Bueno, ha costado, pero aquí traigo otro capítulo. Siento mucho el retraso, y espero que el capítulo lo compense. Como siempre, me gustaría agradecer a todos los que han leído mi historia, a los que la siguen y/o la tienen entre sus favoritos y especialmente me gustaría agradecer a: brenda yapura, nina14j y andyhamato99 por vuestros comentarios.
Capítulo 34
Una figura saltaba de tejado en tejado, procurando permanecer oculta entre las sombras. Esta figura alta y delgada iba de un lado a otro, aprovechando cada segundo de libertad en el exterior, disfrutando de la sensación del viento en su rostro en lugar de tener que mirar la ciudad a través de una ventana. Sí, por primera vez desde que llegó a la ciudad de New York, Karai se sentía libre, se sentía una kunoichi de nuevo. Pues hasta ahora, la joven había permanecido encerrada en la sede del Foot Clan y eso era muy, muy, muy aburrido. Había echado mucho de menos el correr y disfrutar haciendo de las acrobacias que había practicado desde niña.
Karai se detuvo al poco rato, no sabía qué hacer, su padre le había dado órdenes, sí, y se había encontrado con las otras tortugas también… bueno con una, pero… esa tortuga con máscara azul… la verdad, era bastante distinta a la única tortuga que había conocido hasta entonces. Esta era más divertida. Por primera vez desde que llegó a la ciudad, la adolescente había encontrado un entretenimiento, y a pesar de que no quería desobedecer a su padre, era cierto que sentía cierta curiosidad por esa tortuga en especial y no quería, al menos por ahora, hacerle daño.
Karai había estado reproduciendo una y otra vez los hechos recientes en su mente. Esa tortuga había derrotado con mucha facilidad a sus ninjas, lo cual tampoco era tan difícil, pues ella lo hacía a diario. Después había querido comprobar el alcance de talento de la tortuga, pero ésta se había dejado engañar como un ninja primerizo con nada más que un poco de polvo cegador. Había sido un poco decepcionante la verdad.
Pero había algo que sorprendió aún más a la adolescente, fue el hecho de que fue incapaz de acabar con esa tortuga, la tenía allí, atrapada y con su tanto en la garganta. ¿Por qué? ¿Por qué no la mató? Karai no podía decirlo. Sólo sabía que había dejado marchar a su enemigo. Si su padre se enteraba… sería castigada severamente. Aunque Karai sabía que su padre la quería, a veces parecía dar más importancia a su venganza contra Hamato Yoshi que a ella misma. La afrenta que le hizo ese hombre a su padre debió ser extremadamente grave si su padre era capaz de actuar de ese modo la mayor parte del tiempo.
Pero a pesar de todo eso, y sobre todo de los intereses de su padre, la kunoichi estaba dispuesta a darle una nueva oportunidad a ese aspirante a guerrero. No creía que en realidad fuera tan malo como hacía un rato había parecido demostrar. Al fin y al cabo, el y sus hermanos habían sido capaces de derrotar a Bradford, que de por sí es bastante bueno… o lo era, antes de su mutación. Además, habían salido victoriosas de los distintos enfrentamientos que habían tenido con el Foot Clan… eso sin contar el plan de captura de la tortuga de máscara púrpura, el único plan contra las tortugas que sí parecía haber dado sus frutos, pero por poco tiempo, pues dicha tortuga fue posteriormente rescatada. Y Shredder no se tomó muy bien la noticia. Karai realmente agradeció no estar en la piel de Bradford en el momento en el que el perro mutante le contó los sucesos a su maestro.
Y ahora que finalmente tenía ella misma una misión, no podía fallar, tenía que acabar con las tortugas y con su maestro. Y ya sabía exactamente cómo hacerlo. Esa tortuga de máscara azúl parecía ser el líder del patético equipo de discípulos de Hamato Yoshi. Sería divertido comprobar hasta qué nivel era capaz de ser responsable. Puede que fuera más divertido corromperle que luchar contra él… un nuevo plan se estaba formando en la mente de Karai, quizás sería mejor acabar con Hamato Yoshi haciendo que sus propios hijos se volvieran contra él. Podría fingir que se hacía amiga de las tortugas, como esas historias románticas cursis en las que los hijos de dos familias enemistadas se conocían, se hacían amigos y se enamoraban… patético.
Para Karai, estas historias eran nauseabundas, pero fingir ser amiga de las tortugas y sembrar en ellas la semilla de la duda, ese sí que parecía un plan divertido.
Aun así, había otro tema que la kunoichi quería tratar antes de regresar con su padre. Ese tema era el de la desaparición de la tortuga de máscara púrpura. Si era cierto, eso significaba que las otras tortugas probablemente le estarían buscando… seguro que le estaban buscando, pues sin duda, ese había sido el motivo de su discusión.
Pero Karai imaginaba que si podía encontrar el paradero del quelonio desaparecido antes que sus hermanos, se lo podría llevar a su padre y cumplir así sus deseos. Pero por otra parte, por alguna razón se sentía incomoda pensando en hacer eso, pues consideraba que matar a dicha tortuga sin que esta tuviera la oportunidad de defenderse era algo deshonroso, y Karai creía que su padre era un hombre de honor, jamás hubiera imaginado que haría algo semejante. Pero también era cierto que Hamato Yoshi era un hombre que no conocía el honor, y se él no conocía el honor, era de esperar que sus hijos fueran iguales… todo esto era muy confuso…
Por ahora, lo que sí sabía Karai, era que no podía volver a la sede del Foot Clan con las manos vacías, no quería parecer tan inútil como los que ya habían fallado a su padre. No, ella demostraría que era digna de la confianza de Oroku Saki.
Leo corría sin detenerse, sus ojos aún escocían por los polvos cegadores que esa kunoichi le había lanzado, pero eso no le importaba en absoluto. No, en estos momentos, su prioridad era encontrar a sus hermanos menores. Daba igual que estuviera enfadado con Raph, esto de ahora era mucho más importante.
El joven líder estaba comenzando a preocuparse, había estado buscando por todos los sitios que se le habían ocurrido, pero no había ni rastro de ninguno de ellos. En estos momentos, echaba a Donnie mucho más de menos de lo normal. La tortuga genio siempre había sabido qué camino tomar, cuando eran pequeños, si alguna vez se habían perdido jugando, la tortuga de máscara púrpura siempre era capaz de hallar el camino de regreso a casa.
Leo jamás había sabido como lo hacía su hermano, en esa época, sólo sabía que mientras estuvieran con él, jamás se perdería. Pero ahora que era él el que necesitaba ayuda, el líder había sido inútil, no había podido proteger a su hermano.
Leo se detuvo para ordenar sus pensamientos. ¿Adónde podían haber ido Raph y Mikey? En estos momentos se encontraba en un cruce entro dos túneles, y no sabía cuál escoger… de repente escuchó un fuerte ruido, como si alguien se hubiera estrellado contra una pared. El ruido fue seguido de un grito de pánico:
"¡Mikey!"
Sí, sin duda esa era la voz de Raph, y por el tono que acababa de usar, algo grave acababa de suceder. Sin perder tiempo, Leo corrió hacía el origen de todo y una vez allí se sorprendió al encontrar un gran espacio lleno de algún tipo de planta… o al menos eso parecían, y a Raph y Mikey, que ahora yacía inconsciente luchando contra… ¿Snake?
La tortuga de máscara azul no sabía exactamente lo que había sucedido, pero sin duda, estaba claro que sus hermanos le necesitaban y no podía abandonarles.
"Raph ¿qué ha pasado?" preguntó el líder dirigiéndose hacia sus hermanos. Tuvo que esquivar los brazos de la planta mutante en el proceso, Raph parecía ser presa del pánico en estos momentos, Leo pudo percatarse de que le miraba con una expresión de horror puro.
"No creo que este sea un buen momento para hablar Leo, Mikey está herido, y no sé lo grave que está" dijo la tortuga de ojos esmeralda con voz angustiada. Se sentía como un completo idiota por haber permitido que Mikey acabara en semejante estado, y todo por su terquedad.
"De acuerdo Raph, cálmate, saldremos todos de aquí, te lo prometo" intentó tranquilizarle Leo. En estos momentos, cualquier vestigio de rencor que pudiera haber entre ambos, desapareció por completo. Los dos tenían un objetivo común, derrotar a Snake y salir de allí con vida.
"Espero que así sea" dijo Raph más para sí mismo que para Leo. Dirigió una última mirada a su hermano menor antes de unirse a Leo en la lucha. Los dos hermanos mayores lucharon codo con codo, Raph obedeciendo cada orden de Leo, hasta que finalmente lograron dejar a la planta mutante atada con sus propios tallos.
Sabían que no iba a quedarse mucho tiempo así, por lo que aprovechando cada segundo que tenían, recogieron a Mikey, cada uno hizo pasar un brazo de la tortuga más joven por encima de su hombro y los tres salieron de ese lugar. Vagamente oyeron a Snake gritar:
"Os encontraré tortugas, no podréis esconderos de mí"
No hicieron caso de sus palabras y corrieron por los túneles hasta que consideraron que estaban lo suficientemente lejos de él. Entonces, dejaron a Mikey en el suelo y Leo lo examinó. Después de Donnie, él era el que tenía más conocimientos de primeros auxilios, aunque claramente estaba muy por debajo del nivel de su hermano genio.
Cuando Leo se aseguró de que la tortuga pecosa iba a estar bien, le hizo un gesto tranquilizador a Raph, quien hasta el momento había estado conteniendo el aliento.
Entonces leo le preguntó a su hermano:
"Está bien Raph, ahora dime, ¿qué ha pasado?"
"Bueno… estábamos buscando algún lugar en el que el Rey Rata pudiera haber llevado a Donnie y nos hemos encontrado con ese lugar… hemos visto que había gente atrapada, así que las hemos sacado… pero justo cuando habíamos terminado ha aparecido esa planta mutante y nos ha atacado. Hemos intentado luchar contra él, pero entonces ha agarrado a Mikey y lo ha lanzado contra una pared… el resto de la historia ya la conoces" explicó la tortuga de pañuelo rojo con un toque de vergüenza en su voz.
Leo miró a su hermano con severidad, pero su expresión se relajó y le dijo:
"Está bien Raph, no ha sido culpa tuya, lo importante es que todos estamos bien"
"Pero… sí ha sido culpa mía, lo que me hace pensar, que todo está perdonado, vuelves a ser el líder y… lo siento" la última parte, la dijo susurrando.
Leo no daba crédito a lo que escuchaba. ¿Raph estaba admitiendo su culpabilidad y encima decía que lo sentía? A pesar de la situación, esto era demasiado bueno, y Leo quería escucharlo de nuevo.
"Perdona Raph ¿qué has dicho?"
Raph suspiró con fastidió y dijo:
"He dicho que-lo-¡SIENTO!"
Leo se sorprendió por el grito y le dijo nuevamente a su hermano:
"Ya sí, disculpas aceptadas"
Entonces, los dos hermanos recogieron a Mikey y se encaminaron hacia la guarida. Con su hermano en ese estado, no podían seguir buscando a Donnie aunque lo quisieran.
Oscuridad, la oscuridad más absoluta le rodeaba, no sabía dónde se encontraba, ni sabía cómo había llegado a ese lugar, si es que era un lugar en realidad. Otra cosa de la que se percató fue que no podía moverse, parecía como si algo o alguien le sujetara. Además, podía escuchar ruidos a su alrededor, chirríos y pitidos por todas partes, algunos lejos, otros cerca, muy cerca. También le pareció escuchar voces, aunque su mente estaba demasiado abrumada para entender lo que estaban diciendo.
De repente hubo un fogonazo de luz y creyó haberse quedado ciego por unos instantes. Tuvo que parpadear varias veces para aclarar su visión pero cuando las imágenes aparecieron ante sus ojos se quedó totalmente aterrado de lo que vio.
Se encontraba echado sobre una mesa de examen (una como las que había visto por televisión). Estaba atado a ella, sin duda ese era el motivo por el cual no podía moverse. No sabía qué lugar era ese y tampoco como salir. Estaba atrapado y estaba solo, completamente solo. El techo que estaba por encima de él, era metálico y tenía además conductos rosas en ellos, el conjunto de la visión le produjo escalofríos que recorrieron su espalda. Era una base Kraang
De repente tres sombras se cernían sobre su cuerpo tembloroso, los sollozos escapaban incontrolablemente de su boca. Era incapaz de ver las caras que pertenecían a las sobras, lo único que veía eran sus ojos, unos ojos brillantes de color rosa, no parecían humanos, todo lo demás era borroso para él.
Él estaba entrando en pánico, esas sombras estaban cada vez más cerca, emitiendo sonidos confusos a su alrededor, quería salir, quería salir de allí fuera como fuese.
"Kraang trae la sustancia conocida como experimento k para hacer lo que se conoce como inyectarla en el sujeto de conocido como tortuga"
Una de las sombras se fue pero al poco rato regresó con algo que hizo que el pánico se apoderara de su cuerpo otra vez, pues parecía llevar una jeringa, horrorizado apartó la vista de allí y volvió a mirar otra vez hacia arriba. Lo único que podía ver eran los ojos esos ojos tan brillantes, tan inexpresivos tan… el extraño ser pronunció entonces una sentencia que casi provocó que se le parara el corazón:
"Kraang procede con lo que se conoce como experimento K"
Fuera lo que fuese eso no podía ser bueno. La sombra la cual ahora pudo ver mejor, llevaba la jeringa la llenó con algún producto morado, esa sombra era en realidad un Kraang. Pero su atención no estaba en el robot, él sólo podía mirar con horror puro como una vez la jeringa estuvo llena, el extraño ser acercó la aguja lentamente a su brazo, cada vez más y más cerca, casi podía sentir el extremo metálico tocando su brazo, esto no era bueno nada bueno, cerró los ojos con fuerza mientras su cuerpo temblaba incontrolablemente.
Le pareció una eternidad, pero finalmente sintió el frío del metal entrar en la parte interna de su antebrazo, y juró que podía sentir el líquido penetrando en su sistema…
Donnie se sacudió de su estado de inconsciencia, aunque no abrió los ojos. ¿Qué había pasado? Su mente estaba confusa, y el hecho de volver a sufrir esa pesadilla que le acompañaba desde pequeño, no estaba ayudando a la situación. Pero ahora que pensaba en ello, llevaba varias semanas sin sufrir esa pesadilla, desde que iniciaron sus luchas contra los Kraang, así que, ¿Por qué volvía ahora?
Sabía que estaba temblando ligeramente, seguramente por los nervios residuales de su pesadilla, así que decidió llevar una mano a su rostro para intentar tranquilizarse, pero descubrió con horror que no podía hacerlo, se dio cuenta de que no podía mover ninguna de sus extremidades. Sus ojos se abrieron al instante y la visión que le recibió no fue nada agradable. Estaba echado sobre una superficie metálica, de nuevo, y mirando hacia el techo, en el interior de unas instalaciones Kraang, de eso no había ninguna duda.
Afortunadamente, en estos instantes, ninguno de esos robots alienígenas estaba en la sala con él. Eso era un gran alivio, al menos por ahora.
El joven genio bajó su mirada hacia las esposas de metal que aprisionaban sus muñecas y sus tobillos. Si hallaba el modo de quitárselos, quizás podría escapar de ese lugar antes de que algún Kraang se presentar e hiciera quién sabe qué experimentos con él. Entonces se dio cuenta de que no llevaba nada, absolutamente nada, ni su cinturón, ni sus protecciones, ni los vendajes de sus brazos y tobillos, estaba completamente desnudo. Donnie pensó que si le faltaba todo eso, seguramente también debía faltarle su máscara.
El joven genio negó con la cabeza, este no era el momento adecuado para pensar en su equipamiento, su prioridad era escapar cuanto antes, así que el galápago comenzó a forcejear y forcejear, pero no hubo manera, le fue completamente imposible liberarse de sus ataduras.
Donatello dejó escapar un suspiro de fastidio y cerró los ojos apoyando nuevamente la cabeza contra la superficie metálica. Tendría que esperar a que sus hermanos vinieran a rescatarlo, eso si es que eran capaces de encontrar el lugar en el que lo retenían los Kraang… los ojos del joven se abrieron de golpe por segunda vez. Lo último que sabían sus hermanos, era que el Rey Rata se lo había llevado, por lo que lo más probable era que estuvieran buscando a Falco y todos sus seguidores roedores, en lugar de buscarle con los Kraang.
Esto solo hizo que su temor aumentara, por lo que recordaba de su última conversación con Falco, el científico malvado prácticamente había anunciado que iba a atacar al resto de su familia y a April… y ¿qué mejor modo de hacerlo que contándole a los Kraang dónde se hallaba la guarida? Sin duda ninguno de ellos se esperaría jamás un ataque de los Kraang en su propia casa. Pero en su situación, la tortuga de pañuelo morado tampoco podía ayudarles, estaba indefenso y completamente a merced del enemigo.
No hay mucho más que decir, espero que os haya gustado, si es así, por favor, dejado un comentario. Nos vemos en el siguiente capítulo.
