Capítulo XXXIV
La artesana se limpió el sudor de la frente y al ver su trabajo concluido le pareció muy bien hecho, para su desgracia puesto que ella no deseaba hacerlo. Urasue caminó lentamente hasta donde Enju le mostró la figura de barró.
–Muy bien, se parece a su gemela.
–Copie la imagen de esas que me mostraste de la otra.
–Bien, no nos sirve en su forma de cuando dejó este mundo.
–Pero los huesos no se amoldaran a esta forma, son muy pequeños…
–¿No? Ya te los he dado y no lo notaste.
–…
–Los molí y los mezcle con el barro, niña tonta.
Enju no pudo evitar fruncir el ceño y si bien no deseaba entrar en escabrosos detalles, preguntó:
–¿Cómo logró robarlos con tanta seguridad y sellos que tienen en esa aldea?
–Eso, fue fácil esos tontos solo protegen bien a los vivos, no a los muertos. Ahora basta de plática; apártate.
La chica se movió y dejó a la bruja que hiciera ese ritual… ese mismo que había hecho con ella cuando la trajo a la vida de nuevo.
La bruja Urasue realizó el ritual y de ese pedazo de barró fue irguiéndose una jovencita de unos quince o dieciséis años; al concluir, Urasue rió divertida.
–¡Anda muñeca tráeme la perla de Shikon y con eso podre vengarme del clan de perros!
La Kikyō de barro y huesos, abrió los ojos y por un momento se quedó estática, mas al parpadear, no reconoció el lugar, pero si los sentimientos de odio hacia los yôkai y entes oscuros.
–¡Una bruja!
–Deberías de decir tu creadora.
–Eres una aberración que no debe vivir en este mundo.
–Cualquiera pensaría que hablas de ti misma, mocosa.
Kikyō alzó la mano como en otro tiempo hizo para purificar a demonios… y Urasue desapareció en un fuego que la consumió sin escapatoria alguna. La bruja Urasue cometió un error y ese fue creer que el odio moría junto con el cuerpo que lo sintió, mas no era de ese modo y su paso al otro mundo en manos de su propia creación, se lo confirmó.
Luego, sin mirar atrás, la sacerdotisa salió del lugar. Enju solo pudo verla irse sin moverse de un rincón en el que vio todo lo sucedido.
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Pasaron quince días desde que el grupo de Kagome salió a una misión, mas ya estaban de vuelta en su aldea y al entrar en esta, cada uno se retiró a sus casa a ver a sus familias, más la sacerdotisa fue detenida por Naomi antes de llegar a su hogar.
–¡Kagome!
–¡¿Qué pasa madre?!
–Tu hermana…
–…
–La tumba de tu hermana fue saqueada.
–¡¿Qué?!
–Si, dos días después de que ustedes se fueron, notamos que en el cementerio los sellos de protección habían sido rotos.
–Debimos poner unos más poderosos.
–Nunca creímos que hasta nuestros muertos corrieran peligro.
–Si.
–Bueno, pues entramos y revisamos todo el lugar y… solo fue la tumba de mi Kikyō…
Comenzó a sollozar Naomi, por lo que su hija la abrazó y consoló.
–Los encontrare madre, te lo juró.
–Eso… No es todo, querida…– Naomi buscó valor para relatar lo siguiente– Se ha sabido de algunos yôkais que han perecido a manos de una sacerdotisa.
–Oh, pues, Sango, Miroku y yo hemos estado algo ocupados…
–No hija, fue cuando ustedes estaban en el sur… hace una semana.
–¿Cómo?
–Hija… yo no sé…, pero… ¿si es… ella?
–Eso no puede ser madre, ¡sería horrible! –Naomi miró con tristeza a Kagome y esta respondió ante eso– La amo y daría lo que fuese por volverla a ver, pero sabes que eso no puede suceder, no hasta que estemos las dos en el otro mundo. Ella debe descansar.
La mujer mayor asintió y se limpió las lágrimas.
–Lo sé, por eso te pido… te ruego que… hija, averigua y si es… ella, guíala de nuevo a su descanso eterno.
Kagome abrazó a su madre y asintió.
–Si mamá, te lo juro.
–Nadie debe saberlo, sobre todo Kouta.
Las dos mujeres se arreglaron y retomaron el camino a su hogar, sabían que habría preguntas de los demás aldeanos, pero ellas no dirían nada de sus sospechas.
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El castillo se veía a lo lejos, más el zorro de tres colas alzó la mano y señaló a su acompañante.
–Se ve como siempre.
–Eso significa que…
–Eso, pequeña Sōten, significa que mi hermano ha hecho un buen trabajo.
–Ya veo.
La yôkai asintió y siguió a su maestro, era una pequeña de once años, mas su belleza ya remontaba a pesar de su corta edad, sin embargo para los yôkai conocedores, esa belleza solo escondía una peligrosidad solo antes vista entre los Raijū Kyōdai, como lo fue el patriarca y su hijo Hiten.
Koryu volaba cerca de su amiga y este ya no era pequeño dragón que una vez fue, por lo que sí, la pequeña pelinegra podía ser admirada solo… a distancia segura.
Por su parte el zorro, Rīdā del clan de estos, sonrió, ¿su sobrino Shippō vería la diferencia de la prometida que se fue por la que llegaba? Él esperaba que sí, pues Sōten le agradaba para ser la esposa de este.
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Yû dejó al par de mayores y corrió buscando a los amigos de Kōga, estos iban entrando apenas en el bosque juntos con los lobos, que al verlo corrieron a su encuentro. El pequeño yôkai acarició a los animales, y miró a Ginta y Hakkaku.
–Hola.
Los dos yôkai del Ôkami miraron al pequeño que los esperaba anhelante.
–Oh bochan, si, lo trae Ginta. –señaló Hakkaku.
El aludido sacó una bolsita de cuero y de ahí unos pergaminos y se los tendió al Inu que los tomó emocionado y los desenrolló veloz.
–¿Hay más de los que esperaba? –preguntó Hakkaku.
–Pues… si, pero no muchos. –respondió Yû.
Ginta caminó al mismo paso del infante y preguntó interesado.
–¿Por qué quiere saber cuántos clanes yôkai hay y quienes son sus Rīdā?
Yû guardó cuidadosamente los pergaminos y confesó.
–Yo quiero ser el Dai-Yôkai del Este.
Aseguró el de luna en la frente y no se notaba duda en su voz e incluso Yû se veía mayor diciendo eso.
–Oh… –dijo Ginta.
–Pero… si lo será del Oeste, pues es primogénito de Sesshōmaru-sama.
–Sip –mencionó el infante.
–No porque su hermano o hermana vengan en camino, eso cambiara –trataba de hacer comprender al pequeño lord, Hakkaku.
Yû sonrió de lado como poquísimas veces se le había visto hacer a Sesshōmaru y respondió.
–Oh no, simplemente quiero que los del Ichizoku Inu seamos mas y estemos en todos lados, y yo quiero un reino que haya hecho con mis propias garras y colmillos.
Los lobos suspiraron derrotados pensando; si alguien dudó alguna vez que Yû era hijo de Sesshōmaru, solo tenía que oír hablar a este –tan orgullosamente como el mayor– y perdería toda duda.
–En ese caso… ¿planeas derrotar a esos Rīdā? –cuestionó Hakkaku.
–Sip o… que se unan a mí. –aseguró el pequeño.
Los lobos optaron por no dudar de que Yû lograría sus planes.
–Pero eso será cuando Oji ya no esté en el castillo.
–O sea que no te irás hasta que él ya no este. –preguntó Hakkaku.
–No; seguro que me extrañaría.
Los lobos pensaron que ambos se entrañarían.
El trio y animales llegaron hasta donde los dos jóvenes aún estaban cogidos de la mano, más el de orejitas en cuanto vio a su sobrino, se soltó de Kōga y lo llamó.
–¿Lo consiguieron? –preguntó a Yû.
–Sí y lo trajeron ¡llenísimo!
Los mayores rieron y el hanyō agregó:
–Entonces no le daré una paliza a Kōga. Aunque no veo para que quieres eso.
El pequeño bochan se encogió de hombros y estiró los brazos para que su tío lo alzara. InuYasha cargó al pequeño y de ese modo regresaron rumbo al castillo llevando a sus invitados. Kōga le sonrió al menor sabedor que este solo se dejaba consentir por InuYasha, mas con las otras personas se comportaba como todo un bochan, uno que a pesar de su escasa edad ya sabía lo que deseaba.
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Sesshōmaru escuchó las novedades que llevaban Royakan, mas este no tenía mucho que decir, pues las tierras que custodiaba, desde que los Shichinintai fueron exterminados, estaban de lo más apacibles a excepción de algunas almas que pasaban de vez en cuando siendo llevadas por algunas serpientes, más si bien el lord no varió el gesto, creyó que ese dato era relevante, ya mandaría a alguno de sus otros capitanes con Royakan para que averiguaran más acerca de ese suceso.
Al concluir el gran lobo preguntó:
–¿Y cómo está el señor Naraku, mi lord?
El Dai-Yôkai miró a su soldado y se levantó llamándolo:
–Ven, vamos a verlo seguro que está con sus tropas.
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Kuro y Takeshi miraban –sentados en unas pacas– el entrenamiento sin intervenir, pues sabían que Naraku debía sacar su ansias de misiones en ese ejercicio y es que este a pesar de tener un vientre prominente no parecía estar cansado, no como sus soldados que ya pedían descanso; de pronto estos se irguieron y los capitanes supieron por ese movimiento que su lord iba llegando, por lo que se levantaron veloces.
Sesshōmaru llegó al lugar y llamó a Naraku que seguía combatiendo contra dos de sus soldados.
–Naraku.
El aludido escuchó y alzó la mano para darle un descanso a su tropa. El hanyō de cabello negro no perdía agilidad ni porte y seguía siendo un muy buen capitán por lo que el estómago redondo no le estorbaba para esas maniobras. Royakan saludó cortés.
–¿Cómo estas Naraku-san?
–Bien, gracias Royakan.
–¿Y el heredero?
–Oh pues mejor que nunca, se mueve mucho, seguro que será un gran soldado.
–General –corrigió Sesshōmaru.
Los oyentes asintieron ante lo dicho por el lord. El de luna en la frente regresó sobre sus pasos y llamó a sus cercanos con él, pues debía recibir al bochan del Ôkami.
No tardaron mucho en estar en el salón principal y poco después arribaron Kōga y sus acompañantes, presentados por InuYasha y Yû, este último al ver a Royakan caminó hasta él y se sentó a su lado, lo que pareció un poco extraño a su padre, mas no dijo nada.
Yû miró al lobo y preguntó discretamente.
–Royakan.
–Sí, bochan.
–¿Es cierto que el bosque que cuidas es usado como camino hacia el Este?
–Los humanos lo usan, pero…. A veces me los como –rió el lobo y Yû lo hizo con él.
Con el resto de los presentes; Kōga daba los saludos del Ôkami al Lord. Mientras InuYasha parecía inquieto por salir a entrenar con su novio.
Kōga se apresuró a concluir la conversación sin parecer descortés y Sesshōmaru miró de soslayo a su otouto y negó, este seguiría siendo un mimado.
–Está bien joven Kōga, no es como si en algunas semanas hayan pasado muchas cosas –opinó el Lord y luego miró al de orejitas– Ya puedes llevarlo a sus habitaciones.
–¡A sus habitaciones! –exclamó desesperado InuYasha.
–Esa es la costumbre –regaño el mayor de los Inu–, ya instalados pueden salir a…
Sí, eso decía el lord cuando InuYasha ya jalaba a Kōga fuera del salón.
–InuYasha los quiero puntuales en la cena –pidió Naraku.
–Sí, sí.
Se escuchó aceptar al de orejitas ya por el pasillo.
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La mujer miró hacia la cima y calculó la distancia; llevaba dos días caminando, pero el esfuerzo valió la pena, pues esos yôkai eran tan arrogantes que no se escondían y por eso ella tuvo esa gran oportunidad…
El arco se tensó en sus manos y la saeta cruzó el aire veloz, dando en el blanco…
El grupo de lobos no supo reaccionar, no cuando vieron a su líder caer herido, sin posibilidades de poder ayudarle. Dos de ellos llevaron a Okamimaru dentro de las cuevas y los demás salieron veloces a buscar al agresor, otearon el aire y solo pudieron distinguir el olor a muerte…
Kikyō bajó velozmente ayudada por sus sirvientes y serpientes, no se quedó cerca de lugar…
…Llevo uno, faltan dos más y pronto los tendré como deseo… llorando de dolor…
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InuYasha fungió como anfitrión para los lobos y salió con ellos para mostrarles sus habitaciones o arrastrándolos a ellas.
Yû ya se encaminaba tras su tío, cuando una mirada de su padre lo detuvo.
Los capitanes también salieron y dejaron solos a Sesshōmaru, Naraku y su hijo.
Sesshōmaru vio cómo su primogénito buscaba que su papá lo mimara y sonrió para su adentros, ese pequeño creía que no sabía lo que hacía, pero…
–Yû…
El pequeño se irguió y miró al Inugami Dai-Yôkai.
–Si padre.
–Hijo mío, eres mi heredero, InuYasha –el mayor suspiró un poco– parece ya muy cerceno del joven Kōga y creo que no se quedara con nosotros.
–Si.
–¿Y tú?
El niño se removió inquieto y Sesshōmaru lo animó a hablar.
–Escucho.
–Yo quiero ser un Inugami Dai-Yôkai como el abuelo y tú.
–Lo serás, está en tu herencia. –respondió Sesshōmaru.
–No, yo quiero…
Naraku acomodó a su hijo en su regazo –por lo menos lo que su vientre redondo se lo permitía.
–Oji me ha mostrado como usar una espada y ustedes también… yo quiero… ¡Mi propio ejército y tierras!
Naraku abrió la boca asombrado, pues temió que Sesshōmaru tomara a mal la declaración de su hijo, sin embargo no hubo tal.
–Yû, no estoy en desacuerdo en que lo hagas…, mas creí que serías mi sucesor, como señor de las tierras del Oeste.
–Puede ser mi hermano o hermana.
El mayor de Luna en la frente consideró que su hijo era muy hábil y que su mente era ágil.
–Puede ser, mas tú eres aun un cachorro…
–¡No, yo...!
–Lo eres para nosotros –cortó el mayor–, incluso InuYasha lo es.
–…
–Por eso deben crecer, aprender y entrenar antes de querer salir en busca de su… reino. ¿Comprendes?
–Si padre.
Yû sonrió y se lanzó a que su padre lo cargara, Sesshōmaru le sonrió a Naraku, pues ambos pensaron Y dice que no es cachorro.
La familia salió rumbo al patio, pues Yû le encantaba salir con Ginta y Hakkaku, pues estos y los lobos eran un buen grupo de juego y entrenamiento.
Los cuatro mayores estaban en la puerta principal platicando y riendo, esperando por el pequeño. Yû pidió ser bajado por su padre y corrió hacia ellos.
Sesshōmaru miró en dirección a donde su hijo y hermano salían con los del Ôkami…
–Crecen muy rápido, ¿será por qué son… bochan? –preguntó con melancolía Naraku.
El Lord respondió:
–Sí, nuestro clan nos necesita fuertes aun si somos jóvenes, pero no hay que lamentarnos, eso solo sucede ante ojos extraños, ellos siempre serán nuestros cachorros y nos necesitarán.
El hanyō pelinegro asintió deseando creer en las palabras de su pareja y padre de sus hijos.
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No hubo modo de salvarle y la noticia debía ser llevado a los aliados del clan y también debían traer al bochan, que sería Rīdā… Okamimaru había muerto.
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Yû corrió veloz acompañado de Ginta, iban huyendo de Hakkaku y los lobos, en un juego que parecía cacería.
InuYasha se colocó las manos sobre la nuca, diciendo:
–Tenemos tiempo…
–O sea que puedo comerte.
–Baka.
Kōga se encogió de hombros y cuando ya no sintió cerca al olor del grupo juguetón, atrajo a su novio y mordió una de sus orejitas.
–¡Oye!
Se quejó InuYasha alejando al otro de un empujón, pero el de ojos azules no iba a desaprovechar esa oportunidad al no ver cerca a ningún soldado vigilando y volvió a acercarse al de traje rojo.
–Un paso más, pulgoso y sacare a Tessaiga.
–Inu…
–No. Aniki dijo al cumplir cien años.
–¡¿De verdad vamos a esperar ese tiempo?!
–…
–¿Un besito?
InuYasha caminó lejos del lobo y este suspiró derrotado, más el otro se giró enfrentándolo con sus colmillos sobresaliendo.
–¡Si me ganas en un combate, te daré dos!
El de ojos azules sonrió lobunamente sintiéndose con ganas de ganarse ese premio.
La velocidad del lobo era su mayor ventaja, más el hanyō ya molesto podía ser más que peligroso y más con esas garras que fueron amaestradas por Sesshōmaru.
Sin sacar la Tessaiga los dos terminaron en una pelea de fuerza yôkai, que los dejó más que fatigados y sin un ganador.
–Espera y veras, pulgoso.
–Si ya lo veré, pues aun eres un cachorro.
–¡No lo soy!
Kōga no dijo nada, InuYasha se levantó y ayudó a hacerlo a su novio y sin previo aviso le dio un par de topones de labios.
–Por lo menos lo intentaste.
Kōga rió divertido, si bien era un yôkai ya mayor y deseaba experimentar… otras cosas con su prometido, no violaría la promesa que había hecho al lord y esperaría a su hanyō hasta que este estuviese listo.
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Usaron a los más veloces y salieron sin dilación a las tierras de los Inu. Era casi de noche cuando ya casi desfalleciendo un par de vigilantes Inu los vieron llegar y cargaron con ellos para llevarlos al castillo.
Sesshōmaru fue informado y salió al salón done los recién llegados se negaron a ser atendido sin antes dar su mensaje.
El Dai-Yôkai entró seguido de sus concejeros y uno de ellos inició:
–Sesshōmaru-sama, nuestro Rīdā ha sido asesinado...
El lobo relató lo poco que sabían y pidió que Kōga fuese informado para poder regresar con este; Sesshōmaru asintió y ordenó que atendieran a los lobos en lo que iban por Kōga. Al salir estos, llamó a su concejo.
–¿Qué opinan?
–Lo del olor a muerte…, confío plenamente en el olfato de los Yôkai del Ôkami, pero es muy raro. –confirmó uno de ellos.
–No lo es tanto –agregó Chūjitsuna. Sesshōmaru escuchó a este– traer cadáveres a la vida no es raro.
–Eso es detestable.
–Lo es, pero muy usado, si el individuo posee una cualidad entre mil.
Sesshōmaru opinó.
–Y este o esta, parece tener la fuerza para sellar o matar Yôkais y no cualquier yôkai, si no un Rīdā.
El grupo no pudo estar más de acuerdo con su lord. Naraku pidió permiso para entrar y como le fue concedido, se dirigió a Sesshōmaru.
–Esos cachorros no han venido, aun.
–Ya no creo que tarden, pero antes debo informarte… –El de Luna en la frente relato todo y vio cómo su pareja pareció palidecer– No corremos peligro.
Aseguró el Lord, y los Inu de su concejo lo apoyaron, aunque no bajarían la guardia por si las dudas.
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El grupo de jóvenes regresó al castillo poco después de pasado el ocaso y eso porque Yû ya parecía tener sueño. InuYasha sabía que los reprenderían por llegar tarde, más lo que los recibió no fue Naraku molesto, si no, Sesshōmaru y sus consejeros acompañados de un par de miembros del Ôkami que al ver entrar al joven Kōga se acercaron a este.
–Joven señor… lo lamentamos, pero debemos informarle que su padre murió.
–¡¿Qué?!
Kōga recibió el golpe de la noticia estoicamente, más en su fuero interno agradeció que InuYasha estuviese a su lado apoyándolo.
Los del Ôkami partirían esa misma noche y con ellos iría InuYasha y Sesshōmaru, dejando a Naraku y Yû resguardados en el castillo y con todos los capitanes a su lado, esta vez solo Misaki iría con ellos.
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La celebración por el regreso del líder estaba en su apogeo. Sōten veía el alboroto con una sonrisa de lado, Shippō lejos de ella la miraba con suspicacia y cada cierto tiempo se giraba a preguntarle a su padre.
–¿Seguro que el tío no la cambio en el camino?
–No Shippō, ya te dije que no.
–Mmm…, aun así, todavía estoy enojado que ella, que venga a disculparse.
El zorro de tres colas intervino.
–Querido sobrino, me temo que esperaras sentado a que eso suceda.
–¡Oji!
Se quejó el zorrito castaño, el que ya poseía unas facciones más afiladas y mayores, pero que aún se comportaba como un niño.
La reunión continuó esa noche, mas para sorpresa de Shippō, Sōten nunca se le acercó.
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Las cuevas donde residía el Ôkami, estaban a la vista y la noche apenas comenzaba, y es que Sesshōmaru llevaba a InuYasha y Kōga con él, para que el segundo estuviese a tiempo de despedirse de su padre.
El de orejitas tomó la mano del pelinegro y susurró.
–Lo siento.
–Gracias.
–No dejaremos que esto se quede así.
–No, no lo haremos.
Sesshōmaru no agregó nada a la conversación de los menores, sin embargo era su deber como aliado del clan de lobos, vengar la muerte de Okamimaru y sobre todo porque aún no podía creer que alguien se hubiese atrevido a matar a este.
Misaki iba corriendo en su forma de Inu, llevaba en su lomo a Ginta, Hakkaku; irían más veloces, más los lobos se negaron a ir sobre el gran perro e iban corriendo a lado de este, por lo que no iban tan raudos.
Sesshōmaru y los dos jóvenes líderes, llegaron a las cuevas y Kōga fue guiado a donde el cadáver de su padre se encontraba tendido sobre unas pieles de oso.
InuYasha acompañó en todo el proceso de duelo a su prometido y este siempre pidió que no se alejara de él, por lo que el de orejitas fue testigo cercano del dolor que esa muerte le ocasionaba a todo el clan y sobre todo a Kōga.
El Dai-Yôkai llamó a los cercanos al líder yacido y cuestionó detalle a detalle lo que sabían de lo sucedido.
–Fue un ataque relámpago, no duro ni un suspiro; esa flecha salió de no sé dónde y de pronto el Okamimaru-sama estaba cayendo sin sentido.
–¿Flecha?
–Sí, pero...
–Un humano… –confirmó el Lord– uno con poder suficiente para derribar a un líder…
Los lobos asintieron y el Inu explicó:
–Un sacerdote o sacerdotisa… ¿no dieron con su esencia?
–Eso es lo más extraño; recorrimos palmo a palmo la montaña y caminos aledaños, con los mejores rastreadores y no hubo nada.
–…
–Bueno solo, algo… –titubeó uno al ver el ceño molesto de Sesshōmaru– olor a cadáver y tierra. Aunque eso no tendría nada que ver, pues no es extraño que los humanos entierren a su gente donde les place y…
–No. –cortó el de cabello plata recordando lo dicho por Royakan y las serpientes con almas– no es eso, –Los lobos expectantes escucharon lo que el Lord diría–, o fue una treta para despistar nuestro olfato o fue un cuerpo sin vida.
–…
Los del clan lobuno mascullaron y abrieron las fauces feroces, pues lo que decía Sesshōmaru –que un cadáver fuese caminando y matando por ahí–, incluso para ellos como yôkai era un sacrilegio.
–¿Tienen la flecha?
Uno de los lobos corrió a las cuevas y trajo consigo un pedazo de saeta.
El lord, al tenerla entre sus manos frunció el ceño, claramente disgustado.
–Entre el olor asqueroso que tiene aún… detecto otro muy leve…, pero déjenme confirmarlo con mi hermano.
Los de Ôkami asintieron muy seguros de que lord Sesshōmaru si hallaría al culpable, pues si bien los de ambos clanes se destacaban por su olfato, el de los soldados no se comparaba con el de los lores, y si nadie más había dado con esa esencia, que el de Luna en la frente decía, era por que esta era casi fantasmal.
Sesshōmaru avanzó –seguido de los lobos del concejo– en busca de InuYasha y este aun con Kōga lo vio venir.
–InuYasha.
–¿Si, aniki?
El mayor tendió la mano con la saeta al menor y pidió:
–Dime que detectas en ese objeto.
El de orejitas se acercó y al hacerlo…
–¡Ough que asco! ¡¿Qué es eso, aniki?!
Sesshōmaru negó divertido, su hermano no se detuvo en mostrar lo que él no pudo por dignidad y orgullo.
–¿Y bien? ¿Qué es?
El aludido bufó asqueado y a punto de hacer berrinche por lo que su aniki le pedía, confirmó.
–Huele a muerto.
–… Lo sé.
–Y a…
–InuYasha…
–Huela a las humanas… No. A una de ellas. –InuYasha enfurruñado se colocó a lado de Kōga– Y te dije que no quería saber nada de ellas.
Sesshōmaru jaló a su hermano alejándolo del lobo:
–Ven conmigo.
Kōga vio partir a esos dos y a los del concejo y si bien deseaba saber que traían entre manos, sabía que si era paciente, ellos se lo dirían cuando estuvieran seguros, mas sospechaba algo al escuchar lo sucedido con su prometido y el pedazo de flecha. Si confirmaba sus sospechas se juró no quedaría nada de ese pueblo y esa gente; aunque no quiso saber lo que hizo Sesshōmaru esa noche hace años, por no creerse capaz de ocultárselo a InuYasha, ahora se arrepentía, pues si dejaron vivas a esas humanas, por eso ahora su padre…
El sol ya se asomaba y el de ojos azules suspiró abatido, no deseaba recordar que su padre ya no estaría para seguir guiándolo en su camino.
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Un día mas y los que no se habían excedido celebrando, la noche anterior, ya estaban de pie y realizando sus labores. Shippō ya estaba fuera del castillo esperando a su tío y padre, estos iban bajando las escaleras seguidos de una callada Sōten que se iba acomodando su armadura.
El zorrito castaño rebuscó en su bolsita y regresó sobre sus pasos, dejando intrigados a sus parientes; llegó hasta la yôkai.
–Toma… –Shippō entregó un brillante brazalete con un rubí en el centro– Es rojo como tus ojos… Yo… lo hice…. Siento haber sido grosero contigo.
Sōten se sonrojó hasta la punta de sus orejitas puntiagudas y asintió, diciendo muy orgullosa.
–Te perdono.
El zorro de tres colas codeó a su hermano.
–Ves, te dije que un tiempo alejados, daría frutos.
Este asintió sonriendo, no negaba que Sōten era el complemento perfecto de su hijo.
En tanto Shippō sonrió mostrando sus colmillos y agarrando la mano de su… prometida, corrió con ella rebasando a los mayores.
El cuarteto salió del bosque cerca del castillo y caminaron por el lago, pues el menor daba su reporte de los sucesos durante el tiempo que el Rīdā no estuvo.
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El castaño era el más seguro, pues era parecido y el otro era gris; Si bien no sabía a ciencia exacta cuál de ellos era, no le importó mucho, pues por bienestar de los humanos debía deshacerse de los dos. En esos pensamientos estaba cuando… el pequeño cavó la tumba de su padre al decir…
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El olor llegó a sus finas narices e incluso Shippō –más adelante con Sōten– lo percibió.
–¡¿Papá que es eso?! –llamó Shippō.
El zorro castaño corrió hacia su hijo temiendo por este y su hermano no pudo detenerlo…
–¡Shippō!
Un astil raudo atravesó el viento con dirección al corazón del mayor…
–¡Esfera de Rayo!
Una bola de luz surgió de la mano de la niña pelinegra y voló veloz en contra del proyectil, sin embargo el poder espiritual de la flecha evitó algún daño en ella y siguió su camino…
El zorro castaño cayó herido y la mujer responsable sonrió un poco.
–Uno más…
Kikyō desapareció, dejando atrás a otra familia destrozada… ¿O no?
Shippō llegó hasta donde su padre yacía, al mismo tiempo que su tío quien alzó a su hermano en brazos…
Sōten se les unió, deshaciéndose en disculpas.
–Lo siento… no pude…
El Rīdā Kitsune sonrió a los menores.
–No la detuviste, pero… la desviaste… volvamos al castillo deben atenderlo de inmediato.
–Oji… ¿seguirán al responsable?
–Sí, enviaré a mis cazadores y si no doy con él o ella, buscare respuestas en la aldea, ellos deben saber quién es.
Shippō asintió y los tres regresaron al castillo, el zorrito agarró la mano de la yôkai y sonriéndole le dijo…
–Gracias Sōten.
La heredera de los Raijū Kyōdai sonrió de vuelta.
–Es me deber como tu prometida.
Y Shippō no pudo más que agradecer ese hecho.
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Con el grupo reunido Sesshōmaru atrajo a su otouto.
–Esto es serio InuYasha.
–Lo sé y si es el olor de ella…. Es muy tenue casi inexistente y mezclado con… ¡Enma sabe qué cosa!
Sesshōmaru ya no molestó al menor y se dirigió a los del clan de lupinos.
–Esa human era capaz de sellar y matar yôkai, un gran poder no lo niego, mas inútil en mi contra… ella murió hace ocho años cuando mi clan y el de los Kitsune atacamos su aldea.
InuYasha quedó pasmado ante lo confesado por su aniki, pues si bien ya no quiso saber nada de las gemelas y todos los mayores les prohibieron acercarse a ellas a Kōga, Shippō y él; no lo lamentó, pues él mismo estaba de acuerdo en no verlas nunca más, pero por ese motivo nunca supo que su aniki había…. Si, pensó InuYasha, no era tan sorprendente si sabía cómo Sesshōmaru protegía a su clan y familia.
–Por eso el olor a muerte… –opinó uno de los concejeros.
–Regresaron a la vida a su cadáver. –concluyó Sesshōmaru.
–¡Esos humanos hacen cosas imperdonables! –exclamó el mas viejo de los lobos.
–Iremos a su aldea.
Ordenó el Lord y los lobos estuvieron de acuerdo, pues estaban seguros que Kōga querría vengar la muerte de su padre.
El grupo se desintegró, pues debían informar y los Inu regresaron hacia donde estaría el joven Rīdā.
InuYasha suspiró derrotado y murmuró…
–Aniki… ¿fue por mí?
–… Ella no debió ni pensar en lastimarte, pero si te consuela, no fui yo, fue Kuro por… Takeshi…
–Oh… Quiero saber.
Sesshōmaru asintió:
–Se los relataré al joven Kōga y a ti.
–Si… y aniki….
–Si…
InuYasha abrazó al mayor mostrando sus mejillas rojas al separarse veloz de él.
–Gracias.
Sesshōmaru acarició las orejitas de su otouto sin responder.
…
¿Con esa carita no creen que Yû logre sus objetivos?* Imagen en el avatar.
Nos leemos y mil gracias:
Alba marina, Elea Aeterna, sakura1402, Little She Wolf 8059, naruhi -¡¿En serio era tu favorita?! Bueno... Los herederos de Sessho no han terminado como ves jajaja- Ying Fa Malfoy de Potter, Guest -Pues si es Ooc... bastante, gracias por leer y comentar jajaja-, cefiro marino -Muchísimas gracias ;)-.
