y té de manzanilla.
Después de vestirme y decirle a mi madre que voy a salir para que no se preocupe, paso por la casa de Peeta para ir juntos hasta el lago. Pero no me sorprendo al ver que no hay nadie. Creo que esperaba que él se me escurriera una vez más. Estoy decidida a resolver el futuro de nuestra relación y, sobre todo, el de mi hija. Entonces, sin dudarlo, me dirijo hacia el pueblo. Para evitar perder el tiempo y miradas sospechosas, recorro el camino solitario que solía hacer antes de que mi noviazgo con Peeta, por así decirlo, fuera oficial. Frente a la puerta trasera de la panadería, toco un par de veces con la esperanza de que sea Peeta quien venga a abrir. Sin embargo, no es mi día de suerte:
-¿ Puedo ayudarle en algo?- me dice la señora Mellark mientras hace una mueca cuando ve que soy yo.
Yo trato de mirar por arriba de su hombro buscando Peeta.
- Sí. ¿Puedo hablar con Peeta?- le digo tratando de cazar algún movimiento suyo dentro de la panadería.
- Él está ayudando a su padre con una orden, le haré saber que usted vino a buscarlo- me dice intentando cerrar la puerta cuando por fin logro verlo dando vueltas en la cocina.
Entonces empujo la puerta con mi antebrazo antes de que se cierre y lo llamo.
-¡ Peeta!- mi voz sale entrecortada- Vine a buscarte, tenemos que hablar.
-¡ Dije que él tiene que ayudar a su padre!- me dice la señora Mellark en un tono nervioso mientras trata de bloquear la entrada de la puerta.
Sin hacerle caso, lo llamo otra vez.
- ¡ Peeta! Por favor, tú sabes que tenemos que hablar.
De repente, él aparece detrás de su madre, que evidentemente está muy enojada en este momento, aunque no le queda más remedio que ceder el paso. Entonces fijo mi mirada en él, devorándolo con mis ojos: su pelo rubio, más corto, los restos de harina sobre su cara, sus ojos azules interminables, sus amplios hombros y brazos fuertes todavía cubiertos por el brillo de la transpiración. Trato de aplacar mi cólera, el dolor y el resentimiento que siento por su abandono y encuentro el coraje que necesito para traerlo de vuelta hacia mí, tratando de recordar todo lo lindo que teníamos hasta tuvimos que enfrentar los Juegos del Hambre. Doy un paso hacia delante y pronto mis brazos están enrollados fuertemente alrededor de Peeta, mi cabeza enterrada en su camiseta pegajosa. Él huele a sudor, canela y a Peeta y, de repente, me siento en casa.
Aspiro ese olor embriagador y me derrito cuando siento sus brazos cernirse a mi alrededor, exprimiéndome con fuerza, aunque no protesto. Ese es un dolor que quiero sentir. Cuando alzo la vista, su cara está a milímetros de la mía y le susurro:
-¿ Vienes a caminar conmigo?
Los ojos de Peeta están vidriosos, pero contiene sus lágrimas mientras mueve una mano sobre mi cara y cuello.
- Si todavía tienen ganas, me encantaría- me contesta.
Sosteniéndonos el uno al otro durante unos momentos más, soy la primera en arrancar, tomando su mano y conduciéndolo hacia nuestro hueco en la alambrada mientras la señora Mellark sigue llamado a Peeta.
Peeta hace una pausa y da media vuelta hacia ella, que está expectante. Luego da la vuelta completa y queda enfrentado, sosteniendo la mirada desafiante de su madre y agarrando fuertemente mi mano.
- Mamá, es hora de que te rindas. Esto va a suceder, lo aceptes o no- echándome un vistazo, vuelve a dirigirse a su madre.- Katniss, tú no me dejarás pasar hambre, verdad?
Yo sólo sacudo mi cabeza, no confiando en mi misma como para hablar. Así nomás, emprendemos nuestro camino hacia la alambrada. Caminamos despacio cerciorándonos de que nadie nos siga. Cuando llegamos al agujero, escuchamos a ver si sentimos el zumbido de la electricidad, pero no hay rastros de ella. Con más cuidado que antes pasamos al otro lado y comenzamos a andar nuestro camino hacia la normalidad.
- Parece que hiciera años que estuvimos acá, pero sólo pasaron tres meses- digo casi en un susurro.
- ¿ Tres meses ya? Creo que perdí la cuenta del tiempo con todo lo que nos pasó.
- Si, ya estoy de trece semanas de embarazo.
- ¿Ya trece semanas? Y yo …
- Peeta … - le digo con dolor sabiendo que en cualquier momento me disolvería en un mar de lágrimas, avergonzándome aún más.
- Katniss, no sé qué me pasó- agrega con voz entrecortada.
- Parece que mi destino fuera perder a la gente que quiero: primero a mi padre, luego a mi madre, aunque físicamente esté bien, y ahora a ti!- le grito enfadada- Realmente no sé qué fue lo que te pasó. Mientras estuvimos en el Capitolio todo seguía más a menos bien, pero desde que llegamos a casa, prácticamente desapareciste.
Miro fijamente a Peeta, sus ojos tristes mientras trata de hablar. Pero yo sigo dolorida, por el vacío gigantesco que él había excavado con su ausencia y esto exige su atención. Él comienza a rozar sus dedos por mi pelo.
- Lo siento mucho, desde el fondo de mi alma. Nunca debería haberte apartado de mi vida. Pensé que no era lo bastante bueno para ti. Pero ahora sé que fui egoísta de mi parte hacer eso. Sé que estaba equivocado.
- Me pregunto quién puede haberte llenado la cabeza haciéndote sentir menos. Más allá de que seas extremadamente rico, tengas una casa hermosa, seas joven y hermoso, lo único que me puedo imaginar es que no quieras estar conmigo.
- ¡No! No es que no quiera estar contigo. El día que llegué a casa y mi madre se dio cuenta que había perdido mi pierna, empezó con todo el discurso de siempre: qué así no iba a encontrar a nadie, sólo alguien que esté interesado en mi plata, que qué dirían sus amigas del pueblo cuando se enteraran, que ya había sido muy duro para ella ver todo lo que pasaba entre nosotros por la televisión, que con todo eso, sería imposible casarme, salvo pagándole a una buena chica del pueblo que se sacrificara por mi …
- ¿Y tu que le dijiste? ¿En algún momento le dijiste que no era algo inventado por El Capitolio?
- Si, al principio le dije que lo nuestro era real, que mi interés era casarme contigo, pero…
- ¿ Te pegó?
- No, por primera vez mi padre se interpuso. Pero me dijo que aunque fuera un inservible nunca iba aceptar que me casara contigo. Me dijo que si tú alguna vez quisiste algo conmigo era por dinero, pero ahora que tú también tenías, ni te fijarías en un lisiado como yo.
- ¿Y tú le creíste todo? ¿ No hubiera sido más fácil que me preguntaras a mí?
- Ahora, a la distancia parece que es lo más lógico. Pero la forma en que día a día me llenó la cabeza me hacía dudar. Para colmo, toda la locura de las cámaras y que no tuviéramos tiempo para hablar sin que nadie escuchara, solo ayudó para que terminara de convencerme. Creo que si no hubieras insistido ayer y hoy, hubiera terminado hablando con Gale para que se case contigo.
- ¿ Qué?¡ Por qué todos insisten en decidir por mí! ¿Hubieras renunciado a tu hija?
- ¿ De qué le sirve un padre lisiado?
- ¿Lisiado? Yo te veo bastante bien Peeta, estás caminando conmigo, ¡estas vivo!
- Tienes razón, estaba pensando como un cobarde, como un desagradecido. Pero quiero que entiendas que no ha sido fácil, pasé de ver a mi pierna prostética como una cosa ajena conectada a mi cuerpo a sentirme desnudo cuando no la llevo- me confiesa Peeta bajando la cabeza.
Antes de que Peeta pueda continuar, nos detenemos a buscar los arcos y las flechas que tenemos escondidos, no sé si podré usarlos, pero por lo menos es un intento de volver a nuestra rutina.
-¿Y qué te hizo cambiar de opinión?- le pregunto cuando reanudamos el camino.
- Mi hermano menor, Naan. Primero, encontró los folletos de la prótesis, después los papeles de la rehabilitación y los ejercicios que había recomendado la kinesióloga. Sabes, mi madre y mi padre no quisieron quedarse a vivir conmigo en la Aldea de los Vencedores, pero Naan se apareció una noche y me dijo que el se quedaría siempre y cuando lo dejara ayudarme.
- ¿Y qué hizo?
- Organizó como un gimnasio en mi sótano. Empezamos a hacer los ejercicios juntos. La primera vez que traté correr me sentí torpe, sin embargo, casi me olvidé que me faltaba un miembro cuando sentí el viento en mi cara mientras trotaba alrededor de la pradera.
- ¿ Qué protésis tienes?
- Ellos la llaman VGK. Es una de las mejores que hacen, es inoxidable, puedo hacer todo con ella, y si quiero, no necesito sacármela para dormir.
- Sabes, consultando los libros de mi madre, aprendí todo que debía saber sobre tu tipo de amputación. La fisioterapia. Cuales son tus limitaciones físicas, tu imagen del cuerpo.- le digo mientras lo miro a los ojos mientras las lágrimas comienzan a caer por mi cara- Yo habría estado allí para ayudarte Peeta. Habría entendido.
- Fui tan estúpido, Katniss. Debería haber confiado en que estarías a la altura de las circunstancias. Resulta, que no eras tú la que no estabas lista, sino que era yo. Perdóname, nunca te subestimaré otra vez.
No falta mucho para que lleguemos al lago, pero las palabras de Peeta me obligan a frenar y acercarme hacia él y abrazarlo. Apoyo mi cabeza contra su pecho, limpiando mis lágrimas sobre su camiseta.
- No, no lo harás, porque yo no te dejaré- le digo mientras lo beso.
Y me derrito en Peeta, mientras él gime, profundizando el beso hasta que nos quedamos sin respiración. Él me empuja con cuidado contra un árbol, devorándome con un hambre que había estado como dormido éstas últimas semanas. No puedo evitar el gemido que sale por mi boca. Siento como mi cuerpo se está despertando del letargo mientras las manos de Peeta comienzan a vagar sobre mi cuerpo, acercándome hacia él.
- Vamos, ya estamos cerca- dice Peeta cuando salimos del trance.
Media hora después, entramos en la cabaña. Todo está exactamente igual a como lo habíamos dejado a principios de junio: las amantas y almohadones formando una cama, los troncos y el trozo de madera que hacen las veces de mesa, la chimenea. Parece como que el tiempo no hubiese pasado desde entonces.
- Peeta, ¿puedes calentar agua para el té? Yo traje para hacer sándwiches.
- ¿En serio? Ni había pensado en eso, perdón.
- No hay problema. Sólo vomito por la mañana, ya cerca del mediodía me ataca el hambre y tengo que comer sí o sí o me pongo de muy mal humor- le confieso.
- Entonces, comamos ahora, la caminata también me abrió el apetito- me contesta con una sonrisa.
En silencio, sincronizados, preparamos el té y la comida. En silencio nos sentamos a comer, pero a demás de devorar el pollo, el tomate, el pan y las naranjas, nos devoramos con la mirada, como si fuera la primera vez. Cuando las distracciones de comer y reordenar todo pasan, me recuesto sobre una almohada de nuestro camastro. Peeta se acerca y me suelta la trenza, liberando toda mi cabellera. Despacio, su mano acaricia la tela de mi vestido veraniego, del color de la puesta del sol, mientras una sonrisa se dibuja en su cara.
- Tú sabes que es mi color favorito.
Un dedo de Peeta comienza a recorres mi frente, cruza el puente y la longitud de mi nariz y se deja caer contra mi labio inferior, que abro ligeramente bajo la presión de la yema del dedo y mi propia dificultad al respirar. En el aire, sólo se sienten nuestras respiraciones, Peeta presiona su dedo contra mis labios con cuidado y mi lengua sale a lamer la punta de su dedo. La expresión de la cara de Peeta cambia cuando mis labios se cierran alrededor de su dedo y comienzan a chuparlo con una ligera presión, sintiendo el sabor a canela y especias de su paso por la panadería. Yo sostengo su mirada mientras empujo a su dedo dentro de mi boca hasta llegar a su nudillo.
Los ojos de Peeta se cierran un poco mientras sigo chupando su dedo cuando de repente él lo saca de mi boca y su boca y su lengua toman su lugar, besándome profundamente. Un pequeño quejido escapa de su boca. Mis manos se colocan sobre sus hombros tratando de presionar para acercarlo hacia mí, mientras que sus manos comienzan a viajar sobre mi cuerpo, como saboreando mis curvas bajo el fino material de mi vestido. El deseo reprimido de tantas semanas separados se hace dueño de nosotros y todo se vuelve frenético. Apurada, saco su camiseta sobre su cabeza arrojándola a través del cuarto mientras él hurga con los botones de mi vestido, que, por mi impaciencia, termino sacándolo de un tirón sobre mi cabeza.
Sentir mi piel contra la suya me hace delirar, el momento se vuelve surrealista, volver a sentir mi cuerpo bajo el suyo. Casi involuntariamente, mis pechos se elevan hasta chocar con amplio pecho de Peeta. Él comienza a trazar un camino de besos calientes y mojados a lo largo de mi cuello y hombros, mientras una de sus manos toma uno de mis pechos rozando el pezón con la palma de su mano. El latido de mi corazón se acelera al ver como su boca va moviéndose hacia abajo y cuando finalmente sus labios se posan sobre mi pezón, arqueo mi espalda para presionarlo más adentro de su boca. Peeta comienza a chuparme de la forma que a mí me gusta, no necesita instrucciones, alternando con su lengua y con sus labios para llevarme al punto en que ya no puedo formar palabras, sólo gemidos y maullidos.
- Peeta, ah, extrañaba tanto a tu boca- gimo mientras él sigue lamiéndome.
Cuando ya comienzo a temblar en sus brazos, Peeta empieza a besarme a lo largo de mi estómago hasta llegar al borde de mi ropa interior. Primero juega con los bordes del encaje, como discutiendo si hay que deslizarlas con cuidado por mis muslos o directamente romperla. Pero se decide por mover el delgado material a un lado, usando dos dedos para acariciar mis labios, bañándolos con mi humedad. Luego lleva las yemas de sus dedos mojadas a sus labios, probándolos, gimiendo al saborearlos. Yo no puedo dejar de mirarlo y de desearlo.
- Estás tan mojada para mí,¿ verdad?- susurra sosteniendo mi mirada mientras empuja dos dedos dentro mío, sumergiéndolos hasta sus nudillos- Voy a comerte de una forma que no vas a poder olvidar, por todas las noches que sólo podía imaginarme tenerte.
Mientras sus palabras me excitan aún más, Peeta se inclina para mover su lengua a lo largo de mis pliegues. Mi boca se abre y emito un gemido casi animal. Peeta chasquea su lengua sobre mi clítoris antes de poner toda su boca alrededor, chupándolo ávidamente y haciendo que mis caderas comiencen a presionar contra él. Peeta acomoda su cabeza entre mis piernas y las sube hasta hacerlas rozar contra mi pecho para luego enterrar su boca entre mis pliegues, lamiéndome y chupándome, mientras sus dedos comienzan a bombear dentro mío con tanta fuerza que comienzo a gemir su nombre una y otra vez hasta que él siente cómo mis paredes comienzan a contraerse alrededor de sus dedos.
-¡ Peeta!- grito.
- Jamás podría aburrirme de escuchar mi nombre cuando acabas. Dilo otra vez- me susurra mientras las olas de placer se esparcen en mi cuerpo- Dí mi nombre.
-¡ Peeta!- vuelvo a gritar mientras trato de controlar los espasmos y mis piernas se derriten como jalea a mis lados- Te deseo Peeta, por favor …- y estoy rogándole.
Peeta desabrocha sus pantalones y hace una pausa durante un momento. En su cara se refleja la confusión y cuando lo miro entiendo lo que pasa. Entonces me siento y lo beso con cuidado.
-¡Eh!, ¿ qué quieres hacer?- le digo.
- Lamento que tengas que ver …- dice Peeta sacudiendo la cabeza.
- Primero, recuerda que ya la ví. Segundo, no quiero que te ocultes de mí. Ven aquí- le indico una almohada para que se recline.
Tomo el botón superior de sus pantalones y lo deshizo, bajando la cremallera despacio, observando su reacción. Saco sus pantalones hasta que llegan a sus rodillas, cuando Peeta me detiene con una mirada de tal vulnerabilidad que me derrite el corazón.
- Está todo bien. Voy a sacar tus pantalones y podemos pensar si quieres o no sacar la prótesis más tarde, ¿te parece bien?- le susurro con cuidado rozando mis dedos sobre su frente.
Peeta hace un movimiento de asentimiento con la cabeza mientras termino de quitar sus pantalones con un poco de dificultad. Cuando me siento sobre mis piernas, puedo ver dónde su pierna termina y dónde comienza la prótesis.
-¿Quieres quitarte la prótesis?
Apartando un poco los ojos, Peeta cabecea con un poco de pánico mientras se sienta para desenganchar la pierna, dejándola rodar con cuidado sobre el piso.
- No estuvo tan mal, ¿verdad?- le digo mientras apoyo mis labios sobre los suyos.
Peeta sacude la cabeza, finalmente alzando la vista hacia mí como tratando de estudiar mis rasgos, tratando de ver si puede descubrir algún rasgo de compasión o repulsión. Trato de trasmitirle serenidad y amor. Lentamente, una lágrima comienza a salir por la esquina de su ojo.
- ¡Eh!, mi amor, no. ¿Por qué ?- le digo capturando la lágrima con mis labios y besándola.
- Eres tú... tan perfecta- me dice mientras me abraza y me acerca hacia él para besarme.
Lo deposito con cuidado sobre la almohada, devorándolo con besos, y sé que es el momento de tomar el control de la situación. Comienzo a mover mis labios a lo largo de su cuello y hombros, probando su piel hasta llegar a su pecho, lamiendo sus pezones y chupándolos hasta lograr que un gemido salga de su boca. Me deleito con el pelo de color oro sobre su pecho, con los rizos que se hacen cada vez más oscuro a medida que me acerco a su vientre. Luego saco sus calzoncillos y su erección salta hacia fuera. La tomo entre mis manos, acariciándolo mientras observo su cara, cómo sus dientes se aprietan sobre sus labios. Con confianza, me inclino para lamer la punta de su pene con mi lengua, rodeándolo antes comenzar a mover mi lengua a lo largo de su longitud.
- Peeta, no estoy enamorada de tu pierna, ¿sabes?. Te amo a ti, lo que representas para mí, amo tu boca, amo tus manos y amo tu pene- le digo con voz ronca antes de introducirlo en mi boca hasta que la punta choca contra el fondo de mi garganta.
Envaino mis dientes y comienzo a mover mi boca de arriba a abajo mientras la cara de Peeta se retuerce de placer y asumo que le gusta éste ritmo.
- Uh, así- refunfuña Peeta al tiempo que sus manos se entrelazan con mi pelo, dirigiendo mis movimientos.
Yo sigo moviéndome hasta que él me pide que pare, deteniendo mis movimientos con un leve movimiento en mi pelo.
- Quiero estar adentro tuyo- me dice como tratando de explicarse.
Entonces me deslizo por su cuerpo, asegurándome de que sienta cada centímetro de mi cuerpo hasta llegar a sus labios. Me siento a horcajadas sobre él, besándolo una y otra vez mientras que con una mano tomo su erección. Luego me levanto sobre sus caderas para comenzar a hundirme despacio sobre su pene. Cuando siento que está todo dentro mío, comienzo a hacer rodar mis caderas mientras veo que Peeta apoya su cabeza sobre la almohada.
-¡ Katniss, no voy a durar si sigues haciendo eso!
- Bueno- le digo mientras lo miro y trato de encontrar un ritmo.
Peeta coloca sus manos sobre mis caderas, y yo comienzo a moverme sobre él mientras mis pechos se balancean al compás. Peeta me eleva un poco y siento que la sensación se intensifica cuando comienza a acariciarme los pechos. Coloco mis pies debajo de los muslos haciendo que mis rodillas queden dobladas de manera de poder apoyarme hacia atrás ayudándome con las manos sobre sus muslos. Aprovechando la posición comienzo a montarlo con más desesperación.
- Me gusta verme dentro de ti- me dice mientras fija su mirada en la parte en que mi cuerpo se une con el suyo.
Peeta extiende la mano y toca mi clítoris, haciendo círculos apretados que aumentan mi placer hasta el punto en que me siento explotar alrededor de él. Los espasmos hacen que su pene esté cada vez más adentro mío hasta el momento en que él se libera con un orgasmo tan fuerte que el grito que sale de su boca es gutural.
Me quedo tirada sobre su cuerpo incapaz de moverme y de a poco siento como su pene se ablanda y comienza a salir de mi cuerpo. Peeta me abraza como tratando de acercarme aún más a él, besando mi pelo y mi cara con placer perezoso. Estar tirada acá con Peeta no podría ser más perfecto. Después de un rato, Peeta me mira:
- La mentira más grande que me dije alguna vez fue que podría vivir sin ti. Me dije esa mentira una y otra vez hasta que no pude mentirme más. No quería ser una carga para ti, eres demasiado buena como para quedarte atrapada a conmigo.
- ¿ Qué te hizo cambiar entonces?
- No fue nada específicamente. Tuve que alejarme de mi madre, que fue el primer gran obstáculo. Ella me hizo creer que yo era un monstruo sin valor, indigno del amor.
- Creo que ése fue el punto. Que puedas darme la oportunidad de probarte de que quiero realmente estar contigo. Decidiste tan rápidamente alejarte de mí Peeta, eso casi me mata. No puedo y no quiero pasar por eso otra vez.
-No, nunca nos haré eso otra vez. Ella me dijo que yo era un tonto lamentable, egoísta y ella tenía razón. No soy yo quien tiene que dejarte entrar, eres tú quien tiene que perdonarme- dice Peeta mientras me toma la mano- Perdóname, realmente y realmente, de ahora en más, lo haré bien para nosotros, ya lo verás- agrega mientras señala su pierna- Esto es lo que yo soy ahora, pero yo no soy sólo esto. Puedo amarte bien y no quiero separarme de ti nunca más.
- Ven aquí- le susurro apretando más mi abrazo haciendo que su pecho descanse contra el mío- Si tú haces lo correcto, si prometemos ser honestos el uno con el otro y no tomar decisiones el uno por el otro, no veo por qué no pueda funcionar. Tu eres mucho más que tu pierna faltante- le digo mientras enrollo mis dedos en su pelo- Tanto más. Durante éste mes me di cuenta que no podría amar a nadie más que a ti.
Peeta levanta su cabeza para besarme y sólo logra encender el fuego otra vez. Segundos después estoy moviendo mis piernas alrededor de sus caderas. Luego de un par de maniobras, Peeta está sobre mí sin caerse y entrando en mí nuevamente muy despacio, disfrutando de cada movimiento. Yo no puedo evitar cerrar mis ojos, disfrutando del ritmo pausado, tratando de aumentar el placer poco a poco hasta que nuestros movimientos se vuelven frenéticos y mis músculos comienzan a contraerse alrededor de él cuando mi orgasmo explota. Peeta me sigue poco después, mordiendo levemente mi hombro cuando alcanza su pico.
Subo un poco la fina sábana para cubrirnos y antes de sucumbir al cansancio de nuestra actividad física, me doy cuenta que es la cara de Peeta la que quiero ver todos los días cuando me despierto y es la última que quiero ver cuando me voy a dormir. La idea de que eso no sea más algo imposible me llena de una felicidad tan completa que borra toda la miseria que sentí durante el mes pasado. Y no puedo evitar las palabras que están en la punta de mi lengua:
- Peeta, tenemos que casarnos… me expresé mal… quiero que nos casemos.
- Katniss…
- No quiero acostarme ni levantarme lejos de ti y la única forma en que mi madre me dejará estar contigo es casándonos.
- ¿Estás segura que quieres hacerlo?
- ¿Qué no quieres casarte conmigo?
- ¿Qué? ¡Si! Es lo que siempre soñé, sólo quiero que tú estés segura.
- Nunca estuve más segura de algo. Pero quiero que sea algo sólo para nuestras familias, nada lujoso, quiero que sea algo privado, nuestro.
- Me parece bien, acepto. Katniss, tengo algo para mostrarte- me dice Peeta mientras busca en el bolsillo de sus pantalones.
- ¿Qué es?- le pregunto cuando me da un sobre.
- Sólo ábrelo.
Cuando lo hago, me doy cuenta que es una foto, claramente de un embrión humano. La superficie de la piel se ve desigual, pero es la copia de lo que vimos en el monograma de nuestra hija.
- Ella también me ayudó a volver a ti- me dice- Ven, vamos a afuera a disfrutar del día. No queda mucho del verano y no creo que podamos volver pronto.
Peeta se sienta, se pone su pierna ortopédica nuevamente y se levanta, ofreciéndome su mano para ayudarme.
- ¿Vas a ir así?- le pregunto.
-¿ Cómo?
- ¿Desnudo?
- No trajimos traje de baño, además no tenemos nada que ocultarnos y estamos solos. ¡Vamos a nadar!
- Vamos- le digo
Salimos de la cabaña y caminamos los cincuenta metros que nos separan de la costa. Vamos despacio porque estamos descalzos. Cuando llegamos, ponemos la punta del pie para probar la temperatura. No está tan fría como me lo imaginaba.
-¡ Vamos Katniss! Entremos juntos- dice Peeta tirando de mi mano y llevándome hacia lo hondo.
- Está fría- protesto.
- Está perfecta.
El choque entre la temperatura de mi piel y el agua fría hacen que los pelos de toda la superficie de mi cuerpo se ericen, junto con mis pezones. Esta situación no pasa desapercibida para Peeta, que instantáneamente me cubre con un abrazo. La sensación de su cuerpo caliente contra mis pechos y el agua fría en mi espalda es deliciosa.
- Gracias- le digo tímidamente.
- Perdón, siempre espero que todos sean tan calurosos como yo, no quiero que te enfermes.
- No creo que eso suceda- conteste mientras aprieto más los brazos para traerlo más hacia mí.
- Estás muy mimosa últimamente.
- Te refieres a hoy, casi no habíamos tenido contacto mayor a un beso en el último mes. Además, ya estoy en mi segundo trimestre.
- ¿Y eso que significa?
- Según los libros que me dio Effie sobre el embarazo, cuando pasa el primer trimestre y se van los malestares matutinos y el cansancio, las hormonas son las causantes del incremento del deseo sexual.
- Y eso, ¿es verdad?
- Sip- le digo acentuando la pe y poniendo una sonrisa cómplice- Por ejemplo, ahora, en lo único que puedo pensar es en cuanto más cerca podríamos estar.
- Oh- me contesta y en su cara se dibuja esa mueca que tanto amo mientras sus pupilas se dilatan.
- No sabes lo mojada que estoy- le digo al oído.
- Pero no hace menos de una hora que nosotros …
- Lo sé, pero no puedo dejar de pensar en vos, en que estuvimos todo éste tiempo separados y que… no sé cómo explicarlo, siento que tenemos que ponernos al día.
- Ah sí- me susurra y su voz ya tiene dos tonos menos que antes- Entonces, ¿ no quieres nadar?
- Nop.
Cuando abrazo sus caderas con mis piernas, Peeta comienza a caminar hacia la parte más profunda hasta que ambos estamos cubiertos por el agua hasta los hombros. Siento como si estuviera flotando, pero a su vez estoy aferrada a Peeta. La fina capa de agua que hay entre nuestros cuerpos es caliente, mientras que la que nos rodea está más fría. En todo el trayecto, no hemos dejado de mirarnos a los ojos. Acá, lejos de todos, de los ojos inquisidores del Capitolio y de nuestra familias, es donde me siento prepara como para confesarle a Peeta todo lo que siento por él.
- Sé que puede sonar cursi, pero me es difícil explicar cuánto te deseo. Y no es sólo ese magnetismo que siento hacia ti, no es sólo tu cuerpo. Necesito estar así para poder trasmitirte lo que siento. No sé si sientes lo mismo.
- Sí, y me di cuenta hoy, después de tantos días, de la sensación de vacío que sentía. Aunque estábamos juntos. Era como si no hubiéramos podido pasar la superficie, como que no podía alcanzarte realmente.
- Sabes que me costó mucho poder dejarme llevar por éste sentimiento. Siempre tuve miedo, por lo que pasó con mi madre. Después de que mi padre murió, mi madre simplemente se apagó. No pudo manejar el dolor y se cerró hacia el mundo exterior. Ella pasaba todo el día, cada día, mirando fijamente a la nada, como abstraída de lo que pasaba alrededor de ella. Se olvidó de nosotras y la odié por eso, todavía la odio por eso, porque la necesitamos. Ella era todo lo que nos había quedado y ella nos abandonó. Eso es lo que el amor era para a mí. Vulnerabilidad. Debilidad. Mi madre amó tanto a mi padre que fue capaz de dejar a sus hijas pasar hambre. Después de eso, me dije que nunca me enamoraría, porque no quería terminar como mi madre. Y luego apareciste tú y me mostraste lo que era el amor y cuando entré a esa arena, me dí cuenta que prefería morirme yo a tener que matarte. Pero cuando salimos y pensé que todo volvería a la normalidad, te alejaste de mí. Y realmente mi miedo se hizo realidad.
- Mi amor, perdón- me dice mientras dejas suaves besos en el cuello.
- A pesar de todo lo que me ha pasado en la vida, nunca estuve tan asustada como éste último mes en que pensé que te perdía. Estoy realmente enamorada de ti y eso me aterroriza.
- Eso no va a pasar nunca más, vamos a criar juntos a nuestra hija y vamos a tratar de ser felices. Te amo hace tanto tiempo Katniss, parece que ahora sí puedo cumplir mi sueño y no quiero que nada más se interponga.
Me encuentro mirando fijamente a los ojos de Peeta durante un momento infinito, perdiéndome en ellos.
- Quiero que entiendas que no es sólo sexo, quiero que me hagas el amor- le digo mientras me elevo un poco sobre su cuerpo para poder posicionarme sobre su erección.
- Si mi amor, lo sé- me susurra mientras me dejo caer nuevamente sobre él y ambos suspiramos cuando me ha penetrado completamente- Hay veces que me cuesta describir lo que siento cuando estoy dentro tuyo.
- No necesitas hablar, sólo quiero que me sientas- le susurro mientras comienzo a moverme de arriba hacia abajo aumentando la fricción.
En lazo mis manos por detrás de su cuello, apoyo mis codos suavemente sobre sus hombros y coloco mi frente contra la suya. Nuestras miradas quedan fijas, y siento que puedo ver dentro del alma de Peeta. Me muevo lentamente, como si no pudiera perturbar la paz que nos rodea. Estamos hundidos casi hasta los hombros y pequeñas ondas comienzan a formarse alrededor nuestro. No me canso de mirar a Peeta, sus ojos me trasmiten adoración, amor, paz, siempre lo hicieron y ahora, más que nunca, me doy cuenta que es lo que necesito para poder seguir adelante con toda la locura que nos rodea.
De a poco siento que la tensión empieza a crecer dentro mío y mis movimientos se vuelven más erráticos. Aunque estoy flotando en el agua y no peso mucho, mis muslos empiezan a protestar por los movimientos que estoy haciendo. Parece que mi cansancio no pasa desapercibido para Peeta, porque coloca sus manos en mis nalgas y comienza a moverme contra él a un ritmo un poco más rápido. Alrededor nuestro sólo se siente el canto de los pájaros y nuestras respiraciones. Es evidente que conoce mejor nuestros tiempos porque unos minutos después siento como empiezo a contraerme alrededor de Peeta y necesito agarrarme fuertemente de él para no empezar a chapotear. Él me sigue poco después enterrando su boca en mi hombro para silenciar sus gemidos. Nos quedamos abrazados, sin movernos mientras recuperamos el aliento, sin movernos.
- Me quedaría acá para siempre, lejos de toda esa locura que nos rodea- dice Peeta de repente.
- Me encantaría, pero ¿no sería peligroso para nuestras familias si desapareciéramos así como así?
- Sí, después de lo que me contaste sobre las bayas y lo que te pidieron que hicieras con la bebé, creo que generaríamos más problemas. Creo que, si quisiéramos escaparnos, deberíamos hacerlo después del Tour de la Victoria.
- Hay otros temas que deberíamos resolver después de eso, ¿no?
- Es verdad, pensaste algo sobre eso. Salgamos del agua así nos secamos al sol y me cuentas.
Sin soltarme, Peeta comienza a caminar hacia la orilla. A medida que emergemos del agua, sé que no soy tan liviana como antes, pero Peeta me acarrea como si no pesara nada. Cuando llegamos a la arena, me deposita en el suelo y se sienta a mi lado, mientras miramos cómo el sol empieza a bajar por el cielo.
- Hace dos semanas, cuando casi no hablábamos, se me ocurrió llamara Snow y decirle que el bebé era de Gale y que quería tenerlo en el Capitolio para darlo en adopción- le digo a Peeta, aunque sé que no va a reaccionar muy bien.
- ¿Cómo?
- Peeta, estoy sólo contándote las opciones que pensé. Si la bebé naciera en el Capitolio no entraría en el régimen de la cosecha.
- ¿Y eso es lo que quieres? Dar nuestra hija para que la crie un extraño, loco del Capitolio, lejos de nosotros … No puedo ni pensarlo, se me hiela la sangre. ¿Crees que Snow no nos seguiría amenazando, aún sabiendo que no iriía a los Juegos del Hambre. ¿Quieres realmente que nazca en el Capitolio?
- ¡No!, no,a medida que lo pensaba, me fui dando cuenta que sólo conseguiríamos ser más vulnerables frente a Snow. Él sabría perfectamente dónde está ella y siempre podría usarla para hacernos hacer lo que quiere, que, realmente, no sé que es.
- Yo no quiero que ella nazca en el Capitolio, quiero que nazca acá- dice Peeta con voz decidida.
- Yo también, pero en el momento que cumple doce años sería cosechada, no sé si podría tolerar la idea de ser su mentora y verla morir en la Arena.
- Yo tampoco, no quiero ni imaginarlo. Es condenarla desde su nacimiento. A no ser que…
- ¿Qué?
- ¿Te acuerdas cuando estuvimos en junio, que pensamos en arreglar la cabaña para venir después de casarnos?
- ¡Es verdad! ¡Y ahora tenemos el dinero como para hacer una casa más grande!
- Pero tendríamos que hacerlo muy discretamente, sin levantar sospechas. Podría pedirle a mi hermano Naan que nos ayude. Él construyo el nuevo cobertizo ya sabe cómo hacer los basamentos, levantar las paredes. Podría arreglar con mi padre para que trabaje los fines de semana haciendo turnos extra en la panadería.
- ¿Volverás a trabajar?
-¡ Sí! No tenemos que volver a la escuela, tenemos muchísimo tiempo libre, además sería por una buena causa.
- Tienes razón. Le podría pedir a Gale que nos ayude los domingos, no tenemos mucho tiempo, porque cuando empiece a nevar no vamos a poder venir.
- ¿Te parece que Gale querrá ayudar?
- Él siempre pensó en huir al bosque, si le proponemos que el año que viene comenzamos a construir una cabaña para él y su familia si nos ayuda con la nuestra, a lo mejor se interesa.
-¡ Es verdad, si hacemos todo de a poco, no sería tan evidente que tres familias desaparecen!
- Dicho así parece imposible, pero llegado el caso, podríamos fingir que fuimos atacados por animales cerca de la alambrada y nos darían por muertos.
- Llegado el caso…Tenemos que pensar qué queremos construir, qué materiales necesitamos.
- Tendríamos que hacer, por lo menos un baño, una cocina y un cuarto más. Estoy pensado que, si quiero que la bebé nazca acá tenemos que traer a mi madre para el parto, tendríamos que pensar en un lugar de la alambrada que está más cerca de acá y que ella pueda pasar fácilmente y por donde podamos pasar lo materiales.
- Me gusta la idea- me dice Peeta mientras me abraza- Ver todos los días el atardecer sobre el lago. Sé que no será una vida fácil, pero, por lo menos estaríamos más tranquilos.
- Yo podríamos seguir cazando e intercambiar la carne en el Quemador.
- ¿Pero estaríamos entrando nuevamente?
- Si, pero así como salimos sin que se den cuenta, podríamos entrar, no sé, disfrazados, de madrugada. Algo se nos ocurrirá.
- Ven, sigamos pensando mientras volvemos a casa- agrega y me ayuda a levantarme.
Lentamente volvemos a la cabaña, nos vestimos y juntamos todo lo que trajimos. Pero antes de salir, Peeta me sorprende:
- Podemos empezar la obra después que nos casemos. Si quieres, podemos venir en un par de día a tomar las medidas así me siento con Naan para hacer los planos, ¿qué te parece?
- Bien, pero, ¿ cuándo te parce que nos casemos?
- Creo que primero deberíamos hablar con Haymitch, tengo miedo que haya problemas por eso, aunque si pudiera decidir yo, te diría que mañana mismo- agrega mientras me abraza.
- Está bien, apenas lleguemos a la Aldea de los Vencedores vayamos a ver a Haymitch.
Todavía hay luz cuando emprendemos el camino de vuelta y, aunque estoy un poco cansada, creo que venir hasta acá y poder hablar con Peeta nos ha dejado más relajados a los dos. Espero poder dormir toda la noche sin pesadillas. La vuelta es un poco más lenta porque hay menos luz, pero en una hora estamos del otro lado de la alambrada, que sigue sin electricidad. Me pregunto hasta cuándo será así. Ya en la Aldea de los Vencedores, sólo mi casa y la de Haymitch está iluminada, así que nos dirigimos directamente a la casa de nuestro mentor. Tocamos la puerta, pero nadie responde.
-Prueba a ver si la puerta está abierta- le digo a Peeta.
- Tengo miedo de entrar sin avisar, nunca estuve acá adentro y la verdad que no sé con qué no vamos a encontrar.
- Vamos- le digo tomándole la mano- ¿ qué puede ser peor que la Arena?
Pero Peeta tenía razón. En el momento que abrimos la puerta, un hedor invade mis sentidos con tanta fuerza que tengo que taparme la boca para contener las náuseas. A medida que nos internamos en la casa, que tiene una distribución igual a la mía, empezamos a toparnos que pequeñas montañas de basura acumulada.
- Peeta, la verdad, tengo miedo.
- No te preocupes. Busquemos primero por la planta baja y si no está subimos, aunque prefiero volver otro día si no lo encontramos ahora.
Por suerte, no tenemos que internarnos mucho en éste caos de mugre, apenas entramos a la cocina encontramos a nuestro mentor dormido con la cabeza sobre la mesa de la cocina con un cuchillo en la mano. Peeta se acerca y le sacude un poco el hombro, pero sólo nos responde un gruñido. Vuelve a intentar un poco más enérgicamente y está vez se despierta, aunque sobresaltado.
- Estoy armado- refunfuña.
- Haymitch, somos nosotros- dice Peeta con voz firme.
- Chico, ¿ qué haces acá? Ah, trajiste a la preciosa. ¿En qué andan ustedes dos, los dejó escapar Effie?
- Si, logré que me dé un respiro. ¿Borracho a ésta hora?- le digo
- ¡Preciosa, me acaban de despertar, no duermo de noche, creo que ustedes deben saber por qué!
- Te quería avisar que nos vamos a casar y queríamos preguntarte, como mentor, qué opinión tienes al respecto.
- ¿Qué?- grita Haymicht casi atragantándose- Que se van a casar, a los dieciséis años. ¿Están enfermos o qué?
- Haymitch, ti sabes en la situación que estamos y no creo que la madre de Katniss nos deje vivir juntos si no estamos casados primero.
- Es cierto, pero no sabemos qué planes tiene Snow para ustedes. La verdad es que, cuando los vencedores son jóvenes y atractivos como ustedes, no es común que formen familia, por eso el pedido que hizo Snow a Katniss.
- Ni tampoco tienen hijos, me imagino- le digo.
- Los pocos que han tenido hijos han terminado siendo mentores de ellos y no todos con buenos resultados.- ahora el silencio es casi sepulcral.
- Haymitch- dice Peeta- nosotros vamos a tener a nuestra hija, pero no acá. Eso es otra historia. ¿Qué podemos hacer para que no se enteren de nuestro casamiento?
- Estaba pensando- lo interrumpo- Podemos hacer un tostado para nuestras familias y le puedo pedir a Madge que hable con su padre para que haga la ceremonia en mi casa.
- Preciosa, eso está bien, pero en el Capitolio se enteraría en el minuto que los formularios del matrimonio lleguen con el próximo tren.
- Tiene razón, ellos reciben una copia de los documentos- agrega Peeta.
- ¿Podría preguntarle a padre de Madge si puede quedarse él con la copia, que no envíe el documento? Nosotros nos quedaríamos con la nuestra y el guardaría la copia.
- ¿Y de qué nos serviría eso?- pregunta Peeta.
- Ellos no se enterarían y en caso de que algo grave pase, tendrían la prueba oficial de su matrimonio- explica Haymitch- Preciosa, creo que lo has resuelto. Sólo queda que hables con el alcalde y le pongas una fecha.
- Les parece bien en dos domingos, nos da tiempo para organizar todo un poco y estaríamos casados antes del Tour de la Victoria.
- Perfecto- dice Haymitch.
- Estoy de acuerdo- agrega Peeta.
- Tenemos un plan, ahora sólo falta ejecutarlo. ¿Les parece que mañana domingo invitamos a nuestras familias a cenar a mi casa? Les podríamos contar lo que vamos a hacer. Por supuesto que Haymicth y Effie están invitados.
Aunque ambos mueven sus cabezas afirmativamente, no puedo evitar reírme por dentro cuando les veo las caras de asombro: Peeta está casi blanco y Haymitch tiene una mueca que no le conocía.
-¡ Está bien!- dice Haymitch cortan la tensión del aire- Preciosa, parece que te quisieras meter en una arena de nuevo, he visto como te mira la madre del chico. Ni loco me pierdo esa cena.
Peeta me toma la mano y nos despedimos de nuestro mentor, que está muy entusiasmado. Ya afuera de su casa, nos damos un abrazo y nos despedimos hasta mañana.
- No te deseo buenos sueños, porque sé que no los tendrás, pero ahora falta manos para que pueda ayudarte- me susurra Peeta al oído.
- Lo sé y por eso creo que debemos arriesgarnos. Igualmente, creo que hoy podré dormir un poco más que los últimos días, realmente estoy muy cansada.
- Nos vemos mañana mi amor- agrega y me da un beso casto en la boca.
